CAPÍTULO 002

Alexis se desperezó. Un pequeño rayo de sol entraba por su habitación. Bajó de su cama y salió hacia la habitación de su padre. Tardo un escaso minuto en atravesar el loft. Entró y comenzó a saltar sobre el colchón. - ¡Papi! ¡Papi! ¡Buenos días! ¡Hora de despertarse!

- Calabaza... - se hizo el remolón, tapándose con la almohada.

- ¡Venga papi! ¡Es lunes! ¡Una nueva semana!

- 5 minutos calabaza... - suplicó Richard.

- ¡Papi! ¡Mira que sol! - se echó sobre él, abrazándolo - ¿Me haces tortitas? ¿Por fi?

- Tortitas... - susurró medio adormilado.

- Pero no te duermas, ¿eh? No podemos llegar tarde al hospital.

- Lo siento, calabaza. Es que anoche tuve que escribir y creo que solo he dormido como dos horas.

- Bueno, papi, pues cuando lleguemos del hospital, echaremos una siesta para que puedas dormir. - le quitó la almohada de encima.

- Me gusta tu idea. - abrió uno de sus ojos, sonriendo.


Caminaron agarrados de la mano, atravesando las cristaleras de entrada. Subieron hasta la quinta planta. Alexis iba pendiente de todo y de todos. En uno de esos momentos, se tropezó con la mirada de Kate, al otro lado de una habitación.

La pequeña se quedó absorta, viendo como la chica con la que se había tropezado, miraba por una ventana, llena de tristeza.

- Papi... - tiró de su brazo.

- Dime.

- ¿Puedo entrar un momento ahí?

- Calabaza, la gente está trabajando. No hay que molestarles.

- Solo quiero ir donde la chica de ayer. Está sola y triste.

- ¿La chica de ayer? - buscó con su mirada hasta encontrarla.

- ¿Puedo?

- No creo que le guste.

- ¿Por fi? Solo quiero decirle que lo siento.

- Ya me disculpé yo.

- Papi...

- ¿Qué os pasa? - se acercó Peter.

- Mi papi no me deja entrar a saludar a una amiga.

- ¿Por qué? - miró a Richard.

- ¿Tú me dejas entrar ahí?

- Claro, te esperamos aquí.

- ¡Gracias! - se soltó de la mano de su padre y entró.

- ¿Quién es su amiga?

- La chica que está sola, mirando por la ventana.

- Katherine Beckett.

- ¿La conoces?

- Todo el hospital la conoce. ¿No ves las noticias o qué?

- ¿Es famosa?

- Es policía. 24 años. La primera mujer que se convierte en inspectora con esa edad.

- ¿Qué le pasó? - sin quitar su mirada de encima de aquella mujer.

- Un tiroteo.

- ¿Por qué no está trabajando como el resto?

- Aun no ha comenzado con la rehabilitación. Creo que no asimila tener que estar en esa silla de ruedas. Y cuanto más tarde comience más lenta será la recuperación. Incluso podría no volver a caminar.

- ¿Y lo sabe?

- Hay gente que entra en shock y no es capaz de continuar.

- Pero aún tiene una opción.

- Todos lo vemos menos ella.


Alexis fue sonriendo a todos los pacientes. Y todos ellos le devolvieron una sonrisa igual. Con un poco de cautela, terminó al lado de Kate. La miró durante un rato.

- Hola. - saludó bajito.

- Hola. - Kate se sorprendió al verla a su lado.

- ¿Qué tal estás?

- Bien.

- ¿Por qué miras por la ventana?

- Me gusta mirar por la ventana.

- ¿Estás triste?

- No lo sé.

- Yo me tengo que ir ya pero lo siento mucho.

- ¿El qué?

- Me tropecé contigo.

- Está olvidado. - le sonrió.

- ¿Sabes?

- Dime. - la miró atenta.

- Es una pena que no sonrías más porque tienes una sonrisa muy bonita. – se explicó con su eterna sonrisa.

- Tú también.

- Mi papi dice que siempre hay que sonreír.

- Si algún día no puedo hacerlo, te pediré que me prestes una de las tuyas.

- Vale. Ahora me tengo que ir. – miró hacia su padre y Peter.

- ¿Por tu cereza?

- Sí. Me tienen que hacer pruebas. Con nombres muy raros.

- ¿Cómo te llamas?

- Alexis.

- Encantada de conocerte, Alexis. Yo soy Kate. - le dio la mano.

- ¿Puedo darte un beso? - Kate asintió y la pequeña besó su mejilla - Cada vez que venga al hospital, vendré a verte.

- Te estaré esperando.

- Adiós, Kate.

- Adiós, Alexis. – susurró la inspectora al verla alejarse.


Alexis llegó con su perpetua alegría, agarrando la mano de su padre. - ¿Todo bien, calabaza? - se sonrojó al ver como Kate lo miraba desde el otro lado del cristal.

- Sí, papi. Creo que seremos grandes amigas.

- ¿De verdad?

- Solo está un poco triste pero le he prometido que cada vez que vengamos al hospital, pasaré a verla.

- Eso seguro que le hace bien, Alexis. - le confirmó Peter - Kate necesita una buena amiga.

- ¿Tú me dejas papi? - lo miró con ilusión.

- Si Kate quiere ser tu amiga, por mi perfecto.

- ¡Gracias! - se abrazó a su pierna.

- Y ahora, señorita, pasemos a hacerte alguna prueba más. - le anunció Peter.


Richard miró con cierto temor cada una de las diversas pruebas. El Dr. Sutter deseaba tener todo controlado. Repetir varias pruebas más. Ajustar cada milímetro de la operación. Peter, tras terminar con varias de sus consultas, acompañó a Richard.

- ¿Todo bien?

- Nervioso.

- Sé que es complicado pero tienes que aferrarte a esa positividad que siempre has transmitido a tu hija.

- Es complicado, Peter. No soy capaz de soportar la idea de perderla.

- No pienses en ello.

- Pero esa posibilidad existe. Es real. Es más real que nunca. Es un 50%.

- He visto cosas más complicadas. Maravillosas y milagrosas...y Alexis será una de ellas.

- ¿Por qué? - preguntó con dolor.

- No lo sé, Rick. Nunca lo entiendo. Mucho menos cuando son niños. No es posible asimilarlo. Y si algún día lo hacemos, entonces, es que no somos capaces de sentir.

- No pierde su sonrisa... - miró a su hija con anhelo.

- Es por ti, Rick.

- No, es especial.

- Igual que tú. Eras igual que ella. Desde que te conozco, hasta en los peores momentos, siempre has conseguido sonreír. No pierdas esa esencia ahora. No cuando más te necesita. Que tú estés fuerte hará que ella lo esté.

- No sé si podré...

- Yo sé que sí.

- Necesito que esto salga bien, Peter. Porque no concibo mi vida sin ella. Quiero verla crecer. Ver el vestido de su primer baile. Su graduación. Nuestras primeras peleas porque llegue tarde a casa...

- Confía, amigo.


Aquellas no fueron las únicas pruebas que tuvieron que superar en los siguientes dos días. Richard, en todo momento, controló sus emociones. Mientras, Alexis, no perdió su sonrisa. Era la lección más importante que su padre le había enseñado y quiso, consciente de la preocupación de su padre, ayudarle en cierta medida.

Kate, por su parte, estuvo esperando por Alexis. Por primera vez, después del tiroteo, alguien más, aparte de esa silla, inundaba sus pensamientos.