Capitulo No 18- Motivos y Desacuerdos.

A medida que Yoruichi y el magistrado se aproximaban a la cámara, la morena trataba de disimular su preocupación. La inesperada visita de Kurosaki con el fin de volver a interrogarla sobre su secuestro por parte del Ladrón de Novias la había puesto un poco nerviosa. Aunque sus preguntas no indicaban con claridad que sospechara que ella hubiese hecho algo malo, no podía evitar preguntarse si habría descubierto de algún modo su participación en el rescate de la señorita Nanao Ise. Se sintió aliviada cuando él anunció que se marchaba, pero cuando lo acompañaba a los establos en busca de su caballo, alcanzaron a ver a lady Fong y a Hirako saliendo de la cámara.

El corazón de la morena dio un vuelvo al ver a Soi y para angustia suya, Kurosaki cambió de dirección al momento y se encaminó hacia la cámara murmurando que le gustaría hablar un instante con la condesa. Mientras se esforzaba por caminar al paso de las largas zancadas del magistrado, la morena se fijó en una mujer que por el sendero del jardín se acercaba a Soi Fong. Noto el parecido que había entre ambas y la reconoció al instante gracias al retrato que había visto en la mansión Fong. Iba vestida de negro y la morena experimentó afecto por ella; justo aquella misma mañana su madre había mencionado que la hermana de la condesa había enviudado recientemente.

Cuando Ichigo Kurosaki y ella se unieron al trío frente a la cámara, el grupo entero permaneció inmóvil unos segundos, una escena muda formada por un quinteto de diversas expresiones.

…...

La morena intentaba ocultar su incomodidad, pero no estaba segura de conseguirlo. Hirako miraba fijamente al magistrado como si fuera un fantasma. El semblante de Soi que también miraba al magistrado, se veía totalmente inexpresivo. Al igual que Hirako y Soi, la hermana tenía la vista clavada en el mismo hombre, con los ojos muy abiertos y la cara pálida. Yoruichi miró al señor Kurosaki, cuya atención estaba centrada en la hermana de la condesa, por algún extraño motivo, el aire que rodeaba al grupo estaba cargado de tensión... o quizá sólo se lo parecía a ella debido a la ansiedad que sufría. La condesa Fong rompió el silencio. Inclinó la cabeza hacia ella, al magistrado y les dijo:

- Buenas tardes. Permítanme presentarles a mi hermana, Rukia. Ésta es Yoruichi Shihōin y el señor Ichigo Kurosaki, el magistrado.

La morena realizó una reverencia y dirigió una sonrisa a la mujer.- Es un placer conocerla.

La tristeza se presentía en la media sonrisa que le dedicó Rukia, lo cual provocó un sentimiento de simpatía en Yoruichi, no sólo por la pérdida de su esposo sino también porque sabía por Soi Fong que su matrimonio no había sido feliz.

- También es un placer para mí, señorita Shihōin–contestó Rukia-, aunque yo diría que nos habíamos visto hace años, en alguna velada.

El magistrado se adelantó y ejecutó una reverencia.- Es un honor verla de nuevo, mi lady.

Las pálidas mejillas Rukia se tiñeron de color y bajó la mirada al suelo.- A usted también, señor Kurosaki.

- Mis condolencias por la pérdida de su esposo- expreso el magistrado.

- Gracias.-contesto suavemente.

Siguió otro incómodo silencio y Yoruichi se preguntó por qué Soi no le había mencionado la visita de su hermana.

Habló Soi- ¿Qué le trae a la casa de los Shihōin, Kurosaki?

- Deseaba formular a la señorita Shihōin unas preguntas más sobre su desgraciado encuentro con el Ladrón de Novias.

La morena se mordió el interior de la mejilla y rogó que no la delatasen sus sentimientos. No le convenía que precisamente el magistrado sospechara de ella.

- ¿Le han sido de alguna utilidad esas pistas que andaba siguiendo? – indagó Soi

- No han servido para nada. Pero he recibido cierta información que parece ciertamente alentadora.-dijo el magistrado con una pequeña sonrisa.

La condesa alzó las cejas.- ¿De veras? ¿Algo que pueda compartirnos?

- Una de las víctimas que fue raptada el año pasado ha escrito a su familia. Esta mañana me ha traído la carta su padre. En ella tranquiliza a su familia y les dice que se encuentra bien. No revela su paradero, aparte de decir que está viviendo en América y que recientemente ha contraído matrimonio. El dato más interesante es que viajó a América con un pasaje y dinero que le proporcionó el Ladrón de Novias la noche en que la raptó. –Kurosaki se acarició el mentón-. He de decir que me siento aliviado. Esta nueva prueba por lo menos demuestra que el Ladrón de Novias no asesinó o hizo algo inapropiado con esa muchacha.

De los labios de la morena brotó una exclamación de impaciencia.

- Por el amor de Dios, señor Kurosaki, no creerá usted que el Ladrón de Novias causa algún daño a las mujeres a quienes socorre, ¿verdad? Siempre deja una nota en la que lo explica.

Ichigo le dirigió una mirada penetrante con el ceño fruncido.- Así es. Pero hasta esta carta no había ningún rastro de sus víctimas. No tengo ninguna prueba de que alguna de ellas siga con vida, excepto un puñado de notas de un delincuente sin honor buscado por la justicia.

Ella levantó la barbilla.- Yo diría que esa prueba soy yo, señor Kurosaki. Como puede ver, el Ladrón de Novias no me causó daño alguno; de hecho, tomó toda clase de precauciones respecto de mi seguridad.

- Salvo por el detalle de raptarla, claro.- aclaro el magistrado con sarcasmo.

Yoruichi experimentó una oleada de irritación. Abrió la boca para continuar discutiendo, pero Soi se le adelantó. Seguro que se podrá valer de esa nota para localizar a esa mujer e interrogarla.

La morena clavó su mirada en la condesa, angustiada.

El semblante del magistrado se endureció.- Ya he tomado medidas a tal efecto. Hasta ahora el Ladrón de Novias ha logrado escapar, pero pronto lo atraparemos. Peinaré el país de arriba abajo hasta dar con él.

En ese momento se oyó un sonido apenas audible pero familiar que atrajo la atención de Yoruichi hacia Hirako. El joven tenía el rostro pálido y permanecía inmóvil, recto como un palo, excepto por la rítmica flexión de sus dedos, que producía un débil chasquido. Era algo que hacía sólo cuando algo lo angustiaba sobremanera. Estaba claro que las palabras de Kurosaki lo habían sobresaltado, un sentimiento que ella compartía plenamente.

- ¿El país? –Repitió la condesa-. Hubiera creído que un criminal de baja calaña como él se ocultaría en Londres. Allí hay literalmente miles de edificios y callejuelas donde esconderse. Sin duda ese rufián se oculta entre las chozas o junto a los muelles.

La morena apretó los labios y rogó que no se le notaran la decepción y la angustia que le causaron las palabras de Soi. ¿Por qué ella tenía que considerar un delincuente al Ladrón de Novias y hacer indicaciones que podían conducir a su captura? Aunque ansiaba hacer oír su opinión, no se atrevió a pronunciar palabra por miedo a hablar de más y empeorar la situación.

- Antes yo también creía que el Ladrón de Novias se encontraría en Londres –dijo Kurosaki-, pero empiezo a sospechar que prefiere el campo. Parece ser un hombre que posee medios económicos y contactos para comprarles a esas mujeres un pasaje para otro país y entregarles fondos para comenzar una vida nueva. Según todas las descripciones, la montura, el magnífico semental negro, vale el rescate de un rey y a pesar del alto precio que han puesto a su cabeza, no ha aparecido nadie que afirme mantener un animal como ese.

Por lo que me incita a pensar que tiene un establo propio.

La condesa se acarició el mentón y asintió lentamente.- Una teoría interesante. –Esbozó una leve sonrisa-. No le envidio el trabajo que le va a costar meter las narices en todos los establos de Inglaterra, magistrado.

- Espero que eso no sea necesario. Basándome en los lugares donde se han llevado la mayoría de secuestros, considero posible que ese bandido actúe probablemente dentro de un radio de cincuenta millas. Con la ayuda de la brigada, que cada día es más numerosa, no debería resultar difícil rastrear esta zona.

A la morena se le hizo un nudo en el estómago. Parecía como si el círculo se fuera estrechando cada vez más. Si pudiera advertir de algún modo a la Ladrona de Novias... pero no podía faltar a la promesa que le había hecho. Y por supuesto ella no necesitaba que Yoruichi le advirtiera de los peligros que corría. Ella los conocía de sobra.

- Estoy pensando en solicitar voluntarios que ayuden personalmente a realizar el peinado de la zona –continuó Kurosaki, al tiempo que dirigía una mirada reflexiva a Soi-. ¿Le interesaría lady Fong?

- Será un placer para mí ayudar en lo que pueda –respondió Soi sin dudarlo-. Poseo contactos en varios establos de las cercanías y en muchos de aquí a Brighton. Con gusto haré averiguaciones para usted.

A la morena se le cayó el alma a los pies. ¡Soi Fong estaba a punto de desempeñar un papel activo en la captura de la Ladrona de Novias! Ofrecía sugerencias lógicas, la ventaja de los contactos que poseía, además de mostrarse dispuesta a ser voluntaria. ¡Gracias a Dios ella nunca le había confesado sus encuentros con la Ladrona de Novias!

Sintió angustia y miedo, además se dio cuenta de que había cometido un error terrible. ¿Cómo podía haberse enamorado de una mujer que tenía opiniones tan distintas de las suyas, una mujer tan deseosa de acabar con la Ladrona de Novias? ¿Y por qué, a pesar de su diferencia de criterios sobre esa cuestión, seguía amándola? "Porque en todos los demás aspectos es maravillosa. Ella nunca ha visto la Ladrona de Novias, no la conoce tan bien como tú. Si la conociera, también la vería como una heroína".

Santo Dios, jamás en su vida se había visto en semejante disyuntiva. La investigación para descubrir a su heroína iba estrechando su cerco igual que un nudo corredizo y la mujer a la que amaba ayudaba a la ejecución. Visualizó una imagen de la Ladrona de Novias caminando hacia la horca.

Hirako se aclaró la garganta y atrajo su atención.- Si me disculpan, he prometido a mi padre jugar una partida de ajedrez y ya se me hace tarde.

Todos se despidieron de él y el chico se fue hacia la casa, caminando al doble de su velocidad habitual. La morena se lo quedó mirando con preocupación; se veía a las claras que estaba alterado y sabiendo que él consideraba a la Ladrona de Novias una mujer noble que luchaba por una causa justa, era evidente que se sentía ansioso de huir de aquella conversación. No pudo reprochárselo; ella deseaba hacer lo mismo. Pero antes tenía un par de cosas que decirle a Soi.

Se volvió hacia ella y la encontró mirándola fijamente, con una concentración que le cortó la respiración, la misma intensidad ardiente con que la había mirado mientras exploraba su cuerpo. Al instante le vino a la memoria el recuerdo de Soi desnuda y totalmente excitada, arrodillada entre las piernas de ella. Sintió un calor repentino, como si una cerilla le hubiera prendido fuego al vestido. Miró a hurtadillas a lady Rukia y a Kurosaki y sintió alivio al ver que estaban entretenidos en admirar uno de los rosales de su madre. De modo que se inclinó hacia la condesa Fong y le susurró: Necesito hablar contigo. En privado.

Luego se irguió y contuvo un suspiro de frustración. Por más que deseara hablar con Soi de inmediato, la cortesía dictaba que ofreciera unos refrigerios. Así pues. Tendría que llevarse a Soi a una parte antes de que se fuera.- ¿Les apetece entrar en la casa a tomar un té?

- Gracias, señorita Shihōin–dijo lady Rukia- pero me temo que el cansancio del largo viaje ha hecho mella en mí. Creo que será mejor ir casa, pero con gusto vendré a verla otro día.

Al momento surgió la preocupación en los ojos de su hermana y ella le apoyó una mano enguantada en la manga-. Me encuentro bien, sólo fatigada Soi. Conozco el camino de regreso a la mansión. Por favor, disfruta de la visita –Se volvió hacia Yoruichi-. Ha sido un placer verla de nuevo, señorita Shihōin y también conocer a su hermano.

- Gracias, mi lady. Espero que pronto nos veamos de nuevo.- dijo la morena.

La condesa miró alternativamente a Yoruichi y a su hermana- No quiero que te vayas a casa sola, Rukia.

- Será un honor para mí acompañar a lady Rukia a casa en mi carruaje –terció Kurosaki.

- Eso no es necesario –rehusó ella con tono tenso.

Soi le sonrió- Tal vez no sea necesario, pero me quedaría más tranquila si supiera que te acompañan hasta la puerta. Yo te llevaré el caballo cuando me vaya.

Rukia puso cara de querer negarse, pero de pronto aceptó con un gesto brusco de la cabeza. Tras despedirse, Ichigo le ofreció el codo. Rukia posó la punta de los dedos en su brazo y ambos echaron a andar por el sendero que conducía a los establos.

En el momento mismo en que desaparecieron de la vista, Soi aferró a Yoruichi de la mano y la condujo hacia la cámara. Ella no quería que oyesen su conversación. Cuando entraron, Soi cerró la puerta y se apoyó contra la madera, contemplándola con los ojos entornados. La morena le devolvió la mirada haciendo caso omiso del calor quela invadía. ¿Cómo se las arreglaba para afectarla de aquel modo sólo con mirarla? Era absolutamente ilógico. Y de lo más molesto.

Soi se separó de la puerta y se acercó a ella despacio, hasta que quedaron a escasa distancia la una de la otra.- ¿Querías hablar conmigo?- dijo con suavidad en su voz, a la vez que la tomaba de la mano.

Obligándose a concentrarse a pesar del tacto de su mano y de la perturbadora proximidad de la condesa, la morena asintió con la cabeza.- Es en relación con lo que le has dicho al señor Kurosaki sobre el Ladrón de Novias.

- Entiendo. ¿Y es del Ladrón de Novias de lo que habéis hablado el señor Kurosaki y tú durante su visita?- pregunto la condesa.

- Sí. Me ha formulado la misma clase de preguntas que la noche en que fui secuestrada por error. Naturalmente, no he podido arrojar más luz sobre el tema. Pero en cuanto a lo que has dicho tú de ayudarlo a capturarlo y de ofrecerte a hacer averiguaciones...

- ¿Si?- pregunto la condesa con tono serio.

- Te ruego que no lo hagas –Dijo la morena y en sus ojos llameó una fugaz emoción que no supo identificar-. No te lo pediría si no fuera importante para mí. Ya sé que la mayoría de la gente opina que el Ladrón de Novias es un criminal...

- Y ciertamente lo es, Yoruichi. El secuestro es un delito.- espeto Soi y soltó la mano de la morena.

- ¡Pero si él no secuestra a nadie! No obliga a las mujeres a que lo acompañen. No les hace ningún daño ni exige rescate alguno. A mí me devolvió a casa sana y salva cuando se dio cuenta de que había cometido un error, con gran riesgo para sí mismo, debo de añadir. – Examinó el rostro de Soi, desanimada por su expresión éeme cuando te digo que no es ruin como la gente hace que parezca; es honorable, y sólo pretende ayudar a las mujeres que rapta. Les ofrece una alternativa.- suspiro- Ya sé que no tengo derecho a pedirte que no contribuyas a su captura, pero te lo pido de todas formas. Por favor.

Soi miró aquellos ojos dorados tan serios detrás de las gafas y el miedo le heló el corazón. Maldición, ¿es que no se daba cuenta del peligro en que se ponía ella misma al hacerle semejante petición? ¿Qué pasaría si le pidiera lo mismo a otra persona y se enterase Ichigo Kurosaki? ¿Y si Kurosaki descubría su participación en el último rescate de la Ladrona de Novias, o que había comprado un pasaje para América?

Las consecuencias eran demasiado terribles para tenerlas en cuenta siquiera. Su familia quedaría completamente destrozada. Ella misma resultaría destrozada. Y también Soi.

La sujetó por los hombros y la miró a los ojos, resistiéndose al impulso de sacudirla.

-Yoruichi, escúchame. Debes olvidarte de todo este asunto del Ladrón de Novias. Es muy peligroso.

En los ojos de ella relampagueó un fuego intenso.- No lo es

- Sí lo es. Su propia vida corre peligro, de una forma que tú no alcanzas comprendes. Hay un precio enorme puesto a su cabeza y todo el que esté a su alrededor, todo aquel que intente ayudarlo podría correr peligro también. Quiero que me prometas que no vas a intentar hacer nada.

- No estoy intentando ayudar. Lo único que estoy haciendo es pedirte que no contribuyas a su captura.- aclaro la morena.

- ¿No ves que eso es ayudar, aunque sea de forma indirecta? –La sujetó con más fuerza-. Prométeme que te olvidarás de ese asunto.

Yoruichi la estudió con mirada seria y escrutadora.- ¿Me prometes tú que no vas a ayudar al magistrado?

- No puedo prometerte eso, Yoruichi- espeto Soi con rapidez.

El dolor y la decepción que vio en los ojos dorados de la morena casi acabaron con ella.

- En ese caso, me temo que yo tampoco puedo prometerte nada- dijo en tono frio la morena.

A Soi la impresionó la determinación que había en su voz. La morena trató de zafarse, pero ella la retuvo por los hombros. No podía dejarla marchar así.

- ¿No ves –le dijo, luchando contra la desesperación que la acosaba-que me preocupa tu seguridad? No soporto la idea de que corras peligro.- dijo con angustia la condesa.

Antes de que la morena pudiera replicar, se oyó una voz que llamaba a lo lejos.

-Yoruichi ¿dónde estás?

Ella abrió los ojos como platos.- Cielos, es mi madre. Vamos, deprisa.

Se dirigió rápidamente a la puerta. Soi Fong la siguió y cerró suavemente al salir. Yoruichi la condujo hacia los jardines. Apenas habían puesto un pie en el sendero cuando las alcanzó Minako.

- ¡Estás aquí, querida! Y también ladi Fong–Hizo una reverencia hacia Soi-. En cuando Hirako mencionó que había venido usted acompañada de su hermana, he salido en su busca. Debe usted quedarse a tomar el té, sobre todo dado que la última vez que nos visitó tuvo que marcharse. –Estiró el cuello para mirar alrededor-¿Dónde está su hermana?

- Me temo que acaba de escapársele –contestó la condesa inyectando en su tono la cantidad justa de pesar- Estaba fatigada a causa del viaje y ha regresado a casa para descansar. –Sabiendo que no tenía otro remedio que quedarse, ordenó a su boca que sonriera y ofreció su brazo-. Sin embargo, yo tendré el sumo placer en tomar el té con ustedes.

La aguda mirada de la señora Shihōin rebotó velozmente entre Yoruichi y Soi, luego sonrió.- Bien, eso sería maravilloso ¿no cree?

Si el dolor que inquietaba su corazón revelaba algo, Soi sospechaba que no era precisamente nada que pudiera describirse con aquel adjetivo.

...

El carruaje de Kurosaki avanzaba lentamente por el sendero, la luz del sol se filtraba entre las copas formando sombras moteadas que mitigaban el calor de la tarde. Los únicos sonidos que rompían el silencio era el piar de los pájaros y el leve chirriar del asiento de cuero. Lanzó con el rabillo del ojo una mirada furtiva a su pasajera, buscando desesperadamente algo que decirle, pero seguía teniendo la lengua más atada que el nudo de una cuerda.

Dios, ella era tan encantadora. Llevaba cinco años sin poner los ojos en ella. "Cinco años, dos meses y dieciséis días". No hubiera creído posible que pudiera ser más bella que la imagen que conservaba en su corazón, pero ciertamente lo era. Sin embargo, observó que la muchacha despreocupada de la que él se había enamorado perdidamente había desaparecido. Era evidente que la pérdida de su esposo la había afligido.

Respiró hondo y apretó los labios con fuerza. Cielos, aún olía a rosas. En su alocada juventud, cuando se torturaba con fantasías inútiles de que alguien como él, que carecía de títulos nobiliarios, pudiera cortejar a la hija de un conde, plantó una docena de rosales en un rincón del jardín de su madre. Todos los años aguardaba impaciente a que florecieran, y después se sentaba en el banco de piedra con los ojos cerrados a respirar su delicado aroma, imaginándose el rostro sonriente de Rukia. Cuando comprendió que ella iba a casarse con lord Ichimaru, no volvió a visitar aquella parte del jardín.

- Da alegría volver a casa –dijo Rukia con una voz suave que irrumpió en los pensamientos de Ichigo.

Aliviado de que ella inicio la conversación, preguntó: ¿Cuánto tiempo tiene pensado quedarse?

- He venido para siempre.- respondió suavemente.

El corazón se le disparó al oír aquellas cuatro sencillas palabras y una súbita euforia lo recorrió de arriba abajo, sólo para ser sustituida al instante por el miedo. Se volvió hacia ella y ambos se miraron. Le inundaron como fuego líquido unos sentimientos que creía haber enterrado definitivamente: deseo, necesidad y un amor tan apasionado y desesperado que casi lo sofocó. No había logrado olvidarla, ni siquiera cuando se mudó a la propiedad de su marido en Cornualles. ¿Qué iba a hacer para comportarse con normalidad ahora que ella estaba aquí? La tendría lo bastante cerca para verla, para tocarla, y sin embargo no para reclamarla como algo suyo.

Apartó la mirada con esfuerzo y volvió a fijar su atención en el camino. El hecho de que hubiera regresado a Tunbridge Wells no iba a significar más que una tortura para él. Los años no habían cambiado nada, él seguía siendo un plebeyo y ella una dama, una vizcondesa. Se dio cuenta de que el silencio entre ambos se volvía opresivo y entonces preguntó: ¿Le gustaba vivir en Cornualles?

- Lo odiaba –contestó ella en un tono tan duro que Ichigo se volvió otra vez, sorprendido, no muy seguro de cómo reaccionar. Rukia tenía la mirada fija al frente, el semblante pálido, las manos enguantadas apoyadas sobre el regazo-. Pasaba el tiempo en los acantilados, contemplando el mar, preguntándome...- dijo ella.

- ¿Preguntándose qué?

Ella se volvió y lo miró a los ojos con una expresión de tristeza que le provocó un escalofrío.- Cómo sería saltar desde el acantilado, caer en medio de aquellas aguas gélidas y agitadas.

Impresionado, Ichigo detuvo los caballos. Escrutó su rostro en busca de algún indicio de que estuviera bromeando, pero era obvio que sus palabras eran de una terrible sinceridad.

Tragó saliva: Lo siento –dijo, encogiéndose por dentro al percibir la insuficiencia de sus palabras- No tenía idea. Todos estos años- bajo el rostro- creía que era usted feliz.

- Lo único que me daba un poco de felicidad era el hecho de pensar en mi casa, en poder regresar aquí algún día.- aclaro Rukia.

Un montón de preguntas bullían en su cabeza. ¿Qué le habría ocurrido en Cornualles para ser tan infeliz? Estaba claro que la separación de su casa y de su hermana le podría haber afectado grandemente. Maldijo su propia estupidez por no haber tenido en cuenta dicha posibilidad, pero es que simplemente había dado por sentado que Rukia florecería en aquel entorno nuevo. Se la había imaginado presidiendo veladas elegantes, siendo festejada y admirada por todo el mundillo social. Y aun cuando se le hubiera ocurrido que tal vez no fuera feliz, ¿qué podría haber hecho él? Él era un donnadie no era nada.

Aunque el matrimonio de Rukia le rompió el corazón, ella tuvo que casarse según los deseos de su padre. Y era correcto que lo hiciera así; su padre deseaba su bien y se quedaba tranquilo al saber que su hija iba a vivir mimada por un caballero noble y acaudalado que besaría el suelo que ella pisara. Y en cambio no había sido feliz ¿Tal vez no le había mostrado afecto lord Ichimaru? Parecía imposible creer tal cosa; ¿qué hombre podría no amarla hasta la locura?

De pronto, je embargó la compasión y sin pensarlo, cubrió sus manos entrelazadas con la suya. Ella abrió los ojos ligeramente, pero no hizo ningún ademán de rechazo. Con el corazón acelerado como si hubiera corrido una milla, Ichigo le dijo:

- Espero que el estar en su casa le traiga la felicidad que usted se merece, lady Rukia.

Ella lo estudió durante unos segundos con una expresión que él no supo descifrar y luego murmuró: Gracias –Y volvió a fijar la vista en el camino que se abría frente a ellos-. Ahora me gustaría ir a casa.

- Por supuesto- dijo el magistrado.

Retiró la mano de mala gana, pues sabía que no iba a tener otra oportunidad de tocarla de nuevo tan íntimamente. Sacudido por un torbellino de emociones contradictorias, asió las riendas con fuerza y puso en movimiento los caballos, en dirección a la mansión Fong.

...

Yoruichi creía que la hora que había pasado la condesa tomando té en la salita con ella y con sus padres había transcurrido de forma bastante inocente, pero cuando la condesa se marchó se dio cuenta de su ingenuidad.

- Oh, ¿te has fijado, Shiro? –comentó Minako casi sin aliento

Su padre la miró por encima de sus lentes bifocales -¿En qué?

- En que lady Fong está cortejando a nuestra hija.

La morena casi se ahogó con un sorbo de té. Mientras intentaba recuperar el aliento, su padre frunció el entrecejo y dijo:

- Naturalmente que he visto a Fong. Resultaba imposible no verla, sobre todo teniendo en cuenta que la tenía sentada justo enfrente de mí. Pero lo único que le he visto hacer es beber té y dar buena cuenta de estas galletas. A propósito, están muy buenas.

Minako agitó la mano con gesto impaciente.- Ladi Fong no tomaría el té con nosotros, si no hubiera un motivo. Está cortejando a nuestra hija, te lo digo yo. Oh, estoy deseando contárselo a Matsumoto...

- ¡Mamá! –exclamó Yoruichi. Tosió varias veces y al cabo consiguió respirar con normalidad-. Lady Fong no me está cortejando.

- Por supuesto que sí –Minako juntó las manos y su rostro adquirió una expresión de entusiasmo-. Oh, cielos, Shiro, ¡nuestra querida Yoruichi va a ser condesa!

Yoruichi se sobresaltó. Cielo santo, ¿cómo no había previsto una reacción así de su madre? Sin duda, la visita del magistrado, unida a su inquietante conversación con Soi en la cámara, había interrumpido su raciocinio. Además, había descartado que alguien se creyera que Soi iba a cortejarla por considerarlo completamente ilógico, sin embargo había ocurrido todo delante de sus narices. Últimamente le estaba sucediendo algo horrible a su lógica, y el momento no podía haber sido peor.

Bueno, tenía que poner fin a aquello enseguida, antes de que su madre comenzase a hacer planes para una boda que no iba a celebrarse nunca. De modo que se levantó del sofá, se acercó su madre y le tomó las manos.

- Mamá, la condesa Fong ha venido hoy por invitación de Hirako. A ver a Hirako. A ver el último invento de él. ¿Lo entiendes?

Minako la miró indignada- Pues claro que lo entiendo, Yoruichi. Pero está claro que la visita a Hirako ha sido sencillamente una astucia para verte a ti. –Un brillo perspicaz apareció en sus ojos-. La he observado detenidamente y la he sorprendido mirándote en cierto momento con una expresión que sólo podría describirse como "interesada".

- Estoy segura de que tenía una mota de polvo en el ojo –replicó Yoruichi, intentando contener la desesperación que se le quería colar en la voz.

- Tonterías – Minako le acarició la mejilla-. Créeme, querida. Una madre sabe de estas cosas.

La morena aspiró profundamente para calmarse.- Mamá, te aseguro que Lady Fong no tiene el menor interés en convertirme en condesa. –Aquello, por lo menos, era verdad-. Te ruego que no malinterpretes lo que no es más que simple cortesía por su parte, porque en ese caso no me cabe duda de que interrumpirá su amistad con Hirako.- suspiro- Ya sé que tu intención es buena, pero seguro que comprendes lo incómodo que resultaría tanto para la condesa como para mí que se sugiriera que ella es una pretendiente.

- Yo no lo veo así en absoluto. Lo que veo es que una de las solteras más codiciadas de Inglaterra se ha encaprichado de mi hija. ¿No estás de acuerdo, Shiro? –Al ver que él no contestaba, le lanzó una mirada de fastidio- ¿Shiro?

El padre de Yoruichi, cómodamente arrellanado en su sillón favorito, despertó con un resoplido.- ¿Eh? ¿Qué sucede?

- ¿No estás de acuerdo en que Yoruichi sería una condesa digna de admirar?

- Mamá, sería una condesa espantosa.- replico con molestia.

- Cielos, me he quedado dormido sólo un instante. ¿Me he perdido una propuesta de matrimonio? –preguntó su padre, parpadeando detrás de su bifocales.

- ¡No! –contestó la morena casi gritando. Dios, aquella situación se había descomedido completamente y eso la obligaba a reforzar su decisión de poner fin a la relación con Soi aquella misma noche, antes de que su madre mandara anunciar las amonestaciones.

-Entre lady Fong y yo no hay nada. –"O no lo habrá a partir de esta noche"- Ni se te ocurra hacer correr el rumor de que esa mujer tiene algún interés en mí. No pienso tolerar que te entrometas.- dijo la morena en tono serio y mirada fría a Minako Shihōin.

Su madre la contempló con expresión estupefacta.- No me estoy entrometiendo...

- Sí te entrometes, con ello no vas a conseguir nada, excepto hacer que me sienta incómoda. ¿Es eso es acaso lo que quieres?- pregunto casi alterada.

- Claro que no –replicó su madre, casi ofendida- Pero...

- Nada de peros, mamá. Y se ha terminado lo de hacer de casamentera conmigo.-La morena dejó escapar un profundo suspiro-. Ahora, si me perdonas, tengo varias cartas que escribir. –Salió de la salita y cerró la puerta tras ella con un leve golpe.

Minako Shihōin se quedó mirando la puerta cerrada y soltó un bufido de frustración. Después se volvió hacia su esposo y le clavó una mirada con los ojos entornados cuando él musitó algo sospechosamente parecido a "bien hecho, Yoruichi".

¡Qué situación tan irritante! Una condesa, prácticamente caída en su puerta como un regalo del cielo y ella era la única que sabía ver aquella oportunidad de oro. Claro que el deber de una madre era ver dichas oportunidades, pero que tanto Yoruichi como Shiro fueran tan cerrados le resultaba inconcebible.

En fin, ella sí que había visto aquella mirada anhelante en los ojos de lady Fong cuando creía que nadie la estaba observando. Estaba enamorada de Yoruichi, apostaría cualquier cosa. Oh, el mero hecho de pensar en presumir delante de Matsumoto de la propuesta de una condesa le provocó un gozoso estremecimiento. Lady Fong era una dama elegante que podría hacer muy feliz a Yoruichi. ¿Qué mujer en su sano juicio no encontraría atractiva a aquella mujer? Y aunque no fuera muy atractiva, era terriblemente rica. Y provista de buenos contactos. ¡Era el sueño de una madre hecho realidad!

En fin, no importaba, había tantos planes que hacer porque aun con sus protestas, Yoruichi Shihōin había cazado uno de los peces más gordos de Inglaterra. Ahora, lo único que había que hacer era arrastrarlo hasta la playa.

…...