ADVERTENCIA-si usted lee esta historia o si entra por causalidad, debo decir que lo que pueda leer a continuación puede dañar sus inocentes pensamientos, si usted hace caso omiso, espero que sea de su agrado y cumpla sus expectativas….

Sin más que decir….que la lectura sea de su agrado.

PD. Si mi equipo es el real Madrid

…...

Capitulo No 15 – Una aventura Apasionante.

Aquella noche la ansiedad tomo lo mejor de la morena pues llegó al lago a la diez y media. No tenía previsto llegar tan temprano, pero no había sido capaz de permanecer ni un minuto más en su casa. Le atraían el aire fresco de la noche, los ruidos nocturnos y los olores húmedos del bosque, pero sobre todo lo demás Yoruichi no dejaba de pensar en ella.

La condesa posiblemente llegaría en menos de dos horas, la mujer que había aceptado ser su amante. Sonrió ante tal perspectiva, pues esta noche se embarcaría en la aventura más emocionante de su vida, y la viviría con una mujer que para ella se había vuelto muy importante; una mujer por la que innegablemente sentía algo muy profundo.

Cerró los ojos y notó que el corazón le palpitaba aceleradamente, tal como le había sucedido durante toda la jornada. ¿Cómo sería? "Maravilloso. Como todo lo que ya has compartido con ella, sólo que más"- su voz interior le respondió- la morena sintió un calor intenso al recordar su tacto, sus besos, la forma de mirarla. Lanzó un suspiro soñador; la condesa ya le había hecho sentir cosas desconocidas, de ese modo le había despertado el deseo de sentir más. Lo único que esperaba era que su falta de experiencia no empañase el momento y no entorpeciese la relación entre ambas. Hace algún tiempo se rumoraba que la condesa de Wesley era muy asediada por todo tipo de compañía, especialmente la femenina y no cualquier clase de mujer, casi todas eran hermosas, finas y casi siempre mayores que ella, Yoruichi supuso que con ello la condesa prefería tener alguien con experiencia, la angustiaba imaginar no satisfacer a Soi o más bien no estar a la altura de esta gran aventura

Fue caminando hasta su lugar favorito, una pequeña cala oculta por un afloramiento rocoso y altos matorrales. Se sentó sobre una piedra grande y plana y fijó la vista en el agua. Aquel frescor era como un bálsamo para su piel acalorada.

Se quitó los zapatos y las medias. Media hora antes al ver que no soportaba pasar un minuto más paseándose con ansiedad por su habitación, había cogido una camisola de más y había salido en dirección al lago, pues sabía que nada la aliviaba tanto como un chapuzón. Tenía tiempo de sobra para secarse y volver a vestirse antes de que llegara lady Fong.

Se deshizo del vestido y lo dejó cuidadosamente doblado encima de la piedra. Se quitó las gafas y las puso con cuidado dentro de un zapato, cubierta sólo con la camisola, entró en el agua fría hasta que le llegó a la cintura. Aspiró el olor a tierra mojada y exhaló un suspiro de satisfacción, acarició con las manos la superficie del agua al tiempo que cerraba los ojos y se movía en círculo, permitiendo que aquella serena quietud le relajara los músculos y la fuera calmando.

Habían pasado solo Cinco minutos, cuando de pronto escucho el chasquido de una rama. Abrió los ojos de golpe y se volvió hacia el ruido. Entonces vio una mancha borrosa de pie en la orilla. El corazón le dio un brinco, pero antes de que pudiera decir nada, llegó a sus oídos una voz suave y profunda: Al parecer, las dos nos hemos adelantado un poco a la hora predicha.- dijo Soi Fong.

La Condesa de Wesley quedó paralizada de pie en la recogida cala, al ver a la morena en el lago con el agua hasta la cintura, vestida sólo con una camisola y con el resplandor de la luna en los hombros. Ella había llegado temprano, pues no había sido capaz de permanecer más tiempo en su casa pensando en Yoruichi Shihōin, deseándola. Esperaba que ella acudiese con unos minutos de adelanto, pero no había imaginado aquella situación. Era como si los dioses le hubieran puesto allí mismo su propia fantasía erótica, como un regalo.

Sin apartar un solo momento la mirada de la morena, Soi se apresuró a despojarse de su chaqueta y la dejó caer al suelo. A continuación, se desanudó la cinta de su cuello y se la quitó también. Luego, sin la menor vacilación, se adentró en el agua sin detenerse hasta que estuvo al frente de la morena, que la miró sin pestañear con una expresión de incertidumbre y sorpresa.

Soi Fong le cogió las manos y puso su cabeza junto a la de la morena hasta que ambas frentes se tocaron.

- Confío en que ya no me verás borroso.

La morena negó con la cabeza e hizo rozar las dos narices.- No. Pero has arruinado tu ropa y tus botas.

- Tengo más- respondió suavemente y se inclinó un poco hacia atrás para absorberla con la mirada. Yoruichi llevaba el pelo sujeto con una sencilla cinta, sus ojos parecían enormes y en ellos se veía una mezcla casi sobrecogedora de consternación y anhelo.

Parecía le temblaba la boca y Soi tuvo el impulso de tocarla, de besarla, con intensidad y urgencia, puso las manos de ella sobre la camisa mojada a la altura de los hombros.

- Me han contado que has nadado en este lago –susurró.

Por el semblante de la morena cruzó una expresión de vergüenza.

- Los chismosos suelen fijarse en lo que ellos consideran una conducta rara. Estoy segura de que tú te escandalizaste como Dios manda.

-la condesa sonrió- Para nada, la verdad es que me sentí fascinada. –Su mirada se posó en los senos de la morena, sus pezones erectos luchaban contra la delgada tela de la camisola-. No tienes idea de cuántas veces te he imaginado así o mejor dicho he fantaseado con verte así como ahora, mojada, con poca ropa y esperándome.

- La morena abrió sus ojos con sorpresa-¿En serio?- cuestiono Yoruichi.

- Sí, casi constantemente- Le pasó un dedo por la mejilla, el mentón y el cuello, observando las emociones que fueron desfilando por sus ojos. Todas las preguntas que pudiera haber albergado al contemplarla inmóvil, deseando seguir adelante según lo previsto, se disiparon al ver ardiente deseo que había en su mirada dorada.

La mano continuó su lento recorrido rozando la garganta y después deslizándose hacia abajo para acariciar la naciente curva del seno. La morena dejó escapar una leve exclamación, entonces Soi recogió agua en sus manos y dejó caer un fino chorro sobre su hombro. Vio como resbaló hasta el pecho, hipnotizada ante ella, repitió varias veces la operación dejando escurrir el agua entre sus dedos sobre la piel broceada de Yoruichi que parecía más hermosa al encontrarse iluminada por la luz de la luna.

- Allí donde te toca el agua – dijo con suavidad-, tu piel resplandece como el oro.

Yoruichi se sujetó de la camisa de Soi.-Según la ley de Newton –murmuró con un hilo de voz-, a toda acción le sigue una reacción igual pero opuesta.

La condesa Sonrió- Ah- Por eso cuando yo te toco así...–ahuecó sus manos en la totalidad de sus pechos-, ¿cuál es tu reacción?

- Un... Estremecimiento- respondió Yoruichi con agitación.

- ¿Y cuando hago esto...? –Soi Fong acarició los pezones a través de la camisola mojada y tiró suavemente de ellos al tiempo que amoldaba la blanda carne a sus palmas.

- Oh, Dios... –Exclamo la morena y dejó escapar un gemido-. Un temblor- dijo- Por todas partes.

- ¿Y esto? –Lentamente le deslizó los tirantes de los hombros para dejar al descubierto sus pechos altos y redondeados, los pezones oscuros y erectos.

- Se me olvida respirar- dijo la morena sintiendo el deseo correr por todo su cuerpo.

Soi se sintió traspasada por el deseo, afilado como un cuchillo .Con lentitud bajó la cabeza y comenzó a lamer delicadamente uno de aquellos pezones erguidos, después el otro. La morena se retorció, todavía asida a su camisa como si fuera un salvavidas.

Tras deslizar un brazo alrededor de sus caderas y sostenerle la cabeza con el otro, Soi Fong la inclinó hacia y atrapó un pezón con la boca. La acarició con parsimonia con los labios y la lengua, degustando su piel de seda, recreándose en la rápida inspiración que hizo la morena, seguida de un profundo gemido que la excitó aún más. Su mano se deslizó hacia abajo, hasta sus redondos glúteos, para apretarla más contra ella, presionando su suavidad.

En ese momento la inundó un rápido deseo y perdió toda noción de tiempo y espacio. Resonó en su mente aquello que parecía el deseo profundo de su corazón- Mia-mientras le iba bajando la camisola con los dientes. Recorrió con sus dedos la piel que iba revelando, al tiempo que dejaba un rastro de besos ardientes por su cuello, hasta fundir la boca de ella con la suya.

Sintió la sangre correr por su venas y latirle el corazón con fuerza tanto que le resonaba en los oídos, la condesa sabía que ninguna mujer, jamás, le había sabido de esa manera, tan dulce, tan caliente y sedosa, tan deliciosa que le parecía poder besarla durante días sin saciarse.

Exploró todos los cálidos secretos de su boca memorizando cada textura, se embriago de su sabor a miel, mientras sus manos vagaban cada vez con mayor urgencia por su espalda, pareciéndole insuficiente pues quería más.

Necesitaba reducir el ritmo que llevaba y saborear cada uno de sus gemidos, cada parte de su cuerpo, pero, tal como había sucedido todas las veces anteriores, La morena le privó de toda sutileza. No había previsto hacerle el amor por primera vez acá de pie en el lago, pero al parecer no podía parar; diablos es que le era casi imposible, ni siquiera era capaz de frenar un poco. El corazón se estremecía. Era como si su propia piel estuviera a punto de estrangularla del deseo que le poseía, necesita sentir las manos de Yoruichi en su cuerpo con urgencia.

Se apartó y aspiró profundamente.- Tócame, Yoruichi. No tengas miedo- dijo Soi.

Los ojos de la morena brillaron de incertidumbre.-No sé qué tengo que hacer. No quiero disgustarte.

- No es muy probable que ocurra eso. –Se desabotonó rápidamente la camisa que ya se ceñía a sus propias curvas por el agua y a continuación tomo la mano bronceada y se la pasó por los pechos. Un gemido surgió de su garganta. Soltó su mano y agitadamente le dijo: -Hazlo otra vez.

Yoruichi le acarició y notó cómo se estremecían los músculos bajo aquel leve contacto.

- ¿Te gusta? –le preguntó, extendiendo los dedos sobre su piel blanca de porcelana, con los ojos iluminados por la sorpresa admirando aquellos pechos pequeños, bien formados y su fuerte abdomen.

- Dios, sí.- respondió en un hilo de voz la condesa.

Cada vez más intrépida, Yoruichi acaricio los pechos amoldando sus manos a la tersa piel, imitando los movimientos de Soi minutos antes.

- ¿Cuál es tu reacción cuando hago esto? –indagó la morena.

Soi Fong necesitó de toda su voluntad para quedarse quieta y permitir que la explorase, estaba demasiado excitada para no terminar el acto en esos instantes.- Me late con fuerza el corazón.

Yoruichi le acarició los pezones.- ¿Y eso?

Ella se movió ligeramente y soltó un leve gemido que había luchado por abandonar su boca.- Me excita.

Yoruichi abrió unos ojos como platos. A continuación, Soi le tomó una mano y la deslizó sobre sus pechos, abdomen y luego la sumergió en el agua y le apretó contra su entrepierna.

- Tú me excitas- dijo con voz ronca de pasión- De manera incuestionable, casi insoportable. Hay muchas palabras con "i" para describir el efecto que ejerces en mí Yoruichi.

Los dedos de la morena se movieron hundiéndose en la intimidad de Soi Fong quien apretó los dientes al sentir una oleada de placer recorrerle. Aguantó con dificultad aquel dulce tormento mientras la morena la recorría con los dedos, descubriéndola a través del pantalón. Su mirada dorada permanecía fija en la de ella y la condesa vio cómo absorbía todo lo que ella sentía, junto con el abrasador deseo que ardía en sus propios ojos.

Sin apartar la mirada, Soi se desabrochó los pantalones y Yoruichi hundió sus dedos entre sus pliegues desnudos con los dedos, lo cual le cortó la respiración. El agua fría no mitigó aquel febril deseo.

Dios, no sabía cuánto podría aguantar así. Los dedos de la morena se movían casi con maestría, matándola de placer, con cada caricia que le proporcionaba. Pero cuando la presionaron ligeramente sobre el clítoris, Soi le aferró la muñeca con un poco de fuerza.

- ¿Te he hecho daño? –murmuró con preocupación la morena.

Soi le apretó la muñeca más fuerte.- No. Pero cuando haces eso... –Tragó saliva.

De pronto los ojos dorados se iluminaron al comprender.- ¿Cómo reaccionas? –preguntó con voz llena de deseo y mirada picara.

- Hace que me olvide de que contigo debo ir despacio- dijo la condesa- Me olvido de tu inocencia.

Yoruichi presiono los dedos sobre aquel punto dolorido y le arrancó un fuerte gemido.

-Hoy no me siento precisamente inocente –susurró-. Me siento decadente, perversa. Y...lujuriosa.

Dios, La morena sí sabía lo que era desear, desear hasta tener la sensación de arder en llamas. Desear hasta sentir que te ardían las entrañas.- Quiero tocarte más –susurró.

Incapaz de negarle algo Soi le soltó la muñeca. La morena deslizó la mano suavemente arriba y abajo, estimulándola hasta hacerle perder todo rastro de autodominio.

Se desvaneció todo su aire mundano, su experiencia, el dominio de su propio cuerpo. Las manos le temblaron y las rodillas le flaquearon, todo su cuerpo temblaba de excitación y todo por causa de Yoruichi Shihōin, ese deseo abrumador crecía en ella. No existía nada excepto la morena. El contacto de sus manos, la sensación de su piel bronceada. La abrumó la necesidad de poseerla, de estar dentro de ella. Ahora. Antes de que explotara en sus manos.

Soi agarró el borde de la camisola de la morena y la tiró hacia arriba.

- Agárrate de mis hombros y rodéame las caderas con las piernas – gruñó en un tono apenas reconocible.

Yoruichi lo hizo y se abrió a ella. Soi dio unos pasos hacia la orilla y deslizó una mano entre ambas y comenzó a acariciarla en un lento movimiento circular, observando cómo la morena cerraba los ojos. Los dedos de la morena se le hincaron en los hombros y sus inspiraciones se volvieron largas y profundas.

- Mírame –ordenó Soi Fong.

Cuando Yoruichi abrió los párpados, experimentó una intensa satisfacción al ver su expresión extenuada y extasiada. Le dijo: Di mi nombre.

Los labios de Yoruichi se entreabrieron para emitir un suspiro:- Lady Fong.

- No, mi nombre de pila –Abrió sus suaves y húmedos pliegues jugueteando lentamente antes de introducir un dedo-. Dilo.

-Soi–susurró ella.

Sintió que su calor suave le envolvía el dedo y dio un respingo, Yoruichi estaba caliente, húmeda y muy dispuesta. Y ella no podía esperar más.

Con la mirada clavada en la suya, la tomó por las caderas con una mano y continúo ahondando con la otra. Al topar con su virginidad se detuvo, de improviso le golpeó el significado de lo que estaba haciendo. Ella estaba a punto de arrancarle su inocencia, de mancillarla de manera irremediable. Pero, por el cielo, a no ser que ella le rogara que se detuviera, ya no había vuelta atrás, ella no podía detenerse la deseaba de forma casi primitiva, posesiva.

-Todavía no hemos terminado, ¿verdad? –preguntó Yoruichi con una consternación reprimida.

-No, princesa, aún no hemos terminado- dijo Soi jadeando, hundió su rostro en el cuello de la morena y rozo su nariz y respiro en el causando un escalofrió en la morena, acto seguido levanto el rostro y la miro fijamente- Cuando rompa tu virginidad, probablemente te dolerá un instante.

La morena le acarició la cara con los dedos mojados.-No puede dolerme más que la idea de no compartir esto contigo- le dio un beso apasionado- No te detengas, quiero saberlo todo, vivir todas las sensaciones.

Rogando no lastimarla, Soi Fong le apretó las caderas con más fuerza y la atrajo hacia abajo al tiempo que ella empujaba su mano en su condición de mujer. Yoruichi abrió los ojos y soltó una exclamación ahogada, un sonido que conmovió a la condesa.

-Lo siento –dijo, haciendo un esfuerzo para no moverse-. ¿Estás bien?

Maldición, ¿Quizá habría sido demasiado brusca? Debería haber tenido más cuidado. Hacerlo más lentamente. Pero es que ella casi la había vuelto loca de deseo.

- Estoy... bien- dijo la morena en un hilo de voz.

Soi se sintió aliviada, pero su alivio se transformó al instante en tortura sensual. Su cálida feminidad envolvió sus dedos como un guante de seda. Haciendo apretar los dientes para resistir aquel placer provocado por aquella calidez húmeda, permaneció inmóvil para darle tiempo a la morena de adaptarse a la sensación de sus dedos penetrándola. Una miríada de emociones cruzaron por el rostro de Yoruichi: sorpresa, asombro y después placer, que unos segundos más tarde dejó paso al deseo.

- En realidad estoy... –Movió las caderas un poco y entonces Soi profundizó ligeramente, sintiendo la caricia de su fuego líquido. Yoruichi ensartó los dedos en sus hombros y lanzó un prolongado suspiro al tiempo que cerraba los ojos-. Oh, Dios- exclamo.

Aferrada a sus caderas, Soi Fong se movió dentro de ella con una lentitud insoportable, retirándose hasta casi salir de su cuerpo, sólo para penetrarla nuevamente. Cada vez que profundizaba más, Yoruichi lo hacía con más fuerza, hasta que Soi se encontró temblando de deseo. Su respiración se transformó en una serie de rápidos jadeos irregulares, que coincidían con las inspiraciones entrecortadas de la morena conforme las embestidas iban siendo cada vez más fuertes y rápidas, el agua se arremolinaba, acariciando sus cuerpos agitados. Soi temió que su intensidad pudiera asustarla, pero Yoruichi se movía a la par que ella, en una danza sensual y erótica jadeando de la misma forma.-Soi–gimió- la morena.

Sus piernas la ceñían igual que un torniquete y sus brazos le rodeaban el cuello, presionando sus senos desnudos contra los de Soi.

La tenia aprisionada, la abrazaba con tal fuerza que no sabía dónde terminaba la piel de ella y dónde comenzaba la propia. Notó el orgasmo de Yoruichi reverberar en todo su cuerpo; su corazón estalló contra el suyo, sus caderas se agitaron y su resbaladiza intimidad vibró alrededor de sus dedos, ahogándola en el mismo torbellino que la arrastró a ella.

En el instante en que Yoruichi se dejó caer sobre ella, Soi retiro sus dedos suavemente. La estrechó con fuerza y hundió el rostro en su fragante cuello. Siguió acariciándola tiernamente y otorgándole suaves besos, sintiendo como sus músculos volvían a relajarse.

No tenía ni idea de cuántos minutos transcurrieron antes de que su respiración se regularizase y por fin pudiera levantar la cabeza. Cuando lo hizo, Yoruichi se inclinó hacia atrás todo lo que se lo permitieron los brazos que la estrechaban y clavó su mirada dorada en los ojos color acero.

Sus ojos color oro despedían un brillo de incredulidad.

- Por el cielo –susurró-. Ha sido... –su voz terminó en un suspiro.

- Increíble –aventuró Soi

- Indescriptible –confirmó Yoruichi.

- Inolvidable

Yoruichi le recorrió el contorno de la boca con el dedo índice.- Cuántas palabras con "i"para describir el efecto que has provocado en mí, Soi.

Ella le besó el dedo y a continuación lo chupó lentamente.

- Cuántas palabras con "i"para describirte a ti, Yoruichi–dijo la condesa.

La morena bajó la vista y Soi no pudo evitar sonreír cuando se dio cuenta de que la había hecho ruborizar.

- No sabía que la gente hiciera esto en el agua- dijo suavemente.

- Yo tampoco- respondió la condesa.

La mirada de Yoruichi se posó en ella.- ¿Quieres decir que tú nunca has...?

- ¿En un lago? No. Ésta ha sido la primera vez.- dijo Soi sin dejar de acariciar a la morena.

El rostro de Yoruichi se iluminó con una sonrisa de genuina satisfacción y a Soi se le cerró la garganta al ver la imagen encantadora y sensual que ella ofrecía.

- Me alegro de que para ti también haya sido agradable –dijo Yoruichi-. Temía que mi falta de experiencia te decepcionase- dijo la morena.

Por un instante Soi sintió su corazón inundado de una ternura que nunca había experimentado por nadie más que su hermana. ¿Cómo era posible que la morena ignorara que era una mujer fascinante, en todos los aspectos? "Porque son muchos los necios que no ven lo que tienen delante de las narices". Idiotas. Con todo, egoístamente no podía negar que lo que otros no habían sabido reconocer ni admirar en Yoruichi de algún modo la hacía pertenecerle más a ella.

Le apartó un mechón de pelo mojado de la cara y le dijo: Te aseguro que jamás en mi vida me he decepcionado menos. Desde luego, no es una sensación que tú me hayas inspirado nunca. A ti no te falta nada, Yoruichi. En ningún sentido.

Nuevamente la vio ruborizarse y bajar la mirada. Unos segundos después alzó de nuevo los ojos y susurró: No sabía que se pudiera experimentar esta sensación tan caliente.

¿Caliente?- cuestiono la condesa-Diablos, más atinado sería decir hirviente dijo con toda la naturalidad posible.

Había sentido un calor tan abrasador como para caldear todo aquel condenado lago. El solo hecho de recordar la sensación de tenerla a ella enroscada a su cuerpo y sus dedos hundidos en lo más hondo de su interior, hacía su deseo renacer.

- Creo que lo mejor es que salgamos del lago antes de que nos enfriemos –"mejor dicho Antes de que vuelva a hacerte el amor"-. Soi Fong tomo la mano de Yoruichi y entrelazo los dedos de ambas, saliendo del lago-No tenía la mínima intención de hacerte el amor por primera vez en el agua.

En los ojos dorados despertó la curiosidad.- ¿Y qué tenías planeado?

- Llevarte a una pequeña cabaña que hay en mi propiedad –Dijo con seriedad, la miró a los ojos y sintiendo como se le alteraba el pulso- ¿Te gustaría acompañarme allí ahora?- dijo Soi con nerviosismo y un leve sonrojo.

La morena expreso la única palabra que Soi Fong deseaba escuchar.- Sí.

Tomaron sus ropas y llegaron junto a Zusumebachi. Soi ayudo a la morena a montar, acto seguido ella monto tras ella rodeándola con sus brazos, le dio un leve beso en el cuello y la morena hizo todo lo posible por acomodarse girándose para quedar frente a frente, al hacerlo entrelazo sus piernas a la cintura de Soi y se besaron despacio mientras la condesa la apegaba más a su cuerpo si es que se podía, dejo sus labios y comenzó a besarle el mentón dejando leves mordisco mientras Yoruichi le acariciaba los senos, Soi con suavidad susurró en su oído- Sostente que debemos irnos, Suzumebachi no estará feliz si seguimos con las muestras de afecto, la morena asintió y puso su rostro en el cuello níveo de la condesa y acto seguido le dio un beso, cerró los ojos y aspiro el olor que desprendía Soi.

La condesa dio un respingo, abrazo más a la morena y espoleo a Suzumebachi. En la cabaña le haría el amor con lentitud, la recorrería completa, develando cada rincón de su piel bronceada, conociendo cada curvatura de su cuerpo, besando y deteniéndose en cada lunar y al final probaría el néctar de su intimidad. La deseaba más de lo que había deseado algo en la vida, mucho más de lo que hubiese imaginado.

…...

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Saludos…hay me dicen que tal.