Saludos a los que leen y comentan, quiero disculparme por no advertir que hay escenas subidas de todo -.-u no soy pervert solo tengo una mente abierta XD jajajaja ok no…

Doy gracias por sus comentarios y por estar pendientes de la historia, algunos se quedaron con ganas de más y bueno hay más.

Como siempre espero el capítulo sea de su agrado.

…...

Capitulo No 9 – Deseo, Un Fuego Abrazador.

Del London Times:

El baile anual de máscaras celebrado en la casa de campo en Devon de la condesa de Ringshire constituyó, un evento memorable. Varios caballeros tomaron la oportunidad y se disfrazaron del infame Ladrón de Novias, lo cual llevó a muchos invitados a especular, entre bromas, con la idea de que tal vez se encontrara entre ellos el auténtico Ladrón de Novias, ¿Sería tan osado? Muchos invitados señalaron, además, que el Ladrón de Novias lleva varias semanas sin ser noticia. Uno no puede por menos de preguntarse dónde y cuándo atacará de nuevo. Sin embargo, por hoy todos los hombres del país se hallan deseosos de cobrar la recompensa de siete mil libras que han puesto como precio a su cabeza, es seguro que el próximo secuestro del Ladrón de Novias será el último.

Soi leía el periódico con molestia, arrojó el periódico sobre la mesa y lanzó un suspiro.

Toda aquella especulación e interés por el ladrón de novias constituían un arma de doble filo. Si bien llamaba la atención sobre el calvario de las mujeres que eran canjeadas mediante un matrimonio como si fueran posesiones de la familia, hacía que sus esfuerzos por rescatarlas fueran todavía más peligrosos. ¿Una recompensa de siete mil libras? Nadie resistiría a semejante suma.

Solo un error por pequeño que cometiera, sería su fin. ¿Cómo iría la investigación? Shunsui no le había comunicado nada, pero quizás fuera ya hora de acudir directamente a las fuentes. Sí, quizá era buena idea tener una charla informal con el magistrado; Ichigo Kurosaki y ella eran conocidos desde hacía mucho tiempo. Tal vez aquel mismo día o al siguiente se acercase hasta el pueblo, y de vuelta a casa...

Su mirada voló hasta la jarra de miel que descansaba sobre la mesa, al lado del periódico arrojado con descuido. Yoruichi Shihōin la había olvidado la noche anterior, en su prisa por marcharse o quizá sería mejor decir, por salir corriendo de ahí. Había pensado en la posibilidad de recordárselo, pero luego descartó la idea; devolverle la jarra era la excusa perfecta para verla una vez más- frunció el ceño- por mucho que ella deseara lo contrario, por alguna razón le era necesario verla- suspiro- acaso ella misma se estaba saboteando con respecto a ese asunto, se suponía que ella debía saciar su curiosidad y todo terminaría, pero….

Se levantó de su asiento y comenzó a pasear con expresión ceñuda.- ¿Cómo era posible que un simple beso, que había durado sólo unos instantes, le había afectado tan profundamente? Recordaba de cada segundo vivido, cada uno de los matices de aquella deliciosa boca, el cuerpo de Yoruichi apretado contra el suyo, el modo tan perfecto en que aquellas suaves curvas encajaban en sus manos y lo bien que se sintió pegar su cuerpo al de ella, a lo largo de los años había pasado incontables horas disfrutando de los encantos de otras mujeres, mujeres experimentadas, sensuales y fogosas. Pero, una vez saciada la pasión y completado el acto, simplemente las había olvidado, es más ni recordaba el número del cual había prescindido. Sin embargo, ese beso que había compartido con la señorita Shihōin, aquel encuentro ardiente de dos bocas que habían quedado sin aliento y jadeantes, había quedado en su memoria como una marca grabada a fuego.

Esa misma noche apenas había dormido, acostada en su cama muy excitada, revivió aquel beso una y otra vez. Después de forma masoquista se torturó imaginando lo que podría haber sucedido si ella no se hubiera marchado.

Con fuerza, se aferró la repisa de la chimenea con ambas manos y bajó la cabeza para perder su mirada en las llamas. Esas imágenes que había intentado apartar durante toda la noche se hacían presente sin poderlo evitar, cerró los ojos con fuerza para hacerlas desaparecer. Pero en lugar de eso, se vio a sí misma quitando con parsimonia el vestido a Yoruichi descubriendo centímetro a centímetro su piel bronceada, sus bellos ojos al principio agrandados por la sorpresa, luego cerrados mientras ella la besaba larga y profundamente. Seguido a esto Soi la llevaba hasta el sofá y abría la jarra de miel para introducir el dedo en ella. Luego, muy despacio, dibujaba un círculo dorado alrededor de uno de sus pezones erectos. Escuchando los roncos gemidos de la morena que le evocaban sensaciones olvidadas, luego lamía la delicia lo que acababa de crear. Cuando por fin levantaba la cabeza y volvía a introducir el dedo en la jarra, La morena sonreía de forma seductora y maliciosa, mirándole con un brillo especial en sus ojos nublados de deseo. "¿Qué piensa saborear ahora, mi lady?"

-"Todo tu cuerpo. Y luego..." En ese instante unos suaves golpes en la puerta la sacaron de su fantasía erótica. Se pasó las manos por la cara, que le ardía por la excitación y la vergüenza. Fue consiente del calor que inundaba su entrepierna y de su propia humedad.

Se trataba de la… nunca calmada excitación que le provocaba la señorita Shihōin desde ese beso. Se deslizó hasta sentarse sobre el sillón, cogió el periódico y lo situó sobre su regazo.

- Adelante- dijo en tono firme.

Entró un criado que le tendió una bandeja de plata en la que descansaba un sobre sellado.

- Acaba de llegar esto, su excelencia. El mensajero ha indicado que es urgente y que debía aguardar por la respuesta.

Soi Fong tomó la carta y se quedó helada al reconocer su nombre escrito con la inconfundible y elegante caligrafía de Rukia. Despidió al criado con un gesto.

- Llamare cuando tenga lista mi contestación- espeto.

En el instante en que el criado, cerró la puerta Soi rompió el sello de lacre. Le temblaban las manos de miedo cuando desplegó la gruesa hoja. ¿Habría vuelto a hacerle daño el bastardo de Ichimaru? "Si es así, juro que lo mato". Con el corazón acelerado, leyó rápidamente la carta.

Mi queridísima Abejita:

Te escribo para informarte de que Ichimaru ha muerto. Falleció el martes pasado en un duelo. Su hermano se trasladará aquí tan pronto se lo permitan sus asuntos. Me ha invitado a continuar viviendo aquí, pero yo desearía partir lo antes posible. Tengo la esperanza de que la oferta de quedarme en casa siga aún en pie.

Quedo ansiosa de tu respuesta…..Con amor.

Rukia.

La ansiedad y aflicción fue abandonando lentamente a Soi, dejando escapar un suspiro, se trasladó hasta el escritorio, extrajo papel con el membrete de Fong y escribió con sumo cuidado cuatro palabras a su amada hermana: "Ven, pronto a casa".

…...

Yoruichi estaba sentada en su roca plana favorita frente al lago, con la barbilla apoyada en las rodillas levantadas y asomando los pies por debajo de su viejo y cómo vestido Naranja. Contempló las tranquilas aguas del lago y sonrió, parecía tranquilo así como parecía ella, aunque por ahora tenía un tumulto de emociones que la inundaban.

Por su mente pasaron las vívidas imágenes de la noche anterior, que le provocaban una mezcla de alegría, desilusión y vergüenza, ingredientes emocionales que se combinaban para dar lugar a una gran confusión.

Cerró los ojos con fuerza e intentó borrar a la condesa de su memoria... borrar el momento en que la miro, la toco, la besó, por Dios esa mujer la hizo sentirse más viva de lo que se había sentido nunca, mientras en su interior se agitaba con sensaciones desconocidas que estimulaban su cuerpo de una manera tan maravillosa, tan abrumadora que la dejaba sin respiración. Que la dejaba dolorida, febril. Con ganas de más.

Luego… le sobrevino la decepción.

Lanzó un gemido y volvió la cabeza para apoyar la mejilla contra el lado que iluminaba el sol. "Tal vez fuera mejor utilizar palabras con e. Yo estaba pensando en "exquisita"... y "encantadora".

La condesa le había halagado, de forma parecida a todos esos admiradores que últimamente no cesaban de buscar su compañía con uno u otro pretexto, solo para interrogarla acerca del Ladrón de Novias. Casi todos la habían inundado de cumplidos, desde adorable hasta maravillosa y ella los había soportado con entereza, aun sabiendo que todos y cada uno de ellos eran falsos.

"Encantadora", ¿por qué le habría dicho la condesa que era encantadora? Eso era una descarada falsedad. ¿Acaso pensaba que ella no sabía que era insignificante? Por alguna razón, oír de la condesa pronunciar aquella palabra había sido como un cubo de agua que le hubiera caído encima y la hubiera devuelto brusca y cruelmente a su realidad.

"Encantadora". Lady Fong había escogido la misma palabra que había empleado uno de sus admiradores, un tal señor Abarai, justo al comienzo de su reciente popularidad. Por un momento, creyó a aquel joven. Hasta que lo oyó una hora más tarde riendo con otro caballero.- Es fea, esa señorita Shihōin– comentó el señor Abarai.

- Pero si le he oído a usted llamarle "encantadora" –replicó su compañero con diversión.

- Jamás han dicho mis labios una mentira más evidente –dijo el señor Abarai.

Y ahora la condesa también la había llamado encantadora. Una pequeña lágrima resbaló por su mejilla y se la limpió con de impaciencia. No había esperado semejante falsedad en ella, en la mujer que había hecho latir su tonto corazón casi desde el principio. Había deseado creer que ella era diferente, pero estaba claro que de su boca manaban palabras vanas como de la de los demás.

Por primera vez, la morena deseo ser encantadora de aquellas mujeres que atraían la atención de todos, sobre todo la atención de una mujer como ella. Hacía años que había enterrado esos deseos tontos, no era lógico perder el tiempo queriendo un imposible.

El ceño le arrugó la frente ante una idea que le suscito de repente. Si bien cuestionaba la sinceridad de aquel cumplido, no había duda alguna que la condesa sentía deseo hacia ella.

Esa forma de besarla, de tocarla y abrazarla lo decían a gritos. Encantadora o no, la condesa la había deseado. Y podía jurar al cielo que Yoruichi la había deseado también.

Se enderezó y procedió a aplicar lógica a los hechos, apretando los labios. Sí, ella había musitado afirmaciones falsas en relación con su aspecto, pero ¿debía condenarla por ser amable? ¿Por ser educada? Cielos ¿qué quería que dijera? ¿Qué le recordaba a un sapo?

Hasta ayer, ninguna persona había dado muestras de desearla, de querer besarla y tocarla. Pero la condesa sí, y lo había hecho de una forma impetuosa, desesperada y muy vigorosa. Y, sin duda ella quería que la deseara de nuevo. Jamás se había abrigado esperanzas de ser receptora de la pasión de hombres y menos de una mujer; era muy posible que aquélla fuera su única oportunidad de vivir una aventura que su corazón anhelaba: conocer en todos los sentidos a una mujer.

¿Podría pensar en la loca posibilidad de convertirse en amante de lady Fong? El corazón le dio un vuelco y sintió un intenso sonrojo en el rostro. "Esta es mi oportunidad de experimentar algo que solo he soñado: pasión, deseo y con una mujer capaz de hacer que corra fuego por mis venas".

Está totalmente claro que el matrimonio quedaba descartado. Lady Fong jamás se plantearía casarse con alguien como ella. Ella desposaría una dama joven, maleable, aristócrata, que poseyera un rostro hermoso y con una dote a su altura. Pero su reacción de la noche anterior indicaba claramente que no rechazaba el hacer el amor con ella.

-Sonrió- Hacer el amor. La aventura de toda una vida. Cerró lentamente los ojos y dejó escapar un largo suspiro. Siempre había soñado vivir toda clase de aventuras, era extraño que desde su fallido secuestro pareciera como si se hubieran abierto todas las compuertas. Sus antiguos y vagos anhelos se habían transformado en un deseo profundo y doloso.

No podía negar que su trabajo en el laboratorio la llenaba, pero a medida que iba haciéndose mayor reconocía que, aunque su mente se encontraba satisfecha, algo dentro de ella quería más. Y ahora lo único que quería era a la condesa Soi Fong de Wesley.

Se sujetó el estómago para calmar los nervios que lo agitaban. Podría atreverse a ser la amante de ladi Fong. Todos sus antiguos deseos reprimidos gritaron rápidamente: ¡Sí!

Pero había cosas a tener en cuenta. Desde luego, haría falta mucha discreción para evitar que cayera un escándalo tanto sobre ella como sobre su familia.

Por lo pronto se cuestionaba como era ser la amante de una mujer, pensó que había maneras de hacerlo, aunque ella no sabía cuáles eran, seguro que sus hermanas sí. Pero lo mejor sería preguntar sólo a una de ellas; cuantas menos personas estuvieran al corriente de su plan, mejor. Quizá la más adecuada fuese Tia, pues siempre estaba al corriente de los chismorreos de Londres y parecían fascinarla de modo particular las aventuras entre mujeres y sobre todo era más discreta. "Diré que deseo saberlo meramente por investigación científica. Seguro Tia no se le ocurrirá sospechar que tengo la intención de tener una amante, es mas aunque se lo dijese no lo creería".

Sintió una emoción ante la perspectiva de vivir semejante aventura. Quería descubrir cómo era la pasión, de primera mano. Con aquel beso había estado a punto de caer al suelo ya que sintió flaquear. ¿Cómo sería compartir eso con la condesa, acariciarse mutuamente y unir sus cuerpos? No lo sabía, pero estaba desesperada y deseosa por averiguarlo.

De pronto la sobresaltó el chasquido de una ramita al quebrarse. Volvió la cabeza y el corazón le dio un vuelco, a su espalda se erguía La condesa de Wesley.

Soi le miró y se quedó inmóvil al ver su expresión. Venía con la esperanza de que la morena no la mirase con el mismo gesto de desilusión que la noche anterior. Y para su sorpresa no la miró de ese modo, aun así no estaba preparada para el espectáculo que encontró.

Ella, parecía estar excitada, con las mejillas sonrojadas, la respiración agitada, un brillo inconfundible de deseo detrás de las gafas. ¿Qué estaría pensando?

La morena cogió sus gastados zapatos y se los calzó. Soi acertó ver brevemente un tobillo esbelto y de forma inquietante, eso afectó a su pulso mucho más de lo que debería.

Se acercó y le tendió una mano para ayudarla a levantarse y dijo: Buenas tardes, señorita Shihōin.

-Lady Fong- Aceptó la mano de la condesa, y en el instante en que se juntaron sus palmas Soi experimentó un calor que le recorrió todo el cuerpo.

Soi, le ayudó a incorporarse. La tenía a no más de treinta centímetros de sí, su cabello violeta mostraban un encantador desaliño, su aroma a miel la envolvía igual que una fragante red. El deseo de besarla, de sentirla, la sobrecogió con violencia, aunque su cerebro le decía que le soltase la mano, movió los dedos de modo que las palmas de ambas tuviesen un contacto más íntimo.

- Pensé que posiblemente la encontraría aquí –dijo Soi con suavidad

- ¿Deseaba hablar conmigo? –Cuestiono la morena.

"No. Deseo arrancar ese vestido de tu exuberante cuerpo y recorrerte entera con la lengua. Y cuando haya terminado de saborearte, quiero..." Soi Fong sacudió la cabeza para despejarse de esos insanos pensamientos.

- ¿Hablar con usted? Eh... sí – balbuceó.

- ¿Sobre lo de anoche?- dijo rápidamente Yoruichi.

- Pues sí.- Que demonios, otra vez estaba hablando como una imbécil, pero no esperaba un tono tan directo de parte de la morena, aunque, debería haberlo esperando.

La señorita Shihōin asintió rápidamente.-Estupendo, porque yo también deseo hablarle de eso. Yo, no debería haberme marchado de una manera tan brusca. Usted fue sumamente generosa con Hirako y conmigo, por lo que le pido disculpas.

- No es necesario que...

- He reflexionado mucho sobre este asunto y creo que entiendo perfectamente por qué dijo lo que dijo.

Soi fue tomada por sorpresa y rápidamente deseo saber- ¿Ah, sí?

- Sí, me imagino que usted no podía decirme la verdad. No obstante, agradezco su esfuerzo por...

- ¿Perdón, a qué se refiere con "la verdad"? ¿Está sugiriendo que he mentido?

La morena frunció el entrecejo y los labios, sopesando la pregunta.

- Considero mi lady que la palabra "mentir" resulta demasiado enérgica. Tal vez sea mejor decir que "disfrazó" las cosas en su intento por ser cortés, pero en el futuro preferiría que no dijera esa clase de sandeces.

Soi comprendió a qué se refería. ¿Cómo era posible que aquella única e increíble mujer no tuviera idea de su atractivo?

- No mentí, ni disfracé nada. –Se llevó la mano de la morena a los labios y depositó un beso en los dedos. Luego, la atrajo hacia sí y la rodeó con el otro brazo y la acercó hasta el punto en que los senos de ella le rozaron los propios-. Es más que cierto que usted es encantadora –dijo con suavidad, al mismo tiempo que la miraba fijamente para que ella viera la sinceridad que había en su mirada. Los ojos de Yoruichi reflejaban desconcierto, como si quisiera creerlo pero no pudiera.

Soi anhelo decirle, demostrárselo, hacérselo saber-. Yo no lo digo por cortesía, sino porque es verdad, no diría algo que no creo en absoluto.

Se llevó al pecho las dos manos de Yoruichi y le apretó las palmas contra su corazón, que latía acelerado. Después, deslizó muy despacio un dedo por la mejilla de la morena, mientras susurraba:

-Vea su piel, por ejemplo. Es suave, sin un solo defecto. Como la seda más fina.

- Tengo pequeñas arrugas- rebatió la morena.

Una sonrisa afloró a los labios de la condesa-Lo sé, son de lo más seductoras.

–Tomó un mechón de pelo suelto entre los dedos-. Y su cabello es...

- Rebelde- espeto la morena.

- Brillante. Suave –Acercó el mechón a la cara y lo aspiró.- Fragante – Acto seguido, procedió a quitarle las gafas despacio y se las guardó en el bolsillo de la chaqueta.

- Y luego están sus ojos. Son extraordinarios, grandes y expresivos, cálidos e inteligentes. ¿Sabía que cuando sonríe brillan como dos soles? ¿Sabía que su sonrisa sería capaz de alumbrar una habitación a oscuras?

Yoruichi le miraba fijamente. Parpadeó dos veces y se limitó a negar con la cabeza.

La mirada de Soi se posó en su boca y el pulso le dio un brinco. Recorrió lentamente el contorno de los labios con la yema del dedo susurrando: Su boca es fascinante, Exuberante. Para ser besada.

Se inclinó y rozó los labios de la morena con los suyos una vez, dos, para luego continuar después a lo largo del mentón mordisqueando levemente. Cuando llegó a la oreja, atrapó el lóbulo entre los dientes con suavidad y disfrutó del estremecimiento que sacudió a la morena. Inhaló profundamente para llenarse de su fragancia, como si fuera aire que necesitase respirar para seguir viviendo.

- Su olor –susurró junto a su suave cuello- es mucho más que encantador. Aunque viva cien años, jamás volveré a oler la miel sin que usted me venga a la memoria. Me resulta torturante, tentador, tocó la piel con la lengua y se le escapó un gemido- Un tormento. Hay muchas palabras con "T"para describir a una mujer.

Un gemido tembloroso subió a la garganta de Yoruichi y Soi Fong retrocedió para contemplar su rostro sonrojado.

- Encantadora –reiteró firmemente- En todos los sentidos. Por dentro y por fuera. Nunca permita que nadie le diga lo contrario. Y si se lo dicen, no se lo crea jamás.

La morena le contemplaba sin pestañear, con los ojos como abiertos como platos. Tenía las manos apoyadas en la camisa de la condesa, irradiando calor sobre su pecho, un calor que se le extendía por el abdomen y le llegaba a la ingle. Teniendo su blando cuerpo presionado contra el suyo desde el pecho hasta las rodillas, sabía que Yoruichi podía notar su excitación, y eso era lo que quería; quería que ella apreciara la evidencia innegable de su deseo, la prueba de la sinceridad en sus palabras.

En ese momento La morena se humedeció los labios con la lengua.- Nadie, nunca me ha dicho cosas como ésas.

- Eso me resulta imposible de creer- dijo Soi- Pero le recuerdo que anoche coincidíamos en que la mayoría de las personas son unas tontas.

Yoruichi tardó varios segundos en reaccionar, mientras una lenta sonrisa se le extendía por toda la cara. Para Soi fue como si el sol la inundase con su dorado resplandor.

-Yo también creo que usted es encantadora –susurró ella al fin.

Aquel sencillo cumplido la conmovió como ninguna otra frase pronunciada jamás por mujer alguna. Sintió la corriente del deseo palpitando en sus venas, anulando toda su sensatez, apartando a un lado su razonamiento. En su mente comenzó a sonar una única palabra que sabría manifestaba su deseo…Mía.

Incapaz de contenerse, hundió los dedos en el cabello liliáceo de ella, tirando la cinta que lo sujetaba al suelo, hasta que su cabellera se derramó sobre sus hombros. Al instante la envolvió su aroma, inundando sus sentidos, ahogando completamente su sentido común. Inclinó la cabeza y la tomo en besó muy despacio, profundo, deslizando suavemente la lengua en su boca para retirarla a continuación, en una sensual danza que ansiaba practicar con ella.

Yoruichi respondió a cada uno de sus movimientos, moviendo su lengua contra la de Soi, hundiendo los dedos en su cabello azulado fino, apretándose más contra su cuerpo.

Sin interrumpir el beso, la condesa fue retrocediendo hasta que se apoyó contra un grueso tronco de un árbol. Atrajo a Yoruichi hacia sí para deslizar las manos hasta sus redondos glúteos, acto seguido con una mano levanto una de sus piernas contra su cuerpo y empezó a frotarse lentamente contra ella, un movimiento rítmicamente lento que le provocó una excitación que le recorrió todo el cuerpo. Con la otra mano tomo la cintura de la morena y después fue subiendo hasta uno sus pechos. Pasó la mano sobre la tela del vestido y pudo sentir en la palma los pezones endurecidos de Yoruichi.

Soi apartó sus labios de la boca de la morena y comenzó a recorrerle el cuello con besos húmedos y frenéticos. Yoruichi dejó escapar largos gemidos de placer al mismo tiempo se arqueaba contra Soi Fong, estimulándola a mas no poder. La condesa deslizó los dedos dentro de su corpiño y le acarició los pezones. Su gemido se confundió con el de ella y entonces Soi levantó la cabeza para devorarle la boca en otro beso apasionado. Yoruichi se agitó contra su cuerpo que reaccionó con un estremecimiento. Que hacia esa mujer para que ella simplemente la deseara, la necesitara de una manera urgente y casi dolorosa.

Inundada por la excitación Soi Fong bajó una mano para buscar el borde del vestido y comenzó a levantarlo muy despacio. Introdujo la mano por debajo de la tela y pasó los dedos por el muslo desnudo y suave de la morena. Yoruichi contuvo una exclamación y la condesa se irguió ligeramente para mirarla con ojos sus ojos grises nublados por el deseo.

Santo cielo, Nunca había visto antes una mujer increíble. Excitada, ruborizada, con los labios hinchados por sus ardientes besos, los pezones duros bajo el delgado vestido, el pecho subiendo y bajando por la excitación. Era todo lo que podía desear y la tenía allí mismo, lista para ella. Solo tenía que mover la mano sólo unos centímetros y podría acariciar su condición de mujer, aquellos pliegues inflamados, húmedos y suaves. Listos para ser acariciados y luego..."Luego ¿qué? – Le pregunto la voz de su conciencia rompiendo la niebla de sensualidad y excitación que la envolvía- ¿Acaso le haría el amor contra el árbol? ¿Tomaría a una virgen? Y si lo haces ¿La desposaras después?" Y a continuación recordó las palabras de Shunsui: "Es inocente, justo la clase de mujer que podría ver en sus intenciones más de lo que usted pretende".

Fueron esas palabras la que trajo sobre ella la realidad, como una baldada de agua fría. Sacó la mano de debajo del vestido, sujetó a la morena por las muñecas y la apartó de sí.

La morena respiró hondo, aun sentía un vívido deseo en todo el cuerpo, notaba su feminidad húmeda y tensa, dolorida de un modo que no había experimentado jamás; un dolor maravilloso, pero como ya no sentía la excitante presión de la condesa, hizo un esfuerzo de abrir los ojos.

Soi estaba reclinada contra el árbol, sujetándola a un brazo de distancia por la cintura. Entrecerró los ojos para mirarla y aunque estaba borrosa por no tener sus gafas puestas, distinguió con facilidad su respiración trabajosa y su expresión intensa.

Gracias a Dios todavía la sujetaba de sus muñecas, pues de lo contrario se habría derrumbado en el suelo fláccidamente. Aspiró aire varias veces e intentó calmar su frenético pulso y recuperar el dominio de sí misma. Cuando eso sucedió, preguntó:

- ¿Por qué no continúa?

Las manos finas de Soi, le soltaron como si quemara y la vio con un poco de incredulidad.

-Si hubiese continuado, no habría podido parar –Soltó un bufido-Créame, este esfuerzo ha estado a punto de matarme. ¿Tiene idea de lo cerca que ha estado de hacerle el amor?

La morena sintió alegría al escuchar lo que la condesa le había dicho. Hizo acopio de todo su valor para decir:- ¿Tiene usted idea de lo mucho que yo deseaba que me lo hiciera?

Soi Fong se quedó pasmada.- No podemos hacerlo – gritó cuando consiguió recuperarse.

Yoruichi alzó su rostro y pronunció las palabras que deseaba le llevaran a emprender la mayor aventura de su vida.- ¿Por qué no?

…...

Espero tengan un buen inicio de semana…..Saludos