Hola, acá otra actualización que espero sea de su agrado.

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Capitulo No 17 - Sentimientos y Confirmaciones.

A la mañana siguiente, antes de reunirse con sus padres y con Hirako en la salita del desayuno, Yoruichi Shihōin trataba de asimilar las dos noches pasadas con la condesa Fong el día de ayer no había tenido tiempo entre su familia, la visita a su amiga Kukaku Shiba y el encuentro de Soi por la mañana, se miró en el espejo de cuerpo entero de su dormitorio.

¿Cómo era posible que tuviera el mismo aspecto cuando todo había cambiado completa e irrevocablemente hace dos días? ¿Cómo podía ser que todas las cosas extraordinarias que estaba sintiendo no se reflejaran en el exterior, salvo quizás el color que le teñía las mejillas?

Se rodeó con los brazos y cerró los ojos para permitir que acudieran a ella los recuerdos de la primera noche con Lady Fong. Ni en sus sueños más intrépidos hubiese imaginado las intimidades que habían compartido, primero en el lago y luego en la cabaña. La sensación indescriptible de yacer desnuda frente a otra mujer que exploraba lentamente su cuerpo con las manos y los labios, no dejando ningún rincón de su cuerpo sin descubrir, sin degustar, despertándole una pasión que jamás se había sentido capaz de experimentar. Y luego el increíble deleite de explorar a su vez el cuerpo blanco como la porcelana, esbelto, fino desnudo de ella, reclinada delante del fuego, cuyo resplandor iluminaba un fascinante despliegue de músculos y curvas femeninas. Caricias sin fin y susurros mientras la condesa le enseñaba cómo darle placer y descubría su propio placer. Besos largos, profundos y lentos, que le llegaban al alma.

Quien pensaría que luego de la primera noche, el día siguiente tendrían otra que había resultado hermosa, siempre llena de mucha pasión y deseo pero con un trasfondo distinto la morena se podía aventurar a decir que la noche de ayer fue casi romántica. Ciertamente había sido la mejor aventura de su vida y quizá mucho más, porque después de la primer y segunda noche cualquiera pensaría que era menester una pausa o un tiempo prudente para volver a verse, pues la pasión había sido saciada, pero para su molestia ella podía sentir en sus entrañas la necesidad urgente de la condesa, de su piel, de su tacto, de sus besos, de esa mirada que le dedicaba. Diablos era como si cada día que pasaba, su necesidad de ella crecía a raudales, pero será que Soi Fong sentía lo mismo, no lo sabía pero quizá el hecho de que esta misma noche también se habían citado dejaba entrever que ella lo deseaba de la misma manera.

Abrió los ojos y contempló a la mujer insignificante que reflejaba el espejo ¿Qué había visto Soi en ella? La noche anterior la condesa la había adorado como si fuera una diosa y sin embargo era innegable que una mujer como ella podía tener a la mujer que quisiese. Pero, por increíble que fuera, la deseaba a ella a la rara Yoruichi. ¿Pero, durante cuánto tiempo será eso?

"No pienses en eso", le advirtió el corazón, pero su cerebro y su sensatez rehusó escuchar. Sería una estupidez creer que podría mantener interesada durante mucho tiempo a alguien tan mundana como la condesa Fong. ¿Cuánto terminaría por cansarse? ¿Una semana? ¿Un mes? Sintió un pensar en su corazón ante la posibilidad de separarse de ella, de no volver a verla nunca, o en un caso peor de verla y tener que fingir que entre ellas no había ocurrido nada; saber que Soi Fong disfrutaba con otra mujer de las intimidades que había compartido con ella.

-Cerró los ojos con fuerza- Pues le invadieron los celos ante la idea de que Soi acariciara a otra mujer de la misma forma en que lo había hecho con ella la noche anterior, pero si era de ir más lejos no deseaba que alguien más la tocase, la excitase, le diese placer como ella lo había hecho. Se agito en su respiración y luchó por reprimir las lágrimas que le quemaban los ojos, en un valiente intento de disipar aquel pensamiento antes de que el corazón se le rompiera por completo.

"Soy tonta. Se suponía que esto iba a ser una aventura, pero me enamorado de ella".- Su voz interior le acuso y ella abrió sus ojos con sorpresa.

¿Por qué no había pensado antes en eso? ¿Por qué no se había preparado? ¿Por qué no se le había ocurrido que podría perder el corazón por ella? La condesa Fong, no sólo poseía cada uno de los rasgos que admiraba en una persona, sino que además inundaba todos los rincones de su mente de fantasías románticas que debería desechar por risibles e ilógicas, pero en cambio la inundaban de amor.

Yoruichi intentó obviar su voz interior, pero fue en vano, pues tenía la razón: Ella la amaba. La amaba sin remedio, sin esperanza. Por lo que solo quedaba reconocer la única palabra que describía cómo quedaría ella cuando terminara la relación entre ambas: destrozada.

La condesa Fong al terminar su relación posiblemente pasaría a la mujer siguiente y ella se quedaría sin nada excepto los recuerdos dolorosos, porque no imaginaba tomar jamás otra amante; su alma y su corazón ya pertenecían a Soi Fong.

Se limpió las pocas lágrimas que lograron escapar de sus ojos dorados, se incorporó y comenzó a pasear por la habitación con angustia. Cuanto más tiempo permitiera que continuase su relación con Soi, más intenso sería su sufrimiento cuando ésta terminara. Sabía con dolorosa certeza que lo único que haría sería enamorarse más de ella y al final ella no podría ocultarlo porque no era buena actriz, nunca se le había dado el fingir.

Se detuvo y ocultó la cara entre las manos. Santo Dios, qué vergonzoso sería que Soi supiera de…-frunció el ceño- que la compadeciera por aquellos sentimientos tontos.

Pero ¿qué otra cosa podía hacer salvo compadecerse? No había posibilidad de que ella correspondiera sus sentimientos, tal vez la tratara con amabilidad o le profesara cierto afecto, pero nunca se enamoraría de una mujer como ella, nunca la desposaría o desearía pasar el resto de su vida a su lado. Recordó las palabras que le había dicho: "No tengo intención de casarme nunca".

Yoruichi tampoco sentía deseos de casarse, es más nunca fue su sueño el hacerlo, eso era una decisión que hasta entonces le había resultado muy fácil mantener. ¿Por qué iba a querer pasar toda la vida con alguien que no respetara su dedicación al estudio científico? Abrigaba la esperanza de hacer algún día una aportación importante a la medicina con su crema de miel, cosa que la condesa sí respetaba. Ahora, por primera vez, caía en la cuenta de que no tenía que renunciar a sus sueños para satisfacer a alguien.

Pero la mujer a la que amaba había dejado bien clara su aborrecimiento al matrimonio. ¿Por qué tenía una opinión tan tozuda al respecto? Sacudió la cabeza. Aunque sentía curiosidad, al final los motivos no importaban. No deseaba casarse y ya está, nadie podía cambiarlo y si por cosas del destino algún día cambiara de idea, por supuesto escogería una esposa joven y bonita perteneciente a la aristocracia.

Su sentido común le decía que pusiera fin a la relación. De inmediato. Antes de arriesgar más el corazón. Pero el corazón se rebelaba y la instaba a aferrarse con todo al tiempo que pudiera conservar a Soi Fong consigo, para disfrutar mientras durase. Tenía una vida entera para reparar su corazón.

Aunque la morena sospechaba que el corazón no se le curaría nunca. Y que nunca podría soportar que Soi la compadeciese. Se conocía también que sabía que no lograría esconder lo que sentía por ella. Por su propio bien, para evitar enamorarse de ella de un modo del que no podría recuperarse jamás, tenía que poner fin a la relación inmediatamente.

Aun así, se le hacía imposible y dolorosa la idea de no verla más. Necesitaba abrazarla, tocarla, al menos una vez más, para acumular los recuerdos que tendrían que durarle todas las noches vacías y solitarias que la esperaban. Habían acordado reunirse aquella noche, a las once, en la verja del jardín, para después dirigirse a la cabaña de ella. La abrazaría una vez más y luego rezaría para encontrar las fuerzas necesarias para dejarla marchar, si eso era lo que debía hacer.

…..

Soi Fong estaba de pie frente a las ventanas de su estudio privado, tomando su café matinal. Su mirada vagó hasta el reloj situado en la chimenea y una sonrisa irónica curvó sus labios. Habían pasado exactamente cinco minutos desde la última vez que había consultado la hora.

Quince horas para volver a Yoruichi de nuevo. No, en realidad eran quince horas y treinta y dos minutos. ¿Cómo demonios iba a hacer para ocupar su tiempo? Echó un vistazo a su escritorio; había varias cartas que requerían su atención, al igual que las cuentas de su propiedad de Norfolk.

Lanzó un largo suspiro de frustración. Por mucho que intentara enfrascarse en el trabajo, nada lograría borrar los recuerdos de la primer noche con ella, la sensación de tener a Yoruichi debajo de ella, encima de ella, enroscada alrededor de ella; escuchar su nombre pronunciado por ella en el momento de alcanzar el clímax entre sus brazos, explorar cada rincón de su cuerpo curvilíneo, la fascinación con que la exploraba el suyo, aquella candente intensidad de deseo, las sonrisas eróticas y llenas de seducción que compartieron.

Ninguno de sus anteriores encuentros sexuales le había preparado para lo experimentado con la morena. Es más podía asegurar que jamás había sentido aquel abrumador impulso de proteger a una mujer, aquella ternura que le apretaba el corazón, aquel agudo deseo de saber todo de ella, tanto de su cuerpo como de su mente; aquella apremiante necesidad de complacerla en todos los sentidos, de estrecharla contra sí y simplemente no soltarla más, por ello había hecho que la noche anterior fuese distinta, especial para la morena, era posible que dos noches seguidas con ella la tuviesen en ese estado ansioso, se sentía como una adicta, que necesitaba de su dosis diaria, la morena estaba llenándola de una urgencia casi dolorosa y eso la confundía, le hacía perder el enfoque.

Apuró el último sorbo de café y dejó la taza de porcelana sobre el escritorio de madera, se presionó las sienes en un vano intento de calmar los desconcertantes sentimientos que la abordaban. Maldición, se sentía nerviosa y al mismo tiempo, extrañamente vulnerable y eso no le gustaba nada. ¿Cómo se las había arreglado Yoruichi, una mujer ingenua en los caminos del amor, para excitarla y cautivarla como jamás lo había conseguido ninguna mujer experimentada? ¿Por qué las noches con la morena no estaba resultando como todas las noches que había pasado en brazos de una amante: placentera mientras duró, pero totalmente olvidable una vez consumado el acto y satisfecho su deseo?

Se le ocurrieron una docena de palabras para describir la primera noche y la anterior, pero "olvidables" no era ninguna de ellas. Soltó una amarga risa al recordar que menos de un mes antes había imaginado que podría ver a Yoruichi Shihōin una vez más y luego olvidarse de ella. ¡Qué broma tan cruel! Ya mucho antes de hacerle el amor no había podido apartarla de sus pensamientos y ahora ocupaba todos los rincones de su mente.

¿Olvidarse de ella? ¿Cómo abrigar semejante esperanza cuando tenía su tacto, su olor, grabados de manera indeleble en el cerebro? Y temía que en más lugares, era como si le hubiera escrito su nombre en el corazón alma. Eso le resultaba preocupante.

Aquel deseo abrumador, aquella honda necesidad de tenerla admitía una prueba dolorosa para su autocontrol, un aspecto de sí misma de la que siempre se había enorgullecido.

Sintió que se le retorcían las entrañas y se maldijo mentalmente. ¿Cómo había permitido que todo llegase a ese punto? ¿Por qué había seguido con algo que era totalmente imposible? "Porque eres una maldita egoísta y no podías quitarle las manos de encima".

Por mucho que aquello la avergonzara, no podía negar la verdad que le divulgaba su vocecilla interior. Y sólo había un modo de reparar lo que su maldito egoísmo había dañado.- Tendría que poner fin a la relación con la morena.

Todo su ser elevó un grito de protesta y juraría que su corazón había implorado: "¡No!". Pero, maldita sea, todos aquellos sentimientos, aquellas sensaciones dulces y tiernas que Yoruichi Shihōin generaba en ella la inquietaban sobremanera. La aterraban. Ella no podía ofrecerle el futuro que ella merecía. Ciertamente, era posible que una relación a largo plazo con ella fuera un peligro para Yoruichi. Su relación tarde o temprano tendría que terminar. Por el bien de las dos, necesitaba que fuera más bien temprano, pero Dios, todavía no.

Tenía que verla de nuevo, una sola vez más, para memorizar cada una de sus miradas, su tacto, cada centímetro de ella, para grabar su sonrisa, Soi sabía en su imprevisto agitado fuero interno, que nunca conocería a otra mujer como Yoruichi Shihōin.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos por unos pequeños golpes en la puerta del estudio.- Adelante.- dijo con tono serio.

Entró su mayordomo, por lo general inalterable, hoy parecía iluminado por una animación inusual.- Tiene una visita, mi lady.

El corazón se le agito. ¿Sería Yoruichi? Hizo un esfuerzo por conservar un tono sin inflexiones y preguntó: ¿De quién se trata?

En los ojos del hombre destelló un brillo inconfundible.- Es la señorita Rukia, mi lady.

En ese mismo instante apareció detrás de él su hermana Rukia, el rostro enmarcado por su hermoso cabello negro perfectamente peinado. Mostraba signos de agotamiento y tensión, y las lágrimas afloraban a sus ojos violetas. Hundió la mirada en ellos y sintió alivio al no encontrar sufrimiento, aunque resultaba dolorosamente obvio que su hermana continua sufriendo una sensación de acoso y una penosa inseguridad en sí misma.

Le tembló el labio inferior cuando dijo: Hola, Soi. Gracias por...

La condesa se acercó en tres grandes zancadas y la estrechó contra sí en un fuerte abrazo que ya no le permitió decir palabra alguna. Rukia le pasó los brazos por la cintura y con los puños apretados contra su espalda, hundió el rostro en su hombro. Tembló un poco y Soi la estrechó con más fuerza, preparada para pasar todo el día así y absorber sus lágrimas si eso era lo que necesitaba Rukia.

Se le hizo un nudo en la garganta y maldijo su incapacidad para borrar aquel sufrimiento. Rukia parecía pequeña y frágil en sus brazos y sin embargo Soi sabía que poseía una sólida fortaleza interior, siempre había sido así.

Hizo una seña al mayordomo, que se retiró con discreción. En el momento en que se cerró la puerta, Soi Fong apoyó una mejilla contra el suave cabello de su hermana; entonces esbozó una pequeña sonrisa, su hermana todavía olía a rosas. Siempre había olido así, incluso cuando era pequeña.

Al cabo, los estremecimientos fueron cediendo, Rukia alzó la cabeza y miró a su hermana a través de sus pestañas húmedas.

- ¿Te encuentras bien? –le preguntó en voz suave.

Rukia asintió lentamente.- Lamento haberme derrumbado así. Es que he sentido una gran alegría al verte y por estar aquí.

Soi le depositó un breve beso en la frente.- No tienes idea de lo estupendo que es tenerte aquí de nuevo. Éste es tu hogar, Rukia. –Le obsequió una sonrisa-. He estado muy solitaria sin ti.

Rukia no le devolvió la sonrisa y Soi sintió un vuelco en el estómago: su hermana ya no era la niña risueña y de ojos luminosos que había conocido en su juventud. Maldijo a su padre y también al hombre con el que la había obligado a casarse, por haberle robado la alegría y las risas. "Juro por Dios que voy a hacer todo lo que esté en mi mano para que no vuelvas a estar triste nunca más".

- Éste es tu hogar, Soi–repuso Rukia- me siento agradecida por tu generosidad.

- No es ningún esfuerzo disfrutar de la compañía de mi hermana favorita.

Rukia no sonrió, pero Soi creyó ver una tenue chispa de diversión en sus ojos.

- Soy tu única hermana, abejita.

- Ah, pero si tuviera una docena seguirías siendo mi favorita- replico Soi.

En vez de la carcajada que esperaba oír, Rukia se apartó de sus brazos y fue hasta la ventana para contemplar el florido jardín.- Se me había olvidado que esto es precioso.

Soi Fong le propuso:- ¿Te apetece dar un paseo por los jardines y así te pongo al día de todas las noticias de por aquí? Luego, por la tarde, a lo mejor quieres acompañarme a hacer una visita.

Rukia se volvió a mirarla con curiosidad.- ¿A quién vas a visitar?- cuestiono, era sabido que ella no era de hacer amistades o de andar visitando.

- A los Shihōin ¿Te acuerdas de ellos?- cuestiono Soi.

Rukia apretó los labios, reflexionó unos segundos y asintió con la cabeza.- Sí. Tienen varias hijas y un hijo, creo recordar.

- Tres hijas, todas casadas excepto la mayor. Es al hijo, Hirako, a quien voy a visitar. Es un muchacho de una inteligencia increíble. Ha construido en el antiguo granero un laboratorio fascinante que él llama la cámara. Le prometí ir a ver un invento en el que está trabajando. Se acercó a ella y la tomó dulcemente de las manos- Te gustará conocer a Hirako y también a su hermana y a sus padres, si están en casa. Estoy segura de que te encantará la señorita Shihōin y...

- Te lo agradezco, pero no me siento con fuerzas para responder preguntas sobre... –Dejó la frase sin terminar y miró el suelo.

Soi le puso un dedo bajo la barbilla y le levantó el rostro hasta que las miradas se encontraron.- No tengo intención de someterte a ningún sufrimiento, Rukia. Yoruichi... quiero decir, la señorita Shihōin no gusta de chismorreos. Es amable y al igual que te ocurre a ti, no le vendría mal una amiga.

De repente se quedó petrificada al comprender lo que estaba haciendo, se había ofrecido a presentarle a su hermana, su amante. Había sugerido que ambas se hicieran amigas. ¡Por todos los diablos! Es que acaso toda sensatez y decoro le habían abandonado, no podía ofender a Rukia de esa manera, pero tampoco pensaba o catalogaba a la morena en aquellos términos; maldición, ella era su amiga.

Se pasó las manos por el cabello, la enormidad de lo que le había hecho a la morena la golpeó como una piedra. Ella había convertido a una mujer extraordinaria, inocente en su amante. En lo que a toda la sociedad concernía, el comportamiento de Yoruichi no la dejaba en mejor lugar que una ramera. Se enfureció al pensar que alguien pudiera considerarla de aquel modo, Yoruichi era una mujer cariñosa, inteligente, generosa y buena que merecía mucho más de lo que ella le había dado, de lo que ella le podía dar.

Obviamente esa era otra razón para poner fin a la relación. Aquella misma noche. Además, con el fin de conservar algo de su mancillado honor y no ofender más a la morena, tenía que terminar con todo sin hacerle el amor otra vez. Un malestar se instaló en su estómago, solo había sido suya una noche y ya no tendría la oportunidad de tocarla de nuevo. Pero lo que le dolía en el corazón era el hecho de darse cuenta de que al tomar a Yoruichi como amante había arruinado toda esperanza de que quedaran como amigas. No se imaginaba regresando a la natural relación de la que habían disfrutado anteriormente, cuando la deseaba con todo su ser.

La voz de Rukia la sacó bruscamente de sus pensamientos.- Está bien, te acompañaré a visitar a los Shihōin–Escudriñó su mirada con ojos serios pues vio a su hermana perderse en sus , sé que no quieres mi gratitud, pero debo darte las gracias; no sólo por permitirme vivir aquí, sino por no presionarme para que te de detalles.

- No pienso hacerlo –dijo ella-, pero estoy dispuesta a escuchar lo que tú desees compartir.

- Gracias. Ha pasado tanto tiempo desde que... –Apretó los labios y tragó saliva-. No quiero hablar de él. Ya no está –Alguna emoción profunda afloró a sus ojos-. No puedo llorar por él, su muerte me ha liberado de muchas cosas.

Aquellas palabras, aquel tono exaltado, hicieron hervir la sangre a Soi, no sólo de rabia hacia Ichimaru sino también hacia sí misma.-Debería haber matado a ese canalla –espetó-. Ojalá hubiera...

Rukia silenció sus labios con los dedos.- Ni lo digas. Te habrían ahorcado por asesinato y él no valía nada para perderte a ti. Yo hice mis votos matrimoniales ante Dios y era mi deber cumplirlos.

- Él no los cumplió- bramo molesta- Yo debería haber...

- Pero no hiciste nada. Porque yo te pedí que no lo hicieras. Respetaste mi deseo por encima del tuyo y te estoy agradecida. –En sus ojos relampagueó la determinación que tanto le conocía-. He pasado los cinco últimos años en oscuridad, quiero volver a disfrutar de la luz del sol.

Soi le apretó las manos ligeramente.- Entonces salgamos y gocemos del sol.

Por los labios de Rukia cruzó una sonrisa fugaz y a Soi le alegro el corazón.

- Me parece –dijo Rukia- es la mejor invitación que me han hecho en mucho tiempo.

…..

Soi y Rukia se encontraban en la cámara de Hirako, escuchando con interés cómo el muchacho les explicaba su invento más reciente, un aparato denominado "cortadora de guillotina".

- Hace unas semanas nuestra cocinera se lastimó cortando patatas –decía Hirako-. Se le resbaló el cuchillo de la mano y la hoja estuvo a punto de cortarle también un pie al caer al suelo. Con mi cortadora, esto deja de ser un problema. Observen.

Sacó un disco redondo y metálico tachonado de una docena de púas cortas y lo pinchó en el extremo de una patata. A continuación introdujo la mano por una correa de cuero unida al disco y colocó la patata sobre al aparato, que en efecto parecía una guillotina horizontal apoyada en unas patas de madera de quince centímetros de alto.

- Se fija la cuchilla en su sitio –explico-. Agarro el disco metálico para no cortarme los dedos y simplemente paso la patata por la cuchilla.

Sujetó la cortadora en su sitio con su mano libre e hizo la demostración. En unos segundos apareció un montón de trozos de patata uniformemente cortados en el plato que había debajo de la cortadora. Luego señaló una manecilla situada a un lado del artilugio y agregó:

- Estoy trabajando en la posibilidad de añadir un elemento que permita ajustar el grosor del corte. Una vez que lo haya perfeccionado, espero desarrollar una versión de mayor tamaño basada en los mismos principios, para cortar carne.

- Muy impresionante –comentó la condesa examinando un trozo perfectamente cortado.

Las mejillas del joven Hirako se ruborizaron de satisfacción. Soi puso una mano en el hombro del chico y le dijo:- Me interesaría comprar una de estas máquinas para mi cocinera.

Los ojos de Hirako se agrandaron detrás de las gafas.- Oh, con mucho gusto le regalaré una, lady Fong.

- Gracias, pero insisto en pagarla. De hecho, me atrevo a decir que si esto se pusiera a la venta, acudirían muchos interesados –Se volvió hacia Rukia-. ¿Qué opinas tú?

Su hermana se quedó atónita al ver que le pedían su opinión.

- Yo... pues, me parece un invento ingenioso que sería de gran utilidad en cualquier casa.

Soi le sonrió y se volvió hacia Hirako.

- Creo sinceramente que es una máquina que posee un gran potencial, Hirako. Si te decides a comercializarla...

- ¿Quiere decir como un negocio?- pregunto el joven con una cara extrañada.

- Exacto. Poseo varios contactos en Londres a los que podría hablar en tu nombre. Y yo misma estaría dispuesto a invertir dinero si decidieras lanzarte, con el permiso de tu padre, naturalmente.

La oferta de la condesa dejó estupefacto al chico.

- Eso es muy amable por su parte, mi lady, pero aún no he terminado el diseño. Además, yo soy un científico, no un comerciante.

- En ese caso, podrías estudiar la posibilidad de vender tu idea a un tercero. Sea como fuere, mi oferta continúa en pie. Piénsalo, coméntalo con tu padre y comunícame lo que decidas. Si quieres, yo también podría hablar con tu padre.

- Muy bien. Gracias –Hirako se ajustó las gafas y dijo con cierta timidez-: De hecho, hay otra cosa de la que quisiera hablar con usted, Condesa Fong.

Dirigió una mirada incómoda a Rukia que, percibiendo que se trataba de algo privado, inclinó la cabeza y dijo:- Gracias por enseñarme tu máquina, Hirako. Si me perdonas, quisiera dar un paseo por los jardines y disfrutar de este tiempo tan maravilloso, si no te importa.

- En absoluto, mi lady–Se sonrojó-. Espero no haberla aburrido. Mamá siempre me advierte que no suelte discursos a los invitados.

- Al contrario, he disfrutado mucho de la visita- espeto Rukia dando una sonrisa trémula, como si hubiera olvidado que su rostro era capaz de hacer aquel gesto. Segundos más tarde, dedicó a Hirako una sonrisa plena y auténtica y a Soi Fong se le conmovió el corazón, aquella muestra de felicidad era un bálsamo para su alma. Se sintió llena de gratitud hacia Hirako por haberle dado a Rukia un motivo para sonreír.

Ella salió y cerró la puerta de la cámara a sus espaldas, inmediatamente Soi se volvió hacia el chico y se sorprendió al ver la consternación que mostraba su rostro.

- ¿Ocurre algo malo, muchacho?

- Necesito preguntarle una cosa, mi lady.

Soi lo escudriñó. El joven parecía estar soportando el peso del mundo sobre sus delgados hombros. Sintió un escalofrío de intranquilidad. ¿Tendría algo que ver con Yoruichi? Maldición ¿podría ser que el muchacho los hubiera visto la noche anterior en el lago?

- Puedes preguntarme lo que sea –le aseguró Soi, rezando para que no fuera nada, pero aun así haciendo acopio de fuerzas.

Hirako abrió un cajón y extrajo una bolsita de cuero negro. Desató el cordón y esparció sobre su mano un poco de polvo.- Esto es un polvo que tiene propiedades fosforescentes, inventado por mí –dijo en voz baja-. Que yo sepa, nadie más tiene algo así.

La condesa Fong sintió una punzada de alivio y confusión a un tiempo. Se acercó más para examinar la sustancia.- ¿Y para qué sirve?

- Despide un ligero brillo y se adhiere a todo –Dejó la bolsita sobre la mesa y se limpió la mano en sus pantalones negros. Luego intentó sacudirse el polvo, pero no lo consiguió del todo-. En realidad es el brillo, más que el polvo en sí, lo que no se puede quitar del todo de la tela.

Soi Fong observo fijamente los pantalones de Hirako y de pronto comprendió. Se acordó de haber observado recientemente aquel mismo brillo extraño en sus botas.

Hirako se irguió y la miró a los ojos.- Hace dos noches esparcí este polvo sobre la silla, las riendas y los estribos de la montura de cierta dama.

Había algo en la mirada firme de Hirako que provocó en Soi un frío presentimiento.- ¿De qué dama?

-De la Ladrona de Novias- dijo directamente el joven Hirako.

El nombre quedó flotando en el aire por unos segundos, reparando en que había hablado de "El Ladrón de Novias" en forma femenina. Después, con el semblante totalmente sereno, Soi preguntó:

- ¿Qué te hace pensar que aquel caballo le pertenecía? ¿Y porque te refieres a ese criminal de forma femenina?

- Yo la vi. En el bosque podría reconocer ese tipo de cuerpo, no se trataba de un hombre sino de una mujer. Vestida toda de negro, con una máscara que le cubría toda la cabeza, llevaba el cabello largo amarrado en una coleta. Rescató a la señorita Nano Ise.

Durante breves instantes todo quedó congelado en Soi: su respiración, su sangre, sus latidos. Al cabo, alzó las cejas y repuso con tono controlado:- Quizá estás en un error...

-No hay ningún error –la interrumpió Hirako meneando la vi con mi hermana y con la señorita Nanao. Esparcí los polvos sobre su silla, sus riendas y sus estribos. Al día siguiente- suspiro y ajusto sus gafas-ayer usted vino a ver a Yoruichi y traía restos de esos polvos en las botas. Y también en la silla, las riendas y los estribos de su caballo.

- Mis botas y mis arreos simplemente venían sucios del polvo del camino.- aclaro Soi.

- No era polvo, lady Fong. Eran mis polvos. Los reconocería en cualquier parte. Pero, sólo para confirmar mis observaciones, limpié un poco de su silla. Y coincide perfectamente.

La condesa logró tragarse una carcajada de incredulidad. Todas las autoridades de Inglaterra, junto con la Brigada contra el Ladrón de Novias y otros cientos de personas deseosas de cobrar la recompensa que pesaba sobre su cabeza y un muchacho de catorce años había triunfado donde todos fracasaban. Si no estuviera tan atónita y alarmada, habría felicitado a Hirako por un trabajo bien hecho. Pero para su desgracia, la inteligencia del chico bien podía costarle la vida.

Se apresuró a estudiar varias coartadas que podía intentar hacer creer a Hirako, pero con la misma rapidez comprendió su cobardía; Hirako no sólo poseía inteligencia, sino también una gran tenacidad. Estaba claro que le resultaría más ventajoso confiar en él que intentar engañarlo, pero antes tenía varias observaciones quehacer.

- Estás preguntándome si la Ladrona de Novias soy yo- pregunto.

Hirako asintió al tiempo que tragaba saliva.

- ¿Pretendes cobrar la recompensa?

Los ojos del muchacho se nublaron de sorpresa y angustia.

- Oh, no, mi lady. Siento el mayor respeto por la misión que usted, bueno que ella... que usted desempeña- tropezó con sus palabras- Es usted la personificación de la valentía y el heroísmo. Quiero decir ella, bueno... usted. –Se sonrojó intensamente-. Las dos lo son.

La condesa de Wesley entrecerró los ojos.- ¿Te das cuenta de que si la Ladrona de Novias es apresada, la ahorcarán?

El sonrojo huyó al instante de las mejillas de Hirako.

- Le juro por mi alma que nunca se lo diré a nadie. Jamás. Nunca haría algo que pudiese perjudicarla, mi lady. Usted ha sido una buena amiga conmigo y también con Yoruichi.

Al oír aquel nombre, Soi cerró los puños y una aflicción inundo su corazón.- ¿Hirako has hablado con tu hermana de esto?

Hirako negó con la cabeza con tanta vehemencia que casi se le cayeron las gafas.

- No, mi lady, como le he dicho tiene usted mi palabra de honor de que no lo haré. –Se aclaró la garganta- Y le sugiero que usted tampoco lo haga.

- ¿Eres consciente de que si el magistrado descubre que Yoruichi ha ayudado a la Ladrona de Novias en el rescate de la señorita Nanao Ise, podrían acusarla de delito?

El rostro del joven se tornó blanco como el papel.

- El magistrado no se enterará de nada por mi boca. Pero insisto en que usted no debe decírselo a mi hermana, porque creo que eso la pondría furiosa. Verá, me ha dicho que... –Dejó la frase sin terminar y frunció el entrecejo.

El corazón de Soi se le apretó.- ¿Qué es lo que ella te ha dicho?

- Que la sinceridad es algo crucial y que la mentira destruye la confianza –Su voz fue transformándose en un susurro-. Y que sin confianza no hay nada.

Soi Fong apretó los dientes ante el dolor que le produjeron aquellas palabras. Por supuesto, ante eso ya no había ninguna esperanza de que la morena y ella pudieran tener un futuro juntas algún día, debido a su tarea como Ladrona de Novias, y tampoco pensaba arriesgar la seguridad de ella revelándole su identidad. Aun así, si por un momento de locura pensara en revelársela, la perdería de manera irremediable por haberla engañado. "Sin confianza no hay nada".

Hirako buscó su mirada resueltamente.- No quiero que hieran a mi hermana, lady Fong.

- Yo tampoco, Hirako. Te doy mi palabra de honor de que no permitiré que le pase nada.

Hirako alzó ligeramente la barbilla y agregó: Yoruichi la aprecia a usted. No juegue con sus sentimientos.

La condesa sintió admiración por aquel muchacho, aun cuando sus palabras la abofetearon con la culpa. "Yoruichi la aprecia". También la apreciaba ella... más bien demasiado.

- No pienso hacerle daño –aseguró Soi a Hirako-. Entiendo perfectamente y respeto tu deseo de proteger a tu hermana; yo siento lo mismo por la mía. Ella es la razón por la que hago... lo que hago- dijo suavemente.

Hirako agrandó los ojos.- Reconozco que me preguntaba cuál era el motivo.

- Nuestro padre la obligó a casarse. Yo no pude salvarla, así que desde entonces salvo a otras.

La expresión de Hirako decía que de pronto lo comprendía todo y ambos intercambiaron una larga mirada ponderativa.

Soi le tendió la mano.- Me parece que nos entendemos el uno al otro.

Hirako le estrechó la mano con firmeza.- Así es. Y permítame decirle que para mí es un honor conocerla.

Los hombros de Soi se relajaron.- Vaya. Yo estaba a punto de decir lo mismo –Soltó la mano del chico y acto seguido señaló la puerta con la cabeza-. Quisiera presentar a nuestras respectivas hermanas. ¿Está en casa la señorita Shihōin?

- Cuando yo vine a la cámara, estaba leyendo en la salita- aclaro el joven con una sonrisa.

- Perfecto.

…..

Salieron del laboratorio, Soi delante. Parpadeó para adaptarse al resplandor del sol; vio a Rukia sentada en un banco de piedra del jardín y alzó una mano a modo de saludo. Ella le devolvió el gesto y se puso en pie. Había recorrido la mitad de la distancia que las separaba cuando de pronto su hermana se detuvo y pareció clavar la mirada en algo situado a la espalda de Soi Fong.

Ella se volvió y quedó petrificada. Notó que Hirako llegaba a su lado y que aspiraba aire con fuerza.

Era algo increíble después de ponerse de acuerdo sobre La Ladrona de Novias, caminando hacia ellos, con expresión rígida, se acercaba Yoruichi y su lado venía Kurosaki Ichigo, el magistrado.

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Saludos para los que leen y a los que dejan comentarios muchas gracias.