¡Bien! He vuelto otra vez~ Y, como dije, un domingo (¿o dije sábado?...)~ (aunque una semana más tarde... ¡PERO TENGO MI JUSTIFICACIÓN [tenía un esguince en la mano derecha]!)

Los Gatos que Aullaban a la Luna (III) Cadenas de Sangre

Ambos alzamos el vuelo y miramos como está la cosa abajo. El chico que parece ser el jefe de su gremio continúa peleando contra el semi-boss, pero, a pesar de parecer el jefe, no parece ser muy fuerte. Miro a Shion y el de inmediato entiende que, en ese momento, aquel chico estaba estorbando bastante.

-¡Jin¡ Aléjate- le dice Shion. El chico le mira y niega con la cabeza y continúa peleando, pero no parece ir a conseguir nada más a parte de firmar su propia sentencia de muerte-. No quiere irse, y por su cuenta no se va a ir, pero él no puede contra un semi-boss, a pesar de estar al mando de este grupo hoy, es el nivel más bajo del gremio.

Después de escuchar eso, vuelo hacia Jin y le levanto en el aire para alejarle de ahí. Patalea intentando soltarse de mi agarre, pero no lo consigue. Cuando estamos a unos cuantos metros, le dejo en el suelo y vuelvo con Shion. Los demás de su gremio se han alejado de inmediato al ver cómo me llevaba a su "jefe". Parece que todos entendieron que en ese momento tan solo molestaban.

Los dos semi-boss saltan y a ambos les salen alas especialmente grandes. Por eso odio a los semi-boss. Pueden hacer lo que quieran sin necesidad de tener en cuenta la raza. Siempre sacan algo contra lo que uno no puede defenderse. Miro a Shion, el asiente a la vez que junta su espalda con la mia. Yo me encargaré de uno y él del otro.

Alargo un brazo hacia el semi-boss y digo el hechizo que había aprendido hace poco gracias a la ayuda de Karla. Agarro la pistola que llevaba equipada ya de antes y a mi alrededor aparecen diferentes tipos de armas de fuego. Con la otra mano, agarro Kiba no Ice y empiezo a disparar a un semi-boss, el que estaba delante de mí, mientras que Shion se encarga del otro. Miro a Shion, quien tiene un arco en una mano, y en la otra está preparando flechas para lanzarlas al otro semi-boss.

Una de las flechas que lanza, se sale de la dirección y se clava en una pared cercana. Eso me ha dado una idea. Miro de reojo las flechas de Shion, a la vez que continúo disparando al semi-boss que me atacaba a mi. Parecen ser bastante resistentes, así que puedo aprovecharlo. Doy un salto en el aire hasta posarme sobre la flecha que se ha clavado en la pared, por suerte, las otras armas también me siguen, y, desde ahí, disparo a ambos semi-bosses. Uso la espada para alejar a los diferentes tipos de monstruos de bajo lvl que se acercan a nosotros.

Se me acaban las balas de la pistola que estaba usando en ese momento, así que agarro la primera que alcanza mi mano. Es una escopeta, pero por suerte automática, así que no es necesario quitar seguro ni centrarse en apuntar bien, la bala irá sola al objetivo, lo malo es que tan solo puedo hacer un disparo con cada una, pero al menos tengo bastantes más a mi alrededor.

Disparo al primer semi-boss que se acerca, y enseguida lanzó esa para agarrar otra y disparar, vuelvo a tirarla lejos ya que no sirve para nada sin balas y agarro otra, y así consecutivamente no-sé-cuantas-veces más.

Shion apunta su arco hacia el otro semi-boss, que estaba detrás de mí, y lanza una flecha, pero aquella flecha era diferente a las demás, era una flecha sagrada. ¿Cómo lo sé? Sencillo, soy un demonio, al pasar por mi lado he notado como si me quemara a pesar de que no me ha tocado, pero, aún así, me ha hecho perder el equilibrio y caer al suelo. Paro la caída con las manos y logró ver aquella flecha clavándose en el semi-boss que había tras de mí, y a este morir.

-Lo siento- se disculpa de forma un poco fría y apunta con otra flecha al otro semi-boss.

Antes de que suelte aquella flecha, agarro a Kiba no Ice y atravieso al semi-boss de forma que le vaya drenando la vida poco a poco, en el momento en que veo la flecha de Shion clavarse en él, saco la espada y el semi-boss cae al suelo y muere.

Mis alas desaparecen. No podemos usarlas indefinidamente, cuanta más magia se gaste, antes desaparecerán. Si las mías ya se han ido, las de Shion estarán por irse, y como caiga desde esa altura, con la poca vida que le queda, no hay que dudar que el golpe le matará. Y si él ha usado más magia que yo, no tar...

Cae. Veo a Shion cayendo desde casi lo más alto del laberinto. La zona en la que caerá esta a unos veinte metros de mí, la velocidad a la que cae es bastante rápida, y cuanta menos distancia, más velocidad. Aunque corra ahora hacia allí, no podré llegar a tiempo. Miro a mi alrededor intentando ver algo que pueda parar su caída.

Paredes, gente, la flecha, mis armas... ¡La flecha! Cojo la flecha de Shion de la pared y, de entre mis armas, logro ver una ballesta. La cojo y pongo la flecha. Nunca he usado algo así, por lo que no tengo ni idea de lo que voy a hacer, pero mejor intentar algo. Shion debe de estar a, aproximadamente, unos treinta metros del suelo.

Apunto la ballesta hacia él, bajo la dirección a diez metros, y espero. Uno, dos, tres, cuatro, cinco segundos. Suelto la flecha y esta va disparada hacia Shion, se clava en su ropa sin tocarle la piel, y por la velocidad, le arrastra hasta la siguiente pared, y se queda allí clavado, pero al menos tan solo baja la durabilidad de su ropa, no su vida. Corro hacia él y suelto la flecha, pero consigo cogerle antes de que caiga de golpe al suelo, aunque me arrastra con él, pero la caída se hace más suave.

-¿Estás bien? – le pregunto incorporándome un poco.

-Sí.. Me has vuelto a salvar la vida- dice y esboza una pequeña sonrisa- por tercera vez ya.

-Lo sé, si no fuera por mí, ya habrías muerto, soy tu salvavidas –río.

-En eso tienes razón –responde levantándose y alarga una mano para ayudarme a mi.

La agarro y me levanto con su ayuda. Tanto mi gremio como el suyo se acercan a nosotros bastante asombrados. Vemos como Jin, aquel tipo al que había llevado bastante lejos momentos antes, gira la esquina y se acerca a nosotros furioso.

-¡Tú! –corre hacia mí gritando- ¿Por qué has hecho eso?

-¿Yo? ¿Hacer qué? –digo, fingiendo que no he sido yo. No tengo ganas de meterme en problemas con este tipo siendo de un gremio tan poderoso.

-¿¡Cómo que no?! –continúa gritando.

-No fue ella, era otro demonio que pasaba por aquí y nos ha hecho el favor de alejarte –dice Shion con su típico tono inexpresivo de siempre-. Ella ha estado conmigo en todo momento.

¿Shion esta ayudándome? No esperaba eso de él. No parece ser el tipo de persona que te saca de apuros cuando lo necesitas, pero me alegro de que lo haya hecho, no me gustaría causar problemas con este gremio, y mucho menos sabiendo que, tanto Cadenas de Sangre, como los Gatos que aullaban a la Luna, comparten edificio de gremio.

-¿De verdad? –se acerca bastante a mi, observándome de pies a cabeza- Juraría que tienen la misma voz y se parecen bastante...

-Pues ella no fue- repite Shion.

-¡Tsk! Da igual, pero si me entero de quien fue, se las tendrá que ver conmigo –dice a modo de despedida y se aleja con los demás del gremio de Shion- ¡Shion, vamos!

-Os alcanzo después –le responde y vuelve a girarse hacia mi.

-Ahora me has salvado tú –le digo sin poder ocultar una leve risa por aquello, por lo que Shion también se ríe. Es la primera vez que le veo reírse.

-Bueno, una menos, quedan dos -sonríe y se da la vuelta-. ¿Nos vamos de aquí?

-Sí, mejor vámonos rápido.

Camino tras de él, seguida por Sheila y los demás. Les miro y les dedico una sonrisa, ellos parecen seguir conmocionados.

-¿Cómo habéis podido matar a dos semi-bosses? –me pregunta Sheila, acercándose a mi.

-Bueno, ya lo has visto, no es necesario explicarlo...

-Pero tiene casi el mismo nivel de un boss, se necesita bastante gente para matar solo a uno, y vosotros habéis matado a dos, siendo sólo dos personas.

-No es tan difícil, pero hay que ser fuertes y saber qué hacer en cada momento.

Sheila asiente y se acerca a Mayn y Stern para hablar con ellos. Sheila tiene razón, un semi-boss tiene casi el mismo nivel de un boss normal, son algo así como los guardianes de los boss, así que es muy complicado matar a uno con poca gente. Pero claro, el hecho de que Shion y yo superemos el nivel de la mazmorra por bastante, lo hace más fácil para nosotros. Sólo uno de los dos no habría podido con ambos semi-bosses, eso está claro.

-Shion –le llamo acercándome un poco a él.

-¿Sí? –responde volviendo a su fría forma de hablar.

-Me alegro de que te unieras a un gremio- sonrío-, no creí que fueras a hacerlo.

-Yo tampoco pensé que tú fueras a hacerlo, y lo has hecho.

-No iba a hacerlo, pero como insistieron tanto, no pude negarme, pero no me arrepiento de haberlo hecho.

-Me alegro. Si te hubiera visto antes de que entraras, te habría dicho que te unieras a nosotros –dice, cosa que me sorprende-. Pero no lo habrías hecho, ¿verdad?

-No, creo que no me habría unido.

-¿Por qué evitas tanto los gremios?

-Pues... supongo que porque no quiero cogerle cariño a nadie. Me da miedo que pueda morir cualquiera de ellos –digo, dirigiendo mi mirada hacia mis compañeros de gremio, que hablan alegremente-. Pero supongo que ya es tarde para eso, ahora solo puedo seguir adelante y intentar protegerles todo lo posible.

Y antes de entrar al gremio ya era tarde, ya había cogido bastante cariño a Karla, y también un poco a cierto ángel que está a mi lado en este momento, pero es algo que nunca voy a admitir.

*/*/*/*/

Y hasta aquí este capítulo 3 Espero comments :3 ¡Y acepto todo tipo! Desde mejoras hasta peticiones de muerte (?) Okey no, no acepto peticiones de muerte xD ¡Bueno, hasta el siguiente capítulo!

Nos leemos~