No creo que debería de aguardar mucho para el final, ese que ustedes mis queridos lectores esperan con ansias. Quiero agradecer a los que leen, a los que además de leer dejan reviews y toman un momento para animarme y exigirme (jajaj es broma) la verdad es que me alientan y de una forma buena, me retan a escribir y seguir con otras locas historias.

Sin mas que decir, solo menciona a…Anonimus (que no se tu nombre), jScarlet (gracias por tus inbox), Selebel, Xaxi, Luna, Eva y todos los lectores que no tengo el placer.

Sin mas que agregar….El final.


Capitulo No 23- Un Emocionante Final.

Soi Fong se paseaba por el habitáculo igual que un animal enjaulado, con el corazón cada vez más pesaroso. Yoruichi tenía un retraso de diez minutos.

No podía soportar mirar de nuevo el reloj, no podía soportar los pensamientos negativos que la torturaban diciéndole que había perdido a la morena para siempre.

En ese momento se abrieron las cortinas de terciopelo y se volvió bruscamente. Era el sacerdote, que acudía nervioso a verla.

- ¿Ha llegado ya? –quiso saber Soi

- No, mi lady –El hombre extrajo un pañuelo de los pliegues de sus voluminosas vestiduras y se secó la frente sudorosa.

Soi enarcó una ceja.- En ese caso –dijo en un tono cuidadosamente controlado-, sugiero que se mantenga atento y me avise en cuanto llegue.

El sacerdote asintió con un gesto que le sacudió la papada.

- Sí, mi lady–dijo antes de salir por la cortina.

Nuevamente a solas, La condesa cerró los ojos y se pasó la mano por el cabello en actitud derrotada y con una palpable tristeza. Yoruichi no iba a venir. No quería. Prefería el escándalo antes que casarse con ella.

Maldición, aquello le dolía profundamente, como nunca antes le había dolido nada. Y también le enfurecía, porque ni siquiera había tenido la cortesía de comunicarle su decisión. Si no pensaba casarse, bien podía habérselo dicho a la cara. Y si no quería acudir allí a decírselo, entonces iría a buscarla y la obligaría a que lo dijera frente a frente.

Se volvió para salir, pero antes de que pudiera hacerlo, la pesada cortina de terciopelo se abrió y apareció el rostro del vicario.

- Ha llegado la señorita Shihōin, condesa. Sin embargo, insiste en hablar con usted en privado... antes de la ceremonia. Esto es algo de lo más irregular. –El sacerdote apretó los labios en un gesto reprobatorio-. Le está esperando en mi despacho.


Yoruichi Shihōin estaba paseándose de un lado a otro con nerviosismo por la gastada alfombra del pequeño despacho del sacerdote, situado junto al vestíbulo. Cuando llamaron a la puerta, su corazón salto angustiado- Dijo: Adelante.

Soi Fong entró y cerró la puerta con suavidad. Los ojos de ambas se encontraron y Yoruichi se quedó sin respiración con esos ojos dorados expresivos no dejaba de ver a la mujer que tenía enfrente. Vestida para la boda, desde la corbata de lazo perfectamente anudada, la camisa de un blanco níveo, el chaleco color negro, igual que la chaqueta y los pantalones beige, era sencillamente la mujer más hermosa que había visto nunca. Y durante un breve instante recordó que le había pertenecido.- Gracias por venir –le dijo-. Tenemos que hablar.

Soi se recostó contra la puerta y la contempló con los ojos entrecerrados.- Te has retrasado.

- Lo siento. Hay muchos detalles que atender cuando una ésta punto de irse para siempre.

La condesa cerró los ojos musitando algo parecido a "gracias a Dios".

-Tenía que despedirme de Hirako–prosiguió la morena con emoción al pronunciar el nombre de su adorado hermano-. No podía marcharme sin explicarle las cosas.

Soi se acercó a ella y la recorrió lentamente con la mirada de la cabeza a los pies. Luego la miró a los ojos con una expresión intensa que acaloró a Yoruichi.

-Estás preciosa- dijo suavemente Soi. El vestido de Yoruichi era de color crema liso con las mangas cortas y abullonadas, una cinta color marfil bajo el busto descendía sobre la falta sin ningún otro adorno, era un vestido sencillo, pero dejaba ver su elegancia y resaltaba su generoso busto.

La morena se ruborizó y bajó la mirada hacia el traje de novia- Gracias a ti. El vestido es maravilloso

Soi le levantó el rostro con los dedos- Sí, pero me refería a la novia que lo lleva puesto.

La sinceridad en su voz y en sus ojos le provocó el impulso de rodearla con los brazos y fingir que no existía ningún obstáculo entre ellas; pero le quedaba poco tiempo y con tantas cosas que tenía que decirle no podía perder ni un minuto más.

De modo que respiró hondo con decisión y le dijo: No estoy aquí para convertirme en una novia, Soi. En realidad he venido para liberarte de tu obligación de casarte conmigo. Lo tengo todo preparado para marcharme al extranjero, a vivir mi propia vida. Ya no tienes necesidad de preocuparte por mi bienestar.

La mano de Soi Fong resbaló despacio de su barbilla y sus ojos se vaciaron de toda expresión.- Entiendo- dijo en tono dolido.

Yoruichi le agarró el brazo y le dio una sacudida.- No, no lo entiendes. Quise haber hablado contigo ayer, pero no me atreví. Soi, Ichigo Kurosaki sabe quién eres. Ayer vino a mi casa y me interrogó. –Le relato a toda prisa su conversación con el magistrado.

Lo sabe, Soi. Va a detenerte y a encargase de que te ahorquen. –Se le quebró la voz y las lágrimas afloraron a sus ojos dorados-. Debes aprovechar esta oportunidad para escapar, ahora mismo, inmediatamente. Yo distraeré todo lo que pueda al sacerdote y a los invitados para que les lleves una buena ventaja. Tengo el terrible presentimiento de que no hay tiempo que perder.

Soi la sujetó por los hombros.-Yoruichi, no puedo abandonarte aquí.

- Sí que puedes. Cuentas con mi bendición.- dijo la morena con lágrimas y ansiedad.

-Entonces déjame que lo exprese de otra forma: no pienso abandonarte aquí.- dijo la condesa en su tono más firme.

Desesperada, la morena le aferró por la chaqueta.- Tienes que irte. Te lo Suplico. Yo, puedo hacer frente al escándalo, al ridículo e incluso al desprecio, pero no puedo hacer frente al hecho de que te capturen. –Las lágrimas ya resbalaban por sus mejillas como un rio-. No podría soportar verte morir.

-Entonces cásate conmigo. Y nos iremos juntas. Ya está todo dispuesto –Le tomó la cara entre las manos y le clavó una mirada intensa-. No quiero vivir sin ti, Yoruichi. Quiero compartir mi vida, mi nueva vida conforme a la ley, contigo. Podemos continuar ofreciendo a las mujeres la libertad para elegir, pero lo haremos juntas, legalmente, utilizando canales financieros. Crearemos un fondo de algún tipo, lo que decidamos. Pero juntas.

A Yoruichi la abandonó su capacidad de hablar, incluso de respirar, y simplemente se le quedó mirando, tratando de asimilar aquello. "No quiero vivir sin ti".

Soi Fong inclinó la cabeza y apoyó la frente en la de ella, puso sus manos en su rostro y le limpio las lágrimas.- Te Amo, Yoruichi, Te amo tanto que me produce dolor. –Alzó la cabeza y le dirigió una mirada profunda-. Todas aquellas cosas que creía no desear, el matrimonio, una familia... cosas que creía que no podría tener nunca... El amor ha cambiado todo eso. Tú lo has cambiado todo. Quiero que seas mi esposa, mi amante, mi amiga. Sé que existe el riesgo de que me detengan, pero podemos salir de Inglaterra inmediatamente después de la ceremonia.

Yoruichi intentó humedecerse los labios resecos con una lengua igual de reseca, pero fracasó penosamente.- Repítelo –logró articular.

- Podemos salir de Inglaterra...

Le puso un dedo en los labios.- Eso no. La parte de "Te Amo, Yoruichi".

Soi Fong tomó la mano que la había silenciado y depositó un beso en la palma al tiempo que penetraba a la morena con la mirada.

- Te Amo –A continuación se llevó aquella mano al pecho y Yoruichi sintió el fuerte retumbar de su corazón-. ¿Lo notas? Está latiendo por ti. Tú has hecho que lata de esta manera. Si me aceptas, me harás la mujer más feliz del mundo. Si no... –Apretó la mano con más fuerza- aquí quedará solamente un hueco vacío. Mi corazón te pertenece; puedes tomarlo o romperlo. Toda mujer se merece elegir. La decisión ahora es tuya.

La morena la miró fijamente. Su corazón latía con tanta fuerza que el pulso le martilleaba en las sienes. Ella la amaba. Soi amaba la anodina y rara Yoruichi. Eso era imposible. Debía de estar trastornada. O ebria. Olfateó discretamente, pero no notó olor a alcohol; tan sólo percibió su aroma limpio, cálido. Y no había duda de la sinceridad que se leía en su mirada, ni del amor que ardía en sus ojos grises.

Con todo, sólo por si acaso la pobre no estuviera en sus cabales, se sintió empujada a señalar: ¿Te das cuenta de que sería una condesa horrible?

- No.-Sonrió levemente- Serás una condesa encantadora. Cautivadora, cariñosa, cuerda y comedida. Llena de coraje –Le acarició suavemente la mejilla con los dedos-. Cuántas palabras con "C" para describir a mi extraordinaria Yoruichi.

Tuvo que afianzar las rodillas para permanecer erguida y trató de pensar con claridad, pero el hecho de que Soi la amara desafiaba toda lógica. Antes de empezar siquiera a dominar sus dispersas emociones, sonó un golpe en la puerta.

Ambas se volvieron- Entre –dijo Soi

Era el sacerdote, que alternó su mirada interrogante entre la una y la otra

- ¿Podemos comenzar ya? –quiso saber.

Soi se volvió hacia Yoruichi, y las dos se miraron a los ojos. No dijo nada, sólo se limitó a mirarla, aguardando, permitiéndole escoger, rezando para que la aceptara.

Entonces, con sus ojos dorados fijos en los ojos grises de Soi, la morena respondió al vicario: Sí, podemos comenzar.

Soi Fong experimentó una profunda sensación de alegría y euforia. Yoruichi y ella iban a estar juntas... iban a casarse. Todo iba a salir a la perfección.


Chad, el hombre de más confianza del magistrado, se deslizó en el dormitorio de lady Fong y cerró la puerta sin hacer ruido. Paseó la mirada por la espaciosa y lujosa habitación y se dirigió a toda prisa al escritorio situado junto a la ventana. Con suerte encontraría algo allí. El registro efectuado en el estudio privado de la condesa y en la biblioteca no había dado resultado y el tiempo se estaba acabando.

Examinó los cajones, pero no halló nada. Acto seguido se puso en cuclillas y pasó las manos ligeramente por la madera brillante. Entonces, detrás de una de las patas, sus dedos toparon con una manecilla redonda. Casi sin atreverse a respirar, la hizo girar. Sonó un leve chasquido y se abrió un compartimiento secreto. Algo blando le cayó en la palma de la mano. Sacó la mano y se quedó mirando una máscara de seda negra.

Experimentó una abrumadora sensación de triunfo. Aquélla era justamente la prueba que necesitaba el magistrado.


Soi Fong estaba frente al altar, contemplando cómo Yoruichi avanzaba despacio por el pasillo con una mano apoyada en el brazo de su padre. El suave murmullo de la multitud llenaba la iglesia. La mirada de la morena estaba fija en la condesa, sus gafas exaltaban el amor que resplandecía en sus ojos.

Soi sintió una punzada en el corazón que se irradió en forma de calor por todo su cuerpo. Yoruichi se colocó junto a ella ante el altar con una sonrisa tímida y trémula en los labios y los ojos cargados de las mismas emociones que la embargaban a ella. Fue así que la ceremonia dio comienzo.

Quince minutos más tarde, cuando pronunciaron los votos que habrían de unirlas para toda la vida, el sacerdote les dio su bendición con su rechoncho rostro radiante de orgullo.

Soi Fong se volvió hacia su esposa y sintió una oleada de felicidad que estuvo a punto de hacerle perder el equilibrio. Depositó un casto beso en los labios de ella y sus sentidos se vieron abrumados por el deseo. Tenía besarla intensamente, que tocarla. Ahora mismo. Lejos de miradas curiosas y lejos de todos. Pasó la mano de Yoruichi por su brazo y la guio pasillo adelante. Llegó al vestíbulo prácticamente corriendo, continuó hasta salir al exterior, para llevarse a Yoruichi al otro lado del edificio, a una zona de sombras.

- Cielos, Soi–dijo ella sin aliento-. Yo...

No la dejo terminar, le tomo entre sus brazos y le cubrió la boca con la suya en un beso pasional. Yoruichi emitió un minúsculo gemido de placer cuando abrió los labios. La condesa deslizó la lengua al interior de aquel calor con sabor a miel que le aguardaba, al tiempo que todo su cuerpo suspiraba de satisfacción y de una felicidad casi inconcebible.

Yoruichi le rodeó la cintura con los brazos y aceptó con avidez aquel fogoso beso, un beso lleno de amor, promesas y honda pasión. Cuando Soi levantó la cabeza por fin, ella se abandonó contra su cuerpo y se preguntó entre nubes dónde estarían las rodillas que no sentía. Entonces fue abriendo los ojos lentamente y no vio nada más que blanco; parpadeó rápidamente para enfocar la vista y notó que le quitaban las gafas. En cuanto Soi se las retiró del todo, la vio. Su esposa. Y el calor que despedía su amorosa mirada la traspasó de parte a parte. Transcurrieron unos momentos de silencio, hasta que la boca de Soi se torció en una sonrisa irónica.- Me temo que hemos empañado tus gafas

- Creía estar viendo nubes. Como si me hubiera muerto y hubiera ascendido al cielo.

- El cielo. Claro, ésa es la sensación que tú me provocas. – Soi le delineo el contorno del labio inferior con el dedo, una sensación cosquilleante que Yoruichi percibió hasta en los pies. Oyeron las voces de los invitados que salían de la iglesia. Soi Fong esbozó una sonrisa cálida como la luz del sol-. Ven, mi encantadora condesa. Vamos a recibir las felicitaciones y los parabienes de nuestros invitados.

- Sí, antes de que nos sorprendan besándonos a hurtadillas- respondió Yoruichi.

La morena Inclinó la cabeza en lo que esperaba fuera un gesto propio de una condesa y deslizó la mano por el brazo de Soi. Ésta rompió a reír y ambas se encaminaron al portal de la iglesia, preparadas para atender a los invitados.


Ichigo salió de la iglesia y parpadeó al sentir el fuerte brillo del sol. Observó a la multitud que se apiñaba en torno a las novias y estiró un poco más el cuello en busca de Rukia. Como si el mero hecho de pensar en ella la hubiera hecho materializarse, la descubrió de pie a la sombra de un enorme roble que había en el jardín de la iglesia. Estaba sola, con la cabeza gacha y las manos entrelazadas. Atraído hacia ella como por un imán, Ichigo se apartó del grupo de los presentes y se acercó.

- Buenos días, lady Rukia–le dijo situándose bajo la protectora sombra del roble.

Ella se volvió, y Kurosaki se quedó perplejo al ver su semblante de profunda tristeza y su mirada atormentada. Animado por una honda preocupación, dejó a un lado toda cortesía: alzó una mano y la tomó suavemente del brazo y a continuación se colocó de modo que su espalda obstaculizase las posibles miradas de curiosos.

- ¿Qué ocurre? –le preguntó

Rukia parecía no verlo; al parecer sus pensamientos estaban muy lejos de allí.

- La ceremonia... me ha hecho recordar. He intentado no hacerlo, pero al estar sentada dentro de la iglesia... –Le recorrió un estremecimiento-. No había vuelto desde el día en que me casé.

Ichigo recordó aquel día con vívido detalle. Él estaba tendido en su cama, enfermo de pena, mirando el reloj, sabiendo que a cada minuto que pasaba la mujer que amaba estaba intercambiando sus votos con otro hombre. Cuando oyó a los lejos el repique de las campanas de la iglesia, que marcaban el final de la ceremonia, abrió una botella de whisky y por primera vez en su vida procedió a emborracharse deliberadamente. Permaneció dos días ebrio, y otros dos días sufriendo la peor resaca de la historia. Luego, simplemente... continuó viviendo, creyendo que ella era feliz.

Pero una sola mirada a su rostro desencajado lo desengañó de aquella estúpida idea. Rukia parecía tan acosada y angustiada. Brillaban lágrimas en sus ojos, pero no las lágrimas de alegría que las mujeres solían derramar en las bodas.

¿Habría en aquella infelicidad algo más de lo que él había supuesto? ¿Algo más que la pérdida de su hogar y de su hermana? ¿Más que el hecho de que no hubiera tenido hijos? Le soltó el brazo para sacarse el pañuelo del bolsillo y ofrecérselo.

Rukia se secó los ojos y le dijo: Gracias y perdóneme. Éste es un día feliz, y sin embargo yo me echo a llorar. Me temo que he permitido que mis recuerdos me entristezcan.

Aquellas palabras preocuparon a Ichigo, que experimentó una intensa sensación de molestia.- Su esposo... –titubeó, inseguro de cómo expresarlo-, ¿no fue bueno con usted?

Ella dejó escapar una risita carente de humor y desvió la mirada.

Aun cuando su mente le decía que no lo hiciera, Ichigo le cogió la mano enguantada y le apretó los dedos suavemente.

- ¿Si no fue bueno? –repitió Rukia con una voz irónica y amarga, que no reconoció-. No, no fue bueno.

La ira se desvaneció tan repentinamente como había aparecido, igual que si la hubieran apagado con agua fría, para ser sustituida por una expresión de pérdida y derrota. Comenzó a temblar y cerró los ojos. Una lágrima solitaria resbaló por su mejilla y fue a aterrizar sobre el puño blanco de la camisa de Ichigo Kurosaki, el cual observó cómo era absorbida por la tela. Maldición, aquel canalla la había hecho sufrir. En su mente y en su espíritu.

Dios, acaso ¿la habría maltratado también físicamente? Una niebla roja le nubló la vista y le embargó una rabia que nunca había experimentado.

El matrimonio de Rukia había estado a punto de acabar con él, pero aceptó lo inevitable con serena resignación. Por mucho que la quisiera, sabía que jamás podría cortejarla y mucho menos casarse con ella. Él no tenía nada que ofrecer a la hija de un conde.

Excepto amor. Y bondad. Por un instante resonaron en su mente las palabras de Rukia: "Pasaba el tiempo en los acantilados, contemplando el mar, preguntándome cómo sería saltar...".

Sintió nauseas al pensar que Ichimaru pudiera haberla maltratado hasta el punto de hacerla pensar en la posibilidad de suicidarse. Dios. Si lo hubiera sabido... "¿Qué habrías hecho?" Pero conocía la respuesta; en el fondo de su alma sabía que él, un hombre que había dedicado su vida a la defensa de la ley, habría matado a aquel bastardo. ¿Y por qué diablos no lo había hecho la hermana de Rukia?

Ella abrió los ojos y lo miró. Sus sentimientos debieron de delatarlo, porque la mirada de Rukia se llenó de una ternura que lo dejó sin respiración.

- Agradezco que se indigne por mí. Usted siempre ha sido un amigo leal. Pero no había nada que hubiera podido hacer.

"¡Un amigo leal!" ¿Tendría idea Rukia de que él habría dado cualquier cosa por ser algo más que un amigo?

- Su hermana... –atinó a decir a pesar del nudo en la garganta-, ¿estaba enterada?

-Ella sabía que yo no era feliz, pero no hasta qué punto llegaba mi infelicidad, y yo no me atrevía a contárselo. Ella vino a verme nomas regreso de la guerra, vio que tenía unos hematomas en los brazos. Le dije que me había caído, pero por lo visto ella había oído hablar de las costumbres de Ichimaru y no me creyó.

Ichigo apretó los dientes para controlar la cólera que lo iba cegando.

- ¿Por qué razón protegía usted a semejante monstruo?- dijo con tono frio.

-Yo no protegía a Ichimaru. Era a mi hermana a quien pretendía proteger. De haberlo sabido, lo habría matado y luego la habrían ahorcado. De hecho, Ella golpeó a Ichimaru hasta dejarlo casi inconsciente y lo amenazó con acabar con él si se atrevía a maltratarme otra vez.

- ¿Y la maltrató?- pregunto el magistrado.

Los ojos de Rukia perdieron toda expresión.- Sí. Pero no con tanta frecuencia. Yo... yo nunca se lo conté a Soi. Al final Ichimaru fue perdiendo interés en mí y se centró en otras mujeres. Soi sólo sabe que me era infiel, no lo... demás.

Ichigo sintió que cada centímetro de su cuerpo gruñía de furia e impotencia ante el sufrimiento de Rukia y el hombre que se lo había infligido. Que la había maltratado, humillado. Que le había sido infiel... a aquella criatura dulce y encantadora, a la que él amaba desde el instante mismo en que posó los ojos en ella cuando ambos no eran más que unos chiquillos. Sentía el corazón destrozado, por ella y también por sí mismo. Notó un sabor a bilis y apretó los labios tratando de calmarse.

Apretó la mano de Rukia resistiéndose al impulso abrumador de atraerla a sus brazos, de protegerla, de hacerle saber que jamás permitiría que nadie volviera a causarle daño.

- ¿Por qué no lo abandonó?- dijo suavemente.

- Lo hice, un mes después de casarnos. Pero dio conmigo en una posada cerca de Cornualles. Me dijo que si volvía a dejarlo mataría a mi hermana. –La mirada de Rukia, atormentada y confusa, buscó la suya-. Yo... no tenía la intención de contarle todo esto. Perdone, no sé por qué lo he hecho.- dijo con nerviosismo.

Ichigo Kurosaki se sintió consumido por un torbellino de sentimientos, y no pudo apartar de su mente la imagen de Rukia maltratada y llorosa. Miró sus ojos ensombrecidos por siniestros recuerdos de sufrimientos inimaginables y en su interior estalló una ira que luchó por reprimir. Ichimaru Yin estaba muerto y sin embargo no sentía otro deseo que sacar a aquel canalla de su tumba y matarlo de nuevo. ¿Cómo diablos había conseguido frenarse su hermana para no estrangular a ese canalla con sus propias manos?

La condesa Fong, su hermana. Experimentó un tumulto interior y de pronto una profunda calma al comprenderlo todo. La condesa Fong no había matado a Ichimaru; en lugar de eso, había encauzado de otro modo su rabia, había arriesgado la vida para salvar a otras mujeres de una vida similar de desgracia.

El magistrado se humedeció los labios resecos.- Dígame... Si hubiera tenido la oportunidad de huir, aunque ello hubiera supuesto no volver a ver a su familia y a sus amigos, ¿habría huido para evitar casarse con él?

Rukia no dudó la respuesta- Sí

Aquella única palabra, apenas más que un susurro, hizo tambalear todos sus cimientos. Había dedicado los cinco últimos años de su vida a capturar al Ladrón de Novias. Aquel "hombre" era un delincuente, un secuestrador. Había destrozado familias y desbaratado planes de boda. Y sin embargo, Rukia habría aceptado su ayuda para salvarse de Ichimaru. "Se habría ahorro estos años de horros y desesperación". De pronto vio de forma distinta la misión de Soi Fong al emprender tal empresa, tan arriesgada… saber que era ella la Ladrona de Novias, no solo le había dado un rostro sino también ahora le daba una razón, que comprendía mejor al ver las lágrimas de aquella hermosa mujer.

La confusión lo abrumó. No había manera de dejar a un lado la ley. Él se enorgullecía de su honestidad y su integridad. El castigo para los secuestradores era la horca. Si no se ocupaba de que se hiciera justicia ¿cómo iba a poder llamarse a sí mismo un hombre honorable regido por la ley?

- Ha dicho que no tenía intención de contarme esto. ¿Por qué no?- cuestiono el magistrado.

Ella miró el suelo- No quería que se formase una mala opinión de mí.

Ichigo habría jurado que el corazón se le partía en dos. Le tembló la mano al levantarla para tomar la barbilla de Rukia entre los dedos.

- Yo jamás podría tener mala opinión de usted. Del hombre que la maltrató sí, pero no de usted. –Dios, ansiaba decirle que le sería imposible tener mejor opinión de ella, pero no se atrevía-. Lamento mucho lo que ha sufrido.- dijo suavemente.

- Gracias. Pero ahora ya soy libre. Y he vuelto al hogar que amo, con mi hermana.- dijo Rukia con una pequeña sonrisa en su rostro.

Ichigo sintió una punzada de culpabilidad. En el plazo de una hora esperaba tener a su hermana bajo arresto y preparando una horca.

Una sonrisa más notoria surgió de los labios de Rukia- Y hoy mismo he ganado otra hermana, así que hay mucho de lo que alegrarse. –Retiró la mano suavemente- Será mejor que vaya a darles la enhorabuena. ¿Quiere acompañarme?

Antes de que él pudiera contestar, oyó una tos discreta a su espalda.

- Le ruego me disculpe, señor Kurosaki, pero necesito hablar con usted.

Al magistrado se le tensaron todos los músculos al reconocer la voz de Chad. Dedicó una breve reverencia a lady Rukia y dijo: Me reuniré con usted dentro de un momento.

Ella inclinó la cabeza y a continuación se encaminó hacia la multitud de invitados.


Una vez que estuvo seguro de que ya no podía oírlo, Ichigo se volvió hacia Chad.- ¿Y bien? –inquirió

Chad extrajo de su bolsillo un pedazo de tela negra y se la entregó

- He encontrado esto en el dormitorio de lady Fong, señor. En un compartimiento secreto de su escritorio. Sin duda es la máscara del Ladrón de Novias o mejor dicho la Ladrona de Novias.

Ichigo se quedó mirando la máscara de seda negra, la prueba que llevaba cinco años buscando. Ya tenía todo lo que necesitaba para detenerla.


Cuando Yoruichi y Soi regresaron, después de su apasionado beso a escondidas, cayó sobre ellas Minako Shihōin.

- ¡Estás aquí, querida! –Tomo a Yoruichi en un abrazo asfixiante que hizo disfrutar a su hija, como si aquélla fuera la última vez que fuera a sentir los brazos de su madre- Me siento inmensamente feliz por ti –le dijo Minako y sorbió por la nariz. Acto seguido le susurró al oído-: Siento mucho que no hayamos tenido tiempo de hablar de... ya sabes qué, pero estoy segura de que la condesa sabrá lo que hay que hacer.

Se apartó y se secó los ojos con un pañuelo de encaje, y emitió un trino de gorjeos. Miró rápidamente a un lado y otro, pero como no había bancos lo bastante cerca como para desmayarse, dejó escapar un profundo suspiro y se recobró enseguida. En realidad se iluminó como una docena de velas cuando se le acercaron Matsumoto Rangiku y su hija Orihime, ambas luciendo similares expresiones de desagrado.

- ¡Matsumoto! –exclamó Minako. Y abrazó a su rival con un entusiasmo que arrancó una mueca a las facciones ya contraídas de la señora Rangiku. Minako compuso un gesto que era la viva personificación de la preocupación-. No te preocupes, Matsumoto. Estoy segura de que Orihime encontrará una persona magnífica. Algún día.

La señora Matsumoto emitió un sonido ahogado y le dirigió una sonrisa glacial. A continuación, Orihime y ella ofrecieron sus mejores deseos a Yoruichi de manera un tanto artificial.

A continuación les tocó el turno a Tia y Mila rose, y Yoruichi las abrazó de una en una, grabando en la memoria sus caras radiantes. ¿Cómo era posible sentir tanta tristeza y alegría a la vez, tanta pena por el tiempo que iban a dejar de compartir y tanta emoción por el futuro?

Después vino el padre, que la besó en ambas mejillas- Siempre supe que alguien con suerte te encontraría, Yoruichi. Ya se lo dije a tu madre –La acarició en la cabeza.

Entonces le llegó el turno a Hirako. Ya se habían despedido por la mañana y, aun así, las lágrimas le enturbiaron la visión. Le revolvió el caballo rebelde, y sus ojos se calvaron en los del joven. Él tragó saliva, y Yoruichi sintió un doloroso nudo en la garganta.

Hirako la miraba con tristeza en los ojos, pero sus labios se curvaron en una sonrisa ladeada. A continuación dio a su hermana un abrazo torpe y las gafas de ambos entrechocaron. Los dos se separaron riendo.

- Un bonito espectáculo, Yoru-chan–le dijo ajustándose las gafas-. Eres la condesa más guapa que he visto.

Ella se tragó su melancolía y se río.- no has visto muchas condesas

- Bueno, yo sí he visto muchas condesas –terció Soi- y debo decir que coincido con Hirako. Estás preciosa –Le cogió la mano, se la llevó a los labios y le envió un mensaje con los ojos que le provocó una oleada de placer.

Hirako continuó adelante, y siguió lo que parecía una fila interminable de gente que quería darle la enhorabuena. Por fin tuvo delante a Rukia, que le tendió ambas manos.

- Oficialmente ya somos hermanas –le dijo Yoruichi a Rukia con lágrimas en los ojos-. Y tú ya eres oficialmente una condesa.- término con una sonrisa.

- Es cierto que somos hermanas. Y, cielos, yo condesa... Es una perspectiva que encuentro un poco... aterradora.

Rukia dirigió una mirada fugaz a su hermana y luego le ofreció a Yoruichi una ancha sonrisa.- No tienes de qué preocuparte, ya has cumplido la tarea más importante: has hecho muy feliz a tu condesa.

Yoruichi notó la mano de Soi en la espalda- Así es

Observó cómo Soi abrazaba a su hermana y se le encogió el corazón cuando cerró los ojos para sentir lo que iba a ser su último abrazo. Después se volvió hacia la siguiente persona que aguardaba para darles la enhorabuena.

Ichigo Kurosaki. Le acompañaba otro hombre que ella no conocía. Aparentaba más de treinta años, era de buena constitución, de cabello negro y exhibía un aire serio y un gesto severo en la boca. Los dos hombres parecían tensos, con una mirada que no indicaba el deseo de dar ninguna enhorabuena. Su atención estaba fija en Soi, que en ese momento sonreía a su hermana.

A la morena el corazón comenzó a palpitarle, a medida que el miedo iba invadiéndola y el estómago parecía hundírsele como un peso muerto. Se esforzó por esbozar una sonrisa cordial y abrió la boca para hablar, pero antes de que pudiera pronunciar palabra Kurosaki se dirigió a Soi: ¿Le importaría acompañarme un momento, lady Fong? Mi ayudante Chad y yo necesitamos hablar con usted. En privado.- dijo con tono firme y serio.

Soi Fong y el magistrado intercambiaron una larga mirada y a continuación la condesa asintió lentamente.- Desde luego –Rodeó con un brazo la cintura de Yoruichi y le dio lo que ella interpretó como un apretón alentador. Luego se inclinó a besarla en la mejilla- No olvides nunca –le susurró al oído- lo mucho que te amo.

La soltó y ella apretó los labios para reprimir el agónico "¡No!" que amenazaba con escapar de su garganta. Sintió miedo cuando los tres penetraron en el sombrío interior de la iglesia y desaparecieron de la vista.

- Me gustaría saber qué es lo que está sucediendo aquí –murmuró Rukia

Yoruichi tenía el estómago encogido por el pánico. Creía saber lo que estaba sucediendo.


Con el corazón acelerado, la condesa entró en el despacho del sacerdote y miró a Kurosaki y a Chad con fingida indiferencia. Tras unos segundos de incómodo silencio, cruzó los brazos y enarcó las cejas.

- ¿De qué querían hablar conmigo? –preguntó, inyectando una pizca de impaciencia en su voz.

Kurosaki sacó lentamente del bolsillo un trozo de tela negra y se la entregó. Aquella seda familiar tenía un tacto frío, en contraste con la sensación de calor que le producía el miedo que la atenazaba. Mantuvo una expresión serena y preguntó: ¿Qué es esto?
Chad se aclaró la garganta.- Es la máscara de la Ladrona de Novias. La encontré oculta en el escritorio de su habitación, mi lady.

Aquellas palabras vibraron en su mente, y cerró la mandíbula con fuerza para contener el rugido de angustia que deseaba lanzar. "¡Ahora no!" Ahora que acababan de entregarle la felicidad en bandeja de oro, ahora que Yoruichi y ella estaban tan cerca de escapar. Ahora que tenía tanto por que vivir.

Posó su mirada en Kurosaki esperando encontrar una expresión dura, pero el magistrado miraba por la ventana con un gesto que Soi sólo pudo describir como atormentado. Siguió su mirada y se dio cuenta de que la atención de Kurosaki estaba fija en Rukia, que estaba no muy lejos de allí, a la sombra de un roble enorme.

Con los puños apretados, en uno de ellos la tela arrugada, Soi permaneció inmóvil como una estatua, con todos los músculos en tensión, aguardando a que la detuvieran. No había manera de refutar la prueba que sostenía en la mano y además no podía por menos de respetar a Ichigo y Chad por su ingenio.

Sus pensamientos volaron a Yoruichi y se le contrajo un músculo en la mejilla. Maldición, sin duda estaría con el alma en un hilo. Experimentó un profundo pesar por lo que iba a tener que afrontar ella a consecuencia de su arresto y posterior ejecución. Pesar por no tener ya la oportunidad de ser su esposa, de reír y amar con ella. Pero al menos había asegurado económicamente su futuro: la condesa de Fong de Wesley era una mujer sumamente rica. Rezó para que se fuera de Inglaterra lo más pronto posible y dejase atrás el escándalo y comenzase una nueva vida.

Su atención se centró nuevamente en el magistrado. Kurosaki continuaba con la vista fija en la ventana. Estaba pálido y sus manos formaban dos puños a los costados, con los nudillos blancos. Transcurrió casi un minuto entero de un silencio ensordecedor.

Por fin Ichigo Kurosaki se volvió hacia su subordinado.- Un trabajo excelente, Chad–le dijo con seriedad-. Ha aprobado usted el examen de forma verdaderamente admirable.

Soi Fong sintió el mismo desconcierto que dejó en blanco el semblante de Chad.

- ¿El examen, señor? –repitió el ayudante, rascándose la cabeza.

- Sí. Hace ya algún tiempo que había puesto el ojo en usted para una posible promoción, pero me resultaba necesario poner a prueba su destreza e inteligencia, seguro que usted lo comprenderá.

- Pues... en realidad no...- titubeo Chad.

Déjeme explicarle- dijo el magistrado- Lady Fong, que ha mostrado un gran civismo al ofrecer su ayuda durante esta investigación, ha sido tan amable de permitirme hacer uso de su casa. –Kurosaki juntó las manos a la espalda y prosiguió: Siguiendo mis instrucciones, la condesa escondió esa máscara, que es una réplica de la del Ladrón de Novias, por supuesto está confeccionada por mí a partir de descripciones de testigos, utilizamos la mansión Fong. Yo sabía que si sus capacidades deductivas eran lo bastante agudas para encontrar la máscara, Chad, merecía usted esa promoción. –Ichigo se volvió hacia Soi Fong- ¿Así que un compartimiento secreto bajo su escritorio, mi lady? Un escondrijo diabólicamente ingenioso. Le agradezco mucho su ayuda.- dijo el magistrado.

Soi no salía de su asombro. Sólo una vida entera acostumbrada a dominar sus emociones le impidió mostrar la misma reacción estupefacta que Chad. Seguro que no había oído bien ¿de qué demonios estaba hablando Kurosaki?

Ichigo se volvió hacia su ayudante y le tendió la mano.- Felicitaciones, Chad. Su promoción conlleva que se encargue de un nuevo caso, unos presuntos contrabandistas. Mañana por la mañana le informaré debidamente de su misión.

Con el semblante ahora sonrojado en una mezcla de perplejidad y orgullo, Chad estrechó la mano de su jefe.

- ¡Gracias, señor! Me siento abrumado –Su sonrisa se desvaneció-. Naturalmente, la mala noticia es que aún seguimos sin apresar al Ladrón de Novias. –Miró a la condesa con gesto arrepentido-. Creía que usted era nuestro objetivo, lady Fong. Le ruego que acepte mis disculpas ya que definitivamente no es posible pensarla en una empresa criminal tan arriesgada siendo usted una dama.

Sin confiar en su propia voz, Soi Fong se limitó a inclinar la cabeza por toda respuesta.

- Sí, por desgracia el Ladrón de Novias sigue en libertad –confirmó Kurosaki. Se volvió hacia Soi y le dirigió una mirada absolutamente seria-. No obstante, juro que no toleraré más secuestros. Si el Ladrón de Novias comete el error de actuar de nuevo, me encargaré de que lo ahorquen.

Una verdad increíble se abrió paso poco a poco entre la confusión que experimentaba Soi, acaso Ichigo Kurosaki la dejaba en libertad. No cabía duda respecto de la advertencia del magistrado en relación con futuros secuestros, era innegable que Kurosaki le había perdonado la vida.

Chad apoyó una mano en el hombro de Ichigo a modo de consuelo.

- Así se habla, señor. Atrapará al Ladrón de Novias cuando vuelva a dejarse ver.

Kurosaki y Soi intercambiaron una larga mirada. Después, el magistrado dijo:

- No deseamos entretenerla más, excelencia. Nuestros mejores deseos para usted y su esposa.

Soi consiguió de algún modo encontrar la voz para decir: Gracias.

Chad abrió la puerta y salió del despacho. Cuando el magistrado hizo ademan de seguirlo, Soi Fong lo detuvo: Quisiera hablar un instante con usted, Kurosaki.

Kurosaki se quedó en el umbral y a continuación volvió a entrar y cerró la puerta. Soi Fong contempló al hombre que acababa de salvarla de la horca y dijo simplemente: ¿Por qué?

Ichigo se recostó contra la puerta y Soi se dio cuenta de que de nuevo dirigía la mirada hacia la ventana, por la cual se veía a Rukia bajo el majestuoso roble. Ichigo miró a Soi una vez más y le respondió: He tenido una conversación muy instructiva con su hermana

Soi Fong se tensó- Rukia no sabe nada de esto- dijo rápidamente.

- Sí, lo sé. Pero ahora entiendo por qué usted hacía... lo que hacía. No pudo salvarla a ella, de modo que salvaba a otras. –Cruzó los brazos y sus ojos relampaguearon- Me ha dicho que si ella hubiera tenido la oportunidad de escapar de su matrimonio, la misma libertad que ofrece la Ladrona de Novias, la habría aprovechado sin vacilar. Y se habría ahorrado estos años de infelicidad.

- Y si usted cree que eso no me carcome cada día, está muy equivocado aclaro Soi.

- Ahora que sé que ella sufrió a manos de ese canalla, eso me va a carcomer a mí, cada día condesa Fong. –Ichigo apretó los puños a los costados y sus labios formaron una delgada línea-. Hasta esta mañana, creía que casarse con un miembro de la nobleza era lo mejor que podía sucederle a una mujer. Y si dicho matrimonio era arreglado, en fin, el padre se limitaba a hacer lo mejor para ella –Soltó una risa amarga- Pero para lady Rukia no fue lo mejor. Ahora lo entiendo, ahora veo que una mujer no debe ser obligada a casarse en contra de su voluntad, ni ser forzada a pasar su vida con un hombre al que aborrece, un hombre que podría maltratarla. No he podido imaginarla a usted ahorcada por salvar a otras mujeres de un destino como ése. En realidad, aplaudo el autodominio que demostró no habiendo matado a ese bastardo de Ichimaru. Yo no puedo decir que hubiera tenido un autocontrol semejante al suyo.

Ichigo respiró hondo y prosiguió: Con el tiempo, poco a poco irá disminuyendo el interés por el Ladrón de Novias cuando se deje de hablar de él. Dentro de unos meses, comunicaré al Times que en vista de que no se ha denunciado ningún secuestro más, me veo obligado a suponer que ha abandonado sus actividades delictivas. Y en ese momento también animaré a la Brigada a que se disuelva y devuelva los fondos de la recompensa a los hombres que han aportado.

Señaló la máscara que Soi aún aferraba.- Queme eso. Y ocúpese de que yo nunca más vuelva a oír hablar del Ladrón de Novias. Pero si decide continuar ayudando a las mujeres por medios legales, puede contar conmigo para lo que pueda servirle.

Soi se guardó en el bolsillo la máscara de seda.- Considere muerto al Ladrón de Novias. En efecto, pienso continuar ayudando a esas mujeres por medios legales, pero aún no he perfilado todos los detalles. Cuando los tenga, se lo comunicaré.

Aspiró hondo. En su mente veía ya su futuro y el de Yoruichi, extendido ante ella como un festín.- No sé cómo agra... –De pronto se detuvo. En realidad, sí sabía cómo- Dígame, Kurosaki... ¿usted siente algo por mi hermana?

El magistrado se ruborizó- Lady Rukia es una dama encantadora y...

- No nos andemos con rodeos. Deme una respuesta sincera. ¿Siente algo por ella?

Kurosaki apretó los labios- Sí –admitió

- ¿La ama? - Soi observó cómo Ichigo hacía esfuerzos por decir algo, hasta que por fin afirmó bruscamente con la cabeza.

- Pero no tiene que preocuparse de que vaya a intentar nada a ese respecto –dijo con un hilo de voz-. Soy consciente de que no soy un candidato adecuado para una dama como su hermana.- dijo con un tono de pesar.

Soi Fong se acercó al juez- Una dama como mi hermana se merece a un hombre que la ame, un hombre al que ella ame a su vez. No es eso lo que tuvo con su rico y noble esposo. Por lo tanto, yo diría que ya es hora de que tenga a un hombre verdaderamente noble –Le tendió la mano-. Tiene usted mi bendición Ichigo Kurosaki.

Ichigo titubeó y a continuación se la estrechó con fuerza.- Jamás pensé que... No imaginaba que... –Una expresión de asombro se extendió por su rostro-. Ella es todo lo que he deseado siempre, Lady Fong.

A Soi Fong le vino una imagen de Yoruichi- Sé exactamente lo que quiere decir.


Soi Fong se detuvo en la puerta de la iglesia y observó cómo Ichigo Kurosaki se acercaba a Rukia. Sonrió con la satisfacción de haber asegurado la felicidad de su hermana, por lo que ella fue a buscar la suya. Y la encontró de pie entre su madre y sus hermanas, que parloteaban sin cesar a su alrededor. Sin embargo, Yoruichi estaba observando a Ichigo Kurosaki. Como si hubiera intuido la mirada de Soi, de pronto se volvió hacia la puerta de la iglesia y clavó sus ojos dorados en ella.

Al momento se desocupó de su familia y se dirigió a Soi Fong con aquel paso decidido que Soi Fong adoraba. La aguardó y cuando llegó a su lado la atrajo al interior y le explicó a toda prisa lo sucedido. Al terminar, en los ojos dorados de Yoruichi brillaban las lágrimas.

- Nos ha dejado libres... –musitó, casi sin poder creérselo

- Así es.-Confirmo la Soi.

Resbaló por su mejilla una lágrima que dejó un rastro plateado.- Sentí que moriría cuando entraste con ellos en la iglesia. Creí que se disponían a detenerte.

- Debo reconocer que yo también pasé un mal rato. –Le tomó la cara entre las manos y le limpió una lágrima con el pulgar-. La idea de perderte antes de que tuviéramos oportunidad de disfrutar nuestro matrimonio me produjo un dolor indescriptible.

- Yo deseaba venir aquí y escuchar detrás de la puerta, pero mi madre y mis hermanas me habrían seguido igual que una jauría de perros.- dijo la morena.

Toda la tensión y todo su miedo por el futuro de ambas se disiparon como una nube de vapor. Soi Fong le deslizó las manos por los brazos, enlazó sus dedos con los de ella y se acercó más: Debo decirte que escuchar detrás de las puertas es algo totalmente impropio de una condesa –le dijo.

- Ya te advertí de que iba a ser una condesa horrible.- dijo Yoruichi.

- En absoluto. Eres maravillosa. Milagrosa –Sonrió mirándola a sus bellos ojos dorados-. Hay muchas palabras como "M" para describirte.

- Y tú eres sencillamente magnífica –Un vivo sonrojo tiñó las mejillas bronceadas y dejó escapar un suspiro.

Soi emitió un sonido medio carcajada y medio gemido de deseo.- Gracias. Y ahora, sugiero que nos vayamos. Nuestro barco zarpa al anochecer.

Los ojos de Yoruichi se iluminaron.- ¿A dónde vamos?

- A Italia, Roma, Florencia, Venecia, Nápoles... y todas las ciudades que hay en medio. Visitaremos las ruinas de Pompeya, pasearemos por el Coliseo, recorreremos los Uffizi, contemplaremos las obras de Bernini y Miguel Ángel, nadaremos en las cálidas aguas del Adriático... –Le apretó suavemente las manos-. Después regresaremos a Inglaterra y haremos planes para nuestra próxima aventura. -Soi Fong le dedicó una sonrisa de esas que no mostraba a nadie, que inmediatamente la deslumbró y cautivó.

- Eso suena... mágico- dijo la morena- otra palabra con "M"

- Ciertamente. Y sabes, hay una palabra más con "M" que existe y me encanta para describirte a ti.

- ¿Cuál es?- Pregunto Yoruichi enarcando una ceja.

Soi Fong la atrajo hacia ella y le beso con anhelo, pasión y mucho amor, cuando el beso termino susurro sobre sus labios: Mía –Dijo Soi Fong-. Para siempre. Mía.

FIN


Gracias por leer….