—¿Así que vieron las heridas de la espalda, eh? No son nada agradables de ver, ¿a qué no? La primera vez que las miré me quedé de piedra y le pregunté cómo se las había hecho, pero no quiso explicármelo. ¿Y dices que Ranma las tiene igual? Bueno, es obvio que los dos fueron al mismo lado. ¿Y dices que su padre llegó cuando estaba a punto de decirte que les había pasado?

Akari había regresado a la ciudad y había quedado con Ukyo y Akane a salir para disfrutar sus últimos días de soltera. Habían salido de compras, ido al zoológico e incluso se disponían a ir a un night-club. Acaban de dar las ocho de la noche y querían divertirse.

—¿Así que lo espiaste en el baño? Lo sabía — contestó Ukyo con cara de satisfacción

—¡Yo no tenía esas intenciones! —le contestó Akane completamente airada, pegando las manos al cuerpo— ¡La única pervertida aquí eres tú!

—Sí, seguro…—la sonrisa de Ukyo se ensanchó aún más.

—No tienes de qué avergonzarte, Akane —opinó Akari, mientras le daba un lengüetazo a su helado de nuez- Todas hemos hecho lo mismo.

Las tres se veían espectaculares; aunque la que mejor se veía seguía siendo Ukyo, pues Akari y Akane se habían vestido algo conservadoras. Se detuvieron a degustar una malteada y siguieron platicando, ante la mirada resignada del heladero y la expresión arrebatada del hijo, que ya estaba bastante crecido como para sentirse atraído por tan atractivas muchachas. Dejaron el puesto y siguieron, adentrándose en una avenida llena de antros, buscando el más prometedor, viendo a uno y otro lado de la calle.

—¿Y entonces te vas a casar a lo tradicional? ¿Con un Kimono y toda la cosa? Eres la primera chica que he visto que quiere casarse de esa manera.

—Bueno, dado que soy heredera de la familia no puedo tomarme tantas libertades- contestó la novia de Ryoga— Mi familia tiene tradiciones que respetar….. En todo caso, la fiesta si será esplendida, una vez hayamos salido del templo.

—Pues yo opino que deberías casarte como quisieras. Es tu boda, después de todo —le contestó la Señorita Kuonji, que lanzaba miradas coquetas a todo mundo. Algunos jóvenes se detuvieron a contemplar a las tres amigas y admirar sus piernas bien torneadas. Pero ellas siguieron caminando, absortas en su conversación.

—Sí, pero la idea de casarme con un kimono en lugar de un vestido blanco no me desagrada en absoluto —le respondió Akari —Yo sé que a veces obedecer la voluntad de los padres es una lata y una molestia, pero en este caso quizás sea lo mejor.

Akane soltó una tosecita.

—¿Qué pasa, Akane?

—Nada, sólo un poquito de tos que me dio de repente… ¿Y a qué lugar iremos hoy? –preguntó Akane.

—No tengo la menor idea. Nunca he venido a ninguno de estos lugares—contestó Ukyo.

Las tres chicas voltearon a ver otra vez los locales abiertos frente a sus ojos. Todos parecían bastante buenos y ofrecían bastante variedad; a fuera de cada uno podía verse a todas las tribus urbanas de las que están compuestas las ciudades de Japón.

—-Creo que quizás nos estamos apresurando un poco—comentó Akane, nerviosa por las miradas de la que eran objeto las tres— No creo que entrar a ninguno de estos lugares sea lo correcto para una señorita.

—Y yo tampoco— terció Akari.

—Por favor, no tienen por qué sentirse apenadas —contestó Ukyo con un tono de voz que mostraba seguridad, mientras sujetaba a Akane del hombro y le sonreía—¿Porque no entramos a ese? Está muy limpio y tiene buena pinta.

Probaron suerte en la primera discoteca que vieron y entraron espectacularmente. Y en efecto: todos los hombres se les quedaron viendo.

—Oh, mierda. – exclamó Ukyo.

Parecía un lugar normal, con una pista, una barra y muchas mesas. Pero estaba llena de hombres, no muy agradables que digamos.

—¡Larguémonos de aquí!—propuso Akane, nerviosa.

Todos eran viejitos rabo verde que se parecían demasiado a Happosai. Las desnudaron con la mirada y de inmediato se lanzaron sobre ellas, haciendo que estas salieran lo más rápido posible, mientras Akane y Ukyo agarraban algunas sillas que encontraron en su camino a la salida y las esgrimían como sendos garrotes antidisturbios.

—Eso fue espeluznante— Akari no pudo evitar temblar estando fuera del alcance de los libidinosos sujetos— ¡Nunca me había pasado algo así!

—Pues a nosotros nos pasa bastante seguido— Ukyo había pisado un charco al salir y ahora se esforzaba en sacar el agua de su zapato—¿No es así, Akane?

Akane asintió y se acomodó el vestido.

—Como si no tuviéramos suficiente con el viejo enfermo de Happosai.

—Por cierto, ya no he visto al maestro. ¿Qué le pasó?-preguntó Ukyo.

—No tengo idea—contestó Akane —Sigue viviendo en el Dojo, pero no se ha dejado ver en semanas. Y siendo sincera, me alegra que sea así.

Ukyo no pudo sino estar de acuerdo. Desde que el maestro había desaparecido las chicas de la escuela se sentían más seguras que nunca.; las peleas de Ranma y Ryoga nunca fueron un problema comparable al del viejo.

—No nos demos por vencidas—les dijo Ukyo una vez las tres pudieron arreglarse la ropa otra vez—¿ Por qué no vamos a otro? La noche todavía no se acaba. ¡Salimos a divertirnos y diversión vamos a conseguir!

Ukyo soltó una carcajada. La verdad es que tanto Akane como ella habían salido para sentirse hermosas: Akane resentía que, a pesar de que Ranma se comportaba como un caballero después de ser reprendido frecuentemente por su madre y su katana- la katana mágica, en palabras de la propia Nodoka- Ranma la tratara más como una huésped que como una novia; Akane tenía serias dudas sobre si él la consideraba hermosa. Por su parte, Ukyo también tenía sus dudas, pues no soportaba perder ante un atractivo tan "modesto" como el de su amiga, así que buscó otro lugar que pareciera más adecuado y se los señaló; las chicas dudaron un poco pero al ver que al lugar entraban mujeres de la misma edad que ellas no lo pensaron más y entraron. Un guardia las recibió en la entrada y les permitió el acceso, no pudiendo evitar sentirse bastante satisfechas y lanzar sendos suspiros de alivio cuando notaron que el lugar estaba a rebosar y había gente de ambos sexos, todos muy jóvenes y divirtiéndose. Bajaron a la pista y empezaron a bailar; de inmediato un corillo de estudiantes empezó a acercárseles, asediándolas con cumplidos y preguntas que exigían más que una respuesta.

—¡Tienes unos senos hermosos!- le gritó una a Akane, imponiéndose sobre la música del lugar— ¡Ya quisiera que los míos fueran así!

—Ebh, gracias- contestó Akane sin saber que decir—Tu cabello también me gusta.

Akane trató de ignorarla y siguió bailando, pero la mujer se fue acercando poco a poco hasta que juntaron sus caderas y la extraña puso sus manos sobre los glúteos de la menor de las Tendo.

—¡¿Pero qué demonios estás haciendo?!

Las otras muchachas se alejaron sorprendidas. La mujer se iría apenada y Akane, Akari y Ukyo empezarían a bailar otra vez. Pero como si de una señal se tratase, a ellas se empezaron a acercar toda clase de mujeres, desde chaparras y gráciles como gacelas hasta fornidas y mal encaradas como luchadores de sumo.

—¿Qué demonios está pasando aquí? –preguntó Ukyo, un poco nerviosa, después de un rato de encuentros desafortunados —¿Por qué se nos están acercando tantas chicas?

—A lo mejor sólo tratan de ser amables—comentó Akari.

Pero volvieron a llegar más mujeres. Una de ellas se le acercó a Akane y le susurró al oído.

—Déjame hacerte conocer el paraíso….

—¿Acaso tengo pinta de lesbiana? —gritó Akane, perdiendo la paciencia—¡Déjenme en paz!

Las demás mujeres a su alrededor se alejaron al percibir la agresividad de Akane y se pusieron a cuchichear entre ellas.

—Otra que todavía no acepta su sexualidad…..

Una gota de sudor resbaló por la nuca de Akane. Que Ranma acostumbrara a decirle marimacho ya era una cosa bastante molesta, pero esto….

—¡¿Qué parte de "No soy lesbiana" —Akane se interpuso entre ambas amigas, arrancándoles una de mirada de terror —no entienden?!

—Pues si no eres lesbiana que rayos haces aquí, perra?- le contestó una mujer detrás de ella, escupiendo en el suelo y alejándose—Si estás aquí…..

Nuestras tres heroínas se miraron la una a la otra.

—¿Qué quiso decir?

—¿Será que nos hemos vestido demasiado provocadoramente? –preguntó Akari, revisándose el vestido—A lo mejor…..

—Pero eso tendría que jugar en nuestro favor! —protestó Ukyo, aunque incluso ella se sentía inquieta—Quizás…

Ukyo se acercó coqueta a un hombre que estaba sentado en la barra e inclinó su pecho hacia él.

—Eh, guapo—ronroneó Ukyo de una forma que habría aprobado Shampoo—¿ Me invitas una cerveza?

El hombre le dió la espalda y contestó de manera seca.

—No me gustan los transexuales.

Ukyo no dudó en un hundirle su puño en el estómago. Akari la tomó del hombro y la obligó a voltear. Ukyo movió su cabeza y pudo ver que los hombres que antes estaban bailando ahora se abrazaban y besaban apasionadamente.

El alma se les calló a los pies.

—No me jodas. Esto es….

—Akane, eh, —una voz en su espalda titubeó un momento mientras un brazo sujetaba a Akane por el hombro—¿Qué haces en un bar gay?

Akane tiró un golpe y un hombre cayó al piso. Akane lo levantó agarrándolo por la camisa y se dispuso a tirarle otro puñetazo, pero cambio de opinión en cuanto reconoció al pobre sujeto.

—¡Gosunkugi! ¿Estás bien?

El chico tosió un poco y se incorporó lo mejor que pudo.

—Eso creo—el golpe de Akane había sido relativamente leve, pues de lo contrario el chico hubiera terminado en el hospital, dada su complexión delgada—¿Qué hacen ustedes aquí? Cuando Saotome te decía marimacho, no pensé que fuera por esto…..

Gosunkugi se le había acercado un poco más y ahora las miraba incrédulo. Estaba vestido de manera muy sencilla y tenía la cara cubierta de sudor, mientras no dejaba de mirarlas, completamente nervioso.

—¡Solo entramos aquí por error! —contestó Ukyo.

—Sí, ya, por error….- Gosunkugi no parecía muy convencido.

—¿Pues quien crees que somos? —exclamó Ukyo de muy mal humor —¿Lesbianas?

Gosunkugi bajó la cabeza.

—No pretendía ofenderlas, Akane—Gosunkugi se disculpó—Lo siento mucho.

—No, perdónanos tu a nosotras—Akane se acercó a él y puso una mano en su pecho—No debimos haberte gritado.

—Ni Akane haberte pegado.

Se miraron la una a la otra.

—¿Y tú qué haces aquí? —Ukyo quería tomar las riendas de la conversación—¿Viniste a divertirte?

—Trabajo aquí.

-¿Aquí? —comentó Ukyo, sorprendida—No sabía que tenías esos gustos…

—¡Sólo trabajo aquí, lo juro! —el muchacho alzó las manos —Acabo de terminar mi turno y al verlas decidí abordarlas…. Me llevé una sorpresa mayúscula. No esperaba ver a ninguna aquí. ¿Y usted quién es?

—Akari Unryu, mucho gusto. Y usted es…

—Hikaru Gosunkugi, para servirla. Soy…

—El enamorado de Akane.

—¡Ukyo!

—¡Eso no es cierto!—se defendió Gosunkugi, que enrojeció hasta la medula—Soy solo un compañero de salón. Eh, esto….. ¿Tienen hambre? Puedo conseguirles algo de comer…

—Si no te importa, nos gustaría salir de aquí cuanto antes—contestó Ukyo, sin prestar atención a que el chico se había dirigido a Akane y no a ella—No quiero pasar ni un minuto más en este lugar.

Salieron a la calle y les dió un escalofrió: el aire se había puesto húmedo y hacia mucho viento. Iban las tres rodeando a Gosunkugi, que no podía creerlo.

"Hoy es mi día de suerte", pensó. "Estoy rodeado de tres beldades, incluida la novia de Ranma. Chúpate esa, Saotome!"

—¿Y si las llevo a otro lugar? —sugirió él. —Conozco lugares muy buenos por aquí, digo, si quieren….puedo llevarlas a uno de ellos— Hikaru empezó a jugar con sus dedos —Ya que quieren divertirse….

Las mujeres estaban tan desencantadas con sus anteriores intentos que aceptaron sin dudar. El joven sonrió para sus adentros y las condujo a un lugar de poca monta pero muy cómodo a 5 cuadras de ahí; una vez en la entrada -como si el cielo le sonriera- empezó a llover, por lo que los 4 no tendrían más opción que quedarse ahí un rato hasta que terminara el chaparrón. El lugar era más que nada un karaoke, así que Gosunkugi las condujo dentro y el capitán de las meseras se les acercó. Reconoció al chico inmediatamente y le preguntó con tono jovial:

—¿Gosunkugi, que haces aquí? ¿Y quiénes son estas señoritas?

—Son amigas de mi escuela.

"Si como no, amigas… "—el capitán esbozó una sonrisa y los atendió de forma atenta—¿Quieren que les traiga algo?

El Capitán les mostró un privado y se acomodaron alrededor de la mesa. Gosunkugi se acercó a él y le susurró al oído:

—¿Nos puedes servir bebidas?

Este se alejó de él y se le quedó mirando.

—Se perfectamente que no tienes 20.

—Hazme el favor, no seas así —le rogó Gosunkugi — Es la primera vez en mi vida que salgo con tres chicas a la vez, por no decir al menos una…..

"Una que al menos esté viva" pensó.

—Pues ya qué…—repuso su amigo, comprendiéndolo- —Pero me debes una.

Hizo una seña y una mesera se les acercó con la carta, que dejó sobre la mesa. El capitán los dejó solos y las chicas empezaron a revisar las cartas, pero Gosunkugi dejaría la suya sin abrir y se dirigió directamente a la mesera.

— A mi sírvame un mojito, por favor.

—¡Gosunkugi! —exclamó Ukyo escandalizada —Aun no tienes la edad!

—No te preocupes Ukyo. Conozco al capitán. ¿Ustedes no quieren pedir algo? Digo, ya que yo invito….

—Que Nabiki no te oiga hablar de esa forma—comentó Akane con una sonrisa—O si no…

Gosunkugi se estremeció visiblemente. Akane se le acercó y le dio una palmada en la espalda.

—No te preocupes, sólo lo decía en broma.

Gosunkugi suspiró aliviado. No había siquiera terminado de pagarle lo que le debía a Nabiki y no quería ni pensar en lo mucho que se complicaría su vida si lo oía. La mesera llegó y el chico apuró su trago, tratando de impresionar a Akane. Como fuera, el alcohol bajó por su garganta y el impacto lo hizo toser, haciendo que Akane lanzara una mirada de preocupación.

—¿No será que quieres emborracharnos con propósitos inconfesables? –preguntó Ukyo con una sonrisa, mientras agarraba un vaso y le mostraba como se tomaba—Pervertido.

—Gosunkugi sería incapaz de algo así—contestó Akane, pasando uno de sus brazos sobre la espalda del chico —Siempre ha sido amable conmigo.

Este sintió como su estómago saltaba al oír como ella se ponía de su lado.

—Gracias por la confianza Akane.

—Pffffff—bufó Ukyo en señal de protesta—Como si no hubiera comprado las fotos que le vendía Nabiki.

—¡¿Es cierto eso?!

Gosunkugi estuvo a punto de salir corriendo. Puede que Saotome pudiera soportar los golpes más que frecuentes de su loca amiga, pero el dudaba que siquiera pudiera soportar uno sin tener que usar una silla de ruedas durante los siguientes seis meses.

—Eh, yo, este….Sólo quería evitar que las demás las compraran.

-En el fondo eres un buen chico, Gus—el cumplido de Akane por poco lo deja en el piso—Pero Nabiki siempre guarda los negativos, así que de nada hubiera servido de todas formas.

"Y bien que lo sé" pensó para sí mismo el chico "Solo desearía nunca haberme endeudado con ella"

La mesera volvió a acercarse a ellos, y Gosunkugi volvió a pedir otra bebida. Ukyo, como fuera, no iba dejar de divertirse a su costa, así que cuando la mesera regresó con los tragos que se le habían pedido, Ukyo extendió el brazo e impidió que la chica pudiera servir los tragos.

—Quizás debería sólo darle una sangría—repuso esta con una sonrisa maliciosa—No creo que pueda aguantar un coctel tan fuerte como ese otra vez.

Gosunkugi no tuvo tiempo para sonrojarse; agarró la bebida que a la mesera sostenía en vilo y la vació de un trago. Como fuera, el licor si era demasiado fuerte para él, por lo que empezó a toser incontrolablemente mientras el alcohol bajaba por su garganta.

—Te mostraré como se hace—Ukyo sujetó el otro caballito y lo vació—¿Ves? Así es como se tiene que….

—Ukyo, no tenías que hacer eso—una Akane preocupada trató de ayudar a la cocinera de Okonomiyakis mientras esta luchaba por recuperar el aliento—Ese bebida era demasiado fuerte aún para ti.

—¿Ah, sí?—Ukyo no iba a darse por vencida tan fácil— Al menos yo pude aguantar tres. ¿Cuántas podrías aguantar tú, Akane?

La menor de los Tendo soltó a Ukyo y se cruzó de brazos.

—No tengo que competir contigo en una competencia tan estúpida—repuso enfadada— No pienso ponerme borracha.

—Akari ya tomó cuatro—le contestó Ukyo, como quien no quiere la cosa, mientras hacia un esfuerzo por levantarse—Akane.

Akane volteó a mirar a la prometida de Ryoga, que la miró penosamente y le sonrió.

—Dame eso—Akane le arrebató a Ukyo la bebida que cargaba en la mano—¡Les mostraré como se hace!

Media hora después, las tres amigas habían prendido el karaoke y habían empezado a cantar algunas canciones a voz de cuello. Siguieron ordenando bebidas hasta que la hermosa voz de cada una de ellas empezó desafinar en sus gargantas; y con cada bebida se tornaban más confianzudas, hasta que las tres empezaron a cantar borrachas agarradas del cuello de Gosunkugi. Sin embargo, llegó el momento en el que ya ni siquiera podían seguir cantando y dejaron el control sobre la mesa para empezar a contarse una a otra sus penas. Akane se preguntaba a qué universidad iría, mientras que Ukyo se preguntaba si le convenía entra a alguna como planeaba hacer Akane o si debería seguir en el restaurante.

—Es que la verdad no sé qué hacer—había dicho Ukyo—Si atender la escuela mientras manejaba el negocio era extenuante, no quiero ni imaginarme como seria atender la universidad al mismo tiempo; será una pesadilla. Aunque quizás—Ukyo se llevó una mano a la barbilla—podría convencer a Ranchan de …

—¿De qué?—preguntó Akane, azotando el vaso sobre la mesa—¿Qué tienes planeado, Ukyo?

—Nada—contestó esta, volteando la cabeza hacia otro lado— Por ahora.

Akane la miró furiosa, pero optó por volver a llenarse el vaso y vaciarlo de un trago. Empezó a hacer pucheros y volteó a ver a Ukyo con una mirada recriminatoria.

—Eres una perra Ukyo, hic! —hipó Akane, molesta —Siempre intentado robarte a Ranma. No puedo ni bajar la guardia ni un minuto porque siempre estás ahí intentando seducirlo. ¿Crees que no me he dado cuenta que querías que hiciera algo inapropiado para írselo a contar a Ranma? —Akane vació su vaso otra vez y lo puso sobre la mesa con un golpe —Eres una mal.. mal… una malvada.

—Tú también eres una perra, Akane chan—dijo Akari dándole vueltas a su margarita— A veces pienso que el corazón de Ryoga aun te pertenece. Y encima dormías con él —Akari tomo un trago muy largo —Y para colmo lo bañabas.

—Pero yo no tengo la culpa— la novia de Ranma trató de defenderse— Ni siquiera sabía que estuviera enamorado de mí, o que él fuera Pe chan.

—Por favor Akane— gruñó Ukyo— Nadie es tan tonta…. Además, ¿Cómo es posible que no te hayas dado cuenta que él era Pe chan? ¡Todo mundo lo sabía!

—No es cierto!—bramó Akane—¡Además, eso fue culpa de Ranma por no haberme dicho nada!

—No te metas con Ranchan, maldita —hipó también Ukyo, dándole un golpe a la mesa con el puño— Lo adoro más de lo que tú podrías llegar a quererlo y si se presenta la oportunidad lo seduciré. Creo que es justo que lo sepas.

Akari esperaba que Akane se lanzara sobre Ukyo, pero para su sorpresa, la menor de las Tendo se limitó a entrecerrar los ojos y dedicarle una sonrisa.

-Estoy perfectamente enterada de eso, Ukyo. ¡Maldita pe%^$!

Akane agarró la cabeza de Ukyo y la estrelló contra la mesa.

—¡Te vas a arrepentir! —exclamó Akane, en una actitud menos propia de ella que de Tsubasa— ¡Deja a Ranma en paz!

—Basta! —gritó Akari, espantada ante la violencia de Akane —¡Las amigas no deben pelearse así!

A Gosunkugi por poco le dió un infarto cuando vió a Akane golpear a Ukyo con la mesa, pues a él lo harían responsable y no tenía suficiente dinero para pagar los daños. Pero un segundo después estaban Ukyo y Akane agarrándose de las mejillas y llorando juntas.

—Perdóname Ukyo, tu siempre has estado al lado de Ranma cuando le he faltado yo….

—No, perdóname tú, Akane; sé que él te quiere a ti…. Pero es que yo lo amo tanto….-Ukyo empezó a hipar incontrolablemente, mientras se agarraba las lolas- Me gustaría tener los senos así como los tuyos, porque a él siempre le han gustado las de senos pequeños…..

—Ukyoooooo—-empezó a gruñir Akane con aliento de borracha, pero Gosunkugi la detuvo.

—Espera Akane— Gosunkugi no quería que Akane se enojara y terminara destruyendo el local y pensó qué hacerlas seguir bebiendo era la mejor opción que tenía — ¿No quieren otra bebida?

—¡Mis senos no son pequeños, son normales! — Akane no le prestó atención—¡¿Oíste?¡ ¡Normales!

Gosunkugi llamó a la mesera y le pidió más tragos. Cuando la mesera llegó con las bebidas este le tendió una a Akane, que se la quitó de la mano y la bebió enojada.

—Gracias Gosunkugi, eres muy amable –Akane trataba de controlarse mientras trataba de ser cortés con su amigo— Soy muy afortunada de tener un amigo como tú.

Las mejillas de éste se pusieron rojas. Pero Ukyo repuso:

—Oh, vamos Akane…. —bufó Ukyo, sin prestarle atención al beso amistoso que Akane le había dado en la mejilla a su amigo—Todas sabemos que Gosunkugi también está detrás de ti.

—Eso no es cierto… Gosunkugi es solo un buen amigo, no es así? —le preguntó ella con una sonrisa.

Este asintió, pero Ukyo no se rindió. Alzó los dedos y empezó a contar:

—¿Recuerdas el Osito de peluche sin nota que estaba sobre tu pupitre? ¿Las flores y las rosas sin tarjeta? ¿Los chocolates? —Gosunkugi se iba poniendo cada vez más rojo a medida que Ukyo iba enumerando tales cosas— ¿La muñeca vudú?

—Es cierto eso Gosunkugi? —le preguntó Akane mirándolo a los ojos, haciendo que este temiera por su vida—¿Una muñeca vudú?

. Este no se atrevió a negarlo y asintió.

—Yo también te quiero, Akane chan.

—Oh, Gosunkugi, eres tan tierno….-Akane había olvidado por un momento su furia y un sentimiento de pena nacía de ella —Pero yo solo puedo tenerte como amigo….

Sin haberse dado cuenta en la pantalla del televisor el karaoke había salido de las canciones japonesas y pasado al de las canciones extranjeras.

"Quiero ser tu amigo nada más…

Quiero ser tu amigo nada más… "

Gosunkugi se sintió como si le hubieran echado una cubeta de agua helada. Pero Ukyo se acordó de algo.

—Oye Gosunkugi…

Ukyo se llevó una mano al pecho y puso la voz más seductora que pudo.

—¿Te parezco hermosa?

Gosunkugi tragó saliva.

—Mucho, Ukyo chan.

Esta le dio tal palmada en la espalda que éste no tuvo más remedio que toser por el golpe y escupir su bebida.

—Sabía que ese cretino era gay — Ukyo se sentía satisfecha con su orgullo restaurado —¡Otra bebida!

Al otro lado de la calle y sin estar consciente de la cercanía entre ellos, un joven chino- no tan joven ya- conocido por todos entraba a un bar de muy dudosa reputación. En realidad, no era solo un bar; era uno de esos lugares conocidos como Soap land, donde la prostitución se protege de la ley con un tecnicismo legal. Por supuesto, el lugar era de lujo, pues al estar en una zona de antros tenía que tener buena presentación, así que no era un agujero. El joven se dirigió al mostrador y encaró al empleado:

—Quiero el servicio doble.

El encargado le dió unos boletos sin siquiera pedirle una identificación. El lugar era esplendido, muy lujoso, y estaba dividido en privados y cuartos más o menos grandes. Del otro lado del edificio se hallaba un night-club con table dance, y ambos negocios estaban conectados entre sí por un pasillo. Mouse buscó el número de su boleto y entró a uno de los cuartos.; ahí lo recibieron dos mujeres de Satsuma vestidas a la tradicional, maquilladas y vestidas con kimonos, uno purpura y otro rojo, respectivamente. El joven se desvistió, entró a la bañera -que ya tenía agua caliente dentro y despedía una fragancia a lilas muy bonito- y procedió a relajarse. Mouse hizo un gesto y las mujeres dejaron caer los kimonos desde sus hombros; caminaron y entraron a la bañera. Luego, a otra señal de él se colocaron a ambos lados y empezaron enjabonar y tallar su cuerpo, apapachándolo. No hicieron preguntas sobre las marcas en el pecho de Mouse; no era su trabajo hacerlo. Este no traía heridas como las de Ranma y Ryoga, pero aun así tenía, y nadie se había dado cuenta porque en realidad a nadie le importaba, sólo a su madre. Se recostó sobre el borde del Jacuzzi y disfrutó del vapor y de sus dos atentas compañeras, que pasaban sus manos por su espalda y sus labios por el cuello.

—En verdad son ustedes únicas.

Las chicas no parecieron reaccionar al cumplido y permanecieron así un rato. Mouse pidió alcohol y las mujeres le dieron tragos por turnos, hasta que poco a poco fue perdiendo la conciencia y se encontró tarareando una tonada cuyo nombre no podía recordar. Cuando se cansó de tantos arrumacos, salió de la bañera y empezó a secarse: la mujer del Kimono rojo lo siguió y puso sus pechos contra su espalda, mientras la que había tenido el kimono purpura se arrodillaba enfrente de él.

—Eso no es necesario— Mouse negó con la cabeza—Pueden irse.

Ambas se le quedaron mirando por un momento, desconcertadas; al final entendieron, y se pusieron enfrente de él. Éste se vistió y sacó de su hakama un fajo de billetes que repartió entre una y otra. Estas inclinaron la cabeza, se vistieron y se retiraron de la habitación. El veterano miró como ambas se alejaban moviendo las caderas y soltó un suspiro.

Mouse había venido haciendo lo mismo desde que había llegado a Nerima después de su ausencia. No sabía que lo detenía para consumar el acto, pero definitivamente no era el amor a Shampoo, pues no podía perdonarle su actitud tan fría y distante que había tenido con él. Suponía que era la promesa a su madre, pero no estaba muy seguro. De todas maneras le daba igual. Se vistió, usó el pasillo y pasó al Night-club, donde pidió más alcohol y se quedó en una de las mesas apartadas del bullicio. Una a una se fue empinando las botellas, y de sus labios salía una letanía:

Dicen que soy un payaso, porque estoy muriendo por ti, y tú no me haces ni caso….

—Dicen que soy un payaso, porque toda mi ilusión, es tenerte entre mis brazos…

Mouse hipó y se acomodó sobre su asiento. No podía recordar dónde había escuchado la canción, pero le parecía que le venía como anillo al dedo: este era uno de los días en los que se sentía melancólico y triste, y no podía evitar mirar atrás. Su corazón sangraba. Le hubiera gustado que alguien lo hubiera aconsejado….aunque sea recordándole que no podía perder la dignidad por una mujer.

Apuró otro trago, y pensó – como había hecho durante los primeros años de guerra- en los golpes de la Amazona, en sus sonrisas frías, en su desprecio y en su actitud sarcástica para con él. Su amor había sido incondicional, y algunas personas allá en casa lo alababan por eso; pero tales personas pasaban por alto que un amor como el suyo podría degenerar en odio, pues la pasión y el despecho inflamaban e intoxican la mente tanto como el alcohol.

Dicen que soy un payaso —tarareó para si —porque por culpa de tu amor, voy de fracaso en fracaso

Dicen que soy un payaso, que va buscando valor, en el fondo de los vasos

Y sí, la mayoría lo consideraba un perdedor. Y no cualquier perdedor: Uno muy estúpido y casi ciego. Cuando había llegado a Nerima en compañía de esos dos, y Shampoo le había pedido que se casara con él- por despecho - , él le había sonreído. Había tenido ganas de agarrarla por el cabello y quitarle esa cara falsa a puñetazos, rasgar su falda, romper su ropa interior y y violentarla ahí mismo; pero no iba a ponerle le mano encima a ninguna mujer después de haber visto personalmente los horrores que los japoneses habían desatado sobre las mujeres chinas durante la guerra. Y aunque no quería admitirlo, al ver sus hermosos ojos color rubí había tenido que reconocer muy a su pesar que si existiera la más mínima posibilidad de enamorarla, la tomaría. Había rechazado la oferta de Shampoo, pues había madurado lo suficiente como para saber que es muy estúpido el que se casa por despecho, y más estúpido aun quien se casa con una mujer despechada. Mouse también tenía dudas; no sabía si en el matrimonio se comportaría como un caballero o si desataría todas sus tensiones sobre su mujer, castigándola como ella lo había castigado a él todos estos años. Poco antes de que Ranma llegara diciéndole las intenciones de Shampoo sobre querer tener un hijo con él, Mouse se había encerrado dos días y tratado de poner orden en su cabeza. Los hombres también pueden actuar por despecho; y se tuvo que dar cuenta que su actitud de enamorado incondicional había jugado en contra suya todo ese tiempo. Ella lo trataba mal porque siempre volvía.

Durante la guerra, arriesgando su vida por China, había abandonado tal actitud y había conocido muchas mujeres, que lo admiraban y querían por quien era. Ninguna de ellas tan bonita como Shampoo, pero todas más amables, cariñosas y atentas. Él se había sorprendido, pues había dedicado tanto su vida hacia la caprichuda joven que no se había dado cuenta de lo atractivo y apuesto que era, teniendo su autoestima por los suelos. Así que le había encontrado el gusto a los apapachos de las mujeres y se había vuelto dependiente de sus cariños. Recordó aquella vez en Wuhan, cuando una de las guerrilleras lo había besado sin importarle la mugre y el aceite que cubrían su cara, pensando que moriría. O aquella vez que lo recibieron como a un héroe después de ….

Mouse apuró su copa. Le gustaría que fuera Shampoo quien lo abrazara y acariciara y no dos mujeres a las que tuviera que pagar por ello. Por mucho que se dijera a si mismo que el amor que tenía por ella había muerto y otro nuevo pero más práctico y cínico había surgido, había días en los que regresaba a ser el mismo idiota de siempre.

Mouse miró por un momento al fondo del establecimiento, y esbozó una sonrisa. Sacó su teléfono y marcó el número de su anterior enemigo.

—Saotome, tienes que venir.

La voz de Ranma al otro lado de la línea se oyó molesta.

—Es una broma, ¿verdad? —preguntó su interlocutor— ¿Sabes lo tarde que es?

—Ven—repuso Mouse— Te conviene. La dirección es… Y trae una cámara.

Colgó, y vió como las dos chavas que lo habían atendido se acercaban a él, agarrándose de las caderas y sonriéndole, coquetas.

—¿Sigues buscando compañía?

Un joven melancólico que no estaba interesado en el sexo siempre es un buen cliente.

El joven asintió y ellas se sentaron al lado de él.

—Pero no de ustedes.

Las mujeres se levantaron decepcionadas. Mouse vió como movían las caderas al alejarse de él y gritó:

—¡Más sake!

Una de las meseras lo oyó y de inmediato le sirvió. Mouse se dió por satisfecho y le dió una buena propina, lo que hizo que la mesera lo visitara periódicamente para llenarle el vaso cada vez que lo terminaba. Mouse se quedó dormitando, hasta que después de un rato que no pudo precisar llegó Ranma. Este vió el lugar y tuvo sus dudas, por lo que entró lo más rápidamente posible y empezó a buscar al chino con la mirada. Este le hizo una seña y Ranma se acercó a él.

—Mira cómo estas, Mouse … completamente borracho. ¿Qué diría Shampoo?

—Que diga lo que quiera, no es mi novia, ni mi amiga ni nada… —contestó el joven con amargura —¿Trajiste la cámara?

—Sí, la traje—contestó a su vez Ranma —¿Pero porque me pediste que viniera aquí?—el chico empezó a mirar a todos lados con nerviosismo, esperando ver alguna cara conocida —No es un lugar muy apropiado que digamos.

Mouse sonrió y le contestó:

—No lo será para alguien que está comprometido, pero para un pobre diablo que reniega de su amada lo es. Siéntate.

—Genial, estoy en un antro en compañía de un borracho y un montón de bailarinas—refunfuñó Ranma —Si no me dices para que me llamaste, me voy —Ranma fue tajante—Si Akane se entera que estoy aquí es capaz de matarme, o peor aún, es capaz de….

—¡Ranma Saotome, siéntate y presta atención a lo que voy a decir!—Mouse lo jaló del brazo y dirigió la vista a un lugar en el vacío donde evidente no estaba su interlocutor, cuya cara estaba a su lado, no frente a él—¡Deja de portarte como la niña que eres la mitad del tiempo y observa!¡Más sake!

La mesera acudió pronta y llenó el vaso de Mouse, que ignoró las ganas que tenía éste de matarlo. La chica saludó a Ranma y le ofreció alcohol, pero Ranma negó con la cabeza. La mujer se retiró y Ranma pudo darle al fin un buen vistazo al lugar: al fondo pudo ver mujeres en toda clase de trajes y vestidos, mientras una tras otra subía a la barra y empezaba a bailar sensualmente.

—Eh, Mouse—Ranma tronó sus dedos al ver que el chico pato seguía mirando al mismo punto y no tenía sus lentes—Estoy aquí

La mesera regresaría con una bandeja llena de botanas. Ranma se sentiría incomodo mirando a Mouse.

—No me mires a mí, idiota —le dijo este —Mira a las chicas.

—Me largo —Ranma se levantó de la mesa —No tengo ningún deseo de estar con un borracho y ver un montón de..

Mouse le apretó el brazo y lo obligó a mirar hacia la barra. Sobre esta y agarrándose a un tubo, se hallaba bailando una hermosa mujer vestida de colegiala mientras los hombres la vitoreaban y los más cercanos le metían billetes en las medias. La mujer se inclinó sobre ellos, y los ojos avizores de Ranma la reconocieron al instante.

—¡¿ Nabiki?!

La mercenaria se llevó las manos a los pechos mientras bajaba el torso y movía las caderas. Sacó una paleta de sus medias y empezó a chuparla, con una mirada coqueta. Todos los vejetes- y otros no tanto- le aventaban billetes, o papelitos con sus números telefónicos, mientras Nabiki les sonreía a todos ellos. Agarró una botella de una de las mesas de alrededor y se acercó a uno: la descorchó, metió su pie en la boca del sujeto y dejó que el alcohol se deslizara hasta la boca del viejo, que esperaba abierta y complaciente. La multitud la vitoreó salvajemente cuando la botella se acabó, Nabiki se agachó y empezó a contonearse mientras recogía el fruto de su trabajo.

—¿Ves para que quise que trajeras la cámara?- le dijo Mouse con una sonrisa—Ahora podrás devolverle todas las que te ha hecho…Y ten cuidado con los guardias, este es un antro muy bien vigilado. ¿Quién diría que llegaría el día de la Venganza?

5 minutos después Ranma había grabado el video más comprometedor en la vida de Nabiki. Se dió por satisfecho y se despidió de Mouse, pero una mujer se les acercó; una mujer que no parecía enteramente japonesa, a decir verdad.

—Mouse, por el amor de dios, ¿estás borracho? —le preguntó la chica con dulzura—¿ Que diría…?

—¿Es que ustedes se pusieron de acuerdo, o qué?- contestó molesto el chino —¿Qué se supone que quieren que beba en un night-club, agua?

La chica lo miró con cara reproche. Luego cambió su expresión.

—Tienes razón—concedió la chica—¿Quieres más sake?

—Me encantaría.

—¿Quién es tu amigo? —preguntó la mujer, coqueta, mientras le servía mas de beber a su amigo—¿Cómo se llama? Es la primera vez que te veo acompañado…..

—Selene, él es mi archirrival Ranma Saotome —los presentó Mouse —Ranma, esta es Selene Yoshiwara, la mejor dama que encontraras al Oeste de Tokio.

—Encantado de conocerla, señorita.

—El gusto es mío—contestó la joven, mirándolo fijamente a los ojos—Me da gusto ver que Mousse tenga amigos con los que divertirse.

A Ranma le dio la impresión de que había visto esos ojos antes alguna vez, pero no pudo recordarlos. La chica era tan chaparra como Akane, pero en sus ojos tenía la astucia de Nabiki. Tembló.

—¡¿Acaso quieres decir que no tengo amigos?!

—Si—contestó la chica con desfachatez, ignorando la cara que había puesto su amigo—Había empezado a pensar que no tenías amigos en absoluto.

Mouse pasó un brazo por encima de Selene y la atrajó hacia sí.

—Eres muy cruel, hermanita. ¿Te quedarás a hacernos compañía? — le preguntó Mouse.

—¿Me vas a pagar? —le contestó la chica, desenfadada.

Mouse puso cara de disgusto, pero sacó un fajo de yenes. La mujer se los metió en el brazier y le dedicó una sonrisa.

—No me malinterpretes— la chica le dió un beso en la mejilla —Me agradas. Pero vivo de esto, Mouse.

—Lo sé —contestó este —Perdona, la culpa es mía. Es tu trabajo.

—No te sientas mal, mi patito feo —Selene puso una mano bajo la barbilla del chico —Si quieres, podemos divertirnos en cuanto acabe mi turno.

Ranma se quedó sorprendido y tiró el café que había estado tragando encima de la mesa.

—¿Sabes lo de la maldición?

—Lo sé desde que lo conocí —la chica se encogió de hombros —Además, he visto cosas peores. Una vez llegó un tipo que se transformaba en algo parecido a un toro con alas; tenía los gustos de un cerdo.

Mouse y Ranma soltaron una carcajada. Ranma no sabía que le asombraba más; que la chica conociera lo de Jusenkyo o que Mouse frecuentara lugares como ése. Pensó que tenía sentido; cinco años alejado de casa en medio de un conflicto mundial y regresar a casa para encontrarse con una mujer que lo despreciaba no era un buen aliciente para nadie. Al menos el no necesitaba rebajarse a frecuentar lugares como ése, pensó con orgullo. Mouse le ofreció su vaso a la joven y esta se lo bebió de un trago.

—Eres muy hermosa, Selene—Mouse acercó sus labios a la cara de esta—Amiga.

El chico besó la frente de la chica, pero esta se mostró decepcionada por la mesura del joven y sujetó su cabeza entre las manos.

—Cuando beses a una chica mínimo tiene que ser así—la chica se acercó aún más a él y lo besó en la mejilla, haciendo un sonido de succión—¿Ves?

Ranma se levantó de la mesa.

—Gracias por la información Mouse. Como sea, tengo que irme.

—¿No quieres quedarte? Yo invito.

Mouse señaló las copas vacías que yacían apiladas en la mesa. Ranma negó con la cabeza y se dispuso a salir; se despidieron y Ranma se tapó el rostro para que nadie lo reconociera. Avanzó hacia la puerta, pero vió que había empezado a llover y se quedó esperando un taxi, pero una mano grácil lo detuvo. Por un momento pensó que Nabiki lo había descubierto, pero una voz lo sacó de dudas.

—¿Ranma, me puedes ayudar?

Yoshiwara había aparecido detrás de él y lo jalaba de regreso hacia el local.

—Me tengo que ir— contestó este, tratando de eludirla lo más pronto posible-una mujer en minifalda y con orejas de conejita sin duda levantarían la furia de Akane-pero la joven no se dió por vencida—Mouse se acaba de desmayar y mi turno todavía no acaba —le explicó la joven— Si pudieras llevarlo al médico….

Ranma entró otra vez al antro y encontró a un Mouse inconsciente sumergido en su propio vómito. Lo levantó en sus hombros y la joven lo miró agradecida; esta sacó el fajo de billetes que le había dado el chico un rato antes y se lo ofreció a Ranma.

—Para el doctor.

Ranma movió la cabeza y la chica se guardó el dinero otra vez.

—Gracias por avisarme.

—No es nada—la mujer movió los hombros—En realidad, soy yo la que debería agradecerte. Él es un buen tipo, cuida de él, ¿sí?

A Ranma le extrañó ese comentario. Las mujeres que trabajaban en esos lugares no les tenían lastima a sus clientes, les tenían desprecio.

—¿Cómo conociste a Mouse?

—Esa es una historia que tendré que contarte otro día —contestó ella- Ahora me tengo que ir.

La mujer hizo ademán de besarlo en la mejilla, pero Ranma negó con la cabeza. La mujer comprendió y se despidió inclinándose. Ranma se quedó esperando un taxi pero aprovechando que había dejado de llover se alejó con Mouse en la espalda y se fué; pero para su desgracia el chino empezó a vomitar otra vez, esparciendo liquido por toda su camisa.

—¡Deja de vomitarme encima, idiota! – le gritó éste, pero por toda respuesta el chico volvió a lanzar otra descarga—¡Maldición!

Ranma le dió tal golpe que lo mando a volar.

—¡Así llegaremos más rápido!

Se quitó la camisa llena de vómitos y apresuró el paso. Ya en su casa, recogió a Mouse del piso, entró al baño y lo metió en la bañera. Se puso unos guantes y empezó a tallarlo con un cepillo, mientras maldecía cada cinco segundos.

—Maldita sea, que necesidad tengo yo de bañar a un borracho —gruñó Ranma, mientras metía el cepillo en un traste lleno de jabón — Me debes una, Mouse.

—¿Te debo una? –contestó este, tratando de incorporarse — ¿Y el video qué? No cuenta?

Ranma trató de darle un zape en la cabeza, pero Mouse pudo esquivarlo.

—¿O sea que te has estado haciendo el dormido todo este tiempo, infeliz?

La ceja de Ranma se empezó a mover incontrolablemente.

—Me desperté cuanto me empezaste a tallar la espalda —repuso Mouse, quitándole el cepillo de las manos— Y ahora lárgate, que bien puedo bañarme yo solo.

—Imbécil —repuso Ranma, dando un portazo— Todavía que lo ayudo….. ¡Y será mejor que te apures, Mouse, pues yo también tengo que bañarme para limpiarme la porquería que me echaste encima!

—¿Qué sucede hijo?

Nodoka bajó en esos instantes vestida con una pijama de dormir y una expresión cansada. Miró a su hijo y preguntó:

—¿Por qué traes la camisa sucia?

—Mouse se puso borracho en un antro y me vomitó encima.

La expresión de cansancio desapareció de la cara de Nodoka y abrió mucho los ojos.

—¿Es eso cierto?

—Pero no es lo que parece—Ranma interpuso sus manos entre ella y su progenitora, retrocediendo cada vez que ella daba un paso hacia el— Lo que pasa es que Mouse me llamó para que fuera y ..

—No tienes que explicarme nada.

—¿Eh?

Nodoka se había acercado rápidamente a él y había apoyado una mano en su hombro. Ranma se ciscó un poco-había esperado que sacara su Katana y lo amenazara con ella como Akane lo amenazaba con el mazo- pero Nodoka al ver ese gesto apretó aún más el hombro de su hijo y sonrió.

—Es normal que los jóvenes de tu edad quieran salir a divertirse—respondió Nodoka a las inquietudes de su hijo con una sonrisa—Y como dentro de pronto te vas a casar…

Nodoka metió una mano entre su pijama y sacó una cartera; la abrió y contó unos yenes delante de su hijo.

—¿Qué tal era el lugar? —Nodoka se acercó a él y apoyo la mano derecha sobre el antebrazo de su hijo, obligando a este a retroceder un paso más—¿Conociste algunas chicas?

—Eh…..

Nodoka interpretó la vergüenza de su hijo como una respuesta afirmativa y su sonrisa se ensanchó aún más.

—Oh, estoy tan orgullosa..—Nodoka dió una palmada y una cara de pura felicidad—Akane sin duda se pondrá contenta de lo popular que es su prometido…. ¡Con lo varonil que eres!

Ranma pensó que lo más probable que hubiera hecho Akane en un caso como ese seria sacar su mazo gigante salido de ninguna parte y partirle la cabeza con él, pero no dijo nada. Ranma no sabía que contestar, así que trató de desviar la atención de su madre y señaló el dinero que ésta cargaba en la mano izquierda.

—No sabía que durmiera con el dinero encima.

—Con un esposo como tu padre no hay lugar seguro para esconder el dinero en esta casa—contestó Nodoka, haciendo el primer gesto de disgusto desde que habían empezado a platicar—¿Necesitas más dinero?

—¡¿Dinero?!¿Hablas en serio? —un hombre ya entrado en años empezó a manosear a Nodoka, mientras en el cabello de ella se deslizaba una gota de sudor— ¿Dónde, donde?

—¡No te estaba hablando a ti, Genma!—para ser una señora toda dulzura, podía pegar extraordinariamente fuerte—¡Largo!

—En realidad no—contestó Ranma, mientras se rascaba la cabeza y miraba como su padre salía volando por la ventana—Yo solo quiero quitarme esta suciedad de encima e irme a dormir….

—Pues báñate—Nodoka se decepcionó un poco al oír la respuesta de su hijo pero sus ojos volvieron a la vida cuando recordó algo—¿Quieres que te talle la espalda?

Ranma se puso rojo.

—Eh…..

—¡La timidez no es propia de un hombre!—Nodoka sacó su katana y la esgrimió en el aire, sacándole a su hijo una mueca de horror—Además, pronto te casarás y tu madre ya no tendrá la oportunidad de cuidarte como es debido….Aunque quizás—Nodoka enfundó su katana y se llevó la mano a la barbilla- tú quieras que lo haga Akane..

Ranma pensó que su madre soñaba demasiado, porque desde su punto de vista, Akane jamás haría algo así, por lo que…..

—Gracias pero no, mamá—Ranma usó una voz que consideró la más varonil posible—Además, Mouse está en el baño y no creo que salga….

—Como quieras….—contestó su madre mientras se llevaba una mano a la boca y bostezaba—Me voy a dormir. ¿No ha llegado Akane?

—No sabía que había salido.

—Salió con Ukyo y con Akari a no sé dónde…—le explicó Nodoka mientras subía las escaleras hacia la habitación que compartía con su esposo—Deberías tener cuidado. Akane es una muchacha muy bonita y tiene muchos pretendientes….

Al chico no le hizo ninguna gracia el comentario, pero trató de disimular.

—Ella puede salir cuando quiera.

—No era eso lo que parecía cuando la viste hablando con sus compañeros de escuela—Nodoka alzó los hombros—Además, a Akane le gustaría que lo reconocieras….Buenas noches, hijo.

Nodoka subió las escaleras y entró a la habitación. Ranma vió como desaparecía y esperó a que cerrara la puerta; luego empezó a aporrear la entrada del baño.

—Maldita sea, Mouse, ¿Vas a salir o qué?

—¡Déjame tranquilo!

—¡Estas en MI casa, idiota!

—¡Púdrete!

—¡Largo!

Ranma entró al baño y de una patada Mouse salió volando por la ventana.

—Maldito Japonés!

En otro lugar, dos amigas habían dejado de pelearse y empinaban el codo, mientras otra un poco más recatada se les quedaba viendo, un poquito aterrorizada ante la violencia de la que sus compañeras de parranda eran capaces. Las dos amigas se sentaron y se atrevieron a pedir otra copa.

—¡Más! —bramó Ukyo, arrancándole una mirada aterrorizada a Gosunkugi, que miró con horror como la chica reducía la mesa a astillas con un puñetazo—¡Quiero seguir bebiendo!

—E e enseguida—tartamudeó Gosunkugi—Pero por lo que más quieras, no vuelvas a golpear otra mesa, ¿sí?

—¡¿Y por qué no?¡

—¡Pues porque las tengo que pagar yo!—gritó el chico, histérico ante la perspectiva de tener que deberle a alguien más aparte de Nabiki— ¡¿Acaso crees que resulta muy divertido ver como todos tus ahorros se terminan gastando en una noche de parranda?!

—Se cómo se siente eso, Gus—Ukyo volvió a hipar y lo sujetó del hombro—Y si somos una molestia para ti, creo que lo mejor que podemos hacer es irnos—¿No es así, Akane chan?

Akane puso sus manos en su regazo y asintió.

—Sí, no quería…no queríamos causarte ninguna molestia, Gus.

—No es para tanto—Gosunkugi se llevó una mano a la cabeza, contento y nervioso a la vez de que Akane lo hubiera llamado así—Pero por favor, ya no peleen…..No tengo un fondo ilimitado, ¿saben?

—Cielo santo, mira todo esto—el capitán de los meseros entró al cuarto y miró todo el desmadre media hora después —Espero que esto te sirva de lección: Nunca salgas con artistas marciales. Harán añicos el lugar y luego perderán la conciencia sin que tengas tiempo de intentar nada….Espero que tengas dinero para pagar todo esto.

El capitán caminó y no pudo evitar pisar los pedazos de un vaso de vidrio.

—Yo, este…supongo que debí haberlo visto venir—suspiró Gosunkugi—¿cómo de cuanto estamos hablando? ¿Miles?

—¡Debes estar bromeando!—contestó su amigo completamente perplejo— ¡Decenas de miles!

El alma de Gosunkugi se le cayó a los pies.

—Estoy frito.

—¡Ja!—el capitán le dio una palmada en la espalda—Suerte para ti que acabo de conseguir un seguro contra artistas marciales desquiciadas. No será nada, pero te sugeriría que te fueras cuanto antes. ¿Necesitas un taxi?

Quince minutos después, cuatro hombres fuertes ayudaban a Gosunkugi a subir a las tres amigas al automóvil que el capitán había conseguido para su amigo.

—Cielos, como pesan—musitó uno, a pesar de estar acostumbrado a cargar clientes borrachos—Parecieran ser de piedra…¿Saliste con las tres, chico?

—Algo así—contesto "Gus", apenado, sabiendo que no había sido así—Muchas gracias por la ayuda…

—No nos lo agradezcas—exclamó otro—Pero la próxima vez, avísanos primero, ¿de acuerdo?

—Sí, nosotros también queremos ser parte de la diversión—el empleado al parecer no notó la cara de incomodidad que ponía Gosunkugi—¿Es malo ser egoísta, sabes?

—Lo, lo tendré en mente la siguiente vez. "Si es que hay una siguiente vez", pensó Gosunkugi. Entró al taxi y se despidió. Los chicos se despidieron con sendos gestos de admiración y Gosunkugi dejó escapar un suspiro.

"Por lo menos no fue peor" pensó para sí mismo "Espero"

—¿A dónde lo llevo, joven?

—Bueno…

Gosunkugi estuvo tentado de llevarlas a su casa, pero cambió de idea cuando pensó en la reacción que tendrían sus padres. No sabía dónde vivía Akari —ni siquiera sabía dónde vivía Ryoga— y llevarlas a Ucchan's no era una opción, así que…

—Llévenos al Dojo Tendo, por favor.

—¿El Dojo Tendo?—el taxista trató de recordar donde había escuchado ese nombre —¿No es el lugar..?

—Sí.

—¡No!—el taxista se bajó y le abrió la puerta a Gosunkugi, que lo miró sin entender lo que pasaba—¡Fuera!

—¿Eh?

—Ese lugar es un peligro. ¡Ni creas que me arriesgaré a que destruyan mi taxi!

Gosunkugi empezó a dialogar con él, tratando de convencerlo de que cambiara de opinión. Al final no fue necesario: Akane despertó de su inconsciencia.

—Espera Gosunkugi —le dijo Akane—Mejor vayamos a la casa de la tía Nodoka —musitó Akane antes de perder la conciencia otra vez — Si mi padre nos ve así…

El taxista no tuvo ya objeción alguna y se detuvo después enfrente de la casa de los Saotome. Todavía seguía lloviendo a cántaros, así que el joven usó su teléfono y le pidió a Ranma que saliera a recibirlos.

—Fetiches—espetó Ranma— ¿Qué…?

Vió en el interior del taxi y exclamó:

—¡¿UCHAN!? ¡¿AKANE!? ¡¿AKARI!? Qué demonios?

—Se pudieron borrachas y no puedo llevarlas yo solo, Saotome —contestó Gosunkugi —No podía dejarlas… Te podrás hacer cargo?

—Por supuesto—contestó Ranma con voz de suficiencia—Gosunkugi….¿no te aprovechaste de ellas, verdad?

—Claro que no, Saotome—repuso este, lleno de miedo—Tú sabes que jamás….

—Yo sólo sé que andas detrás de Akane—repuso Ranma— Y cómo sea, ya no pienso tolerarlo. Así que si vuelves a salir con ella…

Esa vez fue la gota que derramó el vaso: Gosunkugi—Beto Fetiches—pensó que ya había tenido suficiente. Lo intimidaban en la escuela, lo intimidaban en el trabajo, y ahora Saotome…¿Quién se creía él? Si, era el mejor combatiente de Nerima y probablemente uno de los mejores de todo Japón, pero eso no le daba ningún derecho….Para él, Ranma era un canalla que no se merecía una dama como Akane.

—Akane chan es libre de, de , de , de salir con quien ella quie, quie, quiera, Saotome.

—¿Acaso quieres que te de una paliza? Soy una buena persona, pero…

—Estoy harto de que la gente crea que puede intimarme cuando le venga en gana—contestó Gosunkugi—Tú, Kuno, mi manejador, Nabiki.. Así que has lo que tengas que hacer, Sao, Saotome.

Por un momento Ranma se acercó a él; Gosunkugi alzó los brazos y se preparó mentalmente para el golpe que recibiría. Ranma lo sujetó de la camisa y lo alzó.

—Párate firme—le espetó este—Saca el pecho. Y por lo que más quieras deja de temblar, que sólo das pena ajena.

—¿Eh?

—No voy a golpearte Gosunkugi—repuso Ranma, mientras le daba un golpe más o menos leve en la espalda para que enderezara la columna— Me alegra que finalmente te hayan crecido agallas.

—¿No me vas a..?

—No—contestó Ranma—De hecho, iba a hacerte una proposición. ¿Cuánto dinero le debes a Nabiki?

—Más de lo que podré pagarle algún día—repuso Gosunkugi, lanzando un suspiro—Estoy harto.

—Yo te ayudaré a pagar tu deuda, Gosunkugi—Ranma apoyó su brazo sobre la espalda de su interlocutor—Y si así lo deseas, yo mismo te entrenaré para que nadie se vuelva a meter contigo. A cambio, sólo te pediré un pequeño favor.

—Genial—comentó Gus de una manera absolutamente pesimista—Ahora tendré un nuevo amo, ¿no?

—Claro que no—repuso Ranma—Lo único que te pediré es que me informes sobre cualquier cosa que me ataña a mi o a Akane sobre Nabiki. Y que te olvides de Akane. Si no quieres..

—¡Eh, ustedes dos!—protestó el taxista— ¿Van a seguir platicando, o qué?

—Déjame pensarlo, Saotome—la oferta de su rival sonaba muy tentadora, pero no era la primera vez que caía en una trampa parecida—Aunque admito que sería un alivio librarme de Nabiki de una vez por todas.

Ranma se dió por satisfecho; se puso a Akane, Ukyo y Akari sobre los hombros y se despidió de Fetiches. Gosunkugi suspiró aliviado y se fue en el taxi; Ranma entró y se encontró con una somnolienta señora Saotome.

—Hijo, que pasa.. ¡Akane!—exclamó Nodoka al ver a quien cargaba Ranma entre sus brazos— ¡Esa no es forma de comportarse para una señorita y mucho menos para una amante esposa!

Akane trató de disculparse, pero solo un gemido salió de su garganta. En cuanto a Ukyo y Akari, estaban completamente dormidas. Ranma dejó a Akane en el comedor y Nodoka se dispuso a acondicionar dos de las habitaciones; luego Ranma subiría a Ukyo y a Akari sobre sus espaldas y las acomodaría sobre la cama. Nodoka tenía mucho sueño, así que lo dejó y regresó a su cuarto. Ranma bajaría por Akane y la llevaría a su habitación; notó su calor corporal y cuando la dejó sobre la cama se quedó un rato admirándola. Recordó aquella vez en que Mouse y Ryoga habían estado en Tailandia poco antes de ser transferidos al frente de Birmania. Inclinó su cabeza hacia atrás y recordó:

"¡Saotome, Hibiki, vengan con nosotros" Ranma pudo recordar con toda precisión la voz de sus compañeros "¡Hay mujeres para todos!"

Habían llegado a Bangkok en medio de una tormenta y se disponían desfogar sus ansias antes de partir otra vez para el frente. Pero Ryoga negó con la cabeza.

"Tengo una novia en Japón que me respeta y me ama a pesar de mis defectos" había contestado Ryoga aquella vez "No le seré infiel."

"Tú y tus mamadas" gruñó el soldado "¿Y tú, Saotome?"

"Tampoco"

Pero Tanegashima no se daría por vencido. El soldado haría una mueca y se volvería a dirigir a Ranma, que miraba hacia el cielo tormentoso.

"Te he oído maldecir el nombre de tu novia más de una vez. Se llama Akane, ¿no es cierto? Piensa que eres un cerdo, ¿no es así? ¿Porque no entras con nosotros? Somos buenos soldados y nos merecemos una recompensa…. ¿No es así, muchachos? "

"¡Si, así es!" contestaron sus compañeros al unísono, mientras entraban al prostíbulo rápidamente. "¡Hayaku!"

Tanegashima sonrió, mostrando unos dientes cafés y algo débiles por las privaciones sufridas en la Guerra del Gran Sureste Asiático. No era el único; el Imperio avanzaba a pasos agigantados desde Pearl Harbor y las Potencias Occidentales parecían incapaces de hacerles frente. Pero tal cadena de avances tenía sus consecuencias, y los suministros nunca llegaban a tiempo a las líneas del frente, por lo que los soldados Imperiales sufrían de una deficiencia de vitaminas bastante severo.

"Por lo que se ni siquiera te has acostado con nadie" continuó hablando Tanegashima, acercándose a él "Nada como una mujer para olvidar esta vida de mierda, ¿no te parece?"

"Dudo mucho que a alguien le guste oler el aliento de unos imbéciles" contestó con una mueca el aludido "No entraré"

"Pues entonces púdrete, imbécil" repuso Tanegashima, molesto, consciente de que tal comentario también lo incluía a él "Todos dejamos familia en Japón. No eres mejor que nosotros."

Tanegashima dió media vuelta y entró. Pero Kuonji se le acercó a Ranma y trató de convencerlo:

"¿Estás seguro que no quieres entrar? Podemos morir en cualquier momento. Además, para todos en el batallón es obvio lo frustrado que estás."

"No."

"¿Cuál es el problema? "trató de convencerlo su compañero "Entra, y si no te gusta alguna de las chicas pues te sales y ya…."

"¡Dije que no, Kuonji!" Ranma no pudo evitar sujetar a su compañero de la chaqueta "Ya bastante tengo con esas chinas en mi consciencia como para agregar más caras a la lista!"

"¡Basta, Ranma, déjalo!" Ryoga se acercó a él y lo obligó a bajar el brazo "¡El sólo trataba de ser amable!"

Ranma recordó haber recuperado la razón y haber bajado al abuelo de su amiga. Recordó incluso las palabras que le había dicho, a modo de disculpa;

"¡No quiero mirar nada, Kuonji!" contestó Ranma secamente mientras lo miraba con esos ojos azules que a su futura nieta le gustaban tanto "¡Y si eres hombre de honor, harás lo mismo! ¡Adiós!"

Habían pasado casi dos años desde entonces, y Ranma se había tenido que controlar desde que había llegado de nuevo a Nerima para no subir a la habitación de Akane, romper su bata y abalanzarse sobre ella.

Mientras contemplaba el cuerpo de la joven, le hizo gracia recordar como al principio había negado el atractivo físico de Akane; pensaba que los hombres no admiten nunca esa clase de cosas y no le había hecho ninguna gracia el que lo hubieran comprometido sin preguntarle siquiera, por lo que no había querido admitir que le gustaba Akane y que se sentía celoso del afecto que le tenía ella por aquel entonces al doctor Tofú. Y con el paso del tiempo no cambio su actitud, aunque poco a poco le iba gustando más y más Akane, porque no quería que ella lo colocara al mismo nivel que Happosai.

Se había pasado la mitad de la campaña odiándola y maldiciendo su nombre, y la otra mitad extrañándola y temiendo morir sin volver a verla.

Le acomodó su almohada y le puso una cobija encima. La besó en la frente y le dió la espalda, disponiéndose a dejar la habitación.

—Ranma… —este oyó un susurro detrás de él—Hazme el amor.

Ranma dió un salto como si lo hubieran descubierto espiándola. Volteó lentamente y vió que Akane seguía dormida.

"Debí haberlo sabido "se reprochó a sí mismo "Ella jamás me diría algo como eso estando despierta."

Recordó aquella vez con Shirai. Ella los había salvado de la Kempeitai después de haber sido interrogados y habían estado huyendo por el bosque hacia el norte, tratando de poner tierra de por medio entre ellos y cualquier otro posible enemigo, fuera chino o japonés. Recordó la discusión que tuvieron poco antes de separarse. Shirai se le había acercado por la espalda y había acomodado su brazo alrededor del cuello de Ranma; luego había tratado de besarlo, pero Ranma la había rechazado, para gran indignación de la guerrillera.

—¿Qué, no soy suficientemente guapa para ti? —le preguntó con furia aquella mujer que le había salvado la vida, lanzándole un puñetazo que Ranma no quiso o no pudo esquivar —¿Qué, una mujer china es indigna de un miembro de la raza Yamato? ¿O es que simplemente una bala te ha dejado impotente?

Ranma agarró a Shirai de los hombros y le gritó:

—¿Crees que no quiero tener sexo antes de morir? ¡Esta vida de mierda me lo debe! ¡Pero no lo haré ni contigo ni con nadie!

Shirai se alejó de él y empezó a burlarse. Sus palabras se clavaron en el cómo afilados cuchillos, mientras Ranma intentaba taparse los oídos, sin mucho resultado que digamos.

—Seguro que en Japón te espera una novia inocente. ¿La quieres mucho? ¿La deseas por las noches? ¿Te talla la espalda mientras te bañas? ¿Se viste especialmente para ti?

Algo en la cara de Ranma le permitió a Shirai intuir la verdad. Ranma retrocedió y la mujer atacó.

—¡No! —Shirai se llevó la mano a la boca en un gesto de incredulidad y desprecio que las mujeres conocen muy bien —Pobre imbécil, de seguro ni siquiera has estado con ella. Ni con nadie. Pobre cobarde…

Ranma la empujó contra el suelo y la sujetó firmemente de la chaqueta.

—¡Eso es, pórtate como el cerdo que son todos ustedes los japoneses!

Ranma se dió cuenta de lo que estaba haciendo y la soltó. Luego empezó a alejarse de ella, pero la china lo sujetó del hombro con una mano mientras con la otra se desabrochaba la camisa y exclamaba:

—¡Piénsalo bien! Nunca la volverás a ver. Quizás en estos momentos deberías aceptar una china. ¡Mira, piel blanca y suave! ¿Qué tienen las japonesas que no tengamos las chinas? ¡Maldito estúpido!

—¡Cállate, maldita sea, Shirai, cállate!

Y ahora…..

Bajó las manos y empezó a desabrochar la blusa. Acercó su cara y respiró la fragancia de su prometida.

¡ERES UN MALDITO PERVERTIDO!

Se llevó las manos a la cabeza intentando protegerse del golpe de Akane, pero esta seguía dormida. Le dió gracia que aun siguiera temiendo los golpes de la niña, pero a el mismo le gustaba pensar que seguía siendo el joven de 17 años que había estados viviendo en casa de los Tendo hace tres meses. Abrió su brazier y miró sus pechos. Respiró el perfume de su piel y sus manos temblaron. Pero se lo pensó mejor; le abrochó la blusa y la acomodó sobre su cama.

Había esperado 5 años. Esperar unos meses mas no sería nada.

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Pido una disculpa por haberme tardado tanto en actualizar. También estoy consciente de que presento a Mouse de un modo distinto y que a Ranma lo he descrito como el mirón que no fue durante la serie. Ambos presentan personalidades que no cuadran con las que mostraban antes. La descripción que hice de ambos fue la que pienso que habría esperar de dos adolescentes que fueron a la guerra y volvieron.

Mouse siempre me ha parecido un personaje remarcable por su torpeza y mala suerte. El amor no correspondido suele acabar muy mal, y más cuando el enamorado mira hacia atrás y mira las cosas bajo una nueva luz. Una persona así busca cariño como sea.

En cuanto a Akane, Ukyo y Akari las muestro un poco out character porque no se me ocurre otra forma de meterlas a un karaoke y ponerse hasta la madre.

Por cierto, Yoshiwara era el nombre del distrito que tenía la zona roja de Edo bajo el Shogunato Tokugawa. Y la Kempeitai era la gendarmería militar japonesa hasta el fin de la segunda guerra mundial, encargada de mantener la disciplina del ejército imperial y de las actividades de contraespionaje, algo así como la Gestapo nazi. Y tan siniestra como ella.

La raza Yamato es el nombre que se da a sí mismo el pueblo japonés. Y volviendo a nuestra historia….

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Akane se despertó con una cruda mayúscula ya bien entrada la tarde. Se llevó una mano a la cabeza y soltó un quejido. Se giró y trató de levantarse, pero retrocedió asustada al ver lo que tenía enfrente: A su lado estaba Ranma, ceñudo y con los brazos cruzados.

—¿Se puede saber dónde estuviste anoche, Akane?

—¿Y a ti que más te da? —Akane se llevó las manos a la cabeza, pues nunca había experimentado una resaca—Como duele…

Ranma agarró una jarra de agua que el mismo había traído a la habitación y le sirvió con ella un vaso a Akane; esta lo tomó entre sus manos y empezó a beber.

—¿Y bien?—Ranma esperaba impaciente mientras tamborileaba con los dedos de la mano— Estoy esperando una respuesta.

—Salí con Ukyo y Akari por ahí…..

—Por ahí…—respondió Ranma con sorna—Y supongo que "por ahí" también consiguieron alcohol, ¿no?

—¿Y tú qué quieres? – le respondió Akane de mal modo —¿Cómo te atreves a entrar a mi habitación estando yo dormida?

—¿Cómo te atreves tú a regresar dormida en las piernas de Gosunkugi?

Por un momento Akane no supo de qué estaba hablando. Pero luego recordó todo y esbozó una sonrisa.

—¿El señor esta celoso? —preguntó, divertida.

Akane esperaba que Ranma negara sus celos, como siempre hacia. Pero lo que siguió fue completamente inesperado: Ranma se acercó y le sujetó el mentón.

—Sí, estoy muuuuuy celoso— le contestó Ranma con una voz muy suave que Akane no le había oído casi nunca —¡Y si fuera por mí, no te dejaba salir de esta casa en dos semanas!

Akane quedó sorprendida. Sin embargo, consideró que era mejor mantener las formas, así que….

—¡Déjame!- Akane empujó a su prometido contra la pared—¡No me toques!

Ranma se levantó del piso inmediatamente y se abalanzó con violencia hacia ella; Akane miró los ojos de su prometido y miró en ellos una llama desquiciada. Temerosa, trató de sujetar el tocador al lado de su cama y golpear con él a su prometido, pero éste la sujetó de las manos y la atrajo hacia sí, mientras sus labios buscaban los suyos y le robaban un beso. Akane se opuso, pero Ranma no le dió tiempo de disfrutarlo; dejó de besarla tan rápido como la había atacado. Se acomodó la camisa y se puso al lado de la puerta.

—No vuelvas a hacer eso, Akane —Ranma volteó a verla antes de salir —¡Eres mía y de nadie más! ¿Oíste?¡ Mía!

Ranma se fue dando un portazo. Akane parpadeó, completamente perpleja. ¿Ranma había confesado sus celos? Se sonrojó. Quizás debía incitar sus celos más seguido.

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