¡Sorpresa! Hoy vengo con una actualización antes de lo previsto para celebrar el fin de exámenes. Y también porque probablemente este sábado no podré actualizar. Jeje.
Espero que os guste este capítulo, donde Marceline y Chicle tienen más interacción entre ellas, y decidáis dejar algún review que otro. Y si no os gusta pues también podéis dejar review para decirme qué es lo que no os ha gustado. Ya como veáis.
Igualmente, muchísimas gracias a los que dais fav y follow y dejáis review regularmente. Sois un amor de personas.
También os quería recordar que mi tumblr es suertedeinfelicidad (el enlace está en mi perfil) y que os agradecería mucho que lo visitaseis y le echaseis un vistazo, le dieseis a Me gusta si os llama la atención, y si lo odiáis con toda vuestra alma pues que lo compartáis con vuestros enemigos. Y que se aguanten.
Sin más dilación, os dejo con el capítulo. Que lo disfrutéis :)
Capítulo 7
Comenzó cuanto antes a investigar al respecto. Las mezclas y reacciones simples que había confeccionado hasta entonces podían esperar. En este asunto estaban inmiscuidas dos de las personas que más le importaban en este mundo, por lo que daría lo mejor de sí, dejando de dormir si hacía falta.
Además, aunque no le gustase reconocerlo, el hecho de que Marceline estuviese implicada le afectaba más que cualquier cosa. Verla de esa manera, tan vulnerable y frágil, había hecho que una pequeña parte dentro de ella reaccionase y se diese cuenta de que tenía que ayudarla.
Dejó que se quedase en su castillo mientras la investigación avanzaba, para así tenerla más cerca por si había que recoger muestras. Por precaución, se calló la noticia ante Jake, temiendo lo que su amigo pudiese hacer si se enteraba de algo así.
Llevaba todo el día trabajando en un extraño indicio que había encontrado en la sangre de Marceline cuando sintió unos pasos a su espalda y se volvió precipitadamente.
- Maldición, si todavía pudiese levitar no te habrías dado cuenta de que había llegado… - se quejó Marceline.
- Se hace duro vivir como un ser normal, ¿verdad?
- Demasiado…
La vampiresa merodeó a su alrededor, curioseando todas las notas, apuntes y pruebas que Chicle había tomado. Era cierto que ya no podía volar y que sus poderes vampíricos habían desaparecido, pero, aun así, sus pasos seguían pareciendo una extraña danza en la oscuridad de la noche, rodeada de misterio.
- Bonnie… Llevas trabajando todo el día… Son las cuatro de la mañana, ¿no crees que deberías dormir? – le aconsejó Marceline.
- ¿No quieres recuperar tus poderes? Para eso debo seguir estudiando – concluyó Chicle colocándose de nuevo sus gafas.
- Quiero recuperarte a ti… - sintió como su áspera voz susurraba aquellas suaves palabras en su oído y colocaba sus brazos alrededor de la cintura de la princesa.
Y tal vez fuese por el cansancio, por la influencia de la noche, o por los sentimientos aún latentes que se encontraban en su corazón, pero Bonnibel no pudo resistirse a la calidez que esta nueva Marceline le inspiraba, por lo que acabó acompañándola, muy a su pesar.
La ex vampiresa la guió a lo largo del pasillo, de la mano, mientras Chicle, aún embelesada, intentaba ser consciente de lo que estaba ocurriendo, sin poder más que concentrarse en el suave tacto de la mano de Marceline.
Llegaron a la habitación y se tumbaron en la cama, como por inercia. Bonnibel apoyó su cabeza en su pecho y enlazó sus manos con las suyas. Sabía que debía continuar trabajando, que la investigación era lo primordial en aquel momento, ¿pero cómo haberlo podido recordar cuando las extrañamente cálidas manos de Marceline la rodeaban? ¿cómo darse cuenta de eso si sentía su corazón latir y su pecho subir y bajar, al ritmo de una agitada respiración?
Todo aquello era nuevo para ella y, debía confesar que, a pesar de lo que podría o debería haber pensado, le encantaba.
- Bonnibel, si he de serte sincera, las noches así era lo que más añoraba cuando me encontraba sola en la Nocheosfera… - confesó Marceline entre susurros – Subir a tu balcón, entrar en tu cuarto y simplemente descansar junto a ti, viéndote dormir… Llegué a darme cuenta de que sentía cierta clase de dependencia ante la sensación de tenerte junto a mí.
Chicle se quedó callada por unos instantes. ¿A qué venía ahora todo aquello? ¿Se estaría disculpando Marceline?
- ¿Por qué te fuiste, entonces? – preguntó intentando contener las lágrimas que sus ojos amenazaban con empezar a derramar.
- Es complicado… - intentó explicar Marceline.
- Vamos, Marceline… - le rogó Chicle.
- No lo sé, Bonnie… No sé lo que me pasaba por la cabeza por aquel entonces. No sé por qué pude pensar que, de alguna manera, podría vivir sin ti, cuando tú eras la única que conseguía mantenerme con vida – confesó con la voz aún entrecortada – Supongo que me daba miedo. Miedo de perderte. Miedo de reconocer que eras lo más importante de mi vida. Miedo de…
- ¿De qué? – preguntó Chicle, al ver que la vampiresa callaba.
Pasaron unos segundos antes de que Marceline se decidiese a contestar, y cuando estaba a punto de hacerlo, unos golpecitos sonaron en la ventana del cuarto.
Sin decir nada, la Princesa se levantó y fue a abrir.
Allí se encontraba Marshall Lee, llamando al balcón de Bonnibel, tal y como ella había hecho centenares de veces antes.
- Princesa, espero no haberte despertado – se disculpó con aquella mirada melosa y sonrisa seductora que tanto enfadaba a Marceline.
- No te preocupes, no estaba dormida – contestó Bonnibel, un tanto incómoda.
- Apuesto a que recién levantada serías la chica más preciosa de todo Chuchelandia – la piropeó Marshall desde la ventana, haciendo que Bonnibel se sonrojase – En cualquier caso, aunque pueda parecer lo contrario, no he venido aquí para hacerte sonrojar. Es por Finn.
- ¿Qué le pasa? – preguntó Chicle, de repente nerviosa.
- Ha despertado. Tenemos que ir a verle rápidamente. Vamos, sube a mi espalda.
- Espera un segundo, Marshall, creo que… - intentó excusarse al recordar que Marceline aún se encontraba en su cama, sin embargo, cuando se dio la vuelta para hablar con ella, ésta había desaparecido, dejando la cama vacía.
- ¿Ocurre algo? – preguntó el vampiro, al ver la extraña expresión de Bonnibel.
- No, nada. Vayámonos.
Y juntos se dirigieron volando hacia la casa de Finn y Jake, mientras Chicle se preguntaba una y otra vez qué diablos le habría querido decir Marceline.
Cuando escuchó la ventana cerrarse supo que la Princesa se había ido e, instantáneamente, salió de debajo de la cama. Sí, se había escondido para que Bonnibel pensase que ya se había marchado de la habitación. Y no, tampoco sabía por qué diablos había hecho una tontería así. Suponía que el hecho de tener que ver de nuevo a Marshall, esta vez de cerca, la había espantado de tal manera que había actuado sin pensar en las consecuencias. Aunque una parte dentro de sí dudaba de si en realidad se habría escondido por miedo a ver cómo Bonnibel la abandonaba de nuevo para irse con aquel vampiro de tres al cuarto.
Miedo, siempre miedo. Constantemente miedo.
Y ahora que había vuelto a ser humana, se sentía completamente aterrorizada.
Durante toda su vida pensó que esto era lo que realmente quería, ser como el resto, volver a sonrojarse, a escuchar su corazón latir, a sangrar. Sin embargo, ahora la mera idea de la mortalidad la paralizaba de terror. Tanta fragilidad…
Se acercó a la ventana para salir levitando de la habitación y justo cuando estaba a punto de saltar recordó que ya no tenía poderes. Y por horrible que le pareciese, tuvo que salir andando del castillo. No creía que la idea de tener a una ex-vampiresa espachurrada en el jardín le agradase demasiado a Bonnibel.
Se deslizó sigilosamente por los pasillos, bajó las escaleras como una sombra, y, finalmente, apareció en el exterior sin haber sido vista. Le alegraba, al menos, comprobar que su capacidad para pasar desapercibida seguía intacta.
En cuanto estuvo fuera supo al instante que debía ir a casa de Finn y Jake. No solo porque Bonnibel estuviese allí, sino porque, realmente, quería comprobar cómo se encontraba su amigo. Así que se armó de fuerzas y emprendió el camino
En el momento en el que Finn despertó no sabía muy bien qué estaba ocurriendo.
Estaba en su cama, como cualquier otro día normal. La luna brillaba a través de la ventana y su adorada mantita lo cubría hasta la barbilla.
Sin embargo, todos sus amigos se encontraban alrededor de su cama, con expresión preocupada.
- ¡Finn! – gritó la Princesa Flama, arrojándose a su cuello mientras lloraba. Finn no veía que estuviese llorando, pero sentía gruesas lágrimas caer de sus ojos mientras aquellos brazos ardientes lo rodeaban con fuerza.
- ¡Colega! – gritó Jake, echándose a su cuello también.
- Ch…chi..cco…s – Intentó hablar Finn, para que se apartasen de él, sin embargo apenas podía gesticular una palabra. Era capaz de mover la boca, pero no salían de ella apenas sonidos. Se encontraba sediento.
- ¡Finn, hemos estado muy preocupados! – gritó Jake, desconsolado - ¡No sabíamos cómo despertarías después de lo de la fiesta!
Por un momento, Finn no sabía a qué se estaba refiriendo Jake. Luego, recordó aquel horrible rostro, las manos de Marceline sujetándole, sus afilados colmillos… Un escalofrío le recorrió la espalda.
Al instante, apareció la Princesa Flama con un gran vaso de agua. Al parecer, había captado las necesidades del chico.
Finn se bebió el agua de un trago y le pareció que volver a beber era la mejor sensación del planeta. Ni siquiera sabía cuánto tiempo llevaba dormido.
- No os preocupéis, chicos – los tranquilizó cuando se hubo relamido tras el segundo vaso – estoy bien, de verdad. Tan solo un tanto fatigado.
- ¡No me extraña, colega! Has pasado por algo muy fuerte. Pronto vendrá la Princesa Chicle a echarte un ojo. Hemos mandado a Marshall Lee a por ella.
Ante la mención del vampiro, el rostro de Finn palideció al instante.
- ¿Ma..Mama…Marshall Lee? – intentó preguntar luchando contra su creciente miedo.
- No te preocupes, Finn – dijo Flama mientras cogía su mano temblorosa – Marshall es de confianza. Ha estado aquí junto a nosotros durante el tiempo que dormías y no ha hecho nada sospechoso. No es como…
- Marceline… - terminó la frase Jake por ella – Esa odiosa vampiresa… ¡Siempre supe que no era de fiar!
Finn se tranquilizó, aunque no del todo. Por un lado, no le gustaba que Jake hablase de Marceline de ese modo. A pesar de lo ocurrido, seguía siendo su amiga. Sin embargo, el temor que ahora le inspiraba hacía que la idea de defenderla ante su amigo fuese perdiendo fuerza progresivamente.
Sin embargo, la repentina entrada de la Princesa Chicle en la habitación pareció apaciguar los ánimos de todos los presentes.
- ¡PB! – saludó Finn desde su cama, con el rostro iluminado.
- Finn, ¿qué tal te encuentras? – preguntó la princesa sentándose delicadamente en el borde de su cama y cogiéndole su frágil mano.
- Bien, bueno, ya sabes… Creo que tendré que prescindir de las aventuras hasta que me recomponga un poco, pero no me quejo.
- ¿Has notado… algo extraño, ya sabes… desde que Marceline te mordió? – volvió a preguntar, esta vez con más delicadeza todavía.
- ¿Extraño en qué sentido?
- Ya sabes… - Intentó encaminar la conversación mientras le cogía la frágil y pálida mano, fría, más fría que nunca – Cuando un vampiro muerde a un humano…
De repente el rostro de Finn se volvió completamente blanco y la sangre pareció dejar de correr por sus venas.
- Quieres decir que puede que… Me convierta en…
- No tiene por qué – dijo rápidamente PB – Es tan solo una posibilidad, remota, pero existente. Supongo que si fuese a ocurrir algo ya habría ocurrido, sin embargo, no sabemos cómo podría reaccionar tu cuerpo. Los últimos casos de humanos vampirizados ocurrieron hace cientos de años, así que realmente nuestros estudios actuales son escasos. La mayoría se perdieron con el tiempo.
Finn asintió lentamente, incapaz de hablar, simplemente considerando, horrorizado, la idea de volverse un vampiro. De volverse como Marceline.
- Hey, vamos, colega – le animó Jake – No te preocupes, seguro que no pasa nada. Ahora mismo voy a preparar unos bocadillos para desayunar y ya verás, ¡te vas a chupar los dedos!
El humano pareció animarse un poco más y relajó la expresión de su rostro. Tener a sus amigos alrededor le reconfortaba en una situación como aquella. Sentía que, si ellos estaban junto a él, nada podía salir mal.
Volvió a mirar a Chicle, quien todavía sostenía su mano, y la vio mirar preocupada a través de la ventana de su habitación.
- PB, ¿qué ocurre?
- Nada – respondió rápidamente – Nada, no te preocupes. Creo que saldré un momento, eso es todo. Flama, ¿puedes quedarte con Finn un rato?
La Princesa Flama asintió y, sonriendo, se sentó junto a Finn en la cama, mirándolo con aquella sonrisa coqueta.
Chile se encaminó hacia la puerta donde esperaba Marshall, temeroso de entrar del todo en la habitación.
- ¿Estás bien? ¿Quieres que te acompañe? – preguntó a la princesa cuando la vio salir por la puerta.
- No, gracias, Marshall. Estaré bien.
Y cerró la puerta a su paso.
