Me ha sorprendido de verdad todos los comentarios que me dejasteis del anterior capítulo, muchas gracias por leerla y por tomaros la molestia de dejar un comentario.


Capítulo 5.

Beckett, incapaz de soportar el dolor por más tiempo, se giró y encaró al escritor, retirándose el pelo de la cara para decir:

-Estoy dispuesta a ceder, a aceptar cualquier condición que pongas, pero no voy a perder a Alexander. Sabes bien cuanto desee ser madre y ahora él es toda mi vida.

-¿Y Josh? ¿Vas a decirme que él no es parte de tu vida?

-Por supuesto que no del mismo modo - confesó la detective con total sinceridad.

-Lo compadezco, de verdad…pobre desgraciado. Pobre desgraciado él, y pobres desgraciados todos aquellos que te hemos amado alguna vez Kate. ¿Sabes? deberías llevar un cartel advirtiendo del peligro que supone amarte.

Cada palabra de Rick terminaba de rasgar la poca esperanza que le quedaba de recuperar algún día lo que ella misma había tenido que destruir, estaba claro que ya no quedaba nada que salvar. Al menos no por parte del escritor.

-Dime que pides Rick - dijo abatida al fin-. Lo único que te pido es que me prometas que no me llevarás a los tribunales por la custodia de Alexander – continuó – tienes razón en todo, nunca he dicho que no la tuvieses. Eres mejor persona que yo, siempre lo has sido y sé que no tienes por qué tener condescendencia conmigo después de haberte hecho y haber actuado como lo hice. Pero ahora mismo nuestro hijo es la persona por la que me levanto cada mañana y la única capaz de contagiarme su felicidad y su entusiasmo por la vida. Si me lo quitas, créeme que preferiré estar muerta.

Un largo y tenso silencio llenó el hall. Alexander debía haberse dormido en brazos de su padre, porque no hacía el menor ruido.

Rick frenó y volvió a mirarla, se la veía desmejorada y realmente agotada, no parecía la Beckett de hace unos meses, no parecía su Beckett. La pena lo rompía por dentro, pero si ahora reculaba, estaba perdido. Ella todavía tenía demasiado poder sobre él, en el fondo todavía la amaba.

-Esa proposición es interesante – se vio obligado a musitar él con voz sedosa-. Deja que lo piense, te contestaré por la mañana.

Acababa de fraguársele un plan en la mente, pero todavía debía de reflexionar sobre las repercusiones del mismo durante la noche.

Kate tragó saliva

-¿Vas a llevártelo? – preguntó al ver a Alexander dormido en brazos de su padre con una enorme sonrisa.

-Todo depende de ti. ¿Va a venir tu novio esta noche? – pregunto Rick. Y al volver a pensar en Josh volvió a cabrearse preguntándose cara sí mismo si una vez más, no estaría volviendo a ser demasiado tonto y a dejar que Kate se riese de él.

-No… hoy no nos veremos – respondió ésta.

-En ese caso me gustaría pasar la noche con Alex. ¿Todavía tienes la habitación de invitados verdad?

La detective asintió

-En ese caso yo dormiré allá y cuidaré del bebé toda la noche. Acuéstate – y al ver la cara de la detective añadió – de verdad, no voy a fugarme con nuestro hijo a mitad de la noche, te doy mi palabra.

Kate asintió y ayudó a Rick a disponer la habitación, dirigiéndose después a la que tiempo atrás había compartido con el escritor. Se pasó la noche despierta, atormentada por como su vida había dado ese giro de 360º, tratando de adivinar cuál sería la respuesta de Rick. Hizo varios viajes a la habitación en la que estaba Richard con el niño y en todas ellos los encontró durmiendo juntos, Alexander seguro por el brazo de su padre que lo bordeaba, como si con ello pudiese librarlo de todos los peligros.

En el último de esos viajes, esbozó una sonrisa triste y se alejó volviendo a la cama.


Rato después escuchó a Alex reír divertido y supuso que Castle estaría jugando con él, se incorporó y cogió lo primero que encontró en el armario antes de dirigirse al baño. Tras darse una ducha rápida y secarse el pelo, se vistió y se vio obligada a usar más maquillaje del que le gustaba para tapar esas ojeras y esa cara algo demacrada.

Al salir y dirigirse a la cocina encontró a Rick preparando el biberón de Alex, con éste agarrado por uno de sus brazos.

El bebé al ver a su madre extendió los bracitos para que ésta lo cogiese y eso es lo que hizo que el escritor se diese la vuelta.

-Buenos días… eh... no quería molestarte… es por ello que le preparé el biberón.- dijo algo cortado.

Vaya, pensó la detective sin poder creer que la agresividad empleada por ambos ayer, pudiese dar paso al Castle que ahora le hablaba.

Lo miro y esbozó una sonrisa para indicarle que todo estaba bien, éste asintió y se acercó a ella para pasarle al bebé y en ese momento de intercambio, volvió a sentir su calor corporal, la fragancia de su perfume, ese olor que le resultaba tan familiar y la embriagaba. Miró sus ojos, esos ojos azules en los que tendía a perderse cada mañana en el pasado. Y aunque sea por ese instante, se permitió pensar que eran la familia que le hubiese gustado tener.

Alex pasó sus deditos por la cara de su madre como rato atrás había hecho con su padre y río divertido cuando la detective olvidándose del cansancio acumulado y de la monotonía de su día a día, se dedicó a sacarle una sonrisa.

-Wow… no conocía esa faceta tuya… - escuchó murmurar al rato a Rick con el biberón ya listo en la mano. – Me gusta descubrirla de la mano de nuestro hijo – dijo sincero.

Esto hizo sonrojar a la detective – Alexander se parece a ti, así que te pone fácil el cogerle cariño.

Y evitando el tener que hacerle responder o sentirse incómodo se lo paso diciendo – estoy segura de que le encantará que le des de comer, es un glotón y para lo poco que lleváis juntos, creo que le has caído bien.

Con su hijo ya en brazos, Castle colocó mejor el biberón y metió la tetina en la boca del niño, haciendo que este comenzase a devorar su contenido. Bebía tan deprisa y con tanta ansía que acabó haciendo ruido al tragar. El escritor se echó a reír, y sus carcajadas llenaron la habitación. Beckett vio de reojo el brillo de su mirada, esa mirada que revelaba un orgullo y un cariño inmensos por su niño, aquel bebé que acababa de conocer, y no pudo evitar sonreír. Sin duda Alexander era un regalo, un regalo para ambos.

-Ya ves, tiene tanto apetito como tú – comentó luego, temiendo delatarse a sí misma revelando sus sentimientos – quiero decir, te dije que es un glotón.

En ese momento Alex se llevó ambas manitas a la boca mirando fijamente a sus padres y un olor característico inundó la cocina.

-Ey, creo que a este campeón le ha sentado bien su desayuno – comentó el escritor.

-Ven, yo lo cambió- se ofreció la detective sin querer incomodar a Richard con un cambio de pañal.

-De eso nada. Si con papá desayunamos, con papá cambiamos el pañal, ¿verdad pequeño? – dijo éste interactuando con su hijo.

Y saliendo de la cocina se dirigió al sofá sentándose en él y encima suya a su hijo. Quitándole el body con pericia, le retiró el pañal, limpiándole y colocándole uno nuevo después. Tras esto volvió a colocarle el body sin problema y por último le puso una camiseta fina y un pantalón vaquero a juego.

-Listo campeón – dijo triunfante tras tirar el pañal cogiendo a Alex en brazos. Lo lanzó al aire haciendo que a Kate se le paralizase el corazón por un momento, y volvió a cogerlo en brazos escuchando las risas de Alex que se movía en sus brazos.

-¿Vamos a la calle? – pregunto el escritor al niño haciendo amago de montarlo en su cochecito y éste al momento dibujo esa preciosa sonrisa de bebé. - ¿Nos acompañas? – le preguntó después a Kate.

Esta salió con ellos sin cruzar palabra con el escritor.

-¿Sabes? - murmuró al rato él-. Aún me cuesta creer que el bebé sea real, y no digamos el pensar que sea nuestro... de ambos.

Beckett sonrió al escucharlo sintiendo un delicioso estremecimiento recorrerla, como si sus palabras le hicieran cosquillas.

-Creo que podría pasarme todo el día mirándolo – continuó Rick sin mirarla – tiene más gestos tuyos de lo que crees, tus cejas y tu boca, en miniatura. Hasta yo, que no lo veo con objetividad porque soy su padre, me doy cuenta de que es perfecto.

Me has dado un tesoro inapreciable si tenemos en cuenta el hecho de que no me amas. Estoy dispuesto a hacer un trato contigo - continuó el escritor - pero no habrá negociación Kate. O lo aceptas, o pediré la plena custodia.

Había llegado el momento, pensó la detective clavando las uñas en las palmas de sus manos. Richard continuó:

-Durante tres meses, Alex vivirá contigo. Pero yo vendré todos los días a verlo. A desayunar, comer, cenar o dormir con él, esté o no esté Josh delante. Por supuesto tu puedes seguir haciendo tu vida normal con tu pareja, en ningún momento interferiré en ella. Necesito hacerme a sus rutinas y él necesita hacerse más a mí, eso es todo. No quiero liarlo y tenerlo de una casa a otra cada 4 días. Y como comprenderás ambos necesitamos entablar una relación íntima con nuestro hijo si vamos a hablar de una custodia compartida.

Ese es el trato – dijo éste mirándola por primera vez desde que habían salido de casa. El mismo no terminaba de convencerse con su idea, verla todos los días no le iba a dejar poder pasar página y ser feliz al lado de otra persona, pero era la única manera que le había venido a la mente para poder estar cerca de su hijo estando al mismo tiempo cerca de Kate. Y tres meses era el tiempo adecuado para ir haciéndose al bebé, y a la vez, para dar un margen de tiempo e ir viendo si el cansancio de la detective era algo pasajero o provocado y para poder ayudarla de ser así.

- Ese es el trato – reitero al ver que Kate no decía nada -. Si a tu novio no le gusta la idea, lo siento. Comparado con los nueve meses que llevo yo separado de mi hijo, creo que no pido tanto, ¿no?