-¡SÍ! –gritó Annie emocionada cuando el décimo cuchillo seguido dio en la diana. Levantó las manos en un símbolo de victoria y después me abrazó, aunque yo no dejé que se separara de mí y cuando terminó el abrazo coloqué las manos alrededor de su cintura.
-Mañana conseguirás una buena puntuación en las pruebas individuales.
-Eso espero, porque si no habré perdido horas de sueño para nada… -se rio y entonces se dio cuenta de nuestra cercanía. –Muchas gracias Finnick, sé que me repito mucho diciendo esto pero de verdad te agradezco todo lo que estás haciendo por mí, no tendría ni la mitad de oportunidades.
Asentí completamente inmerso en mis pensamientos. No podía apartar mis ojos de los suyos, con todos los pensamientos que me había metido Mags en la cabeza. No sabía si hacía lo correcto. Ni si quiera sabía si a Annie le pasaba lo mismo que a mí, seguramente estaría ocupada pensando en estrategias y yo no podía quitármela de la cabeza. Cogí aire dispuesto a inclinarme sobre ella.
-Estoy muy cansada –dijo apresurada. Me detuve bruscamente y me mordí el labio frunciendo el labio. –Mañana tenemos la prueba individual y me gustaría descansar.
-Claro –me separé de ella –Sube a dormir, yo recogeré todo esto…
Sin decir nada más se dio la vuelta y despareció. Cogí uno de los cuchillos y lo lancé enfurecido contra uno de los maniquíes.
-¡Lo van a anunciar en dos minutos! –gritó Porter.
Nos reunimos todos en el salón, sentándonos en los sofás para ver las puntuaciones de las actuaciones individuales. Noté cómo Annie se sentaba entre Mags y Mati evitando mi mirada. Me mordí la lengua por estúpido. ¿Qué tributo iba a darse mal por un chico cuando está a punto de entrar en una arena a luchar por su vida?
La televisión se encendió y en ella apareció Caesar Flickerman con su ancha sonrisa. Hizo la presentación de todos los años y comenzó con las puntuaciones de los tributos. Los profesionales consiguieron puntuaciones muy altas para mi gusto, cuando llegó el turno del Distrito cuatro observé a Mati estrujándose las manos nervioso y a Annie escondiendo la cabeza entre sus piernas encogidas.
-Mati Umdobi –anunció Caesar –Del Distrito 4, ha obtenido una puntuación de 7.
Todos aplaudimos, siete era una buena puntuación, se podían conseguir patrocinadores con eso.
-Annie Cresta, del Distrito 4, ha obtenido una puntuación de –no pude evitar mirar fijamente a Annie, observaba atenta la pantalla sin apenas pestañear –5.
Suspiró y cerró los ojos apesadumbrada. Me mordí el labio y desvié la mirada.
-No te preocupes, Annie –dijo Mags –Conseguiremos que seas la mejor en la entrevista con Caesar.
Annie asintió en silencio y se disculpó antes de abandonar el salón en dirección a su habitación. Todos abandonaron la habitación exceptuando Mati, ya que teníamos que preparar una técnica para caer bien al Capitolio. Después de un par de horas practicando diferentes personalidades, nos decantamos por que hiciera una pequeña actuación sobre alguien que sabía combate cuerpo a cuerpo pero sin llegar a ser arrogante, de esa forma llamaría la atención de los patrocinadores y no le criticarían por su forma de ser.
Cuando regresé a mi habitación escuché unos sollozos procedentes de la habitación de Annie. Llamé suavemente a la puerta y abrí una pequeña rendija.
-¿Puedo pasar? –pregunté en un susurro. Annie me contestó desde el interior y yo entré antes de volver a cerrar la puerta. Estaba tumbada en la cama tapándose con la sábana hasta las orejas. –Annie, no deberías dejar que esta puntuación te perjudique.
-Lo sé, es solo que todo el entrenamiento extra no ha servido para nada. Fui una estúpida, llegué y me puse a lanzar cuchillos como una loca contra las dianas. A los dos minutos ya estaban aburridos de mí. No vas a poder conseguirme patrocinadores por mucho que lo intentes, porque nadie va a querer ayudarme.
-Yo quiero ayudarte. –Annie se destapó y me miró fijamente con los ojos rojos e hinchados –Escucha Annie, quería hablarte de lo que pasó anoche. Fue una estupidez por mi parte, debes tener la cabeza hecha un lío por tu situación y a mí no se me ocurrió otra cosa que crearte otro problema en el que pensar. Pero es que yo soy incapaz de dejar de pensar en ti.
Annie me miró fijamente y comenzó a llorar de nuevo. Nunca había causado ese efecto en ninguna chica y me quedé bloqueado, sin saber cómo consolarla.
-No deberías decirme eso… He estado evitando esta situación desde que te conocí, porque yo tampoco puedo dejar de pensar en ti, pero es muy difícil que salga viva de ahí y no quiero que lo pases mal por mi culpa, porque si fuese al contrario yo sería incapaz de verte morir. No quiero hacerte daño.
-Annie –carraspeé. –El daño ya está hecho, lo hicieron en el momento en el que sacaron tu nombre de la urna. –le acaricié la cara suavemente y esta vez Annie cerró los ojos y disfrutó del momento. –Annie…
Entonces Annie se incorporó rápidamente quedando sentada sobre la cama, puso sus delicadas manos en mi cara y depositó un suave beso sobre mis labios. Cerré los ojos y disfruté de la sensación. Era mi primer beso, por lo menos mi primer beso real, sin estar obligado a darlo. Coloqué una mano en su nuca y la apreté levemente contra mí.
Cuando el beso terminó Annie me miró triste.
-Finnick, no quiero que te hagas ilusiones… Va a ser muy difícil sacarme de ahí viva.
-Difícil sí, imposible no. –carraspeé y le acaricié un brazo. –Quiero que te concentres en la entrevista de mañana, podemos ganar muchos patrocinadores si actúas bien. -Annie asintió y me dio otro pequeño beso. –Y ahora a dormir.
Me hizo caso y se metió de nuevo bajo las sábanas. Cuando llegué a la puerta me llamó.
-Finnick… a riesgo de parecer una lanzada… ¿Podrías quedarte a dormir esta noche conmigo? –me preguntó en un susurro.
Sonreí mordiéndome el labio mientras me acercaba a ella.
-Por supuesto. –me metí junto a ella en la cama y la besé.
Nuestros labios se moldearon a la perfección, acaricié la cara de Annie con suavidad. Abrió la boca y yo introduje mi lengua en su boca saboreando el momento. Colocó las manos alrededor de mi cuello y yo, inconscientemente me medio coloqué sobre ella poniendo una de mis manos en su cintura y con la otra soportando mi peso. Entonces se separó bruscamente de mí.
-Finn, no quiero… -sabía perfectamente a lo que se refería. Seguramente Annie tendría conocimiento sobre mi trabajo en el Capitolio.
-No te preocupes –dije con la respiración entrecortada.
-No quiero esta noche –detalló. Me sonrió y me dio un pequeño beso. –Quiero dormir para estar guapa mañana.
-Tú siempre estás guapa –le susurré. –Buenas noches.
Me tumbé de nuevo a su lado y le acaricié el pelo hasta que se durmió. Aquella noche no dormí ni un minuto. No quería perderme a Annie durmiendo plácidamente, cosa que seguramente no hacía desde días.
