Capítulo 6
A la mañana siguiente el sol bañaba el Santuario, el mar resplandecía en sus varios tonos azules y verdes; soplaba una ligera brisa que transportaba el perfume de las flores, árboles y demás plantas por toda la región. Lo único que se podía oír era el coro de los insectos y las aves que allí habitaban; aunque aquella apariencia de paz y tranquilidad era engañosa porque en este supuesto ambiente de calma había un elemento de excitación entre los caballeros de oro debido a que estaban preparando una tarea nada fácil: una sorpresa para Shaka.
El caballero de Virgo aún dormía, en parte debido al cansancio y en parte, gracias a un somnífero que habían puesto en su cena. Shura se había quedado al cargo de vigilarlo mientras los otros seguían con los preparativos.
Shaka se despertó al mediodía y nada más oírlo, Shura rápidamente envió a Kiki, que había estado escondido en su casa, para la de Mu.
—¿Cómo estás hoy, dormilón?
—¿Shura? —preguntó algo confundido por los efectos del somnífero—, ¿no estábamos en la casa de Acuario?
—¡Qué mala memoria tienes!—respondió parsimoniosamente—. Cenaste allí con Camus, Milo y conmigo. Después vinimos aquí porque los otros tuvieron que irse.
Shaka enarcó una ceja pues la explicación dada por su compañero de armas no le había acabado de convencer. Sentía que su garganta estaba algo seca y en su boca notaba un sabor extraño que no recordaba que se correspondiera con lo que había consumido, además de encontrarse algo mareado, aunque eso podría atribuirlo al no estar acostumbrado a hacer viajes en avión.
—No te preocupes, hemos pasado la noche en habitaciones separadas —le comentó el español a modo de broma.
—Es muy raro que ni tan siquiera recuerde el terminar de cenar en casa de Camus —Shaka se levantó de la cama y alargó su mano para recoger su ropa, que Shura había colocado sobre una mesita de noche—. Será mejor que me vista y vuelva a mi casa, mis alumnos estarán esperándome.
El español ya tenía un pretexto listo en caso de que Shaka tratara de marcharse pues debía dar a los otros algo de tiempo para terminar de preparar la sorpresa. Le sugirió que se quedara a desayunar añadiendo que le haría quedar como un mal anfitrión si permitía que se marchara de su casa con el estómago vacío, pero Shaka seguía empeñado en levantarse.
—¡No discutas! —le interrumpió el capricorniano haciendo un gesto que parecía bastante malhumorado.
Shaka, a causa del ligero mareo que sentía no se veía con fuerzas de entablar una batalla verbal con Shura, así que le obedeció a regañadientes mientras desayunaba en silencio. Shura salió para darle un poco de intimidad al vestirse y, de paso, para enterarse de como iban los preparativos. Cuando regresó a la habitación donde estaba su "invitado", Shaka ya se había terminado de vestir y dejado los cubiertos sobre su plato, señalizando que había terminado su desayuno.
Shaka felicitó a su compañero pues le gustó mucho lo que le había preparado. El español ciertamente era muy mañoso en la cocina.
—Deberías cuidarte más, a este paso te vas a quedar en los huesos con tanto ayuno—le comentó tratando de retrasar su partida.
—No es para tanto, hombre —dijo Shaka riendo.
Mientras tanto llegó Aldebarán de Tauro a anunciarle que alguien le esperaba en las casas gemelas. El virginiano le recordó que tenía que asistir a una entrevista con el Gran Patriarca y que no podía retrasarse más, pero el taurino le informó que Shion había decidido posponerla hasta que se encontrara más recuperado de su largo viaje.
Shaka mostró una expresión de molestia al enarcar una ceja pues le pareció que los otros caballeros de oro se estaban comportando como si el hombre más cercano a los dioses fuera una criaturita débil e indefensa. Conservó su expresión serena normal pero su voz sonaba algo enojada y demandó saber quién le esperaba y por qué tanto misterio. Aldebarán no le contestó directamente, simplemente insistió en que lo acompañara y que no se preocupara por ningún otro detalle.
El hindú, que no estaba de humor para juegos, le recordó que debía asearse y cambiarse de ropa.
—Lo siento, Shaka, pero tenemos que irnos inmediatamente.
—¿Se puede saber que os traéis entre manos? —preguntó ya muy molesto.
Aldebarán simplemente le dijo que cumplía con órdenes del Patriarca y repitió que tenían que marcharse.
—¿Queréis callaros los dos de una vez? —les interrumpió el caballero de Capricornio—. Nadie está tramando nada, Shaka.
El caballero de Virgo vio claramente que no iba a sacar nada en limpio cuestionando al brasileño y que para ahorrarse una buena jaqueca lo mejor sería no hacer más objeciones y marcharse a la tercera casa.
Saga había salido del Santuario en una misión secreta unos días antes pero había dejado su casa a la disposición de los otros. Aldebarán condujo a un sorprendido Shaka a un dormitorio donde podría refrescarse antes de ver a quien le esperaba. Mientras se arreglaba, Saga llegó al Santuario y gracias a un pasaje secreto llegó a la casa de Leo. El joven griego llevaba tan sólo unos minutos allí porque había estado de patrulla por los alrededores del Santuario y se llevó una enorme sorpresa al verlo. Sorpresa que fue en aumento cuando el geminiano le explicó que alguien le esperaba en la suya.
—¿Por qué no aquí? —preguntó algo sorprendido el caballero de Leo.
Saga no le respondió, simplemente se limitó a indicarle que le siguiera y el otro le miró extrañado sin entender muy bien el motivo de tanto misterio.
—¿Ahora mismo? Saga, voy hecho unos zorros... —creyendo que tal vez se trataría de Shion.
—No importa, puedes cambiarte en mi casa.
Una vez en la casa de los gemelos, un muy confundido Aioria fue conducido a una estancia idéntica a la que Shaka había sido llevado. Algo más tarde ambos caballeros salieron vestidos con unos quitones de estilo dórico. El de Shaka era de un azul muy pálido casi blanco y el de Aioria era verde oscuro de un material de calidad excelente perfectamente amoldados a sus cuerpos.
El sexto caballero fue el primero en llegar al patio central donde convergían las casas gemelas y como estaba solo, se sentó a contemplar el bonito jardín de Saga. Unos minutos más tarde oyó pasos que se acercaban al lugar donde estaba. Se puso en pie y volvió su rostro hacia la figura que se acercaba sin necesidad de abrir los ojos para saber quien era.
—Aldebarán dijo que alguien me esperaba pero veo que eres tan impuntual como siempre —le comentó con una socarrona sonrisa pintada en su rostro.
—¿Shaka?, ¡menuda sorpresa!. Saga fue quien vino a avisarme y por cierto, veo que no has perdido la costumbre de criticar —le respondió sonriendo también, alegrándose que el caballero al que tanto deseaba ver pareciera estar de buen humor.
Al oír las palabras de Aioria, Shaka lo miró un tanto extrañado pues creía que Saga aún estaba fuera del Santuario.
—Quizás haya sido su gemelo —concedió Aioria—. El caso es que uno de ellos vino a la mía cuando yo no había hecho más que llegar.
Shaka le explico rápidamente que desde el momento en el que llegó de su viaje a la India, sus compañeros se habían estado comportando de una forma un tanto extraña al poner numerosos impedimentos a la hora de regresar a la casa correspondiente a su signo. Aioria simplemente se limitó a mirarlo lo más inocentemente posible, pero aquella miradita no acababa de convencer al sexto guardián.
—Podrías haber venido directamente a la casa de Capricornio. No hacía falta que enviaras a Aldebarán.
—¿De qué hablas?. Estuve fuera del Santuario unos días y acabo de regresar. Yo creí que habías enviado a Saga.
—¡Qué va!. No he visto a Saga desde hace un par semanas antes de salir de viaje.
Ambos se rieron y Shaka por fin pudo confirmar sus sospechas: todo aquel tinglado había sido para organizarles una cita a ciegas. Normalmente no le habría hecho gracia alguna este tipo de situación, no obstante, se lo tomó con muy buen humor ya que no había sido la única víctima.
Aioria lo miraba deleitándose al verlo reír tan alegremente, motivo por el que se mostro un poco reticente a sacar a relucir el tema que le llevaba rondando por la cabeza durante las últimas semanas.
—Shaka... tal vez este no sea el mejor momento... pero quería decirte que siento muchísimo la discusión en las duchas. Nunca quise insultarte.
—Lo sé, Aioria y yo también te debo una disculpa —le contestó tras dejar escapar un pesado suspiro y antes de que el leonino le interrumpiera, Shaka posó un dedo sobre los labios de Aioria y siguió hablando— en particular por haberme mostrado tan distante contigo y pasar tanto tiempo sin dirigirte la palabra. Nunca antes nadie se había comportado conmigo como hiciste y eso me confundió enormemente.
—¿Y ahora? —preguntó Leo nerviosamente.
—Ahora todo está claro como el agua.
Shaka tomó de nuevo la iniciativa al acercar su rostro al de Aioria y darle un suave beso en los labios. Aquel breve gesto le pilló totalmente desprevenido y los ojos verdes del leonino brillaban como dos soles debido a la intensa felicidad que sentía. Desgraciadamente tuvieron que pararse porque dos caballeros de plata se acercaron a ellos y les dijeron que debían ir a la casa de Libra. Los dos se rieron.
—¡Casas musicales! —dijo un risueño Shaka.
