Cuatro cosas:

1º. Agradecimientos: Gracias a todos aquellos que me dais ánimos con vuestros reviews, ni os imagináis hasta que punto significan algo para mí...

2º. Explicación y disculpas: este fic va a ir un poco mas lento porque estoy en época de exámenes y el otro fic que escribo sé esta quedando algo pobre... así que voy a tardar un poco mas en escribir.

3º Confusiones: Que quede claro... a pesar de lo escrito en el anterior capitulo sobre Riku ( y también en este) no le vayáis a pillar manía! Hombre, que es un chico muy majo ( y guapo XD) Seguir leyendo y seguro que os cae mejor.

4º ... Y para que no me matéis!: he publicado dos capítulos al mismo tiempo para compensar las tardanzas que se van a producir.

5.Toda la verdad

Estaba en el pasillo, cuando escuchó una voz a sus espaldas.

-Eh... perdona. –dijo el chico

Lya se dio la media vuelta. Ahí estaba aquel chico con pelo naranja que estaba en la clase de al lado.

-¿No habrás visto a Riku, verdad? – le preguntó

-Pues la verdad... –se echó a mirar a su alrededor- ¡Ah, ahí esta! –dijo señalando por la ventana.

-¡Gra- gracias! –dijo mientras se iba

Se asomó por la ventana. Ahí, reunidos junto a un banco, estaba el mismo grupo que había observado hace más de una semana por la misma ventana. El chico con el que acababa de hablar se acercó al grupo corriendo. Le dijo algo a Riku y este le respondió. El chico volvió a contestarle y volvió la vista hacia la ventana. Riku también lo hizo y le saludó con la mano. Lya apartó la vista hacia otro lado frunciendo el ceño, intentando hacerse la indiferente.

-Ah, así que se lo preguntaste a ella. Te estas volviendo valiente, Wakka. –le dijo

-Me la tienes que presentar, tío. A ti si que te habla, ayer te dio un papel en el pasillo. ¿Qué era? –dijo el chico

-Ehh... pues... no era nada importante. –dijo intentando darle una vuelta al asunto

-Ya, seguro que era una cartita de amor. –dijo Tidus, cachondeandose de él.

-¡Que romántico! –exclamó Selphie.

-¡Lo que daría yo porque mi Sora me escribiese algo así! –continuó Kairi

-¡Queréis parar! ¡Os digo que no es nada importante! Además, si fuera eso, vosotros sabéis que seriáis los primeros a los que se lo contaría.

Lya y su familia estaban cenando. Pinchó con el tenedor un par de macarrones y los introdujo en su boca.

-Lya, últimamente estas llegando muy tarde a casa. –dijo su madre

-Es que tengo que hacer cosas para el comité después de clase.

-¿Y nada mas? –inquirió su padre

-Pues no

-Ves como no era eso –dijo su madre

-No sé, no sé... –siguió su padre

-¿No sabes que? –dijo poniéndose seria

-¿Eh, de que habláis? –preguntó Shinji

-Es que es raro... de repente empiezas a llegar tarde a casa y además ya no te pones ese chándal tan cutre para estudiar. –prosiguió su padre

-Y tu padre pensaba que tenías novio –rió su madre

-¿¿¿¡¡Que!!??? ¿Un chico? ¿Esta? Imposible –exclamó su hermano

-¿¡Pero que mosca os ha picado!? –dijo volviendo a zampar

-Uy... –dijo su madre llevándose la mano a la boca- Se ha puesto nerviosa...

-¡Lo sabía! ¡Mi pequeña tiene novio! –gritó su padre

-Venga, enséñanos una foto ¿Es guapo? –dijo su madre

-Con lo poco a lo que puede aspirar... seguro que es un callo. Perros con perras y gatos con gatas. –dijo su hermano

-¡Se puede saber a que te refieres con eso, enano!

Se fue a cama, con la cabeza hecha un lío.

Si que había estado pasando las tardes con un chico, pero no era para nada su novio. Si que había estado haciendo cosas para el comité, pero no eran suyas.

Lo odiaba, por haberla obligado todo ese tiempo a hacer algo contra su voluntad, pero la verdad es que también apreciaba su compañía, al menos se lo pasaba mejor cuando terminaba el entrenamiento antes que cuando se pasaba toda la tarde allí sola.

La forma de la que él le trataba se parecía como al de un amigo, pero rotundamente no lo era. ¿Lo hacía para tomarle el pelo?

Apagó la luz y se acostó.

La puerta de la clase se abrió. La chica estada sentada en la silla, toda encorvada. Sus manos reposaban sobre sus rodillas y tenía la cabeza baja, haciendo que su pelo ocultara su rostro.

-¿Aun estas aquí? Vi las luces encendidas y... –apoyó la mano en su pupitre y miró el papel- ¿Tanto te ha costado? Si era muy poco y, además, con las notas que sacas esto debería de estar facilísimo para ti. Solo eran unas ecuaciones.

-He terminado hace un rato. –dijo rudamente.

-Vaya...

La chica se levantó de golpe y le lanzó el cuaderno al pecho, haciéndole retroceder un par de pasos.

-Se acabó, estoy harta. –le espetó con el semblante serio- Paso, no te voy a ayudar más.

-Pero, te vas a meter en un buen lío, Lya. –sonrió él.

-Me da igual, cuéntalo si quieres. –dijo echando a andar- Por mí como si lo publicas en Internet.

-¡Espera! –dijo en un tono de voz mas alto que de costumbre, reteniéndola por el hombro.- ¿Por qué estas enfadada conmigo?

-No estoy enfadada –dijo insistiendo en caminar, pero él volvía a jalarle hacia atrás.

-Sí que lo estas. Dime porque estas enfadada conmigo. –dijo frunciendo el entrecejo, con preocupación

-Da igual. –dijo con la misma voz inexpresiva, volviendo a tirar hacia adelante

-¡No da igual! –dijo volviendo a tirar de ella hacia atrás.

-Suéltame... –dijo en un nuevo esfuerzo de liberarse- ¡He dicho que me sueltes! –gritó quitándose su mano de encima y dándose la vuelta, propinándole una sonora bofetada en la mejilla.

El joven se llevó la punta de los dedos a la parte enrojecida de su rostro. Levantó la vista hacia la chica. Ella vio la mirada de sus profundos ojos aguamarina entre sus plateados flequillos, pidiendo una explicación.

-¡Estoy cansada de que me utilices! –le gritó llorando, dando media vuelta y saliendo a correr pasillo abajo.

-¡Lya!

Corrió y corrió, pero el pasillo parecía no tener fin. Las lagrimas salían inevitablemente de sus ojos, aunque intentase frenarlas.

Como siempre nos tratamos como amigos, me había olvidado de que se estaba aprovechando de mí. ¿Cómo he podido olvidarlo? ¡Tonta, tonta! ¿Y como ha podido hacerme él esto? Aquí termina todo ¡Se acabó!

De repente, empezó a oír unos pasos que no eran los suyos. Giró la cabeza, sin dejar de correr.

-¡¿Pero porque me sigues?!

-¡Pues porque estas huyendo! – le espetó

-¡No te acerque, no te acerques! –dijo acelerando la marcha

-¡Haré lo que me dé la puñetera gana! –gritó

Bajó las escaleras a la planta baja, saltando los escalones de tres en tres.

Oyó cada vez sus pasos mas cerca. ¡Mierda, que me alcanza!

La chica frenó y agarro el marco de una ventana abierta con las dos manos. Puso los pies de un salto encima de ella, cogió impulso y saltó al exterior.

En cuanto sus pies tocaron el suelo, empezó a correr de nuevo como una loca, sin descansar lo mas mínimo.

-¡Eh! ¡No hace falta que corras como si te fuera la vida! –le gritó- Bueno, que se le va ha hacer –dijo tomando impulso y también saltando fuera.

¡Ah! Me va ha volver a pillar

-¡Te he dicho que te esperes, cacho mema! –le volvió a gritar.

Aligeró un poco mas y consiguió alcanzar el cuello de su chaqueta. Al hacerlo, ella se paró, le pisó el pie, él perdió el equilibrio, no frenó a tiempo y los dos acabaron chocándose contra el equipo de educación física que estaba colocado en el patio.

Los distintos balones, pelotas, raquetas, redes y demás material salieron volando por los aires.

Lya levantó la cabeza del suelo y vio un balón de baloncesto rodar hasta unos centímetros al lado de su cabeza. Intentó levantarse, pero algo se le había caído encima.

Riku, aun sin aliento y respirando ajetreadamente por la persecución, también levantó la vista y observó, no sin roburizarse, la postura poco ortodoxa que tenía. La tenía debajo, y había apoyado las manos en el suelo, a ambos lados de su cabeza, apresándola bajo su cuerpo. Se retiró inmediatamente al darse cuanta de ello.

Bueno, al menos ella estaba bocabajo, que o si no ya sería el colmo.

Volvió a girar la vista hacia ella y comprobó que estaba arrastrándose por el suelo para que no se diese cuenta, como un soldado.

-¿¡Ya estamos otra vez!? ¿No te has hecho daño, verdad? –dijo cogiendole por el cuello de su chaqueta- ¡Mírame!

La chica se dio la vuelta, hecha una furia. Tenia la cara sucia y con algunos rasguños.

-¡Ya lo sé! ¡Soy rara! ¿Y que? –gritó derramando lagrimas de rabia por sus doloridas mejillas- Soy una falsa, embustera, mentirosa, calumniadora, hipócrita, ¡Seguro que te llevaste un buen chasco! –dijo sollozando- ¿Pero porque has tenido que cambiar tu actitud conmigo? ¿Tan horrible soy cuando no estoy fingiendo?... ¡Te odio! –terminó apretando con fuerzas los ojos intentando contener las lagrimas.

Riku alargó la mano hasta su mejilla, intentando limpiar las lagrimas que caían por ella.

-¡No, no me toques! –gritó haciendo que retirara la mano.

-Lo.. lo siento

La joven bajó la cabeza e hizo que sus mechones ocultaran su rostro.

-¿...tan horrible soy? –repitió

-No es así, a mí me gustas tal y como eres. Eres más graciosa –dijo con una reconfortante sonrisa

-¿Mas... graciosa? –tartamudeó

-E-en el buen sentido de la palabra, claro.

Esta vez fue él quien bajó la cabeza para que no se le viera el rostro.

-No pensaba contárselo a nadie, no quería utilizarte, enserio. Solo buscaba una razón para hablar contigo, porque la verdad es que tú a mí me gustas mucho. –lo que acababa de decir hizo a la chica abrir los ojos como platos.– Pero no sabía que te estaba haciendo daño –dijo levantando la cabeza y dejando ver un gesto de preocupación en su rostro.- Lo siento, lo siento, de verdad, no volveré a pedirte que me ayudes.

-¿De... de verdad? –preguntó ella.

Él asintió con la cabeza. La chica bajó la vista al suelo, con la cara más roja que una botella de cocacola.

Al ser una de las chicas más populares, muchos chicos se le habían declarado. Pero todas aquellas veces había sido tan superficial para ella, nunca le había llegado al corazón y se limitaba a darles calabazas. Pero esta vez... ¿Por qué sentía un aleteo en el estomago como si se hubiera tragado un pájaro? ¿Por qué le palpitaba de tal manera el corazón, como si quisiera romperle las costillas? ¿Por qué le ardían las mejillas y se sentía sobrecogida?

Se llevó la mano al pecho para apretar con fuerza su corbata a cuadros entre sus dedos, mientras una lagrima caía desde su mejilla para acabar encima de la otra mano, que estaba apoyada en el suelo. Se llevó la mano al tobillo; le dolía, seguramente se lo había torcido en la aparatosa caída. Intentó apoyarlo para levantarse, pero no pudo.

El chico se puso de pie y le tendió la mano, mirándola con el semblante serio y sus ojos aguamarina brillando en la semioscuridad de la estancia.

-No necesito tu ayuda; puedo arreglármelas yo sola. –le espeto, intentando de nuevo levantarse.

-Vamos, no seas tonta.

-¡Ya te he dicho que no necesito tu ayuda! –dijo poniéndose en pie- ¿Ves?

Dio un paso al frente y sintió un pinchazo en el tobillo. Se agachó para agarrarlo y mirarlo con una mueca de dolor.

-¡¡¡Maldita sea!!! –gritó hecha una furia, volviendo a romper a llorar.

Riku soltó un suspiro, resignado. Se agachó a su lado y le acaricio el hombro con la mano.

-Tu espera aquí, ¿Vale? –dijo con una voz reconfortante- yo voy a buscar las mochilas y te acompaño hasta casa.

Vio al chico alejarse hacia el edificio. Miró a su alrededor... todo estaba tan tranquilo. Las hojas de los árboles bailaban con el viento. El leve cantar de un grillo se escuchaba por algún rincón. Unas pequeñas farolas situadas en lo alto de la valla de alambre alumbraban el lugar. Levantó la vista hacia el firmamento, mientras una ultima gota recorría su mejilla. Miró las estrellas, acompañando a la luna casi llena.

Escucho unos pasos y giró la cabeza. El chico se le acercaba con su mochila colgada al hombro y la cartera de ella colgado al otro.

Le tendió la mano y le ayudó a levantarse. Lya paso el brazo por sus hombros y él pasó el suyo por su cintura. Caminaron en silencio, sin mediar palabra. Su brazo le oprimía con fuerza, como queriendo acercarla aun más a él. Llevó inconscientemente su brazo hacia el suyo, apoyando la palma de su mano en el dorso de la de él. Riku se volvió hacia ella y aflojo un poco su brazo.

-Perdona si te agarro con demasiada fuerza.

Lya negó con la cabeza.

-No pasa nada... –dijo oprimiendo con fuerza su mano contra su barriga.

Se pararon en un semáforo, a la espera que se pusiera en verde para los peatones.

Cuando cambió de color, cruzaron al otro lado, atravesaron una par de calles mas y llegaron frente a su casa.

Riku se desprendió de ella y le dio su mochila. Lya acercó el puño a la puerta, pero antes de poder llamar esta se abrió y apareció la pequeña silueta de un niño.

-¡Así que sí que tenias novio! –gritó Shinji

-¡No es mi novio! –le respondió ella.

Shinji se giró hacia él.

-¿A que si es tu novia pero lo tenéis en secreto y tenéis que veros a escondidas?

Maldito criajo... como se nota que se hincha a ver la tele

-No, la verdad es que no... mas quisiera ella. –dijo con una sonrisita.

-¿¡Eh, como que "mas quisiera ella"!? –gritó histérica

-Era broma... bueno yo me voy. –se despidió con una mano y se largó, dejándola con las palabras en la boca.

-La verdad es que le creo... tu nunca podrías aspirar a tanto. –dijo cruzándose de brazos

No recibió respuesta por parte de su hermana, tan solo un "mochilazo" en toda la cabeza.

Weeee! Capitulo completo!!! Jopetas... si que me ha costado... a partir de ahora voy a tardar un poco mas en publicar porque estoy de momento trabajando en otro fic...

¿Quién no le tiene envidia a Lya después de este capitulo, eh?

Jejeje...

Por favor... quiero reviews!!!

Domo arigato!