Alguien llamó a la puerta tan fuerte que ambos nos despertamos bruscamente. Me había dormido sin darme cuenta. Le di a Annie un beso de buenos días y me di cuenta de que estaba completamente pálida.

-Vamos, tienes que desayunar para coger fuerzas.

Nos vestimos y salimos al comedor para reunirnos con los demás. Mati y Annie comían sin parar a pesar de que seguramente tendrían el estómago cerrado. Mags me miraba triste. Y yo hacía lo posible por contener las lágrimas.

Media hora después de habernos despertado llegó Porter Rocko para avisarnos de que debíamos llevar a los tributos a los aerodeslizadores. Me despedí nuevamente de Mati y fui con Annie hacia la plataforma donde despegaría el aerodeslizador. Durante todo el trayecto no dijimos nada, pero Annie me agarraba con fuerza de la mano. Cuando llegamos al punto donde debíamos separarnos Annie empezó a hiperventilar.

-Annie –dije poniendo las manos sobre sus hombros –Tranquilízate, todo va a salir bien. En cuanto termine la cuenta atrás ve corriendo hacia la cornucopia y coge una mochila y si puedes algún cuchillo, pero eso es secundario. Eres rápida, así que estoy seguro de que podrás salir de ahí antes de que cualquiera de ellos consiga un arma. Después busca refugio y mantente a salvo, por favor.

La abracé con fuerza y un par de lágrimas recorrieron mi cara, aunque me las limpié antes de separarme de ella para que no las viera. Puse mis manos sobre su cara y la besé con ternura. Me daba igual que nos vieran los Agentes de la Paz que la escoltarían porque podía ser el último beso que le diese, aunque deseaba con todas mis fuerzas que no fuera así.

Me abrazó de nuevo y me acarició la espalda.

-Te quiero, Finn –susurró. Me dio un pequeño beso y sonrió –Vendré a por la otra mitad de este beso cuando gane, te lo prometo.

-Yo también te quiero –dije con una sonrisa forzada. –Mucho.

Entonces los Agentes de la Paz la cogieron por los brazos y la separaron de mí.


Entré corriendo en la sala de los patrocinadores. Allí estaban ya el resto de mentores charlando con la gente del Capitolio para conseguir dinero y enviar cualquier cosa que necesitasen sus tributos. Me acerqué a Mags, que me abrazó nada más verme y me sonrió para infundirme ánimos.

La pantalla gigante que decoraba la sala se encendió y en ella apareció Caesar para anunciar el inicio de los juegos. La siguiente imagen fue la de los tributos alrededor de la Cornucopia con la cuenta atrás. Me costó tiempo localizar a Annie ya que todos iban vestidos de la misma forma. Después me dediqué a observar la arena. Todo era verde, a excepción de un gran río que la dividía en dos, con una gran presa en lo más alto. Por lo menos había agua dulce.

-¡10! ¡9! ¡8! ¡7! ¡6! ¡5! ¡4! ¡3! ¡2! –gritaron todos al unísono. -¡1!

La mayoría de los tributos corrieron hacia la Cornucopia. Annie les sacó clara ventaja a todos y llegó la primera a tiempo de coger una mochila y dos cuchillos. Salió corriendo del baño de sangre y se adentró en el bosque, donde la perdí de vista.

-¡Mati está siguiendo a Annie! –dijo Mags.

-¿Para aliarse? –pregunté esperanzado, pero mi mentora se encogió de hombros, lo que causó que el corazón me diera un vuelco. Si Annie moría a manos de Mati y este resultaba ser vencedor, lo mataría yo mismo.


Resultó que Mati persiguió a Annie para aliarse con ella, cosa que me alivió muchísimos. En la sala de los patrocinadores todos querían hablar conmigo, y más antiguos amantes del Capitolio, pero pocos se ofrecían a pagar un pan para enviarlo a mis tributos. Hasta que el tercer día conseguí convencer a una mujer de que pagara dos panes y poder enviarlos en un paracaídas.

Mags cada día se preocupaba más por mí, y era algo normal porque desde que Annie había entrado en la arena apenas había dormido seis horas en total. No podía despegarme de la pantalla, por el riesgo de que en las horas que decidiese dormir Annie pudiese correr peligro.

Los juegos estaban resultando claramente aburridos y no me relajaba, precisamente. A penas murieron ocho tributos en el baño de sangre y otros seis en el banquete que realizaron el tercer día. Pero ya habían pasado dos días desde el banquete y nadie más había muerto.

Annie y Mati se encontraban escondidos desde el primer día bajo las raíces de un gran árbol al lado del río. Se pasaban el día hablando de los recuerdos que habían construido juntos para pasar el tiempo y eso me permitió conocer más detalles de ella. Estaba yendo hacia la sala de los patrocinadores cuando un gran revuelo me alertó. Terminé el recorrido corriendo y cuando llegué todos estaban mirando a las pantallas lo que ocurría. El grupo de profesionales habían encontrado a Annie y Mati. Las piernas me temblaron tanto que caí de rodillas al suelo, sudoroso. No sabía si quería ver aquello.

Observé fijamente la pantalla grande y vi como uno de los profesionales le cortaba el cuello sin apenas esfuerzo a Mati, dejando que su cabeza cayese sobre la hierba. El sonido del cañonazo me sobresaltó y después escuché el grito más desgarrador que nadie pudiese lanzar, y provenía de Annie. Estaba gritando y llorando mientras la chica del Distrito 1 le agarraba los brazos en la espalda.

-Escápate –murmuré mientras notaba cómo los brazos de Mags me rodeaban los hombros.

Entonces Annie le propinó un fuerte cabezazo a la chica que la retenía provocando que un reguero de sangre saliese de su nariz y boca, con lo que consiguió que la soltara. Annie reaccionó rápido y salió corriendo dejando atrás todas sus pertenencias.

-Corre… corre Annie por favor.

Annie corría a toda velocidad entre los árboles tropezando cada dos por tres debido a que las lágrimas arrasaban su rostro.

"Escóndete" pensé, porque ya no tenía fuerzas ni para hablar.

Y me hizo caso. Se escondió de nuevo cerca del río pero casi al final de la arena. Los ciudadanos del Capitolio volvieron a sus entretenimientos decepcionados por la única muerte en días, mientras Mags me levantaba y me llevaba a mi dormitorio.

-Finnick, duerme. Yo me quedaré despierta y si ocurre algo te despertaré. –me dijo mientras me acariciaba la cara.

Cuando Mags salió de mi habitación encendí mi pantalla y observé los juegos sin despegar la vista de la pantalla.