Los personajes de la serie Naruto no me pertenecen a mi, sino a su querido y alabado autor: Masashi Kishimoto. No obstante, la historia/trama sí ha salido de mi cabeza.
Capítulo 13.
Apoyo
Suspiró por decimocuarta vez a lo largo de la noche, reprochándose a sí misma su anterior actitud para con la muchacha.
"Descansa", le había dicho. Por favor, ¿desde cuándo soy tan buena?, se cuestionó a sí misma, resoplando para apartar un molesto mechón de su cabello que le impedía parte de su visión, no debería haber hecho eso. Es un ninja, y debería saber controlar sus sentimientos en medio de una misión.
Antes de partir de la aldea le había preguntado a Hiashi sobre la morena, y aunque el hombre parecía ser igual de hablador que su sobrino, le respondió:
- Es una de las mejores kunoichis de la aldea. Será una gran ayuda.
Ya, claro. ¿Y esa era la "gran ayuda" que podía proporcionarle? Una ayuda un tanto mediocre, a su parecer. Derrumbarse en plena encomienda no era algo que tuviera cavidad en la mente de la Satö, pero debía reconocer que no todo el mundo podía tener tal dominio de sus emociones como lo tenía ella misma o el tan famoso Neji Hyuuga.
Dirigió su mirada hacia el lugar donde yacía su compañera totalmente inmóvil, abrazándose a sí misma para infundirse algo de calor en una noche tan fría como aquella o, simplemente, para imaginar que era el genio quien la envolvía con sus brazos; aquello era algo que Meiko no podía llegar a saber. Regresó a su posición anterior, vista al frente y cuerpo erguido, para volver a caminar en torno al pequeño campamento que habían montado. Hacía ya tiempo que el fuego que habían encendido se había extinguido en su totalidad, siento la propia kunoichi de las Nubes quien se había ocupado de apagarlo nada más calentar un poco la cena; ahora observaba las cenizas con ademán entretenido, parándose ante la anterior ubicación de la fogata.
Quería saber porqué tenía esa extraña sensación que le oprimía el pecho de esa manera con tan sólo mirar a su "camarada". Si bien ella nunca lo admitiría, sentía un deje de compasión y lástima por Tenten, tal vez incluso la identificaba como su "yo pasado", y el hecho de haberle soltado de una manera tan ligera una noticia como la que horas entes le había dicho sin apenas proponérselo no le ayudaba a apaciguar sus tan bien escondidos sentimientos.
- Ese Neji debe de ser realmente un estúpido. ¿Cómo no se le ocurrió informar a su novia de nuestro patético matrimonio concertado? Es absurdo. - reflexionó la joven en apenas un susurro, volviendo a caminar, ésta vez hacia la tienda de campaña donde dormía Eitaro y, en el exterior, sus perritos falderos.
Sin preocuparse lo más mínimo por los modales ni los miramientos que debía adoptar con un cliente de tan importante calibre, abrió la entrada de lona de par en par para que entrara la gélida brisa matutina.
- ¡Arriba, Señor Eitaro! - exclamó, despertando de sopetón al aludido, a sus vasallos y a la propia Tenten, que de un ágil salto desenfundó un kunai, alerta ante repentino estruendo. Meiko rió por lo bajo y esbozó una sonrisa de autosuficiencia al tiempo que miraba a un confuso hombre somnoliento, reacio a levantarse del saco de dormir.- Son las cinco de la mañana, y si no quiere tener que correr durante todo el día sin descanso es mejor que se ponga en pie de inmediato. - informó, infundiendo a su voz un deje de amenaza contenida que el sujeto captó de inmediato.
Volvió a cerrar la entrada de aquel improvisado dormitorio y giró sobre su propio eje, caminando hacia donde reposaban sus ligeros equipajes; mas apenas dio un paso su mirada se topó con la de la morena, que permanecía estoica en la posición que había adoptado segundos atrás debido al sobresalto. Meiko dirigió su vista a su kunai empuñado y luego alzó una ceja para volver a restablecer el tenso contacto visual. Los orbes chocolates de Tenten fueron los primeros en ceder, guardando con suma lentitud el arma bajo su holgada manga y resoplando molesta.
Cuando al fin Eitaro estuvo listo, pudieron partir. Aquel día ambas kunoichis se habían propuesto avanzar todo lo que el día anterior no habían podido a causa de los descansos que se tomaba aquel fastidioso hombre, cosa que no dudaron en dejarle bien claro: "Nada de paradas", habían dicho al unísono, a lo que al varón no le quedó más que aceptar. No era bueno enfrentarse a mujeres, menos aún si eran un par como las que tenía frente a él.
El resto de la mañana transcurrió sin más, caminando en completo silencio sin las irritantes quejas que el día anterior habían tenido que soportar; todos se limitaban a hacer su trabajo, en el caso de las kunoichis proteger, y en el de su cliente y su séquito, dejarse hacer. No fue hasta el mediodía cuando Tenten dirigió su vista a su espalda, analizando a los exhaustos hombres que se esforzaban por seguirles el ritmo, un ritmo que quizá sobrepasaba sus posibilidades.
- Deberíamos descansar. - murmuró sin expresión alguna, mirando a la susodicha a la cual iban dirigidas aquellas palabras; Meiko se vio obligada a aceptar casi a regañadientes.
- Vale, vale... - accedió, posando sus dorados ojos en Eitaro y los suyos - Pero más les vale apresurar el paso si queremos cumplir con el itinerario de ruta. - les advirtió al ver que éstos se dejaban caer en el suelo o, en el caso del Señor Feudal, sobre una roca.
Tenten les imitó y dejó que su cuerpo descansara sobre sus piernas, acuclillándose y soltando una exhalación pesarosa. Ella no estaba cansada en absoluto, y el tener que parar cada pocas horas porque el lastre que llevaban no podía seguir sus pasos era algo que la ponía de mal humor, peor aún del que ya traía desde la noche anterior.
No podía quitarse de la cabeza las palabras de la Satö, aquellas que nada más oír habían hundido su mundo de fantasía rosa llena de algodones y nubes por doquier donde su príncipe azul era un apuesto Hyuuga de nombre Neji. Le dolía pensar que todo lo vivido había sido un cruel sueño que tan sólo había servido para avivar su idealización de la extraña relación que mantenía con el genio. Eran compañeros como mínimo, amigos la mayoría del tiempo, confidentes cuando se necesitaban mutuamente, y amantes en tan sólo una ocasión. ¿Qué se podía deducir en claro de aquello? Nada, se respondió a si misma.
Eitaro se puso en pie, y sus acompañantes no tardaron en imitarle como si de sus sombras se tratasen. Sin mediar palabra echaron a andar.
- ¿A dónde se supone que van? - les preguntó la morena erguiéndose, lo que le faltaba era que ahora sus protegidos se perdieran en el bosque y tuvieran que ir tras ellos.
- Al riachuelo que hay cerca de aquí. - respondió el hombre de mala gana, dejando patente que no estaba acostumbrado a ser cuestionado en lo referente a sus acciones.
La maestra de armas agudizó un poco el oído y pudo captar el correr del agua cada vez con más nitidez, detalle que había pasado por alto al estar enfrascada en su mente.
- No se demoren. - les advirtió, y dicho esto, se dirigieron hacia el lugar de donde provenía aquel sonido.
Cuando sus pasos se alejaron lo suficiente, todo quedó envuelto en una calma que, en otras circunstancias, la hubiera relajado; con la Satö presente no. No podía mostrarse tranquila y sumisa con esa chica a su lado, le daba mala espina, le caía mal, la detestaba. Pensaba reprocharle a Tsunade el haberla enviado de misión con ella en cuanto se le presentara la ocasión, pero hasta entonces debería esperar.
Con disimulo miró a Meiko, que mantenía los ojos cerrados con suavidad, con su cuerpo inusualmente relajado y las manos extendidas en forma de cruz mientras sus cabellos eran mecidos con una delicadeza irreal por la apacible brisa que soplaba; aquella parecía ser una escena semejante a las de los libros de hadas de los bosques que su madre solía relatarle cuando no era más que una pequeña infante. Ella sí parecía disfrutar de la esencia verde y del aroma silvestre que rebosaba el ambiente.
- ¿Quieres calmarte de una buena vez? - inquirió la joven de dorados ojos, aún sin abrir éstos. Sus labios se curvaron de forma apenas perceptible.- No voy a comerte. - aseguró.
Tenten frunció el ceño y apartó el rostro en otra dirección de manera pueril, dejando escapar un disconforme "Mhp" que pareció más propio de Neji que de ella misma.
- Sé que a tus ojos soy esa zorra que atacó a tu querido amiguito, pero no planeo acabar con todo aquel que se me ponga por delante, ¿sabes? Ya tendré tiempo para ello cuando regrese a Konoha - intentó bromear.
Dejó caer ambos brazos a sus costados con lentitud, abriendo los ojos para mirar a su compañera y escrutar su ceñudo rostro; tal parecía que no le habia agradado lo más mínimo la pequeña burla que recién acababa de expresar, pues seguía con aquella expresión que denotaba incomodidad y enojo a partes iguales. Suspiró.- Me importa bien poco lo que opines de mi, pero haz el favor de no complicar aun más ésta absurda misión.
- ¿Cómo? ¿Que yo complico la misión? - repitió la trigueña kunoichi, atravesándola con la mirada llena de veneno que nada tenia que envidiar al que empleaba la propia Shizune.- ¡No soy yo quien va restregando por ahí su matrimonio con un Hyuuga! - le recriminó molesta, cruzándose de brazos. Ella nunca se había mostrado irritada ni celosa respecto a lo que el genio concierne, pero el haberse enterado de lo acontecido de boca de esa era lo peor que podía haberle pasado. Prefería mil veces que le dieran una patada en el trasero, que la torturaran con técnicas ilusorias o que incluso la obligaran a hacerse el harakiri.
La Satö alzó ambas cejas, sin dar crédito a lo que oía.
- Que tú hayas perdido la cabeza por ese Hyuuga no significa que sea el centro del universo. - expresó sin más, mirándola con tranquilidad.- Reconozco que es apuesto, tal vez incluso atractivo; que tiene unos ojos envidiables y una melena que ya me gustaría a mí tener, pero es un cubo de hielo y creo que ni siquiera sabe pronunciar más de 3 palabras.
- ¡No hables así de él! ¿No lo conoces y te atreves a juzgarle? Eres una hipócrita, Satö.
- Ya te dije que me trae sin cuidado lo que puedas pensar de mi. - se encogió de hombros, restándole importancia al tema.- El caso es que nunca quise restregarte por la cara que contraeré nupcias con ese tal Neji, no creo que sea algo de lo que se pueda presumir. Es machista y retrógrado. - pareció escupir con repulsión aquellos dos adjetivos, reflejando la aversión que sentía en aquellos momentos.
Y ante eso la maestra de armas no pudo añadir ni reprocharle nada en absoluto, limitándose a guardar silencio y ladear la cabeza hacia su izquierda, irritada al saber que la chica-gato tenía razón. La familia Hyuuga nunca se había caracterizado por la libertad de la que gozaban sus componentes, y de ello había sido fiel testigo Tenten; si ya le parecía miserable el que restringieran los actos e inclusive los pensamientos del Bouke y parte del Souke, que encima obligaran a una persona a casarse con alguien con quien no deseaba era incalificable e inconcebible.
- Le amas. - nuevamente fue Meiko quien habló, haciendo que la aludida se viera obligada a posar sus pies en la tierra.
- ¿Cómo? - murmuró, confusa ante tan repentina afirmación.- ¿A qué viene eso?
- Simplemente expongo lo obvio. Si no lo hicieras no te hubiera afectado tanto la noticia del compromiso, ni te hubieras ido a llorar al bosque anoche, ni te hubieras molestado tanto en defender el honor de tu novio. - reiteró con simpleza, recargando el peso de su cuerpo en su pierna diestra.
- ¡No! Te equivocas... Él no es mi novio ni nada parecido... - aseguró, no del todo convencida sobre qué respuesta darle.- Y aunque así fuera, eso no cambiaría las cosas.
Esas últimas palabras hicieron sonreír a la Satö, pues no hicieron más que confirmar lo que ya se suponía: No eran pareja, muy a pesar de Tenten, según parecía. Entonces, en el hipotético caso de que Neji compartiera un mínimo de sus sentimientos, aquello le dejaba un mínimo margen de escapar de su reclusión.
- Bueno, no hay que darlo todo por perdido... No aún. - bisbiseó, siguiendo la ruta que habían tomado Eitaro y los demás rumbo al pequeño río que se hacía sonar entre la espesura del bosque.
La morena no lo comprendió del todo, pero algo en su cerebro hizo un clamoroso click y, sin ni siquiera proponérselo, caminó tras la kunoichi, un tanto más confiada de que al menos ella no intentaba preservar aquel maldito acuerdo de familias en los que los principales inmiscuidos nada habían tenido que ver.
No fue hasta que cayó la noche cuando volvieron a pararse para tomar un respiro y, de paso, acampar con la intención de pasar allí la noche.
Habían avanzado bastante, más incluso de lo que esperaban recorrer aquel mismo día, mas Eitaro no pareció quejarse a pesar del dolor de pies y el cansancio que se volvieron insufribles y que evocaron en aquella pausa. Ya faltaba poco para llegar a la dichosa aldea, no más de un kilómetro y medio, tal vez. En un principio aquello hubiese agradado a Tenten, que partió de Konoha deseosa de regresar cuanto antes, mas ahora prefería no pisar su tierra natal en una buena temporada.
Apenas le había dado tiempo de sentarse sobre el suelo cuando pudo captar con claridad el justo momento en el que su compañera se tensaba, olisqueando el aire. Extrañada, se puso en pie y abrió la boca para decir algo, siendo abruptamente interrumpida por la Satö.
- Tenten. - la llamó, dirigiéndole una rápida mirada de soslayo.- Se acercan.
- ¿Quiénes?
- Se acercan. - repitió con brusquedad, cosa que no pasó desapercibida para Eitaro y los suyos, que voltearon a verlas.
Pronto ambas kunoichis se posicionaron frente a él y tras él respectivamente, olvidándose por completo del par de hombres que, sólo en teoría, debían permanecer junto a su Señor para protegerle, pero que se mostraban temerosos y asustadizos sobre lo que podría acercárseles según habían oído. Tensos e inquietos, todos se limitaron a dejar correr sus miradas por la espesura del bosque, en busca de algo o alguien que pudiera resultar dañino o nocivo para el cacique.
En cuestión de segundos dos pares de sombras recorrieron el lugar velozmente, siendo casi imposible visualizar más allá de sus sombras o algún que otro movimiento que provocaban en los matorrales más cercanos. Sólo cuando se detuvieron pudieron visualizar con claridad sus siluetas, de elevada estatura, delgados y ataviados con oscuras ropas que le servían de camuflaje en la oscuridad de la noche, demasiado cubiertos como para poder rescatar algo más de su aspecto físico. Inclusive bajo las máscaras de tela que cubrían parte de su rostro pudieron apreciar las despectivas y burlonas sonrisas que les dedicaban.
- Vaya, ¿sólo dos niñitas y dos mascotas? Creo que nos lo pusieron demasiado fácil. - se quejó uno de ellos.
- ¿Cuánto creéis que durarán? - preguntó otro.
- Pues... 5 minutos, tal vez. - casi pareció teletransportarse a las espaldas de uno de los criados, acercándose a su oído y exclamando un:- ¡BU!
El hombre, horrorizado y con la sangre helada, no tardó en gritar de pánico y salir huyendo como alma que lleva el diablo hacia el interior del bosque, y su compañero, viendo que las posibilidades de perder la vida que había al enfrentarse contra bandidos siendo sólo cuatro, le siguió a los pocos segundos. Los enmascarados rieron como posesos.
- ¿5 minutos? ¡2 como máximo! - se mofó el mismo que había hablado en primer lugar, haciendo que ambas muchachas fruncieran el ceño más aún.
- ¿Porqué no cerráis el pico? Habláis mucho para lo poco que hacéis. - la voz de Meiko se asemejó a un potente rugido que resonó en todo el lugar, acallando las continuas burlas hacia sus habilidades y experiencia como ninja. Como única respuesta, uno de ellos se situó frente por frente, alzando un kunai a la altura del cuello de la joven.
- ¿Acaso quieres comprobar en tus carnes lo que sabemos hacer. - preguntó.
- No estaría de más un poco de acción. - declaró con altanería, retirando el arma de su garganta en un veloz movimiento y rasgando el brazo de su oponente con sus garras de chakra. Éste retrocedió.- ¿Tú que dices, Tenten? - inquirió, y ambas sonrieron a la vez.
- Veremos quién dura dos minutos. - retó la morena, empuñando un kunai y uno de sus pequeños pergaminos.
Sus rivales dejaron escapar varias carcajadas, colocándose frente a ellas. Dos para ella y dos para mí, hizo cuentas la maestra de armas, maldiciendo a los cobardes que recién acababan de huir para dejarlas solas ante los enemigos. Sin embargo, pronto llegó a la conclusión de que así era mil veces mejor; menos estorbos de por medio y menos distracciones, no podía pedir más en una situación así.
Sin previo aviso, aquella pequeña llanura, silenciosa y usualmente desierta, se convirtió en un campo de batalla donde lo único que se atinaba a oír era el sonido del metal chocar.
¡Al fin pude actualizar! ¡Sobreviví a una tediosa semana llena de exámenes por doquier cuyo único fin era amargarme la existencia, pero no lo consiguieron! e.e" Ando de lo más feliz porque los aprobé todos con buena nota, merezco un premio por ello xD
Además de los estudios también estuve ocupada con las catequesis y el dichoso dibujo de Itachi, que por cierto, ya acabé (gracias a Dios). Muchas me preguntaron el porqué de mi odio hacia ese Uchiha, y la única respuesta que puedo dar a eso es ésta: Tengo una hermana menor. Sí, una dulce hermanita que se dedica a meterse con Neji y alegando que Itachi Uchiha es el único genio que habrá visto nacer Konoha... Gilipolleces suyas ¬¬ Y ahí reside mi odio hacia todo el clan Uchiha n.n xD
He de agradecer a Vistoria el pequeño detalle de las edades, que se me pasó por completo x.x" Al igual, muchisisísisisisisimas gracias a Nocturnals por ayudarme a resolver el problema de las actualizaciones, que por un maldito error de FF no me permitía subir este capítulo u.u"
He de agradeceros por todos los reviews que me animan a seguir adelante con este fanfic, de veras, me alegran el día.
Espero no tardarme mucho con el próximo capítulo de Vacaciones nevadas y con el próximo del Destino es caprichoso.
¡Un beso! :D
