Capitulo No 4 – Emendando Errores.
Del London Times:
El célebre Ladrón de Novias ha atacado nuevamente raptando a una joven de la aldea de Tunbridge Wells, en el condado de Kent. Sin embargo, como caso insólito esta vez ha devuelto a la muchacha al comprobar que la había secuestrado por error. La joven, que afortunadamente no sufrió daño alguno durante la peripecia, demostró una gran fortaleza y valentía cuando fue interrogada por las autoridades. No pudo proporcionar una descripción del Ladrón, ya que según la secuestrada éste llevaba puesta su máscara, que le cubre toda la cabeza, pero reveló que tenía una voz grave y ronca, y que era un jinete espléndido. En relación con este suceso, un grupo de padres de anteriores víctimas de secuestro se han unido en la llamada Brigada contra el Ladrón de Novias. Han aumentado la cuantía de la recompensa por la captura de dicho bandido a la increíble suma de cinco mil libras. Todos los hombres de Inglaterra saldrán a la caza de semejante fortuna, y no quedará piedra por remover hasta llevar al Ladrón de Novias ante la justicia y al final a la horca.
…...
- ¡Está usted ahí, Condesa! -La voz molesta de Rangiku Matsumoto perforó los oídos de Soi Fong, que se obligó a contener una mueca de enfado. Maldiciendo las sombras de la noche que obviamente no la habían ocultado tan bien como ella había creído, emergió del rincón a oscuras de la terraza y cruzó el suelo de piedra en dirección a su anfitriona.
No pudo por menos de maravillarse por la extraordinaria vista de la señora Matsumoto, aunque sospechaba que ni siquiera las circunstancias más inquietantes, como la total oscuridad, podían impedirle descubrir a un miembro de la nobleza. Se detuvo frente a ella y realizó una reverencia formal.- ¿Me buscaba, señora Matsumoto?
- Sí, mi lady. Apenas hemos cruzado palabra alguna desde que llegó- se quejó la mujer.
-No se preocupe que me haya sentido ofendida. Comprendo las obligaciones que conlleva ser la anfitriona de una velada tan esplendida como ésta. –Movió la mano describiendo un arco que abarcaba la mansión y los jardines perfectamente cuidados-. Se ha superado a sí misma señora Matsumoto.
Ella casi se esponjó como un pavo real, parecido que resultó todavía más pronunciado debido a las plumas de colores que salían en forma de abanico de su turbante- aunque para Soi Fong más bien parecía una guacamaya.
- Después de nuestra conversación de la semana pasada, no tenía más remedio que organizar una velada para la señorita Yoruichi.– Dijo la señora Matsumoto, se inclinó más hacia ella, hasta que sus plumas le rozaron la manga-. Tal como sugirió usted, el secuestro fallido de la señorita Shihōin es el tema de conversación más excitante que hemos tenido en años, sobre todo después del artículo publicado por el Times.
- Ciertamente, señora Matsumoto, al organizar esta velada en su honor, usted será la persona más Elogiada de Tunbridge Wells- dijo la condesa.
Ni siquiera la oscuridad reinante logró disimular la avaricia que relampagueó en los ojos de Rangiku.
- Sí, tal como usted predijo mi lady. Aunque se han dado otras fiestas en homenaje a la señorita Shihōin, nadie más ha conseguido atraerla a usted dijo con orgullo y vanagloria. Claro que ninguna otra anfitriona tiene una hija tan encantadora como mi Orihime.- Deslizó su mano enguantada por el codo de Soi y sus dedos se cerraron sobre ella como grilletes de acero-. Y, naturalmente, lo menos que puedo hacer por la pobre Yoruichi es garantizar que su secuestro se vea bajo una luz positiva. Al fin y al cabo, su madre y yo somos amigas íntimas desde hace años. –Lanzó un suspiro melodramático y prosiguió-: Espero que esa muchacha disfrute de su popularidad, ya que, como es natural, será efímera.
-Soi enarcó una ceja.- ¿Efímera? ¿Qué le hace suponer eso?
- Cuando decaiga el súbito interés por la aventura de Yoruichi, la pobrecilla volverá a ser lo que ha sido siempre- dijo con un tono de desprecio.
- ¿Y qué ha sido?- pregunto Soi Fong con todo serio y curioso.
Rangiku se acercó un poco más y bajó la voz hasta adoptar un tono de conspiración.- No es ningún secreto, mi lady, que esa joven es un tanto peculiar. ¡Si hasta se dice que recoge sapos e insectos en el bosque! Ya resultaba bastante excéntrica cuando era pequeña, pero esa conducta no es en absoluto decorosa para una mujer de su edad. Pues en lugar de intentar aprender a tocar el pianoforte y algún que otro paso de baile, pasa el tiempo con su extraño hermano en ese extraño cobertizo que tiene él, donde se llevan a cabo experimentos científicos que sólo pueden describirse como…
- ¿Extraños? –repitió Soi Fong.
-¡Exacto, condesa! Y aunque yo no soy dada a los chismorreos y habladurías, recientemente ha llegado a mis oídos el rumor que Yoruichi va a nadar al pequeño lago que hay en sus tierras– Se agitó con un estremecimiento-. Por supuesto que yo jamás diría una sola palabra en contra de ella, pero no consigo imaginar cuánto debe de sufrir la pobre Minako a causa de las... predilecciones de su hija.
Soi Fong no pudo evitar que su imaginación jugara en su contra y visualizo rápidamente a la señorita Shihōin jugueteando en el lago, con el vestido pegado a sus generosos pechos y a sus prominentes y halagadoras curvas. ¿Quizá se lo quitaría y quedaría cubierta sólo por una camisola, o quizá estarías des…? De pronto la condesa se vio embargada por un incremento de calor e intento centrar su atención en el tema- se pasó la mano por su cabello, qué diablos le pasaba, porque tenía esa clase de pensamientos con esa mujer.
- Tal vez a su madre esas predilecciones le resulten simpáticas e interesantes- dijo la condesa.
- Tonterías condesa yo soy madre y moriría si mi Orihime tuviese ese comportamiento, aunque desde luego Minako intenta hacer creer a todo el mundo que así es.- Se echó hacia atrás y esbozó una ancha sonrisa-. Gracias a Dios mi Orihime ha sido educada como una perfecta y agraciada dama. Una joven totalmente encantadora. Se le da maravillosamente bien la música, canta con una voz capaz de competir con la de los ángeles. Y además es una artista de gran talento; usted debería visitar la galería que tenemos mientras esté aquí.
- Será un placer hacerlo- señora Matsumoto.
Los dedos de Rangiku le apretaron el brazo de nuevo casi como garras.- Y no olvide que ha prometido bailar con Orihime.
- Soy una mujer de palabra –repuso Soi Fong, sabiendo muy bien que el objetivo de que ella bailara con su hija era en gran parte la razón por la que la señora Matsumoto había organizado aquella fiesta.
- Perfecto. –Volvió la vista hacia las ventanas francesas y ladeó la cabeza-. Parece que los músicos van a iniciar un baile por parejas. Le ayudaré a buscar a Orihime...
- Adelántese usted –replicó Soi con una sonrisa más que disfrutar de un cigarro antes de regresar a la fiesta. Y no quisiera apartarla ni un minuto más del resto de sus invitados.
Claramente fastidiada porque le recordaran sus obligaciones como anfitriona, Matsumoto apartó la mano del brazo de Soi a regañadientes.
- Sí, supongo que debo regresar. -La miró entornando los ojos-. Le diré a Orihime que espere su invitación a bailar, mi lady.
- Espero que ella acepte en proporcionarme ese honor- dijo Soi.
Y farfullando algo que sonó a "sería capaz de caminar sobre carbones encendidos por tener esa oportunidad", la señora Matsumoto inclinó la cabeza, hizo una breve reverencia para entrar otra vez en la casa.
En el instante en que desapareció, Soi volvió a internarse al cobijo de las sombras, alisando las arrugas que los tentáculos de la señora Matsumoto le habían dejado en la chaqueta. Ella estaba muy acostumbrada a tratar con madres casamenteras como Rangiku Matsumoto, por algún motivo el modo de ella le parecía irritante. Pero eso era parte de lo que tenía que soportar al ser la encargada de continuar con el apellido Fong, y tener derecho a desposar a otra mujer. Pero esos comentarios condescendientes que ella había dicho con respecto a la señorita Shihōin no le habían agradado en absoluto hasta el punto de alterarle un poco.
Resoplo levemente, esa irritación bien merecía la pena. Tal como sabía que iba a hacer cuando se le ocurrió hablar con esa mujer la semana anterior, la señora Matsumoto había esparcido el rumor sobre el secuestro de la señorita Shihōin más deprisa que un reguero de pólvora, y su causa se había visto favorecida por el artículo aparecido aquella misma mañana en el Times. Tras elogiar la valentía de la señorita Shihōin, había informado a la señora Rangiku de que, aunque había recibido numerosas invitaciones a fiestas en honor de la señorita Shihōin–invitaciones que tristemente no había asistido por causa de compromisos anteriores-, a la vez que le manifestó el sentirse sorprendida de que todavía ella, la anfitriona más destacada de la zona, no hubiese organizado una fiesta. Desde luego no tuvo reparos en insinuar que ella anularía sus compromisos para asistir a dicha velada, y esperaba se le concediera el honor de bailar con la única hija que le quedaba por casar.
Dos días más tarde, no se extrañó de recibir una invitación para dicha velada.
Shunsui que siempre permanecía vigilante y pendiente de las noticias y comentarios ya le había comunicado que, en lugar de verse rechazada o sumida en el escándalo tras el desafortunado secuestro, la señorita Yoruichi por ahora era la persona más aclamada de la aldea. Soi Fong sabía que aun con todo eso era necesario el sello de aprobación de la señora Rangiku para garantizar que la señorita Shihōin no sufriera el escarnio social por culpa de su encuentro con el Ladrón de Novias, un encuentro que a pesar de haber sido breve Soi no conseguía borrar de su mente.
Una vez que ella se aseguró que la señorita Shihōin no había proporcionado a las autoridades información nueva o sustancial respecto del Ladrón de Novias, Soi Fong supuso que se olvidaría de ella y de ese penoso asunto.- Pero para su fastidio supuso muy mal.
Aquellas palabras de la joven, que fueron expresadas en tono soñador, se le habían esculpido en la mente y las recordaba como si las escuchara de la propia Yoruichi: "Ha sido una aventura maravillosa. Siempre había deseado vivir una". Soi comprendía que una mujer joven como la señorita Shihōin, deseara y ansiara vivir aventuras. Pero más que eso lo que más recordaba era aquella conmovedora afirmación, "Yo también suelo sentirme sola", esas palabras habían tocado lo más hondo de su corazón y alma. Extrañamente y sin haberlo imaginado ella había encontrado un espíritu afín al de ella y Dios sabía que Soi entendía muy bien la soledad. El aislamiento que le acarreaba la vida secreta que llevaba, algunas veces hasta sentirse amenazaba con asfixiarla. Incluso estando rodeada de gente, se sentía sola, sin contar que con nadie había compartido sus sufrimientos, penas y dolor.
Fijó la vista de nuevo hacia la casa y advirtió que todas las ventanas de tipo francesas que daban al atiborrado salón de baile permanecían abiertas para que entrase la brisa fresca. En el jardín, los grillos formaban un coro nocturno que competía con la música de los violines, el murmullo de las conversaciones y el tintineo de las copas de cristal, llegaba flotando desde la casa de la señora Matsumoto.
La velada se encontraba en su apogeo. Pero para donde viera se preguntaba ¿dónde estaba la señorita Shihōin? Sin salir un milímetro del refugio de las sombras, la condesa estiró el cuello para divisar el abarrotado salón. Cuando por fin acertó a verle, el corazón le dio un extraño vuelco.
Sonrió para sí, porque ciertamente sus confabulaciones habían dado resultado, porque desde luego a la señorita Shihōin parecía irle muy bien, tal como le había notificado Shunsui.
Ella, se encontraba de pie rodeada por media docena de damas, que la bordeaban de un modo que le hacía recordar a las aves de rapiña que volaban en círculo sobre la carroña. En unos instantes a ese grupo se unieron dos caballeros que pugnaban entre sí por entregar a la señorita Shihōin un vaso de ponche.
Soi se colocó más cómodamente contra la fachada de piedra y observó a la mujer que no había podido apartar de sus pensamientos desde aquel día del secuestro.
La señorita Yoruichi Shihōin llevaba el cabello violeta recogido en un moño sencillo. Su vestido de tono claro era recatado, por supuesto que no lograba ocultar del todo sus curvas femeninas. Ella estaba enderezada, con la cabeza bien alta.
Otro caballero que portaba un vaso de ponche se unió al grupo que la rodeaba y Soi se asombró de que la morena pudiese beber un solo vaso más. Su mirada detallista se clavó en sus labios, que se abrían en una pequeña sonrisa de agradecimiento que dirigió al recién llegado. Incluso desde esa distancia le resultaba característica la seductora compleción de su boca. El caballero hizo una reverencia y la observó con incuestionable interés. Soi juntó las cejas sintiendo disgusto, reacción que parecía inexplicable, cosa que le irritó no tenía por qué disgustarle tal cosa.
La observación duro por un cuarto de hora. Damas y caballeros zumbaban a su alrededor igual que abejas en torno a una colmena. En un principio pensó que la joven se estaba divirtiendo y se encontraba más que dichosa, pero tras observarla se dio cuenta de que su sonrisa parecía obligada, y le pareció que apretaba los dientes. Algo que le parecía una reacción de lo más curiosa.
Pero todavía más insólito fue el pinchazo de tristeza que divisó en sus ojos. Estaba claro que la joven trataba de disimular su desventura, al examinarla con detenimiento tuvo la seguridad de que no se equivocaba. En un breve instante en que pensó que nadie le miraba, su hermosa sonrisa se disipó y los hombros se le hundieron, perdiendo su vista hacia las ventanas que daban al exterior con un característico anhelo.
La culpabilidad y también de compasión, le asaltó el corazón ¿Por qué se sentiría de esa forma desdichada? ¿Tal vez había sido debido al encuentro con el Ladrón de Novias?
Entonces, con una breve inclinación de cabeza y una sonrisa tensa, la señorita Shihōin se escurrió del grupo que la rodeaba y se abrió paso siguiendo el contorno de la sala. A su paso salió un hombre alto y de pelo castaño claro que Soi Fong reconoció como el vizconde Urahara, cerca de la ventana junto a la cual ella se ocultaba y aunque no lograba oír la conversación, vio como Urahara se llevó a los labios la mano enguantada de la morena para depositar un beso que según su apreciación duró más de lo debido, mientras el maldito canalla se permitía en una prolongada vista panorámica del escote de la joven.
Sintió hervir dentro de ella una furia. ¿La trataba Urahara sin respeto alguno por su encuentro con el Ladrón de Novias? ¿Era ésa la causa de la miseria de la joven? Maldición, tal vez su reputación y buen nombre sí que había resultado perjudicada después de todo. De pronto recordó la sensación de las seductoras curvas de la morena apretadas contra ella y se tensó. No iba a permitir que nadie le faltase al respecto, más a causa de la situación en que ella misma le había puesto sin darse cuenta.
Decidida con rescatar a la señorita Shihōin de aquel descarado de Urahara, busco sin pensarlo su camino al salón, pero en el mismísimo instante en que entraba en el salón procedente de la terraza, apareció como ave de mal agüero la señora Rangiku Matsumoto y se le pegó a un costado.
- Veo que viene a cumplir su baile con Orihime, mi lady–dijo en tono servil al tiempo que aferraba su brazo como una garra.
Soi le dirigió una inclinación cortes, mientras en su mente decidía la mejor manera de quitársela de encima. Sin embargo, la señorita Shihōin ya se las había arreglado para escapar por sí sola de Urahara, cosa que debió esperar la condesa Fong dados a los antecedentes anteriores, de modo que Soi pasó unos momentos más con su anfitriona. Aceptó una copa de champán y respondió a su banal parloteo, sin apartar un momento la vista de la mujer de cabello violeta que atravesaba el salón. Dos caballeros que reconoció como los señores Hisagi y Kensei, ambos hijos de acaudalados vecinos del lugar, la interceptaron. Soi apretó con fuerza su copa de champán cuando vio que Hisagi le besaba la mano.
Estaba a punto de acortar la distancia a zancadas cuando la señorita Shihōin señaló hacia las ventanas que daban a la terraza y cuando Hisagi y Kensei miraron hacia esa dirección, la morena volvió a escabullirse, escondiéndose detrás de una enorme maceta de palmeras. Soi Fong no pudo más que contener una sonrisa y asintió con expresión ausente a la charla de la señora Matsumoto.
Yoruichi se ajustó las gafas sobre la nariz y observó con sigilo entre las hojas de palmeras y helechos de la señora Matsumoto.- Bufo con molestia allí estaban Hisagi Shūhei y Kensei Muguruma Permanecían junto a las ventanas, con la confusión entonada en sus rostros, sin duda se cuestionaban dónde se habría ido.
Lanzó un suspiro. Nunca había conocido dos individuos más agotadores. Yoruichi los escuchó en su aburrida plática sobre los métodos para hacer un perfecto nudo de corbata hasta que le dio una urgente gana de estrangular a los dos.
Exasperada, señaló hacia el jardín oscuro y exclamó: "¡Miren! ¡Una manada de ciervos!" Y cuando volvieron la vista, se lanzó en busca de un refugio como si la acosara una jauría de perros rabiosos, por el momento estaba a salvo... pero ¿cuánto tiempo podría aguantar antes que le descubrieran?
"Eres una cobarde", la reprendió su conciencia. Se resistió a semejante descripción, pero no pudo negar la veracidad de la misma; hacía años que no recurría a esconderse detrás de una planta, pero había sido necesario. Y aunque no podía pasar escondida el resto de aquella interminable velada, le urgía un momento para sí misma antes de unirse de nuevo a la fiesta de la señora Matsumoto. Le pulsaban las sienes debido al esfuerzo de mostrarse solícita mientras todo el mundo la observaba, cuchicheaba acerca de ella y le formulaba una pregunta tras otra. Cielos, jamás había sospechado que el resultado de su fallido secuestro fuera a ser todo ese circo.
No podía negar que se sentía afortunada de que su familia no se hubiera visto expuesta al escándalo a consecuencia de su encuentro nocturno con "el delincuente" más buscado de Inglaterra, nadie, hubiese imaginado que sería la mujer más buscada del pueblo. Ya no era "Yoruichi, la excéntrica"; ahora se la consideraba "la inteligente y fascinante Yoruichi, la que había hablado con el Ladrón de Novias".
Su centelleante popularidad debió alegrarla. A diario le llegaban flores de caballeros que sólo dos semanas antes le evitaban. Todas las tardes recibía visitas femeninas o invitaciones a tomar el té.- Suspiro- Todo el mundo solicitaba conocer detalles de su aventura con el Ladrón de Novias. Aunque ella era una pésima bailarina, los caballeros querían ser su pareja de baile. Las damas del lugar pedían su consejo, aunque sólo para temas triviales como moda y joyas. Hasta su propia familia, con excepción de Hirako, se deshacía en aplausos de ella, como si fuera una inteligente mascota que hubiera llevado a cabo una pirueta.
En absoluto ella no disfrutaba de aquella popularidad porque en su corazón, en la parte más oculta de su ser había anhelado en secreto ser aceptada, pero siendo inteligente como lo era sabía que aquel interés por ella era frívolo. Nadie se interesaba por ella; tan sólo querían preguntar acerca del Ladrón de Novias. Por lo cual una vez quedara satisfecha su curiosidad, su interés se esfumaría rápidamente. Y por alguna razón, aquello le dolía más que los rumores que había aprendido a ignorar.
Había soportado la creciente ola de visitas, pues no deseaba privar a su madre y sus hermanas de la profunda satisfacción que les daba su reciente popularidad. Sonrió hasta que le dolió la cara y soporto horas sentada en la salita, bebiendo té, respondiendo a innumerables preguntas y deseando todo el tiempo estar con Hirako leyendo revistas científicas, ayudándolo en su Cámara de los Experimentos y avanzando ella misma en sus estudios.
Para incrementar su tortura pasaba horas delante de la costurera, que le tomaba medidas para unos vestidos que la hacían sentirse ridícula e incómoda. Sin embargo, había consentido a su madre porque no quería arruinar su alegría por la popularidad de su hija, y tampoco deseaba tentar al destino que había librado a su familia del escándalo.
No obstante, aún más pesada era la larga serie de fiestas, veladas y sesiones musicales y aunque ella le gustaba de la música, por lo general no era asidua de reuniones de ese tipo.
No le gustaba desempeñar el papel de conversadora elegante e ingeniosa y de soportar expresiones de indiferencia o, peor aún, de lástima que decían: "Oh, es una verdadera pena que la pobre Yoruichi no se parezca más a sus preciosas hermanas".
Hacía mucho que había asumido sus carencias, pues sabía que su familia la amaba a pesar de ellas. Sin embargo, los actos sociales le hacían sentirse incómoda e inepta y para su mala fortuna durante la última quincena había asistido a decenas de ellos con la sonrisa fija en los labios, por no decepcionar a su madre. Pero su paciencia se había terminado.
¿Cuánto continuaría esa situación insoportable? ¿Cuándo se cansaría de ella la gente y la dejaría en paz? "Pronto, por Dios bendito, por favor, que sea pronto".
Aquella velada era la última programada, al menos que ella supiera. Sólo esperaba que su madre no escondiera de invitaciones en alguna parte.- Exhaló un suspiro muy sentido. Por más que deseara permanecer oculta, sabía que había llegado el momento de volver a la fiesta. Pero se prometió evitar a Hisagi y Kensei.
Respiró hondo para hacer acopio de fuerzas, entonces de pronto se encontró mirando una pajarita blanca y perfectamente anudada.- Angustiada, dio un paso atrás y tropezó con los enormes macetas que contenían las palmeras, Echó la cabeza atrás y su mirada se topó con unos ojos grises tormentosos con expresión interrogante.
Volvió a respirar hondo, acaso era imposible tener un momento de intimidad. ¿No podría aquella persona buscar otro lugar? Recorrió con la mirada a la intrusa que invadía su intimidad; su atuendo, negro y formal, acentuado por un chaleco de brocado bruñido y una camisa blanca, le sentaba de maravilla a su figura delgada y esbelta. Su rostro resultaba fino y hermoso, como si fuese una muñeca de porcelana, una mandíbula fina, una nariz perfectamente recta y una boca firme con labios delgados y bien formados, no tenía una curvas muy enunciadas pero resaltaban por lo ceñido de su atuendo que le quedaba de maravilla. Sus hermanas y su madre la encontrarían muy atractiva sin dudarlo dos veces. Pero ella la consideraba una condenada molestia y deseó fervientemente que se largara y la dejase sola.
- Perdóneme por haberla inquietado, señorita Shihōin–dijo la mujer.
Yoruichi consiguió contener un quejido. Aquella mujer conocía su nombre, claro, igual que todo el mundo en ese lugar, sin duda también buscaría información sobre el Ladrón de Novias. Como mínimo, la llevaría atreves de una conversación estúpida y después abordaría el tema que estaba en boca de todos. Lo peor que podía pasar era que la interrogase y encima la invitase a bailar.
En un esfuerzo por ser amable, aunque procuraba alejarse poco a poco de ella, le preguntó:
- ¿Nos conocemos, señorita?
La condesa Fong, la observó unos segundos antes de responderle, Yoruichi ante tal acto sintió que le traspasaba aquella intensa mirada.
- Sí, así es, aunque de ello hace muchos años. –Hizo una reverencia formal-. Soy la condesa Soi Fong de Wesley. A su servicio.
Yoruichi se ajustó las gafas y la miro detenidamente antes de fruncir el entrecejo.- Perdone, mi lady, que no la haya reconocido. Pero tenía la creencia que usted era más...vieja.
- Seguramente me confunde con mi madre ya fallecida desde hace cinco años- respondió la condesa.
Un intenso rubor anegó las mejillas de Yoruichi.- Que metedura de pata. Sin duda todos los presentes tenían conocimiento de que la madre de la condesa había muerto años atrás, exceptuando ella. Otra razón por la que aborrecer aquellas reuniones sociales: nunca sabía qué resultaba apropiado decir.
- Lo siento. No era mi intención...
- No hay cuidado –replicó ella de inmediato. Alzó una ceja y en sus ojos brilló un destello de malicia-. Dígame, señorita Shihōin, ¿qué la ha traído a buscar refugio detrás de estas plantas?
"Personas fastidiosas como usted", pensó la morena, en cambio respondió:- Yo podría preguntarle eso mismo a usted, mi lady.
Ella sonrió mostrando una dentadura blanca y uniforme.- Se lo diré si me lo dice usted primero.
Notando la diversión en el tono de la condesa, y aliviada de que había pasado por alto su pasada metedura de pata, Yoruichi dijo: Había dos caballeros que me estaban importunando para que bailara con ellos.
- ¿De veras? ¿Qué caballeros?- cuestiono.
- Los señores Hisagi y Kensei. –Miró entre las ramas y los localizó, todavía de pie junto a las ventanas.
La condesa se acercó y miró entre las hojas para divisar a los acosadores a los cuales se refería la señorita Shihōin, inspiró suavemente y la cabeza se le llenó con una mezcla de sándalo y miel. Por su parte la morena al sentir la cercanía de la condesa su olfato fue acariciado por un aroma maderoso penetrante.
- Ah, ya los veo, ellos son conocidos míos –comentó la condesa-, aunque sólo superficialmente. Me temo que no asisto a muchas reuniones sociales.
- Que afortunada –masculló la morena soltando las hojas y le sonrió levemente- si me disculpa, condesa...
- Por supuesto, señorita Shihōin. No obstante, tal vez desee permanecer unos instante más en este lugar.-Separó el follajes por encima de donde podía alcanzar Yoruichi y miró por la abertura-. Al parecer los señores Hisagi y Kensei andan buscando a alguien con insistencia. Si sale ahora...
La morena contuvo un estremecimiento. No sentía deseos de hablar con la condesa, pero para su infortunio eso parecía, al menos de momento, el menor de dos males.
- Gracias, mi lady. Dadas las circunstancias, creo que puedo quedarme aquí unos minutos más.
Al ver que la condesa no se movía y no parecía que fuera a marcharse, le dijo:
- Al final no me ha dicho qué ha hecho a usted esconderse aquí, mi lady.
- La señora Matsumoto me perseguía como un cazador experimentado y con un brillo en los ojos que sólo puedo describir como "casamentera". Me pareció que este era el lugar más apropiado para pasar desapercibida por un momento.
Yoruichi asintió, solidaria. Se imaginó perfectamente a Rangiku Matsumoto acosando a la casadera condesa Fong igual que un sabueso tras un zorro. Ella había visto ese brillo de casamentera en los ojos de algunas personas pues era el mismo que le había mostrado su madre con renovados bríos a lo largo de las dos últimas semanas.
Recorrió con la mirada la figura de la condesa y enarco levemente una ceja ante la vista pues ella parecía…atlética.- No se preocupe, condesa. No le quepa duda de que usted podrá correr más que la señora Matsumoto. Al parecer, usted se encuentra bastante sana.
- Soi Fong, carraspeo levemente ante el ¿halago? Que la señorita Shihōin expreso.
- Eh... gracias.
Mirando una vez más entre los helechos, Yoruichi observó con horror que su madre estaba conversando con Hisagi y Kensei. En aquel instante el trío volvió su vista hacia las plantas y los ojos de Minako Shihōin se entrecerraron. Con una exclamación ahogada, Yoruichi supo que no podría evitar el radar de su madre.
- Me temo que debo retirarme, lady Fong–dijo al tiempo que realizaba una torpe reverencia-. Al parecer, mi madre ha detectado mi presencia. Buenas noches.
Ella se inclinó despidiéndose con respeto.
- Lo mismo le digo, señorita Shihōin.
Salió de su refugio, pero antes de que hubiera dado media docena de pasos, su madre saltó frente a ella igual que un gato ante un ovillo de lana.
- ¡Yoruichi, querida! Estás aquí. Te he buscado por todas partes. ¡Los señores Hisagi y Kensei desean bailar con nosotras! ¿No es magnífico?
La morena miró a los dos petimetres que aguardaban y se obligó a sonreír.- Esa palabra no basta para describir mi emoción, madre.
Su madre sonrió de oreja a oreja.
- ¡Magnífico! La orquesta está a punto de iniciar una nueva pieza.
- En realidad –dijo Yoruichi intentando disimular su impaciencia- no quiero...
- ...Perderte una sola nota –la atajó su madre con una sonrisa y una mirada de advertencia-.
Tras arreglárselas para reprimir una queja, La morena lanzó una rápida mirada anhelante hacia el refugio que constituía la maceta de plantas. Reconoció en los ojos de su madre aquella mirada reprobatoria; el único modo en que podría escapar del baile por parejas sería que se abriera el suelo y se la tragara. Contempló fijamente el jardín, pero sus plegarias no hallaron eco. De modo que ya sin escapatoria tomó fuerzas para permitir que Hisagi y Kensei las condujeran a la pista de baile, jurando que aquélla sería la última velada a la que asistiría.
- Si me permite la intromisión, me temo que la señorita Shihōin me ha prometido el placer de acompañarme en la siguiente pieza de baile – Se oyó la voz profunda de lady Fong a espaldas de Yoruichi.
Minako y los dos caballeros se volvieron para ver a quien pertenecía esa voz, La morena vio cómo su madre abría sus ojos con excitación al reconocer a la condesa.
-Condesa Fong–dijo Minako realizando una elegante reverencia-. Qué sorpresa tan encantadora el verle. – Se incorporó y le dirigió su sonrisa más venerable, al mismo tiempo apartaba eficazmente a Hisagi y Kensei de manera elegante-. Y es una maravilla que desee bailar con Yoruichi.
- Sí, estupendo –dijo Yoruichi sin entusiasmo.
En los ojos grises de Soi centelleó la diversión.- Quizás, señorita Shihōin usted prefiera dar un paseo por la pequeña galería. Tengo conocimiento que la señora Matsumoto y su hija son unas personas talentosas. –Se volvió hacia Minako-. Puede acompañarnos, señora Shihōin, si así lo cree conveniente.
A la Minako se le iluminó el rostro como una vela.- Qué amable de su parte, mi lady. Estaría encantada...
- Permítame –terció Hisagi con tono serio-. Si la señorita Shihōin no va a bailar esta pieza con la condesa, creo que entonces debería...
De labios de Minako salió una serie de balbuceos.- Cielos –resopló, tomando el brazo de Hisagi- Me temo que voy a desmayarme. Señor Hisagi ¿usted y el señor Kensei harían el favor de llevarme junto a mi esposo?
- ¿Te encuentras bien, mamá? –inquirió La morena, sabiendo que se esperaba que ella le preguntase aquello.
- Estoy bien, hija. Simplemente necesito un momento de descanso. Demasiadas emociones, creo.
- Permita que la ayuda, señora Shihōin–dijo la condesa ofreciendo su mano. Pero Minako rehusó con un gesto suave.
- Estaré bien, no se preocupe condesa; los señores Hisagi y Kensei se ocuparan de mi por lo que pueden ir las dos a la galería, desde aquí veo que hay por lo menos una docena de invitados admirando las pinturas. –Agarró firmemente a Hisagi y Kensei, cada uno por un brazo, y se los llevó de allí.
Yoruichi observó a la condesa con el rabillo del ojo y una media sonrisa dibujo su rostro, ante la expresión medio sorprendida y medio divertida con la que Soi vio marchar a su madre.
- Su madre se las arregla socialmente muy bien a la hora de... –busco rápidamente en su cerebro la palabra adecuada.
- ¿Manipular? –completó Yoruichi.
La condesa se volvió hacia ella reprimiendo una sonrisa.- Iba a decir moverse estratégicamente –Extendió el brazo y lo ofreció a la joven- ¿Iniciamos nuestro paseo por la galería Señorita Shihōin?
Yoruichi le miro vacilante y expreso: Agradezco que me haya rescatado, mi lady, pero no es necesario que continúe con la pantomima.
- Soi Fong la miro seria-¿A qué pantomima se refiere, señorita Shihōin?
La morena la miro seria- Al de: "yo le acompañare a la galería para que usted no se vea obligada a bailar con esos idio...caballeros". Me conmueve sobremanera- dijo casi con sarcasmo, luego agrego con seriedad- puedo sentirme sumamente agradecida, pero...
- No tiene importancia eso, sin embargo, nada ha sido una pantomima- le miro intensamente- Porque para mí, seria de mucho agrado tener el honor de acompañarla.
Yoruichi la miró, buscando señales que delataran la falacia en sus palabras o en su actitud pues estaban tan acostumbrada, más en estas últimas semanas.
Pero, para su asombro, no vio más que cortesía de parte de la condesa, aun con todo eso, podría ser seguro que la condesa sólo deseaba acompañarla para saber acerca del Ladrón de Novias, cosa de la cual no estaba dispuesta a soportar de otra persona por esta noche. Decidida a terminar con ese círculo de vicioso de todos, preguntó:
- ¿Por qué desea usted mi compañía?
Ella se inclinó con aire de conspiración- Yoruichi percibió su aroma maderoso de nuevo- aunque parecía extraño ella temía su respuesta.
- Le asegure a la señora Matsumoto echar un vistazo a sus pinturas- frunció el ceño levemente- de la misma manera creo que ella desea que haga lo mismo con su hija soltera, por lo que me haría usted un gran servicio al acompañarme. –Se incorporó ás, tengo entendido que esas pinturas son... inusuales, y quisiera contar con su opinión al respecto.
- Me temo defraudarle condesa, mis conocimientos de arte son bastante escasos.
- Con todo el respeto a nuestra anfitriona, me parece más que puede ser posible que no sea "arte" lo que nos espera, señorita Shihōin.
Una pequeña risa fue emitida por Yoruichi. Por lo menos parecía que aquella mujer era divertida. Y después de haberle rescatado de los horrores del baile por parejas, supuso que le debía una recompensa o una ayuda. Relajada por primera vez en horas, inclinó la cabeza en aceptación y enlazó su mano enguantada en el brazo que le tendía la condesa.
- Ha despertado mi interés, mi lady- le sonrió con amabilidad- Me apetece ver la galería con usted
Soi Fong se movía con suma lentitud hasta la larga galería, muy consciente de la mano enguantada que descansaba ligeramente sobre su manga; no importaba lo fina de su chaqueta el tacto de esa mano parecía transmitir un calor que le quemaba la piel, miro de soslayo y fue consciente de lo hermosa que era la mujer que caminaba a su lado.- "Ha despertado mi interés, mi lady"- había expresado la morena, y ella tuvo que aguantarse el responder: "Del mismo modo en que usted ha despertado el mío, señorita Shihōin" El contacto delicado de la mano bronceada le dejaba un hormigueo que le subía y bajaba por el brazo. No estaba segura del motivo por el cual ella le provocaba semejante reacción, pero no podía negar que extrañamente esa mujer estaba despertando cosas que ella no entendía y no dejaba de experimentar en cada encuentro.
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Bueno he aca otro capitulo, espero sea de su agrado ...saludos y que tengan buena semana.
