Los personajes de la serie Naruto no me pertenecen a mi, sino a su querido y alabado autor: Mashashi Kishimoto. No obstante, la historia/trama sí ha salido de mi cabeza.
Capítulo 7.
Detalles
¿Cuánto tiempo hacía que el Hyuuga no visitaba el Ichiraku? Mucho, sin duda. Y sin embargo, nada parecía haber cambiado: Ni el local, ni el propio dueño, ni su hija Ayame, ni sus fideos - considerados los mejores de toda Konoha-. La última vez que había comido en éste lugar había sido después de que su compañero Lee se hubiese hecho las pruebas médicas con Tsunade, y por aquel entonces aún era un simple gennin. Ese mismo día habían estado hablando sobre la posibilidad de que la pequeña bestia verde estuviera en mal estado físico, y aunque sus acompañantes parecían estar seguros de ello, él le había dado un voto de confianza a Lee. Quisiera o no, era su compañero y su amigo. Sí, sonaba raro, pero por mucho que quisiera negárselo a sí mismo el genio le consideraba su amigo... Tenía un vínculo con él, aunque no tenían el grado de confianza que tenía con Tenten.
Tenten...
Ladeó el rostro levemente hacia su derecha, donde la kunoichi comía de su tazón de fideos como si no hubiera comido desde hacía semanas. En esos momentos se asemejaba mucho a Naruto... Vaya, primero a Hinata y ahora a Naruto. Ésta chica podía adoptar la personalidad de cualquier ninja de la Villa de la Hoja, al parecer.
La cuestión era que el día anterior, entre la pérdida de sangre y el cansancio del entrenamiento había caído rendida en la cama en cuanto Neji se despidió de ella, y dado que a la mañana siguiente - es decir, esa mañana - llegaba tarde al entrenamiento - todo por culpa del tiempo que le llevó "peinarse" - no tuvo tiempo de desayunar ni siquiera unas míseras tostadas. Obvio, ahora se sentía con fuerzas como para comerse una ternera entera.
Pareció percatarse de la mirada de su compañero, quien apenas había probado bocado desde que le sirvieron el tazón humeante. Tenten se incorporó un poco, limpiando la comisura de sus labios con la servilleta e intentando recomponer lo poco de feminidad que a su parecer le quedaba. Quiso golpearse la frente en ese mismo momento: Demonios, estaba almorzando al lado de Neji Hyuuga, heredero de la rama secundaria del clan más prestigioso de la aldea... En su vida todo eran reglas de comportamiento, y el pilar de esas reglas eran los modales... Cosa que ella parecía haber olvidado durante un lapsus de tiempo. La muchacha rió, sintiéndose boba por la carcajada que profirió.
El muchacho volvió a mirar su comida sin darle más importancia al asunto. La chica suspiró aliviada. De nuevo, se percató de que Neji no comía, es más, apenas había tocado sus fideos. Algo le pasaba, se lo notaba en sus ojos, que ahora vagaban sin rumbo fijo.
- Neji, ¿qué ocurre? - preguntó curiosa.
- ¿Mph?
- Algo te pasa.
- Mph.
- 4 años. - le dijo. El moreno la miró por el rabillo del ojo.- Son 4 años los que llevamos juntos. ¿Acaso no confías en mí?
Sí, ella podía pasar de ser la perfecta kunoichi a ser una chica comilona, y de ser ésto último pasaba a ser la reina del drama. Su abanico de personalidades aumentaba por momentos.
El Hyuuga ladeo su cabeza nuevamente hacia ella, mirándola fijamente a los ojos. Claro que confiaba en ella. ¿Cómo no hacerlo? Ella siempre, siempre, siempre le había apoyado, incluso en los momentos en los que ni su propia familia lo había hecho. Fue ella quien entrenó junto a él para prepararse para los exámenes de chunnin. Fue ella quien acudió a verle al hospital cuando regresó tras la pelea con Kidomaru. Fue ella quien había estado a su lado a diario sin pedir nada a cambio. ¿Cómo podía preguntar eso? ¿Chantaje emocional femenino?
Tras un largo silencio, en el cual la chica le aguantó la mirada - cosa que sólo ella y su tío podían soportar - se decidió a despegar sus labios.
- Ella. Esa chica, la intrusa. - la kunoichi pareció comprender.
- Ah. ¿Aún sigues molesto por ese empate? - preguntó.
Neji negó con la cabeza.
- ¿Temes que haga algo contra la Villa?
Volvió a negar.
- ¿Entonces? ¿Qué te preocupa?
- Sus ojos.
Tenten pareció sorprendida, aunque procuró recomponerse rápido.
- ¿Qué tienen de extraños?
- Tenían algo... Algo que me resultaba conocido. - musitó el joven, acodándose en la mesa y entrelazando sus dedos a la altura de sus labios.- No recuerdo dónde, pero la he visto.
La chica de los chonguitos - que ahora llevaba el pelo suelto para su molestia - frunció el ceño de mala gana. No le caía nada bien esa tiparraca desconocida de yo-no-se-qué clan del Rayo, y el hecho de que Neji hablara de ella y de sus ojos con esa mirada siempre tan indescifrable la ponía enferma. En realidad, el tono de voz que había empleado no tenía nada de raro ni de inusual, pero la mención de ella la molestaba.
- Bah, olvídala. Tan sólo quería llamar tu atención, como muchas otras. - sí, aquello le fastidiaba casi en el mismo nivel que al Hyuuga, y no se molestó en ocultarlo.- Sólo quiso ser original y te desafió.
No obtuvo contestación, tan sólo el más sepulcral de los silencios. Miró a su acompañante, que de nuevo se había sumido en sus más hondos y profundos pensamientos. En ese momento deseó poder leerle la mente para saber qué demonios le tenía tan pensativo.
- Neji. - le llamó. No contestó.- Neji. - nada. Silencio total. - ¡Neji! - exclamó, golpeando suavemente su hombro para que le prestara atención, y surtió efecto, pues enfocó sus ojos en ella. Lo tomó como un "¿qué?" - Emmm... ¿Vas a comerte eso?
Se sintió un tanto avergonzada, pero él no parecía tener hambre y ella ardía en deseos de volver a saborear esos deliciosos fideos. El moreno le tendió el tazón, dándole su permiso para que se lo acabara, o mejor dicho: empezara.
- ¡Estaban deliciosos! - decía la kunoichi, llevándose la mano zurda al abdomen, el cual después de tal comilona debía de estar en su límite de capacidad de almacenaje. - Otro día debemos volver a ir.
El Hyuuga la observaba unos pasos por detrás de ella, curioso.
Habían pasado más de una hora en el Ichiraku Ramen, y tras ello habían ido a rellenar unos papeles a la oficina de Tsunade. Se trataba de una próxima misión que debían de llevar a cabo juntos para dentro de 2 semanas, y hasta entonces debían de prepararse concienzudamente, ya que se trataba nada más ni nada menos que de una misión de clase A.
El Sol ya decaía sobre el horizonte, y poco a poco la oscuridad se iba apoderando de Konoha, dejando tan sólo una tenue luz rojiza que arrancaba destellos cobrizos a la melena de Tenten, la cual aún caía sobre sus hombros con total libertad. Sí, por banal y estúpido que sonara: El genio del clan Hyuuga andaba como bobo mirando el vaivén de sus cabellos castaños, haciendo caso omiso a lo que quisiera que dijera su amiga.
- ¡De nuevo pasas olímpicamente de mi, Hyuuga! - volvió a reprocharle la chica, como hacía dos días atrás.
Pestañeó un par de veces para salir de su encantamiento.
- ¡Eo! ¿Qué demonios miras? - inquirió la maestra de armas.
- Nada en especial... Sólo pensaba en que te ves rara con el cabello así. - reconoció el genio, haciendo que las mejillas de la aludida se colorearan de un difuso color carmín.
- ¿Y eso qué quiere decir?
- Que deberías mostrarte así más a menudo.
Tenten estaba segura de que de sus orejas pronto saldría humo como si de una tetera llena de té hirviendo se tratase. Neji... ¿Le había hecho un cumplido? No. Eso no podía ser verdad. ¿Estaba soñando?
Pellizcó disimuladamente su mano. Dolía.
No, no soñaba. ¡Entonces era cierto! ¡Había muerto en combate y estaba en el cielo de las kunoichis! Ni en sus más hermosos sueños hubiera esperado oír algo así de sus labios, y por lo visto el muchacho parecía haberlo dicho con total naturalidad.
Despertó de inmediato cuando vio cómo el Hyuuga alzaba su mano para tomar un mechón de su castaña melena, sintiendo cómo su sonrojo se hacía mucho más notorio en todo su rostro. Neji esbozó una media sonrisa - de nuevo, se divertía haciéndole eso - y palpó con suavidad aquella pequeña porción de su pelo. Era suave y sedoso, pero de ninguna de las maneras podía compararse con la fuerza, suavidad y el tacto del suyo. Temiendo que su compañera empezara a hiperventilar retiró la mano con suma lentitud.
Lo que él no se esperaba era que Tenten fuera a posar su mano sobre su mejilla diestra, haciendo que la sangre se agolpara en ambas, produciendo un leve sonrojo que intentó disimular, con un margen de éxito del 50%. La muchacha no despegaba sus ojos achocolatados de los plateados del muchacho, ensimismados en uno con el otro, observándose mutuamente.
- Ya ha cicatrizado. - susurró la kunoichi, pasando sus dedos por el largo y fino corte ya cerrado que había le producido esa muchacha del clan Satö.
Aquellos pensamientos hicieron que Neji volviera en sí y sacudiera la cabeza, despertando y liberándose del contacto de la cálida mano de Tenten. Ésta enseguida se arrepintió de haber abierto la boca. "Calladita estás más guapa.", se reprochó a sí misma, bajando la mirada un tanto azorada.
Siguieron caminando - como siempre: fue el Hyuuga quien se puso en marcha - y al poco tiempo se despidió de él un par de calles antes de llegar a su casa. Era tarde y pronto darían las diez de la noche, hora en la que la familia principal se reunía para comer. Hiashi tenía en alta estima a su sobrino, por lo que él era el único miembro del Bouke que era tratado como uno más de la familia principal en ese aspecto; era por ello por lo que no podía demorarse ni un mísero minuto, eso significaría romper la confianza de su tío, y no podía permitírselo. No a estas alturas.
Aquella noche Tenten tuvo unos sueños impregnados del color rosa, tonalidad que según había oído era sinónimo de "amor".
Un mechón de pelo, una caricia, una sonrisa. Conceptos simples que podían cambiarlo todo.
El Hyuuga, tras haberse materializado - en sentido figurado - de una punta de la aldea a la otra, logró cenar junto con su familia con total tranquilidad. Hinata, Hiashi y Hanabi pudieron ser testigos de que Neji se encontraba especialmente participativo en las conversaciones llevadas a cabo, lo cual no pasó desapercibido. Él, que no solía pronunciar más de unas palabras, estaba completando frases enteras.
Todo un logro.
Unos ojos dorados escrutaban el oscuro horizonte con especial interés al tiempo que la brisa nocturna mecía su flequillo. Buscaba algo, tal vez a alguien, no lo sabía bien. Sólo estaba segura de una cosa: Pronto, muy pronto llegaría aquel día...
Aquel odiado día en el que su padre llegaría a la aldea de Konoha y la sometería contra su voluntad al peor de los castigos posibles. La ataría como a un perro sarnoso, o en su caso, como a una sucia gata. ¿Ser kunoichi de la Hoja? Ese no era su sueño, pero debía acatar las molestas normas machistas de su clan para cumplir su cometido.
Pronto... Muy pronto...
Ya contaba los días con los dedos de una mano.
Sí, sé que éste capítulo es un poco - no sé cuánto exactamente - más largo que los demás, pero éste sí que lo merecía, ya que debía expresar muchos detalles minúsculos y a la vez importantes.
Lo primero:Muchas, muchísimas gracias por el apoyo que me demostráis con vuestros reviews - sobre todo de parte de Vistoria y Nocturnals, de veras les agradezco ^^ - y leyendo las actualizaciones de mi fic, las cuales intento que sean a diario. Como dije, los primeros días subí 4 capítulos de golpe dado que ya los tenía escritos de antemano; el quinto lo subí ayer, y hoy el sexto y el séptimo. No, no es que tenga ansias por acabar la historia (ni de coña, vamos xD) sino que mañana no podré actualizar debido a una excursión que tengo... ¿Y el domingo? No estoy segura de que pueda, pues el lunes tengo un examen importante y debo estudiar ò.ó Bah, minucias que tal vez me impedirán conectarme (?)
Lo intentaré por todos los medios, pero por si acaso... ¡Hasta el lunes! n.n
PD: Respondería a los reviews, pero probablemente siempre contestaría lo mismo: "¡Muchísimas gracias!" y "¡Aupa NejiTen!" xD
