El pelirosa corrió hacía donde se encontraba su compañera tendida, en aquel altar de piedra gris. Pero solo a unas cuantas zancadas, recibió una flecha que pasó rozando su hombro.
-¡Cuidado, Natsu! -le gritó Erza.
La rápida flecha venía dirigida desde el pequeño balcón que había más arriba y al que se podía acceder por unas escaleras que sobresalían de la pared y que estaban situadas a ambos lados de la habitación.
Allí, en ese pequeño balcón, que a la vez hacía de descanso donde se juntaba el final de las escaleras, había un hombre de mediana edad y con el pelo cano y una recortada barba que le daba a su rostro un ángulo cuadrado.
A su lado, un arquero ataviado de negro, estaba preparado de nuevo para disparar otra de sus rápidas y certeras flechas.
-¿Quienes sois y cómo osáis entrar en mi palacio?
-¡Tú fuiste el que raptaste a Lucy y Ellie!
El hombre no mostró ningún gesto, solo arqueó su ceja derecha.
-Ah, vosotros sois los del gremio. Tranquilos, os devolveré a la chica. Solo tenéis que permitirme unos largos, desesperantes y tediosos minutos.
Sin esperarlo, el hombre sacó una pequeña figura amarilla del bolsillo de su larga túnica y, amparándola bajo la palma de su mano abierta, un círculo mágico que salió de esta, se instaló bajo la pequeña figura y al momento, esta creció y se convirtió en una persona real, de carne y hueso.
-¿Qué clase de magia es esa? -preguntó Mira.
-Una jodida si puede hacer resucitar muñequitos -resopló Laxus.
-Vengo de un país al sur; no es muy grande, pero tampoco es pequeño. Es casi circular, pero tiene varios sobresalientes en sus costas, que son grandes montañas de carbón y oro. A pesar de ser un país, era muy común convivir en comunidad, pues todos los veranos se hacía el Festival del Fuego, el cual congregaba a todos en un mismo lugar. Ese año tocó la playa al sureste, y cerca de la medianoche, comenzaron los fuegos, las hogueras. Pero ese año fue distinto a los demás, porque lo que ardió en las hogueras no fue fuego normal, sino fuego celestial. No sé si lo sabrás, pero a veces el viento transporta magia y una de esas ráfagas de la noche, la magia se coló entre las lenguas de fuego y juntos ardieron como dos amantes. No tardaron en aparecer los Reyes del Cielo, sus rugidos instalaron, incluso antes de llegar, sus poderosas presencias.
Cuando los dragones llegaron a la isla se lanzaron feroces a comer de las hogueras. Estaban fuera de si, como locos... tanto era su locura que no se daban cuenta de que con sus grandes y feroces bocas que abrían ante las diminutas fogatas también estaban comiéndose a aquellas personas que gritaban y corrían por la playa. Yo vi, desde lo alto del acantilado, junto con los demás niños que habíamos estado jugando en las praderas de arriba, como casi un centenar de pequeños y grandes dragones se comían a nuestro pueblo, a nuestras familias, a nuestros padres y hermanos... Creo que fui la única en saltar del estado de shock al acción, pues de repente vino a mi mente la imagen de las armas que transportábamos siempre en carros individuales por si había problemas. Desde ese momento... desde ese momento me arrepiento por lo que hice, me arrepiento por disparar con los cañones de mano hacia los dragones... Toda las noches de mi vida, desde ese momento, he soñado con ello. Incluso cuando estuve con vosotros... pero no eran del todo pesadillas. Cuando dio el amanecer, mi cuerpo estaba exhausto, demasiado para una niña de nueve años. Fue el momento, antes de que el sol ascendiera más, que vi descender del cielo a un último dragón. No supe si era un superviviente o que llegaba de otro lugar, lo que si sé es que no me quedaban fuerzas ningunas para luchar contra él, solo me limité a permanecer allí tirada en la arena de la playa y mirar al grandioso dragón, a sus enormes ojos feroces que desde allá arriba rugían de dolor y furia.
-¿Sois vos, pequeña y mediocre humana, la que habéis abatido a mi pueblo?
Su pregunta junto a su tono de voz daba como a entender de que su pueblo siempre iba a estar por encima del mío, y eso, me enfureció.
-¡Su pueblo asesino al mío! -Abrí mi brazo y barrí el lugar ante la mirada del dragón-. ¡Ya no tengo familia, ni vecinos, ni amigos! ¡Esos niños y yo nos hemos quedado huérfanos! -terminé por señalarle la pequeña colina donde algunos niños, asustados, se escondían.
-Si ellos siguieran vivos, se les hubiera interpuesto un castigo, pero como no lo están, la culpable sois vos.
Su última frase fue pronunciada fríamente, lo que hizo que se me erizara el vello.
-Tú castigo será hacer renacer a mi pueblo.
-¿Qué? Có... ¿cómo voy a criar... dragones?
-Te otorgo estos tres huevos fosilizados de dragón. Su interior se halla funesto y fallecido, pero con gran magia poderosa, puede hacerlos revivir.
-¿Gran magia... poderosa?
-Encuentra a aquellas personas de corazones nobles, de almas impecables y sobretodo, sobrenaturales. Que su fuerza para luchar se semeje a los más grandes dioses, dioses superiores a nosotros.
-Yo... podrían estar en cualquier parte.
-Tendrás que cuidar los fósiles con tu vida, pues si caen en manos de magia oscura, el planeta entero no tendrá donde esconderse.
Cuando dejé de mirar a tan alto animal y dejé caer mi mirada al frente, habían tres huevos el triple de grandes que mi puño cerrado frente a mí, cada uno de un color diferente.
-¿Y si muero antes de encontrar a esas personas?
-Los huevos tienen un aura de elixir que absorbe toda la vejez de quien lo porta.
-¿Cuántos años tienes, Ellie? -Lanzó con miedo la pregunta Gray.
-Los justos para estar muerta cuando entregue los huevos.
-Pe ... Pero ...
-¿Por qué crees que intenté llevarme a Lucy? Ella puede entrar en el mundo de los espíritus y ellos pueden dar esa magia a los huevos y librarme de mi castigo... solo... solo quiero descansar, Gray.
-No... ¡No puedes hacer esto ahora que lo comprendo! -Se levantó de golpe del suelo, donde se hallaban sentados, de piernas cruzadas, escuchando la historia-. ¿Qué le vas a decir a Erza? ¿Y Natsu? ¡Tiene que haber alguna solución?
-¿Solución a la muerte? -Ellie comenzó a reírse, a reír de una manera natural y llana, lo que dejó al chico algo descolado-. No sabes lo que dices... Nadie tiene el poder de la vida. Los humanos nos creemos la raza superior solo porque podemos pensar y tener algunas que otras acciones que nos diferencian de otras razas, pero... yo siempre lo he pensado, ¿de verdad somos superiores si ni siquiera podemos vencer a la muerte?
-Es una buena reflexión -comentó una voz dando palmadas.
Los dos se pusieron alerta enseguida y se giraron hacía la puerta, que permanecía abierta y aquel hombre extraño que la había acompañado todo el camino estaba ahí, apoyado en la puerta, aplaudiendo.
-Espléndido, me parece espléndido. Ahora si me permitís... -El hombre se desencapuchó y mostró su rostro.
Ellie soltó un grito y dio dos pasos hacía atrás, enredando sus pies y cayendo al suelo al observar el rostro de aquel hombre.
Sin cambiar mucho la costumbre, lo primero que miró fue la cicatriz de su ojo.
-¿Laxus? -preguntó Gray-. ¿A qué viene todo esto?
-¡Gray no te acerques a él! -Ellie se levantó inmediatamente y se interpuso entre ellos dos, forzando a este a posicionarse detrás suya.
-Ellie... sé quien es, no nos hará...
Pero al rubio solo le bastó levantar la mano sin esfuerzo alguno para atacar con su poderoso rayo a la chica.
-¡Laxus qué estás haciendo! -gritó Gray dejando que Ellie cayera entre sus brazos medio inconsciente.
-Yo no soy ese Laxus.
-¿De qué está hablando? -preguntó Mira con extrañeza.
-Mi compañero ha ido a por nuestra segunda huésped, y está tardando, lo que lo odio.
-¡Maldito viejo, no sé de lo que estás hablando! -Y tan pronto como terminó su maldición, Natsu se inclinó y echó a correr con sus puños incendiados. Dio un gran salto hasta elevar su altura algo más de un metro desde donde se encontraba el enemigo, y justo cuando iba a descargar sus puños... o más bien su furia, el viejo, con un vago gesto de mano, hizo reaparecer a dos arqueros que no dudaron ni tardaron en apuntar al chico.
-¡Natsu ¡Cuidado!
Sorprendido al instante y bajando la guardia, el chico se vio en peligro, pero con las flechas puestas ya en el aire y en dirección, Natsu sintió en su ropa el tirón de unas patas que lo arrastraban más arriba aún.
-¡Gracias, Happy!
Deleitándose durante unos segundos de su estrategia, el viejo no vio venir el doble ataque de la pelirroja, que lanzando dos espadas al unísono, hizo caer a sus arqueros, convirtiéndolos en lo que habían sido al nacer: arcilla.
-¡Maldita sea! -grito el viejo.
-¡No quiero volver a repetirlo! ¡Trae a Lucy y a Ellie!
-Jamás. -Le contestó con una burla sonrisa en el rostro.
-¡Basta ya, deja de reírte! -Le gritó Natsu, mientras se preparaba para un contraataque.
Estaba listo para pegarle con su gran puño de fuego a aquel viejo que se reía de él, mientras Erza seguía peleando contra aquellos muñequitos, cuando de pronto apareció por la gran puerta...
-¿Laxus? -Mira se giró a sus espaldas, donde estaba Laxus, quien miraba a su gemelo desconocido apostado en la puerta.
-Co... ¿cómo? -Erza, sorprendida, baja la guardia y es golpeada por un hombre de arcilla.
-¿Qué cojones es esto? ¡Soy yo! -Grita Laxus poniéndose al contraataque.
Tras los segundos de confusión, se fijan en que tiene cogida del pelo a Ellie. Esta está medio derrumbada en el suelo y con la cara torcida de dolor.
-Tú... -Ensombrecido por la furia más que reflejada en su rostro, Natsu mira atentamente al completo desconocido pero a la vez tan conocido-. ¡Suéltala ahora mismo!
Va directo a lanzarse a por ella cuando el otro Laxus levanta la mano de un golpe y delante de Natsu, de la nada, aparece una gran pared de cristal que los derriba a los dos: a Natsu y a Happy, que todavía lo tiene cogido en el aire.
-¡Sabía que vuestra confusión os haría palidecer! -El viejo había alzado la voz para que retumbara por toda la sala-. ¿Por qué hay alguien parecido? ¿Quién es? ¿De dónde ha salido? Jaja -Se reía bien fuerte-. ¡Nosotros venimos de otro mundo! ¡Otro mundo donde hay las mismas personas que en este! Pero... ¡está claro que aquí no tienen las mismas ambiciones que en el nuestro!
-¿De qué está hablando? –Grita Erza, que se ha levantado de nuevo y golpea a uno de los últimos muñecos de barro.
-Oh, no… No puede ser… -Mira está más que sorprendida y se ha llevado las manos a la boca.
-¿Qué sabes tú de esto? –Le inquiere Laxus a su lado, que la mira ceñudo.
-Yo… yo solo sé que ellos están locos.
-¡Entonces ya estamos todos reunidos! –Grita el otro Laxus levantando las manos al cielo-. ¡Nosotros venimos de Édoras, un mundo idéntico a este, con sus mismos habitantes pero… hay dos diferencias entre nosotros y vosotros! Nosotros somos más ambiciosos, más fuertes, más inteligentes.
-¡Yo creo que sois más gilipollas! .-Le grita Natsu.
El otro Laxus que se ha sentido ofendido, alza más la voz al seguir hablando:
-La otra diferencia es que nuestro está algo falto de magia y hartos de soluciones inútiles que daban un margen de tiempo corto, al fin encontramos la solución al gran problema de nuestro mundo: ¡ella!
Señala con su índice hacia Ellie, que está tirada en el suelo, medio derrumbada en el suelo y desorientada, mirando hacia sus compañeros.
-¡Ella contiene el mayor poder, la grandeza de la magia en estado puro!
-¿Ellie? Ellie ... Nunca Tuvo magia ... -Comentó Erza.
-¡Claro que no es eso lo que queremos de ella! ¡Hay una cosa que alberga en su interior que ansiamos más y nos dará el infinito poder que deseamos! –Anuncio el viejo desde su balcón-. ¡Son los tres huevos de dragón que ella custodia desde hace más de 5.000 años! Y la única persona que puede conducirnos a su interior es esta joven de aquí, maestra de llaves.
El silencio, irrompible por el momento, era denso como una niebla y no dejaba lugar a ninguna palabra.
-Nunca… -se oyó desde el suelo-. Nunca os llevaréis estos huevos…
Todos miraron a Ellie, que había levantado el rostro y miraba las caras petrificadas por la noticia de los demás.
-Nunca os lo llevaréis porque ya sé quiénes serán los nuevos reyes del cielo.
-¡No! ¡No dejes que lo haga, párala! –Le gritó encolerizado de repente el viejo al otro Laxus.
Este levantó un gran bastón que sacó de debajo de su capa y lo alzó para pisar con el a Ellie y así poder pararla. Pero no pudo, porque alguien tras su espalda acertó un golpe que lo derribo.
-¡Gray!
Y la aparición de este, pareció ponerlos a todos en marcha. Natsu y Happy se giraron de nuevo hacia el viejo, Mira y Laxus se pusieron manos a la obra a combatir contra el otro Laxus que ya se levantaba y Erza dio comienzo de nuevo a la lucha contra los muñecos de barro que el viejo había creado otra vez en pocos segundos.
-¡Erza! –le llamó a duras penas Ellie.
La pelirroja se giró y ya con tan solo mirarla, supo que debía de dejar aquellos muñecos a cargo de otro e ir en el encuentro de la que fue como su madre.
Cuando llegó hasta ella y se arrodillo, vio el rostro demacrado de esta, surcado de arrugas y cansancio.
-Erza… -dijo apenas sin aliento-. Pon mi cabeza en tus rodillas, rápido.
La chica, extrañada, hizo lo que le pidió y posó la cabeza de Ellie en sus rodillas.
-Ahora, no quiero que titubees, no quiero que lo pienses, pues no hay tiempo, cariño.
-Ellie…¿qué es lo que pasa? ¿Por qué dicen que tienes huevos de dragón? ¿Qué es eso de más de 5.000 años?
-Erza… -la chica alargó la mano y tocó el largo cabello de esta-. Sé que siempre has sido fuerte y que sabes tomar las decisiones justas, por arriesgadas y dolorosas que sean…
-¿Qué es todo esto que dices? ¿Por qué está todo ralentizado a mi alrededor? –Preguntaba la chica, mirando a todos lados.
-Porque estoy a punto de morir y es el único poder que poseo para hacer entrega de los huevos.
Los ojos de Erza se abrieron de golpe y miraban lastimados a los de Ellie.
-Pe… ¿pero qué estás diciendo?
-Tienes que matarme. Mátame y cuando lo hagas, coge una gota de mi sangre y bébela. Haz lo mismo con Gray y Natsu.
-¡Estás diciendo tonterías, para ya! –Comenzó a llorar de pronto-. ¡Nadie va a morir, nadie! –Gritaba fuerte.
-¡Tienes que hacerlo, porque si no lo harán ellos! ¡Vosotros alimentaréis a los dragones con vuestra magia pura, vuestra bondad! ¡Vosotros sois los elegidos! ¡Hazlo, y el mundo será un poco mejor!
-¡No! –chillaba ella.
-¡Hazlo Todos los moriremos! 'Erza, hazlo!
Y entonces la pelirroja sacó una gran espada con su magia pura y cerrando los ojos muy fuertemente, la clavó en el pecho de Ellie.
Fue justo en el corazón, para que, aparte de que fuera directo, para que ella, durante los años que viviera, fuera la única que tuviera ese privilegio de tener el corazón de Ellie para siempre.
Muchos años después, cuando llegaban las fechas de lo ocurrido en aquel fatídico día, ya no se veían en el gremio malas caras, tristeza ni locuras suicidas.
Lo único que pudieron hacer para calmar un poco el corazón fue ir todos de viaje a la playa, porque era lo que Ellie hacía con ellos, porque a ella le gustaba ese lugar.
Y aunque ellos tres se convirtieron en los guardianes de los huevos, en los creadores y entrenadores de los dragones, de seres tan majestuosos y poderosos, nunca perdieron esa magia pura y bondadosa por la que una vez una mujer se quedó prendada de ella.
