Capítulo 16.
Tío y sobrino.
Un repentino silencio se extendió a lo largo de la reducida habitación del hospital, incomodando a todos los presentes en aquella sala. El cabecilla del clan Hyûga pasó al interior, cerrando la puerta tras de sí con deliberada lentitud sin apartar la mirada de la situación que se le presentaba frente a sus narices: Neji y Tenten no habían deshecho su juego de manos, que aún se mantenían entrelazadas fuertemente, y ese detalle no pasó desapercibido para Hiashi. El hombre carraspeó en un efectivo intento de cortar todo contacto corporal entre la kunoichi y su sobrino.
La morena retiró su mano a una velocidad envidiable, muerta de vergüenza por haberse mostrado así de cariñosa con su compañero de equipo delante de uno de los hombres más importantes de toda la aldea.
- Tenten, qué sorpresa encontrarte aquí. -habló el líder del clan, parado con su tan característica pose de espalda recta y manos apoyadas en su bastón. Era aquella forma que tenía de hablar, de actuar, de mantenerse erguido con la cabeza alta lo que le infundía tantísimo respeto a la muchacha y le hacía estremecer con tan solo escuchar que le hablaba. Si bien estaba más que acostumbrada a tratar con alguien tan estirado y frívolo como lo era Neji, aún no se hacía a la idea de tratar con su imponente tío.
- Buenas noches, Hiashi-sama. -saludó a su vez con un intenso tono rojizo recorriéndole las mejillas.- Solo quería saber cómo se encontraba Neji antes de irme a mi casa. Le agradecía todo lo que ha hecho por mí. -le explicó con aquella impulsiva necesidad de aclarar la situación de afecto.
El mayor tan solo se limitó a mirarla fijamente durante unos segundos que se le hicieron eternos antes de desplazar la mirada hacia el genio, que se mantenía sentado sobre la camilla con la cabeza gacha. El silencio se sumó a la incomodidad; ninguno de los presentes musitaba palabra, se movía y apenas respiraban hasta que la propia maestra de armas rompió tan delicado ambiente.
- Les dejaré a solas. -dijo, acercándose a la salida para abrir la puerta y detenerse bruscamente.- Recupérate pronto, Neji. -le pidió, dedicándole una cálida sonrisa para luego dejarles a solas.
Una vez fuera de la sala respiró una amplia bocanada de aire fresco tras pasar uno de los que podía jurar que había sido el momentos más incómodos de su vida. No obstante, no podía evitar sentirse dichosa y pletórica por haber logrado que el propio Neji la besase por segunda vez. Sonrió risueña sin apenas darse cuenta, y su cara de ensimismada enamorada se mantuvo durante todo el camino hacia su casa.
Mientras, en el interior de la habitación la situación no era mucho mejor. Desde que Tenten había abandonado la sala los ánimos se encontraban mucho más fríos y lúgubres que antes, sin que ninguno de los dos Hyûga moviese un solo músculo de su cuerpo: Hiashi seguí parado cerca de la puerta, guardando las distancias con un Neji cabizbajo y agotado psicológicamente. El cabecilla lo examinaba de arriba a abajo, observando su pálida piel, su alborotado cabello y sus labios mínimamente azulados. El joven había pasado por épocas mejores, eso estaba claro.
Tras un largo tiempo, Hiashi caminó para acercarse a la cama y sentarse en el sillón donde previamente había estado sentada Tenten. Carraspeó, en un vano intento de llamar la atención del chico, que ni siquiera se inmutó.
- ¿Cómo te encuentras, Neji? -preguntó con una voz tan profunda como preocupada. Él no era una persona que supiera cómo exteriorizar sus sentimientos de cariño hacia sus seres más queridos, nunca había sido capaz de mostrarlo y probablemente nunca lo haría, pero confiaba en que el chico supiese cuán cercano estaba de él. A pesar de ser su sobrino lo consideraba su propio hijo, lo había adoptado como tal tras el examen de chunnin y le había transmitido todos sus conocimientos en el campo de batalla, convirtiéndolo en uno de los shinobis más letales de toda la Villa.
- Cansado. -respondió con voz queda, vacía.
- Acudiste a salvarla. -no era una pregunta, sino más bien una afirmación.- Incluso a sabiendas de que ya no era tu misión.
- Era mi misión. Fui reemplazado por Meiko por órdenes expresas tuyas. -replicó el ojiperla, enojado ante la sola idea de haber dejado a su compañera de batalla desprotegida, formando equipo con una desconocida de la que apenas tenían información. Él debía haber estado allí, a su lado, cumpliendo con el objetivo de llevar a aquel Señor Feudal a buen puerto.
Neji dio por finalizada aquella conversación cuando se tumbó nuevamente sobre la cama, cerrando sus ojos en un vano intento de relajar tanto su cuerpo como su rostro, que se encontraban en un estado de tensión permanente fruto de tal incómoda reunión. Cuando Hiashi pensó en visitar a su sobrino no sabía que iba a resultar tan duro.
Se produjo un nuevo silencio en el que las arrugas de la anciana piel del mayor se hicieron más profundas.
- Esta situación me gusta tan poco como a ti. -se atrevió a decir.
El joven rió por lo bajo a la par que esbozaba una irónica sonrisa, demostrando de esta forma su desacuerdo con las palabras recién pronunciadas de su tío. Él no era quien iba a casarse con una completa desconocida, él no era quien iba a ser sometido por su propio padre ni mucho menos era él quien iba a evitar que esto sucediera.
Hiashi se dedicó a observar al muchacho sin pronunciar palabra ni mucho menos esperando recibir una contestación. Sus ojos fueron desde la herida que yacía en la parte izquierda de su pecho -fruto de la pelea con Kidomarou- hasta su frente desnuda, donde se detuvo a contemplar la insólita manera en la que el color verde de la marca maldita contrastaba con lo pálido de su piel. Aquella era la única herencia que su padre le había dejado: estar marcado de por vida por el simple hecho de ser hijo de un segundo hermano. Suspiró apesadumbrado ante la idea de que uno de los shinobis más experimentados y letales de la aldea fuera tan vilmente condenado de por vida.
- ¿Por qué? -inquirió Neji tras un largo rato de relajación y reflexión.- ¿Por qué mi padre me hizo esto?
El líder del clan dudó ante tal pregunta, sin saber qué decirle en un momento tan delicado.
- Es una historia muy larga y tediosa de contar. -respondió en un inútil intento de zafarse del tema.
- No me moveré de esta cama durante un par de días, así que tengo tiempo para atender a explicaciones. -insistió el muchacho, abriendo sus ojos para poder mirarle fijamente.
- Tengo que reunirme con el padre de Meiko para aclarar asuntos sobre este enlace, pero prometo responder a todas tus preguntas en cuanto te repongas.
El genio gruñó de mala gana, enojado al no recibir contestación alguna a la única pregunta que había formulado desde que se le comunicó su matrimonio concertado con aquella chica-gato. Hiashi se puso en pie con severidad, y posteriormente se dirigió hacia la puerta, donde se detuvo para mirar al chico.
- Neji. -le llamó, logrando que le mirase.- Ten cuidado con Tenten. Es una gran chica, pero la familia Satö puede considerarla como una amenaza para el enlace... y eso no es recomendable. -le advirtió, poniendo especial énfasis en la última frase de la oración. Acto seguido abandonó la sala, dejándole sumido en la mayor estupefacción posible.
¿Una amenaza? ¿No era recomendable ofenderles? Resopló ofuscado y confundido.
Había sido un día duro donde no había podido descansar como era debido ni un solo segundo, razón por la cual su cuerpo comenzó a pesarle más de lo debido hasta el punto de perder la conciencia de los segundos que pasaban. Las últimas palabras que había escuchado resonaron en su cabeza una y otra vez, una y otra vez hasta caer dormido.
¡Hola!
Bueno, sé que llevo muchísimo sin actualizar esta trama, pero he logrado sacar un poco de tiempo para escribir este nuevo capítulo.
Lo cierto es que tengo la intención de continuarla hasta el final, pero dudo de la acogida que puedan tener estos nuevos episodios, por lo que les lanzo esta pregunta: ¿Debería continuarlo? ¿Les interesa que siga escribiendo?
Sea cual sea la respuesta estaría muy agradecida si me dejáseis un mísero review para saber vuestra opinión.
Muchísimas gracias a tod s. ¡Un saludo y un beso enorme!
