Capítulo 2.
Shaka estaba de tan mal humor después de aquel incidente y el recordar aquella nochecita en Atenas, que ni se molestó en tratar de canalizar aquella energía negativa y disiparla con su técnica de la Capitulación de los Demonios. Se fue a dar una vuelta por los alrededores del Santuario para calmarse ya que se sentía algo oprimido en su casa y algo más tarde, se dirigió a las duchas del Coliseo.
Al llegar sacó unas toallas y una muda de ropa limpia de su taquilla y lo puso todo en un montoncito ordenado en una banqueta. Tomó una botella de champú y una pastilla de jabón que colocó en un estante pequeño al lado de la puerta de la ducha. Se desnudó y por último, se metió en un cubículo individual cerrando la puerta tras de sí.
Poco después llegó Aioria, que también estaba algo sobresaltado e iba murmurando en voz baja sobre la discusión que había tenido con Shaka. Iba tan distraído que al arrojar su ropa sucia por el suelo derribó la banqueta sobre la que reposaban las toallas de Shaka, que fueron a parar al suelo.
¡Mierda! fue lo primero que pensó al ver aquel pequeño desastre.
—Aioria, ¿no podrías andarte con un poquito más de cuidado? —preguntó Shaka en un tonillo algo sarcástico al oír el ruido antes de que Aioria tuviera oportunidad de poder disculparse.
—No te enfades, hombre, puedes usar las mías —dijo algo avergonzado mientras las sacaba de su taquilla.
—Muy amable... —respondió sin tan siquiera mirarlas.
—¿Se puede saber qué te pasa ahora?
—¿En serio quieres que te lo explique, leoncito? —le interrumpió el hindú bruscamente.
Aquella pregunta tan ácida hizo que Aioria se enojara ya que se encontraba muy dolido por la negativa anterior del sexto caballero y se sentía herido en su orgullo con las que le parecieron unas palabras muy crueles.
—¡Ya estamos! Mira, Don Perfecto, perdona que te haya tirado las toallas por el suelo, pero tampoco hace falta que te des los aires de superioridad de siempre.
—No sólo se trata de las toallas. Además eres insolente, descuidado e irresponsable.
—¡Esta sí que es buena! —le espetó Aioria tratando de pensar en algún detalle y pagarle con la misma moneda—. Por cierto, rubio, ¿las duchas colectivas no son lo suficientemente buenas para ti? —le dijo al verlo dentro de aquel cubículo y dejó que transcurriera una corta pausa— ¿o es que tienes algo de que avergonzarte?
—Y para no perder la costumbre, eres un impertinente— le dijo abriendo la puerta de par en par pues ya había terminado de ducharse y quería vestirse cuanto antes pues el cariz que estaba tomando aquella conversación no conduciría a nada bueno, por lo tanto, optó por una retirada lo más honorable posible.
Ambos caballeros vestían únicamente la ropa con la que vinieron al mundo y aquella era la primera vez desde que eran niños que ambos se veían uno a otro en toda su gloria.
—Así que crees que soy un impertinente, ¿eh?
Antes de que Shaka pudiera responder o reaccionar, Aioria se lanzó sobre él haciendo algo totalmente inesperado; con una mano lo agarró firmemente de la cintura atrayéndolo a la suya y al acercar su rostro al del rubio plantó un beso en los labios del sexto caballero.
Shaka había esperado otro tipo de ataque y aprovechando el elemento sorpresa, Aioria siguió besándolo hasta que le introdujo la lengua. El caballero de Virgo reaccionó también inesperadamente pues correspondió al beso del leonino, ya que algo le impedía el pensar con claridad.
Aioria acariciaba los largos y húmedos cabellos rubios con su mano libre, subiéndola y bajándola por su espalda y lo acercó hacia él, haciendo que ambos cuerpos estuvieran en contacto total. Ese movimiento hizo que Shaka se sobresaltara de tal manera que rompió aquel abrazo bruscamente, apartándose de inmediato del griego.
—¿Cómo te atreves? —le preguntó mientras se vestía rápidamente.
—Perdona, pero me diste la impresión de que... —le respondió confundido.
—¿Sólo porque por un momento me pillaste desprevenido? —interrumpió Shaka sintiéndose profundamente humillado.
—¡Nadie te ha insultado!. Es más, creo que te gustó el beso... —murmuró entre dientes.
—¡En tus sueños!...
—¿No me dijiste antes que era un impertinente?, pues ahora tienes buenos motivos para hacerlo.
—Aioria, apartate de mí ahora mismo —le dijo en un tono perfectamente neutral pero dirigiéndole una mirada tan fría como un glacial.
—O si no, ¿qué? .
Esta vez fue el quinto caballero el que se llevó una gran sorpresa, Shaka estaba tan furioso que le dio un enorme empujón antes de comenzar a levantar el brazo para soltarle una bofetada. Sin embargo, se lo pensó mejor y paró casi en estado de shock al notar lo que había estado a punto de hacer.
—Como te me vuelvas a acercar, la próxima vez no tendrás tanta suerte.
Shaka salió a medio vestir hacia su casa lo más rápido que pudo puesto que no pensaba en satisfacer la curiosidad del grupito de caballeros que habían oído el altercado y que seguramente no perderían tiempo en informar a Shion. Aioria se quedó anonadado ya que nunca había visto a Shaka de tal manera. Aquello suponía un problema bastante grave puesto que su vecino nunca olvidaba una ofensa y a decir verdad, Aioria no había tenido intenciones de enemistarse con él. Rápidamente se puso una toalla a la cintura y se fue en pos suyo.
—¡Shaka!, ¡Espera por favor!.
El caballero de Virgo ni siquiera se giró y para entonces ya habían entrado en el recinto algunos de los otros caballeros de oro que habían visto, al menos en parte, la escena final que aquellos dos habían causado. Al ver que habría sido inútil el seguir a Shaka, el leonino se fue a duchar sin responder a ninguna pregunta, con lágrimas de rabia y frustración mezclándose con el agua de la ducha.
Los otros caballeros se quedaron muy asombrados con el comportamiento de aquellos dos porque Aioria parecía muy distraído, pero a los que se atrevieron a preguntarle algo acerca de lo ocurrido, les contestó de manera muy brusca en un tono que no daba lugar a dudas que quería que lo dejaran en paz.
