Hola, viendo que posiblemente no podre por motivos de tiempo actualizar el domingo o sábado lo hare esta noche. Mis mejores deseos para su fin de semana y recuerden buscar de Dios si creen en el XD por lo que pido disculpas al subir un capitulo inadecuado para esta época….pero como dicen por ahí….perdona a tu pueblo señor…
Saludos y sonrían…hay gracia para perdonar aun. : D espero no ofender a nadie…es parte de mi inusual y sarcástico humor.
…...
Capitulo No 8 – Inocente Visita.
En la gran extensión de tierras de la mansión Wesley todo parecía en paz y tranquilidad el leve cantar de los grillos parecían romper el silencio por instantes y la luna se alzaba en lo alto del cielo despejado, en una habitación dos figuras se hacían compañía.
- Es la cuarta vez que ve el reloj en los últimos cinco minutos, mi lady –comentó Shunsui con su voz despreocupada desde el otro extremo de la habitación-. Sus invitados no tardarán en llegar. Si mira tanto la hora hace que el tiempo transcurra más despacio.
Soi, estaba situada junto a la chimenea de su estudio privado, miró a su fiel mayordomo por encima de su copa de ron. Shunsui se hallaba cómodamente en su sillón favorito junto al escritorio, con un vaso de whisky medio lleno.
Con frecuencia se reunían por la noche, compartían una copa mientras Shunsui informaba las noticias de las que se había enterado por los rumores de la servidumbre de los cuales podían resultar interesantes para el Ladrón de Novias. Sin embargo, aquella noche el centro de todos los chismorreos era Soi Fong, La condesa de Wesley.
- Esta invitación a la señorita Shihōin ha causado conmoción en la casa de los Shihōin–comentó Shunsui -. Su madre es un manojo de nervios; ya invito a la señora Matsumoto a tomar el té mañana y hablar de ello.
Soi Fong había temido que ocurriese algo parecido, pero como todas las interacciones que había tenido con la morena terminaban de una manera peculiar ya que la invitación fue algo que le salió de la boca antes de pensarlo siquiera, pero como estaba adiestrada en el arte de esquivar a madres casamenteras no pensó en que tendría mayor cuidado.- No hay nada de qué hablar. Simplemente he invitado a la señorita Shihōin y a su hermano a que vengan a ver el telescopio.
- Por supuesto –acordó Shunsui-. Sería una estupidez insinuar que está usted interesada en la señorita Shihōin.
- Correcto.- Minako Shihōin como Rangiku Matsumoto y todo el mundo, saben la opinión que siempre he tenido acerca del matrimonio. Sería algo fuera de contexto creer que he cambiado de idea- dijo Soi con suficiencia y aburrimiento.
- Bueno, usted podría gritar desde los tejados que no tiene intención alguna de casarse y a nadie le importaría. Probablemente especularían que es usted solo tiene miedo, dijo Shunsui con un tono divertido.
- ¿Miedo? –exclamó con un rostro indignado-. Después de haber sido testigo de la pesadilla que fue el matrimonio de mis padres y de saber lo infeliz que es Rukia, no tengo la menor intención de asumir sobre mí esa desgracia, y aunque estuviese lo bastante loca para casarme, no podría someter a nadie al peligro al que me expongo. Si me apresaran, su vida quedaría destrozada y eso sería muy egoísta de mi parte.
- Muy sabia decisión –espeto Shunsui con una sonrisa-. Claro que las casamenteras no saben esos motivos. –Degustó un sorbo de whisky-. Igual, es una locura pensar que a mi lady guste de la señorita Shihōin; al fin y al cabo ella no es el tipo de mujer que atrae a alguien como usted.
- Claro, no lo es –concordó Soi en un tono áspero, terminó el ron y se sirvió otra copa.
- Aun así, con la atención que está causando, es posible que al final alguien se fije en ella. Debe haber algún sujeto lo bastante listo para ver más allá de las gafas de la Señorita Shihōin. –Shunsui movió la cabeza y resoplo con disgusto- Pero qué demonios les pasa a los jóvenes de hoy, no quieren otra cosa que caras bonitas y sonrisas tontas. No sabrían diferenciar a una mujer especial o de verdad aunque se la pusieran en las narices. Desde luego, yo puedo asegurar que la señorita Shihōin lo es. –Señaló a Soi Fong con su grueso dedo índice- Si yo fuera unos años más joven y un caballero, la cortejaría.
Soi, que llevaba su vaso de ron a la boca se quedó inerte ante ese comentario, bajó la copa muy despacio y replicó:- ¿Qué estás diciendo?
Shunsui agitó la mano para restarle importancia al comentario.
- Solo digo, que hay que estar ciego para no maravillarse en la sonrisa de la señorita Shihōin, en lo bonito que tiene el pelo, o en esos ojos suyos tan grandes, expresivos y brillantes. Además es inteligente, ha tomado al joven Hirako bajo su cuidado y gracias a sus enseñanzas el chico sabe más que nadie en este lugar, la señorita Shihōin vale mucho más de lo que todos creen.
Soi Fong se apoyó contra la repisa de la chimenea en una postura relajada, en contraste con el inexplicable malestar que la asaltaba.
- No imaginaba que estuvieras tan enterado de los encantos de la señorita Shihōin. – Dijo en un tono frio- pero su cerebro reacciono y supo que había cometido un error al decir eso.
Shunsui parpadeó dos veces, se inclinó hacia delante y examino a Soi. Ésta intentó conservar una expresión imperturbable, pero no lo logró, porque Shunsui le dijo:
- Soy viejo, no ciego, yo no sabía que usted estuviera enterada de que la señorita Shihōin posee encanto alguno.
Soi levantó las cejas y dijo con tono presuntuoso.- Yo no soy vieja, mucho menos ciega.
La confusión de Shunsui se transformó en alarma.
- ¡Por un demonio!, no está poniendo sus ojos en la señorita Shihōin ¿verdad?
La condesa quería negarlo, pero antes de que pudiera hacerlo, Shunsui exclamó alarmado:
- Maldita sea, ¿acaso perdió toda sensatez?- se levantó de su asiento y se puso enfrente de la condesa- Ella no es el tipo de mujer que le gusta a usted.
Molesta por esa observación, Soi preguntó en tono glacial:- ¿Que me gusta a mí? ¿Qué quieres decir con eso?
Shunsui suspiro- No se ofenda. Yo la quiero como una hija, es sólo que –Sus ojos se ensombrecieron y dejó la frase sin terminar.
Soi enarcó una ceja.- Está claro que deseas decirme algo, Shunsui ¿Por qué no lo dices sin más, como siempre lo has hecho?
Shunsui se echó un buen trago de whisky y a continuación se enfrentó a la mirada fría de Soi.- Muy bien, ¿Por qué, exactamente la ha invitado?
-La condesa suspiro.- ¿Cómo iba explicar algo que ella misma no acababa de entender? Dejó su copa sobre la repisa y pasó su mano en el pelo.
- Supongo que siento un poco de responsabilidad, yo deseo cerciorarme de que no sufre problemas en sociedad por culpa del secuestro.
- No los ha sufrido- replico Shunsui- Ya le he dicho que desde entonces todo el mundo la invita.
- Lo sé, pero- su voz se fue apagando.
- Shunsui se llevó su mano a la sien- No me diga, que se le ha metido a usted en la piel.
Se miraron a los ojos y entre ambos fluyó el entendimiento, nacido tras años de compartir, primero de niña y criado, luego de joven a maestro, después de amigo a amigo, luego de confidente a confidente. Soi Fong había experimentado por Shunsui el sentimiento de un hijo hacia un padre, más incluso de lo que había sentido hacia su progenitor, era más que evidente de que Shunsui era la única persona a la cual no podía ocultarle nada.
- En la piel –susurro Soi despacio con un leve sonrojo- Me temo que así es.
Shunsui soltó un suspiro.- Ahora sí la hemos hecho–Se dejó caer contra el sillón y observó con detenimiento a Soi-. Sería una verdadera lástima que ella sufriera.
Soi se sintió indignada.- ¿Por qué de pronto tienes esa clase de opinión sobre mí? No tengo intención de hacerle daño, es mas no tengo intención de nada, acaso no me conoces.
- La tengo más alta estima que nadie y usted lo sabe –replicó Shunsui con mirada serena y firme-. Usted no desea hacerla sufrir, pero la señorita Shihōin no es una mujer común y corriente. Ella no es una de sus viudas mundanas ni una de esas mujeres con tanta experiencia de la vida, aunque ella es un poco mayor a lo que las muchachas casaderas de esta ciudad puedo asegurarle que ella es muy ingenua en ciertas cosas.
-¿Crees que no soy consciente de ello? –Soi espeto y volvió a tocarse el dices como si fuera a faltarle el respeto o seducirla. Es insultante y molesto que pienses así. ¿Es que no confías en mí?
La dura expresión de Shunsui se suavizó. Se incorporó y cruzó la estancia para estar frente a Soi, puso una mano en el hombro.- Claro que sí. Con toda mi alma condesa. Es usted la mejor persona que conozco. Pero debo de recordarle que hay ocasiones en que el juicio puede nublarse, sobre todo si hay una mujer de por medio y las mejores intenciones pueden terminar muy diferente a lo que deseamos. -Los ojos de Shunsui reflejaban comprensión y preocupación-.
La señorita Shihōin es una joven buena, decente, incluso con las personas que hablan de ella a sus espaldas- sonrió- además es inocente. Justo la clase de mujer que podría ver en sus intenciones más de lo que pretende. –Le dirigió a Soi una mirada penetrante-A menos, claro está, que usted lo pretenda de verdad.
Soi bufó sin pizca de humor.- Pareces demasiado interesado en mis intenciones respecto de la señorita Shihōin. ¿Por qué? Nunca habías mostrado tanto interés en mi vida privada.
-Me ha interesado siempre. Sólo que nunca he emitido ningún comentario al respecto.
-Pero ahora sí lo haces- dijo Soi algo molesta.
-Sí, lo hago es simplemente porque conozco a la señorita Shihōin y la estimo.
- ¿Y no se te ha ocurrido que también la aprecio yo?- dijo suavemente.
- A decir verdad, sería usted una mentecata si no lo hiciera. La señorita Shihōin es como una brisa fresca. Lo único que espero y me atrevo a pedir es que sea cuidadosa con ella.
La señorita Yoruichi tiene un corazón de oro y no me agradaría que se lo destrozaran. –Le dio un apretón en el hombro-. Usted también tiene buen corazón y me gustaría mucho que se lo entregase a alguien antes de que sea demasiado viejo para verlo.
Soi entrecerró los ojos.- Estás interpretando demasiadas cosas a partir de una simple invitación Shunsui.
Shunsui tardó segundos en contestar. Miró a Soi con la misma mirada penetrante de antes.
- Sí, probablemente tiene razón. –Le apretó una vez más el hombro y luego se dirigió hacia la puerta-. Iré a descansar, que disfrute de la velada, mi lady. Estoy seguro de que a la señorita Shihōin y al señorito Hirako les encantará su estupendo telescopio.
En el instante en que Shunsui cerró la puerta al salir, Soi apuró su copa. Sintió cómo le bajaba el calor por el cuerpo y calmaba la inquietante sensación que la apretaba.
En su vida no había sitio para nada más para nadie, no había sitio para ella.
….
En un rincón del amplio invernadero de la condesa, Yoruichi contemplo a su hermano acercarse al Herschel casi con reverencia. El chico lanzó una exclamación que le hizo sonreír, y se concentró en la emoción y entusiasmo de su hermano, sentimientos que ella debería experimentar, si no fuese porque era consciente de la presencia de aquella mujer de cabello azulado que contestaba con paciencia las preguntas que le dirigía Hirako sin cesar.
¿Era posible que una mujer pudiera dejarla sin respiración? Jamás lo hubiera imaginado ni en su más amplia imaginación.
Hasta ese momento. Hasta que se encontró en su casa, intentando poner la atención en lo que decía, en el telescopio, y sin tener éxito alguno.
Vestida totalmente de negro salvo por la camisa y la corbata de lazo, color crema, tenía un aire elegante y al mismo tiempo daba la sensación de que por debajo surcaba una energía apenas contenida. Una fuerza reprimida, contenida que sugería que aquella mujer era más de lo que revelaba su impecable apariencia.
- La veo, ahí está Sagitario –dijo Hirako emocionado, mirando por el visor-. Y el Águila. ¡Ya las había visto antes, pero no de esta forma! Parecen tan al alcance de la mano. –Se volvió, agarró a su hermana de la mano y tiró de ella-. Mira, Yoru-chan, nunca has visto nada parecido.
La morena hizo un esfuerzo para apartar la vista de su anfitriona y recordó que estaba deseosa de experimentar la grandiosidad de un telescopio tan magnífico, tras efectuar ciertos ajustes en el enfoque- Es como si el cielo estuviese a unos metros de mí.
- Las estrellas son impresionantes –comentó lady Fong a su espalda-, pero si mira aquí.
La frase quedó a medio decir, cuando ella se acercó un poco y Yoruichi sintió que la rodeaba el calor de su cuerpo. Soi apoyó una mano en su hombro y extendió la otra por delante para hacer girar el telescopio.
- Ya está –dijo con voz profunda, junto al oído de la morena-, ahora podrá ver Júpiter.
Yoruichi observó cómo cambiaba el cielo conforme ella ajustaba el telescopio, casi sin aliento al sentir el roce de su cuerpo. Su aroma maderoso inundó sus sentidos.
Sintió un leve hormigueo donde la mano de ella le tocaba el hombro, al tiempo que un estremecimiento de placer le bajaba por la columna e hizo un esfuerzo por inhalar aire.
Pero aquel comportamiento ilógico y nada científico por su parte no podía ser. Abrió los ojos, parpadeó, y entonces exclamo-. Es algo milagro ver algo que se encuentra tan lejos.
- Cuénteme qué ve –dijo lady Fong con suavidad.
- Es algo increíble, rojo, ardiente, misterioso; quizá demasiado distante para imaginar siquiera cómo es. Con el cuerpo de la condesa tan cerca de su espalda, observó el lejano planeta y trató, sin éxito, de convencerse de que el rápido latir de su corazón se debía únicamente a la emoción de aquel acontecimiento.
Respiró hondo y se reprendió interiormente. Luego se volvió hacia Hirako, que casi saltaba de alegría. Se ajustó las gafas y le dirigió una sonrisa algo nerviosa.
- ¿Es grande, Yoruichi? –preguntó Hirako.
- Es lo más grande que he sentido, digo, visto nunca.
Se apresuró a apartarse del telescopio para que Hirako aplicase el ojo a la lente. Su exclamación de asombro inundo todo el lugar, la morena se atrevió a mirar a lady Fong; que la estaba observando y cuando sus miradas se encontraron, le sonrió.
- ¿Está emocionada?- pregunto
- Muy emocionada, mi lady, y diría que Hirako está a punto de dar brincos.
Soi río suavemente.- Yo reaccioné del mismo modo la primera vez que miré por el telescopio.
- Esto es increíble –exclamó Hirako en tono bajo. Luego se volvió hacia ellas, removió en su chaleco y extrajo una libreta con tapas de cuero-. ¿Le molestaría si tomo notas, mi lady?
- No tengas prisa y anota todo lo que desees–respondió la aludida con una cálida sonrisa-. Volvió su atención hacia Yoruichi- Quizá, mientras Hirako disfruta del Herschel y toma notas, a usted le gustaría conocer mi hogar, señorita Shihōin.
Yoruichi vaciló. Solo era una invitación inocente y formal, sin embargo su corazón se aceleró ante la idea de estar a solas con la condesa. Estuvo a punto de romper a reír por su estupidez; no iban a estar solas, una casa de aquel tamaño tendría decenas de sirvientes.
- Espero que un paseo por mi casa no sea un asunto tan importante –comentó la condesa en tono bromista. Le ofreció su brazo y dijo-: Vamos. He pedido que sirvan té en la salita. De paso, le mostrare la galería de retratos y la mataré de aburrimiento con tediosos relatos sobre mis antepasados.
Haciendo un esfuerzo para dar a su voz un tono ligero que distaba mucho de sentir, la morena aceptó su brazo y murmuró:- ¿Cómo podría resistir tan tentadora invitación?
Y mientras salían del invernadero, rogó que la condesa la matara de aburrimiento; pero mucho se temía que lady Fong le resultaba demasiado fascinante.
….
Se detuvieron junto al último grupo de retratos de la galería.- Supongo que esta hermosa dama será su madre –dijo ella.
Soi Fong contempló el hermoso rostro de su madre, que mostraba una sonrisa serena y cuyo semblante no reflejaba rastro alguno de la amargura y la infelicidad que su padre le había hecho padecer.
- Sí – dijo casi en un susurro.
- Es encantadora
A Soi se le hizo un nudo en la garganta- Sí lo era. Murió cuando yo tenía trece años.
La suave mano bronceada que descansaba en su manga le dio un leve apretón de comprensión.- Lo siento mucho. No hay un buen momento para perder a un progenitor, pero ha de ser especialmente difícil para una chica que esta por pasar de la niñez a la adolescencia.
- Sí.- Soi consiguió pronunciar aquel monosílabo con dificultad. Los recuerdos, vinieron a su mente como le ocurría cada vez que contemplaba el retrato de su madre. Voces airadas, su padre lanzando menosprecios que herían profundamente, su madre en su desgracia de vida, prisionera de la infelicidad de su matrimonio y ellas en medio de todo.
- ¿Quién es esta mujer? –preguntó la morena sacándola de sus turbadores recuerdos.
La condesa miró el siguiente retrato, y experimentó el dolor que siempre la acompañaba al pensar en su hermana Rukia. El retrato había sido pintado en su decimosexto cumpleaños.
Parecía joven, dulce e inocente con su vestido de color marfil que Soi recordó las largas horas que su hermana pasaba posando, los intentos de ella para hacerla sonreír.
- Ésta es mi hermana Rukia.
Ella se sorprendió- No sabía que tuviera usted una hermana, mi lady.
Soi la miró fijamente. Habría apostado a que casi todas las mujeres del pueblo conocían a los miembros de las familias de la nobleza.
- Rukia es la vizcondesa de Darvin y esposa del Vizconde de Darvin Gin Ichimaru. Vive en Cornualles.
- Yo siempre he deseado ver la costa de Cornualles. ¿Cuánto tiempo lleva viviendo allí?
- Cinco años. Desde que se... casó- dijo fríamente, queriendo decir: desde que mi padre la vendió.
Ella notó la tensión en el tono de la condesa y sus ojos brillaron con un sentimiento de amistad.- ¿Ella, no es feliz en su matrimonio? –preguntó suavemente.
- No- respondió la condesa.
- Cuánto lo siento. Es una lástima que no haya podido salvarla el Ladrón de Novias.
Aquellas palabras la atravesaron como una daga en su corazón.- Sí, es una lástima
- ¿La ve con frecuencia?
- No lo bastante, me temo
- Yo echaría mucho de menos a mis hermanas si vivieran tan lejos – comentó la morena.
- Tiene dos hermanas ¿verdad?
- Si, las dos están casadas Tia y Mila Rose viven aquí, en Tunbridge Wells. Mila rose, acaba de casarse con el barón Whiteshead, vive a una hora a caballo. Nos vemos muy a menudo.
- Recuerdo haber conocido a sus hermanas en una velada musical, hace varios años.
La señorita Shihōin sonrió brevemente.- Estoy segura de que no se olvidaría de ellas. Mis hermanas son preciosas; pero juntas dejan sin aliento a cualquiera.
Soi no pudo discutir. Sin embargo, la única de las hermanas Shihōin que a ella le resultaba inolvidable era Yoruichi.
Incapaz de comentar sus pensamientos, dio media vuelta y condujo a la señorita Shihōin a la salita donde se había dispuesto el té. Cerró la puerta tras de sí y observó como ella se dirigía al centro de la habitación. Al llegar allí se volvió lentamente, mientras recorría con la mirada las paredes color crema, el sofá, el diván y los sillones de orejas, las cortinas de terciopelo azul oscuro, el gran espejo, el fuego acogedor que crepitaba en la chimenea y el conjunto de porcelanas antiguas que amaba su madre y que adornaban las mesitas de caoba.
- Una estancia hermosa, mi lady –dijo completando el círculo para situarse nuevamente frente a ella-. Al igual que toda su casa.
- Gracias –Soi señaló el servicio de té-. ¿Le apetece una taza de té? ¿O preferiría algo más? ¿Un vino, quizá?
La señorita Shihōin la sorprendió al aceptar el vino. Mientras ella tomaba asiento sobre el diván, Soi Fong sirvió la bebida, se preparó un vodka para sí y acto seguido se sentó en el otro extremo. Yoruichi bebió un pequeño sorbo de vino, gesto que atrajo la mirada curiosa de Soi hacia sus labios. Al instante se imaginó que se inclinaba y tocaba su labio inferior con la lengua para probar el vino. Pero cerró los ojos y apuró su bebida de un trago para borrar aquella imagen sensual.
Cuando abrir los ojos, depositó la copa vacía sobre la mesilla y tomó una jarra de vidrio que descansaba junto al servicio de té. Se la tendió diciendo: Esto es para usted
- ¿Para mí? –Yoruichi dejó su copa sobre la mesa y cogió la jarra. La sostuvo en alto para captar la luz del fuego y exclamó-: Parece miel.
- Lo es. Recuerdo que Hirako mencionó que casi se le habían agotado las existencias, de modo que he...
Su voz se perdió al ver que la morena esbozaba una delicada sonrisa, una sonrisa que la hechizó por completo y le provocó una emoción indescriptible, era una sonrisa que no se debía a que le regalasen flores y que sospechaba que no se podía conseguir con ninguno de los demás presentes por los que suspiraba la mayoría de las mujeres, como joyas, vestidos y otras nimiedades.
- Es usted muy atenta –dijo la morena-. Gracias.
- De nada. Aunque, debo admitir que mi regalo va acompañado de una petición.
- Con gusto se la concederé, si está en mi mano.
- Usted ha dicho que la crema de miel que fabrica alivia los dolores de su amiga.
- Eso parece, incluso sin las propiedades caloríficas que espero incorporarle.
- Un sirviente mío sufre de rigidez en las articulaciones y quizá su crema pudiera ayudarlo. Será un placer suministrarle varias jarras más si usted consiente en fabricar un poco de crema para él.
La sonrisa de la morena se amplió.-Ya le estoy proporcionando mi crema al señor Shunsui.
- ¿En serio?- cuestiono la condesa.
- Llevo varios meses. Si bien no es una cura, le proporciona cierto alivio pasajero- la miro con una sonrisa encantadora- No tendría inconveniente en fabricar un lote de más para él. No es necesario que me dé más jarras, mi lady, una ya es bastante generosidad. Es usted muy amable.
- Estoy segura de que no será su intención parecer sorprendida –sonrió Soi.
- No estoy sorprendida, mi lady. –Se apreció una chispa traviesa detrás de sus gafas-. Por lo menos, no mucho.- se puso seria y agrego: Agradezco su amabilidad conmigo, pero deseo expresarle mi gratitud por la generosidad que ha demostrado hacia Hirako. – Extendió una mano y lo tocó ligeramente en el brazo-. Gracias.
- No tiene nada que agradecerme. Hirako es un chico estupendo, y posee una mente aguda e inquisitiva.
- Sí, así es, pero muchas personas simplemente lo miran con desdén.
- Hay muchas personas tontas- dijo Soi.
Una lenta sonrisa, llena de inconfundible admiración, se extendió por el rostro de la señorita Shihōin, y la condesa tuvo la sensación de haber sido agraciada con un regalo de valor incalculable. Contempló la mano apoyada en su manga y se maravilló que un contacto tan inocente fuera capaz de encender semejante fuego en ella. Alzó la vista y la clavó en los ojos de Yoruichi, que la contemplaban a su vez con un afecto que no hizo sino incendiar aún más la sangre.
La morena bajó la mirada al lugar donde descansaba su mano, sobre la manga de la condesa. Con una tímida exclamación ahogada, retiró la mano, y Soi tuvo que resistir el impulso de sujetar los dedos y tomarlos en su mano.
Soi Fong llevo su mano al cuello tratando de aflojar un poco su corbata de lazo pues inexplicablemente sintió que la habitación era demasiado caliente, quizá solo necesitaba poner distancia entre ambas, pero antes de que pudiera moverse, la morena dejó la jarra sobre la mesita, se levantó y fue hasta la chimenea, observó el enorme retrato que colgaba en la pared.
- ¿Es su padre? –preguntó
- Sí –La condesa miró fríamente al hombre que le había dado la vida.
Kenyu Fong había proporcionado la simiente para crear a su hija, y hasta allí llegó su labor de "padre"; muchos habrían retirado el retrato, pero a ella no se le ocurrió hacerlo es más tomo eso como un recordatorio del cruel trato que dio su padre a Rukia, eso era un aliciente que alimentaba la misión del Ladrón de Novias, miraba todos los días el rostro duro de su padre para no olvidar que el codicioso bastardo había negociado a su joven hermana como si ésta fuera una mercancía de cambio, sin contar las infidelidades que habían humillado a su madre, ni que a ella le había tratado con una crueldad y desprecio. No debía olvidar la clase de hombre al que había jurado no parecerse.
Sin embargo, el retrato le angustiaba cada que lo miraba, porque no podía negar el parecido físico entre su padre y ella, un hecho que le dolía. "Quizá me parezca ti, pero no soy como tú" había dicho la última vez que habían discutido.
La señorita Shihōin observaba con gran interés el retrato.
-Me doy cuenta de que se nota el parecido –dijo ella, preparándose para la inevitable comparación, pensó que no importaba; el parecido era sólo físico.
- En realidad –respondió ella al tiempo que se volvía a mirarla- no lo veo.
Soi se quedó perpleja.- ¿No lo ve? Todo el mundo dice que me parezco a mi padre.
Ella estudió el retrato con expresión ceñuda.- Físicamente, supongo.
- ¿Y de qué otro modo puede ser?- cuestiono la condesa.
Yoruichi se ruborizó y aparto la mirada. Soi se acercó a ella y le alzó la barbilla suavemente con un dedo hasta que los ojos de ambas se encontraron.
- Dígamelo –le suplicó, sorprendida por la extraña necesidad de saber a qué se refería.
- Sólo he querido decir que su padre parece o poseía cierta dureza de carácter. Se aprecia en los ojos, postura. Usted no tiene un espíritu tan severo.
- ¿Lo cree? –Soi Fong no sabía por qué le latía tan fuerte el corazón, ni porque esas palabras le causaron complacencia.
Su sorpresa debió reflejarse en su rostro, porque de inmediato la señorita Shihōin sintió inquietud al pensar que había dicho algo impropio.- Perdóneme, mi lady. Me temo que soy muy directa al hablar, no pretendía ofenderla en absoluto. Lo que intentaba decir es que usted es mucho más linda- espeto casi sin pensarlo.
- Entiendo – Dijo con seriedad que de pronto se transformó una sonrisa maliciosa y no pudo resistirse a tomarle el pelo- ¿Me cree linda, señorita Shihōin?
La morena abrió los ojos con desmesura y se humedeció los labios en un acto inconsciente que denotaba nerviosismo.
- Bueno, yo estoy segura de que la mayoría de personas estaría de acuerdo en que es usted agradable a la vista.
- Ah- en todo caso, yo no pregunto la opinión de las demás personas, si no la suya, aunque quizá debo desestimar su opinión ya que usted es corta de vista, ¿no es así?
- Sí, pero.- trato de replicar la morena.
La condesa la interrumpió rápidamente y cedió al impulso que le acosaba desde la primera vez que la vio; le retiró las gafas y las puso en su bolsillo.- ¿Y ahora qué piensa, señorita Shihōin?
Ella la miró entornando los ojos y reprimió una sonrisa.- Aunque no la vea con nitidez, me parece que mi opinión seria la misma.
- En ese caso, acérquese- acoto la condesa.
Ella dio un vacilante pasito y volvió a entornar los ojos.
- ¿Y bien? –inquirió Soi Fong.
- Me temo que la veo borrosa, mi lady. Pero la lógica científica dicta que su aspecto no ha cambiado en absoluto.
- Pero en la ciencia siempre hay que probar las teorías. – Soi dio un paso hacia ella- ¿Me ve ahora?
Yoruichi hablo con malicia- Continúa siendo un simple borrón, condesa.
Ella dio otro paso más. Ahora ya no las separaba ni un metro. Soi la miró fijamente, deseaba ver nerviosismo, ansiedad, anhelando contemplar el deseo incendiar sus ojos; pero, en cambio, la morena se limitó a verle con mirada firme, algo que parecía una distante frialdad, como si ella fuera una especie de espécimen científico.
-No me diga que- ¿Sigo siendo un simple borrón?
- Se está volviendo más clara, pero todavía la veo un poco borrosa.
- En ese caso, avíseme cuando consiga enfocarme- dijo suavemente mientras inclinaba hacia delante, despacio, observándole fijamente, deseando que reaccionase al calor de su mirada, que reaccionase a ella. Supo el instante en que quedó enfocada; sus caras estaban a no más de quince centímetros. Yoruichi respiró hondo y sus ojos se abrieron en sorpresa ante la proximidad.
- ¿Me ve ahora con nitidez? –preguntó Soi.
La morena solo atino a afirmar con la cabeza-... sí. Está aquí tan cerca. Su voz era ronca y falta de alimento, Soi la sintió como una caricia. En sus ojos dorados brillaba la conciencia de la situación, vio el ardor que ella buscaba. La condesa extendió una mano para tomar la muñeca de Yoruichi y quedó complacida al comprobar que el pulso lo tenía acelerado.
Posó la mirada en su boca y sintió el fuerte golpe del deseo. El dulce aroma a miel que despedía la abrumó, inundando sus sentidos. Sintió la necesidad dominante de probar si sabía tan dulce como olía. Tenía que comprobarlo. Sólo una vez, un toque de sus labios, un roce de su dulzura.
Antes de que su sensatez enumerara las razones por las que no debía hacerlo, bajó la cabeza y acarició suavemente los labios de la señorita Shihōin con los suyos. Eran suaves, melosos con una pizca de vino. Apenas satisfecha su curiosidad, la atrajo a sus brazos y la besó de nuevo, probándolos, envolviéndolos, jugando con esos cálidos, dulces y adictivos labios…Más. Precisaba más. Con la punta de la lengua recorrió el contorno del labio inferior instándolo a abrirse. La morena dejó escapar un ligero jadeo que llevó hasta ella una ráfaga de su aliento tibio y perfumado con vino. Soi Fong lanzó un gemido y deslizó su lengua al interior de la delicada boca de Yoruichi. Calor, Miel…el paraíso.
Se inundó de su dulce sabor y todo desvaneció excepto Yoruichi. El cielo parecía recibirle pues la morena sabía fantásticamente, tanto que le abrumo un impulso de devorarla. Soi le estrechó un poco más contra sí, apretándose a sus curvas, saboreando su suavidad y estimulada por el modo impresionante en que ella se acoplaba entre sus brazos. De esa forma la había sentido el día en que la raptó, sólo que este abrazo era mejor porque ella se lo estaba devolviendo, rápidamente la inundo un creciente arrebato que estaba por diluir todo vestigio de autodominio por el cual ella siempre se había gobernado.
Yoruichi carente de experiencia alguna imitaba todas sus acciones, al principio parecía tímida, pero para beneplácito de la condesa aprendía rápidamente y con resultados devastadores. Mientras Soi degustaba su boca, ella examinaba su boca con gesto igual de meticuloso, deslizando su suave lengua contra la de la condesa. Incluso cuando los finos dedos se hundieron en su sedoso cabello liliáceo esparciendo horquillas, los de la morena le acariciaron el pelo azulado.
Un grave gemido resonó entre ambas, Soi Fong no supo si provenía de ella misma o de la morena. Lo único que supo fue que la sensación de tocarla era extraordinaria, que sabía de manera increíble y que inexplicablemente deseaba más.
Mientras con una mano le sujetaba la cabeza, la otra bajó lentamente por su espalda deleitándose de sus suaves e incitantes curvas. Acarició con la palma sus glúteos y la apretó más contra sí, dándole a entender su intención de profundizar; en vez de retroceder, Yoruichi se tensó más contra el cuerpo delgado y firme de Soi, que le daba una sensación de calor extrema.
Una excitación inusitada recorrió a la condesa de arriba abajo, como una chispa sobre hojas secas. Su pulso se disparó, borrándolo todo autodominio, solo era consciente de la mujer que tenía en sus brazos, la textura de su cabello, la fragancia de su piel, el sabor de su boca, sus labios tentadores, su cuerpo exuberante de curvas.
Más deseaba más, tenía que probar más, como era posible que antes no había probado esa boca, esos labios. Se desvió de los labios y recorrió el cuello dejando un rastro de besos, saboreando las vibraciones que percibía en su boca cada vez que la morena dejaba escapar un ronco gemido.
-Yoruichi,- gimió Soi- El nombre le salió como un susurro entre sus labios, incapaz de contenerlo. La condesa paso la lengua en el frenético latir de su pulso en la base de la garganta. Miel, por todos los santos ¿acaso todo su cuerpo olería a miel? ¿Tendría en todas partes aquel delicioso sabor? Pasó al instante por su mente una imagen de ambas, desnudas en su cama perladas de sudor. Yoruichi con los ojos vidriosos a causa del deseo y las piernas extendidas, expectante esperándola. Y Soi aferrada a sus caderas, besando sus muslos, y lista para degustar con su lengua la intimidad de la morena.
La frente se le lleno de sudor. Esa imagen era demasiado, hasta para ella misma, tenía que poner fin a aquella locura. Ahora, mientras todavía pudiera hacerlo. Aspiró aire y se obligó a reunir todo autocontrol y finalizar aquel beso.
Al hacerlo, fijo sus ojos grises tormentosos a la morena y se maldijo internamente, Yoruichi estaba tan excitada como ella; sus labios hinchados y húmedos emitían breves suspiros y permanecían entreabiertos, como si le reclamasen que los besara otra vez. Sus ojos cerrados y las mejillas teñidas de carmesí, Soi descansó la mirada en el pulso que latía raudo en la base de su cuello y luego bajo a los senos, que seguían apretados contra los suyos. Imaginó los pezones erectos de la morena y ansió introducir los dedos por debajo del corpiño para palparlos.
En ese instante se abrieron los párpados de la morena, todo el control de Soi estuvo a punto de desmoronarse ante la expresión turbia y lánguida de Yoruichi. Notó que la acometía un estremecimiento y se apresuró a envolverla en su abrazo para absorber su temblor y sentirlo ella misma. Le apartó un mechón violeta de la mejilla ruborizada y esperó a que su mirada borrosa se enfocara en ella.
Cuando por fin sucedió, tuvo que resistir la expresión de asombro e ingenuidad que se leía en sus ojos.- Cielos –dijo la morena-. Ha sido...
- Divino, delicioso, deleitable –Una sonrisa adorno sus labios-. Cuántas letras "D" para describir a una mujer. O tal vez fuera mejor utilizar palabras con "E"
- No puedo negar que me viene a la cabeza la palabra "Embriaguez" – dijo la morena.
La condesa sintió satisfacción, ante tal adjetivo. Tocó con el dedo pulgar el labio inferior de Yoruichi y murmuró:- Yo estaba pensando en exquisita y encantadora.
La morena se quedó inmóvil. De sus ojos desapareció todo rastro de deseo, hasta que se le quedo mirando fijamente inexpresiva. Parecía vacía, pero no estaba del todo vacía; se podía apreciar un poco de decepción en sus ojos. Le pareció oírle decir: "Yo no soy encantadora. Usted es como todos los que han pasado estas últimas semanas soltándome cumplidos hipócritas".
Esa expresión provocó en Soi una sensación que no supo describir. Antes de que pudiese encontrar una manera de borrar aquella mirada de desilusión, Yoruichi apretó los labios y dio un paso atrás para liberarse de sus brazos.
- ¿Puede regresarme mis gafas, por favor? –dijo en un tono sin inflexiones.
- Por supuesto- dijo Soi mansamente.
La condesa tomó las gafas de su bolsillo y se las entregó. Ella se apresuró a ponérselas y acto seguido se rodeó con los brazos como si quisiera protegerse de un súbito frío. Aspiró hondo y después levantó la barbilla y se encaró de frente a Soi Fong, que se sintió un sentimiento de culpa. Maldición, ¿en qué diablos pensaba, para haberle besado de una manera tan apasionada? ¿Para haberla besado, siquiera? Una dama jamás haría nada semejante, más una condesa, debía excusarse con sinceridad, Shunsui había tenido razón. Pero ¿cómo podía pedir disculpas por algo inevitable? ¿Cómo darle entender que en sinceramente la consideraba encantadora? Muy a su pesar.
Antes de que pudiera decidirse, Yoruichi dijo:- Creo que lo mejor será que vaya en busca de Hirako y nos retiremos enseguida, lady Fong.
Soi no pudo más que aceptar que la morena tenía toda la razón, las cosas entre ellas se habían salido de cauce y aceptaba toda la responsabilidad por tal situación. Pero no pudo evitar el sentirse cargada por una sensación de pérdida al percibir la frialdad en el tono de la morena. Apretó los puños mientras le miraba salir de la habitación; lo mejor era que se marchara. En su interior deseaba que se quedase, no podía negarlo. ¿Pero, qué podía hacer al respecto? Su mente la convenció que era lo mejor y debía controlar el impulso de detenerla e ir tras ella.
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Espero el capítulo les agrade un poco, hoy les pido su opinión o sus comentarios al respecto.
Saludos
