Comentar que el tema de Alexander, fue un error mío. Estaba pensado que anduviese entre cinco o seis meses, sin embargo, no sé porque puse 1 al final. Prometo que tendré más cuidado en todos los detalles que le atañan a él y que me ceñiré a la edad que yo misma marqué.

Gracias por leerme y por comentar el fic a cada capítulo, se agradece mucho.


Capítulo 8

-¿Richard Castle? – preguntó la sorprendida mujer sin poder creerse que no le hubiesen mentido y fuese en ese apartamento en el que al parecer pensaba instalarse temporalmente su famoso escritor – pensaba que no te encontraría, ¿sabes? – le increpó sin embargo al recordar el plantón que éste le había dado en la última de sus firmas cuando se le insinuó en mitad del evento y Richard la dejó allí tirada.

Rick había estado fuera más tiempo de lo que pensaba. Si bien es cierto que no se había movido de la casa de Taylor, la novela y la posterior charla con su amigo, le había llevado toda la noche. Habían transcurrido casi ocho horas desde que dejó el apartamento de Kate y ahora las ojeras lo delataban. Sin embargo no pensaba encontrarse con una de esas locas que se hacía llamar fan suya y el que le hiciese llamar la atención era el último de sus planes.

-Me temo que ahora mismo no tengo tiempo. De hecho, no voy a estar disponible para ninguna firma hasta dentro de un par de semanas, y eso como pronto

-No se trata de eso- explicó ella apresurándose, tratando de frenar el paso que llevaba el escritor – He oído que lo dejó con su prometida, y he pensado que yo podría ayudarle a olvidarla. Ya sabe… yo me ofrecería gustosa a hacer ese trabajo por usted – se le declaró a la desesperada agarrándole del codo.

-Aprecio mucho su oferta… señorita.., pero me temo que no quiero iniciar una relación amorosa con nadie -mintió, deteniéndose de golpe para encararla.

-No es eso lo que parece instalándose en el apartamento de esa detective que solo le da quebraderos de cabeza y le trae por la calle de la amargura- continuó la mujer algo tensa empezando a perder los papeles y a alzar la voz- vamos, ¿ va a decirme que va a reportarle algún beneficio su compañía?, ¿No ve que le utiliza como un títere? ¡Usted es su marioneta!, ¡métaselo en la cabeza!

Para cuando dijo esto último Frederick, un vecino del 5 ya estaba asomado a la ventana avisándoles de que un solo chillo más y no tardaría en llamar a la policía.

-Disculpe, no será necesario señor Frederick, esta mujer ya se va – y cogiéndola por el brazo la alejo un par de manzanas del bloque de Kate.

-Aléjese de mí y aléjese de ella. Y para saciar su curiosidad, le diré que ella, satisface todas mis necesidades –le informó Rick dejándose llevar por el corazón y no por la cabeza.

Tras conseguir deshacerse de la mujer dio media vuelta hasta llegar al bloque de Kate y subiendo por el ascensor, se preguntó si la detective estaría levantada o cómo haría para acceder al interior de no ser así. Dio un par de golpes suaves y esperó sin obtener ninguna respuesta. Entonces le dio por consultar el reloj. Las 7 am, ¿quién iba a estar despierto a esas horas de la mañana?

Decidió recostarse en el felpudo y esperar a que Kate se despertase para volver a llamar y al hacerlo notó un bulto, extraño. Levantando el felpudo, se encontró con un juego de llaves que sin duda habría decidido colocar la detective a última hora.

Sin demora se incorporó, intentando atinar a la primera para no armar demasiada bulla con el sonido de las llaves en el cerrojo.

Minutos más tarde, una vez ya en el apartamento, Rick descubrió que Beckett y su pequeñajo dormían plácidamente en habitaciones contiguas y se quedó en el umbral de la puerta de la de Alex contemplándolo, perdiendo así la noción del tiempo. Alexander estaba boca arriba, con los brazos estirados y los puños cerrados. Su carita era perfecta. El instinto paternal le pedía acercarse y cubrirle de besos, pero entonces recordó las palabras de la detective, "no es de dormir toda la noche", y decidió no hacerlo. Tendría luego todas las horas del reloj para hacerlo.

Cambió de umbral y esta vez se quedó mirando con detenimiento a una de las pocas mujeres a la que había amado de verdad. Comprobando por su respiración que estaba realmente dormida, se acercó con sigilo hasta el borde de la cama, sentándose con cuidado junto a ella. Beckett estaba de lado, agarraba el walkie en una de sus manos, con el pelo desparramado sobre la almohada parecía una verdadera princesa. No era una princesa, pero si su heroína, una heroína de melena castaña y brillante. Castle escrutó los rasgos de su rostro y su exquisita silueta.

El nacimiento de Alexander había hecho de ella una mujer más hermosa si es que cabía. Beckett era una arrebatadora combinación de curvas. El short que llevaba revelaba la larga y esbelta forma de sus piernas, que todavía podía sentir enrolladas a las suyas cada vez que se permitía el lujo de recordar esas noches a su lado.

Al principio, es verdad que se le resistió un poco, que él mismo nunca creyó que pudiese ver algo en ella como para considerarla algo más que una conocida, pero el tiempo le había demostrado lo errado que estaba y como esa mujer que le había sido indiferente en un primer momento, era la mujer más arrebatadora, increíble y entregada que había conocido hasta la fecha.

También es cierto que le tuvo cuatro años a la espera de una respuesta, cuatro años en el que él llego a perder la esperanza de ser algo más que amigos. Sin embargo, lo bueno se hace esperar, ¿o no es eso lo que suele decirse?

Todavía recordaba la primera escapada a los Hamptons, esa noche en la piscina que no se le olvidaría ni en 100 años y la primera cena con Martha y Jim, ¿habría sido todo fingido por su parte?, ¿sería cierto que Beckett solo lo utilizo como un pasatiempo? Si era así, era una magnífica actriz. Durante aquel tiempo juntos, Kate había logrado convencerlo de que lo era todo para ella, de que él era su vida y él le había abierto su corazón como no había hecho hasta ese momento con ninguna otra mujer. Le había contado sus miedos, sus metas, sus sueños y también sus demonios. Habían formado un vínculo que él pensaba que el tiempo no podría quebrar nunca.

Sin darse cuenta, los ojos se habían tornado vidriosos y ahora veía en una especie de 3D. Taylor le había advertido de que quizá las cosas no fueran lo que parecían. Beckett había vuelto, junto a él con Alexander, eso no era corriente dadas las circunstancias. Necesitaba tiempo para despejar la neblina.

El impulso le hizo acariciar la mejilla de la detective con un par de dedos. Este contacto le hizo esbozar el amago de una sonrisa.

-¿Qué nos ha pasado Kate? – susurró en un murmullo - ¿cómo hemos dejado que nos alejásemos tanto uno del otro?

Kate estaba a punto de levantarse cuando sintió la caricia por parte del escritor y decidió hacerse la dormida. Sin embargo Castle se incorporó a los pocos minutos y salió de la habitación.

Beckett abrió los ojos justo a tiempo para verlo salir, de espaldas. Se preguntaba cuánto tiempo habría estado allí, observándolos. Sin duda, habría ido a comprobar cómo estaba Alexander. Desde que había conocido a su hijo había aparecido un nuevo brillo en su mirada, que no pasó desapercibido para la inspectora.

Escuchó el tintinear de objetos metálicos en la cocina. Se sentía culpable por no haber preparado el desayuno, pero lo cierto es que no había conseguido conciliar el sueño hasta altas horas de la madrugada.

Pero no podía demorarlo más, aquel era el mejor momento para hablar con Richard y para pedirle perdón por su actitud de la noche anterior. Luego con Alexander de por medio sería más complicado. Así pues sentándose sobre la cama, se calzó las zapatillas y fue en su busca. El olor que desprendía el café recién preparado y el pan recién tostado acompañado de mantequilla y unas lonchas de bacón con huevos fritos le hacía la boca agua. Rick adoraba los huevos fritos. Cuando eran novios, raro era el día en el que no se preparase alguno bien para el desayuno o para la cena.

-Ya está todo listo, puedes sentarte – la saludó el escritor.

Ni un buenos días, ni un cómo te has despertado. La ternura, la dulzura de los pequeños detalles que habían formado siempre parte del encanto del escritor, habían desaparecido. Y todo por su culpa.

-Gracias, tiene un aspecto delicioso. Y disculpa mi actitud de ayer, perdí el control y lo reconozco… lo siento.

Richard apartó una serie de papeles de la encimera colocando la bandeja y despejó las dos butacas que solían usar cuando pasaban una temporada en el apartamento de Kate.

-Está olvidado – contesto el escritor sin mirarla.

Kate haciendo un esfuerzo, lo frenó agarrándole del antebrazo.

-Rick, escúchame, por favor.

Esto era algo que el escritor no se esperaba, por lo que paró mirando a esos ojos color avellana que le miraban suplicantes.

-Siento como te he tratado. Cómo te trate ayer… y cómo llevó tratándote estos meses. Yo…

Castle la miró callado pero escéptico. Detalle que no paso de alto Kate.

-Supongo que te debo una disculpa. Y una explicación

Rick la miró más detenidamente. ¿En verdad iba a darle la explicación que debería haberle dado casi un año atrás?

-¿Cómo está tu madre? – preguntó en ese momento Kate sacándolo de sus pensamientos y descolocándolo por completo.

Castle la miró alzando una ceja sorprendido - ¿mi… mi madre?, ¿de verdad estás preguntándome por mi madre ahora?

-La última vez que nos vimos fue en un hospital y todos temíamos por su vida y aunque sé, porque nos hemos visto un par de veces en estos meses que está viva, como comprenderás no hemos podido hablar todo lo que nos gustaría.

-Gracias a dios todo quedó en un gran susto – suspiró el escritor ensombreciendo el gesto al recordar el accidente que casi le cuesta la vida a la actriz.

Kate le miró fijamente esbozando el amago de una minúscula sonrisa– me alegro. No me hubiese perdonado que le pasase algo. Sabes que le tengo mucha estima – se apresuró a decir.

-Lo sé. Debes de tenerle toda la que algún día me tuviste a mí.

Esto hizo entristecerse a la detective.

-Richard, ahora que conoces a Alexander, necesito que me prometas algo.

Rick la miró escéptico.

-Necesito que me prometas que cuidarás de él, que en el caso de que yo falté algún día le aportarás una familia y cariño. Que no será la oveja negra de tu familia… él – dijo haciendo una pausa antes de continuar- él no tiene la culpa de los errores que sus padres.

Castle dejó el tenedor que sostenía entre los dedos mirándola - ¿Qué sucede aquí?

Kate soltó todo el aire que había estado reteniendo hasta el momento, apoyando su barbilla sobre una de las manos, sin verse preparada para enfrentarse a esa situación.

-Katherine, te lo repito, ¿qué está sucediendo? – dijo el escritor alzando la voz

-No puedo Richard. No puedo hacerte esto.

-¿Hacerme el qué? No puedes hacerme más daño del que me hiciste cuando me dejaste tirado como un juguete usado hace casi un año Beckett. Así que dudo que sea peor.

El corazón de la detective empezó a latir deprisa, mientras se recriminaba todo el dolor que le había causado a ese hombre.

-Hace 11 meses, recibí una llamada mientras me hallaba con Lanie haciendo la última prueba del vestido de boda. Al ir a contestar vi que se trataba de una llamada realizada desde un número oculto, pese a ello contesté.

Me respondió lo que todo apuntaba a que se trataba de una especie de contestador automático que me dio un mensaje. El mensaje era una cita. Una cita para aquella tarde, a la que debía acudir sola.

No te acordarás de esa cita, porque… porque te la oculté con la excusa de que iba a visitar a mi padre. La cita era en una vieja fábrica de las afueras de la ciudad que lleva cerrada más de 10 años. Cómo te digo el mensaje venía de parte de un contestador y no había opción de respuesta. Cuando llegue no había nadie esperándome. Así que pensé que tal vez todo se había tratado de una broma, pero entonces vi una caja con mi nombre. Al acercarme vi que estaba entreabierta y que dentro de ella se encontraba...

Una serie de timbrazos, interrumpió a Kate que se incorporó haciendo amago de ir a contestar.

-No abras – dijo el escritor sin apartar la mirada de ella

El timbre volvió a sonar como si la persona que esperase, hubiese decidido dejar su dedo en el botón por un periodo de tiempo indefinido.

Molesto, él mismo se levantó abriendo la puerta sin esperar encontrarse allí a quién se encontró.

-¿Haley?

-Por tu cara pareciese que acabases de ver a un fantasma y no a tu novia. ¿Qué haces con esta tía? ¿Y en su casa?. No se te olvide que soy yo la que debería estar sorprendida y no tú.

¿Cómo?, ¿novia?, ¿de qué estaba hablando?. Miró a Kate intentando darle a entender que no era lo que parecía. Que él no estaba saliendo con nadie, pero en ese momento Haley aprovechó para besarlo sabiendo de antemano que él no rechazaría el beso.

-Venía a buscarte, no te presentaste ayer en el restaurante – dijo tras esto la mujer.

¿Pero que era todo esto? Él ni siquiera había quedado con Haley la noche anterior, miró a Kate, pero la detective ya no estaba allí.