Capitulo No 3 – Noticias de un Secuestro…. Fallido
...
En la casa de los Shihōin.
-¿Qué se supone que quiere decir con que no va a casarse con mi hija? Espeto Minako Shihōin muy indignada de pie en su salita, contemplaba al mayor Kuchiki con su actitud más imperiosa, en cierto modo resistiéndose al impulso de azotar con su abanico de encaje a aquel arrogante militar.
El mayor permanecía rígido como una estaca junto a la chimenea y con su nariz apuntada hacia Minako.
- Como he dicho, la señorita Shihōin y yo hemos acordado esta misma tarde que la boda proyectada no resulta aconsejable y mucho menos conveniente. Yo tenía la certeza de que a estas alturas su hija ya les habría informado.
- Mi hija informado de la nada-ha apresuro como el Decir, Minako.
El rostro molesto del mayor perdió todo el color.- Por el cielo, ¡esa muchacha no afirmará que aún estamos comprometidos! – dijo con horror el mayor Kuchiki.
A Minako le pareció detectar un estremecimiento que sacudió la corpulencia del mayor. Acto seguido, éste bajó la vista hacia sus botas y arrugó la nariz con molestia. - Mi hija no ha hecho ningún tipo de afirmación, mayor. No la he visto ni he hablado con ella desde el almuerzo. –Se volvió hacia su esposo, que estaba sentado en su sillón favorito, situado en el rincón-. Shiro, ¿has hablado tú con ella esta tarde?
Tras ver que su pregunta era respondida con un silencio, Minako apretó los labios y, por segunda vez en el lapso de unos minutos, pensó en la posibilidad de aporrear a un hombre. Hombres, iban a terminar matándola.- ¡Shiro!
Shiro Shihōin alzó la cabeza de repente como si ella lo hubiera pinchado con un palo. Sus ojos nublados indicaron a las claras que estaba echando una pequeña siesta.
- ¿Si, querida?- dijo con tono servil.
- ¿Ha hablado Yoruichi contigo esta tarde acerca de su compromiso?
- Ya no existe compromiso alguno...La voz del mayor se desvaneció poco a poco cuando Minako le clavó una mirada glacial.
- No he visto a Yoru-chan desde el almuerzo –dijo Shiro. Se volvió hacia el mayor-: Un asado excelente, mayor. Debería haber...
- ¿Qué tienes que decir de la insolente afirmación del mayor, Kuchiki? –lo apremió Minako.
Su marido parpadeó velozmente.- ¿Qué afirmación?
- ¡Que Yoruichi y él ya no están comprometidos!
- Tonterías. No he oído nada de eso. –Y se volvió hacia el mayor, ceñudo-. ¿Qué sucede? Ya están en marcha todos los preparativos, como va todo.
- Sí, bueno, eso era antes de que la señorita Shihōin me hiciera una visita esta tarde- aclaro el mayor Kuchiki.
-Ella no ha hecho semejante cosa –afirmó Minako, rezando por estar en lo cierto. Señor, ¿qué embrollo habría creado Yoruichi esta vez?
- Por supuesto que sí. Me dijo que no creía que fuéramos a hacer buena pareja. Después de... eh... hablarlo un poco, coincidí con ella en su valoración de la situación y tomé las medidas apropiadas. –El mayor Kuchiki se aclaró la garganta y con tono solemne hablo-. Para decirlo sin rodeos, la boda ha sido anulada.
Minako miró el diván y llegó a la conclusión de que se encontraba demasiado lejos para que ella se desmayara como las circunstancias exigían. Maldijo en voz baja.
¿Qué no habría boda? Vaya, aquello suponía un problema espinoso. No sólo podía producirse un escándalo dependiendo de lo que hubiera hecho Yoruichi para disuadir al mayor, sino que ya le parecía estar oyendo a la odiosa Rangiku Matsumoto cuando se enterase de aquella debacle: "Pero, Minako –diría Rangiku agitando las pestañas como una vaca en medio de una granizada-, es una verdadera tragedia que Yoruichi ya no esté comprometida. El vizconde Urahara ha mostrado interés por mi Orihime, sabes. Y Orihime es realmente encantadora. ¡Por lo visto, voy a casar a todas mis hijas antes que tú!".
Minako cerró los ojos con fuerza para borrar aquella horrible e hipotética situación de la cual su imaginación había recurrido traicionándola. Yoruichi valía diez veces más que la cabeza hueca de Orihime, casi le hirvió la sangre ante tamaña injusticia. Orihime, cuyo único talento consistía en agitar un abanico y reír tontamente mostrando sus pechos en un escote pronunciado, iba a cazar a un vizconde simplemente porque poseía un rostro atractivo y una feminidad sobrevaluada. Mientras tanto, Yoruichi se quedaría para vestir santos, lo cual la obligaría a ella a pasarse los próximos veinte años escuchando la tontería presuntuosa de Rangiku. ¡Oh, aquello resultaba simplemente insoportable!
Lo había arreglado todo para que Yoruichi se casara con un caballero de lo más respetable, ¿Ahora el mayor Kuchiki pretendía desbaratar todos sus planes? "Eso estaba aún por verse". Con la mandíbula apretada, Minako se fue acercando al diván por si acaso necesitaba hacer uso de él, y luego volvió su atención hacia el mayor.
- ¿Cómo es posible que un hombre que se considera honorable deshonre a mi hija de esta manera?- Shiro se levantó y se estiró el chaleco- Ciertamente, mayor. Esto es de lo más inaudito. Por lo cual exijo una explicación.
- Ya se lo he explicado, Shihōin. No habrá boda. –Clavó una mirada de acero en Minako-. Usted, señora, me llevó a la total confusión al describirme a su hija.
-Yo no hice nada de eso –replicó Minako con su gestó más informé de lo inteligente que es Yoruichi, y usted sabía muy bien que no acababa de salir de la escuela.
- Descuidó mencionar su afición por los sapos viscosos y otras alimañas, su predilección por arrastrarse por el suelo, su aterradora falta de talento musical y su costumbre de montar laboratorios y provocar incendios- acuso el mayor Kuchiki con tono firme y molesto.
Minako salió disparada hacia el sofá. Tras emitir dos suspiros jadeantes parecidos a un gorjeo, se desplomó con un grácil movimiento.- ¡Qué cosas más terribles dice, usted mayor! ¡Shiro, mis sales!
Mientras aguardaba las sales, la mente de Minako funcionaba a pleno rendimiento. Cielo santo, el mayor debía de haber conocido a kizu, Toto y Mimí. ¡Qué mala suerte! "Oh, Yoruichi, ¿por qué no podías haber llevado contigo simplemente un libro?" ¿Y qué era aquello de arrastrarse por el suelo? Por supuesto, sabía la falta de talento musical y el bendito laboratorio podían resultar un problema, pero ¿a qué se refería con lo de provocar incendios? Por Dios, ¿qué historias truculentas le habría contado o en todo caso inventado Yoruichi a aquel hombre? Exhaló un suspiro a la vez que se preguntaba por qué tardaba tanto Shiro en traerle las sales. Había mucho que hacer para remediar aquella catástrofe, y no podía quedarse toda la noche tendida en el sofá, esperando por ellas o por su lento marido.
- Aquí tienes, querida. –Shiro agitó el frasco de sales debajo de la nariz de su esposa con tanto entusiasmo que la hizo llorar.
Minako se incorporó y le apartó la mano.- Ya es suficiente, Shiro. Se trata de revivirme, no de llevarme a la tumba. –Compuso una mueca lo más severa posible y miró ceñuda al mayor-. Vamos a ver, mayor Kuchiki. Usted no puede...
En ese momento se abrió de golpe la puerta del estudio e irrumpió en la habitación Tessai, con expresión desencajada y jadeante.
- ¡Señora Shihōin! ¡Señor Shihōin! Ha ocurrido una tragedia.
- Por Dios todos los santos, ya lo creo que sí –repuso Shiro fijándose en el aspecto desaliñado del cochero-. Lleva la corbata completamente deshecha y tiene manchas de hierba en los pantalones. Y qué es eso que tiene en el pelo ¿ramitas? En fin, está usted hecho una pena. ¿Qué le ha sucedido para dejarlo en semejante estado?- inquirió Shiro.
Tessai intentó recuperar el aliento y se secó la frente con el dorso de la mano.- Es la señorita Yoruichi, señor. –Tragó saliva, y al hacerlo se le movió la nuez-. Ha... Desaparecido.
-¿Qué ha desaparecido? –Repitió Shiro con desconcierto-. ¿Quiere decir de la casa?
- Sí señor. Cuando regresaba de la visita que hizo al mayor...
- Los ojos de Minako se abrieron ante la nueva información- Entonces era verdad –gorjeó Minako volviendo a caer desmayada sobre el sofá- ¡Mi pequeña! ¡La han deshonrado!- dijo indignada.
- No, señora Shihōin. La han secuestrado –corrigió Tessai inclinando la cabeza. Minako se puso en pie de un brinco, ante la noticia.- ¿Secuestrado? Oh, es usted un idiota ¿Por qué se le ha ocurrido algo tan ridículo? ¿Quién demonios iba a querer secuestrar a Yoruichi? ¿Y por qué razón?
Como respuesta, Tessai le tendió un ramo de flores. Minako luchó contra el impulso de poner los ojos en blanco.- Muy amable de su parte, Tessai, pero no es momento para cortesías- dijo de lo más tranquila.
- No, señora Shihōin. Esto es lo que me entregó el secuestrador. Me lo lanzó tras arrancar del suelo a la señorita Yoruichi mientras ella recogía insectos para el señorito Hirako y se la llevó en un gran corcel negro. –Le tendió las flores-. Mire traen una nota.
Minako se quedó mirando el ramillete, completamente sin habla por primera vez en su vida, según su esposo recordara.-Shiro retiró la nota de las flores y rompió el sello de lacre.
Su semblante perdió todo el color, y Minako se preguntó si tendría que pasarle las sales a él, pero de algún modo consiguió mantenerse en pie sobre sus piernas inseguras.
- ¿Qué dice Shiro? ¿La han secuestrado de verdad? ¿Exigen un rescate? Mirándola por encima de la carta de color marfil, Shiro no pudo ocultar su perplejidad.
- En efecto, han secuestrado a nuestra niña, Minako.
También por primera vez en su vida, a Minako se le doblaron las rodillas sin haber previsto dónde iba a caer. Por suerte se derrumbó sobre el diván.- Padre Santo, Shiro, ¿Qué canalla se ha llevado a nuestra Yoruichi? ¿Cuánto dinero pide?
- Nada. Léelo tú misma- Shiro le entrego la nota a su esposa.
Minako tomó la nota de la mano temblorosa de su marido y la sostuvo lejos de ella como si fuera una serpiente. Lo que leyó la hizo estremecerse.
Estimados señor y señora Shihōin:
Escribo esta nota con el fin de serenar sus temores respecto de su hija Yoruichi. Pueden tener la seguridad de que se encuentra a salvo y que no sufrirá daño alguno por mi mano. Simplemente le he ofrecido la oportunidad de ser libre y de tener una vida propia, sin la perspectiva de tener que casarse con un hombre con quien no desea desposarse. Abrigo la esperanza de que ambos encontrarán en sus corazones el deseo de que ella obtenga la felicidad que se merece.
EL LADRÓN DE NOVIAS.
Minako tenía la mirada fija en la firma y la mente convertida en un torbellino. El Ladrón de Novias. -El hombre más famoso y buscado de toda Inglaterra había raptado a su niña.
- Shiro. Debemos llamar al magistrado, inmediatamente.
...
Estalló un relámpago, seguido de un profundo trueno que retumbó en las ventanas de la pequeña casa. Segundos más tarde se oyó el repiqueteo suave de la lluvia contra el tejado. Soi Fong reprimió un bufido. Lo último que necesitaba era que una tormenta retrasara el momento de irse de la cabaña junto con la señorita Yoruichi. -Bajó la mano y susurró con su voz de Ladrón de Novias.- Le ruego me permita ayudarla a levantarse.
Yoruichi le lanzó una mirada ceñuda.- Puedo arreglármelas sola, gracias. –Y sin quitarle el ojo de encima, se puso de pie.
Soi la observó con detenimiento y curiosidad, mientras ella se limpiaba el polvo de su sencillo vestido y vio cómo se ajustaba el cabello recogiéndose varios mechones sueltos. Lo que alcanzaba a ver era su cabello, el cual parecía denso y brillante. A pesar de que la estancia estaba iluminada sólo por el lánguido fuego, podía distinguir el intenso color oro de sus ojos felinos y que restaban atención al resto de sus facciones. Excepto los labios, que, al igual que los ojos le daban realce a su rostro. A pesar de todo lo negativo que había escuchado sobre la señorita Yoruichi Shihōin, Soi Fong podía describirla como atractiva, aquellos ojos grandes expresivos y labios ni muy delgados ni muy gruesos le resultaban interesantes.
Recorrió con la mirada las formas de su cuerpo, alzó las cejas bajo la máscara y sonrió de medio lado; con sorpresa observo que la señorita Shihōin era toda curvas, obviamente los chismorreos y habladurías no daban justicia alguna a la señorita Shihōin. Ni siquiera aquel vestido puritano que llevaba puesto conseguía ocultar lo generoso de sus senos. Su mirada bajó más y Soi se cuestionó si las caderas de la joven tendrían la misma madurez que su busto- volvió a sonreír al recordar cómo pudo sentir sus formas al llevarla en su regazo cuando cabalgaban.- Aquel pensamiento la hizo reaccionar como si le hubieran lanzado un cubo de agua a la cara. "Maldita sea qué diablos estoy pensando, compórtate. Ella no tiene nada que no hayas visto antes. Tienes que llevar a esta muchacha a su casa sin que te ahorquen por haberte tomado la molestia".
Volvió a fijar la vista en el rostro de Yoruichi y vio que ella la estaba observando con recelo.- Exijo saber qué piensa hacer conmigo- dijo la morena.
Tuvo que admirar aquella demostración de valor. Lo único que lo estropeó fue el rápido subir y bajar del pecho de la joven.- Ya le dije que no tema. La devolveré a su casa- dijo con tono firme- al seno de su familia.
Los ojos de Yoruichi perdieron parte del recelo que mostraban.- Perfecto, deseo partir de inmediato, si no tiene inconveniente. No me cabe duda de que mi familia estará preocupada.
Soi, miró hacia la ventana.- Está lloviendo. Esperaremos a que se apacigüe.
- Preferiría salir ya- dijo algo impaciente la morena.
- Yo también, pero quiero dejarla intacta en su casa. –Para aliviar la tensión que percibía en la postura de ella, añadió-: Voy a proponerle un trato. Nos quedaremos aquí un cuarto de hora más. Si para entonces no ha cesado de llover, partiremos como usted lo desea.
- ¿Y cómo sé yo que está diciéndome la verdad?- pregunto la morena con una ceja levantada.
- Le doy mi palabra de honor- dijo Soi seriamente.
Yoruichi, lanzó un resoplido muy poco femenino.- Viniendo de una mujer a la que llaman "Ladrón", no estoy muy segura de que eso sea un consuelo.
- Ah, pero sin duda usted sabrá que existe el honor incluso entre los ladrones, señorita Shihōin.– Flexionó las rodillas y se acomodó en el suelo, echándose hacia atrás hasta quedar recostada contra la a sentarse conmigo y charlaremos un poco –la invitó con su ronco acento al tiempo que palmeaba el suelo a su lado-. Prometo que no la morderé- dijo Soi con un tono divertido- Mientras estemos aquí retenidos, no está de más que nos pongamos cómodos. Al ver que ella vacilaba, Soi Fong se levantó y se acercó a la chimenea. Acto seguido sacó el atizador de su soporte de bronce y se lo tendió a Yoruichi.
- Tenga. Cójalo, si así se siente más segura.
Yoruichi observó el atizador y luego a la mujer.- ¿Por qué iba a darme usted un arma? Pregunto.
- Como muestra de confianza, la he secuestrado por equivocación y la llevaré de vuelta a su casa. Con sinceridad, dígame ¿le he causado algún daño?
- No, pero casi me ha matado del susto- espeto la morena mirando fijamente a su captora, que viéndola bien parecía ser un poco menos alta de lo había pensado, es mas era casi de su estatura.
- Mi, más sinceras disculpas Señorita.
- Además, durante el rapto he perdido mis gafas y se me ha caído la bolsa.
- Una vez más, le ofrezco mis disculpas. – Señaló el atizador con un gesto de la cabeza-. Cójalo. Le doy permiso para propinarme un porrazo si trato de hacerle daño.
Yoruichi no hizo caso del tono casi diversión que contenía su voz y le arrebató el atizador de las manos. Retrocedió rápidamente y lo empuñó con fuerza, dispuesta a dejar a su captora inconsciente si no cumplía su palabra.
Pero en lugar de saltar sobre ella, la mujer se limitó a sentarse en el suelo, recostar la espalda contra la pared y ponerse a observarla.
Yoruichi, con el atizador en la mano, pensó qué hacer a continuación. La lluvia golpeaba los cristales con más fuerza, y tuvo que admitir que no era buena idea internarse en el bosque en medio de la oscuridad y el agua. Pero ¿cómo podía fiarse de aquella mujer? Cierto, le había dado el atizador, pero seguro que creía poder desarmarla si decidía atacarla. Aspiró profundamente y obligó a sus pensamientos a alinearse en orden lógico y dejar que eso la gobierne y no todos esos temores y conjeturas que la confundían más.
El Ladrón de Novias. Rebuscó en su memoria y se dio cuenta de que quizá lo hubiera oído mencionar, pero como casi siempre hacía oídos sordos a los chismorreos en que se recreaban su madre y sus hermanas, no estaba segura. No obstante, ahora que lo pensaba, el apodo le sonaba vagamente.
Lo mejor era entablar una conversación con aquella mujer; tal vez pudiera extraerle alguna información que la ayudar a decidir si podía fiarse de ella, o bien alguna pista que fuera de utilidad a las autoridades.
Todavía empuñando el atizador, se sentó en el suelo en el extremo opuesto de la habitación vacía y contempló con los ojos entornados la mancha negra y borrosa que era su secuestradora. Manteniendo un tono ligero, preguntó:- Dígame, señorita Ladrona, ¿ha raptado a muchas novias renuentes?
Una risa profunda emanó de la mancha negra.- Es un verdadero golpe a mi orgullo que usted nunca haya oído hablar de mí. Pero respondo a su pregunta, he socorrido a más de una docena de novias. Mujeres desgraciadas, todas ellas a punto de ser obligadas a casarse en contra de su voluntad.
- Si no le importa que le cuestione, ¿cómo las "socorre", exactamente?
- Les proporcione un pasaje al continente o a América, junto con fondos suficientes para que puedan establecerse en su nueva vida hasta que se valgan por sí mismas.
- Eso ha de resultar bastante costoso- apunto la morena.
Le pareció que ella se encogía de hombros- Dispongo de fondos suficientes para hacerlo.
- Entiendo. ¿Acaso los roba también? – dijo la morena con tono mordaz.
Soi Fong, rio de nuevo- Es usted muy desconfiada, ¿no cree? Pero para su información, yo no tengo necesidad de robar chucherías ni soberanos de oro. El dinero que doy es mío.
Yoruichi no pudo ocultar su sorpresa y su creciente curiosidad. Vaya, ¿qué clase de mujer era aquella? Tras dedicar unos instantes a asimilar aquellas palabras, asintió lentamente.
- Creo que empiezo a entenderlo. Es usted como Robín Hood, sólo que en lugar de robar joyas roba novias. Y en lugar de entregar el dinero a los pobres ofrece como regalo la libertad. Y claro, es una mujer.
- Nunca lo había pensado de ese modo, pero suena casi como si es así mismo.
Yoruichi comprendió de pronto, y soltó un resoplido.- Y se disponía a ofrecerme a mí esa libertad..., salvarme de mi casamiento con el mayor Kuchiki.
- Es correcto. Pero es evidente que usted es una joven de sólidas convicciones e inteligente que ha arreglado el problema sola. –Murmuró algo que sonó sospechosamente a "si lo hubiera sabido, me habría ahorrado muchos problemas", pero Yoruichi no estaba segura.
-Dígame, señorita, ¿por qué no desea casarse con el mayor Kuchiki? –cuestiono Soi.
-Cielos, una explicación completa podría llevar horas, pensó- Yoruichi se aclaró la garganta y contestó:- Tenemos muy poco en común y no haríamos buena pareja. Pero, la verdad, no me interesa casarme con nadie. Estoy muy contenta con mi vida, la soltería me permite tener libertad para dedicarme a mis intereses científicos. Temo que la mayoría de los hombres, incluido el mayor, intentaría frustrar mis estudios. –Agitó la mano en un gesto que pretendía quitar importancia al asunto-. Pero basta de hablar de mí, no soy muy interesante como lo es usted, como lo dice parece que es muy famosa en toda Inglaterra. Supongo que una mujer como usted no está casada, de otro modo no podría cumplir sus hazañas y para esto debe de tener la misma aversión al matrimonio. Por favor, cuénteme algo más sobre eso de raptar novias. Es posible que usted lo vea como una manera de ayudarlas, pero seguro que las familiar de esas jóvenes consideran que sus actos son delictivos.
Soi hablo con suavidad- En efecto, así es.
- E imagino que al magistrado le gustaría encontrarla.
- Cierto, le gustaría verme con la soga al cuello- dijo con sarcasmo.
Yoruichi, se inclinó hacia delante con curiosidad, fascinada a pesar de sí misma.
- Entonces ¿por qué hace esto? ¿Qué puede ganar corriendo semejante peligro?
Su pregunta sólo encontró silencio por varios segundos, hasta que la voz fría con acento escoces sonó como un susurro.- Una persona a la que yo quería fue obligada a casarse con un hombre al que aborrecía y no pude salvarla- dijo al final con pesar. Por eso intento ayudar a otras como ella. Creo que una mujer debería tener derecho a elegir no casarse con un hombre que no le agrade. –Hizo una pausa y a continuación tan suavemente que la morena tuvo que aguzar el oído, añadió-: Lo que gano es la gratitud que veo brillar en los ojos de esas mujeres. Cada una de ellas afloja, un poco más, el nudo de culpabilidad que me atenaza por no haber podido ayudar a quien yo quería.
- Dios –exclamó Yoruichi, soltó un prolongado suspiro de emoción contenida-. Qué increíble nobleza. Y qué romántico. Arriesgar su vida por una causa tan digna –Un estremecimiento que no tenía nada que ver con el miedo le recorrió la espalda-. Dios sabe que yo le habría agradecido su ayuda, si de hecho la hubiera necesitado- Dijo con suavidad.
- Sin embargo, usted no necesitaba mi ayuda, lo cual me coloca en la extraña situación de tener que devolverla a su casa.- Aclaro Soi Fong.
- Sí, supongo que así es- Yoruichi la miró fijamente desde el otro extremo de la habitación; el corazón le palpitaba tan fuerte que tuvo temor de que su captora podría oírlo. De pronto deseó poder verla mejor, pues aquella mujer personificaba todas las cualidades de sus fantasías secretas, todos los sueños que llevaba ocultos en lo más hondo de su corazón, ella la socialmente inepta, un ratón de biblioteca. Ella era fuerte, y estaba segura de que su máscara escondía un rostro fascinante, lleno de seguridad y carácter. Era arrojada, valiente, airosa y noble. Una completa heroína.
La morena dejo escapar un suspiro, uno de aquellos suspiros femeninos y soñadores, inútiles, nada prácticos, que con tan poca frecuencia se permitía, algo en su interior le decía que tenía que saber más de ella y de la vida emocionante y peligrosa que llevaba. Dejó el atizador en el suelo, se levantó, cruzó la habitación y se sentó a su lado.
Observó fijamente su máscara, y sus miradas se encontraron. Yoruichi sintió un hormigueo peculiar y ansió poder discernir el color de aquellos ojos con mirada intensa. Al débil resplandor del fuego sólo lograba distinguir que eran oscuros. E inescrutables, sin darse cuenta o más bien sin quererlo nació en ella una fascinación y admiración por esa mujer.
- ¿Alguna vez ha tenido miedo? –le preguntó, procurando no parecer ansiosa ante su pregunta.
- Pues sí. Cada vez que me pongo este disfraz. –Se acercó un poco, y la morena contuvo la respiración-. No tengo ningún deseo de morir, sobre todo a manos del verdugo.
Yoruichi pudo discernir que ella olía maravillosamente. A cuero y caballos, y a aventura. ¿Lleva un arma? –quiso saber.
- Un cuchillo en la bota. Nada más. No me agrada el tacto de las pistolas.
A Yoruichi le pareció ver un destello de pesadumbre en sus ojos.
- Dígame, ¿el pensamiento Adonde enviar? -Hacer. ¿Tiene América del al continente?
- ¿Adónde le habría gustado ir?- pregunto curiosa Soi Fong.
- Oh –suspiró ella cerrando los ojos ante la simple idea de poder escoger. Sintió un profundo anhelo, como un torrente impetuoso, como si alguien abriera una grieta en el muro tras el cual ocultaba sus deseos más íntimos-. Hay tantos lugares que quisiera conocer dijo casi de forma soñadora.
- Si pudiera viajar a cualquier parte, ¿adónde iría?- volvió a preguntar Soi, curiosa de su respuesta.
- A Italia... No, a Grecia... No, a Austria. – Abrió los ojos y se echó a reír-. Me parece que es una suerte que no requiera sus servicios, porque no sabría decidir adónde debería usted enviarme.
Los ojos de la Ladrona parecieron perforar los suyos, y poco a poco dejó de reír. El peso de aquella intensa mirada la helaba y quemaba a un tiempo.- ¿Ocurre algo? –pregunto Yoruichi.
- Debería hacer eso más a menudo, señorita Shihōin- dijo suavemente Soi.
- ¿Es qué? Muéstrame indecisos ¿-? Pegunto pero divertido.
- No; reír como lo ha hecho ahora, usted, se ha transformado- dijo seriamente Soi Fong.
Yoruichi no sabía si eso era un cumplido, pero aun así, pronunciadas con aquella voz aterciopelada, las palabras la envolvieron como una confortable capa de miel.
- Dígame –susurró Soi-, si tuviera que escoger un solo sitio, ¿cuál sería?
Por alguna extraña razón, Yoruichi sintió que su corazón golpeaba.
- Italia –dijo en un susurró-. Siempre he soñado con ver Roma, Florencia, Venecia, Nápoles... todas las ciudades. Explorar las ruinas de Pompeya, pasear por el Coliseo, contemplar las obras de Bernini y de Miguel Ángel, nadar en las cálidas aguas del Adriático... –Su voz se fue perdiendo en un ligero suspiro.
- Usuarios ¿? Repitio-Soi Fong-. ¿Caminar? ¿Swim?
Un rubor subió a sus mejillas, Yoruichi experimentó una súbita vergüenza al darse cuenta de que, con aquellas imprudentes palabras, de manera inadvertida había revelado a aquella desconocida cosas que sólo había compartido con Hirako.
Sintió una punzada de humillación. ¿Se estaría riendo de ella? La miró entrecerrando los ojos, intentando ver los suyos, temiendo la burla que pudiera encontrar en ellos; pero para su sorpresa, la mirada fija de ella no revelaba diversión alguna, sólo una profunda intensidad que, extrañamente, la puso más nerviosa y le causó cierta conmoción.
Deseosa de romper aquel incómodo silencio, apuntó:- Supongo que nadie conoce su verdadera identidad.
Ella titubeó unos instantes y luego dijo: Si alguien la conociera, me costaría la vida- respondió.
- Supongo que eso es cierto –Yoruichi sintió solidaridad hacia ella-. Ha escogido usted una vida solitaria, señorita, al perseguir tan noble causa. Supongo que también por esa razón se hace pasar usted por hombre, para menguar sospechas que pueda haber, no hay muchas mujeres que tengan la posibilidad de hacer esto.
Ella asintió despacio, como sopesando aquellas palabras.- Sí que lo es. Pero es un precio pequeño a pagar. Y espero o más bien le ruego tenga la cordialidad de no revelarle este secreto a alguien, ya que es reducido el número de personas de las que podrían sospechar.
- Usted no debe preocuparse por eso, le aseguro que no revelare su secreto. Además yo... yo también suelo sentirme sola. Y conozco la sensación de vacío que eso conlleva.
- Sin duda tiene amigos- pregunto Soi.
- Algunos –Hizo un gesto carente de realidad pocos, pero tengo a mi familia, mi hermano pequeño y yo estamos muy unidos. Con todo, a veces sería agradable...
- ¿Si? – volvió a cuestionar la ladrona.
Yoruichi se encogió de hombros, pues de pronto se sintió cohibida.
- Tener a tu lado a una persona que no sea un niño y que te pueda entender- dijo Soi con entendimiento.
– La morena, fijo la mirada en su vestido arrugado, y a continuación volvió a clavarla en Soi Fong-. Espero que algún día encuentre usted a alguien o algo que alivie su culpa y su soledad, señorita.
Soi Fong la contempló y en un acto inusual, alzó una mano lentamente y le pasó un dedo enguantado por la mejilla.- Yo también lo espero- dijo en un susurro.
Yoruichi contuvo la respiración al sentir aquel breve contacto que rozó su piel como una suave caricia. Incapaz de moverse o tener alguna reacción, simplemente se le quedó mirando, confusa por el insólito calor que palpitaba en su interior y esa sensación de calor en su estómago. Antes de que pudiera analizar aquella sensación, Soi se puso en pie con un movimiento fluido y le tendió una mano.- Vamos. Ha dejado de llover. Es hora de que vuelva a casa.
- ¿A casa?- la morena miró aquella mano extendida y sacudió mentalmente el aturdimiento de la ensoñación. Sí, por supuesto. A casa. Donde le correspondía estar, con su familia...
¡Santo cielo, su familia! Debían de estar desesperados. Seguro que a esas alturas Tessai ya había dado cuenta de su desaparición. El estómago le dio un vuelvo de culpabilidad cuando cayó en la cuenta de que había quedado tan cautivada por su secuestradora, que había olvidado lo preocupados que debían de estar sus padres y Hirako.
- Sí –contestó al tiempo que ponía una mano en la de Soi Fong y le permitía ayudar a levantarse-. Debo irme a casa. –En realidad así lo deseaba. Entonces ¿a qué se debía la sensación de pesar que la inundaba?
Sin decir alguna palabra más, ambas salieron de la pequeña cabaña. Soi le ayudó a montar y acto seguido hizo lo propio detrás de ella, sujetándola entre sus firmes muslos. Su brazo la apretó contra su pecho. El calor que irradiaba su cuerpo se filtró en el suyo, pero no obstante una legión de escalofríos le bajó por la espalda de Yoruichi.
- No se preocupe, no la dejaré caer- dijo Soi suavemente- Antes de que Yoruichi pudiera asegurarle que no estaba preocupada de caer, partieron al galope atravesando el bosque.
Esta vez, en lugar de miedo, la morena no experimentó otra cosa que tranquilidad y quizá un poco de felicidad. Cerró los ojos y saboreó todas las sensaciones: el viento que le azotaba el rostro, el olor a tierra mojada, el rumor de las hojas, los golpes de los cascos del corcel. Se imaginó que era una hermosa princesa abrazada por su apuesto príncipe mientras cruzaban algún reino de camino a algún exótico paraje. Unas fantasías tontas, pueriles en su pensamiento. Pero sabía que los momentos pasados con aquella heroína enmascarada constituirían un tesoro, y que jamás los viviría de nuevo.
Demasiado pronto, Soi Fong detuvo el caballo. Yoruichi abrió los ojos y parpadeó repetidamente. Distinguió unos puntos de luz a lo lejos, que le recordaron las luciérnagas que había capturado.
- La mansión Shihōin se encuentra detrás de esos árboles –susurró la temo que su ausencia ya ha provocado alarma.
- ¿Cómo lo sabe?
- Escuche- dijo Soi suavemente.
Yoruichi aguzó el oído y percibió el grave murmullo de varias voces.- ¿Quiénes son?
- A juzgar por el número de faroles que se ven y por la multitud que se ha reunido en el prado, yo diría que ha venido media ciudad- dijo en tono suave Soi Fong.
- Oh, cielos. Déjeme aquí yo puedo ir caminando hasta la casa. No quisiera que se arriesgase a que la capturaran.
Ella calló unos instantes, Yoruichi notó que estaba escudriñando la zona.
- No parece que nadie vaya armado –le dijo al oído-. Así que la llevaré con su familia. No quiero que se caiga en alguna zanja o que sufra una caída en medio de la oscuridad más cuando por mi causa perdió sus gafas. Sin embargo, me despediré de usted aquí, ya que, lamentándolo mucho, necesitaré emprender una retirada precipitada.
- Gracias, señorita- dijo la morena.
- No hace falta que me lo agradezca. Era mi deber traerla a su casa.
- No es por eso, aunque también eso le agradezco. –La miró fijamente y sintió un nudo de emoción en la garganta. Forzó una sonrisa y añadió-: Le doy las gracias por esta deliciosa velada que jamás olvidaré. Ha sido una aventura maravillosa. –Bajó los ojos-. Siempre había deseado vivir una.
Soi Fong no puedo evitarlo y en un impulso tomo la barbilla con los dedos enguantados y le levantó el rostro.
- En ese caso, señorita Shihōin, me alegra sobremanera haber podido proporcionarle su maravillosa aventura.
- Le deseo que tenga buena fortuna en su tarea, señorita. Lo que usted hace es algo muy noble y heroico. Y le aseguro que no revelare nada que pueda ayudar a su captura.
Notó que ella sonreía por debajo de la máscara.- Gracias. Y yo espero que usted llegue a explorar algún día todos esos lugares con que sueña. Espero que todos sus sueños se hagan realidad.
Con eso Soi espoleó su montura, salieron de la línea de los árboles y atravesaron el prado a carrera. Yoruichi entrecerró los ojos para protegerse del viento, mientras el corazón le latía con fuerza conforme iban acercándose a la muchedumbre.
Soi Fong tiró de las riendas y el caballo se detuvo a menos de tres metros de los reunidos. Yoruichi se vio asaltada por un coro de exclamaciones seguido de ansiosos murmullos. Soi la depositó en el suelo suave y ágilmente, luego se volvió hacia el grupo de personas que los miraban con curiosidad y boquiabiertos.
- Devuelvo a la señorita Shihōin, junto con mis disculpas. Acto seguido, dio un tirón a las riendas y su magnífico semental se alzó sobre sus patas traseras altivamente. Yoruichi, al igual que todos los demás, contemplo azorada el asombroso espectáculo del jinete enmascarado cuya silueta se recortaba contra el resplandor de una docena de faroles. Miró a su padre y vio cómo el monóculo se le caía al suelo.
En el instante en que sus cascos tocaron el suelo, el caballo salió disparado al galope tendido, la capa de su jinete ondeando a su espalda y al cabo de diez segundos los tragó la oscuridad.
- ¡Yoruichi! –La voz de su padre, enronquecida por la emoción, rompió el silencio.
- ¡Padre! –exclamó echando a correr, él la estrechó entre sus brazos con tanta fuerza que apenas podía respirar.
-Yoru-chan, mi querida gatita. –Ella notó que tragaba y que dejaba escapar un profundo suspiro-. Gracias a Dios que estas sana y salva –Aflojó el abrazo y la apartó un poco para recorrerla de arriba abajo con la mirada. -¿Estás bien?
- Estoy bien- padre.
Su padre bajó la voz y le preguntó:- ¿Te ha hecho daño?
- No. Ha sido muy amable y respetuoso.
Él la examinó con detenimiento, tras lo cual el parecía satisfecho de verla ilesa, asintió con un gesto. Volvió los ojos hacia el bosque y comentó: Supongo que no merece la pena perseguirlo. Está demasiado oscuro y nos lleva demasiada ventaja. Además, lo único que importa es que estás en casa sana y salva. –Introdujo la mano en el bolsillo de su chaleco-. Aquí tienes tus gafas princesa. Tessai las encontró en el bosque tiradas en el bosque.
Yoruichi, agradecida, se las puso. La multitud se cerró sobre ellos expresando su júbilo por verla sana y salva, al tiempo que lanzaban miradas expectantes en dirección al bosque. Tessai se secó las lágrimas con un pañuelo y estrujó a Yoruichi hasta que ésta creyó que se le iban a salir los ojos.
- Espero que nunca vuelva a darme otro susto como éste, señorita Yoruichi–le dijo, sonándose la nariz a fondo-. Me ha quitado diez años de vida, ya lo creo. Y mi corazón ya no es el de antes- dijo el cochero.
Hirako le dio un brusco abrazo, aplastándola contra su estrecho pecho y haciendo que la montura de sus gafas se le hincara en la cara.- Oh, Yoru-chan, nos has dado un susto de muerte.
Ella lo besó en la mejilla y le revolvió el pelo.- Lo siento, cariño, yo...
En ese momento se abrieron de par en par las puertas principales de la mansión Shihōin.
- ¡Mi niña! ¿Dónde está mi pequeña?
Minako Shihōin bajó presurosa los escalones y se abrió paso entre la multitud. Se abalanzó sobre Yoruichi con tanta energía que a punto estuvieron de caer ambas al suelo. Sólo la mano del padre consiguió mantenerlas en pie. La envolvió en un abrazo con aroma aflores que hizo crujir todos sus huesos y gimió:
- Oh, mi pobre niña. –Apartó a Yoruichi un paso hacia atrás y le escudriñó el rostro-. ¿Estás herida?
- No, mamá, estoy bien.
- Gracias a Dios. –Emitió un gorjeo y se llevó una mano a la frente.
El padre se adelantó y le advirtió con vehemencia:- No se te ocurra desmayarte aquí, querida, o te dejaré tirada donde caigas. Ya está bien de tus histerias por esta noche, no podría soportar un drama más.
Minako no podría haberse mostrado más sorprendida ni aunque él hubiera afirmado ser el rey Jorge en persona. Aprovechando su temporal privación del habla, el padre alzó la voz y dijo a los presentes:
- Como pueden ver, Yoruichi se encuentra bien. Gracias a todos porvenir, pero ahora, si nos perdonan, desearíamos llevar a nuestra hija a acostarse en una cama confortable para que pueda dejar atrás este incómodo y difícil momento.
Expresando sus mejores deseos, los vecinos se marcharon y los sirvientes regresaron a sus alojamientos.
Cuando subían los peldaños de piedra que conducían a la puerta principal, un hombre llegó a caballo.
- ¡Señor Shihoin! -Llamo.
Shiro- detuvo su marcha- ¿Si?
- Me llamo Ichigo Kurosaki. Soy el magistrado. Tengo entendido que su hija ha sido secuestrada por el Ladrón de Novias.
- Así es, señor. Pero tengo el placer de informarle de que nos ha sido devuelta, sana y salva. –Señaló a Yoruichi con un gesto de la cabeza. El magistrado estudió a la joven con agudo interés.
- Es una feliz y sorprendente noticia, señor. No me consta que ese bandido haya devuelto nunca a ninguna de sus víctimas. Es usted un padre afortunado y usted señorita ha tenido mucha suerte.
Yoruichi se ofendió al oír aquello pero, antes de que pudiera protestar, el hombre continuó:
- Me agradaría hablar con usted respecto a su secuestro, señorita Shihōin, si es que tiene ánimos para ello, lo menos que deseo es importunarla.
- Por supuesto, señor Kurosaki. –Yoruichi se alegró de tener una oportunidad de desengañarlo de sus falsas ideas. ¡Con que un bandido!- pensó con molestia.
- ¿Por qué no acompañas al señor Kurosaki hasta la salita, Shiro? – Sugirió la madre en un tono que no admitía discusión-. Yoruichi y yo nos reuniremos con ustedes dentro de un momento. Quisiera hablar un instante en privado con ella.
- Muy bien –convino el padre-. Adelante, señor Kurosaki –Entraron en la casa y cerraron la puerta tras ellos.
Cuando quedaron a solas, la madre se volvió hacia la hija.- Ahora dime la verdad, cariño, ¿te ha hecho algún daño ese hombre? ¿De alguna manera?
- No, mamá. Ha sido un perfecto caballero, y muy amable. Y además se ha excusado por haberme secuestrado.
- Y bien que debía hacerlo, aunque he de decir que la culpa de todo este episodio se la atribuyo al mayor Kuchiki. Es un hombre de lo más antipático, querida, y me niego a permitir que te cases con él.
Yoruichi intentó replicar, pero su madre prosiguió:
- Ahora no intentes convencerme de lo contrario, Yoruichi. Estoy completamente decidida, y también lo está tu padre. Bajo ningún concepto te casarás con ese caradura del mayor Kuchiki. ¿Lo has entendido?
Confundida, pero sabiendo que era mejor no discutir, sobre todo ahora que ya no iba a casarse con el mayor, Yoruichi respondió:- Sí, mamá, lo he entendido
- Perfecto. Tengo una pregunta más que hacerte. –Se acercó un poco y bajó la voz-: He leído todo sobre ese Ladrón de Novias en el Times. Dicen que va vestido de negro como un salteador de caminos, y que además usa una máscara que le cubre la cabeza. ¿Es verdad?
- En efecto
Un leve escalofrío sacudió los hombros de Minako.- También dicen que es fuerte y despiadado.
- Es muy fuerte, pero no despiadado. –Se le escapó un suspiro-. Es gentil, atento y noble- señalo la morena.
- Pero es un ladrón- apunto su madre.
Yoruichi negó con la cabeza.- No roba dinero, mamá, posee dinero propio en abundancia. Sólo quiere ayudar a mujeres que han sido obligadas a contraer un matrimonio con personas que no desean, les ayuda a ser libres para iniciar una nueva vida, porque una persona a la que él quería fue forzada a casarse con un hombre al que aborrecía.
La madre lanzó un profundo suspiro.- Por muy noble que suene eso, la realidad sigue siendo que tú has pasado varias horas en compañía de un hombre. Y sin acompañante. Hemos de enfrentarnos al hecho de que eso podría acarrearte el fracaso social.
Yoruichi no supo qué pensar, a decir verdad ella no había pensado en que su pequeña aventura pudiera tener ese resultado. Aunque sabía perfectamente que no era en absoluto cierta la afirmación de su madre, ya que no había estado con un hombre, pero era algo que no podía decirle, la facilidad de comunicación de su madre era preocupante y no podía arriesgarse. En cuanto a lo que la gente pudiera pensar o decir, era algo que le tenía sin cuidado.
Miró a su madre, y notó una sensación de pánico al fijarse en el severo gesto calculador de sus ojos. Yoruichi conocía demasiado bien aquella expresión: era el infame "ha de haber un modo de transformar esta catástrofe en una ventaja para mí" que invariablemente precedía a sus plantes más escabrosos. Ya le parecía estar oyendo el ir y venir de los pensamientos en la bonita cabeza de su madre.
- Debes reunirte con tu padre y el señor Kurosaki, yo iré dentro de un momento; necesito recuperarme.
- ¿Quieres que te traiga tus sales?- pregunto con preocupación.
- No; me encuentro bien. –Acarició la mejilla de Yoruichi-. Es sólo que necesito un poco más de aire para centrar mis ideas. Ve tú, yo llegaré enseguida.
Yoruichi plantó un beso en su blanda mejilla y a continuación entró en la casa, rezando porque cualquiera que fuese el plan que maquinara su madre resultara menos desastroso que el del mayor Kuchiki.
A solas en los escalones de piedra, Minako se paseaba nerviosa y rezaba por tener una inspiración. ¿Cómo demonios iba a impedir que aquel secuestro fallido se convirtiera en un escándalo que deshonrase a la familia? ¿Cómo podría arrojar una luz positiva sobre lo sucedido? ¿Su hija raptada por el bandido más famoso de Inglaterra? ¿En su compañía, sin algún chaperón, por espacio de varias horas? Dios bendito, le dolía la cabeza sólo de imaginar las habladurías y conjeturas que la gente podría tener.
Y el hecho de pensar en la reacción de Rangiku le causó un gélido estremecimiento. ¿Qué diablos debía hacer una madre en una encrucijada así? Miró a lo lejos, allí donde la luna acariciaba la línea de árboles que formaba la linde del bosque, y se preguntó por el hombre que había secuestrado a Yoruichi.
Apretó los labios. Según su querida hija, era gentil, atento y noble. Y poseía dinero en abundancia. Tal vez fuera un secuestrador, pero estaba claro que era un secuestrador decente. Y rico. No pudo por menos de preguntarse si estaría casado.
...
Agradezco a todos por leer y espero este capítulo sea de su agrado.
