Los personajes de la serie Naruto no me pertenecen a mi, sino a su querido y alabado autor: Masashi Kishimoto. No obstante, la historia/trama sí ha salido de mi cabeza.
Capítulo 14.
Ayuda
Las cosas no estaban resultando como deberían, de hecho, estaban lejos de ir como se esperaba.
Ambas eran kunoichis fuertes, experimentadas y, en la mayoría de los casos, letales. Entonces, ¿porqué estaban exhaustas si apenas llevaban una media hora de combate?. Había que reconocer que sus contrincantes eran rápidos, y encima, a eso había que sumarle le doblaban en número y que, aparte de no descuidar sus espaldas, tampoco podían dejar desprotegido a Eitaro, que hasta el momento no se había movido de su sitio, paralizado ante tantas sombras oscuras que le revoloteaban alrededor. Casi parecía haber lamido sapos venenosos, con aquellas dilatadas pupilas fijas en la nada.
Tenten maldijo en su interior, esquivando uno de tantísimos golpes que intentaron asestarle entre los dos. Si al menos esos perritos falderos se hubiesen quedado para distraerles no se verían en tan complicada situación.
Pero, lo peor de todo no eran sus enemigos ni la falta de colaboración de su cliente, sino que, como era de esperar, Meiko y Tenten no se entendían. Cuando una se encontraba a la izquiera, la otra se desplazaba hacia la derecha. Si la morena se agachaba, Satö saltaba. Si una atacaba, la otra defendía. Así durante todo el combate, exponiendo los puntos débiles de cada una sin proponérselo. Aquello era una gran desventaja siendo su primer combate juntas y teniendo mentalidades tan distintas.
- Maldición, ¡cúbreme, Meiko! - exclamó, eludiendo un nuevo ataque por la espalda antes de comenzar a lanzar una lluvia de kunais que, aunque certeros, sólo uno dio en el blanco, haciendo que el enmascarado gruñera y cubriera su hombro con una mano.
- Ya, ¡¿y dejo que me apuñalen? - bramó con la misma intensidad, volviendo sus doradas orbes hacia la maestra de armas durante un mísero segundo.
Aquella distacción bien podría haberle costado la vida.
Cuando restauró el contacto visual con sus contrincantes, sólo uno estaba frente a ella, sonriéndole como si ya la diese por muerta. Alzó la cabeza hacia el cielo y entonces vio cómo el hombre restante parecía haber caído de él con un kunai fuertemente empuñado. Sobresaltada y sin tiempo a reaccionar, cerró los ojos, esperando aquella estocada que, por una razón o por otra, jamás llegó.
Se oyó el sonido de la tela y de la carne abriéndose, seguido de un alarido de dolor que le heló la sangre. Para cuando abrió los ojos, el mismo atacante que podría haberla matado se encontraba tirado sobre el césped, formando un pequeño charco de sangre que brotaba de su abdomen y de su garganta.
- Pues como sigas descuidándote de esa forma te apuñalarán me ayudes o no. - Tenten habló, y la chica-gato la miró justo para ver una sonrisa de satisfacción surcar los labios de la morena.
La imitó y sonrió de igual manera, comprendiendo al instante lo sucedido. Tal vez tuviesen formas distintas de luchar, pero de lo que no cabía duda era de que ambos estilos eran compatibles de una forma u otra. La kunoichi del Rayo siempre peleaba sola, sin ayuda de nadie, sin tener que depender de un compañero donde apoyarse; todo lo contrario que Tenten, que siempre había combatido junto con Lee o Neji, resguardando en ellos sus puntos flacos de igual forma que ella les cubría los suyos.
De esa forma, tendrían que formar un buen equipo quisieran o no. No tenían otra salida salvo la muerte, y no era una opción que cavilaran jamás.
- Te debo una. - musitó, reincorporándose y pegando su espalda con la de la morena. Tal vez fuese un golpe para su orgullo, pero si quería que las cosas saliesen bien, debía ceder.- De acuerdo, haremos esto a tu manera.
Tenten asintió levemente, alzando el kunai a la altura de su pecho mientras que, con la otra mano, desenfundaba dos de sus pergaminos.
- Cúbreme y, en cuanto te haga una señal, aléjate cuanto te sea posible junto con Eitaro. - le ordenó, colocando ambos pergaminos en el suelo y acuclillándose. El hombre más cercano a su posición hizo amago de acercársele, viendo cómo sus posibilidades de hacerlo se reducían a mínimas ante la posición de defensa de su compañera, que no perdía detalle de cada uno de los ninjas. Dio un ágil salto y comenzó a realizar la técnica de los Dragones Ascendentes con maestría, apuntando a la perfección cada arma que hacía aparecer y lanzándolas velozmente; con ello era fácil deducir que poco tiempo les quedaba a los bandidos para defenderse y atacar simultáneamente, teniendo que cuidarse también de la Satö.
Ésta, aprovechando el descuido de uno de ellos, había arremetido contra él, perforando su pierna de cabo a rabo con sus afiladas garras de chakra.
La morena le hizo la tan esperada seña, y sin perder tiempo, la kunoichi de las Nubes brincó hacia un árbol junto con su protegido, que corría despavorido; ambos se posicionaron en una de sus ramas. En cuanto se pusieron a cubierto, comenzó a llover infinidad de puntiagudas y afiladas armas de todos los tipos y tamaños imaginables. Los cuerpos de los tres shinobis restantes se vieron atravesados por más de una, cayendo de rodillas al suelo y dejándoles reducidos a nada.
Ambas suspiraron aliviadas, mientras el Señor Feudal se dejaba caer sobre la rama, con el cuerpo totalmente tenso y agarrotado a causa del temor.
- Con que duraríamos 5 minutos... - recordó Tenten, sonriendo orgullosa ante el trabajo en equipo que habían realizado.
Dirigió su mirada hacia donde su ahora compañera se encontraba, y desde la distancia pudo ver que su sonrisa reflejaba con exactitud lo mismo. Fue entonces cuando ocurrió, quizá demasiado rápido y confuso como para que pudiese apreciar con exactitud lo que sucedía a su alrededor.
Uno de los cuerpos que yacía en el suelo se esfumó, volviéndose todo humo y alertando a la maestra de armas, que cuando ladeó la cabeza en aquella dirección ya tenía al verdadero shinobi a sólo un par de metros, con una pequeña daga lista para penetrar su cuerpo.
Tarde.
Ya era demasiado tarde como para esquivarle o tomar un arma del suelo para defenderse.
Tarde para que Meiko corriera a su encuentro y apartara a su enemigo de aquella trayectoria mortal.
Tarde para hacer algo que salvara su vida... Salvo una cosa: Rezar.
- ¡Tenten!
Cerró los ojos con fuerza, pidiendo que un milagro cayese del cielo y la ayudase en aquellos momentos en los que sabía que ni Kami-sama podría enviarle nada ni nadie. Quizá fuera su hora, pensó, mientras esperaba que en alguna parte de su cuerpo se manifestara un intenso dolor a causa del apuñalamiento de su enemigo.
- ¡Tenten! - la llamó aún más fuerte la Satö, aunque ella no parecía hacerle caso.
Sólo atinó a oír una cosa aparte de los gritos de Meiko:
- ¡Hakke Rokujūyon Shō!
Luego, el más sepulcral de los silencios y diversos golpes secos y rápidos que dieron paso a un desplome. Algo había pasado, algo que le permitía seguir con vida, pues seguía sintiendo cómo su corazón latía sin problema alguno. Había identificado al instante aquellos voz y aquella técnica, pero no creía que fuese él, lo que la llevó a pensar que la habían matado sin dolor alguno y que había llegado al cielo sin necesidad de pasar por el purgatorio.
Claro. Tenía que ser eso, sino no veía explicación posible.
- Tenten... Tenten... - de nuevo aquella voz masculina que tan familiar se le hacía, ésta vez mucho más cerca de ella. Se obligó a sí misma a abrir los ojos poco a poco, estableciendo un inmediato contacto visual con aquellas perlas que tanto adoraba y anhelaba.
- Neji... Tú... - observó los alrededores, captando al último oponente sin vida en el suelo y, donde deberían de haber estado Meiko y Eitaro, ya no había nada. Debían haber partido hacia la Villa hacía segundos, cuando ella cavilaba sobre su estado vital: viva o muerta. Volvió a mirarle.
- ¿Estás bien? - le preguntó, alzando la mano para posarla en su mejilla. Ella apartó la cara de inmediato, recordando la noticia que él mismo debía haberle dado y que no lo había hecho. Sólo entonces se dio cuenta de que se encontraba de rodillas sobre el suelo y que su compañero había tenido que acuclillarse para poder estar a su altura.
Frunció el ceño, contrariado ante la repentina hostilidad que emanaba de la morena.
- ¿Qué mosca te ha picado? - preguntó, dejando colgar su brazo a uno de sus costados y apoyando dicha mano en el suelo.
- ¿A mi? ¡Nada! - murmuró irónica.- Sólo que me he enterado quién es la prometida del prodigio Hyuuga.
- ¿Cómo lo...? ¿Ella es la compañera que te han asignado? - volvió a inquirir, cada vez con peor cara.
- Sí. De no ser por Meiko aún seguiría preguntándome qué hice para merecer un trato como el que me das.
- ¿Acabo de salvarte la vida y te quejas de cómo te trato? - resopló, molesto.
- Oh. ¡Gracias por salvarme la vida, Señor Hyuuga! ¡Eternamente agradecida le estaré! ¿Quiere que le bese la mano, o estará bien con que ingrese en su familia como sirvienta? - alzó la voz más de lo previsto, inclinándose hacia delante como muestra de tensión y defensa.
Aquella cercanía le permit¡ó ver con total claridad aquella furia que brotaba de aquellas orbes chocolates que le habían encandilado tiempo atrás con su dulzura, aunque ahora poco quedaba de ella. Se reincorporó de inmediato, sin querer oír ni una palabra más salir de los labios de la muchacha.
- Se acabó, Tenten.
- ¿Que se acabó? ¿Que se acabó qué?
- No me apetece hablar en ésta situación. Estás cansada y confusa. Cuando te calmes, hablaremos. - giró sobre sus propios talones, dando un par de pasos para alejarse de ella.
No le miró, sólo bajó la mirada para castigar a la húmeda tierra con un fuerte puñetazo, como si ella fuese la culpable de su ira y de sus males.
- Neji. - le llamó, haciendo que éste se parara en seco y volviese a girar para quedar mirándola fijamente. Aquella era la señal que le permitía continuar hablando.- Tú... ¿Por qué? - alzó su vista para encontrarse con un leve e imperceptible amago de desconcierto en la posición de sus cejas. Continuó.- ¿Por qué me besaste? ¿Por qué lo hiciste?
Su voz había pasado de ser un murmullo a convertirse en un apremio, anhelando una respuesta clara y concisa sobre el por qué de sus actos pasados. Sí, tal vez no hubiese sido un total caballero con su amiga, pero no se arrepentía de nada de lo que había hecho, mucho menos de eso.
La maestra de armas notó cómo su mirada se intensificaba más aún -si es que eso era posible-, atravesando todo su ser en unos simples segundos. Se vio tentada de apartar la mirada, pero si nunca lo había hecho, ésta vez no sería la excepción; se la mantendría fija aunque en ello le fuese el alma.
Sus labios se entreabrieron para darle la respuesta que pedía, fuese la que esperara o no, mas lo único que salió de su boca fue un mudo suspiro. Deshizo el camino andado y volvió a pararse frente a ella, mirándola desde aquella abismal diferencia de altura.
- Porque... - Tenten tragó saliva, apartando la mirada sin poder aguantarla ni un segundo más. La voz del genio sonaba un tanto estrangulada, como si le costase articular palabra. ¿Tan de sorpresa le había pillado aquella pregunta?.- Supongo que fue porque... - vale, ahora aquí venía la parte donde se oía una respuesta como "mis hormonas pudieron conmigo" ó "fue un calentón de segundos" y demás cosas por el estilo. Cerró los ojos, preparándose para la respuesta.- Porque te quiero, Tenten.
Silencio.
¿Cómo? ¿Que qué había dicho? No, no, su cerebro no podía haber sido tan cruel como para distorsionarle la comprensión de las palabras, ¿no? Jamás soñó oír aquella frase salir de los labios de Neji "Cubito de Hielo" Hyuuga -para qué mentir, su mente le había recreado aquella frase con su voz una vez tras otra-, pero oírselo decir en persona era muy distinto... ¡Sí! ¡Lo había dicho! ¡Lo había reconocido de una vez por todas!
Alzó la cabeza con rapidez, a la espera de encontrarse con aquellos orbes platinados que la hacían delirar posados en su rostro. Cuál fue su sorpresa al no encontrar nada frente a ella salvo aquella llanura desierta.
Lo único que atinó a ver fue el cuerpo de su compañero convertirse en una forma difusa mientras caía desplomado a su costado izquierdo, casi como si le hubiera alcanzado una bala desde la espalda. Los ojos de Tenten se abrieron desmesuradamente, estática en el sitio. El sonido de aquel desvanecimiento se manifestó a modo de un amortiguado estrépito seguido de una exhalación de aire contenido.
Lentamente giró su cabeza para mirar al chico, queriendo encontrarle sonriente, con un deje de burla en su rostro al haberse dejado caer a propósito para gastarle una broma, a sabiendas de que era mentira y aún a pesar de que su cerebro le recriminaba aquellas vanas ilusioines.
Con su oscuro cabello esparcido con total libertad por su ancha espalda cubierta de aquella camisa blanca, mantenía su rostro mirando hacia la dirección donde Tenten se encontraba caída de rodillas, con sus ojos perla cerrados y su respiracion agitada, casi hiperventilando. La kunoichi alzó la mano para acariciar su pálida mejilla, más fría e incolora de lo habitual.
- Neji... - le llamó, en un débil susurro.
Oyó el chasquido de las ramas a no más de unos metros de su posición actual, pero no le dio la menor importancia, de hecho, en aquel mismo momento nada le importaba. Como si quería venir otro shinobi por la espalda para acabar con su vida, que le daba igual.
- Listo, ya llevé a Eitaro a su Villa. La recompensa no ha sido muy buena pero al men... - la voz de la Satö dejó de oírse en el mismo momento en el que le fue visible el cuerpo del joven Hyuuga tendido cual largo era sobre el suelo.
Sus pupilas doradas se hicieron visible en su totalidad debido a la conmoción de aquella imagen. Cuando había marchado junto con el Señor no había pensado encontrarse una escena semejante, ni aunque se la hubiesen descrito con pelos y señales lo hubiese creído posible.
- Tenten... - la llamó.- ... te dejé a solas con él para que hablárais las cosas, no para que le dejaras seco a golpes... - habló sin salir de su asombro general, dando un mísero paso hacia ella.
La morena apenas oyó lo que decía, sólo llegaban palabras sueltas, distorsionadas y casi intengibles, como si le hablara en un idioma nuevo y desconocido para ella. Sólo alzó la cabeza, dejando de mirar el lívido rostro de Neji y posando su mirada en la de la muchacha de piel cobriza.
- Meiko... Ayúdame... - le rogó, casi le imploró en un estrangulado sollozo mientras las cuencas de sus ojos se anegaba de lágrimas que luchaban por salir y pasear libremente por sus mejillas.
¡Wow, récord para mí: Me dio tiempo a actualizar mis dos fics en un sólo día! *¬*
Sí, señoritas, nuestro querido genio al fin apareció, ¿y qué mejor acto de presencia que sincerarse un poquito? Sólo fueron unas palabras, pero al menos calaron hondo en Tenten, que ya era hora que oyese algo semejante por parte del Hyuuga, ¿no?
Bueno, poco más tengo que añadir, sólo que, como comenté en Vacaciones nevadas, estaré ausente por dos semanas (excursión con la clase y Semana Santa/Pascua, que caen seguiditos), y a parte de eso, sólo decir que espero que les haya gustado y, ya saben, ¡reviews! n_n"
¡Un beso! :D
