¡Os traigo un nuevo capítulo de Una rosa es una rosa! Y, después de lo que pasó en el capítulo anterior, la trama se complica… mucho más *risa malévola*
Falta poco para llegar al punto clave de este Fanfic, y estoy a punto de acabar mis exámenes, por lo que intentaré escribir más y subir los capítulos más a menudo, pero de momento solo puedo asegurar que habrá un capítulo cada sábado.
De nuevo, muchas gracias a todos los que dais fav y follow a esta historia y a los que dejáis review :D Como ya sabéis, me gusta saber vuestras opiniones sobre cada capítulo, lo que os ha gustado, lo que no, así que, si tenéis tiempo, no dudéis en comentar
Os vuelvo a recordar que mi tumblr es suertedeinfelicidad (el enlace está en mi perfil) y que allí publico también poesías, reflexiones, y cosas guays que me encuentro cuando leo, así que sería genial si os pasaseis por allí y le dieseis a me gusta, reblog y todo eso :D
Capítulo 6
Apenas pudo creerlo cuando le comunicaron la noticia. ¿Finn el Humano, mordido por Marceline? Se le antojaba surrealista en todos los sentidos.
Por todos era sabido que Marceline era la Reina de los Vampiros, un ser supuestamente cruel y despiadado, pero Chicle sabía muy fin que eso no era cierto. Ella había logrado conocer una faceta de Marceline que nadie más conocía, y tenía claro que una persona así no podía hacer daño por el mero placer de ver a alguien sufrir.
Simplemente, Marceline era complicada.
Uno de sus grandes problemas, era que ni siquiera ella misma se entendía. No sabía qué quería, ni cuándo lo quería. Lo quería todo, y no quería nada. Pero Bonnibel sabía que era incapaz de hacerle daño a un amigo, por más que la vampiresa quisiese negarlo para mantener su reputación.
Algo realmente malo debía estar ocurriendo en su interior.
Llamó tres veces a la casa de Finn y Jake antes de que abriesen la puerta.
- ¿Cómo está Finn? – preguntó Chicle atropelladamente en cuento vio a la Princesa Flama asomar en el umbral.
Sin embargo, su silencio fue más claro que cualquier respuesta que ésta pudiese haber dado.
Bonnibel entró rápidamente en la casa y se dirigió a la habitación de su amigo. Allí se encontraba Jake, en un lado de la cama, sosteniendo la débil mano del humano.
- Hola, princesa – la saludó.
- ¿No ha despertado desde que fue…? – intentó preguntar Bonnibel.
Jake negó con la cabeza, y Chicle decidió sentarse a su lado. Finn lucía extremadamente pálido y debilitado. Llevaba dos días inconsciente, y no había comido nada desde entonces. Si seguía en ese estado, no tardaría mucho en morir.
La princesa alargó la mano y le cogió la muñeca para intentar tomarle el pulso. Tras unos segundos, pudo captar un débil latido, casi imperceptible.
Y aquello no le gustó nada.
Gracias a sus continuos estudios sobre la especie vampírica había aprendido mucho sobre ellos, sus costumbres, sus ritos y su iniciación. Sabía perfectamente las etapas que sufría una criatura antes de convertirse en vampiro por completo, y esa era una de ellas.
Aunque todavía no era irreversible. Podría ocurrir cualquier cosa de aquí a tres días, el tiempo máximo de conversión vampírica. Tan solo tenían que esperar.
- ¿Crees que… se pondrá bien? – preguntó Jake, inseguro.
- Estoy segura de que sí – contestó Chicle sin dudar, convenciéndose a sí misma de que mentir en una situación era necesario.
- Siempre supe que había algo malo en Marceline… Nunca te puedes fiar de un vampiro, por muy humano que parezca – confesó Jake con odio en su mirada.
Chicle se quedó unos segundos pensativa. Podría haberle dado la razón a Jake, fingir que pensaba lo mismo, pero la realidad no era así. Ella sabía que no podía ser así.
- Te equivocas. Marceline no es así realmente…
- Oh, vamos, princesa… - rió irónicamente - ¿Cómo puedes tú decir eso, después de lo que te hizo?
- Eso… eso no tiene nada que ver – respondió Chicle afectada por la pregunta – Lo que pasó o dejara de pasar entre nosotras no te incumbe.
La princesa se levantó de su lado, molesta, y se dirigió hacia la puerta.
- Avísame si notáis algún cambio. Intentaré hacer todo lo que pueda por él – dijo antes de marcharse.
Saludó a la Princesa Flama, quien se encontraba sentada en el sofá con aire ausente, y salió de la casa. Sin duda, era de las más afectadas. Su permanente estado de shock se palpaba en su mirada.
Se dirigió de nuevo a su castillo, pero ya no podía dejar de pensar en aquello que le había dicho Jake. ¿Sería Marceline realmente una mala persona?
Una de las cosas que más odiaba Marceline, sin duda alguna, era la resaca. Pero, por encima de todo, odiaba recordar lo que, entre copa y copa, había hecho el día anterior, sin tener entonces consciencia de ello.
Y lo que en esta ocasión había hecho era realmente horrible.
Los recuerdos acudían a su mente como un torbellino de ilusiones, de acciones que desearía que nunca hubiesen ocurrido. Todavía no había conseguido apartar de su mente la aterrorizada cara de su amigo cuando la vio abalanzarse sobre él, los gritos de Jake, a su lado, pidiéndole que parase, el rostro de la Princesa Flama, lívido, ante aquella escena. "¿Cómo pude ser tan idiota?", se preguntaba a sí misma. No solo decepcionó a Bonnibel, sino que hirió a Finn, uno de sus mejores amigos, el cual ni siquiera la había abandonado cuando descubrió que Chicle, la chica de la que estaba total y completamente enamorado, le correspondía a ella, y no a él.
Intentó flotar desde el sofá en el que se encontró al despertar y se dio directamente de bruces contra el suelo. "Maldita resaca…" pensó, y decidió que era hora de usar las piernas un rato. Aun así no pudo evitar chocarse con cada pared que encontraba a su paso.
Cuando al fin llegó a la cocina alcanzó una manzana de la parte superior de una estantería y, cuando se dispuso a clavarle los colmillos para intentar succionarle el color, se descubrió a si misma mordiéndola, sin éxito aparente.
- ¿Por qué demonios no me salen los colmillos? – se preguntó a sí misma, al borde de la histeria.
Intentó clavarlos de nuevo en la manzana, esta vez con más fuerza, pero no consiguió absolutamente nada. En su lugar, un trozo de la fruta se había desprendido en su boca, por lo que Marceline lo masticó e, involuntariamente lo tragó.
De inmediato se puso completamente blanca. Intentó vomitar, ya que por todos era sabido que la comida normal era altamente tóxica para los vampiros, pero, extrañamente, su estómago se sintió en calma cuando la comida llegó a él.
A aquel bocado le siguió otro, y otro, y así hasta que solo quedó el corazón de la manzana, el cual Marceline estuvo a punto de comerse también.
Su hambre era real.
Se dejó caer hasta el suelo de su cocina y, aún en estado de shock, intentó asimilar lo ocurrido. Se había comido una manzana. No le salían los colmillos. Apenas podía levitar.
Aquello solo podía significar una cosa.
Se vistió rápidamente y cogió un parasol, aunque sospechaba que no lo iba a necesitar. Salió afuera y se dirigió todo lo rápido que le permitieron sus piernas hacia el reino de Chuchelandia.
Si había alguien que podía ayudarla, esa era la Princesa Chicle.
En cuanto volvió al castillo, se dispuso a ocuparse de sus tareas reales. Para una princesa como ella, cualquier momento era indispensable para mejorar las condiciones de su reino, por ello, en cuanto salía se tomaba algún tipo de tiempo libre, luego se apresuraba a recuperarlo, afectando incluso a sus horas de sueño.
Qué podía decir, si su vida se dedicaba por entero al trabajo.
Decidió empezar aquel día por sus avances científicos, en los cuales llevaba bastantes progresos, y se dirigió a su laboratorio. Allí, se vistió adecuadamente, se colocó sus gafas especiales, y comenzó a investigar los resultados en las mezclas que había realizado el día anterior. Si había algo que pudiese borrar de su mente la imagen de su moribundo amigo, eso era, sin duda alguna, la ciencia.
Sin embargo, en cuanto comenzó a tomar apuntes, escuchó un fuerte alboroto en el pasillo.
- ¡Señorita Marceline, le digo que no puede pasar! – escuchó como gritaba Mentita.
- ¡He dicho que tengo que ver a Bonnibel! – gritó Marceline, y Bonnibel juró que hacía tiempo que no la veía gritar de aquella manera.
La vampiresa abrió la puerta violentamente, y entró en la habitación como un rayo.
- Bonnibel, ¡acompáñame! – le gritó a la princesa mientras la agarraba de la mano y la sacaba de aquel lugar.
Sin tiempo para resistirse, Chicle la siguió atropelladamente hasta la azotea del castillo, con Mentita pisándoles los talones y gritando mientras zarandeaba los brazos, histérico.
Marceline cerró la puerta de rápidamente tras de ellas, dejando al mayordomo fuera, y respiró tranquila.
- Ahora, ¿me explicarás qué estamos haciendo aqu… - comenzó a preguntar Bonnibel, cuando realizó algo de lo que no se había dado cuenta hasta ahora – Marceline… ¡Te vas a quemar! – gritó lanzándose sobre ella mientras se quitaba su rebeca para intentar así tapar la mayor parte posible de su piel.
- Bonnie… aparta… ¡Bonnie! – se quejó la vampiresa mientras intentaba alejarla, sin mucho éxito - ¡Estoy bien, tranquila! ¿Lo ves? El sol no me quema…
- ¿Pero cómo…?
- No lo sé… Me he despertado esta mañana y no podía levitar… He intentado absorber el rojo de una manzana, pero no he conseguido nada…
- Es imposible… - susurró Chicle, impactada.
- Eso me gustaría creer… Puede que… haya ocurrido algo extraño cuando… Ya sabes, pasó eso con Finn… - intentó explicarse Marceline sin mencionar demasiado el tema - ¿Has ido a verle?
La princesa asintió levemente, apartando la mirada. Aún recordaba las duras palabras de Jake, junto a su amigo, pálido, lívido. Aquellas palabras de odio y furia. Cargadas de temor y resentimiento. Palabras que Bonnibel se negó a creer, pero que, en su interior, todavía se cuestionaba.
- ¿Cómo está? – volvió a preguntar, con apenas un hilo de voz.
- Si te soy sincera, no lo sé… - respondió Chicle – tenía algunas teorías sobre su estado actual, pero después de esto no sé qué pensar. Tendré que ponerme a estudiar de nuevo y revisar todos mis libros. Puede que haya habido algún caso documentado en el pasado, aunque no estoy segura. Los efectos sobre humanos hace mil años que se dejaron de estudiar, y, por tanto, habrá que remontarse a las zonas más antiguas de la biblioteca real. Aun así, no estoy segura de que encontremos nada.
Marceline asintió levemente y se quedó muy callada, mirando al suelo. Entonces Chicle vio cómo una pequeña gota caía al suelo, y se dio cuenta de que su amiga estaba llorando.
- Bonnie… sé que no tengo derecho a pedirte nada, pero… Ayúdame, por favor – le rogó sin apenas poder contener el llanto.
Y en aquel momento, Chicle pensó que, con la mirada neblinosa y los ojos llorosos, las mejillas ruborizadas, sin colmillos, y con los pies plantados en el suelo, Marceline parecía más frágil, más natural.
Parecía más humana que nunca.
Agarró su sudadera y tiró de ella hacia sí, para intentar calmarla con un abrazo. Era extraña la sensación de consolar a Marceline, ya que era siempre ella la que acababa llorando en sus brazos cuando todavía existía un futuro para ellas, pero no era desagradable. Quizás esta nueva faceta fuese más interesante de lo que esperaba.
- Haré que todo salga bien… - susurró en su oído, rezando por poder hacer realidad lo que sus labios acababan de prometer.
