Hola mis queridos lectores, debo agradecer por los reviews y porque aunque no lo parezca leen esta historia jajaja (es broma). Solo espero que este capítulo les agrade y les quite un poco la incertidumbre por un cercano final. Me disculpo de antemano si en los capítulos anteriores hubo uno que otro Horror en la escritura.

Respondiendo:

Mi ingles ….Mmmm me sentí como en una entrevista, pero lo contesto.

Lo entiendo en una hoja entera escrita quizá un 40% y escucharlo casi igual. Aunque debo agregar que mi ansiedad y obsesión por la lectura de buenos fics…me lleva a usar el traductor. -.- (lo se debo aprender)

Lo escribo…pues ahí soy una analfa-bestia.

Lo hablo… O_O por favor si apenas hablo el castellano.

Sin otra nefasta aclaración acerca de mi….los dejo con la actualización.


Capitulo No 21- Descubrimientos y Desilusiones.

En los dos días que habían pasado, desde la última conversación mantenida en la salita con la condesa, la morena había comprendido que aunque la situación no fuera una bendición del cielo, tampoco era un infierno total. Ella amaba a Soi. Eran amigas y compartían intereses comunes. Soi Fong era amable y generosa, paciente e inteligente. Seguro que muchos matrimonios se basaban en menos que eso. Y el modo en que la besaba y la acariciaba...

Dejó escapar un suspiro de ensueño. Cielos, compartir cama no iba a suponer ninguna prueba o sacrificio. Soi no la amaba, pero ella haría todo lo posible para ser una buena esposa.

Por supuesto, ser una buena esposa conllevaba convertirse en condesa, se le hizo un nudo en el estómago ante semejante perspectiva. Tratar de encajar en su esfera social sería como intentar meter una llave redonda en una cerradura cuadrada.

Se encogió al pensar en todas las meteduras de pata que le aguardaban, elevó una plegaria para no avergonzar demasiado a la condesa. Con suerte, su madre y sus hermanas podrían instruirla un poco para evitar el desastre total. La condesa se merecía ser feliz y tener una esposa de la que sentirse orgullosa, pero ella cuestionaba seriamente su capacidad para encarnar a dicha mujer. Con todo, lo intentaría. Por ella. Y tal vez, con el tiempo y un milagro, la amistad que Soi sentía por ella florecería en algo más profundo.

Estrechó aquella esperanza contra su corazón y volvió la vista hacia el escritorio. El corazón le dio un brinco al acordarse de la nota que había ocultado en el cajón superior. La misiva había llegado aquella misma mañana y contenía una única frase escrita con una letra elegante: "Por favor, ven al lago esta noche, a las doce".

Se le aceleró el pulso al pensar en ver a Soi Fong a solas, posó la mirada en el reloj de la repisa de la chimenea; sólo había que esperar diez horas, supo que iban a ser diez horas muy largas.


A primera hora de aquella tarde, Rukia fue a ver a Yoruichi. Mientras tomaban asiento en la salita, la morena rogó porque no se notara su nerviosismo. Aunque la hermana de Soi parecía una persona de lo más agradable, se preguntó acerca del propósito de su visita. ¿Sabría lady Rukia la verdad acerca de la proposición matrimonial de Soi? ¿La acusaría de haberla atrapado para obligarla a casarse?

Una vez que estuvieron sentadas en el sofá, lady Rukia le estrechó la mano.

- Ya sé que está usted muy ocupada con los preparativos de la boda, de modo que no voy a entretenerla mucho. He venido tan sólo a ofrecerle mis mejores deseos. Me doy cuenta de que apenas nos conocemos, pero espero que eso cambie. Yo siempre he deseado tener otra hermana.- dijo con una amable sonrisa.

Yoruichi sintió un profundo alivio y respondió con una sonrisa.- Gracias, mi lady.

- Por favor, llámame Rukia. ¿Me permites que te llame Yoruichi?

- Por supuesto. Para mí es un gran honor.- dijo la morena.

- Gracias. Aunque yo ostento el título de condesa soy menos rígida que Soi con respecto a lo honoríficos, realmente ella es muy estricta con todo- menciono sonrojada y Yoruichi reprimió una leve risa al pensar que tenía razón.

-Decidida a disipar todas las preocupaciones que pudiera abrigar Rukia, añadió-: Quiero que sepas que voy a hacer todo lo que esté en mi mano para ser una buena esposa para Soi y para que se sienta feliz y orgullosa de mí.

Una dulce sonrisa curvó los labios de Rukia.- Ya has conseguido hacerla feliz, sé que se siente orgullosa de ti. Me ha hablado en términos muy entusiastas de tus experimentos y tus esperanzas de conseguir un ungüento de propiedades medicinales. Yo opino que es una empresa fascinante. Y muy encomiable. –De pronto su expresión se vio nublada por un velo de tristeza-. Ojalá hubiera tenido yo algo útil en que ocupar el tiempo cuando vivía en Cornualles.

La morena experimentó un sentimiento de afecto. Esperando no pasarse de la raya, tomó una de las manos de Rukia entre las suyas.- ¿Te gustaría aprender a fabricar la crema de miel?

En los ojos de Rukia brilló una mezcla de agradable sorpresa.- ¿Crees que puedo aprenderlo?

- Naturalmente que sí. Si tienes fortaleza suficiente para bordar, podrás dominar la técnica de fabricar crema de manos en un santiamén. Según mi experiencia, la ciencia no es tan complicada como trabajar con la aguja y el hilo.- dijo la morena con una sonrisa.

Rukia le devolvió una media sonrisa de inconfundible gratitud.

- Estoy deseando empezar con la primera lección –Observó a Yoruichi unos instantes y dijo-: No te imaginas lo contenta que estoy de que Soi haya seguido mi consejo.

- ¿Qué consejo es ése?- pregunto la morena.

Rukia titubeó y en lugar de contestar preguntó: ¿Te ha hablado Soi de nuestros padres?

- No. Lo único que sé es que tu madre murió cuando Soi tenía trece años.

- Sí. Era muy hermosa. Y lamentablemente infeliz. –Clavó la mirada en Yoruichi-. Nuestro padre era un hombre avaro y egoísta. Humilló a nuestra madre con sus indiscretas aventuras amorosas y sus deudas de juego. A Soi le determinaba metas imposibles de alcanzar, y sin embargo montaba en cólera cuando rebasaba sus expectativas. En cuanto a mí, para él era una niña inútil, por lo tanto me ignoraba por completo... hasta que decidió casarme con el vizconde, otro hombre avaro y egoísta que aborrecí desde el momento mismo de conocerlo.

La morena le dio un suave apretón de manos.- Lo siento mucho.

- Yo también. Pero como los dos matrimonios que conoció Soi, el de nuestros padres y el mío, fueron tan desdichados, decidió que no se casaría nunca. Incluso ya de niña la idea de casarse le resultaba desagradable, cuando falleció nuestra madre juró que jamás contraería matrimonio. Aun así, cuando vi el modo en que te miraba, cuando vi lo que sentía por ti, le dije que no permitiera que aquellos dos matrimonios desgraciados destruyeran su felicidad futura. –Sus labios se curvaron en una sonrisa-. Ha seguido mi consejo y me alegro mucho de ello. Soi aportó alegría a lo que de otro modo habría sido una infancia desgraciada para mí, se merece toda la felicidad del mundo. Siempre ha sido una hermana maravillosa y afectuosa y estoy segura de que será el mismo tipo de esposa.

Yoruichi hizo un esfuerzo por corresponder a la sonrisa de Rukia, pero las entrañas se le retorcieron con un sentimiento de culpabilidad. Se veía a todas luces que Rukia pensaba que Soi se había declarado porque de hecho deseaba tener una esposa. Qué terriblemente equivocada estaba. Y sólo ahora entendía la morena exactamente hasta qué punto.

Dios Santo, ¡Soi Fong había detestado la idea de casarse durante toda su vida! La iba a llevar hasta el altar su profundo sentido del honor, pero la idea de casarse tenía que resultarle un verdadero sacrificio.

Ahora más que nunca, la morena aborreció la idea de haberla atrapado en semejante situación. Pero no había nada que pudiera hacer para liberarla.

Ataviada para su último rescate con su capa y su máscara negras, la condesa de Wesley se encontraba a lomos de Campeón, oculta tras unos tupidos arbustos. A su alrededor cantaban los grillos y de vez en cuando se oía ulular un búho. Tenía la mirada fija en el camino, pues se negaba a mirar hacia el lago y revivir los recuerdos que añoraba. Tenía el resto de su vida para recordar... cuando la morena se hubiera ido.

En ese instante apareció por el recodo una figura. No logró distinguir sus rasgos, pero era capaz de reconocer en cualquier parte aquella manera resuelta de andar. Conforme ella se iba acercando, se fijó en su pueril vestido de color oscuro y esbozó una media sonrisa; sólo a su Yoruichi se le ocurriría acudir a una cita amorosa ilícita vestida de modo tan insignificante. "Su Yoruichi". Apretó los labios al tiempo que sentía un dolor sordo en el pecho. Después de aquella noche no volvería a ver a su Yoruichi. Por el momento, el hecho de que fuera a estar libre y a salvo le ofrecía escaso consuelo para el gran sufrimiento que le oprimía el corazón.

La morena se detuvo junto al enorme sauce con la mirada fija en el agua y a la mente de Soi acudió la imagen de ella debajo de aquel mismo árbol la primera vez que la encontró en el lago. Aquel día ansiaba dolorosamente besarla, sólo una vez, convencida de que un único beso serviría para saciar su apetito. No recordaba ninguna ocasión en que hubiera estado más equivocada.

La observó durante unos segundos y se le encogieron las entrañas cuando ella ocultó brevemente la cara entre las manos. Maldición, le destrozaba verla tan infeliz. Pero había llegado el momento de liberarla.

Desmontó y se aproximó a ella a pie, sin hacer ruido. Yoruichi, sumida en sus pensamientos, no detectó su presencia hasta que la tuvo casi a su espalda. Entonces tensó los hombros y pareció tomar aire para prepararse.

- Llega temprano, mi lady–dijo, y se dio la vuelta. Entonces dejó escapar una exclamación y dio un paso atrás llevándose una mano a la garganta.

Soi la retuvo por el brazo.- No tenga miedo–susurró con su ronco acento escocés.

- No... No tengo miedo, señorita. Simplemente me ha sobresaltado.

- Perdóneme. Estaba usted muy pensativa.

Ni siquiera la oscuridad lograba disimular la tristeza que cruzó por el semblante de la morena.

- Sí., tengo mucho que pensar –De pronto Yoruichi miró alrededor. A continuación la agarró de la mano y tiró de ella hacia el sauce para ocultarse los dos detrás de sus frondosas ramas-. ¿Qué hace aquí? ¡Es peligroso que ande por ahí, el magistrado posee información nueva...

Soi le puso un dedo enguantado en los labios.- Estoy al corriente de esa información, no tema. –Se acercó a ella un poco más y le susurró-. Pero ahora estaba pensando en su próxima boda.

Ella la miró ansiosa con los ojos brillantes.- ¿Está enterada de mi boda?

Antes de que respondiera, ululó un búho que asustó a Yoruichi y la hizo mirar frenéticamente a un lado y otro.- Debo encontrarme aquí con mi prometida y está tan empeñada en capturarla a usted como el magistrado. Por lo que debe marcharse enseguida.

Soi aclaro- Fui yo quien le escribió la nota –La expresión de la morena se transformó en sorpresa, luego en confusión. Su mano seguía aferrando la de Soi, que flexionó los dedos estrechando su contacto-. Su boda señorita, esa es la razón por la que estoy aquí. Para salvarla de ella.

- ¿Salvarme? –Sus ojos se llenaron de desconcierto, seguido de un profundo asombro al comprender súbitamente- ¿Está aquí para ayudarme a escapar?- dijo en un susurro.

- Le ofrezco el regalo que he ofrecido a las otras mujeres, señorita Shihōin: liberarla de un matrimonio indeseado. –Su tono se hizo más ronco-. Podrá vivir todas esas aventuras de las que me habló.

Ella abrió sus ojos como platos.- Yo... No sé qué decir. He de pensarlo de manera lógica –Le soltó la mano, se apretó los dedos contra las sienes y comenzó a pasearse con paso inseguro y nervioso-. Aunque…esta es mi oportunidad de dejarla libre. No me gusta la idea de abandonar a mi familia... pero Dios santo, lo mejor para Soi sería que yo desapareciera. Es el mejor regalo que podría hacerle.

Bajo la máscara, Soi arrugó el entrecejo.- Es a usted a quien pretendo liberar, señorita.

Yoruichi se detuvo delante de ella.

- Lo entiendo. Pero de hecho es a lady Fong a quien va a dejar libre.

- ¿De qué está hablando?- espeto Soi.

La morena bajó la vista y respondió: Fong va a casarme conmigo sólo porque las normas sociales así lo exigen.

- Se ha comprometido con usted, porque ella no se comportó noblemente –replicó Soi con aspereza.

Yoruichi levantó el rostro.- Ella no ha hecho nada que yo no quisiera, nada que yo no le haya pedido que hiciese- dijo con firmeza-. Y no obstante va a cargar con todas las consecuencias viéndose obligada a contraer un matrimonio que no desea.

- Y que tampoco usted desea –replicó Soi y aguardó a que ella lo confirmara.

Pero en lugar de eso, vio brillar detrás de sus gafas algo que se parecía mucho a las lágrimas. Con los labios apretados, Yoruichi desvió la mirada.

- ¿Qué le hace pensar eso?- suspiro- En realidad no sé por qué está usted aquí. En ningún momento imaginé que intentaría rescatarme de nuevo, ya que usted sólo socorre a novias que no quieren casarse.

Soi Fong se sintió incitada por un extraño sentimiento que no supo definir. Le tocó la barbilla con los dedos enguantados y la obligó suavemente a mirarla de nuevo a los ojos.

- Aquella primera noche, usted me dijo que no se casaría jamás. ¿Ha cambiado de opinión desde entonces?- pregunto con tono suave.

Una lágrima solitaria resbaló por su mejilla- Me temo que sí

Soi fue presa de la confusión.- ¿Está diciendo que desea casarse con la condesa?

- Más que nada en el mundo- dijo Yoruichi con determinación.

Diablos, tal vez había habido en su vida un momento de mayor sorpresa que éste, pero tendrían que torturarla para que recordara cuál.- Pero ¿por qué?

- Porque la amo- dijo la morena con vehemencia.

El tiempo pareció detenerse, así como su respiración y los latidos de su corazón. Aquellas palabras resonaron en su cerebro como el eco en el interior de una cueva. "La amo. La amo".

Cielos, no creía poder sentir mayor sorpresa y felicidad que cuando Yoruichi dijo que quería casarse con ella, pero aquello, aquello la golpeó de una manera que sintió la apremiante necesidad de sentarse. Pero antes tenía que aclarar unas cuantas cosas.

La agarró por los hombros y la increpó: Usted ama a la condesa –Gracias a Dios se acordó de usar su ronco acento escocés.

- Completa e irremediablemente- dijo la morena.

- Y desea casarse con ella- pregunto la condesa.

- Con desesperación

Soi sintió un estallido de alegría que la sacudió de la cabeza a los pies

- Pero –apuntó la morena- ella no desea casarse conmigo. Va a hacerlo únicamente porque es su deber. Para salvar mi reputación. Ella es una persona buena, decente, honrada... –Sus labios se curvaron en una media sonrisa con un tinte de tristeza-. Ésos son sólo algunos de los motivos que me hacen amarla tanto. –Respiró hondo y después afirmó con un único pero decisivo gesto de cabeza- Yo habría hecho lo indecible para que fuese feliz, para ser una buena esposa, pero usted, inesperadamente, me ofrece la oportunidad de dejarla libre. –Le recorrió un escalofrío y bajó la voz hasta convertirla en un pesaroso susurro-: Aunque se me rompa el corazón, la amo lo suficiente como para dejarla libre.

Soi Fong no pudo hacer otra cosa que mirarla sin pestañear mientras un sinfín de emociones la asaltaba. La enormidad de aquellas palabras, de lo que la morena estaba dispuesta a sacrificar por ella –su familia, toda su existencia-, la dejó tan anonadada que comenzó a temblar. Estaba abrumada.

-Yoruichi–susurró por encima del nudo que le atenazaba la ... –El nombre terminó en un gemido y entonces la tomó entre sus brazos y la besó con toda la pasión y todo el deseo que le dolía en su cuerpo.

La morena dejó escapar una exclamación ahogada cuando Soi abrió los labios y su lengua tomó posesión de aquella boca con exigencia y desesperación. La estrechó con fuerza y ella se fundió en su abrazo con un grave gemido, devolviendo sus besos con la misma urgencia y Soi sintió que se le aceleraba la sangre en las venas.

Como otras veces, no existía nada excepto ella... la mujer que tenía entre sus brazos, la mujer a la que amaba tanto que temblaba de amor. La mujer que la amaba también.

Se apartó y le acarició el rostro, aquel rostro singular y perfecto que la había cautivado y fascinado desde el principio.

Yoruichi abrió los ojos lentamente y de pronto sus miradas se encontraron. Ella parpadeó varias veces y frunció el entrecejo. Muy despacio, alzó una mano y le tocó el rostro. Aquel rostro enmascarado.

En ese instante Soi recobró la cordura y se acordó de dónde estaba y de quién era.

¡Maldición! ¿En qué estaba pensando? Obviamente, no estaba pensando. Pero ¿en qué diablos estaría pensando ella, besando así a otra mujer, según después de haber confesado que la amaba a ella?

La soltó y rápidamente retrocedió dos pasos.- Perdóneme –dijo con voz grave- no sé qué me ha pasado.

La morena se limitó a mirarla fijamente, con los ojos agrandados por la impresión, pero de algún modo consiguió parecer inmóvil como una estatua y al mismo tiempo desfallecida.

Soi Fong tomó aire, esperaba un estallido de ira, una andanada de improperios, pero Yoruichi sólo la miraba mientras le resbalaban las lágrimas por las mejillas y susurró una única palabra- Soi.


Yoruichi tuvo que hacer un gran esfuerzo para soplar aire en sus pulmones. Su visión se volvía borrosa y por un instante creyó que iba a desmayarse. La mujer enmascarada que estaba de pie frente a ella, la Ladrona de Novias, era Soi Fong. No había ni un rastro de duda. En el instante en que la tomó entre sus brazos y le beso de esa manera tan urgente y pasional, su cuerpo y su mente la reconocieron.

Cerró los ojos con fuerza en un intento de aplicar la lógica, pero su cerebro parecía haberse congelado. ¿Cómo era posible? ¿Por qué? Necesitaba preguntárselo, pero apenas podía formular un pensamiento coherente y mucho menos hablar.

Abrió los ojos y la miró, de pie, inmóvil, ataviada de negro enteramente, con sólo los ojos y la boca a la vista. Incluso así, ahora que sabía la verdad, la reconoció al instante: su estatura, su cabello, su aire imponente. ¿Cómo podía no haberse dado cuenta antes? "Porque no tenías motivo para suponer que ella era otra cosa que lo que parecía ser. Ni siquiera pensar que te estaba mintiendo".

Y en efecto, aquella única idea se abrió camino entre el torbellino que era su mente. Le había mentido. Y repetidas veces.

La cólera la golpeó con violencia y a punto estuvo de tambalearse. Apretó los puños a los costados y se aproximó a ella con paso tembloroso.- Quítate esa máscara –exigió, orgullosa de lograr mantener la voz firme.

Al ver que ella dudaba, su cólera se transformó en furia desatada y por primera vez en su vida sintió el impulso de golpear a alguien. Incapaz de contenerse del todo, le clavó el dedo índice en el pecho.- Sé que eres tú la que está debajo de esa máscara, Soi. Reconocería en cualquier parte tus besos, tu sabor. Quí-ta-te-la. –Puntuó la orden con cuatro golpecitos más de su dedo.

Se miraron fijamente durante lo que a la morena le pareció una eternidad. Por fin, Soi alzó una mano y se quitó despacio la máscara de seda que le cubría la cabeza.

Aun cuando sabía que iba a ver la cara de Soi Fong, la morena recibió una fuerte impresión. Con el cabello azulado aplastado en la coronilla a causa de la máscara, la miró con expresión indescifrable. El silencio fue alargándose hasta que Yoruichi sintió que le iba a estallar la cabeza.

Luchando por controlar el tumulto de emociones que la invadía, le preguntó: ¿Puedes explicarme esto, por favor?

- ¿Qué más quieres saber?- dijo Soi con suavidad.

- ¿Qué más, dices? ¡No sé nada! Excepto que me has engañado.- casi grito Yoruichi.

La condesa dio un paso y la morena retrocedió. Tenía el entrecejo fruncido, pero no se aventuró a seguir avanzando.

- Sin duda comprenderás la necesidad de proteger mi identidad, Yoruichi.

- ¿Lo sabe alguien más?- pregunto con frialdad.

- Sólo Shunsui Kyōraku y tú hermano.

A Yoruichi le pareció que el suelo cedía bajo sus pies.- ¿Hirako?

- La noche en que rescaté a la señorita Nanao Ise te siguió y esparció un polvo especial, fabricado por él, sobre la silla y los estribos de la Ladrona de Novias. Cuando al día siguiente fui a tu casa, mis botas y mi silla de montar aún mostraban restos de ese polvo. Cuando Hirako me encaró armado de pruebas tan irrefutables, no pude negarlas.

La morena se esforzó para que las rodillas no le flaqueasen.- No puedo creer que no me haya dicho nada.

- Yo le pedí su palabra de que iba a mantener el secreto. Si me descubren...

Dejó la frase sin terminar, y Yoruichi se la imaginó fugazmente con un lazo al cuello.

- Te ahorcarán –terminó por ella, con el estómago encogido de sólo pensar en ello-. Ya sabes que yo creo firmemente en tu causa, pero ¿qué te hizo…? –Nada más comenzar la pregunta, le vino la respuesta-: Tu hermana –susurró con asombro-. Me contaste que una persona a la que querías había sido obligada a casarse...

- Así es. No pude salvarla. Pero había muchas otras a las que sí podía salvar. –Se pasó las manos por el pelo-. Sin embargo, ahora que la investigación del juez va estrechando el cerco, parece que tendré que retirarme.

- Y a pesar del peligro, has venido aquí esta noche- cuestiono la morena.

Un músculo se contrajo en la mejilla de Soi.- Sí

La importancia de aquel hecho fue calando en la mente de Yoruichi, lentamente al principio pero cada vez a mayor velocidad, hasta que penetró a todo galope en su cabeza. Sintió ganas de reír y llorar, pero se obligó a conservar la compostura. Sabía que Soi no deseaba casarse con ella, pero ni remotamente había imaginado hasta qué extremo sería capaz de llegar para no hacerlo. Pese a la amenaza que suponían el magistrado y la Brigada contra el Ladrón de Novias, había arriesgado la vida para ofrecerle a ella la libertad. Era obvio que al darle la libertad a ella, también se la daba a sí misma.

Soi Fong la miraba, intentando comprender sus sentimientos contradictorios. Yoruichi la amaba. Cerró los ojos por un instante para disfrutar de aquella increíble sensación. Visualizó varias imágenes de lo que podría haber sido una vida en común con ella... compartir su amor mutuo, hacer realidad los sueños de cada una. Sintió la apremiante necesidad de decirle que la amaba, que la amaba más que a nada en el mundo, pero se abstuvo a duras penas. El peligro al que se enfrentaba seguía siendo demasiado real y ahora que ella conocía su identidad, la amenaza era peor aún. Si le decía que la amaba, la morena leal como era, no la abandonaría nunca; no le sería posible apartarla para conducirla a la seguridad. De hecho, sabía que sería capaz de caminar sobre el fuego por ella, algo que le complacía, anonadaba y aterrorizaba al mismo tiempo. No tenía derecho a amarla ni a casarse con ella, pero si no la convertía en su esposa la dejaría deshonrada. Se pasó las manos lentamente por el rostro ¿Qué diablos iba a hacer?

La morena observó su semblante torturado de Soi y se le encogió el corazón. Se le veía indecisa y confusa, sin saber qué decir ni qué hacer. No quería casarse con ella, pero tampoco quería, ni podía, dejarla marchar. No la deseaba, y sin embargo no quería hacerle daño. Y ahora que había revelado impulsivamente sus sentimientos...

La embargó una terrible vergüenza, como una losa tremenda a punto de aplastarla con su peso. Igual que un río desbordado y furioso, evocó la conversación que acababan de tener, cómo ella le había desnudado su alma y su corazón, cómo le había confesado el amor que sentía, y su respuesta cuando le preguntó si deseaba casarse con la condesa: "Con desesperación". El cuerpo se le quedó helado a causa de la mortificación. Soi adelantó una mano, pero ella retrocedió bruscamente. Se rodeó a sí misma con los brazos y dijo con un hilo de voz:No me toques

La condesa bajó la mano despacio, sin duda sufriendo por el desprecio, pero Yoruichi no pudo hacer ni decir nada para consolarla. Necesitaba hasta la última gota de concentración y fuerza para no desmoronarse.

En ese momento se oyó un suave relincho y ella volvió la mirada hacia un arbusto.

- No te preocupes –dijo Soi-. Es mi caballo, Emperador.

La cabeza le dio vueltas otra vez, y de pronto se hizo la luz en su mente

- Emperador... tu caballo... Te ofreciste a ayudar al señor Kurosaki a buscar tu propio caballo. Todas esas cosas que dijiste, las sugerencias para ayudar a capturar a la Ladrona de Novias, eran simplemente mentiras. Todo lo que sale de tu boca no es más que una mentira.

- Hago lo que debo para seguir en libertad, Yoruichi.

- Sí –admitió la morena con tono inexpresivo-. Eso parece obvio

-. Esta noche he venido aquí para darte la libertad

Yoruichi se encogió por dentro. "Sí, lo cual te la dará a ti también".

Soi dejó la mirada perdida en la oscuridad, con las cejas juntas en actitud pensativa y luego comenzó a pasearse delante de la morena. Justo cuando ésta creía no poder soportar más el silencio, dijo: Se me está ocurriendo una idea... Tal vez exista otro modo. –Dio unos pasos más con el entrecejo fruncido, seguramente cavilando algo. Luego asintió con gesto resuelto y se detuvo frente a la morena-. Creo que he encontrado una solución. Podemos casarnos y partir al extranjero inmediatamente después de la ceremonia. Podemos vivir en el continente o en América, en cualquier parte donde no pueda encontrarnos el magistrado, un lugar donde nadie haya oído hablar de la Ladrona de Novias.

Yoruichi sintió la tenaza de la desesperación, ahora que sabía que la amaba, se estaba ofreciendo noblemente a abandonarlo todo, su hogar, sus derechos de cuna, su lugar en la sociedad, su estilo de vida, en el nombre del honor. Y por una mujer a la que no amaba.

- Ya sé que es mucho pedirte –añadió Soi en voz baja-. Tendrías que dejar tu familia, tu hogar...

– Tanto como tú- dijo la morena.

- Sí. Pero sólo si nos casamos y salimos del país se solucionará el problema.- aclaro Soi.

"El problema". Sí, eso era lo que significaba ella. Sintió una aguda sensación de pérdida, junto con un deseo casi absurdo de echarse a reír. Nunca había imaginado que iba a encontrar a una mujer que amar y ¿qué ocurría ahora que la había encontrado? Que se trataba de dos mujeres y aunque admiraba su valor y creía fervientemente en su causa, estaba claro que en realidad no la conocía. ¿O sí? Su vida estaba sostenida en mentiras y la había engañado desde el principio. ¿Cómo era posible que amara a aquella mujer? Sin embargo, así era. Se frotó las sienes en un vano intento de despejar parte de la confusión.

- Saldrá bien, Yoruichi–dijo Soi, su voz la devolvió bruscamente a la realidad

La morena sacudió la cabeza al tiempo que ponía distancias.- Necesito tiempo para pensar. No tengo idea de quién eres. Y es evidente que tú no tenías intención de decírmelo nunca. ¿O sí? ¿Me habrías dicho la verdad alguna vez?- pregunto con brusquedad.

Soi Fong la perforó con la mirada y se produjo un silencio que se prolongó casi medio minuto antes de que meneara la cabeza para decir: No lo sé, pero por tu propia protección... probablemente no.

-Entiendo –A la morena se le quebró la voz y tuvo que aclararse la garganta. A continuación, levantó la barbilla y dijo en un susurro-: Te he dicho algunas cosas, como Ladrona de Novias, que no te habría dicho si hubiera sabido con quién estaba hablando en realidad. Y ciertamente no sé quién eres, pero sí sé que no eres la mujer que yo creía. Ninguna de las dos lo es. –Le salió una risa amarga que casi la ahogó- Dios mío, ni siquiera sé con quién estoy hablando. –Y haciendo acopio del frágil autodominio que conservaba, lanzó un suspiro tembloroso y dijo-: Tengo que irme –Y se dispuso a salir de debajo del árbol.

Pero Soi la agarró del brazo-Yoruichi, espera. No puedes irte así. Tenemos de hablar

Intentó zafarse, pero no pudo.- No tengo nada que decirte en este momento. Quiero, necesito estar sola, lejos de ti. Para poder pensar y decidir qué hacer. –La fuerte rienda con que sujetaba sus emociones resbaló un poco más y unas lágrimas rodaron por sus mejillas-. Te lo he dado todo: mi respetabilidad, mi inocencia. –"Mi corazón, mi alma"-. Deja que me marche sin apropiarte también de mi dignidad. Te lo ruego

Soi la soltó lentamente- Pasado mañana estaré en la iglesia- dijo suavemente.

Yoruichi reprimió un sollozo y se apartó- Me temo que no puedo prometerte lo mismo.

Y sin más, se fue acelerando el paso hasta que terminó por correr como si la persiguiera el diablo.

La condesa se quedó contemplando cómo la oscuridad se tragaba su figura. La mente le gritaba que fuera tras ella, pero respetó su ruego al tiempo que en su cabeza resonaban aquellas palabras: "Te lo he dado todo".

"No, Yoruichi, te lo he arrebatado yo". Sintió un auto desprecio tan intenso que le hizo caer de rodillas en el suelo húmedo. Cerró los ojos con fuerza y apoyó la frente en sus manos convertidas en dos puños. ¿Cómo demonios era posible sentirse tan felizmente sorprendida y al mismo tiempo tan dolorosamente herida? De alguna manera, sin haberlo buscado ni haberse dado cuenta de que lo deseaba, milagrosamente le había sido entregado un tesoro: una mujer que la conmovía profundamente, en lo más hondo, en partes de su corazón que no tenía conciencia de que existieran.

Pero, al igual que un puñado de arena, había permitido que la morena se le escurriera entre los dedos; aunque, en verdad, no habría podido hacer nada para evitarlo... salvo no haberse acercado nunca a ella. ¡Maldita sea, era una egoísta! No tenía ningún derecho a desearla, a tocarla, a amarla, sabiendo que no podía ofrecerle el futuro que ella se merecía.

Si la hubiera dejado en paz, quizás alguien más, que no tuviera un precio por su cabeza, la habría cortejado, se habría enamorado de ella y la habría convertido en su esposa.

Le acometió una violenta punzada de celos por el mero hecho de pensar en que la tocara otro. Yoruichi Shihōin era suya, ambas se pertenecían.

Pero ella decidiría: ¿acudiría a la iglesia para casarse? Le subió a la garganta una risa amarga. "¿Estás loca? ¿Por qué iba a casarse con una mujer a la que considera una mentirosa y que sin duda terminaría ahorcada y la involucraría en el escándalo? Yo que ella, sencillamente querría empezar una nueva vida, lo más lejos posible de mí". En fin, si aquello era lo que quería Yoruichi, haría todo lo que estuviera en su mano para que así sucediera.

La decisión no dependía de ella. Lo único que podía hacer era esperar. La morena estaba mejor sin ella, pero su egoísta corazón rogaba que compareciera en la boda.


Yoruichi no dejó de correr hasta que llegó a su dormitorio. Cerró la puerta tras de sí, se dejó caer sobre la cama y se envolvió bajo las mantas, dolida como un animal herido. Se hizo un ovillo y por fin permitió que fluyeran libremente las lágrimas que había contenido. No sabía que fuera posible sufrir tanto, como si le hubieran arrancado el corazón y lo hubiesen arrojado al suelo.

Hundió la cara en la almohada para amortiguar los sollozos y lloró hasta que los ojos se le hincharon tanto que apenas podía abrirlos. Su mente no cesaba de recordar una y otra vez cada minuto pasado en compañía de Soi, puntuado con silenciosos gritos de "¡mentirosa!".

Cuando llegó el alba y empezaron a filtrarse por la ventana unos tímidos rayos de sol, por fin dejó escapar un largo suspiro de cansancio. Tras varias horas de rebuscar en su alma, no podía criticar a Soi por sus mentiras; había hecho lo necesario para protegerse. Sus sentimientos hacia la Ladrona de Novias, su profunda admiración por su valor y el compromiso con su causa, no se habían alterado. Y en un momento de cruda sinceridad consigo misma, reconoció que resultaba emocionante saber que la mujer a la que amaba era en realidad aquella heroína enmascarada.

La mujer a la que amaba. Volvió a herirle la vergüenza. La mujer a la que amaba había arriesgado su vida para darle la libertad. ¿O había sido para quedar libre ella misma? ¿Tenía importancia aquel detalle? Nada podía cambiar el hecho de que abrigaba una arraigada repugnancia hacia el matrimonio: nunca había querido casarse y aunque Yoruichi intentó consolarse con el hecho de que no habría querido casarse con nadie, no con ella en particular, resultaba un frágil y fútil consuelo.

Si la condesa la quisiera de verdad, lo habría sacrificado todo para casarse con ella. Y en cambio le había ofrecido ser libre, al tiempo que se liberaba a sí misma. La libertad era lo único que Soi deseaba y ella era la única persona que podía dársela.

Y aquello era precisamente lo que pensaba hacer. Después de desayunar empezaría a disponerlo todo. Compraría el pasaje para viajar al extranjero y se prepararía para dejar su hogar para siempre.

No había necesidad de que Soi Fong la esperase en la iglesia al día siguiente.