Capítulo 5
Una mañana de mediados de septiembre, en el aeropuerto de Atenas un avión procedente de Delhi aterrizó y de entre sus pasajeros surgió un joven de ojos azules y largos cabellos rubios que tanto en el viaje de ida como en el de vuelta había llevado ropa normal para no llamar la atención de los demás pasajeros ni del personal del aeropuerto.
Nada más recoger su equipaje se dirigió a otra zona del aeropuerto donde lo esperaba un pequeño avión privado que lo llevaría a la región donde estaba situado el Santuario de Atena.
Cuando aterrizó en Rodorio ya venía ataviado con una larga túnica hindú, listo para emprender el corto trayecto que lo separaba del recinto sagrado. Los caballeros que estaban de guardia en las puertas del Santuario lo saludaron y el rubio comenzó el ascenso hacia su casa para poder descansar de aquel largo viaje. Al día siguiente a primera hora tenía que ir la Colina de las Estrellas para presentar su informe al Gran Patriarca y necesitaba una buena cura de sueño.
Mu y Aldebarán le esperaban en la segunda casa y ambos le invitaron a tomar el té, invitación que Shaka aceptó gustosamente a pesar de que hubiera preferido ir directamente a la suya. El virginiano les dio las últimas noticias sobre Dohko y también les habló sobre su breve estancia en su país de nacimiento, donde, durante unos días, visitó el templo a las orillas del Ganges en el que pasó su infancia.
Mientras hablaban llegó un mensajero de parte del caballero de Acuario avisando que Shaka debía presentarse en su casa inmediatamente.
—¡Vaya!, hoy soy muy popular —dijo Shaka mostrando una rara sonrisa.
—¿No puede esperar Camus? —preguntó Mu dejando escapar un deje de preocupación en su voz—, el caballero de Virgo debe estar agotado tras un viaje tan largo.
El caballero de Acuario había dado instrucciones muy claras a aquel centinela y le había dicho que insistiera en que era muy urgente que el sexto caballero fuera a verlo en su casa. Shaka estaba un tanto extrañado pues normalmente tenía poco trato con Camus pero como no deseaba ponerse a discutir, pensó que lo mejor sería averiguar de que se trataba todo aquello a pesar de que se encontraba bastante cansado.
El joven rubio se disculpó a sus anfitriones y les dio las gracias por su amabilidad.
Mu y Aldebarán sonrieron y le dijeron que no se preocupara por nada y que ya hablarían con más tranquilidad en otra ocasión.
Una vez que se aseguró que su amigo se había marchado, Mu dijo:
—Kiki, Aldebarán, ¡no hay tiempo que perder!.
En la undécima casa se encontraban Milo, Shura y Camus que al igual que los otros dos querían saber sobre el caballero de Libra. Camus insistió en que Shaka se quedara a cenar con ellos mientras hablaban. Shaka no tenía ganas de comer, simplemente de darse un largo baño e irse a dormir y le pareció raro que el acuariano mostrara tanta insistencia con verle por lo que pareció una trivialidad pero como estaba tan cansado del viaje, no le dio más vueltas al asunto. Inmediatamente después de la cena, Milo pidió disculpas pues los caballeros de Cáncer y Piscis le pidieron que fuera a hablar con ellos en privado.
—Chicos, ¿está todo listo? —les preguntó una vez que estuvo fuera de vista y del alcance del oído de los otros.
—Claro que sí, pero nos ha llevado una barbaridad de tiempo— respondió el caballero de Cáncer.
—¿Cómo así?
—Porque no es fácil revertir el proceso, mi querido escorpión —respondió Afrodita con una sonrisa de satisfacción— pero creo que valdrá la pena.
—Eso espero, ya sabéis lo exigente y puntilloso que es —comentó Milo a sus compañeros.
El escorpión no fue el único en salir de la casa de Acuario, Camus también acabó marchándose pues Hyoga le estaba esperando en la de Géminis y tenía que revisar un trabajito que le había encargado.
Shaka se quedó sin poder bañarse y muy sorprendido por el comportamiento de sus compañeros ya que parecían llevarse algo entre manos. Aceptó la invitación de Shura para pasar la noche en la casa de Capricornio. Se encontraba tan cansado que el mero pensamiento de bajar las escalinatas hasta la suya propia le resultaba un esfuerzo demasiado grande.
Su último pensamiento fue para Aioria hasta que finalmente cayó vencido por el sueño.
