Hola a todos los que leen , vengo a dejarles un capitulo mas.


Capitulo No 19- Al Final, Todo Siempre sale a La Luz.

Rukia levantó la vista del libro y observó a su hermana, que se paseaba arriba y abajo por la biblioteca. Con una copa de ron en la mano, iba de la chimenea a las estanterías repletas de libros, sus pasos amortiguados por la gruesa alfombra persa. Ida y vuelta, una y otra vez, deteniéndose a cada poco junto a la repisa de la chimenea para contemplar fijamente las llamas con expresión pensativa, y después continuar paseando.

Al cabo de un rato de observarla, dejó el libro sobre el sofá en que estaba sentada. Aquella tarde había examinado detenidamente a su hermana y parecía saber exactamente qué le tenía preocupada, por lo que decidió intervenir. La siguiente vez que se detuvo junto al fuego, le preguntó:

- ¿Te encuentras bien, Soi?

Ella se volvió y parpadeó con sorpresa; se veía a las claras que se había olvidado de su presencia. Una tímida sonrisa curvó la comisura de sus labios.- Perdóname, estoy siendo una fastidiosa.

Rukia se levantó y fue hasta la chimenea para recibir el calor que despedían las suaves llamas. Aun grande y con algunas ventanas de algún modo la biblioteca era un ambiente acogedor y fresca, siempre había sido su habitación favorita mucho más que la salita en la que colgaba el retrato de su padre sobre la chimenea. Había sentido un escalofrío al ver su semblante y sus ojos fríos mirándola desde el lienzo. Sabía que la necedad de Soi no permitió que ese retrato fuera retirado, era como una obsesión insana y desafiante.
Pero como su marido, su padre estaba muerto. Ninguno de los dos podría ya hacerla sufrir.

Miró a Soi y le apoyó una mano en el brazo, maravillada por la agradable sensación que producía poder tocar a alguien.

- Hay algo que te preocupa –le dijo con suavidad-. ¿Quieres hablar de ello?

Los ojos de Soi reflejaron afecto y agotamiento.- Estoy bien, Rukia.

No era verdad y ella lo sabía, pero obviamente Soi no deseaba agobiarla, un gesto bondadoso pero innecesario por su parte que provocó en ella una chispa de irritación.

Soi volvió a fijar la vista en las llamas ensimismándose, acto muy común en ella, con lo cual daba por terminada la conversación. Se estaba portando como era habitual, como una necia.

Entonces opto por otra forma de sacarle lo que le pasaba, adoptando un tono informal, Rukia señaló: Hoy disfruté de la visita a tus amigos. El joven Hirako es muy ingenioso y la señorita Shihōin es...

La mirada de Soi se clavó en la suya a tal velocidad que le pareció oír contraerse sus músculos.- ¿Qué?

Cualquier duda que pudiera haber albergado acerca de la fuente de la preocupación de su hermana se desvaneció y sonrió levemente con complacencia.- Pues bastante interesante.

- ¿En serio? ¿En qué sentido?- indago Soi.

- Admiré su manera al defender sus opiniones sobre el Ladrón de Novias frente al señor Kurosaki. Y también me di cuenta de que siente una gran devoción por su hermano, sentimiento que puedo comprender muy bien.

Soi recompensó su comentario con una sonrisa.- Hirako y ella están muy unidos.

- Ella no es el tipo de mujer que suele despertar tu interés.- dijo de una vez Rukia, siempre tan directa y hablando con propiedad.

Soi se quedó inmóvil unos momentos. Después, con un aire de naturalidad que podía confundir a cualquiera salvo a Rukia, preguntó: ¿Qué quieres decir?

- No merece la pena que lo niegues, Soi. Te conozco demasiado bien. He visto cómo la mirabas.

- ¿Y cómo la miraba, según tú?- cuestiono con tono sereno.

Rukia le apretó suavemente la mano y le dejo ver una pequeña sonrisa.- De la manera en que toda mujer sueña que la miren.

Soi no contestó, sólo se quedó allí, contemplándola con una expresión indescifrable. Rukia temió haberla presionado demasiado y tal vez hubiera sido así, pero no soportaba verla tan preocupada y conociendo a su orgullosa y necia hermana, nunca admitiría o daría a entrever algún sentimiento o debilidad.

- Ella siente lo mismo por ti ¿sabes? –Dijo con suavidad- Lo vi claramente, incluso en los breves instantes en que estuvimos juntas.

Un sonido torturado escapó de la garganta de Soi, que cerró los ojos con fuerza.

Rukia frunció el ceño- ¿Por qué no eres feliz, Soi? – Cuestiono Rukia- Deberías dar gracias a Dios de que por ser la cabeza de la familia, no te has visto atrapada por los dictados de tu destino, como me sucedió a mí. Tú tienes libertad para seguir tu corazón, para casarte con quien tú elijas.

Soi abrió los ojos y la penetró con una mirada que le hizo preguntarse si no habría cometido un error al entrometerse en la situación o al valorarla de esa forma.

- Ya sabes lo que opino al respecto Rukia. No tengo intención de casarme, jamás.- dijo con tono frio.

Su dura réplica la dejó atónita.- Creía que con los años habías ido cambiando de opinión sobre ello, más a estas alturas, ya que es obvio que sientes algo por la señorita Shihōin–Al ver que ella guardaba silencio, añadió-: Ella es la clase de mujer con la que me gustaría que te casaras, Soi.

Un músculo se contrajo en su mejilla- Me doy cuenta de ello- replico la condesa.

- Supongo que querrás tener un hijo que herede el título.- dijo Rukia.

- La verdad es que no me importa en absoluto perpetuar mi título –Soi hizo un ademán con la mano que abarcaba toda la estancia-. Si bien no puedo negar que prefiero vivir aquí en lugar de Londres, mi título no me ha dado ninguna felicidad. –Lanzó a su hermana una mirada penetrante-. Como tampoco te la ha dado a ti.

Aquellas palabras la hirieron como la hoja de un cuchillo- Seguro que una esposa, una familia, te harían feliz- dijo suavemente Rukia, obviando la molestia del comentario anterior.

Soi dejó escapar una risa breve y carente de humor.- Me sorprende que precisamente tú me recomiendes que me case –Apuró su ron y dejó la copa vacía sobre la repisa de la chimenea con un golpe seco-. El matrimonio de nuestros padres fue un verdadero infierno, igual que el tuyo con ese maldito hombre. ¿Por qué me deseas a mí la misma desgracia?- mostro su sonrisa sínica- ¿Por qué yo debería de considerar tal cosa?

Rukia le miro serena y con seriedad- Yo sólo deseo tu felicidad. Y he aprendido que el matrimonio puede ser una fuente de felicidad si es entre dos personas que se aman, como parece ocurrir entre la señorita Shihōin y tú.- Suspiro y cerró los ojos un breve instante- En Cornualles conocía a una mujer llamada Isane. Vivía en el pueblo y trabajaba en las cocinas de Darvin Hall. Era de la misma edad que yo y estaba casada con un tendero local. Ellos estaban tan enamorados... –Fijó la mirada en el fuego-. Eran increíblemente felices, de un modo que me llenaba de ilusión y alegría por ellos, pero también de envidia, porque yo deseaba con desesperación lo que ellos compartían. –Alzó la mirada hacia su hermana y dijo en un susurro-: En cierta ocasión yo estuve así de enamorada. Si me hubieran permitido escoger al hombre que deseaba, tal vez hubiera conocido la misma satisfacción que conocía Isane.

En los oscuros ojos de Soi brilló la confusión.- No sabía que te hubieras enamorado de nadie

- Fue después de que tú partieras para incorporarte al ejército- dijo Rukia.

- ¿Por qué no te pidió en matrimonio ese hombre?- cuestiono.

Rukia sintió el fuerte escozor de las lágrimas y levantó la vista al techo para no derramarlas.- Por muchas razones. Nunca me hizo ninguna indicación de que sintiera por mí algo más que amistad. Y aunque me la hubiera hecho, nuestro padre jamás lo habría consentido. –Clavó la mirada en los ojos interrogantes de su hermana-. No poseía título, ni riquezas, pero era el dueño de mi corazón. –Su voz disminuyó hasta convertirse en un susurro-: Y todavía lo es.

Soi Fong la miró fijamente, aturdida por aquella revelación. Acto seguido sintió una oleada de furia. Maldición, no sólo la habían vendido para casarla, sino que además le habían arrebatado al hombre que amaba. Una lágrima solitaria resbaló por la pálida mejilla de Rukia y Soi se sintió de nuevo abrumada por la culpa por haberle fallado.

"Ojalá lo hubiera sabido. Ojalá no hubiese estado en el ejército en aquellos momentos" Pero, según había dicho ella misma, todavía estaba enamorada de aquel hombre. "Por Dios que no volveré a fallarle. Tendrá al hombre que ama".

La tomó por los hombros y le preguntó con suavidad: ¿Quién es?

- Eso ya no importa Soi- dijo con seriedad.

- Dímelo. Por favor- Soi le suplico.

Rukia apretó los labios y respondió con un hilo de voz- El señor Kurosaki.

A Soi le pareció que la tierra se abría bajo sus pies.- ¿Ichigo Kurosaki? ¿El magistrado?

Ella asintió bruscamente con la cabeza. Dejó escapar un sollozo y Soi la envolvió en sus brazos. Sus lágrimas le humedecieron la camisa y sus hombros se agitaban mientras ella, impotente, le acariciaba la espalda y le permitía desahogar toda su angustia.

El magistrado. Dios santo. Si no estuviera tan atónita, se habría reído por lo irónico de la situación. ¡De todos los hombres de Inglaterra, Rukia tenía que enamorarse del único que estaba empeñado en ahorcarla!

Echó la cabeza atrás y cerró los ojos. No le costó imaginarse la desesperación de su hermana por su situación. ¿Estaría enamorado Ichigo de ella? No lo sabía, pero estaba claro que eso no había tenido importancia; su padre jamás habría permitido que un plebeyo cortejara a Rukia. Y no podía imaginarse a Ichigo Kurosaki, estricto cumplidor de la ley, dejando a un lado las normas sociales y declarándose a la hija de un conde.

Bueno, aquél sí que era un enredo de mil demonios. El cielo sabía que Soi deseaba la felicidad de Rukia, pero ¿cómo iba a alentarla a iniciar relación alguna, eso haría involucrar a Kurosaki más estrechamente en su vida?

Los sollozos de Rukia fueron cediendo, hasta que por fin se apartó. Sus ojos, rodeados de largas y húmedas pestañas, lo miraron suplicantes.

- Te lo ruego, Soi, ya es demasiado tarde para mí, pero para ti no. Tú has encontrado a alguien a quien amar, que te corresponde de la misma manera. No lo desperdicies. El amor es algo muy preciado e increíble. No permitas que la infelicidad y la amargura que dominaron la vida de nuestros padres destruyan tu oportunidad de tener un futuro feliz. –Respiró hondo y prosiguió-: A pesar de la tristeza que conocimos aquí por obra de nuestro padre, tú y yo nos las arreglamos para labrarnos una existencia dichosa por nosotras mismas. Imagina lo maravilloso que podría ser la mansión Fong si estuviera llena de amor y risas. Tú serías una madre increíble, buena, paciente, cariñosa. No como él. Y yo estaría encantada y orgullosa de llamar hermana a la mujer que tú amases y de ser la tía de tus hijos. –Sonrió y le depositó un beso en la mejilla-. Me temo que debo retirarme ya, porque estoy completamente cansada. Por favor, piensa en lo que te he dicho.

Salió de la habitación y tan pronto cerró la puerta, Soi se pasó las manos por el cabello y dejó escapar un prolongado suspiro.

"Tú has encontrado a alguien a quien amar".

Sí, eso parecía. Una mujer que la estimulaba en todos los sentidos. Adoraba su apariencia, su trato, su aroma y su sabor, adoraba su manera de reír y su inteligencia, su ingenio y su carácter afectuoso, adoraba su lealtad y...La amaba.

Una lamentación surgió de su garganta y se derrumbó en un sillón con un golpe sordo. Apoyó los codos en las rodillas y hundió el rostro entre sus manos temblorosas. Por los cielos, estaba enamorada de Yoruichi Shihōin.

¿Cómo había permitido que sucediera algo así? Siempre había protegido su corazón, pero la verdad era que ninguna mujer se había acercado a tocarlo. No resultaba difícil proteger una ciudadela que nunca ha sido acosada. Pero Yoruichi había logrado de algún modo llegar hasta su interior, escalar sus murallas y agarrarle el corazón en un puño.

Maldición, no debió haberle hecho el amor. En ese caso, quizás hubiera podido evitar este desastre. Sin embargo, aunque aquella idea le entró en la mente, comprendió que no era cierto. No se había enamorado de ella a causa de lo sucedido las noches anteriores, sino que lo sucedido anteriormente surgió porque ya estaba enamorada de ella.

Aun así ¿cómo podía haberse enamorado y no haberse dado cuenta hasta ahora?- suspiro- ¿Cuándo había ocurrido? Trató de establecer el momento exacto en que cayó en aquel abismo emocional, pero no pudo. Se había sentido fascinada por Yoruichi desde el principio y había sido incapaz de olvidarla por más que se había empeñado.

"Ella siente lo mismo por ti". La frase de Rukia reverberó por todo su ser. Se masajeó las sienes doloridas. Sabía que Yoruichi se preocupaba por ella, pero, diablos, se preocupaba por todo el mundo. "Más nunca ha hecho el amor con nadie más que contigo". ¿Era posible que la morena correspondiera a su amor?

Reflexionó aquel punto seriamente, pero al final decidió que no. Yoruichi solo deseaba una aventura, nada más. Y era mejor que no estuviera enamorada; no quería destrozarle el corazón, como iba a sucederle a ella misma. Porque si la morena le amaba, era imposible soñar con un futuro en común. Así que esperaba que en verdad eso no fuese verdad.

Entre sus planes no entraba el matrimonio, pues había visto que no causaba más que desgracia y sufrimiento. No obstante, si tenía que aceptar lo que afirmaba Rukia, si dos personas se amaban la una a la otra el matrimonio podía ser maravilloso. Por un instante imposible se permitió pensar en lo impensable: Yoruichi como esposa suya, compartiendo su vida y su lecho todas las noches, recordó la noche pasada el cómo al despertar y verla ahí junto a ella sintió una gran ternura.

Le abrumó un doloroso sentimiento de pérdida como no había sentido jamás, y por segunda vez aquella noche le abofeteó la ironía de la situación.

Maldición, lo quería todo, quería amor. Quería casarse con la morena.

Pero la vida que había elegido como Ladrona de Novias lo hacía imposible. Aunque no volviera a rescatar a ninguna otra mujer, todavía podrían ahorcarla por los secuestros anteriores y no podía ser tan egoísta para convertir la vida de Yoruichi en un horror si tal cosa ocurría.

No, no podía casarse jamás. Cuanto más alejada se mantuviera de la morena, mejor para ella. Pero Dios ¿cómo iba a soportar vivir sin ella el resto de su vida?

Levantó la cabeza y miró el reloj de la repisa. Faltaban dos horas para reunirse con ella en la verja del jardín. Dos horas para decirle que su relación había terminado.

Dos horas para que su corazón quedara para siempre destrozado.


Yoruichi aspiró el aire fresco de la noche, dejando que las fragancias florales del jardín sosegasen sus agitados nervios a medida que avanzaba por el sendero que conducía a la entrada de atrás. Quedaban diez minutos para encontrarse con Soi, pero había tenido que escapar de su asfixiante dormitorio. Poco después de la cena había llegado la señora Matsumoto para echar una partida de cartas y chismear un poco. Como no era habitual que Yoruichi participase en aquellas reuniones, a nadie le resultó extraño que se retirase temprano a su dormitorio.

Ciertamente, en los ojos de su madre había detectado que ardía en deseos de informar a la señora Matsumoto sobre la invitada que habían tenido aquel día a tomar el té. La morena sólo pudo rezar para que su madre hiciera caso de su ruego y no mencionase que la condesa la estaba cortejando. Imaginaba que no diría abiertamente que se trataba de una pretendiente, pero sí lo insinuaría con una oportuna elevación de cejas. Y, naturalmente, no desengañaría a la señora Matsumoto de las ideas incorrectas que ésta pudiera hacerse.

La humillación podía ser enorme. Ya le parecía estar oyendo los chismorreos: "Oh, qué tremendo y ridículo que la pobre Yoruichi Shihōin y su madre se hayan hecho ilusiones de que La condesa Fong vaya a hacer la corte a una muchacha tan insignificante". Sin duda el rumor llegaría a oídos de Soi y Yoruichi sintió una profunda mortificación al pensar en su inevitable respuesta: "¿Hacer la corte a la señorita Shihōin? Qué tontería ¿Por qué iba yo a hacer algo así?"

Se sintió arder de vergüenza y apretó el paso por el sendero de flores. Unos minutos después llegó a la verja, sin aliento. Se acomodó en un banco de piedra flanqueado por fragantes rosales y cerró los ojos. Al instante visualizó una serie de imágenes de la noche anterior, y escondió su rostro ruborizado entre las manos.

"Cielo santo, ¿qué he hecho?". Lo único que quería era compartir las maravillas de la pasión con la única mujer que se la había inspirado, una mujer a la que respetaba y admiraba, una mujer que había sido su amiga. Pero también era una mujer, tal como había descubierto hoy, que sostenía unas opiniones completamente opuestas a las suyas. Una razón más para poner fin a la relación.

De sus labios escapó un sonido a medios sollozos y la risa irónica, al elogiar lo afortunada que era de que nadie sospechase el verdadero alcance de dicha relación. Dios bendito, pero si Soi no había hecho más que tomar el té con su familia y ya su madre abrigaba la esperanza de casar a su hija amante de los libros con una condesa. Si la condesa fuera a visitarla de nuevo por algún motivo- suspiro- en fin, no habría manera de detener a su madre cuando se le metía una idea de casamentera. Tal como estaban las cosas, su desilusión iba a reflejarse en todos los salones de la mansión Shihōin, sin duda durante décadas, porque desde esa noche ya no habría más visitas de la Condesa Fong

¡Ojalá no se hubiera enamorado de ella! Era cierto que tendría sus recuerdos, pero también se había condenado a sí misma al profundo dolor de un corazón destrozado. Bajó las manos y lanzó un suspiro tembloroso. Estaba claro que no podía arriesgarse a pasar otra noche con Soi; cuando llegara, tendría que decirle de inmediato que su relación había terminado por el bien de las dos.

Le subió el corazón a la garganta y luchó por reprimir las lágrimas que le abrasaban los ojos. No habría una última noche de pasión en sus brazos, ninguna otra oportunidad de tocarla de nuevo, de saborear sus besos, de demostrarle, con las palabras que no sabía decir, lo mucho que la amaba. No habría más tiempo para formar los recuerdos que la sustentarían durante toda la vida. No tenían futuro alguno. Soi era la mujer incorrecta para ella en todos los sentidos. Su apasionada aventura había terminado, y lo iba a pagar con todo su corazón.


En la salita, Minako Shihōin observaba a Matsumoto, que parecía bastante incómoda, y ocultó expertamente su sonrisa satisfecha detrás de la taza de té. La noche había ido todavía mejor de lo que esperaba. No sólo Matsumoto estaba que rabiaba por la visita de lady Fong y el interés de ésta por Yoruichi, sino que además Minako le había propinado una buena paliza jugando al piquet. Contempló a Matsumoto por entre sus pestañas y se apresuró a tomar otro sorbito de té para tragarse su regocijo. Ciertamente, ella parecía un gato que acabara de recibir un desagradable baño.

Como su triunfo no le permitía permanecer quieta, Minako se levantó y fue hasta las ventanas francesas. Penetraba una frisa fresca y con olor a flores procedente de los jardines. En ese momento advirtió un destello de color que le hizo volver la vista hacia un sendero lateral que se internaba en el jardín. La taza de té se le detuvo a medio camino de la boca y el ceño le arrugó la frente. ¿Qué demonios estaba haciendo Yoruichi allí a aquellas horas de la noche? ¿Por qué no estaba durmiendo, si se había retirado varias horas antes?

Diablos, la joven y su conducta extraña iban a acabar con ella y sus nervios. Sin duda pescaría un resfriado y estaría enferma la próxima vez que viniese a visitarla Lady Fong...

Mientras escrutaba la oscuridad que rodeaba a su hija, le dio un brinco el corazón. Había algo muy extraño -¿tal vez escondido?- en aquel paseo nocturno. Minako entrecerró los ojos, pero se reprendió por aquellas sospechas. Seguro que Yoruichi jamás... y a lady Fong no se le ocurriría...

No; estaba descartado que se tratase de una cita amorosa. ¿O no? Por supuesto, si hubieran acordado encontrarse, desde luego sería maravilloso... y... preocupante.

Regresó a toda prisa al sofá y depositó la taza sobre la mesa de caoba.

-Matsumoto, hace una noche estupenda. Vamos a dar un paseo.

Matsumoto se la quedó mirando como si le hubiera salido un tercer ojo en la frente.

- ¿Un paseo? ¡Pero si son casi las once!- dijo con alarma.

- Hirako ha plantado un tallo nuevo en mi jardín, algo que ha creado en su cámara. No recuerdo qué nombre tiene, pero se supone que florece sólo de noche. Ardo en deseos de ver si ha florecido.

- ¿Una planta que florece por la noche? –repitió Matsumoto con un destello de curiosidad en los ojos.

- Sí. Si ha florecido, te daré algunos injertos –Seguro que aquel aliciente convencía a Matsumoto; se moriría si Minako tuviera una flor que no tenía ella.

- Bueno, supongo que si llevamos una linterna para no torcernos un tobillo...

- No podemos llevar linternas. Ni hablar más alto que susurrando. Una luz o un ruido y ¡pff!... –chasqueó los dedos bajo las narices de Matsumoto-, las flores se cerrarían instantáneamente. –Al ver que su amiga titubeaba, Minako soltó un suspiro exagerado-. Claro que si estás demasiado cansada... es comprensible en una mujer de tu avanzada edad.

Matsumoto se puso en pie como si tuviera un muelle gigantesco debajo de las posaderas.

- Sólo tengo dos años más que tú, Minako. Te aseguro que estoy muy en forma.

- Por supuesto que sí, querida. ¿Por qué no te sientas otra vez antes de que te hagas daño en tu delicada persona? –Extendió una mano solícita hacia Matsumoto, la cual se colocó ágilmente a su lado y le dirigió una mirada asesina.

- Desde luego que no pienso sentarme. Tu sugerencia de dar un paseo no ha hecho sino estimularme. Ahora que lo pienso mejor, opino que un paseo en silencio y a oscuras por los jardines en busca de unas plantas que florecen por la noche es una idea excelente.

- Bien, si insistes, Matsumoto...

- Por supuesto que sí.

Matsumoto levantó la barbilla y se encaminó hacia la puerta como una reina dirigiéndose a su trono. Minako la siguió de cerca, mordiéndose las mejillas por dentro para contener su sonrisa de triunfo.


Exactamente a las once en punto, Soi desmontó de Suzumebachi y lo ató a un árbol cercano a la verja de los Shihōin. Cuando se aproximaba a la entrada divisó a Yoruichi sentada en un banco de piedra y se detuvo. Parecía que estaba sumida en sus pensamientos. ¿Estaría pensando en la noche anterior? Contempló su perfil y dejó que acudieran a su mente los recuerdos de aquella apasionada velada; reprodujo en su mente cada caricia sensual, cada sabor exquisito, que le llenaron de anhelo y de una intensa sensación de pérdida.

Reanudó la marcha en dirección a la morena. Casi la había alcanzado cuando una ramita crujió bajo su bota, la morena se puso en pie nerviosamente y se volvió hacia Soi. La bañaba la luz de la luna, y el corazón de Soi sufrió un extraño vuelco al recorrerla lentamente con la mirada, reparando en su moño ligeramente desaliñado y en su sencillo vestido. Luego volvió la mirada a su rostro. La morena la miraba a través de sus gruesas gafas con ojos serios. Sacó la lengua para humedecerse los labios y Soi imitó el gesto de forma involuntaria, imaginando su sabor a miel.

Caminó hacia ella despacio y sólo se detuvo cuando las separaban escasos centímetros. El pulso le latía el doble de lo normal mientras la admiraba con ojos anhelantes... la mujer que amaba, la mujer que no podía tener, la mujer que probablemente no volvería a ver nunca más una vez que se separara de ella esa noche.

Que Dios la ayudase, no deseaba otra cosa que llevársela consigo, repetir la pasión y el placer que habían compartido las noches anteriores. La miró a los ojos y sintió que su fuerza de voluntad se le escapaba igual que los granos de arena a través de un cedazo. Tenía que decirle que su relación había terminado, antes de que los deseos e impulsos de su corazón la cegasen.

- Tengo algo que decirte –dijeron las dos al unísono.

Se miraron, sorprendidas, durante varios segundos. Después, aliviada por postergar unos momentos más lo inevitable, Soi inclinó la cabeza.- Tu primero

- Está bien –Yoruichi respiró hondo y la miró con ojos llenos de sentimiento-. Llevo horas tratando de buscar la manera adecuada de decírtelo, pero no estoy segura de que exista, así que simplemente tendré que decirlo sin más.-Sonrió de medio lado y suspiro- Deseo poner fin a nuestra... relación.

Soi tuvo la sensación de que el aire abandonaba sus pulmones. ¿Ella deseaba poner fin a la relación? Soi había sufrido tanto, preocupada por la posibilidad de herirla, ¡y resultaba que ella ya no la deseaba! Se le atascó en la garganta una exclamación de incredulidad; si hubiera podido, se habría echado a reír de su propia vanidad.

Ciertamente, debería sentirse aliviada por aquel inesperado giro de los acontecimientos que la eximía de la responsabilidad de tomar la iniciativa. Lo único que tenía que hacer era asentir y marcharse. Se quedó inmóvil, aguardando a sentir la felicidad que debería estar sintiendo, pero era obvio que aquélla no era precisamente la palabra adecuada para definir las emociones que la embargaban. Más bien se parecían a un intenso dolor que maldijo para sí.- ¿Puedo preguntar por qué? –inquirió con rapidez y tono estricto.

Yoruichi entrelazó las manos y se dio la vuelta hacia un seto alto y perfectamente recortado, dejando que Soi contemplara su espalda. Su nuca. La delicada curva de su cuello, que sabía que tenía sabor a miel y tacto de seda.

- Por muchas razones. Temo que si prolongamos nuestra relación, nos arriesgaremos a que nos descubran y en cualquier caso no era más que algo temporal –Hizo una pausa y cuadró los hombros-. Tu visita de hoy ha conseguido que mi madre conciba la falsa esperanza de que me estés cortejando. He hecho todo lo posible para convencerla de que se equivoca, pero es muy persistente en estos asuntos. Además, últimamente he descuidado mi trabajo en la cámara. Deseo dedicar mis energías a avanzar en mis experimentos y quizás incluso a planear un viaje al continente. Así pues, creo que lo más prudente y lo más lógico, es que no nos veamos más. En ningún sentido.

Una furia irrazonable e injustificada atenazó a Soi igual que un grillete.- Mírame –articuló con los dientes apretados.

Yoruichi se volvió lentamente hacia ella. Sus ojos relucían enormes, pero por lo demás parecía perfectamente serena, hecho que molestó a la condesa todavía más.

- ¿De modo que quieres poner punto final a nuestra amistad y también a nuestra relación? –le preguntó la condesa.

A Yoruichi el corazón le dio un vuelco.- Es lo mejor

Se abatió un silencio sobre ambas. La morena tenía toda la razón, por supuesto. A Soi la razón le decía que le deseara buena suerte y se fuera, pero su voz y su cuerpo se negaron a colaborar.

Tras lo que le pareció una eternidad, en realidad menos de un minuto, la morena preguntó:

- Y tú ¿qué querías decirme?

"Que te amo. Que quiero que seas mi mujer, mi amor. Quiero ver el mundo contigo y compartir todas esas aventuras con las que sueñas: explorar las ruinas de Pompeya, pasear por el Coliseo, visitar los Uffizi, contemplar las obras de Bernini y Miguel Ángel, nadar en las cálidas aguas del Adriático. Quiero decirte que no deseo que transcurra un solo día de mi vida sin ver tu sonrisa, oír tu risa, tocar tu cuerpo, que muero por dentro al saber que jamás tendré esas cosas contigo".

Intentó que sus facciones compusieran una expresión tímida, nada segura de conseguirlo.

- Lo curioso es que yo tenía la intención de sugerirte lo mismo, por las mismas razones que has expuesto tú.- dijo suavemente.

- En...tiendo –Yoruichi miró al suelo unos segundos, luego alzó el rostro y le obsequió una débil sonrisa-. Bien, entonces, según parece estamos de acuerdo. Te deseo una vida larga y próspera. Para mí ha sido un... un gran placer conocerte.

Yoruichi se movió como para decirle adiós y marcharse tranquilamente.

Antes de que su sano juicio pudiera evitarlo, Soi alargó una mano de pronto y la agarró del brazo. Sintió un agudo dolor que la abrasaba por dentro, arañándole las entrañas. ¿Cómo podía Yoruichi marcharse sin más?

La morena miró la mano que la sujetaba y clavó sus ojos en los de Soi.- ¿Hay algo más, mi lady?- La morena quería salir corriendo de ser posible, pero ella se lo hacia difícil.

Soi notó que algo saltaba en su interior al oír aquel tono indiferente y el uso formal de su título. Maldición, quería oírla pronunciar su nombre sin títulos, tal como lo había susurrado las noches anteriores, cargado de deseo, cuando estaba en lo más profundo de su cuerpo, antes de que el mundo, sus leyes y sus responsabilidades conspirasen para robarle aquella mujer.

- Sí, Yoruichi, hay algo más.- dijo Soi, entonces la atrajo hacia sí y le dio un beso abrasador, desesperado y furioso.

La morena permaneció inmóvil y sin reaccionar durante varios segundos, pero entonces gimió suavemente y le devolvió el beso. Toda cordura y determinación la abandonó cuando Soi la estrechó entre sus brazos. Perdida en la sensación de sus blandas curvas pegadas a su cuerpo. Soi exploró su boca con una posesividad primitiva y una falta de delicadez que en otras circunstancias le habrían horrorizado. Su lengua acarició la de ella con rítmica ansia.

No tuvo noción del tiempo transcurrido hasta que el beso dejó de ser una confrontación salvaje de labios, lenguas y alientos y se transformó en un encuentro pausado, extenuado y profundo que hizo fluir un deseo incomprensible y candente por sus venas. Deslizó una mano hasta su nuca para hundirla en su caballo y soltar las cintas, que cayeron al suelo en silencio. Los cabellos liliáceos suaves y fragantes se derramaron sobre sus dedos mientras su otra mano descendía para acariciar la femenina curva de sus nalgas. La garganta de Yoruichi emitió un gemido de placer.

-Yoruichi–susurró contra sus labios-. Yo...

En ese momento se oyó una sonora exclamación que interrumpió lo que estaba diciendo. Ambas se volvieron en dirección al sonido.

A menos de tres metros de ellas estaban Minako Shihōin y Matsumoto Rangiku, ambas con la boca abierta y los ojos como platos.

Yoruichi suspiró profundamente y se zafó con brusquedad de los brazos de Soi, como si le quemasen. Pero para su pesar el daño ya estaba hecho.

Entonces, los labios de la señora Shihōin formaron una "O" perfecta por la cual salieron gorjeos entrecortados. Se llevó el dorso de la mano a la frente con gesto melodramático, dio unos pasos tambaleantes hasta el banco de piedra y a continuación se desplomó gorjeando en un elegante desmayo.


Les deseo un buen fin de semana… espero comentarios.