Los personajes de la serie Naruto no me pertenecen a mi, sino a su querido y alabado autor: Masashi Kishimoto. No obstante, la historia/trama sí ha salido de mi cabeza.
Capítulo 12.
Misión
Esto no podía estar pasándole... No... ¡No a ella!
¿Qué había hecho para merecer tal castigo? ¿A quién había asesinado vilmente en su otra vida para que la fortuna le diera la espalda y la hostigara de una manera tan clara? Siempre se había comportado bien, procurando no hacer daño a quien no se lo merecía y sonriéndole a la vida pasara lo que pasase... Entonces, ¿merecía esto?
Ella misma se contestó a aquella muda pregunta: No.
En lugar de estar con "esa" debería ir caminando por las calles de la aldea con Neji, el cual le había prometido que estaría en Konoha para cuando la misión comenzara. Se las pagaría por faltar a su palabra. ¿Qué tipo de hombre era si no podía cumplir con su juramento? ¿Esa era la educación que había recibido por parte de los Hyuuga?
Enseguida se arrepintió de sus pensamientos y se apresuró en regañarse a sí misma por idiota. No podía culpar ni al clan, ni a Neji, ni a Tsunade ni a la propia Meiko, aunque a ésta última sí que le hubiera gustado atribuir la ausencia del genio para poder tener una excusa para gritarle, insultarla y lanzarle todos los kunais que le fuera posible.
Tal vez se estaba precipitando, pero desde un primer momento la chica de cabellos azabaches le había dado mala espina. No sabía el motivo en concreto; podían ser por sus ojos, de una extraña tonalidad, por su delicado aspecto que parecía encerrar una fiera peor que la del mismo Naruto, por su forma tan rápida y agresiva de luchar o, sencillamente, porque había herido a su Neji. Probablemente la opción más factible sería la última, ya que a nadie pensaba permitirle que lastimara al joven a quien tanto "apreciaba".
De una manera u otra había logrado tragarse sus malos humos en el despacho de la Hokage, cosa que aún no se explicaba cómo había conseguido. Y lo peor estaba por venir... La encomienda de la Godaime duraría aproximadamente tres días, y no quería ni pensar qué demonios haría tanto tiempo con ella como compañera de equipo; pero la pregunta clave no era esa, sino...: ¿Aguantaría 78 horas tragándose la ira que le embargaba? No estaba muy segura de ello...
Por su parte, la kunoichi de las Nubes encontraba la situación bastante divertida y entretenida. Su cabeza también maquinaba las mismas preguntas que la morena, con la sutil diferencia del enfoque que le daba. Ella pensaba que el tiempo que estuviera con su "amiga" -nótese la ironía- lo aprovecharía al máximo para desquitarse toda la tensión que traía acumulada de días anteriores.
Dejó escapar una pequeña carcajada que sólo personas con un oído desarrollado podrían haber escuchado.
Tenten lo tenía. Activada por un resorte imaginario, giró su cuerpo a mirarla de tal manera que hasta al Hyuuga se le hubiera helado la sangre de haber estado presente.
- ¿Qué te hace tanta gracia? - preguntó, tiñendo su voz de una mínima parte de la ira que sentía.
La muchacha no perdió en ningún momento la sonrisa aniñada e infantil que había estado esbozando desde que salieron del edificio más importante de Konoha, al contrario, se ensanchó un tanto más.
- Nada. - respondió alegremente. Pasó a Tenten de largo, que se había quedado parada en medio de la calle y clavaba sus ojos en la espalda de la Satö, como si tuviera la intención de fusilarla con un arma invisible que solo ella pudiera ver. - ¿Vas a quedarte ahí todo el día?
La maestra de armas reaccionó y volvió a caminar a paso rápido, colocándose a su altura para luego adelantarla con la cabeza bien alta, mostrando que su orgullo aún estaba intacto.
Pronto llegaron al lugar acordado: Las enormes puertas de Konoha.
Allí ya esperaba el Señor feudal con cara de pocos amigos, mostrando el disgusto que le producía aguardar a la llegada de las dos kunoichis, cuyo paso había ido aumentando paulatinamente hasta el punto de casi correr para ver quien llegaba antes. Sí, eran como niñas pequeñas.
Para bien o para mal ambas llegaron a la par, frenando en seco y saludando al que sería su protegido con una pequeña reverencia menos pronunciada en comparación a la que le realizaron a Tsunade. Tras recibir un pequeño discurso sobre la puntualidad, la misión y los deberes de los ninjas para con sus clientes al fin pudieron partir rumbo a su destino. Tenten deseaba con todas sus fuerzas que la encomienda finalizara cuanto antes mejor, mientras que Meiko quería alargarla cuanto le fuera posible para mantenerse alejada de la aldea, de los Hyuuga y de su padre; en lo único en lo que coincidían era en una cosa: Eitaro Hiyama, el hombre a quien debían escoltar sano y salvo hasta su villa, era una persona odiosa cuya compañía nadie desearía jamás.
Tosco, parlanchín y libidinoso cuyos ojos se iban tras todo ser femenino, sin importar edad, condición sexual ni aspecto físico. Con que tuviera un par de pechos les bastaba para que su boca comenzara a segregar saliva en masa.
A la maestra de armas le hubiera encantado desquitarse con él, pero claro, ese tipo era quien debía pagarles y no pensaba pasar tres días con su grata compañera y no recibir compensación económica. Eso ya sería demasiado.
Sin mediar palabra Tenten encabezó el grupo, apenas unos pasos por delante de Eitaro, que la observaba de forma lasciva flanqueado por sus dos vasallos que le seguían como perros, y para terminar la escolta, cuidando las espaldas de todo el grupo, una relajada y despreocupada morena. Aquella era la misma formación que hubieran adoptado si el Hyuuga se hubiera presentado, dado que su vista era envidiable y podría catar todos los peligros antes incluso de que se divisaran a unos metros de distancia; Tenten siempre se sentía segura si viajaba con él, y ahora que no estaba para utilizar el Byakugan se sentía desprotegida, expuesta sobremanera. Mas había aceptado que no podría depender toda su vida del privilegiado don de Neji, el cual cada vez partía en menos misiones junto con su antiguo grupo dado su rango de jounnin; tenía que afrontar esta misión por sí sola, cuidando de los enemigos que pudieran atacarle de frente o... Por las espaldas...
Con el máximo disimulo que le fue posible ladeó su rostro para mirar a la Satö. Se había autoconvencido de que debía tener más cuidado con ella que con ningún otro ser humano, viéndola como un peligro, una amenaza mortal; era por ello por lo que se encontraba tan tensa y seria, más aún de lo que acostumbraba en misiones de tal calibre.
El avance se producía de manera lenta a causa de las constantes demandas de descansos de Eitaro. A cada hora que pasaban corriendo el molesto hombre reclamaba una pausa para recobrar el poco aliento que tenía, como si hubiera estado realizando esfuerzos corporales sobrehumanos. A las jóvenes no les quedó más remedio que asentir con la cabeza y aceptar sus palabras con desgana y fastidio, a regañadientes. Ambas habían recibido un duro entrenamiento por sus respectivas partes, por lo que avanzar con rapidez en intervalos prolongados se les había hecho algo usual y totalmente normal, desarrollando bastante resistencia física, claro que tal vez era demasiado esperar lo mismo de una persona acomodada como lo era él.
A cada interrupción que hacían en su recorrido el ambiente siempre palpitaba con la misma tensión que desprendían ambas kunoichis haciendo que cada cierto tiempo y de forma intercalada cruzaran sus miradas, observándose mutuamente durante breves segundos para luego caminar cada una en una dirección distinta.
Con tantos descansos en el trayecto pronto se les echó encima la noche, y sabiendo que su protegido quedaría más expuesto en la oscuridad decidieron dejar de caminar y acampar en un pequeño claro. Mientras el señor del feudo se encontraba sentado con suma tranquilidad sobre el verde césped, sus súbditos montaban su tienda de campaña para que pudiera descansar cuanto antes; entretanto las chicas se repartían el trabajo de encender una fogata para que alumbrara sus guardias nocturnas.
- Tú ve a por la leña, yo iré preparando el terreno. - habló la muchacha, haciendo que Tenten frunciera el ceño con una notoria frustración. ¿Acaso iba a darle órdenes a ella? ¡Ni en sus más lejanos y remotos sueños!
- ¿Y porqué me toca a mí ir a por las maderas? - preguntó de forma tosca y grosera, cruzándose de brazos.
Meiko rotó los ojos, harta ya de la poca colaboración que le ofrecía su actual compañera. ¿Hasta cuándo seguiría guardándole rencor por medir sus fuerzas con Neji? Por el amor de Dios, ella ni siquiera era consciente de que aquel chico iba a ser su prometido, aunque de haberlo sabido lo hubiera hecho igualmente. Le habían enlazado con un Hyuuga, y qué menos que querer evaluar por sí misma la calidad de las técnicas del clan al cual pronto pertenecería, ¿no? No podía condenarla a muerte por ser tan sumamente curiosa.
- ¿Quieres dejar de comportarte así de una maldita vez? Intento colaborar, ¿sabes?. - la muchacha hizo una breve pausa en la cual Tenten mordió con disimulo su labio inferior, siendo consciente de que ella no era así, o al menos no solía serlo. Gracias a su equipo había aprendido valores como la madurez, la fuerza y las ansias de superación, dejando a un lado cualquier tipo de muestra infantil. Se maldijo a sí misma por mostrarse tan aniñada frente a la persona que más detestaba, poniéndose en evidencia de una forma tan fácil y gratuita.- No es mi culpa que Hiashi-sama me eligiera a mí para sustituir a Neji, así que deja de...
- ¿Cómo? - la interrumpió, esperando haber oído mal.
- ¿Qué?
- Repite eso que has dicho. - le exigió.
- Que no es mi culpa que Hiashi-sama me eligiera...
- ¿Qué tiene que ver el tío de Neji en todo esto? - preguntó mordaz, ansiosa de una respuesta que negara la absurda idea que se le había pasado por la mente en ese mismo instantes. No podía ser que ella...
- Él es el patriarca de los Hyuuga, y si voy a casarme con su sobrino debe empezar a tenerme en cuenta en cosas como esta. - explicó con total normalidad, encogiéndose levemente de hombros y mirando a la morena fijamente.
Probablemente no muchos hubieran captado con tanta claridad el momento justo en el que el rostro de su interlocutora se crispaba de puro dolor al oír sus palabras, pero la espectacular vista de Meiko lo hizo, dejándola contrariada. ¿Acaso no sabía de su matrimonio concertado con el Hyuuga? A su parecer no podía haber sido tan tonto como para no comunicárselo a la chica de los chonguitos, quien parecía ser la persona con quien más confianza tenía a juzgar por los datos que pudo recaudar en aquel entrenamiento que presenció.
- Yo... Iré a por la leña. - musitó la maestra de armas, bajando su rostro para pasar por delante de la chica-gato a la velocidad de un relámpago atronador, arrasando con todo cuanto le salía al paso. Momentos después se perdía entre las tinieblas de la noche, dejando a una desconcertada Satö en mitad de aquel claro, cuestionándose si verdaderamente aquel Hyuuga merecía ser llamado genio con tanta seguridad. Con un resoplido dejó de darle importancia al asunto tras alegar mentalmente que no era su problema lo que esos dos hicieran o dejaran de hacer, luego buscó con la mirada a Eitaro, encontrándolo dentro de su tienda de campaña ya dormido; le pareció de lo más egoísta no dejar que sus siervos durmieran junto a él en el enorme entoldado, pero volvió a repetirse que aquel tampoco era un asunto que le incumbiera. Se acuclilló y comenzó a preparar cuidadosamente el terreno para encender un cálido fuego.
Las lágrimas de la morena caían sin pausa a un ritmo acelerado, cayendo al suelo como gotas de rocío en un húmedo amanecer. Su propia mente la torturaba, mostrándole la cruel imagen de un perfecto Neji tomado de la mano de su prometida, aquella con quien había peleado arduamente semanas antes. Ahora comprendía porqué el Hyuuga había ignorado por completo la pregunta que el día anterior le había formulado:
- ¿Con quién...? ¿Porqué?
- Son normas del clan. - se había limitado a responder.
Había sido por pura cobardía. No le había dicho que se iba a casar con la kunoichi de las Nubes porque no quería que Tenten le reprochara el haberle robado su primer beso, su primer y único beso a lo largo de sus 19 años de edad, y para empeorar las cosas había roto su promesa de regresar a tiempo para poder explicarle todo lo relacionado con aquella absurda boda.
Le odiaba. En aquellos momentos podía asegurar que le odiaba con toda su alma, queriendo gritar su nombre y partir en su busca para pedirle explicaciones y cortar toda relación con él, ya fuera de amistad, de compañerismo o lo que quisiera que se trajeran entre manos.
Detestaba sentirse tan vulnerable, tan débil a los ojos de los demás... Ella era de las pocas kunoichis de la Hoja cuyo nivel en combate era envidiable, sobre todo teniendo en cuenta que tanto Ino como Sakura eran ninjas médicos y sus habilidades no sobrepasaban de eso; e Hinata dejaba mucho que desear a la hora de pelear cuerpo a cuerpo si se comparaba con la técnica de Neji.
En definitiva: Era fuerte tanto física como psicológicamente. Nunca lloraba, y si lo hacía era por una razón de peso como la muerte de un ser querido o algo semejante, no por tonterías amorosas. Pero, ¿cómo consolarse a sí misma? Se sentía despechada a pesar de no haber aclarado nunca qué era lo que significaba para el genio, ella había dado por hecho que era importante para el ojiblanco, pero tal parecía que para él el término importante tenía un significado distinto al que ella pensaba.
Entonces ella misma había llegado a la conclusión de que no podía reprocharle demasiado al Hyuuga, como mucho lo que aconteció con aquel beso, poco más. No eran novios, no eran pareja, no eran compañeros sentimentales; sólo compañeros, sólo amigos, sólo camaradas, y aquellos términos no le gustaban, no le bastaban para darse por complacida.
Deseaba con todas sus fuerzas que el pálido shinobi de largos cabellos oscuros y penetrante mirada opalina le correspondiera a sus sentimientos con la misma intensidad y de la misma forma, cosa que sabía que era del todo improbable e imposible, no más que un dulce y cruel sueño.
Aún sollozando, dejó que su espalda resbalara por el húmedo tronco de un gran abeto, abrazándose a sí misma.
Suspiró, frustrada y cansada de tener que esperar a la maestra de armas durante mucho más tiempo.
Hacía ya más de media hora que había dado por finalizada su labor de preparar el terreno, y viendo que la muchacha aún se demoraría, inclusive acercó un par de robustos troncos al espacio que había dejado para la hoguera y que, por pura precaución, había rodeado con piedras.
Ahora yacía sentada sobre uno de los dos troncos que había acercado al lugar, con los codos apoyados en sus rodillas y el rostro sujeto por ambas manos, mostrándose de lo más aburrida. Le gustaba la noche y lo relacionado con ella, pero tener que estar atenta por si algún enemigo se acercaba al Señor feudal no le permitía alejarse del claro, cosa que la hacía sentir atada, enjaulada.
Cómo detestaba sentirse así de nuevo.
Suspiró, y cerró los ojos un mísero instante para disfrutar de la suave brisa que, junto a un inconfundible aroma a floresta, arrastró el olor de la morena de ojos chocolates. No tardó demasiado en aparecer entre la espesura con un montón de maderos que depositó sin cuidado alguno a los pies de Meiko. La joven iba a responderle un borderío ante tal provocación, pero sus ganas de discutir se vieron reducidas bajo mínimos al ver de pasada los ojos de la morena, rojizos y ligeramente hinchados de tantas lágrimas derramadas.
La chica panda no tardó en volver el rostro hacia la dirección opuesta, evitando a toda costa el contacto visual. Se acuclilló y comenzó a amontonar las maderas que ella misma había traído.
- Tenten. - apenas se volvió para mirar a quien le llamaba. - Yo haré la primera guardia. Descansa.
Por primera vez desde que se conocieron la kunoichi de la Hoja pudo ver cómo una sonrisa surcó los labios de la Satö sin ningún deje de burla, menosprecio ni desconsideración. Asintió con la cabeza y, tras ponerse en pie, buscó cobijo bajo la copa de uno de tantos árboles colindantes.
Hasta aquí llegó el décimo-segundo capítulo. Sí, ha sido un tanto más largo que los demás, pero debía asegurarme de dejar todos los cabos bien atados para así poder continuar con la trama. Como pequeño adelanto tan sólo diré que el próximo capítulo será/es de mis preferidos, así que ahí lo dejo.
Bueno, aprovecho que esta semana la tengo totalmente libre de exámenes para ocupar las horas muertas escribiendo y/o dibujando (aunque no estoy de humor para esto último; debo dibujar a Itachi para un amigo y detesto a ese Uchiha. Me entran harcadas nada más tomar el lápiz ¬¬). A lo que iba, que me voy por las ramas...
Gracias por vuestro apoyo y aguante NejiTen /"
