Capitulo No 7 – Arrebatos e Invitación.
Times de London:
Algunos padres deshonrados se han incorporado a la Brigada contra el Ladrón de Novias, contribuyendo con sus aportaciones a la ahora considerable recompensa económica, que ya asciende a Nueve mil libras. Ichigo Kurosaki, magistrado del lugar donde se produjo el último secuestro, afirma que ha redoblado los esfuerzos para resolver el caso y que está seguro de que pronto apresará al Ladrón de Novias. "No pienso descansar hasta verle ahorcado por sus crímenes", dijo Kurosaki.
Soi Fong estaba absorta con la mirada perdida al otro lado de la ventana de su estudio, el cálido brillo del sol sobre las ramas de los árboles y la vista de sus establos a lo lejos le otorgaban placer y consuelo. Sin embargo este día en particular, nada podía serenarla, una lucha interna consigo misma la tenía así, para ella era desconcertante lo que le estaba ocurriendo pues había intentado por enésima vez olvidar la única cosa que al parecer no podía borrar de su mente, esa única cosa que no dejaba de colmar sus pensamientos y eso era Yoruichi Shihōin.
Cuatro días habían pasado desde que fue a visitarle. Cuatro días desde que su franqueza e inteligencia le habían cautivado, tal como en las dos ocasiones anteriores en que había compartido charla con ella. Llevaba cuatro días angustiosos deseando verle de nuevo.
Ya lo había dicho Shunsui anteriormente, que a la señorita Shihōin no le habían quedado secuelas de su fallido secuestro. Aun con ese conocimiento ella no lograba quitársela de la cabeza. ¿Por qué pasaba eso? ¿Qué tenía que le llamara tanto la atención? Ella podía mentirse afirmando que su interés residía sólo en haberla secuestrado equivocadamente como lo había afirmado en un principio, pero ahora mentirse a sí misma constituía un ejercicio inútil y algo totalmente absurdo.
Había algo más en Yoruichi Shihōin que la inquietaba inexplicablemente. Desde luego no podía negar que a sus ojos era hermosa, la combinación de ojos y labios, así mismo su cuerpo curvilíneo le parecía muy deseable en conjunto la morena le fascinaba como nunca lo había conseguido una belleza clásica. Ella que se había deleitado de la compañía de muchas mujeres espléndidas, mujeres cuya belleza dejaría a cualquiera sin aliento, mujeres expertas en la seducción y el placer carnal, mujeres que después de una noche o un pequeño tiempo conseguían fastidiarle o en todo le habían resultado olvidables. Es mas no se acordaba de la cara de ninguna de ellas aunque hubiesen sido rostros espectaculares, finos, dignos de una princesa o una diosa. Todo resultaba risible ante el hecho de que el rostro que ahora llenaba su mente de día y de noche no era el de un diamante, sino el de una muchacha rural y sin pretensiones que incomprensiblemente, le había despertado una atracción como ninguna otra mujer lo había logrado.
La condesa camino entre su despacho hasta llegar al pequeño bar, se sirvió un vaso de ron, bebió un sorbo y se quedó contemplando el líquido como si tratara de leer alguna solución a su loca e inexplicable situación.
Estaba consiente que le intrigaba la inusual preocupación o lo que fuese que la morena le provocaba, podía decirse que el aspecto de la morena era agradable, por no decir atractiva a sus ojos, suspiro y bebió un sorbo, disfrutando del calor que le bajó hasta el estómago.
Diablos, que había de diferente entre Yoruichi de otras mujeres que ella conoció antes, de pronto se vio rememorando cada momento que había observado, disfrutado y compartido con la señorita Shihōin, entonces la revelación golpeo su mente, quizá ése era el problema. Conocía cosas de Yoruichi Shihōin que no debería saber, que no sabría si no la hubiera conocido en su papel de Ladrón de Novias. Y no sólo estaba al tanto de sus deseos de aventura o sus anhelos y metas, sino que también la había tenido entre sus brazos, había experimentado la sensación de su cuerpo curvilíneo apretado contra ella, esa embriagadora sensación de galopar con ella a través de la oscuridad, el aroma a miel de su piel. Su irritación, no, su "fastidio", cuando Soi se atrevió a hablar mal del Ladrón de Novias, un "hombre" al que ella admiraba y que ni por un desliz había mencionado que se trataba de una mujer. El amor y devoción que mostraba por su hermano menor y su paciencia hacia su madre. Su anhelo de inventar una crema medicinal para ayudar a su amiga.
Si, en efecto la morena era inteligente, cordial, leal, divertida, tremendamente directa al hablar y... Estaba a punto de beber otro sorbo de ron cuando lo comprendió de repente, el vaso se detuvo a medio camino de sus labios, frunció el ceño ante su ultimo pensamiento, luego su rostro mostro un leve sonrojo…. Ella le gustaba, se reprendió a si misma- aquella joven le gustaba y no solo eso, ella la estimulaba, mentalmente y corporalmente cosa que otra mujer no había hecho, la mujer que según todo habitante de Tunbridge Wells era una rara, solterona sin gracia y atractivo alguno- sonrió ante ese hecho tan irónico.
Le gustaba su sonrisa, su forma de reír, hasta como se indignaba. Nunca mostraba la actitud superior de tantas mujeres que había conocido; Yoruichi tenía sueños de éxitos científicos y de aventura que iban más allá de qué vestidos ponerse o qué joya mostrar.
Y sus ojos... aquellos extraordinarios ojos como el sol, llenos de esperanzas y deseos por cumplir, que inspiraban sentimientos y vulnerabilidades que Soi Fong quería conocer.
-Suspiro- Ahora que tenía el punto de su problema, debía actuar para olvidarse de una vez de esa mujer, ahora solo debía saber ¿cómo solucionar el problema?
En su razonamiento pensó en dos opciones: obligarse a sacarla de su mente, pero dado el fracaso de los últimos cuatro días y más aún desde que la conoció, esa no parecía una buena opción. Así pues, sólo le quedaba la otra opción que era verla otra vez, hablar con ella y descubrir más cosas acerca de su persona. Una vez saciada su curiosidad por fin podría colocar su preocupación por ella en la perspectiva apropiada. Sonrió para sí misma ese era un plan lógico- alzo su vaso y bebió de un sorbo su bebida- debía actuar lo más pronto posible para salir de todo el embrollo de su cabeza y terminar olvidando todo lo pasado.
…...
Soi Fong tiró de las riendas de Suzumebachi para detenerlo detrás de unos árboles que se alzaban junto a la linde del bosque. Entrecerró los ojos para protegerse del sol de la tarde y observó cómo a lo lejos se aproximaba la señorita Shihōin, que venía del pueblo. En lugar del paso vivaz que le había visto en su encuentro anterior, la morena parecía caminar despacio, degustando del sol, la brisa y de las flores.
Parecía divertirse como una niña que jugaba girando sobre sí misma, tanto así que el cabello liliáceo le resplandecía a la luz del sol, con una sonrisa iluminando su rostro balanceando el cesto que llevaba.
Soi envidió de pronto aquella imagen despreocupada y relajada. ¿Cuándo había sido la última vez que había disfrutado simplemente de la luz del sol, que había respirado el campo y se había relajado con sonidos de la naturaleza sin el peso de sus responsabilidades y sus pesares? Sabia la respuesta, nunca desde aquel último verano antes de ingresar en el ejército, concluyo. Rukia y ella habían disfrutado de largos paseos a caballo por todo el condado, a menudo llevándose la comida consigo. Pero el hacer algo así como lo que hacia la señorita Shihōin era algo impropio de una condesa, algo que su detestable padre había gravado en su ser con rigor, la frialdad que muchas veces resaltaba en su semblante, el deber y la responsabilidad que conllevaba ser La Condesa de Wesley.
Así que continuó observándola, permaneciendo oculta hasta que ella estuvo a muy corta distancia. Entonces espoleó los costados de Suzumebachi y salió al camino.
- Señorita Shihōin, es grato verle de nuevo- dijo con suavidad.
La morena se detuvo en seco ante la sorpresa, el color de sus mejillas ya sonrosadas se intensifico, para la condesa un alivio al ver que esta vez no pareció disgustada de toparse con ella.-Condesa Fong– ¿Cómo está? Dijo con amabilidad.
- Muy bien, gracias. ¿Viene desde el pueblo? –inquirió, como si Shunsui no le hubiera dado a conocer que la señorita Shihōin recorría aquel camino casi todas las tardes de regreso a su casa.
- Sí. Vengo de visitar a mi amiga, la señorita Kukaku Shiba.
- ¿Y qué tal se encuentra hoy de su dolor en las articulaciones?
- No muy bien, me temo. Le he llevado otra jarra de mi crema de miel y aunque le he dado un masaje en las manos, parece que el alivio es temporal. – Se protegió los ojos con una mano y levantó la vista hacia la condesa-. ¿Va usted al pueblo?
- No, simplemente he sacado a Suzumebachi para que haga un poco de ejercicio y a disfrutar del campo –Sonrió a la que se agotó de tanto correr, así que ¿Me permite acompañarle en su paseo?
Suzumebachi bajó las orejas y relinchó suavemente, Yoruichi sonrió y dijo:- Por supuesto. Pero a mi parecer a Suzumebachi no le agrada que usted difame su fortaleza, jamás hasta ahora he visto un caballo capaz de mostrar irritación. -Acarició el cuello del animal y dijo: Si lo desea, podemos ir hacia el lago que se encuentra entre el bosque para que Suzumebachi beba un poco de agua.
- Maravillosa sugerencia.
Soi Fong desmontó con la intención de ofrecerse a cargar con el cesto que la morena cargaba, pero la invitación se esfumo al mirar a la joven. El brillo del sol arrancaba de su pelo destellos brillantes. Llevaba un moño más bien despeinado, seguramente a causa de dar tantas vueltas, pero aun así aquellos mechones parecían haber sido revueltos por las manos de una mujer.
El resplandor se reflejaba también en sus gafas, lo cual atrajo la mirada de la condesa hacia sus ojos... unos ojos que la miraban ligeramente expectantes, su piel bronceada bañada por el sol. Soi descansó la mirada en los labios carnosos, en los que permanecía una media sonrisa y tuvo que esforzarse para desviar la mirada. La joven vestía con un vestido naranja pálido, muy modesto y sin adorno alguno, pero a juzgar por la agitación de su corazón parecía haber llevado un camisón de encaje.
Al instante ante ese pensamiento, su imaginación le mostro a la morena con sus atractivas curvas apenas cubiertas por la tela transparente. Sintió un súbito calor en la entrepierna y a duras penas logró contener un bufido de frustración ¿qué demonios le estaba pasando? Sacudió la cabeza para disipar aquella imagen tan alborotadora.
- ¿Sucede algo, lady Fong?- cuestionó la morena.
- Eh... no- balbuceó la condesa.
Yoruichi se acercó y le examinó el rostro. Soi Fong percibió un sutil aroma a miel que le inundó los sentidos.
- ¿Segura? Parece... sofocada- señalo Yoruichi.
¿Sofocada? Sin duda se equivocaba, aunque sí era cierto que los pantalones le ardían.
- Es que hace calor… Aquí, al sol –dijo con un leve tartamudeó- ¿diablos, desde cuándo tartamudeaba? Se apresuró y le ofreció su brazo y señaló con la cabeza el sendero.- ¿desea proseguir?
- Por supuesto, pero sería mejor que fuésemos a la sombra, para que se refresque.
Sí, eso sería más fresco- dijo la condesa- Aquello era lo único que deseaba. Por alguna razón inexplicable, el sol ejercía un extraño efecto en ella. Tirando de las riendas de Suzumebachi con una mano y con la mano de la señorita Shihōin levemente apoyada en su brazo, ambas siguieron el camino al bosque.
Cuando sintió la sombra que proporcionaban los árboles pasó el calor y le ofreció la frescura que tanto necesitaba suspiro por ello. Comenzaron el paseo rodeados de suaves sonidos: el leve murmullo de las hojas movidas por el aire, el canto de un pájaro, el crujido de las ramas rotas en su caminar y el suave resoplido que emitía Suzumebachi.
Soi Fong buscó algo que decir, algo inteligente, agradable o ingenioso que rompiera el incómodo silencio- frunció el ceño levemente-se preguntaba si acaso la morena podía escuchar el latido acelerado de su corazón, pero por alguna razón se sentía como una adolescente tímida e inmadura. Lo único que cruzaba por su mente era preguntar: "¿Sabe usted lo bien que huele?", era evidente que no podía decir tal tontería. Por primera vez se veía privada de su usual habilidad mundana; si tuviera una mano libre, se la habría pasado por el pelo, como era su costumbre cuando algo le incomodaba o impacientaba. Su plan era ver a aquella mujer, hablar con ella, conocerla mejor y allí la tenía junto a ella y parecía que le había comido la lengua el gato, esto era un mal chiste.
Entre tanto pensamiento y cavilación no se percató que habían llegado al lago. El agua resplandecía en un tono azul oscuro y reflejaba algunos rayos dorados de sol. Soltó las riendas de Suzumebachi y lo dejó ir tranquilamente hasta la orilla para que saciara su sed.
La morena se soltó de su brazo y en un impulso impropio la condesa deseo recuperar su mano. Yoruichi se alejó unos metros para ir a descansar contra un grueso sauce.
- Estas últimas tardes ha hecho un cielo despejado – comentó la morena, rompiendo el silencio- ¿Ha aprovechado eso para observar las estrellas, condesa?
Soi Fong sonrió ante aquel tema de conversación, por fin pudo tomar control de sí misma.
- Pues sí, lo he hecho y dígame ¿está contento Hirako con su telescopio?
- Sí. Es un instrumento muy bueno, aunque se le ha metido en la cabeza construir uno él mismo, uno tan potente que pueda descubrir o alcanzar más planetas.
- Como William Herschel cuando descubrió Urano –dijo Soi.
Ella la miró con sorpresa y agrado.- Exacto. Hirako reverencia a ese hombre.
- Yo poseo un telescopio Herschel- dijo la condesa con una sonrisa.
- ¿Un Herschel? ¡Oh! –Exclamo la morena con un brillo de curiosidad en sus ojos y se ajustó las gafas y dijo- Debe de ser una maravilla de instrumento.
- En efecto, lo es –confirmó Soi Fong-. Hace varios años tuve la suerte de conocer a sir William y fue así como se lo compré directamente a él.
- ¿Lo ha conocido en persona?- pregunto Yoruichi.
- Sí. Es un tipo fascinante e inteligente- replico la condesa.
- ¡Tiene que serlo! Su teoría de los sistemas de estrellas binarios es brillante –Su rostro se iluminó como si la condesa le hubiera mostrado un puñado de perlas o estrellas, más bien- Dígame, ¿alcanza a ver Júpiter con su Herschel?
- Sí. – Soi se reunió con ella a la sombra del sauce- Y anoche observé varias estrellas fugaces- dijo con una sonrisa.
- ¡Yo también! ¿No eran extraordinarias?
La condesa confirmó con la cabeza y dijo:- Cuando atraviesan los cielos dejando un rastro de pequeñas joyas me recuerdan a los diamantes.
Yoruichi sonrió.- Una descripción muy poética, mi lady.
Cautivada por la sonrisa de la morena, Soi se acercó un poco más.- ¿Y cómo las describiría usted, señorita Shihōin?
Ella levanto un poco la cabeza y miró hacia el cielo azul que se veían entre el follaje del sauce.- Como lágrimas de ángeles –dijo con suavidad-. Veo las estrellas fugaces y me pregunto quién está llorando en el cielo, y porqué. –Bajó la vista hacia la condesa.
Soi sintió que se quedaba sin aliento al contemplar la expresión soñadora de la morena- ¿Por qué cree usted que puede estar llorando un ángel?
- No lo sé, solo se me ocurre- una leve sonrisa de tímida cruzó sus labios- Lágrimas de ángel, sé que es totalmente ilógico y nada científico.
- Y sin embargo, una descripción muy atinada. La próxima vez que vea una estrella fugaz, yo también me preguntaré si está llorando un ángel- dijo suavemente la condesa.
Sus miradas se encontraron durante unos instantes, Yoruichi desvió la mirada rápidamente y dijo: No puedo esperar el contarle a Hirako que usted ha conocido a sir William Herschel, y que posee uno de sus telescopios. –Una sonrisa dibujo sus labios-. Un que quizá es mejor no decirle nada; si se lo cuento la asediará con preguntas.
- Tendré mucho gusto en contestarlas todas –le aseguró La condesa, sorprendida de haber respondido con rapidez y sin pensarlo-. No conozco a nadie que comparta mi interés por la astronomía. De hecho, a lo mejor a Hirako y a usted les agradaría venir a la mansión a ver mi Herschel.
Yoruichi abrió unos ojos como platos ante tal invitación y Soi apretó los puños para no acercarse más a la morena y arrancarle aquellas gafas y deleitarse de ese brillo refulgente de sus ojos.
- Hirako se moriría de la emoción, mi lady –contestó casi sin respiración.
- Y usted, señorita Shihōin- ¿también?- cuestiono Soi.
- Por supuesto –respondió ella con un gesto perfectamente ás hubiese imaginado tener tal oportunidad.
- Excelente. –Levantó la vista hacia los fragmentos de cielo azul visibles entre las hojas-. Al parecer, esta noche estará despejado también. ¿Tiene compromisos hoy?
- Pues... no, pero ¿está segura de que...? –Dejó la pregunta sin terminar y le dirigió una mirada dudosa.
- Parece usted bastante atónita por mi invitación, señorita Shihōin. Creía que las palabras que empezaban por "A" eran para describirme a mí.
Una chispa de malicia brilló en los ojos de Yoruichi, y esbozó una sonrisa tímida y segura. Sin embargo, sin explicación alguna eso le aceleró el corazón de Soi Fong.
- Le aseguro –dijo la condesa de forma seria y reverente- que me encantaría que usted y Hirako fuesen mis invitados esta noche.
-Si ese es el caso, mi lady, sólo puedo agradecerle por su amable invitación. Hirako y yo asistiremos encantados.
- Fantástico, enviaré mi carruaje a recogerlos ¿Le parece, a las ocho?
- Perfecto. Gracias condesa- dijo la morena.
Soi observó cómo se formaban las palabras sus labios carnosos, con la atención fija. Vio como los labios se fruncieron al pronunciar la palabra "perfecto" como si estuvieran a punto de ser besados.
Besados. Aquella palabra la golpeó como una bofetada en su rostro. Dios, ella tenía una boca increíble y mientras más tomaba conciencia de ese hecho, esos labios húmedos la llamaban como el canto de una sirena. Vino a ella el ardiente impulso de tocar aquella boca seductora con la suya, por sólo una vez, un breve instante, un pequeño roce, un deseo que la abrumó y se superpuso a su agudo sentido común.
Igual que en un trance hipnótico, se acercó lentamente a ella. Yoruichi le miró con ojos cada vez más grandes a cada paso que daba Soi. Cuando se detuvo casi sobre ella, la morena la contempló con expresión confusa.
Soi apoyó un brazo en el tronco del sauce, junto al hombro de Yoruichi, y con su mirada la recorrió de arriba abajo. Fue obvio que su proximidad ponía nerviosa a la señorita Shihōin, hecho que no debió complacerla, pero por alguna razón le agrado. Se veía claramente que no era la única que experimentaba aquella sensación, fuera lo que fuese.
Los ojos agrandados de Yoruichi reflejaban desconcierto y sus mejillas se tiñeron de color en un claro sonrojo. Su pulso latía de forma visible en la base de su delicada garganta y el pecho le subía y bajaba con inspiraciones rápidas. Su placentero aroma embriagó a Soi, que se acercó aún más para captar mejor su fragancia.
- Usted huele a gachas de avena –dijo en tono suave.
La morena parpadeó y después sonrió ligeramente.- Vaya, gracias, mi lady. Sin embargo, será mejor advertirle que esos cumplidos tan elegantes podrían subírseme a la cabeza.
La condesa frunció el entrecejo ¿Acaso ella acababa de compararla con un desayuno? ¿Cómo era posible que esa mujer trastornara tanto sus sentidos para hacer que se esfumara toda su galantería? Incapaz de contenerse, se acercó más hasta quedar a escasos centímetros de ella. Respiró hondo, cerró los ojos un instante y dijo: Gachas de avena rociadas con miel. Mi desayuno favorito. –Sus labios se encontraban a escasa distancia de su fragante cielo, esa mujer olía como para comérsela. El deseo de la condesa se intensifico, era tan ardiente e inesperado, que eso le asusto de tal modo que la hizo salir de su letargo- que estaba haciendo, acaso había perdido el juicio por completo.
Reprimió su deseo y retrocedió unos pasos con respiración acelerada. Maldición, acaso ya estaba jadeando por su proximidad y su deseo, su mirada le confirmó que la morena estaba igual de turbada; sus ojos eran fuentes de fuego que la observaban fijamente y perpleja, de sus labios entreabiertos salían respiraciones agitadas y el pecho le subía y bajaba de un modo que le hizo posar los ojos en sus amplias curvas, rápidamente desvió su mirada a otro punto.
¿Por qué diablos no la había besado, al menos brevemente, para satisfacer su curiosidad y terminar de una vez con esa locura? Obviamente su sentido común había vuelto para recordarle que la señorita Shihōin era una joven respetable con la que no se podía jugar. Pero de igual modo que habló su sentido común, también lo hizo su insidiosa voz interior: "No le has besado porque sabes, en tu interior que no te bastaría con saborearla un instante".
Lo mejor era marcharse enseguida, antes de que hiciera algo imprudente, como aceptar la invitación casi irresistible de esos ojos dorados llenos de fuego, aunque dudaba de que ella se hubiera percatado siquiera. Se obligó a alejarse unos pasos más e hizo una reverencia formal.
- Debo retirarme –dijo, arreglándoselas para ignorar el seductor rubor que coloreaba las sedosas mejillas de la veré esta noche.
Frunció el entrecejo. Tal vez no fuera buena idea invitarla a su casa. Pero al instante desechó esa preocupación; estarán debidamente acompañadas por el hermano y seguro que no tendría dificultad en resistirse a esa atracción que pudiera sentir hacia ella.
De todas maneras ella siempre había poseído un total dominio de sí misma, de sus pasiones y de todo. La señorita Shihōin se encontraba perfectamente a salvo con ella, claro así era y así será.
Yoruichi se acomodó las gafas y se aclaró la garganta.- Hasta esta noche –dijo con serenidad que por alguna razón irritó a Soi.
Lógicamente, Soi había hablado con serenidad, pero no esperaba que lo hiciera la morena.
Fue hasta donde estaba Suzumebachi y montó. Tras despedirse con un gesto de la cabeza, emprendió el regreso a su caso a un vivaz trote.
Qué peligro de mujer. Debió de estar loca o posiblemente perdiendo todo sentido común para haberla invitado a su casa. Pero no importaba; no sería más que una noche, unas pocas horas en su compañía. Fácil de sobrellevar.
Después de todo ¿acaso no acababa de demostrarse a sí misma que era plenamente capaz de resistirse a cualquier mujer…resistirse a ella?
Yoruichi se quedó recostada contra el tronco del Sauce, con la mirada fija en el camino mucho después de que La condesa Fong hubiera desaparecido de la vista, aun con el pulso acelerado y errático.
Cielo santo, que era lo que había pasado entre ellas, acaso la condesa estaba a punto de besarla. Besarla, con aquellos labios finos y maravillosos. Exhaló un suspiro, de esa clase que era soñador. Cerró los ojos mientras recordaba la manera en que ella había apoyado el brazo en el árbol, junto a ella, la manera en que se le acercó y la envolvió con su aroma a bosque. Despedía un intenso calor y tuvo que apretar las palmas de las manos contra la áspera corteza del sauce para no tocarla. Otro suspiro le subió hasta la garganta, pero esta vez, cuando estaba a punto de soltarlo, recobró la cordura reprendiéndose.
Tenía que estar loca o en un estado de delirio. ¿Por qué la condesa iba a desear besarla?
Sin duda, simplemente había mostrado curiosidad por su fragancia y se preguntaba por qué olería a gachas de avena, aunque decir eso no era un cumplido o algo así.
Pero, ese modo en que la miró con aquella expresión tan intensa que casi le quito el aliento. Seguro que no había sido su intención acercarse tanto.
En cambio ella se comportó como una completa idiota, quedarse sin aliento y petrificada por su proximidad, con el corazón desbocado como un corcel sin jinete por la emoción, anhelando el contacto de sus labios- santo cielo, debo dejar de fantasear tanto- dijo suavemente.
De pronto sintió vergüenza de sus acciones, se preguntó si la condesa se había dado cuenta ¿Acaso, ella vio el anhelo en sus ojos? Las mejillas, le ardían. Porque debía ser ilógica en todo lo que había sucedido, la condesa deseaba ponerse a la sombra. No podía negar que aquella mujer le afectaba de un modo perturbador que no alcanzaba a entender.
Tal vez no era buena idea ir a su casa- resoplo ante ese pensamiento, en verdad deseaba ver ese telescopio Herschel. No podía negarse a sí misma ni a Hirako esa oportunidad.
-Hirako- sonrió para sí, Hirako iba a acompañarla a modo de escolta. No habría motivo alguno para que lady Fong se acercase demasiado y por tanto tampoco para que se le acelerase el corazón.
La condesa Fong y ella compartían sólo su interés por la astronomía, era natural que sintiera cierta afinidad con ella; al fin y al cabo, no era muy diferente de como hablaba con su hermano. Después de su explicación lógica, volvió al sendero que conducía a su casa.
Con un suspiro, cayó en otro posible problema de su visita a la mansión de lady Fong, su madre. No quería que malinterpretara la invitación de la condesa y la tomara por algo más de lo que era: un gesto amable y generoso hacia otros entusiastas de la astronomía, solo era ver un telescopio fabricado por el astrónomo vivo más famoso del mundo. La condesa de Wesley solo estaba siendo amigable. De hecho, tan amigable que le resultaba alarmante y asombrosa- frunció el entrecejo- otras dos palabras con "A" para describirla.
Ahora solo debía cerciorarse de que su madre entendiera que allí no había nada más. De lo contrario, en la mente casamentera de Minako se proyectarían pensamientos improbables, sin esperanzas. De igual manera la morena misma se advirtió que tampoco ella debía permitirse pensamientos o anhelos fuera de lugar, anhelos que la condesa de Wesley había despertado en su corazón.
…...
Hola a todos los que leen, pues para saciar la curiosidad de algunos este fic contendrá entre 20 y 21 capítulos, agradezco mucho sus comentarios y espero que esta historia les agrade como me agrado a mi XD. Saludos.
