Siento la demora, de verdad. Pero no puedo mentiros, se me ha hecho imposible seguirla antes. Gracias por la molestia de además de leérosla, dejarme siempre un comentario, ayuda y mucho a seguir escribiendo.
PD: Kate está soltera, pero le hace creer a Castle que tiene pareja. No puedo deciros mucho más, pero les toca convivir juntos tres meses, pronto se empezará a ver qué es lo que sucede exactamente con nuestra detective.
Capítulo 6:
Beckett no supo que contestarle. Convivir con Castle durante tres meses en la estrecha proximidad de su apartamento era lo último que esperaba que se le ocurriese.
En realidad le había pedido algo imposible.
Incapaz de calmar los acelerados latidos de su corazón desde el instante en que se había reencontrado con él, Kate se temía que la experiencia de vivir con él bajo el mismo techo acabaría con ella antes de que se terminaran los noventa días. Hubiera necesitado ser de piedra para soportar la tortura de estar a su lado día y noche, compartiéndolo todo excepto la cama. Si antes de su ruptura creía que lo amaba, aquello no era nada comparado con lo que sentía hacia él mientras lo observaba cuidar a Alexander y darle el biberón de las siete de la mañana.
Quizá no hubiera nada en este mundo tan bello como observar la relación de un padre cuidando de su hijo. Y con Rick no se trataba de teatro. Su deleite personal en el bebé era completamente auténtico. De no haberlo creído así, jamás habría estado dispuesta a acceder a aquel trato.
Rick le había explicado sus condiciones, era el turno de Beckett de tomar una decisión. Pero antes de darle su respuesta, tenía que consultarlo con Lanie, ella mejor que nadie le aconsejaría. Mientras padre e hijo estaban ocupados, Beckett se alejó unos pasos avisando de que tenía que llamar a Josh y recogiendo su cazadora, se dispuso a ello. Cuando estuvo lo suficientemente lejos, encendió el móvil y llamó a la forense.
Lanie había terminando adorando a Castle, al igual que toda la 12, y es por ello se había quedado muda al conocer la razón por la que ella había roto con él. No aprobaba el hecho de que no hubiese hablado con él y se hubiese alejado sin decirle nada al escritor , pero como amiga intentaba comprenderlo.
Cuando Kate le informó de que estaba esperando un hijo suyo, ella insistió en que llamase al escritor y ante la negativa de la detective, tanto ella como Esposito y Ryan la habían apoyado en todo el proceso. Sin su apoyo, Kate no hubiera sabido cómo arreglárselas. Ellos siempre habían mantenido que Rick tenía derecho a saber que era padre, así que la habían apoyado cuando tomó la decisión de presentarle a Alexander y le facilitaron en cierta manera ese encuentro en el loft de él.
Sin embargo, al conocer las condiciones del trato, Lanie se quedó en estado de shock al otro lado de la línea, como minutos atrás se había quedado la propia Kate. Cuando Beckett le recordó que se trataba de Richard Castle el multimillonario escritor de misterio y que tenía el suficiente dinero, como para poder llevarse a Alexander para siempre, su silencio se acentuó un par de minutos más. Lanie y Esposito adoraban a su ahijado como si se tratase de su propio hijo. Perderlo era algo impensable. Sin embargó lo que le dijo sorprendió a la detective.
-No puedes estar hablando en serio, ¿en verdad crees que Castle te haría algo así?
-Ya no depende de qué es lo que crea yo. Hemos discutido, me ha echado en cara el haberle "ocultado" todo este tiempo la existencia de Alexander y… y además Alex se entiende casi mejor con él que conmigo, no sé…
-Kate – dijo la forense más seria cortando a la detective al escuchar esto último y por dónde iba su amiga – es un bebé, no tiene conciencia de lo que hace. Es verdad que Castle es un padrazo, lo hemos podido ver con Sarah, pero tú no te quedas atrás y Alexander nota cuando estás y cuando no estás cerca, así que deja de decir sandeces y céntrate en lo importante, ¿piensas aceptar las condiciones de Castle?
Kate miró a lo lejos como Richard ajeno a ella y la llamada que estaba realizando, había extendido una manta en la hierba sobre la que había tumbado a su hijo con el que ahora interactuaba arrancándole una serie de gorgoritos.
Nadie sabía mejor que ella que aunque se sueldo no era malo y tenía una renta fija, jamás podría costear una batalla legal contra Richard. Así que, ¿qué otra cosa podía hacer además de ceder y pasar por el aro del que en un ayer fue el hombre de su vida y a día de hoy seguía siéndolo?
-No tengo muchas opciones, ¿no crees? – le dijo a su amiga
-Vamos Kate aprovecha esta segunda oportunidad, arreglar las diferencias, ahora tenéis un hijo, puedes conseguir arreglar la situación. Está en tu mano, y por lo que parece ser, a él no le ha importado arriesgarse.
-¿Arriesgarse? – preguntó con sorna la detective
-Escúchame bien porque no pienso darte otra nueva charla sobre algo que todos menos tú somos capaces de ver Kate. Richard, el famoso mujeriego, el amante de una noche, el tío que más fiestas era capaz de preparar en un sólo fin de semana, está soltero desde que lo dejasteis.
Yo he visto como ha rechazado la compañía de varias de sus líos o incluso de sus ex's. Lo he visto tragar las lágrimas y también llorar de impotencia cuando creía que nadie lo observaba.
¿Eso no te dice nada?
Beckett tragó saliva sin saber que decir, dándose cuenta de que tampoco era necesario decir mucho más. Así que se despidió, colgó y se giró sintiendo como los dientes le repiqueteaban con fuerza.
Tomó aire, se mordió el labio y se acercó hacía Alexander y el escritor, el cual la esperaba tendido sobre la manta mirándola fijamente.
Beckett se abrazó a sí misma tratando de prepararse para escuchar el inevitable comentario sarcástico que saldría de labios de éste. Efectivamente, no tardó en llegar.
-Pues sí que has estado hablando un rato largo por teléfono. ¿Josh?. Supongo que le habrás dicho que como se le ocurra alejaros de mi, el trato quedará anulado.
Tenía que convencer a Castle de que tenía novio, era necesario, de esta manera uno de los dos se encargaría de Alexander si las cosas se torcían en un mañana.
Por eso la detective se dio la vuelta aparentando estar enfadada.
-¿Y por qué crees que he decidido aceptar tu trato?
-Porque no has huido con nuestro hijo o has llamado a tus compañeros para que me arresten- contestó Richard con una mirada mordaz.
Se giró de nuevo, asentando esas palabras que le habían hecho más daño que cualquier patada que le había tocado recibir en muchos de sus casos -me sorprende que me conozcas tan poco- contestó aguantando su pose mientras enfocaba su mirada en la azul de él
-No nos equivoquemos Kate, no te conozco. Conocía a la persona con la que me comprometí, aquella mujer recubierta de capas, pero que pese a ello, no se rendía y se superaba cada mañana como profesional y como persona. Aquella que luchaba contra la injusticia y se ganaba el cariño de la gente por su buen hacer, aquella que conseguía cerrar cada caso en el que se implicaba. Pero ahora ya no sé qué será de esa mujer, perdí su rastro hace unos cuantos meses.
-Ya basta, Castle. Tú ganas, ¿qué más quieres? Viviré contigo durante tres meses, pero deja de hacerme sentir la peor persona del mundo y deja de meterte con Josh, el me ha ayudado estos meses en lo que ha podido, ¿sabes?, me ha animado… Él es así, es una buena persona, así que no hay nada más que hablar de él —contestó Beckett con voz trémula.
A juzgar por la expresión indescifrable de Rick, Kate había hecho un buen trabajo. Su representación había sido mejor de lo que esperaba.
-De acuerdo, no volveré a sacar el tema de tu novio. En lugar de eso hagamos una lista de las cosas que necesitaremos en casa durante estos meses.
-Apenas serán unas semanas juntos y a Alex no le falta de nada- objetó Beckett mordiéndose el labio.
-Bien, lo haremos como tú prefieras, lo haremos a tu modo.
Kate lo miró a los ojos. Esa era una de las virtudes de Rick, podrían tacharlo de muchas cosas en las revistas de cotilleos, pero él era una persona que siempre anteponía la opinión y la comodidad de las personas que le importaban, a las suyas. Además estaba siendo bastante generoso y atento con ella tras haberse comportado con él de ese modo. Lo cierto era que si comenzaba a enumerar las virtudes del escritor, Beckett sabía que jamás terminaría.
-Me gustaría hacerle un regalo. Cuando desapareciste tan repentinamente de mi vida, creí que jamás viviría la experiencia de comprarle nada a un hijo mío pero, después de pasar una noche con él, he descubierto que me gusta ser padre más de lo que hubiera imaginado. Quiero comprarle un enorme elefante de peluche para colocarlo en su cuna y uno de esos corre-corre para que me acompañe dentro de unos meses a todas partes en él. Y un columpio. Emma tiene uno automático que puede reclinarse para echarse la siesta. A Alexander le encantará y…
-¿Emma? - lo paró Kate
-Hmm, es la hija de Taylor. Es preciosa.
Kate no había oído aquel nombre jamás. El pulso se le aceleró. ¿Se trataba acaso de una mujer con la que Castle había establecido cierta intimidad? Y, en tal caso, ¿hasta qué punto?
-¿Quién es Taylor? – preguntó casi en un murmullo
-Alguien que significa más para… espera un minuto, creo que llama mi madre. Debe ser el encargo que le pedí, ahora vuelvo - dijo el escritor incorporándose y alejándose unos pasos hacia el lago
Evidentemente Richard no había estado viviendo como un monje.
Durante el tiempo en que estuvieron juntos, Kate había llegado a creer que ella lo era todo para él. Le dolía descubrir cuánto había cambiado esto desde su ruptura. Vivir con él iba a ser como tratar de sobrevivir en un campo de minas. Cada vez que diera un paso, algo le estallaría en la cara recordándole el tiempo que habían estado separados.
¿Dónde viviría esa tal Taylor ¿Tal vez en el mismo bloque en el que tenía Castle el loft? ¿o en los Hamptons?, ¿Se trataba de una de sus fans? Beckett suspiró molesta solo de pensarlo. Ninguna mujer que viviera cerca de Richard Castle podía soportar ser solo su «amiga».
Rick jamás le había dado motivos para estar celosa mientras estuvieron juntos, pero Beckett sentía que algo que solo podía llamarse celos la devoraba en su interior. Sin embargo, si seguía haciendo preguntas sobre aquella mujer, Rick acabaría por darse cuenta. Una mujer felizmente comprometida, como decía estar ella con Josh, debía mostrarse tan contenta y enamorada que, supuestamente, no debía tener ojos para nadie más.
Si mostraba curiosidad, Rick sospecharía y lo más probable es que descubriese que no tenía ningún novio, y eso no podía permitirlo. Tendría que mantener la boca cerrada. Sin embargo, desde ese mismo instante, Kate decidió que no le daría tregua a esa mujer que había conseguido hacerse un hueco en el corazón de Castle. Odiaba su precioso nombre. Y seguramente sería encantadora, y una persona que no le haría daño a Rick como si se lo había hecho ella.
¿Se habría acostado con ella?
Aquella era una pregunta que no podía plantearle a Rick, pero el hecho de no conocer la respuesta la destrozaba. ¿Cómo diablos iba a vivir tres meses con él cuando, en solo doce horas, su corazón estaba ya hecho un lío?
Miró a Alexander que le miraba fijamente con los mismos ojos que su padre
-A ti tampoco te cae bien Taylor, ¿verdad? – dijo cogiéndolo en brazos – dime que no cariño, porque ya bastante culpable me siento por todo esto – dijo pasando uno de los dedos índices por los mofletes del bebé.
En ese preciso momento volvió Rick con una sonrisa en el rostro.
-¿Os apetece un helado? – preguntó en plural, refiriéndose claramente a la detective – porque no sé tú, pero yo me muero de hambre
Y dicho y hecho se acercó a uno de los puestos que habían colocado a lo largo de Central Park, volviendo al par de minutos con una tarrina para Kate y otra para él
-Vainilla y cereza – susurro rozando sus dedos con los de la detective al darle el helado – espero haber acertado
Ésta sonrió y se colocó mejor a Alex, agarrando después el helado y entonces se fijo en el de él, brownie con chocolate caramelizado y arándanos
-¿Te apetece? – preguntó en ese momento el escritor ofreciéndole una cucharada
Alex al ver la comida abrió la boca dando a entender que él ya tenía hambre y Rick le acercó la cuchara dudoso mirando a Kate
-Espera, prueba solo con el chocolate caramelizado – respondió esta
Rick hizo esto y se lo llevó primero a la boca para templar un poco la frialdad, cosa que no fue bien vista por su hijo que empezó a llorar desconsolado
-Ya voy enano, ya voy, ten paciencia – le dijo interactuando con él como si pudiese comprenderle
La mañana trascurrió sin contratiempos.
Al final fue Alex el que salió mejor parado de la sesión de helados. Tras los helados, Castle propuso una sesión de fotos allí mismo. Y a regañadientes, Kate terminó aceptándola.
-¿Por qué no preparas a Alex mientras yo voy a por el coche para cuando salgamos de aquí?
-¿A por el coche?, ¿Para qué lo vamos a necesitar?
-Te dije que quiero ir de compras por la ciudad antes de terminar el día.
-Pero Castle…-contestó Beckett dejando entrever que no era necesario.
Cuando Rick se hacía cargo de las cosas todo ocurría tan aprisa que Kate ni siquiera comprendía lo que estaba sucediendo.
Pasar de ser soltero a ser padre era una transformación demasiado importante como para hacerla en unos pocos minutos, solo alguien como Rick era capaz de hacerla como la había hecho. Había establecido un estrecho lazo con Alexander en cuestión de minutos. Una simple mirada a un bebé que era clavado a él y el milagro estaba hecho.
Pero para Kate no era todo tan sencillo. Rick era una persona excepcional. Su problema, en ese momento, era que ella se suponía que estaba comprometida con otro hombre y que no podía estar con él. Tenía que esforzarse para no pensar en Castle más que como el padre de su hijo.
Por supuesto, la tarea era imposible. Cada vez que lo veía, por no mencionar las veces en que miraba su musculoso cuerpo o sentía como los recuerdos volvían a su mente, Kate sentía que las piernas le fallaban, que sus gestos la delataban y que la invadía el deseo.
-Vamos Kate, sabes que quiero hacerlo, además ¿a que tú también quieres un elefante enorme que represente a mamá y un león enorme que represente a papá contigo? —preguntó Rick a Alex cogiéndolo en brazos.
Alexander era un bebé risueño y despierto, pero aún así era de admirar la sencillez con que había aceptado a su padre que, doce horas antes, no era más que un extraño.
La vida de Kate había cambiado en cuestión de veinticuatro horas. El día anterior solo eran dos, ese día eran tres. Richard se hizo cargo de Alexander durante toda la tarde, así pues cuando fue a por el coche, fue el que después lo sentó en su silla, colocándole su cinturón de seguridad y condujo hasta la ciudad con toda normalidad, como si fueran una familia.
Cuando paró frente a una enorme juguetería, sonrió explicando:
-Hemos llegado – y tras esto salió del coche abriendo la puerta trasera y cogiendo a su hijo.
Entraron en la juguetería saliendo tres cuartos de hora después cargados de bolsas, además de los dos peluches, el corre-corre, una moto, el asiento que utilizaría para el columpio que pensaba montarle, un tobogán de juguete y una piscina llena de bolas, le había comprado una nueva sillita de bebé último modelo, la más segura del mercado para los desplazamientos en coche. Ir de compras con él era como tener un Santa Claus particular.
-¡Ya basta! -gritó Beckett al verlo añadir un móvil con música y con los personajes de Winnie de Pooh colgando- No vamos a tener espacio para meter todo esto.
-Bueno, en ese caso tendremos que cambiar de vivienda – bromeó el escritor
Para las 9 pm estaban de vuelta en el apartamento de la detective.
Tras el ajetreo, lo único que deseaba Alexander que no dejaba de abrir y cerrar los ojos, era su biberón y su cuna. Nada más llegar, Alex rompió a llorar.
Rick lo cogió en brazos y le dirigió a Kate una mirada ansiosa. Ella agarró la bolsa de los pañales y entraron juntos en la habitación de matrimonio de la detective. El llanto de Alexander debía oírse a kilómetros de distancia. Rick despejó y se sentó tendiendo al bebé, cambiándolo con pericia y más confianza que la que había mostrado la noche anterior
-Quédate aquí con él mientras preparo el biberón – le susurró a Kate al ver el vínculo tan bonito que ya tenían madre e hijo. Un minuto más tarde volvió de nuevo y le metió la tetina a Alex en la boca sin mostrar la vacilación de la noche anterior
-Ahora traigo las cosas del coche—musitó sin moverse, sin apartar los ojos de su hijo, que se tomaba el biberón con la misma voracidad con que él se había zampado el desayuno aquella mañana. Era un niño adorable.
Kate mantuvo la cabeza inclinada, tratando de no sonreír. En realidad estaba feliz, pero temía despertarse y descubrir que todo aquello era un sueño. Estar con Rick, saber que ella y Alexander iban a vivir con él durante tres meses, la llenaba de una inexplicable felicidad, pero al mismo tiempo la aterrorizaba. ¿Y si las cosas se torcían demasiado?
Decidió desechar estos últimos pensamientos de su cabeza. Tenía que aprovechar el tiempo, porque pronto todo terminaría.
El teléfono móvil de Rick sonó mientras éste estaba fuera. Beckett se sintió tentada de contestar, pero no se atrevía. Y menos aún cuando vio que era Taylor la que lo llamaba.
Se acercó a la cama y cogió a Alexander colocándoselo sobre el hombro para que echara los gases y esperó a que Castle entrara con las últimas cajas. El cuarto de estar parecía un auténtico almacén
-Rick, acaban de llamarte por teléfono, pero no he contestado porque no quiero que nadie sepa que estoy aquí. – le dijo sin mirarle cuando el escritor volvió a entrar
