Paparazzis en Karasuno

ArokuRaita

Disclaimer: 'Haikyuu!' pertenece a Haruichi Furudate y este fanfic fue escrito sin fines de lucro.

Capítulo final, ¡muchas gracias por su paciencia! Lo siento por quienes querían ver Kagehina. Me encantan, pero hace meses que quería probar con Hinayachi, Asanoya y OiKage. Para variar un poco, jeje.

¡Nos leemos pronto!


6. Renaciendo

- Honestamente, Kiyoko-san, no sé qué haremos si el vicerrector descubre lo de las fotos- suspiró el profesor Takeda, preocupado. La joven asintió: al principio, creyó que con unas cuantas fotos estaría todo bien y se había esforzado para mantener todo en orden. Sin embargo, el emprendimiento se le escapó de las manos y llegó a otras escuelas, especialmente a Aobajousai.

Ser descubiertos era sólo cuestión de tiempo. Por eso, necesitaban estar preparados.

- Sensei, creo que lo mejor es que usted finja que no sabía nada al respecto. El vicerrector podría enojarse y...

Takeda sonrió.

- Como profesor, es mi deber dar la cara por mis alumnos. Diré la verdad: que en su momento me pareció una locura juvenil muy beneficiosa para el club y que, hoy, creo que será perfecta para el desarrollo personal de todos.

Kiyoko sonrió. Takeda-sensei sabía sacarle provecho a todas las situaciones y expresarlas con palabras bellas. ¡Ojalá el vicerrector lo escuchara y pensara lo mismo!


Nishinoya se sentía mal. No era notorio en su forma de jugar ni en su actitud explosiva, pero había algo de tristeza en sus ojos cada vez que se quedaba quieto por unos segundos. De cuando en cuando miraba hacia donde estaba Asahi-san, pero éste no le devolvió la mirada ni una sola vez. ¿Qué esperaba, en todo caso? Había rechazado la declaración de su querido senpai, era lógico que se distanciara. El problema es que seguía extrañándolo. Volver a casa no era lo mismo sin él.

Molesto, el libero se sacudió el cabello y siguió jugando, con la mente puesta sólo en el juego.

Por otra parte, el as de Karasuno hacía un esfuerzo sobrehumano para no mirar a su compañero. Imaginaba que toda su compostura desaparecería si sus ojos se encontraban con los del pequeño jugador. Aún tenía grabadas en su piel las sensaciones del último contacto que tuvieron sus cuerpos y temblaba al recordarlo. El rechazo seguía doliéndole, obvio, pero no sentía rencor hacia el objeto de sus pesares: Nishinoya siempre había sido sincero y él respetaría su decisión, fuese cual fuese.

"Podría ser peor", se dijo. Lanzó un tiro que fue bloqueado por Tsukishima al otro lado de la red y la pelota cayó lejos de él.

"¡No la alcanzaré!", pensó, cuando un antebrazo delgado y pálido devolvió la pelota al aire.

- ¡Toda tuya, as!- exclamó el libero, sonriendo con todo su ser. Asahi le devolvió la sonrisa y lanzó un spike que nadie pudo detener.

Durante el segundo en que sus miradas se encontraron, los dos pensaron lo mismo: "Quiero seguir a su lado".

El pensamiento se quedó con ellos durante todo el juego.


Al día siguiente, mientras Kiyoko organizaba las pelotas y botellas de agua en el gimnasio, recibió la visita de un alumno que le pidió ir a la sala del vicerrector. La bella joven se puso pálida apenas el mensajero salió. Pronto entró Yachi al recinto, con la cámara preparada para tomar más fotos. Sin embargo, al ver el rostro de su amiga y senpai, se asustó.

- ¿Qué pasó, Kiyoko-san? ¿Hay algún problema?

- En realidad, sí. El vicerrector quiere verme en su oficina. Creo que descubrió el tema de las fotos... Yachi, será mejor que te hagas cargo del equipo por hoy...

La más pequeña dio un salto.

- ¡No! Kiyoko-san, no puedo permitir que lo enfrentes tú sola. Además, yo también tomé fotos. ¡Iré contigo!

La mayor se sintió conmovida por el gesto de su kouhai, pero no deseaba que se enfrentara a un castigo terrible, si recién estaba en primer año y llevaba tan poco en el equipo. No obstante, la decisión de Hitoka fue inamovible.

- Pero… ¿Quién se hará cargo del equipo hoy? No puede estar solamente el entrenador Ukai…

- Sí puede, esto es mucho más importante. ¡Vamos, Kiyoko-san!

Luego de hablar con el entrenador -quien casi se echó a llorar por tener que hacerse cargo él solo de todos los muchachos-, las chicas se reunieron con el profesor Takeda y caminaron en silencio hacia el amenazante despacho del vicerrector.


La oficina se veía ordenada y tan limpia que daba la sensación de ensuciarse con solo respirar. Yachi, sin darse cuenta, aguantó la respiración hasta que Kiyoko, con una sonrisa, le susurró que se relajara.

El vicerrector se veía imponente en su escritorio. Con un ademán, los invitó a sentarse.

Cuando estuvieron todos sentados, el funcionario carraspeó y dijo:

- Supongo que saben por qué los he llamado.

Antes de que pudieran responderle, el rechoncho hombrecito sacó algunas imágenes de los chicos de Karasuno de una carpeta y las colocó frente a ellos.

- ¿Quién tomó estas fotos?

El silencio recayó sobre los tres. Cuando Kiyoko y Takeda hicieron el gesto de adjudicarse la responsabilidad, la voz de Yachi los sobresaltó a todos:

- Yo fui, señor vicerrector.

"Vamos, debería decir algo para explicar por qué lo hice, y que nunca fue con malas intenciones, ¿por qué no puedo? ¡Debo decirlo!", pensaba la más joven.

- ¿Tienen algo que decir al respecto? – preguntó el vicerrector. Su mirada era un ejemplo tenebroso de severidad.

El profesor Takeda levantó tímidamente la mano. Se arregló los lentes y tomó aire. Cuando exhaló, su rostro mostraba una gran seguridad.

- Señor vicerrector, como profesor guía del club de vóleibol de Karasuno he aprendido mucho, no solo sobre dicho deporte, sino también sobre sus jugadores, sus motivaciones y anhelos. El tema de las fotos comenzó como una idea infantil e inocente para aumentar las arcas del club de vóleibol masculino. Por alguna razón, a las estudiantes les gusta ver que dos amigos se lleven bien... ejem... y, por eso, se vendieron tanto. Puede notar que ninguna imagen es indecorosa o maliciosa. Por eso permití a las alumnas que se hicieran estas fotos. De otro modo, no lo habría aceptado.

- Entiendo, entiendo. ¿Pero toda esta idea surgió de una alumna de primer año? ¿No le habrá dado usted la idea, Takeda-san?

- ¡No! Yo...

- Yo partí con todo esto, señor vicerrector. También fui yo quien tomó las primeras fotos - interrumpió Kiyoko. - Luego sumé a Yachi-san.

El silencio cayó sobre la oficina. Fueron minutos tensos para todos, pero más aún para Yachi, quien nunca había pasado por algo así. Como evitaba comprometerse con tareas complicadas y se asustaba fácilmente, no corría riesgos y rara vez recibía regaños, pero ahora... ¡qué miedo! ¿Los expulsarían? ¿Qué haria Kiyoko-senpai? ¿Y Takeda-sensei? ¿Qué diría mamá?

- Está bien - dijo el vicerrector, de pronto. Yachi saltó en el asiento. - Lo hecho, hecho está. Me tranquiliza saber que son imágenes cotidianas de amigos y no involucran nada fuera de los límites de la moral y las buenas costumbres, aunque las chicas que las compraron piensen lo contrario. Además, están muy bien hechas, así que daré por terminado este asunto si Yachi Hitoka se hace cargo, al menos por un mes, de las fotos de las actividades de los académicos de la escuela. Como Kiyoko Shimizu está en tercer año, debe pensar en su futuro y no debería distraerse...

Kiyoko levantó la mano:

- No se preocupe, puedo ayudar a Yachi sin problemas, señor.

- ¿Oh? Eso es espíritu de equipo. Bien, bien. Entonces, cuando pase ese tiempo, nunca más utilizarán este medio para aumentar sus ingresos, ¿entendido? No queremos problemas en Karasuno, como las niñas que gritan por Oikawa en Aobajousai.

(A lo lejos, Tooru estornudó).

Los tres suspiraron aliviados. ¡El castigo era bastante aceptable!


Una vez fuera del despacho, el profesor Takeda se adelantó para ayudar a Ukai con la clase. Las chicas caminaron más lento y Kiyoko aprovechó para disculparse con Yachi: la pobre perdería un mes de vacaciones de verano sacando fotos aburridas.

- Y ni siquiera podré ayudarte mucho, lo siento...

- Jajaja, está bien, Kiyoko-senpai: lo he pasado genial, porque la fotografía me gusta. También me sirvió para aprender a hacerme responsable de lo que hago... ¡Pero me alegra que no fuera un castigo más terrible!

- ¿Qué le dirás a tus padres?

- La verdad. Mamá se enojará un poco, pero si mis fotos fuesen malas, no me habrían dado esa responsabilidad... Si le digo eso, quizás se sienta más tranquila. Aparte, no fueron imágenes tan terribles... los chicos sólo fingían...

"Ojalá Hinata-kun y Kageyama-kun hubiesen fingido", pensó. Sus ojos se ensombrecieron un poco, pero cambió de tema de inmediato, antes de que su compañera notara algo.

- A todo esto, Kiyoko-senpai, ¡confieso que admiro tu rectitud! Tener tanto dinero a la mano y resistir la tentación de dejarlo para ti debe haber sido difícil...

- En absoluto. Todo lo hice por el equipo. Sin embargo, te contaré un secreto: me quedé con un par de fotos como recuerdo... Eso sí, ¡nunca diré de quiénes! - rió la mayor, guiñando el ojo.

Yachi también soltó una carcajada. ¡Quién habría imaginado que la bella e inalcanzable manager de Karasuno tenía sus favoritos!

La morena seguía con la sonrisa en su rostro, pero estaba preocupada por Yachi. Hacía un momento, observó que su semblante se entristeció por unos segundos. Decidió ser directa.

- Yachi, tengo una duda... ¿Pasó algo con Hinata?

"¡AAAKK! Kiyoko-senpai se dio cuenta... ¡Y no puedo decirle!", pensó. Sin embargo, de alguna forma logró esbozar una sonrisa más que convincente.

- No, no es nada, Kiyoko-senpai.


El sol de la tarde iluminaba todo con un resplandor rojizo y creaba largas sombras en las calles. Montones de chicos y chicas salían de sus escuelas y el murmullo de las risas y las conversaciones llenaba y rejuvenecía la ciudad.

Nishinoya se acercó a Asahi y, con su energía habitual, le preguntó si quería acompañarlo a casa. El gigante aceptó de buena gana.

Caminaron un rato en silencio. Al principio, todo estaba bien por el efecto del cruce de miradas durante el partido. Sin embargo, se estaba desvaneciendo...

Antes de que desapareciera la magia, Asahi decidió hablar:

- ¡Noya-san, por favor olvida todo lo que te dije...!

- ¡Asahi-san, acepto tus sentimientos...!

Aunque hablaron al mismo tiempo, se entendieron. Los dos se miraron, sorprendidos.

- ¿Es decir que... de verdad estás bien con el hecho de que me gustes?- tartamudeó Asahi. No quedaba ni rastro de su seguridad anterior.

- ¡Claro que sí, Asahi-san! Durante el tiempo que estuvimos distanciados, sentí que me faltaba algo importante y ninguna chica me llamó la atención. ¡Ni siquiera miré a Shimizu-senpai!

Emocionado hasta las lágrimas, Asahi se agachó y estrechó al libero entre sus brazos. Luego de unos instantes, el más joven se removió, inquieto. Sus mejillas estaban tan rojas que el as enrojeció también.

- Sobre eso... Aún debo acostumbrarme... Ya sabes... Es raro que un hombre me abrace.

- Noya-san, no te preocupes, lo tomaré con calma. Pero me gustaría saber si, eh... este... que-querrías salir conmigo... Obvio que no le diremos a na-nadie e iremos todo lo lento que qui-quieras...

Nishinoya sonrió. Al parecer, Asahi-san había vuelto a ser el mismo de siempre. Se sentía tranquilo y feliz de que su amigo fuese menos sobre protector.

- ¿Qué pasó con tu fortaleza anterior, Asahi-san? ¿Era una actitud para mantenerme alejado de ti?

- ¡Ah, no! Eso... Yo sólo quería estar a tu altura. Ser más "salvaje" para protegerte.

Nishinoya dio un salto y se puso en actitud defensiva.

- ¡Ya te dije que no soy una damisela en apuros!

- ¡No lo tomes a mal, por favor! También lo hice porque quiero pararme con más confianza ante el mundo. Es un tema de crecimiento personal.

Más tranquilo, Yuu volvió a su lado. Luego de un rato de caminar juntos, asahi se aclaró la garganta y carraspeó.

- Perdona por presionarte, pero... um... No me has dicho si quieres salir conmigo o no...

Yuu se detuvo y lo miró seriamente a los ojos. De algún modo, brillaban, aunque estaba de espaldas al sol de la tarde. Asahi tragó saliva. No había nadie alrededor y eso hizo que el as se sintiera algo desvalido.

- Adivínalo solo. Pero te daré una pista - fue la seca respuesta.

Antes de que el as pudiera decir algo, Nishinoya saltó a él y lo abrazó.

- Para nuestra primera cita, quiero que me compres un Gari Gari Kun de soda- susurró al oído del gigante.

Nishinoya pensó que su senpai enrojecería como siempre (él mismo ya estaba como un tomate), pero éste se puso serio. Apretó a Nishinoya contra su pecho, con lo que el libero parecía un niño pequeño, y se dirigió hacia la tienda de Ukai.

- ¡Genial! ¡Pero ahora bájame, Asahi-san!


Yachi decidió esperar a que todos los chicos salieran del gimnasio para regresar a casa. Lo que menos deseaba era encontrarse con Hinata. Supuso que el muchacho le pediría que por favor no dijera nada sobre el asunto del otro día, que amaba a Kageyama y era la única forma de estar juntos y, cuando ella dijera que sí, él respondería "¡Gracias, Yachi! Sabía que podía confiar en ti, ¡eres una excelente amiga!". La idea la irritó: "¡Amiga mis polainas!".

Cuando estaba cerca de la puerta de la escuela, tuvo la urgente sensación de devolverse y buscar otro lugar por donde salir. Sin embargo, se le iba a hacer tarde, por lo que ignoró el presentimiento. Un segundo después, se arrepintió: justo a su lado se encontraba Hinata, con la bicicleta apoyada en la pared.

- ¡Ah, te estaba esperando, Yachi! Quiero hablar contigo.

La chica palideció. No quería enfrentarlo por nada.

- No, es que... Lo que pasa es que voy apurada a mi casa, sí, mi mamá me pidió que llegara antes... Lo siento...

- ¡No tardaré mucho! Sólo quiero preguntarte algo.

El chico no se dio cuenta de que la palidez del rostro de su amiga se había convertido en un rojo furioso. Con los ojos entornados, la joven preguntó:

- ¿Quieres pedirme que no le diga a nadie lo que vi? ¡Por mí no hay problema! Siempre seré una buena amiga para ti, después de todo.

- ¿Qué? Desde hace días te noto rara, como si no quisieras verme... ¿Por qué escapaste del gimnasio? ¿Por qué te has distanciado de mí? ¿Te hice algo malo? Dímelo y no lo haré nunca más.

Hitoka quedó de una pieza. ¿Eso era todo? ¿Tanto confiaba en ella, que ni siquiera iba a pedirle que guardara silencio? Sin querer, empezó a llorar.

- Perdóname, Yachi. Por favor, dime qué te pasa.

"Estúpido, si te preocupas así por mí, terminaré confesándote todo, terminaré..."

- Yo, yo... Cuando te vi en el gimnasio, debajo de Kageyama... y se miraban con tanta intensidad... Creí que iban a besarse y no habría podido soportarlo. Me gustas mucho, Hinata-kun...- hipó la muchacha.

Ya estaba dicho. Se tapó la cara con las manos, por lo que no vio la expresión de Shouyou. Luego de unos segundos, el número 10 carraspeó.

- Yachi, parece que tomar todas esas fotos te hizo mal. ¿Yo, un beso a Kageyama? Creo que es un tipo increíble y todo, pero es demasiado terrorífico, no lo besaría ni por un millón de yenes. ¿De verdad pensaste que estábamos... haciendo eso? ¡PUAJ!

Con lentitud, la rubia se quitó las manos de la cara.

- ¿Lo dices en serio?

El colorín asintió enfáticamente.

- Además, yo sólo besaría a la persona que me gusta.

Yachi tragó saliva y decidió hacer la pregunta del millón. Si no le interesaba Kageyama-kun, entonces tenía todas las oportunidades del mundo. Nadie le ganaría.

- ¿Quién... Quién te gusta, Hinata-kun?

Las alarmas sonaron en su mente. "¡No, espera! ¡¿Y si es Kiyoko-senpai?!". Estaba a punto de cubrirse la cara nuevamente, cuando el joven se acercó a ella y le dio un beso muy suave y tímido en los labios.

Por unos instantes, tuvieron la sensación de que el tiempo se había detenido para ellos dos. Se miraron, rojos como tomates y, de pronto, se echaron a reír como tontos. "No me importa, ¡he sido una tonta por mucho tiempo!", pensó Hitoka.

- ¿Te llevo a casa, Yachi? Espero que mi bici no te parezca incómoda.

- ¡Sí! ¡En absoluto! Quiero decir... Gracias, Hinata.

Durante el paseo, mientras abrazaba con fuerza la cintura del muchacho, las lágrimas volvieron a brotar, pero ahora eran de pura felicidad.


Las cosas volvieron a la normalidad en el instituto Karasuno. Hinata y Yachi andaban más risueños que de costumbre (pero el muchacho siempre se ponía serio durante la práctica), Asahi y Nishinoya volvieron a compartir como antes (al menos, frente a sus compañeros de curso y de equipo) y, de a poco, el tema de las fotos fue quedando en el pasado. Aún llegaban chicas a pedir imágenes pero, al ver que el negocio había terminado, se quedaban a mirar a los jugadores. Quizás, a largo plazo, formarían un equipo de fans que eclipsaría al de Oikawa... ¡Soñar es gratis!

Sin embargo, había algo que no le cuadraba a Kageyama. Si el negocio de las fotos estaba acabado, ¿por qué el setter de Aobajousai insistía en tener clases particulares con él? ¿Quizás en su escuela les daban permiso para tomar fotos sólo porque estaba Oikawa?

- ¡Ah, Tobio-chan, qué bueno que llegaste!- saludó el mayor cuando Kageyama se presentó en el gimnasio de Seijou. El moreno gruñó algo que podía significar "Hola".

- ¿De verdad necesitan estas fotos? En la clase anterior, no escuché ningún flash...

- Ja, te preocupas demasiado- respondió el joven, sonriendo. La verdad era que les prohibieron fotografiar al setter de la otra escuela, así que no había nadie más en el gimnasio aparte de ellos dos. Pero no pensaba decírselo a su kouhai. Al menos, no todavía.

Si se dejaba de lado la tensión que existía entre ellos dos, la práctica era bastante entretenida. Ver a Kageyama enojado era gracioso y a Oikawa le encantaba molestarlo. Sin embargo, cuando el mayor perdía, el más joven no decía nada. Por ejemplo, en una de las prácticas anteriores, Oikawa preguntó:

- ¿Por qué nunca te burlas de mí cuando pierdo?

El número 9 se sorprendió y, luego de pensar un rato, respondió:

- Porque el partido aún no termina.

"Este chico debe tener algún problema", pensó Oikawa, un poco irritado.

- Y si el partido termina y pierdo, ¿tampoco te burlarás de mí?

- No, porque más adelante podrías ganarme.

- ¿No te alegra ver a los otros perder?

- No, sólo me alegra ganar. Además, nunca podría burlarme de un equipo que pierde luego de haber dado el 100%. Y si no lo hubiesen dado, me enojaría mucho. ¿Por qué te preocupa tanto, Oikawa-san?

"Es verdad, ¿por qué me preocupa tanto?", se preguntó el setter. En realidad, sabía que Kageyama era un dictador pero, al parecer, no uno cruel.

Ahora que veía a su estúpido kouhai, sentía una punzada de arrepentimiento por no haber sido un mejor senpai. Sin embargo, temió tanto que un niñato le quitara todo lo que había obtenido a base de esfuerzo, perseverancia y más esfuerzo, que se cerró completamente a él. Es verdad, nunca quiso enseñarle el saque porque no quería darle armas a un futuro enemigo, pero éste podía buscar maneras de neutralizar sus jugadas aún sin saber cómo hacerlas. En buenas cuentas, podría haberle enseñado el saque y no habría cambiado gran cosa.

Además, ahora se lo estaba enseñando. "Fui un idiota. Soy un idiota", se dijo el de tercer año. Miró a Kageyama, que esperaba su tiro al otro lado de la red. Lo miraba fijo, con esos ojos azul oscuro abiertos de par en par.

Sonrió y lanzó su tiro más potente. El moreno estuvo lejos de recibirlo.

- Rayos, me molesta admitir que tus saques son grandiosos, Oikawa.

- ¿Qué es eso de "Oikawa"? Recuerda que soy tu senpai, mocoso.

"Es la primera vez que me hace un cumplido. Definitivamente, este no es el Tobio-chan que creía conocer. Karasuno lo cambió de verdad, y... me gusta así". Ese pensamiento recorrió en forma de escalofríos la espalda del 'Gran Rey'. Quizás era hora de admitirlo: sí, le gustaba su nuevo kouhai; sí, tenía ganas de verlo tan seguido que le hacía clases particulares, y sí, quería...

Tocarlo.

- Muy bien, ¡ahora es mi turno de sacar!- gritó Tobio desde el otro lado de la cancha. Oikawa no se movió. El moreno se encogió de hombros y lanzó con todas sus fuerzas. El tiro no tenía nada que envidiarle al verdadero saque y fue como un rayo hacia el setter de Seijou, quien se dio cuenta, demasiado tarde, que sólo podría recibirlo con su cara.

- ¡OUCH!


Kageyama se espantó cuando vio que su ex senpai caía al piso. Es verdad que le caía muy mal ese tipo, pero estaba haciendo un esfuerzo por aumentar las arcas de su equipo y cumplía una condición que jamás habría aceptado antes. En cierto modo, le tenía algo más de respeto. Por eso, corrió hacia él, gritando "¿Estás bien?" y "¡Por qué no lo esquivaste, idiota!".

Cuando llegó al lado de Oikawa, descubrió que el golpe no había sido tan grave, aunque le había dejado el rostro bastante rojo. Se acercó para verificar que todo estaba bien con el setter, cuando de pronto éste movió su brazo y atrajo al moreno hacia sus labios.

Por un segundo, Kageyama quedó en blanco. Olvidó qué estaba haciendo, con quién y qué estaba pasando. Luego, abrió los ojos y su mirada se encontró con la de Oikawa. Pero era diferente: ya no tenía la expresión de suficiencia y desdén que le dedicó durante todos sus años en Kitagawa Daiichi y parte del año en curso, sino que ahora parecía un poco más... ¿anhelante? ¿dulce? La idea le hizo cosquillas en el estómago. No parecían náuseas.

Con un jadeo, el setter de Karasuno intentó separarse de Tooru, pero el mayor lo sujetó en un abrazo apretado. Después de un buen rato de lucha, Tobio se quedó quieto y apoyó su cabeza sobre el pecho del otro, con un bufido.

- Lamento tener que sujetarte así, Kageyama, pero necesito hacerlo para que me escuches.

"¿Me llamó por mi apellido?", se preguntó el moreno.

De a poco, a veces con la voz segura y otras, con la voz quebrada, Oikawa le confesó que siempre le tuvo envidia y lo despreció por ser un genio, que no lo soportaba y que quería ser el mejor. Pero que también, en el fondo, le fascinaba su forma de ser, tan seria y contenida. Además, luego de darse cuenta de que no era pretencioso ni arrogante -como él pensaba-, vio que estaba equivocado y se arrepintió de haber sido tan mal senpai.

- ¿Podrás perdonarme, Kageyama?

- Lo intentaré- respondió este, soltándose del abrazo. Sus mejillas ardían. El setter de Seijou lo notó y sonrió. Se irguió junto al jugador de Karasuno y volvió a besarlo, esta vez en el cuello. Obtuvo un sonido inarticulado como respuesta.

- Eres demasiado adorable, Tobio-chan.

"Ah, ya es el mismo de siempre", se dijo Kageyama.

- Cállate y volvamos a practicar.

Oikawa se separó lentamente del cuerpo del moreno y, levantándose, exclamó:

- ¡Como quieras! Veamos si puedes imitar mi saque.

Por unos segundos, Kageyama se mantuvo tal como lo había dejado Oikawa. Se sentía decepcionado... ¿De verdad quería sentir por más tiempo el abrazo de su senpai?

Dándole la espalda a su pupilo, Oikawa sonrió. "Un poco más, sólo un poco más, y serás mío, Tobio-chan".


Luego de la interesante jornada de práctica con el setter del equipo de los cuervos, Tooru fue a casa de Iwaizumi, quien lo recibió con la cara larga de siempre. Luego de discutir y conversar un poco, Oikawa comentó:

- Lo que aún no sé es quién tomó las fotos de Kageyama y yo. Tobio-chan dice que preguntó a sus compañeras y ellas no fueron. De hecho, en Karasuno no tenían ninguna foto mía antes de la que salió...

El vicecapitán del equipo albiceleste rió a carcajadas:

- Fui yo. Lo hice para vengarme de las fotos que habías estado tomando en Seijou, ¡y superé mis propias expectativas!

- ¡¿QUÉ?!- Tooru no cabía en sí de asombro. -¡Pe-pero Iwa-chan! ¿Cómo pudiste hacer eso? ¿Por qué no me dijiste nada?... ¿Puedes regalarme unas copias?

La negativa y el golpe posterior se escucharon en toda la cuadra.


¡FIN!