Capitulo No 6 – Visitas Inesperadas.
La siguiente mañana, después de esa fiesta de lo más molesta según las apreciaciones de la morena, ella se encontraba sentada frente a su escritorio, hojeando las páginas bien cuidadas de su diario privado, solo en esas páginas ella podía escribir todas las fantasías e ilusiones secretas. Su mirada se detuvo en una entrada en especial, la cual fue escrita hace más de cuatro meses.
Era la joven más hermosa que había pisado la tierra, su belleza tenía poco que ver con su aspecto físico, aunque a la vista era de buen ver. Había en sus ojos una gentileza, una magnificencia de espíritu que me atraían, sin contar con el hecho de que ella pasaba por alto defectos que otros no perdonaban. Y en efecto, afirmaba que aquellos rasgos que los demás consideraban distintivos, a ella le resultaban entrañables. Me miraba como si fuera la única mujer en la tierra. Sus ojos fulguraban en amor, un reconfortante amor, pero había algo más en su mirada..., un deseo insondable.
Me tocó el rostro con delicadez y al hacerlo le temblaron las manos, y no pude evitar un estremecimiento. Fue entonces que ella bajo la cabeza lentamente hasta que su boca quedó a escasos centímetros de la mía.
- Eres todo lo que siempre he querido –susurró contra mis labios, y sentí su aliento que embriago mis sentidos, tanto que escuchaba el retumbar de mi corazón, porque parecía a punto de salir de mi pecho.
Su boca rozó levemente mis labios, y mi pulso se disparó como si tuviera alas. Después me estrechó entre sus brazos y no pude evitar decir- Te amo.
...
Yoruichi suspiro profundamente y cerró el diario con sumo cuidado. ¿De verdad era tan ingenua tres meses atrás? Naturalmente, ahora comprendía cuán tontas e irreales eran sus fantasías y si su madre o hermanas supieran con lo que ella fantaseaba posiblemente no se lo creerían, porque la morena ante todo era una mujer práctica, lógica y muy sensata. Además ella no estaba dispuesta a ver en sus ojos esa mirada de lastima al saber que nunca se harían realidad tales sueños.
Ella nunca conocería a alguien que amase la aventura, la naturaleza, la ciencia y sobre todo la amase a ella con un amor profundo y pasional.
Para terminar de convencerse de lo tonto de sus anhelos, hasta el momento, no había conocido a una mujer así, como la que ella había creado en su diario, simplemente no existía. Si muchas y muchos eran sumamente corteses, al menos en apariencia, ninguna de las damas y menos caballeros, que por momentos le concedían sus atenciones le resultaba atractiva; nadie hablaba de temas con contenido y aunque le trajeran ponche y conversaran con ella, parecía como si les resultara inexistente, hasta que llegaban a la conversación sobre el Ladrón de Novias; entonces su atención se centraba en ella como si fuera un espécimen admirable colocado bajo un microscopio.
Ella sabía que nadie se interesaba por la persona que era, por lo que pensaba o sentía; ninguno parecía compartir su pasión por la ventura ni su sed de conocimientos. Su mente siempre le decía eso, aunque en lo más recóndito de su corazón albergaba una chispa de esperanza...que quizá alguien.
El haber crecido al lado de hermanas bellísimas le habían mostrado cuán fútiles eran sus anhelos. Las mujeres y los hombres más específicamente, admiraban la belleza por encima de todas las cosas. Y si una mujer no había sido encantadora o con un rostro atractivo, por lo menos debía poseer algún talento femenino como el sentido de la moda, capacidad para la música y el baile o una voz admirable al cantar. Pero ella tenía evidentes defectos.
Con todos esos pensamientos inundando su mente, por un instante tuvo una visión del Ladrón de Novias que le causó un tibio hormigueo. Sonrió ante el recuerdo, ella sí era una mujer capaz de inspirar fantasía de aventura. Por primera vez en su vida, después de su secuestro ella leía con avidez las páginas de sociedad del Times buscando comentarios sobre ella. Resultaban inquietantes las nuevas noticias de que un grupo de hombres había formado la Brigada contra el Ladrón de Novias. Todas las noches, antes de acostarse, rezaba por la seguridad y suplicaba a Dios que cuidara de ella, ahora más que nunca se veía lo peligroso de su cruzada y no cesaba de preguntarse: ¿Se encontraría a salvo?
Ella había sido muy discreta y cuidadosa en las respuestas que daba a las preguntas que le formulaba todo el mundo, desde el magistrado hasta los vecinos, en parte porque no quería decir nada que pudiera ponerla en peligro, pero también porque no deseaba compartir con nadie los maravillosos detalles del breve rato que habían pasado juntas.
Sonrió para sí misma, la ladrona de novias personificaba muchas de las cualidades que poseía la mujer de sus fantasías. Nunca olvidaría la alegría y la emoción de atravesar velozmente el bosque a oscuras con una mujer que le abrazaba con tanta firmeza y fuerza, parecía más ficticia que real, pero ella lo sabía era de carne y hueso, y surgían preguntas que le intrigaban. ¿Cómo era detrás de aquella máscara? ¿Dónde vivía? Por supuesto que no lo sabría, pero lo que sí sabía era que se trataba de alguien admirable, una mujer de sólidas convicciones y gran moral. Por supuesto que no era una "bandida" como muchos acometían, personas ignorantes como lady Fong.
Juntó las cejas en molestia, no podía entender cómo es que sus pensamientos habían vuelto a girar en torno a esa mujer irritante, desde su encuentro la noche anterior habían sido incontables las veces que su mente le trajo el recuerdo del breve momento que paso con esa mujer. Se había olvidado con facilitad de todos los idiotas con que se había topado: ¿por qué no se podía olvidarse de ella?
Frunció el ceño, quizá era porque no hablaba de temas triviales como la moda y el tiempo, además le había hecho reír. No podía negar que ella había disfrutado con su compañía antes de su abrupta separación, antes de que manifestara que no era diferente de cualquiera de sus falsos admiradores.
Pero eso no tenía la más mínima importancia, seguro no volvería a estar nunca más en la presencia de lady Fong. Al fin y al cabo llevaba años sin verle, es más ella ni le recordaba, haciendo uso de su buena memoria intento recordarle, pero solo pudo divisar una niña delgada, con cabello negro azulado suelto hasta los hombros, con un flequillo recto al frente, de piel blanca, alguien muy formal para su gusto y unos dos año menor que ella, de ahí no tenía algún punto de referencia.
Yoruichi procedía de una familia gozaba de cierta prominencia económica en Tunbridge Wells, pero el mundo social de la condesa estaba muy por encima del suyo. Sabía por los chismorreos de su madre que La condesa Fong pasaba la mayor parte del tiempo en Londres, sin duda entregada a toda clase de libertinaje, como era lo habitual en la alta nobleza.
Con todo lo que había pasado en estos días no pudo negar que mientras que muchos otros la miraban con especulación y descaro, en la mirada de la condesa había visto algo diferente, quizá amabilidad, una calidez que le había reconfortado y un calor inesperado que le había atraído.
Abrió sus ojos con sobresalto ¿Atraído? ¡Cielos, no, qué estaba pensando! Ella no podría sentirse atraída hacia esa mujer tan irritante, era normal que todos la encontrase físicamente hermos... interesante, pero un bello rostro no significa nada cuando se es orgullosa y creída y calificaba de "grotesco" el deseo de ayudar que ella tenía hacia una mujer noble como El ladrón de novias. Ciertamente no la encontraba atractiva y posiblemente la razón por la que no la había apartado de su mente era simplemente que ella había conseguido ponerla muy furiosa, sí, eso era todo, la había puesto muy enojada como nadie más lo había logrado antes.
Más serena, ató su diario con una cinta de seda y guardó el librito de tapas de cuero en su compartimiento secreto que tenía en el escritorio.
Se levantó y fue hasta la ventana del dormitorio, el sol brillaba de última hora de la tarde, derramando una calidez reconfortante, apartó la cortina de color ocre y abrió la ventana para contemplar la naturaleza. Percibió el aroma del rosal de su madre, nadie en el pueblo tenía rosas más bellas que Minako Shihōin y a Yoruichi le encantaba pasear por los senderos del jardín llenando su olfato de aquel aroma embriagador y extraordinario.
Miró hacia abajo y vio a su hermano Hirako cruzando el suelo de losetas con paso torpe con dirección hacia la cámara, casi tambaleándose por el peso de una enorme caja que llevaba sobre su espalda.
- ¿Qué llevas ahí, Hirako? –cuestionó la morena a su hermano.
El joven volvió la vista hacia arriba al escuchar a su hermana, su rostro se transformó en una amplia sonrisa al verle, tenía una sonrisa de un infante con un nuevo juguete algo que era totalmente contrastante con los catorce años que el joven Hirako ostentaba.
- ¡Hola Yoru-chan! –Saludo el chico- ¡Mira- dijo mostrando la enorme caja que cargaba- por fin ha llegado el telescopio! Voy hacia el laboratorio. ¿Te gustaría acompañarme?
-La morena sonrió ampliamente- Claro que sí. Me reuniré contigo en un par de minutos. –Se despidió con la mano y vio cómo Hirako volvió sus pasos hacia el viejo granero que habían convertido en laboratorio varios años antes.
La morena salió del dormitorio con mucha prisa dirigiéndose hacia la escalera, emocionada por la perspectiva de ver el nuevo telescopio. Cuando iba bajando, oyó la voz emocionada de su madre: ¡Qué amable de su parte venir a visitarnos, su señoría! ¡Oh, qué hermosas flores! - Por favor, acompáñeme a la salita, avisare a Yoruichi que tiene una visita.
¡Maldición, maldición! No dudo que "su señoría" posiblemente era el irritante vizconde Urahara, que seguramente venía a otra exasperante charla sobre el tiempo. Descansó en la pared y luchó contra el impulso de salir huyendo a su habitación, quizá el esconderse en el ropero le ayudaría a evitar tal tortura, pero el ruido de las faldas de su madre y sus pasos en la escalera le revelaron que no tenía escapatoria. Arrojó un suspiro para reunir fuerzas y salió al encuentro de su madre en lo alto de la escalera. Traía un gran ramo de tulipanes azules y lucía una radiante pero peligrosa sonrisa.
- ¡Yoruichi! –dijo en tono bajo, pero muy emocionado-. Tienes una visita, cariño. ¡Y no vas a adivinar de quien es!
- ¿El vizconde de Urahara? –pregunto la morena.
Minako abrió sus ojos con sorpresa y confusión, luego volvió en si- Cielos, ¿también esperas una visita de, El? Has de contarme estas cosas, cariño- le dijo halándole la mejilla levemente.
- ¿Qué quieres decir con "también"? ¿Quién trajo esas flores y está en la salita?-cuestiono.
Su madre se inclinó con el semblante infundido de placer.- A lady Fong –Susurró con la reverencia que normalmente reservaba para los santos y los monarcas.
Para su fastidio, Yoruichi sintió una sensación que se parecía mucho a la emoción. ¿Qué demonios intentaba esa mujer? ¿Continuar la conversación sobre el Ladrón de Novias?
En ese caso, su visita terminaría pronto, pues la morena no tenía la mínima intención de contestar preguntas tontas, menos el escuchar palabras groseras sobre aquella heroína. ¿Y por qué diablos ella le había traído flores?
Su madre le coloco el ramo debajo de la nariz y dijo:- Te ha traído tulipanes. ¿No son espléndidos? Oh, flores de una condesa... No puedo esperar a contárselo a Matsumoto. –Su mirada escrutó rápidamente el sencillo vestido beige de Yoruichi-. Oh, querida, deberías ponerte uno de tus vestidos nuevos, pero supongo que éste servirá. No debemos hacer esperar a su señoría. –Minako tomo a su hija del brazo con una fuerza, casi empujándole escaleras abajo y por el pasillo que conducía a la salita, al tiempo que le susurraba instrucciones que bien parecían órdenes.- No olvides sonreír, querida –le dijo-, y muéstrate de acuerdo con todo lo que ella manifieste.
- Pero...
-Pregúntale por su salud –continuó – se muy cortes con ella, pero por piedad no saques a colación esos temas tan poco femeninos, como las matemáticas, ciencia y esas cosas que tanto te gustan.
- Pero...
- Y, hagas lo que hagas, no menciones a tus mascotas. La condesa no estará interesada en mascotas tan inusuales. –Le lanzó una mirada con án fuera de la casa, ¿verdad?
- Sí, pero...
- Perfecto, no se diga más –Se detuvieron delante de la puerta de la salita y Minako le acarició la mejilla-. Me siento muy feliz por ti, cariño- sonrió con ilusión.
Antes de que La morena pudiese pronunciar palabra alguna, su madre abrió la puerta y traspaso el umbral.- Aquí la tiene, condesa –anunció, arrastrando a su hija-. Les acompañare dentro de unos momentos, en cuanto me haya encargado de estas flores tan bonitas y haya pedido que sirvan un refrigerio. –Esbozó una sonrisa angelical y acto seguido se retiró dejando la puerta debidamente entreabierta.
Aunque estaba ansiosa por reunirse con Hirako y el telescopio nuevo, Yoruichi sintió curiosidad por saber a qué se debía la presencia de la condesa. Decidió ser de lo más cortés, miró a su visitante con detenimiento.
Ésta permanecía estrictamente de pie en el centro de la alfombra con forma de diamante, alta e imponente, ataviada con botas negras y relucientes, pantalones de montar de color caqui y una chaqueta azul noche que le entallaba a la perfección su figura esbelta. Por un instante, Yoruichi deseó, de modo inexplicable e impropio de ella, llevar puesto uno de sus nuevos vestidos.
Un detalle único en el atuendo de la condesa que no era perfecto fue su corbata de lazo, que parecía atada de un tirón, y su cabello oscuro azulado, un poco alborotado a los lados. La morena de mala gana reconoció, que esos aspectos desalineados resultaban...entrañables.
Estuvo a punto de poner los ojos por elegir semejante calificativo; la condesa no era para nada entrañable. Era molesta. Había discutido la idea que tenía del Ladrón de Novias de una manera que calificaba como vulgar, luego se había burlado de ella por desear ayudar a aquella mujer heroica, excusándose en que le preocupaba su bienestar. ¡Qué descaro de su parte! En fin, la saludaría con prontitud y descubriría el motivo de su visita, luego podría acompañarla cortésmente hasta la puerta.
- Buenas tardes, lady Fong–dijo, tratando, demostrarse amistosa en honor a su madre.
- Lo mismo digo, señorita Shihōin.
- Gracias por las flores
- De nada. –Recorrió la habitación con la mirada y se fijó en la abundancia de ramos que le adornaban-. Si hubiera sabido que ya poseía tantos tributos florales, le habría traído otra cosa.
La mirada de Yoruichi siguió la de ella y suspiro.- Mi madre dice que una mujer nunca tiene demasiadas flores- frunció levemente el ceño- pero me apena el pensar en todas las pobres plantas que han sido ejecutadas para formar estos ramos. –Al instante mismo de pronunciar aquello, se dio cuenta de la descortesía que había cometido ante alguien que acababa de regalarle flores. Para remediar su metedura de pata, le preguntó en su tono más educado-: ¿Quiere tomar asiento, mi lady?
- No, gracias. – La condesa se acercó levemente y clavó su mirada seria en la de Yoruichi causándole un extraño desasosiego. Cuando las separaban sólo un par de metros, dijo: Prefiero quedarme en pie para expresar mi pesar por despedirnos anoche de manera tan abrupta. No tenía intención alguna de importunarla.
El calor que transmitían sus delicados ojos grises era señal de su sinceridad, pero Yoruichi aprendió en las últimas semanas que de los labios de las mujeres salían palabras aparentemente sinceras de la misma manera que abejas de un panal.
- No me importuno, condesa. –Al ver que ella alzaba las cejas con recelo, explicó-: Sólo me fastidió.
En los ojos de la condesa hubo un poco de sorpresa y luego pareció mostrar que eso le divertía.- En ese caso, le ruego me permita expresarle mis disculpas por haberla "fastidiado". Aunque no le crea no intentaba sonsacarle información, sólo intenté manifestar el disparate que constituía su deseo de ayudar a un malhechor buscado por las autoridades.
Yoruichi apretó los puños sintiendo una punzada de molestia.- Expresa usted su pesar por haberme fastidiado, sin embargo continúa fastidiándome al dar una opinión que no le he solicitado.- espeto la morena.
- Le aseguro que yo...
- Yoru-chan– se escuchó detrás de la puerta de la salita, dando paso a Hirako el cual cuestiono- ¿Por qué tardas tanto? –La morena se volvió y vio que Hirako entraba en la salita y se quedaba de pie con total vergüenza al ver al huésped-. Lo lamento –dijo al tiempo que se sonrojaba-. No sabía que tenías visita.
- No debes excusarte –le aseguró Yoruichi con una sonrisa que esperaba no delatase su alivio por la interrupción-. La condesa Fong es una mujer muy ocupada. Estoy segura de que no desea entretenerse mucho con su visita. Miro hacia ella dándose cuenta de una pequeña sonrisa que cruzó los labios de la condesa.
Hizo el esfuerzo para mantener un tono tranquilo, La morena realizó las presentaciones observando muy de cerca a Soi Fong con un instinto de protección alerta hacia Hirako. La semana anterior, cuando el vizconde de Urahara le visito, le había presentado a su hermano, cuando el vizconde le vio con evidente desdén, ella sintió una molestia tanto que había provocado el deseo de abofetear a aquel idiota arrogante. La morena estaba más que curada de los desaires sociales y había aprendido a no concederles importancia, pero Hirako era sensible a gestos como aquél. Si a la condesa se le ocurría actuar del mismo modo, ella misma se olvidaría de todo decoro y educación y daría por terminada su visita.
Pero ante su propia sorpresa quedó asombrada cuando lady Fong, tendió su mano de forma amistosa y sin simulación.
- Es un placer conocerte, Joven –dijo con simpatía.
- El placer es mío, mi lady–respondió Hirako ruborizándose más. Volvió a centrar su atención en Yoruichi - Siento la interrupción, pero al ver que no llegabas a la cámara tal como habías prometido, empecé a preocuparme de que algo te hubiera retrasado. –Una ancha sonrisa se extendió por su rostro-. Pensé que a lo mejor necesitabas que te rescataran.
La morena sonrió- "Y así es, rescátame de esta fastidiosa" pensó.
Pero antes de que pudiera reaccionar, la condesa preguntó:- ¿Cámara, a que se refiere?
- Mi Cámara de los Experimentos –contestó Hirako-. El viejo granero lo he convertido en un laboratorio.
La mirada de la condesa destello interés. - ¿En verdad? ¿Y qué haces allí?
- Toda clase de experimentos –Hirako lanzó una breve mirada contenida a su hermana y prosiguió-: También lo utilizo para mis estudios de astronomía y mis inventos pues me gusta mucho la ciencia.
- Yo siento me siento fascinada por la astronomía –comentó la que esta noche el cielo esté despejado así poder ver las estrellas.
A Hirako se le iluminó el rostro.- Yo también. Es una ciencia fascinante ¿No cree?, a Yoruichi también le gusta mucho.
La condesa le miro con asombro- ¿Eso es cierto, señorita Shihōin?
- Sí – dijo apresurando la respuesta-. De hecho, estaba a punto de reunirme con Hirako en su cámara cuando recibí su visita. –Seguro que la condesa captaría la indirecta.
- Acaba de llegar de Londres mi telescopio –informó Hirako a la condesa-. Quizá desearía verlo.
Yoruichi abrió sus ojos con evidente sorpresa, contuvo a duras penas su desacuerdo.- Estoy segura de que lady Fong tiene asuntos importantes, Hirako.
La condesa sonrió de medio lado y dijo: - ¿Los tengo?
- ¿No los tiene?- pregunto la morena con tono serio.
- A decir verdad, me interesaría mucho ver el telescopio de Hirako- dijo con una sonrisa de medio lado y un tono divertido.
- Pero no querrá...
- Oh, es un telescopio muy bueno, Condesa–intervino Hirako-. Si no le causo algún retraso o molestia sería un honor que me acompañara.
- Acepto tu invitación y me siento honrada, Gracias- la condesa dedicó a la morena una leve sonrisa presuntuosa, hecho que tenso los nervios de Yoruichi.
Con galantería y evidente diversión Soi Fong le extendió el brazo y le dijo-: ¿Señorita Shihōin, sería tan amable de guiarme?
Refunfuñando en sus adentros la invitación que su querido hermano ofreció a esa mujer tan fastidiosa, la morena se exigió sonreír. Pensó en rechazar su brazo, pero al final decidió no darle el gusto de ver que en verdad su presencia le perturbaba de alguna manera. -Suspiro-Hirako se veía emocionado de mostrar su telescopio, eso bien merecía el soportar la presencia de la condesa un poco más, siempre y cuando ella no volviera a hacer comentarios despreciativos sobre el Ladrón de Novias. Después de esa visita era muy seguro que no volvería a ver a la condesa, solo debían mostrarle la cámara y ella misma saldría de ahí para nunca regresar.
Por supuesto solo tenía que tolerarla unos instantes más y todo terminaría. Apoyó la mano levemente en la manga de la condesa, sonriendo levemente ante sus pensamientos, ambas salieron de la salita tras los pasos de Hirako.
…...
Las dos avanzaban por el sendero del jardín flanqueado por los rosales, la condesa intentaba ocultar la sonrisa de sus labios. Según su apreciación los dedos de la señorita Shihōin reposaban sobre su manga con todo el entusiasmo de alguien que está tocando un insecto horrible, peludo y venenoso. Soi Fong aceptaba que la reacción de la joven hacía ella le parecía interesante y curiosa.
Todas las mujeres se mostraban siempre complacidas de recibir, así como de buscar, su compañía; posiblemente ocurriría de la misma forma si ella no fuese condesa, pero poseer riquezas y un título le garantizaba atención femenina de la mejor y de sobra.
Exceptuado por supuesto, la señorita Shihōin Yoruichi que parecía preferir ser arrojarla a una muerte lenta o a los leones que pasar un minuto con ella. Noto la expresión de molestia cuando su hermano le invitó a ver su telescopio, ese pequeño hecho extrañamente le molestaba y divertía al mismo tiempo, no podía negar el hecho que esa mujer desde que la conoció parecía llamarle la atención.
Caminaban en silencio y por motivos que no pudo explicar, Soi se deleitó perversamente en mantener un paso tortuosamente lento para contrarrestar los intentos de la señorita Shihōin de apresurar la marcha. Al fijarse en que Hirako les había adelantado su paso lo suficiente para no oír su conversación, el diablillo que llevaba dentro la incito a decir:
- Usted no deseaba que les acompañase. ¿Puedo preguntar el motivo?
Soi Fong la escudriñó a través de las gafas antes de volver su atención una vez más en el camino, la condesa insistió:- Dígamelo. No tema herir mis susceptibles sentimientos, soy bastante impasible ante las afrentas verbales, se lo puedo asegurar.
La morena con un rostro serio, dijo: Muy bien, mi lady, si usted insiste, seré totalmente directa. Creo que no es usted de mi complacencia.
- Entiendo. Y por lo tanto, no le produce placer alguno mi compañía.
- Justamente.
- No recuerdo que nadie me haya dicho nunca algo así, señorita Shihōin.
Ella le dirigió una mirada maliciosa y de soslayo.- Esa afirmación me resulta difícil de creer, lady Fong.
Tal vez ella debió sentirse incomoda por la temeridad de la morena y por el característico insulto que se vio levemente por el brillo travieso de sus ojos; pero, en cambio, aquello le causo diversión y le parecía algo provocativo.
- Aunque sea difícil de creerlo o no, me temo que es verdad –. De hecho, las personas se empeñan en expresar lo mucho que les agrado y cuánto gustan de mi compañía, tanto que algunas veces recelo de sus motivos. Por lo que, encuentro diferente que usted me considere...
- ¿Fastidiosa? –completó la morena.
- Correcto. –Pero, ya que la invitación de su hermano le obliga a tolerar mi compañía un poco más de tiempo, le propongo un trato.
- ¿Qué quiere decir?
- Está claro para mí que toda evocación al Ladrón de Novias la pone irascible y aunque usted lo crea o no, me incomoda que se me considere un fastidio.
Yoruichi la miró enarcando una ceja.- Usted misma pidió que sea franca, mi lady. Y no se me ocurre cómo o por qué podría afectarle mi humilde opinión.
"Tiene razón. No debería afectarme. Pero, maldita sea, por alguna razón me afecta". Pensó la condesa, pero antes de que pudiera responder de alguna manera, Yoruichi prosiguió:
- Entonces ¿Dicho trato exigiría que usted no exprese opinión alguna sobre el Ladrón de Novias y que yo me abstendré de llamarla fastidiosa?
- Por supuesto. Pero debe tener en cuenta que con esa actitud usted me plantea un reto muy emocionante.
- ¿De veras? ¿Y cuál es?- cuestiono la morena con rostro sarcástico.
- La necesidad de mostrarle que está usted equivocada, naturalmente- Soi sonrió.
Yoruichi no puedo evitar reír y miró a la condesa con ojos sagaces.- ¿Cree que existe posibilidad alguna?
La condesa llevó su mano al corazón y con gesto dramático- expreso.- Me ha herido, señorita Shihōin. Aunque le advierto que es raro que me equivoque. De hecho, ahora que lo pienso, no creo que me haya equivocado jamás.
Ella chasqueó la lengua y casi puso los ojos.- Por favor- dijo- Fastidiosa y además arrogante. Condesa hay muchas palabras que empiezan por "A" para describir a una mujer, y eso que sólo es el principio del alfabeto.
- Hay muchas otras palabras que empiezan por "A" que podría utilizar, como...
- ¿Agobiante?- replico la morena con astucia y una leve sonrisa.
Soi Fong fingió fruncir el entrecejo y con una sonrisa ladeada, aclaro- Iba a decir "Amigable"
La morena emitió un bufido.- Si le consuela, estoy segura de que la mayoría de personas opina eso de usted, mi lady.
- Aun así, recuerdo que usted me dijo ayer que no era como la mayoría de las personas.
- Me temo que así es- aclaro Yoruichi.
Una ancha sonrisa se extendió en los labios de Soi Fong.- Bien, en ese caso todo se reduce a que tengo que hacerle cambiar de idea y convencerla de que está en un error.
Yoruichi rió, un sonido grato que le produjo a Soi un agradable calor en todo el cuerpo.
- Puede intentarlo si así lo desea, condesa- reto la morena.
- Ve, nuestro trato ya está dando sus frutos, ya me ha hecho una invitación. –la condesa se detuvo y contempló fijamente a Yoruichi.
El sol hacia que su cabello violeta brillara con intensidad y sus ojos resplandecían a causa de la risa. Su mirada se posó más abajo, sobre aquella boca y lo sensual que se le parecían sus labios. La tibia sensación que le había inspirado su risa se transformó al instante en ardor.- Por nuestro trato –musitó.
Sin pensarlo, la condesa en un acto imprevisto se llevó la mano de la morena a los labios, besándole suavemente los dedos. Un aroma a miel embriago sus sentidos, logró resistir el deseo de tocarle la piel con la lengua para ver si sabía de la misma manera en que olía.
Sus miradas se encontraron, sin dejar de sostener su mano a escasos centímetros de la boca, Soi observó cómo de los ojos de color oro desaparecía lentamente todo rastro de humor.
Una expresión de sorpresa cruzó el semblante de Yoruichi, en esos instantes una sorpresa convertida en confusión, que coloreó sus mejillas de un fascinante tono rosa. Como en un trance Soi sintió un súbito deseo de palpar la piel suave, tersa, achocolatada.
Levantó la mano libre lentamente, como hipnotizada hacia aquella piel sonrosada por el rubor. Yoruichi en un gesto muy femenino abrió los ojos desmesuradamente y contuvo la respiración- gesto que cautivo a la condesa.
- ¿Vienes ya, Yoru-chan? –se escuchó la voz de Hirako al otro lado de los rosales, sacando a las dos del aturdimiento.
Ella dejó escapar una exclamación apagada y dio un paso atrás, al tiempo que retiraba con agilidad su mano de la de la condesa como si quemara.- Sí –exclamó casi sin aliento. Enlazó sus manos con fuerza y señaló el sendero con la cabeza-. Acompañarme por aquí, lady Fong.
Soi Fong le siguió. No hizo intento de ofrecerle el brazo nuevamente, pues intuía que ella no lo aceptaría, además no estaba segura de que era conveniente tocar a la señorita Shihōin otra vez. Aquella mujer ejercía un efecto insólito y perturbador en sus sentidos. Se reprendió internamente, el deseo de tocarla casi había nublado su buen juicio. ¿Qué demonios le estaba sucediendo?- frunció el ceño- No había llegado para cortejar a Yoruichi Shihōin, estaba ahí solo para cerciorarse de que ella no tramaba nada absurdo para ayudar al Ladrón de Novias. Aun que mostraba claramente su simpatía por aquella mujer, cosa que a Soi complacía en gran manera, también era más que obvio que ella era una joven inteligente y sensata. No había necesidad de preocuparse por su bienestar, quizá había exagerado en su cuidado; por lo tanto solo terminaría de ver el telescopio y se marcharía de allí, dando por terminado todo el asunto.
…...
Ya en la cámara, la morena observaba con detenimiento a la condesa mientras Hirako le mostraba sus experimentos, esperando ver el aburrimiento o gestos despectivos dirigidos a su hermano. Pero para su sorpresa ella se mostraba fascinada y curiosa por el laboratorio y por la amplia colección de vasos, frascos y experimentos. Formulaba muchas preguntas (preguntas inteligentes, tuvo que admitir). Mostraba que no sólo le interesaba la química, sino que también poseía conocimientos de ella. Y ni una sola vez hablo con crítica o superioridad a Hirako, por donde la veía, se mostraba de un modo que sólo podía calificarse de...Amigable.
Arrugó la frente, no quería que esa tipa le resultara amigable, prefería considerarla fastidiosa y arrogante. Pero al verla inclinarse sobre el microscopio de Hirako y luego mirar hacia el joven con una sonrisa pegada en su lindo rostro, no pudo negar que había otra palabra con "A"para describir a la condesa: Atractiva.
-Yoruichi ¿por qué no le muestras a lady Fong tu sección, donde preparas las lociones de miel y cera de abeja? - Hirako la sacó bruscamente de sus inquietantes reflexiones, sentía el nerviosismo en todo su cuerpo. Su naturaleza de científica le instaba a reunirse con ellos al otro extremo de la cámara, pero sus instintos femeninos la advirtieron que se quedase dónde estaba, que era más seguro alejarse de lady Fong.
Esforzándose por quitar todo dejo de nerviosismo intento sonreír, señaló la esquina más alejada del granero y dijo:- No hay nada importante que ver, mi lady. Sólo quemadores, crisoles y moldes, y unas pocas jarras de miel que me quedan.
- Está siendo humilde, lady Fong–objetó Hirako-. Yoruichi es una científica de primer nivel y una gran maestra. En realidad, fue por ella que despertó mi interés por la ciencia, además ella es mi mejor fuente de inspiración. Sus experimentos con cremas y lociones son importantes.
Un intenso calor ascendió por las mejillas de la morena, tuvo el impulso de taparle la boca a su pequeño hermano, ella apreciaba el entusiasmo y las amables palabras de su hermano, pero no desea ver la reacción de la condesa, que podían ser de desconsuelo, pavor, repugnancia, aburrimiento, grosería o cualquier otra. Decidida intentaría salir de ahí lo más pronto posible y de paso cambiar de tema, pero se sorprendió al ver que la condesa la miraba con franca curiosidad.
- ¿Qué experimentos está realizando, señorita Shihōin? – En su voz sonó con un interés verdadero y sin un ápice de sarcasmo.
Ella vaciló unos segundos, al final le condujo donde ella trabajaba.- Anoche le mencioné a una de mis amigas, la señorita Kukaku Shiba...
- La Señorita que no asistió a la velada por motivos de salud – recordó Soi.
- Si,- dijo suavemente la morena sorprendida de que se acordara de ese detalle-. Ella padece graves dolores en las articulaciones, sobre todo en sus dedos- sonrió levemente- He comprobado que hay dos cosas que le alivian el dolor: envolverle las manos en toallas calientes y húmedas y darle masajes con una crema de miel que yo misma fabrico. Estoy intentando descubrir cómo hacer que mi crema se caliente por sí sola.
- Ingeniosa idea –replico la condesa al tiempo que desviaba la mirada para examinar los materiales-. Deseo sinceramente que obtenga éxito- sonrió levemente- una pregunta: ¿usted misma recolecta la miel?
- Por supuesto, tengo media docena de colmenas detrás de la cámara.
-Hirako bromeo- Atesora esas jarras que le quedan mezquinamente, pero cuando recoja la miel el mes próximo, podre quitar una jarra sin que se entere- dijo el joven con una enorme debilidad por la miel.
Lady Fong centro la mirada en Yoruichi y la escudriñó con una expresión insondable que a ella le oprimió el estómago.
- Te entiendo, me temo que a mí me ocurre igual –musitó la condesa.
Acto seguido volvió a prestar atención a Hirako, mientras la morena soltaba un suspiro de alivio.
Por el cielo, esa mujer tenía un inquietante efecto sobre sus sentidos cuando la miraba de esa manera. Era como si su mutua proximidad les devolviera vitalidad en todos los sentidos, sin contar con esa mirada tan profunda que parecía la atravesaba. La sensación de su brazo bajo la palma de su mano cuando la acompañó por el jardín, aquel olor maderoso que le hacía desear acercarse e inhalarlo. Sensaciones inquietantes que había ignorado, hasta que ella se detuvo y la miró con aquella intensidad y roso sus finos labios con su mano, algo que le causó un calor abrasador.
Advirtió que de nuevo le ardían las mejillas al recordar ese hecho, disimulando se acercó al telescopio para dar la impresión que lo estudiaba. No podía negarse que la condesa le confundía. Primeramente se enfureció con ella, pero cuando se disculpó, de algún modo le había hecho bajar la guardia y divertirla, del mismo modo que lo hizo en la fiesta de la señora Matsumoto. Disfrutó de aquella discusión verbal, pero una vez que dejaron de hablar y ella le había mirado de aquella forma intensa... de repente se le quitaron las ganas de reír, deseando nada más que el tacto de su mano, como estuvo a punto de suceder.
Su sensatez hizo que sacudiese esos pensamientos, ¿en qué pensaba? No había manera posible que empezara a tener ideas románticas con la condesa Fong. Eso era como invitar a su casa a una rompecorazones. Ella debía poner lógica y sobretodo mantener sus fantasías románticas enfocadas en mujeres inexistentes, imaginarias de esas que jamás pudieran tener su corazón, o incluso en una mujer como "el Ladrón de Novias", que existía sólo en su recuerdo, como figura heroica y no como mujer real.
Una plática la trajo de nuevo a la realidad, la morena puso atención al otro lado del lugar, donde Hirako y lady Fong se encontraban. Su hermano tenía el rostro iluminado por aquel entusiasmo que siempre lo embargaba cuando hablaba de sus experimentos o inventos. Dio una mirada a Soi Fong, que tenía una expresión seria y la vista fija en el vaso lleno de un líquido que Hirako le mostraba. Intento de desviar su mirada hacia otro lugar, pero se halló admirando a la condesa, la postura firme que poseía, la nariz recta, los labios finos, su piel blanca pálida como la de una muñeca de porcelana, la inusual forma de peinarse con dos trenzas largas, el cabello de color negro-azulado y su exquisita figura acentuada por sus prendas ceñidas al cuerpo. De repente como si la condesa hubiera sentido el peso de aquella mirada color oro, se giró y la miró a los ojos.
Yoruichi se hizo la desentendida y se dispuso a colocar su vista en el lente del telescopio, lo movió ligeramente y enfoco hacia los rosales de su madre, el campo visual fue atravesado por algo azul. Volvió a ajustar la lente y observó. Era su madre, con un vestido azul, que se dirigía hacia el laboratorio como alma que lleva el diablo a una velocidad de la que la morena le creía incapaz, se había olvidado por completo de que su madre había ido a preparar un refrigerio para la condesa.
La puerta se abrió de golpe y su madre apareció con aspecto desaliñado a causa de la carrera por el jardín, entre su respiración acelerada hablo- Está aquí, la Condesa, por un momento pensé que se había marchado antes de que tuviéramos la oportunidad de charlar.
Lanzó a la morena una mirada reclamadora, por haber traído a la condesa a ese lugar sobre todos los demás- estaba por hablar cuando lady Fong hablo.- Señora Shihōin, Hirako se ofreció amablemente a enseñarme su telescopio el cual debo reconocer que es una pieza magnífica. Además su laboratorio es asombroso. Me imagino que debe de estar muy orgullosa de él.
La mirada de Minako Shihōin se dirigió a su hijo, el cual tras los elogios de la condesa parecía haber hinchado el corazón de su madre con orgullo, no había ninguna duda que ella amaba a su inteligente hijo, aunque no le comprendía en lo más mínimo.
- Muy orgullosa –dijo con una enorme sonrisa y así mismo cambio su rostro a uno de reproche y atinó a decir-. Aunque mi hijo tienda a olvidar que no debe aburrir a nuestros invitados con esa complicada charla científica.
- No debe preocuparse, mi querida señora –dijo Soi con un tono suave-. Su hijo –su mirada se dirigió a la morena- y su hija son una compañía muy agradable de la cual he disfrutado infinitamente.
La confusión cruzó el rostro de Minako, no sabía si apreciar las palabras de la condesa ya que no sabía si eran nada mas parte de su cortesía o eran genuinas, por lo que simplemente ofreció su mejor sonrisa de anfitriona antes de anunciar:- Hay té y galletas en la salita
Soi Fong extrajo su reloj del chaleco y observo la hora.- Pese a lo mucho que me agradaría acompañarlas, me temo que debo retirarme.
El rostro de Minako se desencajó. Yoruichi se dispuso a intervenir advirtiendo que su madre trataría de invitar a la condesa a tomar el té en otra ocasión; no deseaba que su madre imaginase que lady Fong iba volver, ni que se decepcionara cuando ésta rechazara la invitación, no es que ella también iba a sentirse decepcionada.
Antes de que pudiera decir palabra alguna, la condesa se volvió hacia ella.-Cuando llegué, un mozo se hizo cargo de mi corcel. Tal vez usted desee acompañarme a los establos, señorita Shihōin.
- Oh, Por supuesto.- dijo la morena.
La condesa se volvió- Te agradezco mucho la confianza de mostrar tu laboratorio –le dijo al joven Hirako antes de despedirse de Minako con una reverencia formal-. Gracias, señora Shihōin, por su amable hospitalidad.
- Oh, no tiene por qué darlas, mi lady –replicó Minako. De hecho...
- Me acompaña, lady Fong–se adelantó la morena a su madre saliendo rápidamente del laboratorio.
Ambas atravesaron el prado a toda prisa con dirección a los establos. Al cabo de unos segundos, oyó una pequeña sonrisa.
- ¿Es acaso una carrera, señorita Shihōin?-
-¿Cómo dice?- pregunto la morena.
- Usted va corriendo como si la persiguiera el mismo diablo.
Yoruichi siguiendo el ritmo que llevaba le miro divertida.- Puede que así sea- dijo con una sonrisa en su rostro.
La leve risa acabó en risotada.- Soy todo lo contrario, se lo aseguro- replico la condesa.
- ¿Intenta decir que se le podría considerar como "Angelical"?
- Bueno, ésa es otra palabra que empieza por A.- Sus palabras terminaron en una risita.
Sin motivo aparente la morena aceleró el paso. Aquella mujer la ponía de nervios, de un modo horrible, estaba casi segura, que no le auguraba nada bueno.
...
Llegaron a los establos en un minuto. Mientras Tessai iba en busca del caballo, la morena intentó recuperar el aliento después de la carrera por el prado. Cuando Tessai regresó con un caballo de color negro, no pudo evitar una exclamación.- Es magnífico, condesa.
Se acercó al brillante pescuezo del animal, que le hociqueó los dedos emitiendo un suave relincho casi en la palma de la mano-. ¿Cómo se llama?- cuestiono.
- Suzumebachi- respondió Soi mientras montaba con galanura.
Yoruichi se apartó y contemplo a la condesa, su mano sujetaba las riendas y sus piernas ceñían el caballo con la destreza de un experto jinete, se mostraba hermosa a lomos de aquel corcel.
- Gracias por su hospitalidad, señorita–dijo ella sacándola de su ensoñación.
- No tiene por qué darlas, mi lady.- Alzó el rostro y le dijo: Gracias por las flores.
La condesa le miró fijamente con una expresión indescifrable por unos segundos, como si deseara decirle algo, sin embargo, se limitó a inclinar la cabeza y murmurar:- De nada.
Una inexplicable desilusión embargó a Yoruichi, sonrió casi con esfuerzo y dijo:
- Le deseo un buen retorno, lady Fong. Adiós.
- Hasta pronto, señorita Shihōin.- Contestó ella con tono grave y seductor. Espoleó a Suzumebachiy se alejó por el sendero.
Yoruichi vio cómo se alejaba y de pronto algo golpeo sus sentidos acelerando su pulso por la realización de las últimas palabras de la condesa "Hasta pronto". Posiblemente no había querido decir nada con aquella frase de despedida, sería una idiota creer que ella tenía la intención de visitarla otra vez. ¿Y por qué ella haría algo por el estilo? Sería una estupidez desear que regresara, sin embargo, de pronto la morena se sintió bastante estúpida.
…...
Bueno quiero agradecer a jScarlet, Luna, Eva, anonimus e invitado, jaja bueno así dicen los reviews, gracias por comentar y gustar de la lectura.
Les deseo un buen inicio de semana.
