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Declaimer: Ninguno de los personajes de Harry Potter me pertenece, son propiedad de J.K. Rowling (salvo obvias excepciones), yo solo los utilizo aquí con fines de entretenimiento y sin afán de lucro.


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Capítulo 5:

DEMASIADA CURIOSIDAD

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Los días que siguieron al inicio de clases, la pasó Scorpius evitando el gran comedor y procurando las cocinas. Allí se entretenía mirando a los elfos cocineros trabajar y acompañando a Kiby en sus recorridos. Si bien al principio el elfo se había negado, la insistencia de Scorpius había sido tanta que había terminado por ceder. De modo que ahora el niño le acompañaba por los pasillos a la hora de la cena y el almuerzo, momento más concurrido del comedor.

Fue un día de esos, cuando patrullaba junto a Kiby en el cuarto piso, que escucho una discusión salir de las aulas vacías. Scorpius, que era más curioso de lo que le gustaba admitir, se acercó al lugar de donde provenían las voces y en contra de los consejos del Pepe grillo de su cabeza, se acercó a escuchar tras la puerta. La imagen fugaz de su madre regañándole paso por su cabeza y pudo escucharla decir "que vulgaridad jovencito" mientras meneaba el índice de izquierda a derecha. Mas eso no impidió que observara por el resquicio de la puerta y viera a los dos chiquillos que discutían acaloradamente en su interior. Estaban de espaldas pero aun así era notorio que no debían ser mucho más altos que el mismo Scorpius y que uno de ellos (el de mayor altura) era de Gryffindor, pues su corbata desecha sobresalía del cuello de la camisa; el chico parecía estar muy molesto por algo y no dejaba de hacer aspavientos con las manos. Si en ese momento no le hubiera llamado Kiby, seguro a estas alturas ya se habría enterado de todo aquel chisme, pero avergonzado se alejó de la puerta y fue donde el elfo para seguir patrullando.

Tras media hora de andar por los pasillos, el hambre por fin hizo mella en ambos y por mutuo acuerdo se dirigieron a las bodegas para comer, pensaban llegar mucho más rápido usando los pasadizos del colegio, algo que al parecer los elfos conocían. A Scorpius le encantaba pensar que "técnicamente" ningún otro alumno sabia esos pasajes y justo se habían parado frente a la entrada a uno, cuando de la nada se oyó un brusco portazo en las cercanías y como alguien corría en dirección a ellos. Kiby se puso nervioso y apresuradamente abrió el pasaje para ambos, antes de jalar a su acompañante a dentro y cerrarlo tras ellos; pese a lo cual Scorpius alcanzo a ver a un chiquillo de su casa que pasaba corriendo frente al ahora invisible pasadizo y casi hubiera jurado que se trataba de Albus Potter, casi.

Scorpius y Kiby volvieron a las cocinas con la tripa rugiendo y el niño se sentó raudo donde acostumbraba mientras observaba a los demás elfos afanarse en los fogones. Ultimadamente iba tan seguido a ese sitio que ya casi ningún elfo se extrañaba por su presencia y el niño sabio ahora al dedillo la distribución de esa cocina. Más tarde esa noche se regresó a su sala común en compañía de Kiby. Realmente le agradaba ese elfo.

Pasada una semana del incidente en clase de pociones, Scorpius por fin se decidió a presentarse en el gran comedor durante la cena. Los chicos de su casa le miraron sentarse como quien ve a un resucitado y usaron ese concepto para bromear con el toda la noche. Tal parecía que el drama estaba superado.

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Llegada la segunda semana de clases, la escuela pareció revitalizarse una vez más y allá donde se mirara, grupitos de chicos discutían alegremente la selección de los nuevos elementos deportivos de cada casa. Los chicos de primero también parecían emocionados y varios incluso se mostraron dispuestos a dar la prueba…o al menos lo estuvieron hasta el momento en que el director recordó en la cena del viernes que solo los alumnos de segundo para arriba podrían postularse para los equipos. Fue como si alguien hubiese desinflado un globo, ya nadie en primero parecía tan contento; los de segundo en cambio, estaban aún más alborozados.

Aquella noche pusieron en el tablón de Slytherin la papeleta de inscripciones para la prueba y cada chico medianamente entusiasta del Quidditch se apuntó. Los novatos de primero solo atinaron a mirar la hoja encandilados como quien mira una golosina exclusiva, tal vez el siguiente año podrían. Esa misma noche todos durmieron desilusionados y se acostaron muy tarde discutiendo en su habitación él porque era muy injusto todo aquello. Al día siguiente nadie tenía ganas de levantarse, casados y fastidiados como se encontraban.

Scorpius tampoco tenía muchos ánimos de salir de la cama, pero su vejiga fue más convincente y el niño se levantó silencioso para encerrarse en el baño mientras afuera amanecía; no salió hasta media hora más tarde, casi al mismo tiempo en que alguien salía de la alcoba.

Decir que era extraño que hubiese alguien levantado, sería poco. Los sábados son por excelencia el día de más flojera para los estudiantes y es cuando uno puede dormir a sus anchas. No había razones para levantarse temprano ese día, así que… ¿qué hacía alguien saliendo a hurtadillas en la mañana?

Scorpius lo medito en silencio unos segundos, pensando realmente en volverse a la cama. Pero la curiosidad ya había terminado de aniquilar las ganas de dormir que le quedaban y por segunda vez en lo que iba del curso, cedió el niño a sus curiosos impulsos. Tan solo acabo de vestirse y ya estaba afuera caminando de puntillas. Anduvo cual detective por largo trecho y pudo llegar a tiempo para ver salir a Albus Potter por el retrato. Ese niño era por demás extraño, ya era la segunda ocasión en que lo veía rondando en solitario. Y no es como si llevaran tantísimo tiempo en la escuela como para darse ese lujo y no perderse. Ni siquiera Scorpius lo hacía y él sí que sabía actualmente varios atajos.

Scorpius siguió y siguió a su compañero a escondidas por varios pasillos, hasta subir al lobby del colegio. Allí Scorpius vio a Albus entrar al gran comedor y no vio ya motivos para seguir escondiéndose. Así que entro también a desayunar y tomo asiento junto al chico.

- Me extraña verte levantado a estas horas – le dijo al otro y este dio asustado un bote en el banco.

- ¡Hay caramba, que susto me has dado! – le reclamo Potter llevándose una mano al pecho, luego se calmó un poco – tú también estas despierto, ¿no?

- Si pero yo…yo tenía hambre – se excusó el rubio encogiéndose de hombros, para después servirse cereal en un plato.

Por espacio de varios minutos ambos se dedicaron a comer en silencio. Frente a ellos la mesa Griffindor estaba casi llena, cualquiera diría que eran la mar de madrugadores, pues todo ellos comían entusiasmados y hablaban deprisa.

Normalmente era imposible escuchar conversaciones en el comedor, pero aquella era una mañana de sábado y casi nadie se levantaba tan temprano. En semejante silencio era sorprendentemente audible todo lo que se decía una mesa ajena y Scorpius podía escuchar a la legua a los Gryffindor parloteando de la prueba de selección de su casa. Prueba que por lo visto ellos celebrarían esa misma mañana, de ahí que estuvieran tantos levantados.

A Scorpius le parecía mentira que hubiese que esperar todo un año para poder dar también él la prueba, tendría que conformarse con ver al día siguiente la selección de prospectos de su casa. Seguro mañana sí que se abarrotaba la mesa Slytherin en el desayuno.

Llegadas las ocho, los Gryffindor se levantaron y marcharon juntos a la salida del castillo, Scorpius les vio alejarse entre bromas y pullas amistosas, a su lado Albus se removió incómodo. Pasados unos minutos se levantó también dubitativo y se alejó a paso flojo a la salida, donde lo esperaba una niña. La Gryffindor de la gominola.

Miles de teorías se revolvieron en la cabeza de Scorpius que movido por la curiosidad les siguió a lo lejos. Si acaso un día sus padres se enterasen de en qué perdía el tiempo su hijo, seguro le retarían hasta el cansancio, pues ya se le hacía costumbre esto de seguir gente a hurtadillas…y los Malfoy no hacían eso, claro que no.

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Los Gryffindor se habían reunido en el estadio escolar para ver la selección deportiva de su casa. Y sentados cómodamente en su palco animaban y vitoreaban a sus conocidos, que medio aturdidos por los nervios, escuchaban las indicaciones del capitán del equipo. Era una suerte que fuera sábado, porque esos días Scorpius se vestía casualmente y sin la corbata de su casa, de ahí que se colara tan fácil a la prueba, sentándose en el palco de Ravenclaw (para despistar) que estaba lleno de chicas de tercero muy alborotadas por la presencia de un aspirante a cazador sumamente apuesto. El chico daba en ese momento vueltas al campo en su escoba junto a los otros aspirantes, y cada vez que se acercaba al palco, las chiquillas se volvían locas. Scorpius no pudo evitar compararlas con gallinas cacareando y mejor busco con la mirada a su compañero.

Albus se sentaba en el palco Gryffindor medio alejado del resto de los asistentes, pero lo suficientemente cerca de un nutrido grupo de chicos ataviados con la bufanda de la casa y que no dejaban de alborotar. También ellos vitoreaban cuando el muchacho guapo se acercaba al palco, pero en lugar de suspirar como las Ravenclaw gritaban un "Eah" y luego silababan; el Slytherin supuso que le conocían.

Tras ver a las Ravenclaw vitorear al chico por quinta vez, el niño finalmente se animó a preguntar quién era el tipo de la escoba, y mucho más importante aún, si era bueno en el Quidditch; pues le preocupaba saber que su equipo no estuviera a la altura llegado el momento.

Las Ravenclaw le miraron como si hubiese dicho una grosería y luego una de ellas exclamo:

- Como rayos no sabes quién es Louis Weasley – le reclamo - si es el más guapo…

- Inteligente – dijo otra.

- Y genial de la escuela…- termino una tercera. Todas a una suspiraron extasiadas con las manaos juntas y apretadas contras el pecho. Cualquiera diría que era un ídolo de quien hablaban.

El Slytherin sintió la súbita necesidad de reírse a carcajadas, pero recordando que estaba en desventaja numérica, prefirió callarse. Abajo en el campo varios aspirantes corrían en fila india mientras el capitán les tomaba el tiempo. Las Ravenclaw volvieron a concentrase en el tal Louis Weasley y…

Un momento, ¿dijeron Weasley? Ahora sí que tenía más sentido. Tal vez ese chico era pariente de la pelirroja sabionda de la gominola, puede que incluso fuera conocido de Albus. Y pensar que él no tenía casi conocidos en esa escuela, no había nadie en su casa que le interesara animar al día siguiente, si iba tan solo seria para pasar el rato. Al menos esperaba que el evento se pusiera igual de animado, serio incluso buena idea traerse postres escondidos para comer en el palco. Ya no podía esperar a que fuera mañana.

El aire se llenó con vítores cuando el capitán Gryffindor se elevó en su escoba y pidió a los aspirantes a cazadores alinearse frente a los postes de portería. Las mismas Ravenclaw se levantaron de sus asientos y se pegaron a la baranda para ver más de cerca a su candidato; Scorpius hizo lo mismo, aunque sin interés romántico alguno.

Los chicos parecían muy nerviosos incluso desde lejos, el mismo Louis Weasley se despeino varias veces su cabello rubio antes de presentarse a su turno.

Pronto la quaffle voló en el aire y por un segundo el guardián estuvo bien cerca de atraparla, pero finalmente paso por el oyó incrustándose en la red tras el aro. El escandalo no hizo esperar y las Ravenclaw saltaron entusiasmadas festejando el tanto marcado, como si fuera un verdadero gol en un partido. En las gradas Gryffindor el alboroto era similar e incluso Scorpius pudo ver a Albus gritando emocionado.

Abajo los aspirantes a golpeador terminaron de correr y tomaron los bates para practicar sus de pelota contra una barda conjurada. Las Ravenclaw siguieron festejando por otro rato.

Para el mediodía el capitán del equipo ya había terminado con las pruebas y después de dura deliberación, había escogido finalmente a sus nuevos jugadores. Pero Scorpius no se molestó por escuchar el veredicto y se marchó derecho hacia el castillo con el hambre rugiendo furiosa. Entro derechito al gran comedor y se sentó junto a sus compañeros en la mesa, algunos de los cuales aun traían la almohada dibujada en la cara. La única mesa vacía era la Gryffindor, pero Scorpius sabía bien donde estaban.

Tras media hora de almuerzo tranquilo, el gran comedor se vio inundado de gritos y festejos de una sumamente alborotada casa Gryffindor que por poco llevaba en volandas a sus nuevos elementos y tardo mucho rato en sentarse a la mesa, pues seguían alborotando de pie.

Scorpius no vio la reacción de otras mesas por el alboroto, pero sí dio cuenta de la mueca de disgusto que pusieron los suyos; empero, nadie dijo nada y volvieron irritados la vista a sus platos. Albus Potter no apareció en su mesa para comer esa tarde, pero Scorpius casi juraba haberlo visto sentado con los Gryffindor, casi.

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Continuara….

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Tefi Black: Primero que nada, me disculpo por la tardanza. Aunque tampoco me queda fingir demencia. Me alegro que te gustaran los capítulos anteriores y espero que este sea una buena ofrenda de paz por la tremenda tardanza, en este último mes eh tenido casi nada de inspiración, se me escapan las ideas, pero ni hablar. O.o