Un leve murmullo me despertó, venía del salón. Me levanté y me puse las zapatillas antes de salir de la habitación y dirigirme hacia donde provenía el ruido. Cuando entré en el salón vi a Annie sentada en uno de los grandes sofás observando atenta la televisión en la que aparecían imágenes de unos juegos del hambre, aunque no supe identificar de qué año eran.
-Creía que te había dicho que no más escapadas nocturnas –dije mientras me colocaba detrás de ella.
Annie se sobresaltó en silencio y puso en pausa el video.
-Pero esta es una escapada instructiva. –susurró.
-¿Estás preocupada? –¿qué tipo de pregunta era esa? Me senté a su lado y le quité de las manos el mando a distancia.
-Mucho… -musitó. Percibí un par de lágrimas en sus ojos y me acerqué más a ella. –No voy a ser capaz, Finnick.
Me abrazó con fuerza y sollozó contra mi pecho. La rodeé con mis brazos e intenté calmarla acariciándole la cabeza.
-Claro que vas a ser capaz, Annie. Yo confío plenamente en ti. Vas a ganarte muchos patrocinadores con tu encanto natural, y con eso ya tienes la mitad de los juegos ganados.
-Hoy he visto entrenar a los profesionales… -dijo sorbiéndose los mocos –Son alucinantes, todos nos hemos quedado embobados mirándoles, y yo era incapaz de acertar con el cuchillo en el blanco.
-No te desesperes por eso, yo con los cuchillos soy pésimo también. Pero un tridente y una red me salvaron la vida porque llevaba toda la vida utilizándolos. –Annie volvió a sollozar y le sequé un par de lágrimas que le recorrían la cara. –Y te prometo que te voy a conseguir los mejores patrocinadores de todo el Capitolio.
-Eso se lo habrás dicho a todos los tributos. –percibí una pequeña mirada de reproche que se desvaneció enseguida por lo que nunca supe si había sido producto de mi imaginación.
-No, tú eres la primera a la que se lo prometo, y cuando hago una promesa nunca la rompo. –la miré unos breves segundos e intenté sonreír aunque solo conseguí poner una mueca. –Y ahora, para no romper la tradición de nuestros encuentros nocturnos, a dormir. Necesitas descansar para poder entrenar mañana. Además también tendrás que estar con Mags para preparar la entrevista con Caesar.
Nos levantamos y la acompañé a su habitación.
-Buenas noches, Annie. Descansa, de verdad, necesitas estar guapa en los entrenamientos para que los profesionales no crean que te afectan sus "profesionalidades" –Annie rio ante la tontería que dije y cogió aire para tranquilizarse. Le di un pequeño beso en la frente y me giré para volver a mi habitación.
Cuando pasé por la habitación de Mati escuché unos pequeños sollozos y me paré bruscamente. Cerré los ojos e intenté contener mis lágrimas, no podía seguir así. Todo esto tenía que parar. Le pegué un puñetazo a la pared que hizo que casi soltara un grito de dolor. Entré en mi habitación e intenté dormir un poco.
Lo bueno de ser mentor era que no tenías que levantarte muy pronto para los entrenamientos, lo malo era que estaba mal visto que no desayunáramos con los tributos, y aunque no tuviese nada mejor que hacer durante el día tenía que madrugar.
Tanto Annie como Mati tenían unas profundas ojeras, señal de que no habían dormido apenas.
-¿Cómo van esos entrenamientos? –preguntó Porter con voz animada y maquillado hasta las pestañas. Yo lo miré de reojo y puse los ojos en blanco, nunca me había caído muy bien, pero tenía que soportarlo.
-La verdad es que no muy bien, apenas tenemos cuatro días para aprender a usar armas, defensa personal, a poner trampas, crear fuego… -murmuró Annie mientras mordía su tostada.
-Bueno, pero sois unos chicos listos y aprenderéis rápido.
Annie se detuvo bruscamente y se levantó de la mesa con una mueca en la cara.
-No tengo nada más que decir –dijo antes de abandonar el comedor.
Todos miramos con el ceño fruncido a Porter, excepto Mags, que me miraba a mí señalándome con la cabeza que siguiera a Annie para tranquilizarla. Le hice caso encantado y salí corriendo para alcanzarla antes de que llegara al ascensor.
-¡Annie! –la llamé antes de que pulsara el botón. –Espérame.
-Lo siento mucho, Finnick. No quería ponerme así –se disculpó –Pero es que el hecho de que a Porter no le afecte todo esto me pone de los nervios.
-También causa ese efecto en mí. –me coloqué frente a ella y puse mis manos en sus hombros. –Recuerda lo que te dije ayer, no dejes que te afecten los demás. Sé tú misma e intenta hacer amigos ahí abajo…
-Finnick, no voy a ser capaz de aprender tanto en tan poco tiempo. –Noté como empezaba a hiperventilar –Nunca me había dado cuenta de lo difícil que es todo esto. –un sollozo se escapó de su garganta –Quiero volver a casa. –dos lágrimas recorrieron sus mejillas sonrosadas.
No pude hacer otra cosa que estrecharla entre mis brazos.
-Vas a volver. –La obligué a que me mirase a los ojos –Vas a volver sana y salva, y yo me encargaré personalmente de eso, aunque tenga que saltarme todas las reglas. –carraspeé. –Esta noche después de la cena quiero que vengas aquí, y ponte la ropa del entrenamiento.
Le di un beso en la frente y me alejé hacia mi habitación.
