Los personajes de la serie Naruto no me pertenecen a mi, sino a su querido y alabado autor: Mashashi Kishimoto. No obstante, la historia/trama sí ha salido de mi cabeza.
Capítulo 9.
Presentaciones
Hoy era el tan esperado día. Al fin su padre llegaría del País del Rayo para colocarle una correa invisible y someterla cual animal de compañía. Pero aquella era su misión y dada que las normas así lo establecían, lo haría.
La muchacha de los chonguitos no cabía en sí misma de puro gozo. En apenas una semana había logrado superarse, crecer como kunoichi y conseguir un beso del Hyuuga apenas hacía 48 horas. ¡Definitivamente estaba en una racha de buena suerte! Apenas podía creérselo, sobre todo esto último. Ni en sus más hermosos sueños había llegado a experimentar todo ese abanico de sensaciones que sintió cuando el genio posó sus labios en los suyos con una suavidad y una calidez que parecieron subrreales viniendo de él. No obstante, desde que aquello sucedió había estado temiendo que su compañero se distanciara de ella, arrepintiéndose de inmediato de haberla besado; gracias a Dios, nada pareció cambiar.
Él seguía mostrándose igual de duro, estricto, serio y frío en lo referente al ámbito de los entrenamientos, pero nada más acabar estos se volvía un tanto más cercano, más cálido. Obvio, seguía guardando las distancias y por si las moscas procuraba no acercarse más de lo debido a la maestra de armas, pero aquello era algo que la joven ya se esperaba. Le conocía, y él siempre había sido así. Al menos le consolaba saber que sonreía con más frecuencia y que cuando estaban juntos se volvía un tanto más humano, más normal -en la medida de lo posible-.
Era media tarde cuando regresó a su casa, y nada más llegar comenzó a rellenar los últimos impresos que debía entregarle a la Godaime para poder realizar la misión que debía realizar junto al ojiblanco. Para cuando los terminó ya era tarde, así que se apuró en darse una ducha de agua fría; tras ello cenó, y se fue directa a la cama, a la espera de que volviera a amanecer. Contaba las horas que quedaban para el día siguiente, y por ende, las horas que quedaban para ver a Neji.
Despidió a Tenten en la puerta de su casa, y sin perder ni un segundo corrió hacia la suya, deseando llegar temprano para poder asearse e irse a dormir. No obstante, en cuanto llegó a la enorme mansión Hyuuga pudo comprobar que no iba a ser así. Apenas puso un pie en el recinto pudo captar con total claridad la presencia de personas ajenas a su familia; no le hizo falta utilizar su Byakugan para saber que eran invitados de su tío, por lo que no le dio demasiada importancia y entró en la imponente casa principal.
Allí comprobó que, efectivamente, Hiashi se encontraba reunido con dos personas: Un hombre y una mujer. Le extrañó ver que Hinata y Hanabi también se encontraban sentadas junto a su padre.
Todos volvieron su rostro hacia el joven shinobi, a excepción de la muchacha, que mantenía la mirada gacha en todo momento. Neji alzó una ceja al ver tanta atención en él, y de un momento a otro su cuerpo se tensó, denotando una notoria incomodidad.
- Siento la interrupción, Hiashi-sama. - se disculpó, haciendo una pequeña reverencia a modo de respeto.
- No, al contrario, Neji. Te esperábamos. - respondió el patriarca del Souke.
Casi de inmediato y como acto reflejo el joven frunció el ceño, extrañado ante su contestación. ¿Esperarle? ¿A él? Ni una sola palabra salió de sus labios en aquel instante, limitándose a mirar a los invitados y a asentir con la cabeza, comprendiendo qué debía hacer en ese justo momento.
- Si me disculpan, voy a asearme. Enseguida regreso. - musitó antes de salir del salón principal y dirigirse hacia el baño, donde todo parecía estar preparado. Como de costumbre, las sirvientas - que eran nada más y nada menos que miembros del Bouke - ya le tenían todo más que listo para que a su regreso se diera un buen baño y se cambiara de ropa tras venir de entrenar. Era extraño que aún perteneciendo a la familia secundaria todas esas doncellas le mostraran tal respeto a él, al genio del clan.
No tardó demasiado en darse una rápida ducha y ataviarse con las ropas clásicas de los Hyuuga. Nada más salir recogió su largo cabello castaño en una coleta baja y colocó el protector de la Hoja en su frente, tapando aquella marca que siempre había considerado maldita.
Con un suspiro de resignación bajó de nuevo a la gran habitación donde se encontraba Hiashi y los demás. Tras pedir permiso para entrar se acomodó en un mullido cojín que "casualmente" se hallaba vacío a la derecha del patriarca. Si el chico ya tenía razones de peso para desconfiar antes, aún más ahora.
Con un profundo carraspeo el cabeza de familia se hizo notar, comenzando a hablar poco después.
- Neji, Hinata, Hanabi, como ya sabrán no les he convocado aquí sin motivo alguno. De hecho, era de vital importancia que estuvieran presentes. - empezó con voz serena y seria.
Mientras hablaba, el genio se dedicó a examinar a las dos personas que se encontraban frente a él. El primero y el más lejano de su posición era un hombre de mediana edad que podría rondar con facilidad los 45 años; su rostro parecía marcado por una dura vida como ninja -cosa que dedujo a raíz de su bandana, en la cual se distinguía el símbolo de la Villa O. de las Nubes.- pero aún así sus labios eran surcados en todo momento por una jovial sonrisa que hacía juego con su cabello, casi cano. Esa actitud despreocupada no se le podía aplicar a la muchacha que se encontraba a su lado. Sus largos cabellos negros cubrían su rostro, dejándole apenas entrever una cobriza piel y unos labios fruncidos, poco más. Ambos vestían con ropajes elegantes, clásicos de su Villa; el hombre portaba un hakama negro y blanco, y la joven un kimono en tonos rojizos bordado en hilos dorados.
- Como ven, hoy tenemos invitados. - prosiguió Hiashi.- Les presento a Osamu y a Meiko. - ambos hicieron una pequeña reverencia a modo de saludo.- Son viejos amigos de nuestra familia, y han venido desde muy lejos para hacernos una cordial visita.
- Es todo un honor para mi poder estar de nuevo en la hermosa Villa de la Hoja después de tantos años. - respondió el que respondía al nombre de "Osamu".- Realmente ha sido un viaje agotador.
- No debes preocuparte por ello, amigo mío. Soy consciente de cuán exhaustos debéis estar, por lo que ya mandamos a preparar vuestras habitaciones. - el aludido asintió, satisfecho. Por el porte que ambos tenían Neji dedujo enseguida que pertenecían a una muy buena familia, ya que sus modales nada tenían que envidiar a los del propio clan Hyuuga.
- Hiashi-sama, ésta reunión no es sólo para hacer presentaciones, ¿verdad? - se atrevió a preguntar el joven, mirando a su tío con disimulado interés, captando el mismo momento en el que sus músculos se tensaban mínimamente. En efecto, había dado en el clavo.
- En realidad, no están aquí por casualidad, como bien has deducido. El motivo de su visita no es otro que el de unir dos familias.
- ¿Unir dos familias? - escapó de los labios de la pequeña Hanabi, que enseguida fue reprendida con una mirada de su hermana mayor, Hinata.
- Exacto. Pertenecen al clan Satö, una prestigiosa familia del País del Rayo, y su cometido aquí es el de hacer oficial el matrimonio entre Meiko y Neji. - informó.
En ese mismo instante ambas hermanas Hyuuga voltearon con rapidez a ver a su primo; a la vez, éste miraba a Hiashi sin apenas poder contener su sorpresa. ¿Matrimonio? ¿Él? ¿Desde cuándo? ¡¿Y porqué nadie le había dicho eso antes? Y ya para rematar... ¿Había dicho Satö y País del Rayo en una misma frase? No... No era posible que ella...
En ese mismo instante la joven que tenía frente a él alzó mínimamente la mirada, dejando entrever a través de su flequillo uno de sus ojos. Al genio casi pareció helársele la sangre al comprobar que, tal y como suponía, poseían una intensa tonalidad ambarina. Volvió su rostro con brusquedad para mirar fijamente al patriarca.
- Yo no he dado mi consentimiento para ningún tipo de compromiso. - replicó el shinobi, expresando su disconformidad sin ningún tipo de miramientos. En ese momento su mente se encontraba demasiado ofuscada y revuelta como para mantener su enojo a raya y respetar los modales frente a un miembro tan importante en la familia como lo era su tío. No. De hecho los modales le importaban tres rábanos y medio.
El hombre cerró los ojos, casi como si cavilara qué debía decirle o contestarle a su sobrino, que esperaba lleno de rabia contenida. Meiko apretaba fuertemente los puños que, aunque quedaban cubiertos por las anchas mangas de su kimono, se podía vislumbrar fácilmente lo que hacía a causa de las arrugas que se estaban formando en la delicada tela. Ella parecía igual de disconforme que el genio.
- Puede que tú no, Neji, pero este matrimonio lleva pactado desde hace ya más de una década. Las reglas son las reglas. - se justificó a sí mismo y a su propia familia, cosa que no hizo que el chico se relajara lo más mínimo ni se mostrara levemente complacido ante tal respuesta. ¿Familia? ¿Pactado? ¡Y eso qué demonios tenía que ver con él! Estaba más que harto de las reglas y de que el Souke hablara por él, determinando su vida hasta ese punto. Había soportado degradaciones e injurias por parte de la rama principal, y esta vez no iba a quedarse de brazos cruzados, no después de que su corazón se hubiera... Reblandecido a causa de su propia compañera de equipo.
- ¿Y quién demonios ha sellado y acordado todo esto por mi? - preguntó de forma irónica, sin pretender encontrar más culpable que la persona con la cual hablaba en ese mismo momento. Se puso en pie, sin importarle si aquello constituía una falta de respeto o no. Hinata y Hanabi estaban presenciando horrorizadas una de las situaciones más peligrosas en la vida del joven -más aún que cuando peleó contra Kidomaru-, dado que con un solo sello Hiashi podía torturarle mentalmente hasta matarlo si así lo deseaba.
No obstante, éste seguía mostrándose impasible, inalterable, sereno y tranquilo como siempre solía ser. Rara vez el hombre perdía la compostura, y ésta no iba a ser una de esas excepciones; de hecho, ya se imaginaba una reacción así por parte de su único sobrino, y aunque no quería decirlo, Neji no le daba más opción. Tampoco veía sentido alguno en mentirle.
- Tu padre. Hizashi Hyuuga. - contestó con entereza y sin inmutarse lo más mínimo.
Aquellas palabras parecieron caer como toneladas de piedra sobre el chico, que de un momento a otro había dejado caer sus hombros ante el asombro de aquella respuesta. No, tenía que haber oído mal. ¿Su padre? ¿Su propio padre le había privado de la poca libertad de la que gozaba? No... Eso sí que no podía creerlo. Sin embargo, el rostro calmado de su tío sumado a su quietud le hicieron ver que no mentía en ese asunto. En el tiempo que llevaba gozando de tranquilidad familiar había llegado a conocer al cabeza de familia bastante bien, dado que era muy semejante a él en innumerables aspectos, y el no mentir era uno de sus preceptos.
- Fue tu propio padre quien firmó conmigo vuestro compromiso, joven Neji. - intervino Osamu con tranquilidad.- No realizarlo sería como fallar y deshonrar a tu propio progenitor.
Zas. Había metido el dedo en la yaga. Una yaga profunda, dolorosa e incurable donde todos sabían que no debían indagar por ningún motivo, fuera el que fuese. Pero por la reacción del Hyuuga nadie hubiera dicho jamás que aquello le había molestado. Al revés: Volvió a mostrarse sosegado, irguiéndose para recobrar la compostura y respirar hondo.
Maldición, un nuevo debate interior se acababa de comenzar dentro de su cabeza. Su lógica le decía que no debía ceder a ese chantaje tan barato, pero por el contrario los recuerdos de su padre le decían que debía acatar aquel mandato y contraer nupcias con esa chica de la Villa de las Nubes. ¿Qué tendría más peso: Su apego por su padre o por conservar la libertad? Difícil dilema.
Hasta aquí el noveno capítulo... ¡Sí, noveno, qué ilusión! *-* A lo que iba:
Sí, ya sé que eso de los matrimonios acordados/concertados aparecen en la trama de 8 de cada 10 fics de NejiTen, pero digamos que en éste todo esto tiene un sentido distinto... Muy distinto... ¡Muahaha! El caso es que como habréis comprobado, la "chica gato" tiene nombre, y es Meiko. No sé si os gustará o no, pero se lo puse por su significado: "Fuerza felina". Me gustó y dado que no hay muchos nombres referentes a mujeres gato pues decidí ponérselo ^^ Además, su padre se llama Osamu, que es algo así como: "Ley estable", haciendo referencia a su pasión por las reglas y las leyes que rigen tanto el clan Satö como el Hyuuga. Reglas que, por cierto, detesto ¬¬
Gracias por leer n.n"
