Cuando llegué al ascensor Annie ya estaba esperándome.
-Escucha, no creo que esté permitido lo que vamos a hacer ahora, pero realmente quiero que llegues a la arena preparada.
Bajamos en silencio hacia la sala de entrenamiento y cuando entramos en ella me dirigí directamente hacia donde estaba las espadas y cuchillos.
-De acuerdo, coge una de las espadas, quiero ver cuanta fuerza tienes para poder blandir una. -Annie agarró una sin protestar y levantó la espada con los dos brazos. –De acuerdo, ¿puedes moverla como si estuviese luchando contra alguien?
-No, por lo menos no lo suficientemente rápido para salir viva de un enfrentamiento. –soltó una risa nerviosa que no pude evitar que se me contagiara.
-Está bien, en ese caso dedícate a entrenar con la espada durante los entrenamientos para ir cogiendo fuerza en los brazos. Pero cuando entrenes conmigo nos centraremos más en tus puntos fuertes. Supongo que sabrás nadar... –Annie asintió con una sonrisa contenta de tener algo que dominaba –Eso es bueno, en terreno con agua tendrás ventaja. ¿Tienes velocidad al correr?
-No lo sé, nunca me he cronometrado –bromeó.
La miré fijamente sonriendo.
-Lo que más me sorprende de ti es que a pesar de tu situación eres incapaz de dejar de ser graciosa y encantadora. -Annie se puso súbitamente roja y yo desvié la mirada, avergonzado. ¿Cómo se me podía haber ocurrido decir eso? Carraspeé. –Bueno, cruza el gimnasio en el menor tiempo que puedas, espera un segundo voy a ir a por un cronómetro. –Cuando encontré uno lo puse en marcha y lo programé para cronometrar la carrera de Annie. –Preparada, lista… ¡YA!
Annie comenzó a correr a toda velocidad cruzando el gimnasio en apenas unos segundos, cuando llegó al otro lado paré el cronómetro y asentí bastante satisfecho.
-Bueno, la velocidad no es algo que tengamos que practicar tampoco. Vamos a intentarlo con los cuchillos, porque aunque sepas nadar y correr no siempre tendrás la oportunidad de huir. –Annie asintió roja por la carrera y me siguió de nuevo a la zona donde estaban las armas, cogió un cuchillo con cada mano y se colocó frente a los maniquíes –De acuerdo, intenta atinar en el centro del pecho, con fuerza.
Cogió aire y se concentró, cuando lanzó el cuchillo se clavó débilmente en la pared, pero Annie no se desconcentró y lanzó el siguiente cuchillo que sufrió el mismo destino, le alcancé otros dos y ocurrió lo mismo con todos. Entonces sí que bajó los hombros decepcionada.
-Bueno –dije mientras me acercaba a ella. –Creo que el principal problema es que no te pones en la posición correcta, una vez que domines cómo debes ponerte todo será cuestión de práctica. –me coloqué detrás de ella y le agarré la muñeca derecha, donde sujetaba de nuevo un cuchillo. –Tienes que ponerte levemente de lado para poder lanzar el cuchillo desde detrás de tu cuerpo, si mueves el brazo desde atrás tendrá más fuerza y velocidad. Y recuerda que al lanzarlo debes colocar el cuerpo frente a tu objetivo doblando levemente las rodillas –Annie asintió y lanzó el cuchillo teniendo en cuenta mis pobres consejos ya que no pude explicarle mucho más de lo que me explicaron a mí. Lanzó el cuchillo y consiguió clavarlo en la pierna derecha del maniquí.
Annie empezó a saltar y a gritar de la alegría en torno a mí y no pude evitar reír debido a su felicidad.
-¡No me puedo creer que le haya dado! Puedo dejar coja a los demás tributos. –alzó la mano extendiendo los dedos para que se la chocara. Se la choqué y en el último instante entrelacé mis dedos con los suyos, Annie me miró fijamente mientras el color de su piel se volvía escarlata.
-Sigue practicando –le susurré separándome de ella avergonzado.
Cuando Annie empezó a fallar de nuevo debido al cansancio recogimos todo y regresamos al cuarto piso, la acompañé hasta su cuarto y me apoyé en el marco de la puerta.
-Muchísimas gracias, Finnick. Ahora tengo una pequeña posibilidad más de poder ganar. –inconscientemente alcé la mano y comencé a acariciarle el brazo.
-Tienes muchas posibilidades de salir viva de ahí. Piensa en positivo. –me incliné sobre ella y le di un beso en la mejilla. –Buenas noches, descansa todo lo que puedas mañana tienes entrenamiento de nuevo por la mañana, recuerda que debes practicar con la espada.
Al día siguiente conseguí colarme en la sala de los Vigilantes, donde observaban el entrenamiento de los tributos, con la excusa de saludar a algunos conocidos, pero con la única intención de observar a Mati y sobre todo a Annie.
-Buenos días, Finnick –saludó el Vigilante jefe, era el mismo cuando yo gané los juegos -¿A qué debemos tu compañía?
-Quería pasar a saludar y… no os voy a mentir, aquí tenéis las mejores bebidas –le guiñé un ojo y me acerqué al mini bar para servirme una copa. -¿Cómo veis a los tributos este año?
-Son muy diferentes entre ellos, los profesionales son muy profesionales y los tributos de la periferia son… bueno, júzgalo tú mismo.
Me acerqué al cristal y busqué a los tributos de los distritos once y doce y comprobé que no iban a ser un problema muy grave. Después desvié mi mirada rápidamente a dos tributos que estaban practicando con las espadas, sonreí al reconocer a Mati y Annie.
-¿Y qué tal veis a mis tributos? –pregunté intentando disimular.
Todos hicieron una mueca y el corazón me dio un vuelco. Las muecas no eran una buena señal.
-No vamos a mentirte Finnick, te tenemos mucho aprecio. Puede que los patrocinadores se queden prendados de ambos en la entrevista con Caesar, pero no les vemos muchas aptitudes físicas y eso al fin y al cabo es lo que cuenta. –carraspeó y me miró apenado –Y sintiéndolo mucho tienes que marcharte de aquí, no es algo personal, pero nos podríamos meter en un buen lío si alguien se entera de que has visto el entrenamiento.
-Claro, claro, lo entiendo. –me despedí de todos y salí de la sala con las manos temblorosas.
Subí corriendo por las escaleras hasta nuestro piso y allí encontré a Mags revisando antiguas entrevistas para no repetir técnicas a la hora de ganarse al público.
-He estado viendo el entrenamiento –le dije sentándome a su lado. –Y los vigilantes no me han dado muy buenas esperanzas respecto a Mati y Annie, no son lo suficientemente fuertes físicamente.
-Bueno –dijo sin desviar la mirada de la televisión –de eso te estás encargando tú, ¿no? Por lo menos con Annie.
Me puse completamente rojo pero intenté disimular.
-No sé a qué te refieres…
-Finnick, no soy estúpida… Os vi anoche escaqueándoos a la sala de entrenamiento. –Puso otra grabación en la televisión y mientras se cargaba el video me miró fijamente –Me parece muy bonito lo que estás haciendo con esa chica. Te debe gusta mucho.
A pesar de que Mags tuviera más de setenta años no se le escapaba ninguna. Era agradable tener a alguien así cerca.
-Pero es un error. Se va a meter en una arena en dos días con veintitrés personas que intentarán matarla.
-¿Entonces a qué esperas? Finnick, deberías disfrutar un poco de tu vida, sé que no es fácil y mucho menos para ti…
-Es muy joven para mí. -Realmente Annie me gustaba, pero sabía que era algo imposible, aparte de que yo era su mentor y ella una tributo, estaba el hecho de que no podía escapar de Snow, trabajaría para él de por vida o hasta que mi belleza durase. –Sabes que no puedo arriesgarme a tener seres queridos, no después de haber ganado los juegos.
Mags me acarició la mejilla y sonrió triste.
-Ese es mi consejo, ahora tú puedes decidir qué hacer, pero tal vez demostrarle que habrá alguien esperándola aquí le de fuerzas para ganar estos juegos.
