Capítulo 4

Aioria celebró su fiesta en la quinta casa, a la que asistieron la mayoría de los caballeros que habitaban en el Santuario y sus cercanías. Aunque faltaba Shaka, el griego recibió un regalo de su parte, que le fue entregado por sus dos alumnos aquella noche un poco antes de la fiesta junto con una nota. Aioria se llevó una enorme sorpresa al abrir el sobre y la breve misiva, que leía así:

Aioria:

Perdóname por no asistir a tu fiesta pero como ya sabes he tenido que partir para China urgentemente. Cuando vuelva me gustaría verte para decirte algo de lo que sólo puedo hablarte en persona.

Espero que disfrutes mucho de tu día.

Con mis mejores deseos de felicidad.

SHAKA.

Aioria la leyó varias veces sin poder dar crédito a sus ojos ya que lo interpretó como un signo que Shaka no le guardaba rencor alguno.

Del paquetito que Agora y Shiva le presentaron el leonino extrajo una hermosa talla de madera hecha a mano. La figura representaba a un león sentado sobre una flor de loto con una inscripción escrita en sánscrito alrededor de su base. Los otros caballeros que la vieron comentaron en lo bella que era y en la atención al detalle que el tallador había prestado al crearla. Incluso el Gran Patriarca no pudo ocultar una pequeña sonrisa al ver la talla e interpretar su simbolismo pero como muestra de su discreción, no hizo comentario alguno al respecto a ninguno de los presentes.

Todos se divirtieron muchísimo durante la celebración y mantuvieron ocupado al anfitrión con conversaciones y pequeñas bromas, con lo que consiguieron que Aioria tambien disfrutara y no pensara excesivamente en Shaka. Cuando se retiraron a sus respectivas casas ya era muy tarde.
Aioria se sentía muy agotado pero no lograba dormirse, así que se echó sobre su cama sin desvestirse, sosteniendo la excelente talla de madera entre sus manos. La estatuilla era verdaderamente exquisita hasta en el más mínimo detalle.
Aioria se encontraba intrigado por el significado de la inscripción ya que los muchachos se marcharon a la casa de Virgo nada más entregarla y sin dar explicación alguna, así que no tuvo oportunidad de pedirles que le tradujeran aquellas palabras, pero una sonrisa se dibujó en su rostro porque eso le daría una excusa perfecta para poder hablar a solas con su maestro.

Tras un largo rato pudo por fin cerrar sus ojos y conciliar el sueño.