Hola a todos, espero que hayan disfrutado el primer capítulo, porque aquí le traigo el siguiente. n_n

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Declaimer: Ninguno de los personajes de Harry Potter me pertenece, son propiedad de J.K. Rowling (salvo obvias excepciones), yo solo los utilizo aquí con fines de entretenimiento y sin afán de lucro.


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CAPITULO 2:

Laberinto de mazmorras

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El gran galerón contuvo el aliento como esperando una noticia trascendental, pero el sombrero se limitó a anunciar con naturalidad su veredicto y exclamando con voz potente grito:

- ¡SLYTHERIN!

Si un rayo hubiese atravesado el cielo en ese instante, no habría podido provocar una reacción de mayor impacto, porque un inconfundible grito se ahogó en las gargantas del alumnado y los ojos de la mayoría se ensancharon en sus rostros. Pero Scorpius no entendía bien el porqué de eso, el mismo había sido enviado a Slytherin no hacía mucho rato y nadie le dedico ni un gritito de sorpresa, los chicos en esa escuela debían estar todos locos; eso, o cumplían algún ritual extraño de iniciación. ¿Por qué no? tradiciones más raras le contaron sus padres.

Pero el pobre Albus sí que parecía afectado por las reacciones y su rostro ahora exhibía el color de un tomate en su punto de maduración. Nadie aplaudía y los demás novatos se mostraban incómodos frente al ambiente que los veteranos estaban generando, así que no se animaban ni a respirar.

A Scorpius le choco bastante todo aquello y como no le debía nada a nadie allí y tampoco los conocía, se incorporó de rodillas en su asiento y comenzó a aplaudir con toda la elegancia que le habían inculcado.

- ¡Bravo! – Exclamo. Y la mitad del colegio le miro como a un lunático.

Sin embargo su arrebato parecía surtir efecto, pues el público en general comenzó a moverse. Si bien no para aplaudir, al menos si para cuchichear. Mientras que el tal Albus se dirigía a su mesa, esquivando a su paso las cientos de miradas que se clavaban en su cabeza.

El niño termino por sentarse junto Scorpius y una niña llamada Ellen Bletchley, pero a diferencia de estos dos, los mayores no le dieron la bienvenida.

¿Por qué los grandes son tan idiotas?, pensó molesto Scorpius, pues aunque el mismo no era un dechado de virtudes, sabía lo que era la empatía y la educación; y si estuviera en el lugar de ese niño, se sentiría muy incómodo. Así que se giró hacia Albus con la intención de saludarle, pero en aquel momento el sombrero anunciaba a otro niño su veredicto.

- ¡HUFFLEPUFF! – Grito potente y Scorpius se levantó para ver de quien se trataba.

Era Archie, quien parecía tambalearse atolondradamente hacia su mesa. Scorpius agito la mano para llamar su atención y felicitarle, pero el niño estaba abstraído en su recién asignación y no lo vio. Si embargo si lo vieron muchos otros y arrugaron la frente con irritación, algo que Scorpius no noto y sentándose de nuevo en su banca miro como proseguía la selección.

Pronto no quedaron más que dos niñas a la expectativa…Una de ellas termino en Ravenclaw y la otra, una pelirroja, fue a parar a Gryffindor. Scorpius reconoció a esta última como la chica de la gomina e intento sonreírle como agradecimiento, pero una vez más fue ignorado.

No es como si los culpara, el mismo había estado tan emocionado cuando por fin le asignaron su casa, que salvo por Archie, no había reparado en nadie ni nada más. Además, que terminara la selección significaba una cosa: ¡El banquete estaba por comenzar! Y ya era hora, por cierto, pues su estómago famélico no resistía mucho más y rugía tan fuerte que estaba seguro que todo el comedor podía escucharlo.

Scorpius abrazo su estómago con fuerza y mentalmente rogo por que se calmara, no era propio de ningún Malfoy ese espectáculo y no quería ser el hazmerreír el primer día.

Pero los aplausos eran tan fuertes que nadie le prestaba atención y pronto el director se puso en pie y pidió silencio. Era tan bajito que debía subirse en una escalerilla para alcanzar el podio y Scorpius juro que fácilmente podría pasar por un duende.

- Queridos estudiantes y profesores – clamo con vocecita aflautada – sean bienvenidos a un nuevo curso.

Los chicos aplaudieron y el director volvió a pedir silencio.

- Estudiantes de nuevo ingreso, sean también bienvenidos y esperamos que este año sea para todos productivo – más aplausos se escucharon - Como cada año debo recordarles, que los terrenos del bosque prohibido están…bueno, están prohibidos. Así que no entren, entendieron.

Los alumnos sonrieron divertidos y el hombrecillo prosiguió con el discurso.

- Sin más que decir por el momento…¡Que el banquete de comienzo!

Y nada más decir eso, se cubrieron las mesas con alimentos de apariencia deliciosa y todos a uno empezaron a comer, contentos de llevarse a la boca los manjares que los elfos cocineros habían preparado. Scorpius solía ser aficionado a la cocina de su elfina Bonnie y rara vez disfrutaba de ninguna otra, pero debía admitir que en aquel momento nada le parecía más a gloria que la comilona frente a él. Apenas si cuido la etiqueta, mientras atacaba las bandejas y antes de lo que canta un gallo ya se había servido dos chuletas, una pata de pollo, una pechuga, mucho puré papas y un poco de ensalada; Merlín lo librase de que sus padres se enteraran, porque nunca antes había comido con menos gracia. Pero lo realmente cierto es que tenía hambre…

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El banquete duro varias horas y cuando por fin todos estaban llenos a reventar, el pequeño director se puso de nuevo en pie y subiéndose a la escalerilla despidió a los alumnos y les deseo buenas noches.

Los de primero se pusieron en pie nada más ver a los mayores hacerlo, pero no sabían bien que hacer después. Un veterano se les acerco para presentarse como el prefecto, les dijo que lo siguieran en fila india y que no se retrasaran.

Scorpius estaba lleno como nunca, se había pasado con la cantidad de la comida y ahora se sentía como empanzurrado, apenas si podía seguirles el paso y no quería ni imaginar con cuan poca elegancia caminaba. Ojala no lo dejaran solo, pues aunque sabía nociones de la ruta hacia los dormitorios (cortesía de sus padres) no creía ubicarse bien en plena obscuridad. Así que caminaba lo más rápido que su adolorido estomago le permitía, pero los otros chicos se veían cada vez más lejanos. Estúpido prefecto, le insulto en su cabeza, porque el supuesto responsable del orden y su bienestar, no se había dignado ni en girar la cabeza para asegurarse de que todos los niños lo estaban siguiendo.

Pronto se perdieron de su vista al doblar una esquina y el chico no supo ni por donde se habían metido. Intento recordar lo que sus padres le contaron sobre la ruta a las mazmorras, tenía que bajar eso era seguro, pero una vez abajo ni como ubicarse. Era como un laberinto y Malfoy comenzó a desesperarse.

Scorpius aún era un niño y, aunque las reglas de etiqueta y los prejuicios de género lo prohibían, sintió como la desesperación daba paso al llanto. No quería llorar, pero tampoco quería dormir en las mazmorras, donde seguro habría ratas y criaturas mágicas merodeando en la obscuridad; tenía frio y se estaba asustando, por muy humillante que resultara admitirlo.

El chico comenzó a llamar a gritos por ayuda, pero nadie respondió. Y por espacio de una hora y media se refugió en una esquina del corredor abrazándose las piernas con los brazos, mientras sollozaba en silencio. Podía escuchar a las ratas lanzando chillidos en la obscuridad y sus ojillos rojos lo espiaban desde las sombras. No conocía ningún hechizo todavía, excepto cambiarle el color a las piedras del jardín, no podría defenderse con magia si algún monstruo lo atacaba. Estaba perdido en unas mazmorras frías, bajo un colegio famoso por tener miles de sorpresas tras cada esquina, así que se sentía con derecho de estar asustado. No quería morir la primera noche y menos en soledad. Se preguntó si su lechuza se sentiría triste si muriera, porque obviamente sus papas y abuelos llorarían, tal vez hasta Archie lo lamentaba, era después de todo la única persona que conocía en ese castillo. Ojala hubieran enviado a Archie a la misma casa que a él, así no estaría solo en ese instante, seguro que el chiquillo se hubiera dado cuenta de su ausencia y hubiera ido a buscarlo, tal vez ni siquiera se hubiera perdido en primer lugar.

Scorpius sollozo en silencio, hasta que el cansancio lo venció y se sintió adormilado, solo el pavor por las ratas lo mantenía despierto y deseo que lo encontraran antes que algún monstruo se lo comiera. Nunca debió salir de su hogar para empezar, debió optar por la educación en casa, allí conocía todos los recodos de la mansión y no se perdía jamás. Además su elfina Bonnie no dejaría que algo le pasara y…

¡BONNIE!, pero como no se le había ocurrido, ella podía aparecerse en cualquier lugar. Lo sabía por qué la había visto haciéndolo, ella lo rescataría.

El niño se secó las lágrimas y exclamo con vos clara y fuerte:

- ¡Bonn…!

Pero antes de terminar la frase, escucho como algo se acercaba y todo el plan anterior se borró de su mente, solo podía pensar en horribles monstruos. ¿Se lo comerían tan pronto?

Pero el ser que salió de entre las sombras no era un monstruo, sino un elfo doméstico. Scorpius casi se le echo encima de la emoción y de no ser porque era un Malfoy y muy elegante, le habría soltado un beso de lo feliz que estaba.

- ¿Te perdiste niño? – le pregunto el elfo, que aparentaba ser muy joven.

- Si, ¿cómo salgo de aquí?

El joven elfo le miro pensativo y luego le pregunto:

- ¿De qué casa eres? – pues el niño aun no llevaba la corbata de Slytherin, era después de todo el primer día.

- Soy de Slytherin – dijo con la voz aun compungida- pero el idiota de mi prefecto me dejo olvidado y no sé por dónde irme, había ratas acechándome hace un momento – y el chiquillo las busco con la mirada, pero estas parecían haberse largado – Oye tengo frio y mucho sueño, ¿no sabes cómo llegar a mi sala común?

El Elfo asintió por toda respuesta y le indico que lo siguiera. Al menos ahora ya no estaba solo y era evidente que no dormiría en el suelo.

- Por cierto, soy Scorpius, ¿y tú eres?

- Soy Kiby, trabajo en las cocinas.

- ¡¿Están por aquí?! ¡Genial!

- No están muy lejos en realidad. Veras, saliendo del comedor giras a la izquierda y…

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La entrada a la sala común estaba tras una pared de piedra y era necesario pronunciar la contraseña correcta, una que Scorpius desconocía, pero no importaba por que llevaba consigo a Kiby el elfo doméstico y este le abrió la entrada secreta como si nada.

- Que descanse señorito – se despidió el elfo y Scorpius le contesto en igual tono.

- Igualmente Kiby y muchas gracias.

Malfoy estaba aliviado por llegar por fin a su sala común, aun cuando se preguntaba por qué rayos nadie fue a buscarlo. La respuesta le cayó encima nada más poner un pie dentro. La sala estaba a reventar de estudiantes que se divertían de lo lindo, mientras festejaban el inicio de clases.

¡Malditos estúpidos!, grito en su mente el chiquillo, mientras se ponía rojo de coraje. Lo habían dejado olvido en aquel laberinto y ni siquiera se preocuparon de buscarlo. Les contaría a sus padres sobre esto para que pusieran una queja o algo por el estilo, por poco se lo come un monstruo desconocido y ellos estaban festejando como si nada.

- Oye niño, ¿de dónde vienes? – pregunto un alumno de cuarto año que ya llevaba dos cervezas de mantequilla, salidas de sepa dios donde.

- Hmp, ¿dónde está el prefecto de los de primero?

- Los de primero no tienen prefecto, lo eligen hasta quinto- le respondió el chico, como evidenciando el hilo negro.

- ¡El que trajo a los de primero, tonto!

- ¡Oye no me hables así mocoso, o te pesara!

Pero Scorpius estaba furioso de la indignación y no se amilo ni tantito.

- ¡¿Dónde está el prefecto?!

El chico mayor lo miro como sopesando si darle una golpiza por insolente, pero entonces un chica lo llamo y él prefirió ir a su encuentro.

Ahora si estaba que echaba espuma por la boca, primero lo dejan olvidado y luego hablando, esto no se iba a quedar así, haría que su padre se quejara, como que se llamaba Scorpius Malfoy.

- Niño- le llamo de nuevo alguien y al girarse pudo ver que se trataba de una joven mucho muy mayor que el - ¿eres de primero?

- Lo soy y por poco duermo en los pasillos. ¿Dónde está el prefecto?

- La estás viendo.

- ¿T-tú también eres prefecta?

- Por supuesto, que se te ofrece – Y aquello dicho con tanta dulzura y viniendo de una chica tan bella, desarmaba a cualquiera y Scorpius no fue la excepción.

- Me dejaron solo en el camino a la sala común y no sabía cómo llegar, llevo un montón perdido en las mazmorras y nadie me fue a buscar.

Y si no hubiera estado rodeado de extraños, se hubiera dejado llevar por el horrible recuerdo, pero como no era así, trato de no sonar tan compungido; pero era un niño después de todo y había pasado las de Caín imaginándose perdido entre las ratas enormes que vagaban por las mazmorras, así que la voz le salía afligida por si sola.

Le conto a la bella prefecta lo que había pasado y le dijo que escribiría a sus padres para quejarse, pero contrario a lo que esperaba, ella no se ofendió, si no que sonrió con empatía y le dijo que ella misma se encargaría de castigar al culpable.

- ¿No tienes sueño, Scorpius?

- P-pues sí. ¡Pero no quería dormir afuera!

- Obviamente. ¿No quieres que te guie hasta tu dormitorio? – y el chiquillo asintió abochornado, pues la prefecta era muy bonita y tanta atención lo sonrojaba.

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No estaban lejos dormitorios y tras despedirse de la prefecta, Scorpius se adentró en la habitación que al parecer seria su aposento por lo próximos siete años. No estaba de ánimos para escudriñar y nada más ponerse el pijama se metió en la cama que le correspondía. Ya mañana sería otro día…

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Continuara….

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Bueno, espero y les allá gustado ˄_˄ Nos vemos en la siguiente entrega ;D