Bueno puedo entender que no dejen reviews y la verdad eso no me es condición para publicar tarde, temprano o nunca más XD así que pensé en dejar un capitulo mas pensando en que el final se acerca ..chan chan.
Capitulo No 20- Consecuencias: Compromiso Inminente.
Yoruichi contempló con pánico a su madre hábilmente desvanecida. La humillación y la vergüenza se abatieron sobre ella como piedras caídas del cielo y la aplastaron hasta dejarla casi sin respiración. Sintió el impulso de negar, de afirmar que había un malentendido, pero no había manera de refutar la evidencia. Aunque Soi y ella no hubieran sido sorprendidas en un abrazo apasionado, ninguna de las dos podía disimular su cabello y sus ropas desaliñadas.
- Shiro, mis sales –pidió Minako, agitando débilmente la mano
Soi se acercó a ella despacio- Me temo que su esposo no está aquí para oírla, señora, y a mí se me han acabado las sales –le dijo con sequedad-. ¿Puedo ayudarla? ¿O quizás deberíamos llamar a un médico?
Minako parpadeó y se incorporó a medias- ¿Un médico? Oh, no, eso no es necesario. Me recuperaré en un momento. Ha sido un instante de debilidad por la buena noticia.
La señora Matsumoto avanzó un paso y lanzó un resoplido de burla.- ¿Buena noticia? Por Dios, Minako, te has vuelto loca –Dedicó a Soi y a Yoruichi una mirada fulminante de la cabeza a los pies-. Esto es escandaloso. Horroroso. Insultante. Completamente inadmisible.
Minako se puso de pie con una agilidad asombrosa para una persona que acababa de desmayarse.- Es una buena noticia –repitió con firmeza. Acto seguido se volvió hacia Soi y le obsequió con una sonrisa angelical-. No tenía idea de que había decidido declararse tan pronto, mi lady. –Extrajo del bolsillo de su vestido un pañuelito de encaje y se lo pasó por los ojos-. Me siento muy feliz por las dos.
Siguió un minuto entero del silencio más ensordecedor, de lo más incómodo de esos que Yoruichi había oído jamás. Se vio invadida por una profunda mortificación y rezó para que se la tragara la tierra. Cerró los ojos con fuerza, con la esperanza de que al abrirlos aquella escena no fuera más que una horrible pesadilla. Suplicó que le cayera un rayo encima.
Una sonrisa irónica curvó los labios de la señora Matsumoto.
- Se ve a las claras que has interpretado mal la situación, Minako.
- Por supuesto que no –replicó la aludida con un gesto airoso del pañuelo-. La condesa es una mujer honorable y no se le habría ocurrido besar a Yoruichi de una forma tan... vigorosa a no ser que antes se le hubiera declarado. –Sacudió el dedo índice en dirección a Soi, a modo de fingida regañina-. Desde luego ha sido una travesura por su parte no haber pedido antes la mano de Yoruichi a su padre, mi lady, pero naturalmente cuanta con nuestras bendiciones.
- No creo en absoluto que haya habido ninguna declaración –insistió la señora Matsumoto al tiempo que les dirigía una mirada colectiva de desdén-. No, es obvio, que en nuestro afán de encontrar plantas que florecen de noche, sin darnos cuenta hemos topado con una cita amorosa ilícita. ¿Por qué iba la condesa a declararse a estas horas de la noche? Las damas se declaran durante el día, convenientemente acompañadas y en un lugar apropiado, como el salón. –Sus ojos adoptaron una expresión maliciosa-. Pero no temas, Minako, que no saldra de mí una sola palabra acerca de este escándalo.
Minako Shihōin alzó la barbilla en un gesto de lo más regio.
- No es en absoluto un escándalo. Es una declaración. Y, por supuesto, eso será lo que contarás a todo el mundo. –Posó su mirada altanera en Soi-. ¿Y bien, lady Fong? ¿Qué tiene usted que decir?
Yoruichi la miró con el rabillo del ojo. Soi Fong permanecía erguida, al parecer tranquila, pero un músculo le vibraba en la mejilla y estaba pálida.
- La señorita Shihōin y yo vamos a casarnos –articuló con un tono que sonó a cristales rotos.
Yoruichi sintió una oleada de náuseas y su cerebro profirió un largo y agónico ¡NO! En sus sueños más profundos y secretos había ansiado una propuesta así, pero no de aquella manera, atrapada contra su voluntad. Recordó las palabras de Soi, que la quemaron como el ácido: "No me encuentro en situación de ofrecerte matrimonio. No tengo intención de casarme nunca, Jamás quisiera verme obligada a casarme".
La sonrisa de Minako podría haber alumbrado el reino entero.
- Mi esposo y yo esperamos tener mañana noticias suyas con respecto a los planes de la boda. –Dirigió una mirada de soslayo a la señora Rangiku-. Matsumoto, tú puedes ser la primera en dar la enhorabuena y desear lo mejor a su señoría y a mi hija.
El semblante desencajado de la señora Matsumoto indicaba que antes preferiría tumbarse sobre un lecho de carbones encendidos. La mandíbula se le abrió y cerró varias veces, hasta que por fin dijo: Mi enhorabuena a las dos –Luego masculló algo para sus adentros que sonó a "por todos los diablos, maldita sea".
Todavía sonriendo, Minako se volvió hacia Yoruichi y la agarró firmemente del brazo.
- Vámonos, Yoruichi.
Demasiado aturdida para discutir, la morena permitió que su madre tirara de ella por el sendero que conducía a la casa, con la señora Matsumoto a la zaga.
Soi Fong llegó a sus establos con necesidad de dos cosas: un milagro y una botella de ron. Por experiencia sabía que los milagros eran imposibles; por suerte, de ron disponía en abundancia.
Cuando desmontaba, Shunsui salió por la doble puerta de los establos.
- Tenemos que hablar –dijo Soi entregándole las riendas de Suzumebachi-. Reúnete conmigo en mi estudio dentro de treinta minutos.
Cuando llegó Shunsui, Soi iba ya por el segundo vaso de ron. Después de que el criado se acomodase en su sillón favorito con un vaso de whisky, su ama le relató brevemente la conversación de aquella tarde con el magistrado Ichigo Kurosaki. Al terminar, Shunsui meneó la cabeza.
- Me parece a mí que se han terminado para siempre los rescates –dijo-. Ya sabíamos que algún día tendría que dejarlo, ahora se ha vuelto demasiado peligroso continuar. Aunque el establo de Campeón se halle oculto detrás de esas puertas falsas, un tipo agudo de verdad como Kurosaki que esté investigando podría dar con él.
Shunsui se levantó y cubrió los pocos pasos que lo separaban de Soi, que estaba apoyada contra el borde de su escritorio. Le puso en el hombro una mano y añadió:
- Lady Rukia ya no está casada. Ha salvado a muchas mujeres y debe sentirse orgullosa de sí misma, como lo estoy yo. Ya ha pagado su deuda. Es hora de desprenderse de ese sentimiento de culpa y dejarlo. Ahora mismo –Apretó con más fuerza-. No tengo ningún deseo de verla ahorcada.
Soi dejó escapar una risa sin humor- Yo tampoco quiero verme ahorcada
- Entonces está decidido –Shunsui alzó su vaso a modo de brindis-. Por su retiro. Que sea próspero y duradero.
Soi no levantó su copa- Tengo otra noticia más, aunque entre tus contactos en la familia Shihōin y la velocidad con que se desplazan los chismorreos, es posible que ya estés enterado.- puso su rostro muy serio- Yoruichi Shihōin va a casarse.
Shunsui arrugó la frente con desconcierto- ¿Cómo es eso? ¿La señorita Shihōin va a casarse? Bah, debe de ser otra equivocación. Me habría llegado el rumor.
- Créeme, no es ninguna equivocación- dijo la condesa.
Shunsui se agitó indignado- ¿Y quién es el fastidioso que le ha propuesto ahora su padre?
Esta vez Soi sí alzó la copa- Ese fastidioso voy a ser yo.
Si la situación no fuera tan apurada, Soi se habría reído de la expresión de aturdimiento y estupefacción de Shunsui.
- ¡Usted! Pero... pero... ¿cómo? ¿Por qué?
- Esta misma noche, su madre y Matsumoto Rangiku nos han descubierto en una postura comprometedora.
Si los ojos de Shunsui se hubieran abierto más, sin duda se le habrían salido de las órbitas.
- ¿Usted se ha comprometido con la señorita Yoruichi?
Soi se terminó el ron de golpe- Del todo
Shunsui retrocedió hasta que sus corvas chocaron contra el sillón. A continuación se le doblaron las piernas y se desplomó con un ruido sordo, mirando fijamente a Soi con un asombro que al punto se transformó en furia.- El diablo me lleve, ya habíamos hablado de esto mismo antes–gruñó-. ¿En qué demonios estaba pensando? ¿Por qué no se ha buscado una de sus viuditas o una cortesana?
- Estoy enamorada de ella, Shunsui.
Si imaginaba que aquella declaración, pronunciada en tono calmo, iba a valerle la comprensión de Shunsui, se equivocaba.
- En ese caso, debería haberse comportado de manera honorable y haberse casado primero.
Soi dejó la copa vacía sobre el escritorio con brusquedad- ¿Y condenarla a una vida de peligros con un alguien que en cualquier momento podría verse arrastrada a la horca? ¿A una vida en la que podrían considerarla sospechosa de conspiración simplemente por su relación conmigo?
- Entonces no debería haberle puesto las manos encima. Pero ya que lo ha hecho, ahora ha de hacer lo correcto y casarse con ella.
Soi clavó los ojos en el indignado Shunsui y se pasó las manos por el cabello con gesto de cansancio.- Eso es lo que quiero. Más que ninguna otra cosa. Si mi situación fuera distinta, con gusto me casaría con ella y pasaría las próximas décadas dedicándome a amarla–Soltó una risa carente de humor-. Aunque eso ni siquiera importaría, dado que la ella no desea casarse conmigo.
- Diablos ¿Y por qué no va a querer? Cualquier mujer vendería hasta los dientes con tal de casarse con usted.
- Creo que ambos estamos de acuerdo en que Yoruichi no encaja precisamente en la categoría de "cualquier mujer". Justo antes de que nos descubriera su madre, dejó bien claro que no deseaba verme más. En ningún sentido. Quiere dedicarse a sus estudios científicos y a viajar al extranjero.
- Ya no importa lo en lo más mínimo lo que ella quiera. Tiene que casarse con usted o será su perdición.
- Maldición Shunsui, sí que importa lo que quiera ella. Más que nada. No debe ser obligada a contraer un matrimonio que no desea, al igual que cualquier otra mujer... –Dejó la frase sin terminar y se quedó absorta.
Shunsui entrecerró los ojos- Estoy viendo esa expresión característica que me produce escalofríos. ¿En qué está pensando?
- En que va a haber otro rescate antes de que me retire –respondió Soi muy despacio, con arrebato.
Shunsui se rascó la cabeza con expresión de no entender nada.- ¿Otro rescate? Maldición, es demasiado peligroso, teniendo a Kurosaki y a esa condenada brigada husmeando por ahí. ¿Para qué arriesgarse?
- Porque Yoruichi Shihōin bien vale ese riesgo- dijo la condesa.
Shunsui lo comprendió de repente y sus cejas desaparecieron bajo la línea de su cabello
- ¿Está loca? Limítese a casarse con ella
Soi se apartó del escritorio y comenzó a pasearse frente a Shunsui.
- Piénsalo. Lo fácil, lo egoísta, sería simplemente casarme con ella, forzarla a una unión que no desea. Amarla y gozarla hasta que mi pasado me pase factura y después ir a la horca y abandonarla al desprecio de la sociedad. Yo no puedo correr ese riesgo.
Se paró un momento delante de las ventanas y contempló la oscuridad. Apoyó la frente contra el frío cristal y cerró los ojos tratando de no pensar en los días tristes y sombríos que le aguardaban lejos de ella.
- La amo lo suficiente para dejarla marchar.- suspiro- La Ladrona de Novias la rescatará –El dolor la perforó como un millar de agujas de acero y su voz descendió hasta convertirse en un ronco susurro-: la liberará de un matrimonio que no desea y le proporcionará la aventura que ella busca.
Se apartó de la ventana y se encaró con Shunsui, clavando la mirada en los ojos preocupados de su viejo amigo.
- Y yo soy, o más bien la Ladrona de Novias, es la única que puede liberarla. Me niego a obligarla a un casamiento conmigo y no puedo soportar la idea de verla en peligro. Si Kurosaki llegara a descubrir que ella me ayudó en el transcurso de mi último rescate, la acusaría de complicidad.
- Como esposa suya, usted podría protegerla- dijo Shunsui.
- Como esposa Mia destrozarla podria -. Soi asador.
Shunsui lanzó un profundo suspiro- Una maldita ironía, eso es todo esto.
A Soi se le hizo un nudo en la garganta. Incapaz de hablar, se limitó a asentir con un gesto. Sabía lo que tenía que hacer. Por la morena. Lo dispondría todo para que viajase por Italia entera, por todo el maldito continente, si así lo deseaba. Que estableciera un laboratorio donde más le gustase. Que viviera las aventuras que siempre había ansiado vivir. Se encargaría de que nunca le faltase nada.
Lo único que tenía que hacer era proporcionarle el pasaje y el dinero, una tarea sencilla. Pero por el cielo que no tenía ni idea de dónde iba a sacar las fuerzas necesarias para dejarla marchar.
A las diez de la mañana siguiente, Yoruichi bajaba la escalera profundamente agotada pero llena de decisión. Tras haber pasado la noche sin dormir, con varios ataques inútiles de llanto, había decidido por fin lo que iba a hacer. Aunque no sentía el menor apetito, se dirigió hacia el comedor pues sabía que iba a necesitar todas sus fuerzas para la batalla que estallaría cuando hablara con sus padres.
Hirako la saludó al entrar en el comedor.- Buenos días, Yoruichi. Oye, ¿te encuentras bien? Estás muy pálida
Ella forzó una sonrisa- Estoy bien. ¿Has visto a mamá y a papá?
- Sí, están en la salita con lady Fong.- señalo el joven.
El estómago le dio un vuelco- ¿Está aquí lady Fong? ¿Tan temprano?
- Llegó hace más de una hora. La vi desde la ventana de mi dormitorio. Y debo decir que parecía bastante seria.- aclaro Hirako.
¡Más de una hora! Cielo santo, aquello era un desastre. Salió disparada y echó a correr por el pasillo. Pero al ver que se abría la puerta de la salita, se detuvo en seco. Entonces salió su padre, con expresión satisfecha, seguido de cerca por su madre, que parecía un gato al que acabaran de regalar un cuenco de nata y una raspa de pescado.
A continuación salió Soi. Su mirada chocó con la de Yoruichi, y ésta sintió que el corazón se le hacía pedazos. Estaba tan hermosa, tan atrapada y tan claramente infeliz.
-Yoruichi, cariño –canturreó su madre al tiempo que enlazaba su brazo en el de ella-. Qué maravilla que estés despierta. Tenemos un montón de preparativos que hacer y muy poco tiempo. No sé cómo me las voy a arreglar para organizar una boda en menos de una semana, pero...
- Precisamente quería hablar de ese tema contigo y con papá –replicó Yoruichi-. Pero antes quisiera hablar un momento con lady Fong.
Minako chasqueó la lengua.- Bueno, supongo que podemos dedicar unos instantes a...
- En privado, mamá- dijo la morena en tono inflexible.
Minako parpadeó varias veces y acto seguido inclinó la cabeza en un gesto de lo más elegante.- Bien, supongo que no resultará demasiado inapropiado que pases unos momentos a solas con tu prometida. –Se volvió hacia su esposo y dijo-: Vamos, Shiro. Tomaremos una taza de té mientras la condesa y la futura condesa celebran su primera conversación como una pareja comprometida. Se alejó pasillo abajo deslizándose como si flotara, con su sumiso marido a la zaga.
Yoruichi se apresuró a entrar en la salita y se situó en el centro de la misma. Fijó la vista al otro lado de la ventana, con las manos fuertemente entrelazadas a la altura de la cintura, aguardando hasta que oyó entrar a Soi y cerrar la puerta. Entonces respiró hondo varias veces y se volvió para mirarla de frente, pero se sorprendió al descubrir que se encontraba apenas a un metro de ella.
La mirada de Soi se clavó en la suya, y sintió una profunda aflicción al darse cuenta de su expresión de cansancio. La luz del sol que entraba por la ventana la bañaba en un resplandor dorado que destacaba las huellas de fatiga que enmarcaban sus ojos y su boca. Soi se acercó aún más, saliendo del haz de luz. Le pasó suavemente un dedo por la mejilla, un gesto de ternura que casi logró que se le saltaran las lágrimas.- ¿Estás bien? –preguntó.
- En realidad, no. Siendo no haber estado levantada cuando llegaste, pero es que no te esperaba hasta esta tarde.
- No hallé motivo alguno para retrasar la reunión con tu padre. Esta misma mañana he dispuesto lo necesario para obtener una licencia especial.- dijo Soi.
- Precisamente de esas gestiones es de lo que quiero hablarte –repuso Yoruichi, orgullosa de que su voz sonara tan firme-. Deseo que lo canceles todo.
Una sonrisa de cansancio tocó los labios de Soi.- Me temo que eso es imposible, porque vamos a necesitar la licencia especial para casarnos tan precipitadamente.
Dios, ¿tendría idea de lo exhausta y resignada que se le veía?- Lo siento –murmuró la morena- Lo siento muchísimo...
Soi le rozó los labios con dos dedos para acallar sus palabras.- No tienes nada de que excusarte, Yoruichi.
- Pero tú estás muy molesta, y con toda la razón
- No por culpa tuya –La tomó por los hombros y la miró a los ojos-. En absoluto
- Bueno, pues deberías. La culpable de toda esta catástrofe soy yo- dijo la morena.
- Al contrario, la culpa es completamente mía. No debería haberte robado tu inocencia.- dijo la condesa.
- Tú no has tomado nada que yo no haya entregado libremente, que no estuviera dispuesta a darte. Y ésa es la razón por la que no puedo aceptar tu proposición.- dijo Yoruichi.
Una arruga se formó entre las cejas de Soi- ¿Cómo dices?
Yoruichi cuadró los hombros y levantó la barbilla- Te estoy liberando de tu obligación de casarte conmigo
Soi le soltó los hombros lentamente. Sus ojos aparecían privados de toda expresión.
- Entiendo. Ni siquiera enfrentándote al escándalo social quieres casarte conmigo ¿verdad?
La morena sintió que el corazón se le quedaba insensible al oír aquella declaración pronunciada con claridad. Le quemaban la garganta las palabras que pugnaban por salir, para decirle que la amaba y que deseaba ser su mujer más que nada en el mundo, pero se obligó a no hacerlo.- Ya dejaste bien claro cuál era tu opinión respecto del matrimonio antes de que comenzara nuestra relación.- espeto la morena.
- Tú también-dijo la condesa.
- Y mi opinión no ha variado. Ninguna de las dos desea casarse, sobre todo en esas circunstancias.- aclaro Yoruichi.
- Sea como fuere, me temo que nuestros actos no nos dejan alternativa Yoruichi.
- Es por eso que tu exento del deber. No quiero forzarte nada
- Tus padres y yo ya hemos acordado las condiciones- dijo seriamente.
- Entonces no tienes más que desacordarlas- dijo la morena.
- ¿Desacordarlas? –En su garganta surgió un gruñido de incredulidad- ¿Has pensado que tu reputación resultará arruinada de manera irreparable?- espeto Soi con molestia.
- Pienso hacer un largo viaje al continente, un viaje que siempre he deseado. Para cuando regrese, los chismorreos ya habrán desaparecido.- dijo con serenidad.
- Los chismorreos no desaparecerán nunca. El escándalo te perseguirá toda tu vida y alcanzará a todos los miembros de tu familia. Es evidente que no has pensado en eso. Ni tampoco en la mancha que caerá sobre mi honor si no me caso contigo.- dijo la condesa.
- No será una mancha para tu honor si soy yo la que se niega.
Soi Fong avanzó un paso y Yoruichi se obligó a no retroceder.
- ¿Y cuánta gente –preguntó con suavidad, en total contraste con las ardientes emociones que brillaban en sus ojos- se creería que has rechazado la oportunidad de convertirte en mi condesa? –Antes de que ella pudiera contestar, añadió-: Yo te lo diré: nadie. Por mucho que tú afirmaras lo contrario, todo el mundo pensaría que yo te deshonré y después me negué a casarme contigo.
Yoruichi tragó saliva.- No... No lo había pensado de ese modo, pero por supuesto que tienes razón. Nadie creería que una mujer como yo rechazase a alguien como tú.
Soi miró la expresión afligida de sus ojos tras las gafas y sintió que se inflamaba su cólera. "Maldita sea, yo daría hasta el último de mis bienes por una mujer como tú. Incluido el corazón". Sabía lo que Yoruichi estaba intentado hacer por ella y la amaba más por eso, pero la solución que proponía era imposible.
-Yoruichi, no tenemos más remedio que casarnos –Le cogió las manos y las apretó suavemente-. Ya se está extendiendo el rumor de nuestra conducta escandalosa y de nuestros próximos esponsales.
- No puede ser.- dijo con un susurro.
- Esta mañana voy a MI Mayordomo felicitó por mi futura boda-replica Soi airadamente.
Yoruichi hundió los hombros y miró el suelo-Cuánto lo siento. En ningún momento fue mi intención que te sucediera algo así. Ni tampoco a mí. A ninguna de las dos.
La condesa le alzó la barbilla hasta que ella la miró a la cara. La derrota y la tristeza que advirtió en sus ojos casi hicieron que se le doblaran las rodillas. Le retiró de la mejilla un mechón de cabello violeta y después le tomó el rostro entre las manos.
-Yoruichi. Todo va a salir bien, te doy mi palabra. ¿Confías en mí?
Ella la contempló con mirada solemne. En sus ojos brillaban las lágrimas.-Sí, confiaré en ti.
- ¿Y aceptarás ser mi esposa?-La fugaz expresión reacia que pasó por los ojos de Yoruichi hirió su ego y la abrumó un deseo inexplicable. Maldita sea, era cierto que jamás había pensado en casarse, pero tampoco había tenido en cuenta la posibilidad de que le resultase tan difícil conseguir que una mujer accediera a ser su condesa.
Por fin, Yoruichi asintió bruscamente con la cabeza.- Me casaré contigo
Soi Fong exhaló el aire que no sabía que estaba conteniendo, la rodeó con los brazos y la besó con dulzura en el pelo.
- Te prometo –susurró contra su cabello suave y con aroma a miel- que todos tus sueños se harán realidad.
La condesa casi había llegado a los establos de los Shihōin para recoger a Suzumebachi y regresar a su casa cuando le hizo detenerse un Hirako sin aliento.
- Lady Fong, ¿puedo hablar con usted, por favor?
Soi esperó a que el joven terminara de atravesar el prado a la carrera.
- ¿Qué sucede, Hirako? –le preguntó cuándo el muchacho llegó jadeante.
- Acaba de decirme mi madre que Yoruichi y usted van a casarse. ¿Es cierto?
- Tu hermana ha accedido a ser mi esposa, efectivamente –respondió Soi con cuidado, pues no quería mentirle.
El delgado rostro de Hirako se arrugó con un ceño fruncido.- ¿Lo sabe ella?
Soi no fingió no haber comprendido.- No
- Debe decírselo, mi lady. Antes de la boda. Es justo que sepa la verdad
Tras estudiar detenidamente el semblante acalorado del chico, Soi le planteó: ¿Y qué pasa si, una vez que lo sepa, se niega a ser mi esposa?
Hirako reflexionó con seriedad.- No creo que ocurra eso. Al principio se sentirá molesta, pero después de pensarlo un poco comprenderá por qué no se lo ha dicho usted antes y agradecerá que haya confiado en ella lo suficiente para revelarle su secreto antes de contraer matrimonio.
Soi sintió un escalofrío al imaginarse una Yoruichi de cuerpo entero aceptando su identidad como Ladrona de Novias. Dios, ella quería ayudarla, compartir todas sus aventuras, seguro que desearía tener también una máscara y una capa.
Hirako se ajustó las gafas.- Me haría feliz hablar bien de usted si surgiera la necesidad, mi lady. –Rascó la bota contra la hierba y añadió-: Usted sería una esposa admirable para Yoruichi y bueno, para mí sería un honor tenerla como hermana. Pero debe usted decírselo.
Soi Fong sintió afecto hacia aquel muchacho tan leal y se le hizo un nudo en la garganta. Le dio una palmada en el hombro.- No te preocupes, Hirako. Te prometo que me encargaré de todo.
Dos días después, Yoruichi estaba de pie, inmóvil como una estatua, en su dormitorio iluminado por el sol mientras la costurera ponía y quitaba alfileres realizando los últimos ajustes a su vestido de novia. Llegaba hasta ella el rumor de voces femeninas, que correspondían a su madre y a sus hermanas, sentadas a lo largo del borde de su cama como su fueran un cuarteto de palomitas de colores pastel.
Hablaban de los planes para la boda, señalaban puntos donde el borde del vestido parecía desigual –lo cual les costaba miradas reprobatorias de la costurera- y sonreían a Yoruichi con un orgullo que indicaba que había hecho algo maravilloso, cuando en realidad había cazado a una condesa y la había obligado a casarse.
Yoruichi hacía oídos sordos a la animada charla, una ardid que había perfeccionado tiempo atrás y reprimió un suspiro. Volvió la vista al espejo de cuerpo entero y se le hizo un nudo en la garganta. El vestido era precioso, una sencilla creación en seda de color crema con mangas cortas y abullonadas. Llevaba una delicada cinta de satén marfil atada bajo el busto que descendía por la falda sin adornos. Su madre había querido un vestido mucho más espectacular, repleto de encajes y volantes, pero Yoruichi se negó.
Se preguntó si a Soi le gustaría el vestido y de inmediato se le sonrojaron las mejillas. Dentro de dos días iba a ser su esposa. Sintió una profunda tristeza al pensar en lo diferente y dichosa que sería aquella ocasión si Soi la amara y de verdad quisiera casarse con ella, en lugar de verse obligada a hacerlo.
