Bueno a petición, porque se lo que es desear una actualización de una historia… he acá el capítulo nuevo…espero les agrade.

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Capitulo No 11 – Discusiones y Planes.

The London Times,

La Brigada contra el Ladrón de Novias comunica que, con el fin de abarcar un territorio más amplio, piensan permitir que se incorpore a sus filas todo hombre que tenga una hija en edad de casadera. Por lo tanto, todos aquellos que deseen unirse a la brigada deberán realizar una aportación monetaria a la recompensa que se ofrece por la captura del Ladrón de Novias.

Todos los plantes de Yoruichi en relación con la condesa quedaron frustrados a la mañana siguiente pues se le habían pegado las sábanas, algo nada propio en ella y que atribuyó a los excesos cometidos la noche anterior con sus hermanas- por ahora se encontraba desayunando sola, Hirako entro como una exhalación. El alboroto del muchacho le despertó un dolor de cabeza, se apretó las sienes con los dedos en un débil intento de mitigarlo.

Antes de que pudiera suplicarle que anduviera suavemente, su hermano le tendió un sobre sellado y le dijo sin aliento:

- Acaba de llegar esto para ti. Se lo dieron a Tessai en los establos un muchacho al que no había visto nunca.

-¿De veras?- Su nombre aparecía pulcramente escrito en una letra desconocida-. ¿De quién es?- cuestiono.

- No lo sé, pero tal vez sea de ella- dijo Hirako.

La morena se quedó inmóvil-¿De quién?

- Lady Fong. ¿No sería estupendo que fuese otra invitación para usar de nuevo su Herschel?

La ilusión que vio en los ojos de su hermano la conmovió. Dejó la nota sobre la mesa, le tomó de las manos dándole un apretón. Luego, escogió las palabras con cuidado y le dijo:

- No deberías hacerte la ilusión de que vaya a invitarnos otra vez, Hirako. Aunque fue muy amable...

- Oh, pero a mí me dijo que podía volver cuando quisiera- espeto el joven.

- ¿En serio? ¿Cuándo?

- Al momento de marcharnos, mientras tú subías al carruaje. Dijo que lamentaba mucho que tuviéramos que irnos tan pronto, sobre todo porque yo no había terminado de tomar notas. Dijo que regresara a terminarlas cuando quisiera –Se le encendieron las mejillas-. Estoy deseando hacerlo, pero no me atrevo sin que ella especifique el día y la hora.

Se le hizo un nudo en la garganta a la morena y se lo tragó.-Eso ha sido muy generoso por parte de la condesa.

- Es una gran dama–convino Hirako, cuya respiración se había recuperado-. Incluso con su título y su posición, se mostró... –Encogió sus estrechos hombros y desvió la mirada.

- Amable con nosotros –dijo Yoruichi con suavidad.

Se miraron a los ojos, y entonces se entendieron sin decir nada, dos personas más acostumbradas al desdén que a la aceptación.

- Sí, creo que por eso me cae bien... además de porque tenga un Herschel. Porque fue amable contigo- dijo Hirako con una sonrisa.

Cielos ¿podría querer a aquel muchacho más delo que lo quería ya? Volvió a apretarle las manos y le sonrió- Qué coincidencia. A mí me cae bien porque fue amable contigo.

Una sonrisa iluminó la cara del chico.-Bueno, todo el mundo dice que tú y yo nos parecemos –Señaló la carta con la cabeza- ¿Vas a leerla?

- Por supuesto

Cogió la misiva mientras Hirako tomaba asiento y untaba con mermelada de fresa una gruesa rebanada de pan, a modo de segundo desayuno. Tras romper el lacre, extrajo dos pliegos de papel de color marfil.

Estimada señorita Shihōin:

Me llamo Nanao Ise y vivo en un pequeño pueblo a una hora de caballo al norte de Tunbridge Wells. Aunque no nos conocemos, la escribo para suplicarle, su ayuda. Me mueve una profunda desesperación. Cuando llegó a mis oídos la noticia de que había sido secuestrada por el Ladrón de Novias, comprendí que era usted mi última esperanza.

Mi padre ha dispuesto que me case con un hombre al que odio. Le he rogado y suplicado, pero él se niega a escucharme. Mi prometido es un hombre cruel y despiadado que incluso ha intentado forzarme al casamiento, a cambio de saldar las enormes deudas de juego contraídas por mi padre. Me destroza pensar que mi propio padre sea capaz de venderme de este modo. No dejará el juego ni la bebida y, aunque yo no deseo verlo en prisión, no puedo casarme con ese hombre. Mi padre tomo su decisión y ahora yo debo tomar la mía.

Se lo ruego, señorita Shihōin, es usted la única persona que puede ayudarme. No tengo nadie más a quien recurrir. Mi madre ha muerto y no me quedan más parientes que mi padre. ¿Podría ponerse en contacto con el Ladrón de Novias y hablarle de lo desesperada que estoy y lo mucho que necesito su ayuda? Temo que existen muy pocas posibilidades de que el Ladrón de Novias llegue a enterarse de la gravedad de mi situación ya que mi padre ha organizado este compromiso en secreto. Estoy dispuesta a ir a cualquier parte, a hacer lo que sea, con tal de escapar de la pesadilla en que se convertirá mi vida si se me obliga a casarme con ese hombre. Yo misma intentaría ponerme en contacto con el Ladrón de Novias, pero mi padre ha llegado incluso a encerrarme. Rezo para que llegue a manos de usted esta nota.

Debo partir de viaje a la casa de mi prometido dentro de dos noches. Adjunto un mapa, dibujado por mí, que indica la ruta exacta que seguirá mi carruaje. Por favor, le suplico que haga llegar esta información al Ladrón de Novias para que sepa cómo encontrarme. Comprendo que es mucho pedir por parte de una persona desconocida, pero no habría abusado de su amabilidad si no estuviera desesperada. Por favor, ayúdeme.

Por siempre en deuda con usted,

Nanao Ise.

Había un segundo pliego que contenía el dibujo de la ruta del carruaje. Yoruichi depositó los papeles sobre la mesa y lanzó un tembloroso suspiro.

Hirako tenía los ojos nublados por la preocupación.

-Yoruichi, te has quedado blanca ¿Qué sucede? ¿Es una nota de la condesa?

- No –Y sin decir más tendió la carta hacia Hirako, sabiendo que no podría convencerlo de que no pasaba nada malo.

Hirako la leyó y después miró a su hermana por encima del papel- Pero esto es terrible.

- En efecto. He de ayudar a esa muchacha –Se levantó y comenzó a pasear por la habitación-. Es necesario que haga llegar esa información al Ladrón de Novias, pero ¿cómo?

Hirako también se levantó y también se puso a pasear, al otro lado de la larga mesa de caoba.- Si encontrásemos la cabaña a la que te llevó podríamos dejarle un mensaje. He examinado algunas muestras de cabello y de hojas que retiré de tu ropa la mañana siguiente a tu secuestro, pero...

Yoruichi se paró en seco y lo miró de inmediato.- ¿Qué dices que has hecho?

El chico se ruborizó- Buscaba pruebas que dieran pistas de su identidad. Por desgracia, lo único que logré determinar fue lo que ya habías dicho tú: que montaba un caballo negro y que habías cruzado el bosque.

- Pero ¿para qué querías conocer su identidad? ¡No estarías pensando en cobrar la recompensa que ofrecen por su captura!

- Naturalmente que no. Aunque no dudaría si te hubiera causado algún daño, estoy de acuerdo contigo en que ese hombre es noble y lucha por una causa justa. Simplemente deseaba poner a prueba mi inteligencia contra la suya –Una tímida sonrisa curvó sus labios-. Ya sabes que no puedo dejar un enigma sin resolver.

- Sí, lo sé, pero en este caso debes olvidarlo- la morena apoyó ambas palmas sobre la mesa y se inclinó hacia él-. No sólo podría ser peligroso para ti buscar la respuesta a ese enigma, sino también para él. Una vez que se conozca su identidad, estará acabado. Y es posible que tú salieras perjudicado también.

Hirako extendió un brazo y acarició la mano de su hermana.

- No hay de qué preocuparse, Yoru-chan. Lo único que hice fue unos cuantos experimentos en la cámara, y no obtuve ningún resultado. Y aunque lograra descubrir su identidad, no se lo diría al magistrado.

Ella apreció la sinceridad que había en su mirada y asintió. Luego reanudó su paseo y dijo:

- En cuanto a lo de encontrar esa cabaña, es una buena sugerencia, pero podría llevarnos semanas o meses dar con ella, suponiendo que tengamos éxito. Estaba muy oscuro y sin las gafas perdí completamente el sentido de la orientación.

-Apliquemos la lógica. Necesitamos que el Ladrón de Novias se entere de la grave situación de esa joven. ¿Cómo llegan a su conocimiento los casos de las muchachas que rescata?

Hirako frunció el entrecejo y asintió pensativo.- Eso ¿cómo llegan a su conocimiento? No parece probable que las conozca personalmente a todas.

- Exacto. ¿Y cómo se enteró de mi caso? ¿Cómo sabía que yo no deseaba casarme con el mayor Kuchiki, eso era algo personal que yo dije? Es más aún no se había anunciado mi compromiso, y ni siquiera mamá se hubiese arriesgado a que surgieran chismorreos antes de los arreglos formales.

Los dos se detuvieron y se miraron- Sólo existe un modo –dijo Hirako

- Debió de filtrarse a través de...

- Los chismes de la servidumbre –dijeron ambos al unísono.

- Sí, ésa es la única explicación lógica. No sé por qué no lo pensé antes.

La morena recogió la carta y el mapa y rodeó la mesa.

- Los chismorreos sólo pudieron partir de nuestra familia o de la del mayor. –Tamborileó con los dedos sobre la mesa mientras su cerebro funcionaba a toda velocidad-. Debo hacer correr inmediatamente entre los criados la noticia de la situación en que se encuentra esa joven. Aquí en la casa y en la residencia del mayor. No hay un momento que perder si queremos que la noticia llegue a tiempo al Ladrón de Novias.

- Yo iré a ver al mayor –se ofreció Hirako-. Tengo cierta amistad con el hijo de su cochero. Pero Yoru-chan ¿y si el magistrado se entera e intenta tender una trampa al Ladrón de Novias?

- Haremos todo lo posible para que el rumor no salga de estas dos familias y rezaremos por que así sea. Es un plan peligroso, pero el Ladrón de Novias es muy listo y nosotros tenemos que intentar ayudar a esa joven.

- ¿Y si la noticia no le llega a tiempo?- cuestiono Hirako.

La morena arrugó la carta en sus manos, comprendía muy bien la desesperación de aquella pobre muchacha.

- Yo he tenido la suerte de poder librarme sola de un matrimonio no deseado, pero hay muchas mujeres que no pueden. Si el Ladrón de Novias no puede socorrerla, tendremos que idear otro plan.

- ¿Cómo?

Arrugó el ceño

- No estoy segura, pero ya pensaré algo.

Terminaron su charla y procedieron a lo que habían planeado. Después de hablarle de la grave situación de Nanao Ise a la cocinera. Segura de que la casa entera estaría al corriente al cabo de una hora, se echó encima un chal y se puso el sombrero. De camino al pueblo para la visita cotidiana, hizo una parada en los establos para contarle la historia a Tessai.

Mientras caminaba de regreso observando el sol de últimas horas de la tarde que se filtraba entre los árboles, elevó una plegaria para que su plan diera resultado y la noticia del matrimonio forzado de Nanao Ise llegara a los oídos del Ladrón de Novias... y no a los del magistrado. Al hacer correr tal rumor, tendía una tensa cuerda entre la posibilidad de estar poniendo en peligro al Ladrón de Novias e intentar facilitarle la libertad a una mujer desesperada. Pero la situación requería medidas desesperadas.

Por supuesto, era posible que el rumor no llegara al Ladrón de Novias justo para socorrer a la señorita Ise. No dudó de que ella la rescatara si conociera su situación, pero si no sabía nada, no podía hacerlo. Tenía que lograr que la señorita Ise fuera liberada de la boda que se le venía encima. Pero ¿cómo?

Por su mente pasó una fugaz imagen del Ladrón de Novias, y entonces tuvo una idea como caída del cielo. Comenzó a darle vueltas, sopesándola desde todos los ángulos. Suponía un riesgo terrible, pero estaba en juego la vida de una mujer. Su mente la advertía de que había un centenar de cosas que podían salir mal, pero su corazón le decía que una podía salir bien: la señorita Nanao Ise sería libre.

Si el Ladrón de Novias no acudía a rescatarla, entonces la rescataría ella misma.

….

Soi Fong miraba sucesivamente a Suzumebachi, que pastaba junto al lago y al camino que procedía del pueblo y se internaba en el bosque. Saco su reloj del bolsillo del chaleco y lo consultó con una seña de impaciencia. ¿Quizá, ya habría pasado? No parecía probable, ya que llevaba más de una hora esperándola. Tal vez aquel día no había ido al pueblo. Tal vez estaba enferma...Tal vez….

El crujido de una rama le hizo fijar de nuevo la vista en el camino. Cuando la vio, dejó escapar un suspiro que la irritó. Y la irritó más el súbito salto que le dio el corazón. Por todos los diablos, estaba empezando a comportarse como una adolescente. Allí, de pie en el bosque, sosteniendo una jarra de miel como su fuera una estúpida embelesada. "Y lo eres", le informó una vocecilla interior.

Apretó la mandíbula y mandó al cuerno su irritante –por no decir atinada- vocecilla interior. No estaba embelesada, sino simplemente...Frunció el entrecejo; no sabía qué demonios le pasaba, aparte de estar inexplicablemente irritada consigo misma por extrañarla, por desearla, por ella por parecer tan...Tan Yoruichi.

Si no se sintiera tan nerviosa, se habría reído de sí misma cuando el deseo se le despertó al ver el sencillo vestido azul y el chal que llevaba. La morena venía por el sendero, con aire resuelto y las cejas juntas, como concentrada en algo. El sombrero le colgaba y su cabello brillante parecía más despeinado de lo habitual. Con un gesto inconsciente, se ajustó las gafas, un ademán que desde luego no debería haber acelerado el pulso de Soi, pero que al instante evocó en ella una imagen en la que le quitaba las gafas y se perdía en sus bellos ojos.

Se le escapó un gruñido, y se pasó una mano por el rostro. No debió haber ido allí; no debería haberla esperado. ¿Por qué diablos hacía eso? "Porque no puedes estar alejada de ella". -Su grado de irritación aumento ante la verdad innegable. Pero ¿cómo diablos iba a mantenerse apartada de una mujer que la fascinaba, que la cautivaba? Y todo eso sin una gota de truco, malicia, coquetería ni esfuerzo por su parte. Una mujer que ansiaba ser su amante. Estaba claro que esperarla en el bosque desde luego no era el modo de apartarla de sus pensamientos o dejar de desearla.

Se limitaría a entregarle la jarra de miel. Se trataba de un acto de honor. Le había prometido la miel, e iba a dársela. Después se retiraría inmediatamente de su perturbadora presencia.

Sí, era un plan excelente, claro que sus planes pactados con inteligencia con la morena siempre se iban al trasto.

Cuando La morena se encontraba a unos metros de distancia, Soi salió de entre las bajas ramas del sauce y se plantó en mitad del camino.

Yoruichi se sobresaltó y lanzó una exclamación.-Cielos, lady Fong, casi me mata del susto.

- Perdóneme. No era mi intención- dijo la condesa suavemente.

Entre ellas se hizo el silencio más ensordecedor que Soi había oído jamás. Yoruichi retorció entre los dedos las cintas de su sombrero, obviamente esperando a que la otra hablara, pero era como si su presencia la hubiera privado de todo raciocinio. Se limitó a mirarla, mientras aún retumbaba en su mente la pregunta que le había formulado el día anterior: "¿Tiene idea de lo cerca que he estado de hacerle el amor?". Y la sobrecogedora respuesta de ella: "¿Y tiene usted idea de lo mucho que yo deseaba que me lo hiciera?".- Dios, acaso podría ser más idiota ¿cómo se las había arreglado para dejarla marchar?

Al final, la morena se aclaró la garganta y dijo:

- En fin, es un placer verla de nuevo, mi lady. Si me disculpa –Inclinó la cabeza y se dispuso a continuar su camino.

Pero Soi Fong la agarró por el brazo.- Aguarde. Quería darle esto. –Le tendió la jarra de miel-. La dejó olvidada la otra noche.

Un súbito rubor tiñó las mejillas de la morena, Soi se preguntó si estaría pensando en el ardiente beso que ambas habían compartido en su casa.

Yoruichi tomó la jarra.- Gracias. Me aseguraré de que el señor Shunsui reciba su crema. Y ahora, si me disculpa -Intentó zafarse de su agarre, pero Soi no se lo permitió. La morena le miró con expresión interrogante-. ¿Hay algo más, mi lady?

Soi entrecerró los ojos y estudió su rostro. En sus ojos no había nada parecido al deseo. De hecho, ella la miraba con frialdad y distanciamiento. Diablos, parecía haber perdido todo interés.

Maldita mujer caprichosa, pensó la condesa- así como deseaba ser su amante ahora resultaba que quería alejarse de ella a toda prisa. Su sentido común le dijo que aquello estaba bien; pero el resto de su ser se rebeló. ¿A qué se debía aquel cambio? Aunque ella había rehusado ser su amante, su deseo no había disminuido. Es más, era tan triste que en cierta manera había aumentado.

- ¿Ocurre algo malo, señorita Shihōin? Parece usted tener prisa.- cuestiono al instante.

- No, mi lady. Pero hay un proyecto que necesito iniciar lo antes posible.- respondió.

- ¿Qué proyecto?- soltó la condesa.

Ella bajó los ojos y luego la miro fijamente.- Nada que pueda interesarle a usted.

Soi sintió una aguda punzada de pérdida. Yoruichi no deseaba compartir con ella los detalles de un proyecto que parecía importante para ella. Diablos, no había previsto que fuera a echar tanto de menos la confianza que habían compartido.

Quizá eso era lo mejor, debería simplemente dejarla marchar y olvidarla. Pero no pudo.

Se situó delante de ella y le alzó la barbilla hasta que los ojos de ambas se encontraron.

- Respecto de lo que estuvimos hablando ayer...

Yoruichi se puso de un rojo carmesí.- ¿Ha cambiado de idea?

-"Sí" - No –Frunció el entrecejo-. Pero albergaba la esperanza de que pudiéramos seguir siendo- carraspeo un poco- amigas.

Fuera cual fuese la reacción que esperaba, desde luego no era la explosión de ira que vio en los ojos dorados.- ¿Amigas? –Repitió Yoruichi, levantando las cejas-. Sí, supongo que podemos seguir siendo amigas. Dios sabe que no tengo tantas para rechazar una más.- dijo con un tono sarcástico.

- Sin embargo, está enfadada conmigo.- aclaro la condesa.

- No. Estoy decepcionada. No obstante quizá tenga razón, sí estoy un poco irritada por la situación en que me encuentro, la misma que la de miles de mujeres. Como no somos hermosas ni inteligentes, o ricas herederas, cualquiera que sea el motivo, el cual nos vemos obligadas a convertirnos en célibes solteronas. Obligadas a vivir nuestras vidas sin haber experimentado nunca el contacto físico de otra persona. –Casi le saltaban chispas de los mujer debería poder escoger. Por Dios santo, esto es tan horrible como verse obligada a contraer un matrimonio no deseado.

Soi Fong se quedó inmóvil.- No es lo mismo...

- Sí lo es. Es exactamente lo mismo. –Se soltó de un tirón de los dedos súbitamente relajados de la condesa y dio unos pasos para alejarse de Ladrón de Novias lo entendería muy bien.

Soi Fong se puso en tensión.- ¿El Ladrón de Novias? Qué tontería. Ese tipejo no es más que un delincuente común, que rapta a mujeres que...

"Que no tienen alternativa", pensó la morena y dijo:

- Que se ven forzadas a llevar una vida que no desean –Le tembló la voz por el enojo-. Ese Tipejo, como usted dice, les da una oportunidad, les ofrece el regalo impagable de ser libres. Eso es más de lo que tendrá nunca una mujer como yo o cualquier otra.

Soi sintió una punzada en el corazón, pues no podía negar tal verdad en esas palabras. Las opciones de las mujeres eran limitadas. Ella misma, que no tenía que pasar por eso, se rebelaba ante esa injusticia, pero de un modo que no podía relevarle a la señorita Shihōin.

Apretó los puños a los costados para no tocarla y dijo:

- Aunque efectivamente el Ladrón de Novias lo entendiera, usted no volverá a verlo nunca.

La mirada de determinada y llena de resolución que la morena le devolvió le provocó un escalofrío que le bajó por la espalda.

- Eso es lo que usted cree –replicó Yoruichi con voz tensa. Y, antes de que Soi pudiera recuperarse y decir algo, la morena comenzó su andar raudamente por el sendero.

La condesa se quedó mirando, estupefacta. Seguro que no habían sido otra cosa que palabras acaloradas, pronunciadas en un momento de arrebato, algo muy típico en la morena. Pero recordó que Yoruichi Shihōin era la mujer más directa que había conocido y no se la imaginaba capaz de hacer una afirmación semejante a menos que estuviera convencida de ella.

Estaba claro que tenía la intención o como mínimo la esperanza-de ver de nuevo al Ladrón de Novias. Naturalmente, no podría llevar a buen puerto dicha intención sin la colaboración de Soi Fong pero eso no lo sabía la morena. Sintió miedo. Miedo por ella. Y por sí misma.

Maldición ¿qué estas planeando hacer Yoruichi?