Capitulo No 2 - Secuestro

Sucedió todo en un instante, con la velocidad de un rayo. De rodillas para tomar delicadamente una luciérnaga en la mano, Yoruichi alzó la cabeza al percibir un ruido en la maleza cercana. A continuación surgió de entre los árboles un caballo negro que saltó por encima de un pequeño matorral. El corazón le salto por la sorpresa, acto seguido la embargó el miedo al darse cuenta de que el caballo se dirigía directamente hacia ella.

Se puso en pie de un brinco y retrocedió como pudo a toda prisa. Acertó a distinguir la silueta de un jinete que evidentemente parecía no haberle visto, pues había virado en su dirección. Abrió la boca para advertirlo con un grito, pero antes de que pudiera emitir siquiera algún sonido, un fuerte brazo la alzó del suelo.

El aire abandonó sus pulmones y de repente sintió un golpe en el trasero al verse depositada sobre la silla de montar con un poco de tosquedad que le hizo temblar todos los huesos. Las gafas salieron volando y la bolsa de insectos se le escurrió entre los dedos. Pasó por su lado lo que parecía un ramo de flores. Entonces escucho el grito del angustiado de Tessai:- ¡Señorita Yoruichi!

Un fuerte brazo la sujetaba, presionándola de lado contra un cuerpo firme y tonificado, mientras el caballo se internaba a todo galope en el bosque.

- No se preocupe –le susurró al oído una voz profunda y sedosa, teñida de un leve acento escoses- Está completamente a salvo.

Sin habla a causa de la impresión, Yoruichi intentó mover los brazos, pero su captor la tenía atrapada por los costados con los suyos. Al volver la cabeza se encontró con una máscara negra y el pánico la agolpo y le apretó la garganta. ¿Qué clase de loco era aquél? ¿Acaso era un salteador de caminos? Pero en ese caso, ¿por qué se la había llevado en vez de simplemente exigirle el dinero y huir?

Entonces comprendió todo. ¿Estaba siendo secuestrada? Sacudió la cabeza para despejarla. La lógica le decía que era una idea de lo más absurda, pero los hechos eran refutables porque estaba cabalgando en medio de la noche, cautiva de un hombre enmascarado, lo cual indicaba que se trababa de un secuestro. ¿Por qué motivo querrían secuestrarla a ella? Su familia disfrutaba de holgura económica, pero no era lo bastante acaudalada para pagar un rescate exorbitante ¿Habría cometido un error el raptor equivocándose de mujer? No lo sabía, pero tenía que escapar.

Aspiró tan profundamente como pudo y abrió la boca para gritar. El sonido apenas había salido de su garganta cuando el brazo que la ceñía por la cintura la apretó con más fuerza y ahogó el grito hasta convertirlo en un mero jadeo.

- No grite –le susurró al oído, su captor- No voy a hacerle daño.

Nada convencida, Yoruichi abrió la boca de nuevo, pero se detuvo al sentir unos labios puestos contra su oído.

- Por favor, no quiero meterle un pañuelo en la boca, pero si es necesario lo haré.

Yoruichi, ahogo el grito que le temblaba en los labios. Aunque no era propensa al pánico, no pudo evitar el estremecimiento de alarma que recorría todo su cuerpo.

- Le exijo que detenga este caballo y me suelte. Inmediatamente- logro decir sin que le faltara la voz.

- Pronto, señorita.

- Ha cometido usted un error. Mi familia no puede pagar un rescate.

- No es un rescate lo que busco. –Se inclinó más hacia ella y su aliento le provocó un escalofrío-. No tenga miedo, señorita Shihōin, ya está a salvo.

La invadió un pánico ante esas últimas palabras. El secuestrador sabía cómo se llamaba. Así dedujo que no era un error de identidad. Pero ¿quién era él? "Está a salvo" ¿De qué demonios estaba hablando? Por todos los santos el sujeto, debía de estar loco de verdad.

- ¿Cómo es que usted...?

- Guarde silencio –susurró él-. Ya hablaremos cuando lleguemos a la casa.

¿Una casa? Si creía que no podría temer aún más estaba muy equivocada. La inundó una nueva oleada de miedo, pero se obligó a concentrarse. Respiró tan hondo y despacio como se lo permitió el brazo que la sujetaba y rápidamente comenzó a sopesar sus opciones de manera lógica.

Era obvio que por ahora no podía razonar con ese sujeto o persuadirlo para que finalmente la soltase. ¿Tendría intención de hacerle daño? La cólera barrió parte de su miedo, y apretó con fuerza los labios; si aquel hombre tenía pensado herirla o forzarla a algo degradante o impropio, le esperaba una buena pelea.

Debía escapar. Eso era lo que debía hacer, pero ¿cómo? El caballo corría a galope tendido, Yoruichi trató de revolverse un poco en la silla de montar pero la fuerza del brazo no hizo sino ceñirla con más fuerza, oprimiéndole un poco las costillas y expulsó el aire de sus pulmones comprimidos. Aunque lograra arrojarse de la silla –lo cual, a juzgar por la fuerza de él, parecía imposible-, y si lo lograba sin duda la caída la mataría o podría herirla de gravedad. Y entonces quedaría a merced de su secuestrador, por lo cual rápidamente apartó aquel pensamiento.

Observó el rostro enmascarado con los ojos entornados. Tenía toda la cabeza cubierta por una máscara negra. Había una rendija para la boca, dos orificios pequeños para la nariz y unos cortes estrechos y unos cortes alargados para los ojos. Intentó determinar de qué color eran estos, pero no pudo y más con su deficiente vista. La sospecha le puso la carne de gallina al notar la fortaleza de aquel cuerpo. Incluso a través de las capas de ropa que al parecer eran varias, no había forma de confundir la dureza de sus músculos. Su pecho, que presionaba contra el costado de ella…

-Su pecho- volvió a pensar en eso y sus ojos se abrieron ante ese descubrimiento, fue entonces que cayó en la cuenta de la verdadera sensación que percibía en su costado. No se trataba del pecho plano de un hombre, sino que podía sentir dos prominencias de un considerable tamaño, no de lleno y no tan abultadas pero estaba segura, no se trataba de un secuestrador sino de una secuestradora. Lo que volvió más increíble la sensación de aquel cuerpo tan fuerte. Los muslos que la acunaban eran como piedras. La secuestradora la sostenía como si fuera una muñeca en su regazo. No había forma en que ella fuera a superarla físicamente.

Claro, ahora solo tenía que encontrar un arma para golpearla en la cabeza, pues era lo más factible para su escapatoria, de pronto sintió una perversa satisfacción ante la idea de dejar inconsciente a aquella bandida. Para desgracia, su plan iba a tener que esperar hasta que llegasen al destino que ella tenía en mente. Entonces huiría, ya fuera propinándole un porrazo o superándola en inteligencia de la cual ella sabía que poseía demasiada.

Mientras tanto, se obligó a centrarse en lo inmediato. Se estaban adentrando profundamente en los bosques, pero sin sus gafas, toda referencia que pudiera haber reconocido era un mero borrón, por unos instantes odio su impedimento visual. Entre los árboles se filtraban brillantes rayos de luz de luna, pero aun así el camino quedaba sumido en la oscuridad. Yoruichi se maravilló que su secuestradora pudiera ver siquiera, entre la oscuridad y la máscara que llevaba puesta, a decir verdad más que maravillarse la envidio pues ella no era capaz de ver más allá que un borrón sin sus gafas.

Avanzaron durante casi una hora, pero por más que lo intentó no consiguió distinguir dónde se encontraban. El brazo que la sujetaba no cedió en ningún momento, y ella se obligó a no pensar en el poderío del fuerte cuerpo femenino que la ceñía. Poco a poco sintió sus posaderas doloridas y le picaban los brazos por la falta de circulación debida al apretón del abrazo que la mantenía la bandida.

Finalmente el caballo aminoró la marcha y comenzó a avanzar al trote. Era muy obvio que se aproximaban a la casa que ella había mencionado, pero, sin las gafas, Yoruichi no la distinguió en la oscuridad. No tenía la menor idea de dónde se encontraban, y se preguntó si ella no habría cabalgado en círculos para despistarla o desubicarla. Con todo, para cuando el caballo detuvo su marcha, ella ya tenía planeada su estrategia. Era simple, clara y lógica: bajar del caballo, buscar un objeto con que azuzar a su secuestradora, darle sin miramientos, subir al caballo y buscar el camino de vuelta a casa y a la libertad.

La secuestradora tiró de las riendas y el caballo resopló. Entornando los ojos, Yoruichi distinguió el contorno de una casa de campo. Su captora desmontó y la depositó en tierra. La morena sintió una frustración al comprobar que sus rodillas, parecían hechas gelatina pues amenazaban con doblarse; si su captora no la hubiera sostenido por los brazos, se habría derrumbado. ¿Cómo iba a atacar a aquella bandida si ni siquiera era capaz de mantenerse en pie? Hizo rechinar los dientes y afianzó las rodillas, al tiempo que rezaba por recuperar rápidamente la sensibilidad en sus miembros entumecidos.

- ¿Le hice daño? –Aquel ronco susurro contenía un tono de preocupación que sorprendió a Yoruichi. Antes de que pudiera responder, se vio sorprendida por segunda vez pues la secuestradora que la tomó en brazos y la llevó hacia la casa.

No debí haberla apretado con tanta fuerza, pero es que no podía dejar que se cayera- se excusó la captora-Vamos dentro y le echaré un vistazo.

-Yoruichi juró en silencio que si ella intentaba echarle cualquier tipo de vistazo le arrancaría los ojos. Tenía ganas de golpearla con los puños, pero, para su disgusto, sus brazos mostraban tanta fuerza como un puré de papas. Sin embargo, un hormigueo le ascendía por los miembros y le recorría la piel, una clara indicación de que pronto se recuperaría.

Tal vez fuera mejor que ella la creyera débil e indefensa; eso seguramente le haría bajar la guardia. Y entonces ella podría buscar en la casa algo que le sirviese de arma –un cuchillo afilado, un atizador para el fuego y con eso podría escapar.

La mujer abrió la puerta y entró, tras lo cual la cerró con el pie. En la chimenea ardía un fuego alicaído que bañaba la habitación con un pálido resplandor. Yoruichi parpadeó, miró a su alrededor, y el desánimo la golpeo.- La estancia estaba vacía, ningún mueble, ni alfombras, ni nada que se pareciera a un arma.

Las botas de la secuestradora resonaron en el suelo de madera cuando se acercó al fuego. Yoruichi recorrió con la mirada la repisa de la chimenea con la esperanza de ver un candelabro, pero, al igual que el resto de la habitación, la repisa estaba desnuda. Sin embargo, sus esperanzas renacieron cuando su visión borrosa reparó en lo que parecía un conjunto de herramientas de bronce para la chimenea, apoyadas contra la pared de enfrente.

Donde ella se encontraba estaban fuera de su alcance, pero ya buscaría la manera de hacerse con una; lo único que necesitaba era tiempo.

Su captora se arrodilló y la depositó en el suelo, junto a la chimenea, con una suavidad y delicadeza que la sorprendió. En el instante en que la soltó, ella retrocedió hasta dar con la espalda en la pared.

- No se acerque –le ordenó, sin que le temblara la voz-. No me toque- dijo con tono firme la morena.- En ese instante, ella, la secuestradora se quedó inmóvil.

Yoruichi la miró fijamente, deseando tener las gafas para poder verla con claridad. Aunque apenas distinguía sus ojos entre las rendijas de la máscara, percibía el peso de su firme mirada.

- Como le he dicho anteriormente, no tiene nada que temer, señorita Shihōin. Sólo deseo ayudarle.

- ¿Ayudarme? ¿Secuestrándome? ¿Reteniéndome contra mi voluntad?- espeto ella con indignación y molestia.

- No es contra su voluntad. –Inclinó la cabeza y añadió con voz ronca-:Alégrese, tiene ante usted al Ladrón de Novias, que ha venido a rescatarla.- después de esa declaración casi teatral Soi Fong, la observó a través de las aberturas de la máscara y esperó a que el alivio y la alegría sustituyeran la aprensión que le ensombrecía los ojos.- Pero para su confusión la señorita Shihōin la contemplaba con una mirada vacía y confusa.

- ¿El Ladrón de Novias? ¿A rescatarme?- dijo Yoruichi con una clara confusión en su rostro.

Pobre- pensó Soi, era evidente que estaba aturdida y confundida ante los recientes acontecimientos.- Pues sí. Estoy aquí para ayudarla a empezar una nueva vida, una vida de libertad. Sé que no desea casarse con el mayor Kuchiki.

La morena abrió sus ojos dorados como platos.- ¿Qué sabe usted del mayor Kuchiki?

- Sé que es su prometido y que quieren obligarla a casarse con él- informo Soi con seriedad.

La expresión de la señorita Shihōin cambió de inmediato, y un innegable fastidio cruzó su semblante.- Ya estoy harta de que la gente me diga que estoy comprometida. – Enderezo su espalda y la señaló con el dedo puntualizando cada palabra- El mayor Kuchiki no es mi prometido, y no voy a casarme con él.

Soi Fong se quedó confusa y con una súbita sensación de malestar. ¿Qué no era su prometida, que diablos significaba eso? Maldición, maldición, maldición- pensó en sus adentros, ¿había raptado a otra mujer? ¿Por eso no daba saltos de alegría porque la hubiese rescatado?

La recorrió con la mirada fijándose en su aspecto desaliñado, el despeinado cabello violeta le rodeaba el rostro, y varios mechones sueltos le sobresalían hacia arriba de un modo que le recordó los cuernos de un diablo, una desafortunada comparación, dadas las circunstancias en que se encontraba. Sus ojos parecían expresivos, una piel bronceada y rostro que mostraba una expresión de clara de disgusto.

Desde luego no era una expresión que soliese ver en los rostros de las mujeres que rescataba.- ¿No es usted Yoruichi Shihōin? –Le inquirió.- Soi le miró con un ceño profuso en su rostro y apretó los labios. Maldita mujer obstinada. Se inclinó más hacia ella e hizo caso omiso de la punzada de culpabilidad que sintió cuando vio brillar en sus ojos un destello de pánico.- Conteste a mi pregunta ¿Es usted Yoruichi Shihōin?

La morena asintió con gesto rígido.- Sí, lo soy- dijo con tono leve.

La abrumó un sentimiento de confusión. Había acertado con la mujer. Pero qué diablos estaba pasando, ¿sería incorrecta la información de Shunsui? Si era así, había cometido un terrible error. Rápidamente se obligó a conservar la calma y estudió a la joven que tenía delante de sí.- Tengo entendido que su familia arreglo todo para casarla con el mayor Kuchiki.

Yoruichi la observo con prudencia.- Así es, pero como yo jamás en mi vida he visto un plan menos gustoso, por no decir idiota, he desarreglado lo que arregló mi bienintencionado pero mal aconsejado padre.

El malestar de Soi Fong se triplicó.- ¿Cómo dice?- con un tono de irritación.

- Esta tarde ha ido a ver al mayor Kuchiki y le he explicado que, aunque lo tengo en alta estima y le respeto sobremanera, no siento el menor deseo de casarme con él.

- ¿Y él se ha mostrado de acuerdo?- cuestiono Soi con incredulidad.

Yoruichi, desvió la mirada y un leve rubor le tiñó las mejillas.- Pues... sí, al final.

Soi, apretó los puños al ver la vergüenza de ella. Maldición, ¿Acaso el mayor Kuchiki habría intentado tomarse libertades con ella?

- ¿Al final?- cuestionó Soi con tono gélido.

La morena la observó entrecerrando los ojos y luego se encogió de hombros. - No es que le concierna a usted, pero incluso después de explicarle con toda la cortesía del mundo que no deseaba casarme con él, me temo que el mayor se mostró todavía un tanto... insistente.

Por Dios, aquel maldito en efecto quizá se había propasado. Sintiéndose confundida, Soi Fong alzó las manos para tocarse el cabello en acto usual que tenía cuando intentaba calmar sus nervios, pero se topó con la máscara que le cubría la cabeza y solo alcanzo a rosar ligeramente la coleta que salía de su máscara.

Yoruichi se aclaró la garganta y prosiguió su relato.- Sin embargo, por suerte para mí, en cuanto el mayor finalizó su largo discurso de: "Por supuesto que se casará usted conmigo, ya se han llevado a cabo todos los preparativos", fue cuando apareció Kizu, y salvo bastante bien la situación.

Soi dejó escapar el aliento que no se había dado cuenta que estaba conteniendo.- ¿Kizu? ¿Es su cochero? "que nombre tan raro para un cochero" pensó.

- No. Mi cochero se llama Tessai. Kizu es mi sapo.

Soi Fong supo que si no fuera por la ajustada máscara, se le habría caído la mandíbula por el dato que acababa de proporcionarle la señorita Shihōin.- ¿Su sapo? Pregunto con evidente curiosidad ¿Cómo salvó la situación?

- A kizu le gusta acurrucarse en mi redecilla y acompañarme cuando salgo de paseo en el carruaje- aclaro la morena en un tono de lo más normal- Casi me había olvidado de él hasta que dio un salto e increíblemente fue a aterrizar justo en una de las relucientes botas del mayor.- Una sonrisa maliciosa adorno el rostro de la morena- Nunca he visto semejante revuelo. Cualquiera hubiera pensado que lo habían despojado de su rango, a juzgar por su reacción. En verdad es asombroso que un hombre que afirma haber realizado tantas proezas militares y ser un valiente militar pueda tener tanto miedo y aversión a un pequeño sapo.

–Meneó la cabeza-. Naturalmente, al ver que ponía tantos reparos a Kizu, pensé que lo mejor era advertirlo sobre Toto y Mimí.

Soi Fong, divertida, ante la historia de Yoruichi, pregunto:- ¿Más sapos?

- No. Un ratón y una culebra de jardín. Los dos son totalmente inofensivos, pero el mayor Kuchiki se puso bastante pálido, sobre todo cuando le insinué que ambos se alojaban en mi dormitorio.

Por ahora medio divertida y medio horrorizada, Soi no pudo evitar preguntar:- ¿Eso es verdad?

Ella le dirigió una mirada casi felina y con un poco de picardía.- No, pero sólo insinué. No se me puede considerar responsable de las suposiciones incorrectas que pueda hacer el mayor u otras personas, ¿no cree?

- Muy cierto. ¿Y qué ocurrió después de eso?

- Bueno, mientras perseguía a kizu por toda la habitación, de una forma que el mayor describió más tarde como "deplorable y nada femenina", me pareció que sería justo compartir con él algunas de mis otras aficiones con él.

- ¿Aficiones, cómo cuáles?

- Explorar, pescar, el pareció bastante alarmado cuando le informé de que todos los días canto varias horas. Y se alarmó sobremanera cuando le hablé de mis planes para convertir su salita en un laboratorio. En realidad, armó mucho alboroto, incluso cuando le prometí que tendría mucho cuidado de no causar algún incendio o daño a la propiedad, asegurándole que las pocas ocasiones en que mis experimentos habían terminado provocando algún percance no fueron muy graves.

Diablos, aquella joven parecía ser toda una amenaza- Soi sonrió bajo su máscara- Pero aun con todo, no se podía negar que la señorita Shihōin era inteligente.- ¿Qué siguió a continuación?

- Pues que a kizu, que estaba resultando imposible de capturar, le pareció oportuno saltar al regazo del mayor- sonrió al recordar la imagen de ese hecho-Cielo santo, jamás habría imaginado que ese hombre tenía tal... agilidad aun en sus años. Cuando por fin atrapé a kizu y lo devolví a la redecilla, convencí al mayor de que ya era seguro se bajarse del pianoforte, él al instante se mostró bastante dispuesto a aceptar que no formaríamos buena pareja. –Su expresión se tornó fiera-. Y cuando volvía a mi casa, decidida a contar a mis padres la disolución de mi compromiso, usted me secuestró de esta manera tan maleducada. Tal vez ahora quiera tomarse la molestia de explicarse- su tono era irritado y firme.

Momentáneamente privada del habla, la mente de Soi Fong funcionó a toda velocidad para deshacer el atroz enredo en que se había metido. Se incorporó y miró fijamente a Yoruichi, en cuyos ojos destelló un inconfundible recelo al tiempo que retrocedía aún más, un gesto que molestó todavía más a Soi.- No me vea como si fuera un asesino a punto de descuartizarla – exclamó con un ronco gruñido-. Ya le he dicho que no voy a hacerle daño. Sólo intentaba ayudarla, soy a quien le nombran el Ladrón de Novias.

- Ya lo ha dicho antes, además su tono que sugiere que yo debería conocerlo, pero me temo que no es así. Además no entiendo porque se hace pasar por un hombre y se refiere a usted misma como tal si realmente es una mujer- apunto la morena con indiferencia.

-Soi Fong se la quedó mirando, atónita, pero agrego rápidamente.- No es culpa mía que los periódicos hablen de mí como si fuera un hombre, pero ¿Acaso nunca ha oído hablar del Ladrón de Novias?

Soi había respirado con más tranquilidad cuando los periódicos y la policía hablaban de ella como hombre, por lo cual prefirió seguir el juego pues le pareció que de esa manera seria más difícil que descubrieran su verdadera identidad, pues todos buscaban a un hombre no a una mujer.

- Me temo que no, pero por lo visto debe de ser usted –La recorrió con los ojos de arriba abajo, dos veces, y de hecho a Soi le ardió la piel bajo aquella dorada e inquisidora mirada. No puedo decir que esté encantada de conocerla- dijo sin miramiento la morena.

- Diablos señorita. ¿Es que acaso usted nunca lee los periódicos?- cuestiono Soi.

- Por supuesto que sí. Leo todos los artículos concernientes a la naturaleza y a temas científicos- dijo con rapidez.

- ¿Y las páginas de sociedad?- pregunto con un poco de molestia.

- No pierdo el tiempo con semejantes sandeces- exclamo la morena –Su expresión de desprecio sugería que la consideraba muy poca cosa si su nombre aparecía sólo en las columnas de sociedad.

Soi Fong enmudeció de pura incredulidad. Abrió la boca para hablar, pero no le salieron las palabras. ¿Cómo era posible que esa chica no supiera nada del Ladrón de Novias? ¿Es que vivía en una mazmorra? No pasaba un solo día sin que se hablara del Ladrón de Novias en los clubes de Londres, en las posadas rurales y en todas las publicaciones del reino, sin embargo, la señorita Yoruichi Shihōin jamás había oído hablar de él, o mejor dicho, de ella.

Si no estuviera tan confusa por aquel hecho, se habría reído de lo absurdo de la situación y de lo vanidosa que estaba siendo. Ahora, resultaba que no era tan famosa como creía.- Con todo lo acontecido, su diversión se desvaneció rápidamente cuando comprendió la gravedad de su error. La señorita Shihōin ya no estaba siendo obligada a contraer matrimonio.

Por lo que quedaba el hecho de que había raptado a una mujer que no necesitaba su ayuda y ahora el Ladrón de Novias tendría que realizar algo que jamás cruzo por su cabeza que tendría que hacer en su papel como Ladrón de Novias, algo que parecía inaudito, insólito y extraño, ella debía devolver a una mujer a la que había raptado.

Una mujer que lanzaba miradas hacia el atizador de hierro con un brillo en los ojos que indicaba que le gustaría utilizarlo para atestar un golpe a su cabeza. Cerró los ojos con fuerza y maldijo en silencio su mala suerte.- Al diablo con todo- porque ser el personaje más célebre de toda Inglaterra era a veces un verdadero fastidio,- suspiro por lo bajo- pues recordó que eso era algo que ella había elegido voluntariamente.

...

gracias por leer...