Saludos, espero el capítulo sea de su agrado.
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Capitulo No 10 – Una Propuesta.
- ¿Que por qué no? –Soi clavó los ojos en ella, perpleja. La morena le miraba expectante, aguardando una explicación. Tras lo que se le pareció una eternidad, ella se aclaró la garganta por fin y dijo: Estoy segura de que comprende la razón por la que no podemos seguir adelante con esto- dijo en tono muy serio- Podría haber repercusiones... y yo no me encuentro en situación de poder ofrecerle matrimonio.
Yoruichi levantó las cejas.- Yo no espero ninguna propuesta matrimonial de su parte.
- Entonces ¿qué es lo que espera exactamente?
- Que compartamos una maravillosa aventura.- dijo la morena sonriente.
Aquella respuesta le dejo atónita. Desde luego, se alegró inmensamente y anheló compartir esa aventura con aquella mujer, pero ¿cómo iba a hacer tal cosa? Su conciencia le asediaría sin piedad y realmente no podía hacer algo así. Un largo silencio se cernió entre ellas y comprendió que ella tenía que ser la voz de la razón.
- Por mucho que me halague la disposición que usted muestra, me temo que debemos dejarlo así y olvidar este...Incidente.
Yoruichi frunció el entrecejo, desconcertada.- ¿Es que ya tiene una amante?
Soi sintió un intenso calor que le ascendía por el rostro- esa mujer podía hacer que se ruborizara y se sintiera como una adolescente.- No, en este momento- respondió.
La expresión de Yoruichi fue de alivio.- entonces, no puede negar que me desea.
- Es evidente. Pero hay en juego mucho más que el mero hecho de satisfacer mis deseos y los suyos –Se pasó las manos por el cabello-. Está claro que usted no ha recapacitado sobre esto...
- Todo lo contrario, sí lo he hecho- espeto la morena rápidamente.
- ¿En verdad? Pues no me parece, acaso no ha tenido en cuenta su reputación, con algo así resultaría completamente arruinada.
- Eso pasaría sólo si se enterase alguien. Yo no pienso contárselo a nadie. ¿Y usted?
- Por supuesto que no- dijo la condesa indignada- Pero por más discretas que fuésemos, alguien sospecharía y haría correr el rumor: un vecino, un criado, alguien de su familia. Resulta imposible esconder una aventura en un pueblo tan cerrado como Tunbridge Wells.
-No estoy de acuerdo –la morena respiró este pueblo se me considera rara, insulsa, una solterona y un ratón de biblioteca. Nadie podría dar crédito a la idea de que una mujer como usted, me concediera una mirada. A mí misma me resulta casi imposible de creer. De hecho me atrevo a decir que si las dos estuviéramos en una sala llena de gente y anunciáramos que nos habíamos convertido en amantes, nadie nos creería.
Muy probablemente la señorita Shihōin tenía razón y eso le provocó irritación contra cada uno de los idiotas que le habían negado su atención.
- Me estoy acercando rápidamente a los veinticinco –prosiguió tiempo que acepté las limitaciones que me imponen mis inusuales aficiones, pero eso nunca me ha impedido anhelar una aventura o pasión en mi vida. En los ojos dorados brillo una esperanza y un anhelo muy notorio.
La condesa supo que la morena estaba más que decidida. Maldición, tenía que convencerla de que era una mala idea tomarla a ella como amante, pero debía hacerlo con mucho tacto y sin humillarla. No obstante, le estaba resultando muy difícil, le dolía la entrepierna de deseo y al parecer había perdido el habla o su habilidad para expresarse.
Soi se acercó a ella, le cogió de la mano y enlazó sus dedos en los de ella. Su contacto le provocó un agradable calor a lo largo del brazo y tuvo que hacer uso de su fuerza de voluntad para no estrecharla contra sí y mandar al diablo su maldita conciencia.- Me halaga en gran manera pero por su bienestar, por favor sea sensata.
- Desde mi encuentro con el Ladrón de Novias –dijo Yoruichi suavemente-no he podido reprimir mi necesidad de aventuras. Es como si él hubiera abierto una compuerta en mi interior.
Soi se quedó palidecida.- ¿El Ladrón de Novias? ¿Qué tiene que ver con esto?
- Me hizo sentir- sonrió con ilusión- viva. Hizo que me diera cuenta de lo mucho que deseaba... ciertas cosas.
La condesa apretó la mandíbula y entrecerró los ojos.- ¿Cosas como un amante?
Ella le sostuvo la mirada sin mover un solo músculo- Sí.
Soi sintió una irracional punzada de celos y soltó la mano de la morena con brusquedad.
- En ese caso, quizá deba acudir con esta oferta al Ladrón de Novias.
La morena se sonrojó y a la condesa le rechinaron los dientes. No había imaginado la posibilidad de que la señorita Shihōin pudiera albergar sentimientos de... amante hacia su otra personalidad.
- Es improbable que vuelva a verlo- dijo la morena con un dejo de tristeza.
"Sí, de lo más improbable"- pensó la condesa.- ¿Y si lo viera?
- No me hizo insinuación alguna de que- la miro con seriedad- me deseara.
Diablos ¿qué quería decir? ¿Que deseaba experimentar la pasión con el Ladrón de Novias? La idea de que ella deseara a otra persona, con independencia de que en realidad fuera ella misma, le nubló la vista con un velo rojo de celos. Pero se tragó su creciente cólera y dijo con frialdad: ¿Se ha puesto a pensar que su aventura podría tener consecuencias para usted y su familia?
- Sí, pero, como le he dicho, es difícil que algo así pase y si sucediera, estoy dispuesta a afrontarlas. En este momento son otros aspectos los que realmente me preocupan.
- ¿Otros aspectos?- cuestiono Soi con molestia.
- Aun no sé, cuál es la manera que utilizan dos mueres para hacer el amor.
- ¿Aún? –Se llevó su mano a la cien- ¿Y cómo piensa averiguarlo?- inquirió Soi.
Ella alzó las cejas- ¿Los conoce usted?
- Ciertamente.
Los labios de Yoruichi mostraron una sonrisa de alivio.
- Perfecto. Entonces usted podrá decirme todo lo que necesito saber.
Soi la miro con molestia- No pienso hacer nada de eso, usted no necesita esa información, porque yo no voy a ser su amante. –Se pasó la mano por la cara y sacudió la cabeza- ¿Qué pasara si en un futuro decide casarse? –En el momento en que lo dijo, sintió un profundo pesar en su corazón y unos intensos celos.
- No tengo el menor deseo de casarme. Me siento realizada con mis trabajos científicos y espero algún día el poder viajar. Si quisiera ser una esposa, hubiese accedido a una boda que recientemente arreglaron mis padres. Le doy mi palabra de que no intentaré sacarle una propuesta de matrimonial.
- Eso es más que sensato, porque yo tampoco tengo intención alguna de casarme y no me gustaría sentirme obligada a hacerlo.
- Entiendo, entonces ¿qué pasará con su título nobiliario?
- Morirá conmigo –contestó la condesa con tono rígido y decidido.
- Ya –la morena lanzó un suspiro- Bien, ya que hemos hablado del tema y superado todos los obstáculos...
Que mujer más necia, el cielo era testigo cuánto ansiaba ella hacerle el amor, cuanto la deseaba, de una forma inexplicable y dolorosamente. Pero con aquella maldita voz de la conciencia que no dejaba de martillearle el cerebro, sentía que debía salvarla de sí misma, porque, pese a toda evidencia se veía a las claras que la señorita Shihōin no se daba cuenta de lo mucho que tenía que perder.
Contuvo el intenso deseo que amenazaba con pulverizar sus buenas intenciones, la tomó por los brazos y le miró directamente a los ojos para que ella viera cuán profundo era su pesar le dijo:- No puedo ser su amante señorita Shihōin y no es porque no la desee, porque ciertamente la deseo –dejó escapar una risa triste-con desesperación. Pero no puedo, no quiero ser la responsable de su deshonra.
Ella la vio con determinación- Ya le he dicho que nadie le pediría cuentas de cualquier efecto adverso que pudiera acarrear nuestra asociación.
Soi hablo con seriedad-Aun así, no soy capaz de marcharme llanamente o dar la espalda a las responsabilidades.
En los ojos dorados brilló la confusión.-Pero ¿qué sucedió con sus anteriores amantes? ¿Acaso no le preocupaba la reputación de ellas?
Soi Fong experimentó una inusual ternura. Tomó el rostro de la morena entre sus manos y le rozó las mejillas con los pulgares.
- Ninguna de mis anteriores amantes era tan inocente. Su relación conmigo y con cualquier otra persona, no ponía en peligro su estatus social, en cambio, el suyo resultaría totalmente arruinado. Yo no puedo desentenderme de eso.
Aquellas palabras borraron toda expresión de la morena.- Entiendo – dijo fríamente y se apartó de la condesa con un brusco movimiento-. En tal caso, supongo que lo mejor será que regrese a mi casa. ¿Me da mis gafas, por favor?
- Por supuesto- la condesa sacó las gafas del bolsillo de su chaqueta y se las entregó, sin dejar de observar cómo se las ponía, sintiendo una sensación de pérdida.
Tras ajustarse las gafas, Yoruichi le dedicó un gesto formal con la cabeza.-Me despido de usted, lady Fong.- girando sobre los talones, emprendió el regreso a su casa.
Soi suspiro-Eso había sido su despedida. No había forma de confundir el significado de aquellas palabras ni el tono de su voz. Estaba claro que era la última vez que posiblemente vería a la morena.- suspiro- Era mejor de esa manera, debería estar contenta.- frunció el ceño y apretó los puños.- Pero, maldita sea, sentía un profundo dolor en el pecho ante la idea de no verle nunca más. De escucharle reír, el no ver su hermosa sonrisa, no volver a tocarla, besarla, hacerle el amor...
Apretó los labios para no gritar su nombre, plantó los pies al suelo para no correr tras ella, apretó los puños para no asirla en un abrazo y cerró los ojos con fuerza, para no tener que ver cómo se alejaba de ella.
Había hecho lo correcto, lo que se esperaba de una mujer noble como ella. Lo había hecho por ella. Aunque no sabía de donde tomo fuerzas para resistirse a su oferta.
-Suspiro. -Ahora jamás sabría cómo era tener a Yoruichi Shihōin desnuda, debajo de ella, sobre ella, enredada en ella, recorrer todo su esbelto cuerpo y saborear su piel bronceada. Escuchar su nombre pronunciado entre gemidos y jadeos. Despertar en ella la pasión que tanto ansiaba conocer y que deseaba compartir con ella.
Entonces abrió los ojos. El sendero por el que se había marchado estaba desierto. Se obligó a moverse y dio media vuelta con intención de irse, pero sus pies se pararon en seco al fijarse en la jarra de miel. La había dejado de nuevo junto a unos matorrales antes de acercarse a ella. Al instante las imágenes de lo compartido con ella la invadieron: el placer que experimentó ella al ver el regalo, sus ojos brillantes de deseo cuando ella la besó, su expresión seria y esperanzada mientras le preguntaba si quería ser su amante.
Se maldijo a sí misma, ciertamente era una mujer noble.
Una noble idiota con un dolor en el corazón que no desaparecería jamás.
….
Sentada en su escritorio, la morena se encontraba inquieta tanto que sus dedos golpeaban sin cesar la superficie de madera "Ella ha rehusado, quizá debo olvidarme de eso". Pero para su desgracia, su cabeza no colaboraba en absoluto, dejó escapar un lento suspiro. Aquel rechazo debería haberla humillado, abochornado, desengañado. Pero sólo se sentía frustrada y decepcionada; para su pesar más decidida que nunca a salirse con la suya.
Pero ¿Cómo podría ella convencerla, incitarla y seducirla? ¿Por qué la condesa tenía que ser tan noble?
Sin embargo, aun con esa pregunta en su mente, no pudo negar la admiración hacia la condesa por preocuparse de su bienestar y su reputación. Era de suponer que si no fuera tan honorable, seguramente no la habría atraído tanto. Con todo, ella no podía dejar pasar aquella oportunidad, de experimentar la pasión y no una simple pasión, más bien la pasión de una mujer muy excitante. No se imaginaba siquiera desear vivir semejantes intimidades con otra persona, o con otra mujer que no fuera lady Fong, pero que pasaría si no lograba convencerla, temía hacerse vieja sin conocer nunca el amor físico. Tal vez si no hubiera aparecido la condesa se hubiera contentado con simplemente transcribir aquellos sueños en su diario.
Pero ahora que había probado sus besos, que había experimentado la fuerza de sus brazos alrededor del cuerpo, que había sentido el calor abrumador del deseo, no podía evitar el que deseara más. Y ahora que estaba decidida a seguir adelante en esa nueva idea, necesitaba aprender cómo hacer el amor con una mujer, específicamente con La Condesa Fong.
Con la determinación en su mente, sacó una hoja de papel del cajón superior y escribió una breve nota a Tia, pidiéndole que la recibiese esa noche después de cenar. Dobló la misiva, la selló con lacre y acto seguido fue en busca de Hirako. Sabía que su hermano estaría ms que feliz de llevar la carta a la casa de su hermana en el pueblo, ya que Tia siempre tenía en la despensa una caja repleta de las galletas de miel la cuales eran las favoritas de Hirako.
Claro Tia era la persona correcta a la cual debería acudir, ya que Mila rose podría malinterpretar todo el asunto y hasta salirse de la tangente.
…
A las nueve en punto de la noche Yoruichi Shihōin entró en la acogedora salita de Tia, pero se quedó perpleja al encontrarse con la mirada inquisitiva de su otra hermana.
- Buenas noches, Yoruichi–entonaron al unísono Tia y Mila rose.
Ay, Dios. Aquello no era en absoluto lo que había planeado. Normalmente, se habría alegrado de pasar una velada con sus hermanas, pero esta vez no se trataba de las circunstancias normales en la cual se reunían siempre. Comprendió al instante que tendría que esperar otra ocasión para hablar del tema- suspiro- tenía que postergarlo. Tragándose su decepción, avanzó y abrazó a sus hermanas. Una vez finalizados los saludos, las tres tomaron asiento en sillones alrededor de la chimenea. Tia, comenzó a servir generosos vasos de jerez, mientras lo hacía no pudo evitar lanzar la pregunta que la inquietaba.
- Muy bien, Yoruichi ¿Cómo van las cosas con ella?- soltó la rubia de ojos azules.
La mano de la Yoruichi se quedó paralizada cuando iba a coger su vaso- ¿Cómo dices?
-No seas tímida –la reprendió Mila rose al tiempo que acercaba su sillón-. Nos morimos de ganas de que nos lo cuentes todo.
Yoruichi cogió el jerez y dio un buen trago. Cielos, tenía un terrible presentimiento de saber a qué se referían sus hermanas con "ella" y "todo".
- Oh, Yoruichi ella es tan hermosa–suspiró Mila rose con ojos brillantes- Y además es muy rica y...
- Con título – secundo Tia, dejando la licorera sobre la mesa que había junto al sillón-. De un linaje de lo más impresionante. Es el octava condesa ¿sabías?
- No, no lo sabía –murmuró Yoruichi-. Pero...
- Su aversión al matrimonio es bien conocida, pero si te está cortejando, por lo visto ha cambiado de idea respecto de tomar esposa –dijo Mila rose al tiempo que aceptaba una bandeja llena de galletas que le ofrecía Tia.
Yoruichi estuvo a punto de atragantarse con el jerez, pero se lo tragó, aunque casi se ahogó. Aunque sabía que nadie podría creerse que la condesa iba detrás de ella, debería haber imaginado que sus leales hermanas sí admitirían una idea tan imposible.
Tia le dio unas palmaditas en la espalda y agregó: Imagino que ella afirmará que no piensa casarse nunca. Eso es más que una tontería. Todos sabíamos que cambiaría de opinión cuando encontrase a la mujer adecuada. - miró a Yoruichi con ternura y cariño-. Me alegra saber que la mujer adecuada seas tú.
Yoruichi tosió y agitó la mano delante de sus ojos llorosos.- No –exclamó casi ahogada-. No es así.
- Pásame su vaso para llenarlo, Tia–ordenó Mila rose-. Y sigue dándole palmaditas en la espalda. Mira, ya le vuelve el color.
-¿Cuándo piensa visitarte de nuevo? -Cuestiono Tia mientras Mila rose le servía más licor- Debes procurar no estar disponible cada vez que venga ella.
-Tia tiene razón –convino Mila rose-.
Y cerciórate de que la haces esperar por lo menos un cuarto de hora antes de aparecer, una dama mundana como la condesa está bastante acostumbrada a esas cosas.
- Y además –intervino Mila rose-, deberías pasar al menos media hora al día practicando miradas de coqueteo en el espejo. A mí siempre me ha funcionado ésta. –Bajó la barbilla y dirigió la vista hacia abajo con expresión recatada; luego levantó la mirada muy despacho y agitó las pestañas.
Yoruichi alzó una mano.- Basta, deben escucharme.
Sus hermanas guardaron silencio y la miraron con expectación- sabía que tenía que cortarlo de raíz antes de que fuera a más. Se ajustó las gafas, que le habían resbalado hasta la punta de la nariz al toser, dijo con el tono frio y serio:- Han interpretado erróneamente la situación. Entre la condesa y yo no hay nada.
- Pero si mamá ha dicho que fue a verte y te llevó flores –protestó Mila rose.
- Desde que mi secuestro, todos los caballeros solteros y las mujeres del pueblo hacen lo mismo, pero sólo pretenden sacar información acerca del Ladrón de Novias. Lady Fong no está interesada y mucho menos enamorada, igual que todos los demás es sólo una curiosa.
Mila rose vació su vaso de jerez y lo tendió para que se lo volvieran a llenar.
- Pero mamá ha dicho que te invitó a su casa y...
- Que envió su carruaje a recogerte –terminó Tia.
- En ese caso, también habrá contado que la condesa nos invitó a mí y a Hirako con el único propósito de enseñarnos su telescopio Herschel. Su invitación fue enteramente de carácter científico.
El ceño arrugó la frente perfecta de Tia.- ¿Ha ido a verte desde entonces?- cuestiono.
- No –respondió Yoruichi, razonando rápidamente que el hecho de que la hubiera encontrado en el lago aquel mismo día no se podía calificar de visita intencionada-. Ni yo esperaría que lo hiciera. Mamá ha creído ver demasiadas cosas en su forma de actuar.
La encantadora sonrisa de Mila rose desapareció con evidente desilusión.- Entonces quieres decir que ella no...- dijo con pesar.
- Quieres decir que–interrumpió Tia con una expresión seria-La condesa y tu nada de nada.
- Pues no –contestó Yoruichi con su tono más entusiasta-. Entre lady Fong y yo no hay absolutamente nada. –Apretó los labios y compuso una expresión de lo más ñoña, rogando que el rubor de su cara no delatase su mentira-. Les sugiero que se olviden de ese asunto.
Aunque obviamente decepcionadas, sus hermanas asistieron con un murmullo. Tia le apretó la mano y le dijo: Bueno, si lady Fong pasara una noche en tu compañía y no fuera capaz de reconocer lo especial que eres, es que no es más que...
- Una idiota –sentenció Mila rose al tiempo que ponía su mano encima de las de ella.
- Tia sonrió- una necia –afirmó con firmeza-¿Alguien quiere más jerez?- pregunto.
Todas ofrecieron sus vasos vacíos. Mientras los llenaba, comentó: Si no quieres hablar de tu relación con la condesa...
- No hay relación de qué hablar –logró decir Yoruichi con los dientes apretados.
- Conforme- dijo Tia en tono serio- En ese caso ¿por qué querías hablar con nosotras?
Yoruichi no aclaro que pretendía hablar con las dos, sino sólo con Tia. Era evidente que ésta había enviado mensaje a Mila rose para averiguar los detalles de la relación de ella con la condesa. Se sintió tentada de abandonar todo el plan, pero sus hermanas eran las únicas personas en que confiaba para obtener la información que buscaba. Mientras dejase claro como el agua que deseaba dicha información sólo con fines científicos, todo iría bien.
Después de beberse otro buen trago de jerez, dijo: En realidad, necesito ayuda en un asunto científico.
Aquella declaración fue recibida por dos caras inexpresivas y con los ojos bien abiertos.
- Nosotras no sabemos nada de esas cosas –dijo Mila rose tras dar un pequeño mordisco a una galleta-. Deberías preguntar a Hirako.
Yoruichi rogó que no se notase su vergüenza.- Me temo que el tema no es para hablarlo con un hombre, menos un jovencito como Hirako.
Tia frunció el entrecejo.- Entonces tal vez pueda ayudarte mamá
- No creo. Ya sabes lo excitable que es mamá y temo que malinterprete la intención de mis preguntas o se escandalice.
- Puedes preguntarnos lo que quieras –cedió Tia al fin.
- Muy bien. Necesito saber cuál es el proceso físico de una pareja, sexualmente hablando.
Tras aquella frase encontró con dos caras boquiabiertas y de ojos como platos y una palidez que al ser sus hermanas de piel bronceada se notaba más. Se le cayó el alma a los pies. Diablos ¿Sería que sus hermanas no lo sabían? Pero tenían que saberlo, ya que estaban casadas. ¿Acaso no estaban al tanto de aquellas cosas todas las mujeres casadas? Las dos intercambiaron miradas de extrañeza y a continuación volvieron su atención a Yoruichi, que de repente se sintió como un espécimen bajo el microscopio.
Tia bebió un buen trago de jerez y dijo:- Creí que habías dicho que no había nada entre tú…
Mila rose se echó al gaznate lo que le quedaba en el vaso:- Y la condesa.
Yoruichi sintió una oleada de intenso calor y hasta le pareció que las orejas le echaban fuego.-En efecto, no hay nada entre nosotras. -"Todavía"-. Sólo necesito esa información para un experimento científico que deseo llevar a cabo. Naturalmente, se trata de un tema sumamente delicado y por lo tanto no puedo preguntárselo a cualquiera.
- Resulta impropio hablar de cosas así con una mujer soltera –declaró Tia con el entrecejo fruncido y la lengua un poco torpe por el jerez.
- Así es –convino Mila- ¿Qué clase de experimento puede requerir una información como ésa?
Adoptando el tono monótono y aburrido, Yoruichi dijo:
- Deseo realizar un estudio comparativo de los ciclos reproductivos de varias especies, entre ellas las ranas y las serpientes, respecto de los seres humanos. –Como accionadas por un resorte, la sola mención de ranas y serpientes hizo que sus hermanas pusieran una cara como si acabaran de morder un limón amargo.
Fingiendo entusiasmarse, Yoruichi prosiguió-: Tomemos, por ejemplo, la serpiente. Después de mudar la piel...
- Un tema fascinante, Yoruichi–la interrumpió Mila rose rápidamente-, pero no es necesario entrar en detalles. –Le acercó el plato de galletas.
Yoruichi cogió una y se tragó su sentimiento de culpa por manipular a sus hermanas de manera desvergonzada, de todas formas el fruto no cae tan lejos del árbol pues su madre era así o quizá más manipuladora.
Tia carraspeó y acto seguido comenzó con tono discreto:
- Bien, mientras sea por el bien de la ciencia, tengo entendido que algunas mujeres se lavan "Ahí" con vinagre, después de "Eso".
Yoruichi se la quedó mirando, sorprendida y atónita. Cuando al final pudo hablar, dijo:
- ¿De verdad? Y…eh... ¿Para qué hacen eso?
- Para eliminar "ya sabes qué". –Mila rose se ruborizó, y se apresuró acoger otra galleta.
- Bueno, yo he oído que... –Tia miro en la habitación para cerciorarse de que no había entrado nadie, y luego se inclinó hacia delante, hubo un momento de silencio y dijo suavemente- no debería decirte esto pero ya que-murmuro suavemente: Algunas mujeres incluso se duchan con vinagre y otras utilizan esponjas marinas.
A Mila rose se le agrandaron los ojos.-Oh, y las empapan en vinagre...
- O en coñac –aclaro Tia.
- Y luego las introducen "Ahí" –terminó Mila rose.
- Y ¿para qué sirve eso? –inquirió Yoruichi, esperando que el "Ahí" fuera lo que ella creía que era.
- Impide que el "ya sabes que" llegue a "Ahí" y termine fabricando un bebé- dijo Tia.
El grupo se quedó en silencio por unos segundos. Estaban girando por un punto que a Yoruichi no le interesaba, sin embargo como podía encausar la conversación a lo que realmente deseaba saber, sin que sus hermanas sospecharan.
-Afortunadamente eso es algo de lo que dos mujeres no tienen que preocuparse- aclaro Mila rose.
-Dime Yoruichi, sabes cómo hacen el amor dos mujeres-Pregunto Tia.
-Pues yo…
-Oh, yo he escuchado muchas cosas al respecto- interrumpió Mila rose.
El grupo se acercó más.
-Tia hablo en tono serio- Sé que normalmente se tocan una a otra "Ahí" y que en ocasiones también usan otras cosas para penetrarse….
Yoruichi hacia notas mentales mientras no dejaba de sorprenderse ante las palabras de sus hermanas.
-A mí me han dicho algunas conocidas que hacer el amor entre mujeres es lo más hermoso que puede existir - dijo Mila rose- que hay tanta pasión, romance –su mirada se tornó soñadora con un dejo de excitación en ella- es algo que me encantaría comprobar.
- ¡Santo cielo, Mila rose, no estoy segura de querer saber eso!- Tia se echó a reír sin querer, su risa fue contagiosa y de pronto las tres estaban dobladas por la cintura, partiéndose de risa.
- Bueno, por lo que a mí respecta, no soñaría siquiera con emplear ninguno de esos métodos ni estar con una mujer –dijo Tia secándose las lágrimas con el borde del vestido-. Tengo muchos deseos de ser madre.
-Aunque no lo parezca, yo también –dijo Mila rose la idea de dar a luz me da bastante miedo. Tia tu por ser la primera en casarte deberías tener un bebé, para que puedas contarnos qué se siente.
- Muy bien. Ya que insistís, daré a luz antes de que termine el año.
- Oh, pero eso es imposible –se burló Mila rose-. Hacen falta nueve meses, y ya estamos en julio.
Tia se limitó a enarcar las cejas al tiempo que esbozaba una amplia sonrisa. Yoruichi lo comprendió y lanzó una exclamación: No es imposible –dijo mirando a Tia con asombro- No digas que…. ya está encinta.
Hubo un silencio de asombro por unos instantes, y acto seguido estalló un verdadero revuelo cuando todas se pusieron a chillar al unísono, riendo, llorando, abrazándose y hablando a la vez.
Yoruichi miraba con un dejo de anhelo como Mila rose interrogaba a Tia con respecto a su embarazo, se preguntaba ¿Cómo sería llevar el hijo de la persona a la que una amaba y sentirlo crecer? Un hijo que habrían creado juntos, por la expresión radiante de Tia, debía de ser una sensación maravillosa, muy hermosa.
En los planes de Yoruichi nunca estuvo el tener hijos, ya que sabía que con otra mujer no era posible y desde que tuvo uso de razón supo que los hombre no le parecían en nada. Sus alternativas eran convertirse en una solterona o intentar vivir una aventura apasionada y ahora que tenía una idea de cómo hacer el amor con una mujer, nadie le impediría cumplir la segunda. Nadie, excepto lady Fong.
Pero seguro que lograría convencerla. ¿Verdad?
…
