Paparazzis en Karasuno

ArokuRaita

Disclaimer:'Haikyuu!' pertenece a Haruichi Furudate y este fanfic fue escrito sin fines de lucro.

¡Perdón por demorar tanto en subir este capítulo! Fue porque me cambié de casa. Pero ya está todo (casi) bajo control y falta sólo un capítulo más. ¡Gracias por su paciencia!

5. A punto de caer

Aunque Kiyoko intentaba por todos los medios que Hitoka y Hinata estuviesen solos, no parecía funcionar. Ya no sabía si era por sus ideas o porque los tortolitos (ambos por igual) no tenían desarrollado el sentido de la oportunidad. Fuese cual fuese el motivo, la relación entre ambos estaba estancada. "En fin, quizás sea mejor si no me meto", pensó la manager de Karasuno, relegando el tema a un segundo plano. Tal vez sólo necesitaban tiempo.

Al salir de clases, Hinata acompañó a Yachi hasta su casa. El joven se notaba más callado que de costumbre, por lo que su compañera le preguntó si se encontraba bien.

- Sí, Yachi, no te preocupes. Es sólo que... creo que Kageyama es un idiota.

- Ehh, Hinata-kun, por favor, no vayan a pelear como la otra vez... - rogó la rubia, temblando. El chico respondió con una carcajada.

- No creo que lleguemos a eso. Pero me da rabia que haya salido en una foto con el Gran Rey... ¿En qué está pensando? ¡Su equipo somos nosotros! ¿Y si Kageyama deja de hacer pases como "Gwah" y "Fuah"? ¡Ahí lo mato!

Yachi trató de calmarlo y funcionó, pues los dos sabían que Kageyama preferiría morir antes que dar menos del 100% en vóleibol. Llegaron a la casa, se despidieron sonrientes y Hinata se fue pedaleando a toda velocidad.

Sin embargo, la tristeza la invadía al ver al colorín tan preocupado por el moreno. Sí, al principio le gustaba ver fotos donde aparecían los dos juntos -de hecho, eran las únicas que soportaba sin sentir celos-. Porque eran amigos.

"Pero si Shouyou-kun siente algo más... ¡Yo NO PUEDO competir contra Kageyama-kun! ¡No soy rival para él!".

El pensamiento le hizo detenerse unos segundos. Sin darse cuenta, las lágrimas corrieron por sus mejillas. Un instante después, las secó con una media sonrisa. "Nunca me he sentido lo suficientemente buena para Shouyou-kun. Es demasiado especial... Apenas tengo posibilidades. ¿No debería rendirme?"

No. La misma determinación que tuvo al enfrentarse al cargo de manager del equipo de vóleibol surgió ahora. Más aún: rendirse antes de actuar sería la única forma de perder todas las opciones con Hinata.


- ¡Ahh, son ellos!

Desde hacía algunos días, la entrada del instituto Karasuno se había convertido en el punto de reunión de chicas de diversas escuelas, quienes sonreían, tomaban fotos y llevaban dulces preparados por ellas mismas a los chicos del equipo de vóleibol.

- Waaaa, ¿por qué hay tantas mujeres?- exclamó Hinata, saltando.

- Al parecer, nos hemos hecho famosos entre las estudiantes de secundaria- respondió Sugawara, pensativo.

- ¡Excelente!- gritaron Tanaka y Nishinoya, pero Daichi los hizo callar.

- ¿Cómo que 'excelente'? ¡Es lo peor que podría pasarnos! Si el vicerrector llega a darse cuenta, nos...- Un grupo de chicas se acercó al capitán para entregarle lindos paquetes de galletas caseras y no pudo terminar la idea.

Sugawara decidió tomar cartas en el asunto. Con sus buenos modales y su sonrisa encantadora, logró que las chicas los acompañaran lejos de la escuela e incluso supo cómo se enteraron de las fotos: internet.

- ¡Pero Kiyoko-san dijo que no permitía que las escanearan o compartieran! ¡Yo confío en ella!- gritó Nishinoya después, cuando las chicas se habían ido.

- Deben haber sido de Aobajousai, entonces. Supongo que sus fotógrafos no tuvieron los mismos cuidados que nuestra manager- comentó Sugawara, muy serio.

Todos quedaron en silencio. Si el vicerrector llegaba a enterarse del negocio, podía suspenderlos por indecentes... ¡Suspenderlos de las actividades del club! ¡Incluso de la escuela!

Para más remate, en el mismo Karasuno gozaban de una gran fama: muchas chicas de cursos menores los trataban como idols y las mayores se les acercaban en todos los recreos. Aunque Tanaka y Nishinoya disfrutaban de toda la atención, incluso ellos admitían que a veces era demasiada.

Kiyoko notó el peligro y decidió reunirse con el entrenador Ukai y con el profesor Takeda. Si no encontraban una forma de evitar que el vicerrector supiera de las fotos en la escuela, las consecuencias podían ser nefastas para todos.


Aunque salían juntos de las prácticas y compartían (con un poco de incomodidad, pero lo hacían igual), la amistad entre Asahi y Nishinoya no era la misma de antes. Se hablaban menos y el libero ya no se acercaba tanto al as de Karasuno. Los dos ocultaban muy bien su tensión, por lo que sólo una persona tan sensible como Sugawara podía haber notado algo, pero el joven de tercero estaba más preocupado por las consecuencias de las fans y las fotos que de otra cosa.

Lo peor eran las chicas. Asahi sabía que Yuu era uno de los más felices con la atención de tantas mujeres, y verlas revolotear junto a él hacía que la sangre le hirviera. Pero, ¿qué podía hacer? Nishinoya siempre había deseado eso y no lo iba a cambiar por nadie.

"Ni siquiera por mí".

Asahi sacudió la cabeza. Ser egocéntrico no era lo suyo. Además, sabía que una declaración de amor de alguien del mismo sexo, por muy amigo cercano que fuera, no iba a cambiar mágicamente los sentimientos del libero. Por eso, cuando llegó a su casa durante la noche en que confesó todo, decidió colocar una barrera entre ambos, para evitar que Yuu se confundiera más. "Supongo que lo que menos quiere es sentirme cerca suyo", se dijo Azumane.

En cierto modo, era cierto. Nishinoya no quería acercarse a su amigo, ni mirarlo a los ojos, y menos caminar de vuelta a casa junto a él. Su confusión era demasiada y podía actuar de manera demasiado impredecible. Al fin y al cabo, era el senpai al que más admiraba y quería. ¿Qué tal si, justo en ese momento, se dejaba llevar por la decepción y lo mandaba a freír monos al África? Asahi-san nunca lo perdonaría, ni a Yuu ni a sí mismo.

Además, había otra cosa que lo preocupaba: cada vez que pensaba en Asahi-san, se ponía rojo como tomate. Recordar la otra noche, la presión de sus brazos sobre su cuerpo, el calor de su torso contra su espalda y su respiración tranquila le daba escalofríos, y no de miedo. Si el as lo notaba y creía que sus sentimientos eran correspondidos, la situación podía salirse de sus manos.

Por eso, cuando notó que su amigo se distanciaba un poco, se sintió aliviado. No estaba obligado a darle una respuesta inmediata, no tendría que temer por la reacción que podían causar sus mejillas sonrojadas... Era una tregua que agradecía de verdad.

Sin embargo, a medida que pasaban los días, la distancia le incomodó. Y había otra cosa: la atención de las chicas ya no le hacía sentir tan pleno como antes.


Kageyama todavía recordaba el rostro de Oikawa cerca del suyo. Era una imagen perturbadora, que le impidió conciliar el sueño esa noche. "Se ve mejor de lejos", sentenció. La intensidad de esos ojos castaños, su cabello alborotado y sus preguntas incómodas e insistentes le provocaron dolor de cabeza. ¿O le dio una baja de presión cuando su ex senpai lo tomó por el cuello de la camisa? Sólo sabía que, una vez que se sintió libre, caminó con la vista nublada hacia su apartamento, sin mirar atrás.

Al día siguiente, sus compañeros de equipo lo recibieron con miradas de preocupación. Hinata tenía la cara extraña, como si tuviera ganas de reír y gritar de rabia al mismo tiempo. La cosa debía ser grave.

- Kageyama, necesito que te sientes un momento- le dijo el capitán del equipo apenas entró al gimnasio. Sin cambiar de expresión, Tobio obedeció.

Daichi continuó.

- Verás... Anoche pasó algo. Digamos que lo de las fotos se salió de control y... Suga, ayúdame-.

- Hay una foto en internet donde el setter de Aobajousai y tú salen discutiendo.. y los dos tienen unas expresiones que se pueden mal interpretar. Ésta es-. Dicho esto, el joven de cabellos grises le tendió una foto. Kageyama quedó en shock: nunca notó el bendito flash y tampoco escuchó bien lo que gritaba Oikawa en ese momento. El color se le fue del rostro y su estómago amenazó con devolver la comida.

Su expresión parecía anhelante, pero la verdad es que se había mareado por culpa del movimiento brusco de su ex senpai. Éste parecía estar sonrojado y sorprendido por algo. No había pasado nada y, sin embargo, esa imagen daba a entender todo lo contrario.

Y con ese tipo, para más remate. La sola idea le generó una pequeña arcada.

- ¡Hey, Kageyama, no vayas a vomitar!- exclamó Hinata. Furioso, el setter se preparó para gritarle un insulto por la burla, pero los ojos del colorín no expresaban alegría. Al contrario, era como si le hubiesen dado un pase mediocre.

El pequeño cuervo estaba enojado y listo para sacarle los ojos a alguien.

- No seas estúpido, Hinata idiota- respondió el moreno, recuperándose. Miró a Daichi y agregó: -Esa foto no bajará mi rendimiento, Sawamura-san. Así que no te preocupes por eso.

Luego miró a Hinata, para dejarle claro ese punto. El colorín no contestó, y la clase continuó sin contratiempos.

"Espero que Oikawa tenga las mismas náuseas que yo cuando vea esa foto", pensó Kageyama cuando terminó el entrenamiento. Más relajado, caminó hacia su casa solo (Hinata estaba molesto con él y no quiso acompañarlo). Cuando llegaba a su edificio, una figura le hizo detenerse en seco.

Era Oikawa.

- ¡Ah, Tobio-chan, te estaba esperando!- sonrió el mayor. El moreno lo miró en silencio, sin moverse. "Esto va a ser más difícil de lo que esperaba", se dijo el setter de Aobajousai, suspirando.

- Verás... Seré directo: necesito tomarme más fotos contigo. En Aobajousai tenemos un partido de práctica fuera de la prefectura y necesitamos dinero. Con la imagen de la otra vez obtuvimos buenos resultados y... ¡Oye, espera!

Kageyama pasó junto a Oikawa mientras éste le hablaba. Se notaba fastidiado.

- Ah, si te preguntas qué gana Karasuno con esto, compartiremos el 40... ¡no, el 50 por ciento de las ganancias con ustedes! ¡Hey!- Como el moreno no se detuvo, Oikawa lo tomó por el hombro. Sonó un flash por ahí cerca. "Con una foto más estaremos listos por un buen tiempo. Por favor, ¡acepta, estúpido!".

Kageyama se volteó para mirar a su insistente interlocutor -dándole la espalda al lugar donde había sonado el flash-. Una sonrisa tenebrosa comenzó a formarse en su rostro, y Oikawa tragó saliva.

- Muy bien. Apareceré en tus fotos con dos condiciones: el 50 por ciento de las ganancias de cada foto... y que me enseñes tu saque.

"Dios mío, odio a los genios. De verdad los odio", pensó el setter de Aobajousai, apretando los dientes.

- Creo que el 50 por ciento podría subir a un 60...- murmuró Oikawa.

- 50 y el saque o nada.

"Maldito, maldito genio".

- Como quieras- masculló el mayor, mirando hacia un lado. De pronto, Kageyama se colocó frente a él y le extendió la mano derecha. Tooru miró la mano, luego el rostro del muchacho y se sonrojó violentamente. Sonó una cascada de flashes.

Tobio-chan estaba sonriendo.

Y se veía hermoso.

Sin pensarlo, tomó su mano y la estrechó, sin sonreír. No era capaz, estaba en pleno shock. La mano de su ex kouhai era tibia, firme como la de un hombre y suave como la de un muchacho. Estuvo a punto de abrazarlo, pero logró contenerse.

Más flashes.

- Bueno. Entonces nos vemos... senpai.

Unos segundos después, Oikawa salió del shock. Quiso gritar algo, pero el joven ya había desaparecido y el o la paparazzi también. Eso le generó un cierto deja vu.


Las arcas de Aobajousai volvieron a crecer durante la semana, y las estudiantes de dicha escuela pudieron disfrutar de nuevas fotos de OiKage (las de Karasuno también se las conseguían sin problemas). Aunque ninguno de los dos setters mostraba interés o emoción alguna, era uno el que más sufría tratando de mantener la compostura. El otro se conformaba con aprender el saque que admiró desde niño.

Sugawara-san, Sawamura-san y hasta Kiyoko-san pusieron el grito en el cielo cuando el chico de primero les contó todo, pero decidieron lavarse las manos al respecto: esas fotos las tomaba la otra escuela y el estudiante de Karasuno no tenía nada que ver. Tampoco aceptaron el acuerdo del 50 por ciento de las ganancias.

- Sin embargo, me parece excelente que estés practicando con Oikawa. Eres el que más puede sacarle provecho y hasta podrías enseñárnoslo- afirmó Daichi, sonriendo.

- No soy bueno enseñando cosas- masculló el más joven. Sugawara rió.

- Relájate, Kageyama, ¡ya sabes que no estás solo en esto!

El único que se sentía molesto por las clases particulares de Oikawa a Kageyama era Hinata. Solía mostrar indiferencia cada vez que el tema salía a colación pero, como buen canceriano, acumulaba su rabia. Hasta que explotó al día siguiente, cuando Kageyama falló dos pases. El colorín bufó en las dos ocasiones, pero estuvo toda la clase mordiéndose la lengua.

- Hinata, Kageyama, ustedes quedan a cargo de cerrar - exclamó Daichi, al término del día.

- ¡Osu!

Cuando se cerró la puerta del gimnasio, Hinata contó hasta diez y, luego, soltó toda su rabia:

- ¡¿Qué fueron esos asquerosos pases, Kageyama?!

- ¿Ehhh? ¿Por qué me estás gritando ahora, estúpido? ¡Ya pasó y hasta pedí disculpas!

Hinata lo ignoró.

- Es porque estás practicando con el Gran Rey, ¿verdad?

- ¿Quién? No, Oikawa no tiene nada que ver...

- ¡Entonces las fotos se te están subiendo a la cabeza!

- ¡Deja de hablar estupideces, Hinata idiota!

A lo que siguió una acalorada pelea entre los dos. Kageyama no entendía por qué su compañero estaba tan furioso, aunque ni se le pasó por la cabeza la idea de detenerlo: iba a pelear hasta el final, e iba a ganar.


Yachi llevaba medio camino hacia el paradero, cuando recordó que tenía que decirle algo a Hinata. Se lo había pedido Kiyoko-san con urgencia: "Por favor, habla con él sobre Kageyama. Parece que no está muy contento con lo de las clases con Oikawa y eso podría generar otra discusión. Mejor prevenir que curar...". Durante la práctica, el número 10 estuvo muy tenso. Y se quedó con Kageyama a cerrar el gimnasio...

¡Y ella había olvidado el encargo! Ya había visto una pelea entre ambos, sabía que era muy posible que hubiese otra.

"¡Rayos! ¿Alcanzaré a encontrar a Hinata-kun? ¿Y si está... celoso? ¿Y si interrumpo algo?", pensaba la joven, mientras regresaba a la escuela.

Por eso, cuando vio que el gimnasio seguía con las luces encendidas, aceleró. "Hablaré con Hinata-kun ahora mismo. ¡No hay tiempo que perder!".

Llegó a la puerta y la abrió de golpe.

Hinata estaba en el suelo, con el rostro rojo y lleno de sudor. Tenía el pelo revuelto y la polera desordenada. Kageyama estaba sobre él, en cuatro patas, y sus manos sujetaban las muñecas del colorín. Los ojos de Yachi se abrieron como platos.

"¡La cámara!", fue lo primero que pensó. "Están..., ¡están...!", fue lo segundo. Pero no pudo decir nada. Se le llenaron los ojos de lágrimas y huyó del recinto, con el corazón hecho pedazos. Sabía que no tenía oportunidad, que nunca la había tenido.

- ¿Yachi...? - dijo el moreno, extrañado, pero ella no alcanzó a oírle. Hinata sí, y se levantó de un salto para buscar a su amiga.

- ¡Yachi! ¡Yachi! ¿Te asustaste? ¡Prometo que no volveré a pelear con este idiota! ¡Yachiii!

Sin embargo, la joven ya estaba lejos. Desalentado, volvió donde el setter y, sin hablarse, terminaron de ordenar el gimnasio.


Falta poquiiito. ¡Muchas gracias por su paciencia!