Los personajes de la serie Naruto no me pertenecen a mi, sino a su querido y alabado autor: Mashashi Kishimoto. No obstante, la historia/trama sí ha salido de mi cabeza.
Capítulo 4.
Miradas.
El tiempo no parecía transcurrir. Los segundos se convertían en horas, y las horas en semanas, convirtiendo una espera que debería de haber sido efímera en unos instantes tensos y peligrosos... Muy peligrosos...
Tenten lo observaba todo sin poder hacer nada, sin poder ayudar a la persona que hasta el momento había sido la más importante para ella, sintiéndose inútil, débil y vulnerable, más aún que cuando se sonrojaba. No podía moverse ni salir de la sombra del abeto donde, momentos antes, Neji le había sonreído; no podía porque si lo hacía, aquella que se había identificado como "heredera del clan Satō" podría tomarlo como amenaza y pondría en peligro vida de su compañero, y eso no podía consentirlo. No obstante, él seguía sin moverse, sin pestañear, sin respirar siquiera... ¿Significaba que le habían herido?
Esa simple idea hizo que su corazón se encogiera sobremanera a causa de la angustia que le aquejó; tuvo que llevarse una mano al pecho para comprobar que aún seguía ahí - y en efecto, no se le había salido de su lugar-. Entrecerró los ojos, intentando captar algún indicio del ganador o ganadora, sin resultado alguno.
La proximidad de ambos ninjas no hacía más que empeorar la situación - si es que eso era posible -. Fue en aquel preciso instante cuando sus miradas chocaron cual acantilado y ola marina, con furia y bravura. Neji analizó todo su ser con esa simple ojeada, y aunque normalmente todo el mundo solía volver el rostro para no tener que soportarlo más, ella no lo hizo. Al contrario: Se la aguantó todo el tiempo, casi como si quisiera demostrar su valía en todos los aspectos del combate.
El Hyuuga recorrió sus ojos una y otra vez, queriendo recordar con todo lujo de detalles la forma rasgada de su mirada, sus gruesas pestañas, el extraño deje de diversión que emanaba de ellos, pero sobre todo, su inusual tonalidad.
Sí, su oponente hubiera parecido hermosa a la vista de cualquier persona normal y corriente, pero había que descartar el hecho de que el genio no era alguien normal ni corriente. No se fijó en su cuerpo, en su fino rostro ni en su cabello, sino en su profunda mirada de un intenso color oro, tan brillante que parecía deslumbrar.
Tras aguantar la respiración durante largo rato, ambos se separaron a la vez, retirando el yugo al que ambos se habían sometido mutuamente. Exhalaron el aire y continuaron observándose.
- Podría haber acabado contigo. - dijeron casi al unísono. La chica sonrió. Por su parte, Neji seguía mostrándose carente de expresión ni emoción alguna.
- En fin, ahora que he peleado contra uno no sé porqué consideran a los Hyuugas los más fuertes de ésta villa... Vuestras técnicas no son gran cosa. - comentó, encogiéndose de hombros para apoyar su opinión.- Nos veremos. - se despidió, y por el tono que empleó parecía muy segura de ello.
Acto seguido, una densa nube de humo sustituyó la silueta de la muchacha, desapareciendo con el mismo sigilo que cuando había llegado.
El ojiperla ni se inmutó ante su anterior comentario; se limitó a dar media vuelta y echar a andar hacia donde Tenten se encontraba, ignorándola por completo cuando pasó por su lado. Tomó su equipo y se lo echó al hombro.
- Mañana aquí, a las 6. - esas fueron las últimas palabras que la morena escuchó antes de que su compañero desapareciera.
Volteó a ver por dónde se había marchado apenas unos segundos después, sin molestarse en borrar aquella expresión llena de sorpresa de su rostro. ¿Habían empatado? ¿Había dicho que el entrenamiento se adelantaba una hora? Maldición. ¿Y quién era esa mujer tan rara?
Esa kunoichi del Rayo no era una ninja normal, y eso Tenten podía saberlo sin necesidad de escrutarla con ningún tipo de don ocular; era obvio.
Bueno, al menos la consolaba saber que mañana pasaría una hora más con su genio favorito.
Se recargó sobre un árbol cercano, llevando la mano a su abdomen mientras maldecía por lo bajo a la estirpe Hyuuga. Le dolía, claro que le dolía, pero sabía que se había arriesgado a algo peor cuando retó a combatir a ese chico. No sabía quién demonios era ni cómo se llamaba, pero por sus ojos pronto había adivinado que pertenecía al clan más poderoso y famoso de toda Konoha... No era de extrañar que se hubiese dejado llevar por el interés, y es que la frase "La curiosidad mató al gato" podía aplicársele en muchos sentidos.
Sacudió la cabeza y respiró hondo, volviendo a soltar su oscuro cabello para que éste quedara esparcido por sus hombros con total libertad.
Aunque había logrado permanecer serena y fuerte durante el combate, ahora le empezaban a doler todos y cada uno de los golpes que el muchacho le había propinado con las técnicas del clan; gracias a Dios que no le había logrado rozar, que sino probablemente sus órganos estarían destrozados.
Suspiró y siguió caminando.
Definitivamente, la ducha de agua helada que se había dado no había surtido el efecto esperado.
Aún con su cabello húmedo y sin la parte superior de su ropaje se acercó con suma lentitud a la ventana, mirando a través de ella la oscuridad de la noche, ya bien entrada. Desde su encuentro con aquella joven aún seguía dándole vueltas al mismo tema: ¿Quién demonios era?
La conocía. Tenía que conocerla, pues aquellos ojos, aquellos inconfundibles ojos le resultaban familiares... ¿Pero de qué? No recordaba haber tratado nunca con una kunoichi del País del Rayo, y en el hipotético caso de que así hubiera sido, no había sido con ella. La hubiera recordado perfectamente.
Con un suspiro lleno de exasperación se dirigió a su cama, tumbándose en ella a la par que colocaba sus manos tras su nuca a modo de una improvisada almohada.
Y ya para colmo, ¡le había herido! ¡A él! ¡Al genio Hyuuga, el intocable Neji! Había bajado la guardia durante el combate, y eso lo sabía, así que como medida de prevención pensaba intensificar - más aún - su riguroso entrenamiento. Apenas había sido un simple rasguño, pero había sido suficiente como para hacerle despertar. Básicamente aquella había sido la razón por la que había citado a Tenten tan temprano, para que le ayudara con ello.
Decidió dejar de darle vueltas al tema de la mujer desconocida y cerró los ojos, acomodándose mejor en la cama y dejando que Morfeo ejerciera su poder sobre él hasta que acabó por caer en las redes del sueño.
Mañana sería un día nuevo...
¡Chanán! Aquí acabó el cuarto capítulo ^^ Ya saben que todo esto lo escribo con la mejor de las intenciones del mundo para, al menos, desaburriros durante un par de minutos y de paso, entretenerme. Espero que les guste y, por favor, no odien a la chica del clan Satö todavía... Dará juego e.e"
El quinto capítulo puede tardar un poco, ya que como ven, los primeros cuatro los he subido de manera consecutiva y con una rapidez sobrehumana. ¿El porqué? Pues resulta que ya los tenía escritos... Es lo que tiene ser nueva y no poder publicar una historia hasta los dos días siguientes de la inscripción... En fin, me despido.
¡Un beso y espero reviews!
