Este es el capítulo más corto de todos, a partir de este cada vez serán más largos y más intensos. Debido a la estructura que estoy utilizando, el lemmon tardará un poquito en llegar. Pero llegará, te lo aseguro.
Los párrafos en cursiva son copia literal del libro HP y la piedra filosofal.
CAPÍTULO 2: 1er CURSO
Draco colocó el bulto en una mesa de las que había en el aula, lo desenvolvió cuidadosamente para descubrir un brillante pensadero para volverlo a colocar suavemente en el pupitre; inquieto cogió la primera de las botellitas, la destapó y fue derramándola muy delicadamente sobre el pensadero.
Una vez toda la botellita fue vertida el muchacho no pudo evitar sentir un pellizco de anticipación en el estómago mientras observaba como la sustancia iba formando unas pequeñas nubes. Para calmar su nerviosismo tomó aire una vez más y miró la luz que emitía el recipiente, embelesado por las nubecillas formadas por el arremolinamiento del recuerdo de Harry; incapaz de esperar más, impaciente y ansioso siguió el procedimiento que le había enseñado tiempo atrás su padrino; tocó con su varita el "líquido" que se volvió transparente para dejar entreveer una imagen de algo similar a una habitación, después de observarla unos segundos, enterró su rostro en el pensadero. Nada más su rostro tocó la extraña sustancia sintió como si fuese succionado y arrastrado por algo oscuro y frío, hasta que sus pies tocaron suelo de nuevo. Observó con detenimiento donde se encontraba para reconcer en seguida la tienda de Madame Malkin. Echó un vistazo a la tienda, con curiosidad por saber porqué Harry le habría mandado allí.
Casi acabando la inspección, pudo ver en el fondo de la tienda un niño de rostro pálido pero mirada altiva: era él mismo con once años. Draco se sorprendió de ver su mirada que destilava altivez, algo absurdo si lo pensabas un poco, ya que era tan poca cosa a esa edad como cualquier otro niño de once años. Al poco apareció Harry acompañado de Madame Malkin que le colocó en una tarima al lado suyo. Pudo ver en los ojos de Harry una mezcla de curiosidad, temor, inseguridad y algo más que no sabría descifrar bien… ¿interés?
Entonces, pudo escuchar como el niño Draco del recuerdo inició una conversación con Harry:
—Hola —dijo el muchacho—. ¿También Hogwarts?
—Sí —respondió Harry.
—Mi padre está en la tienda de al lado, comprando mis libros, y mi madre ha ido calle arriba para mirar las varitas —dijo el niño. Puso voz de aburrido y arrastraba las palabras—. Luego voy a arrastrarlos a mirar escobas de carrera. No sé por qué los de primer año no pueden tener una propia. Creo que voy a fastidiar a mi padre hasta que me compre una y la meteré de contrabando de alguna manera.
El Draco espectador pudo ver como a Harry le iba cambiando la cara; no parecía en absoluto que el niño Draco le estuviese causando una buena impresión. El rubio, se puso a pensar y descubrió que no recordaba la conversación que habían mantenido; pese a que sí recordaba que se hubiesen cruzado en Madame Malkin, no podía recordar una sola palabra de lo que habían hablado, no pudo evitar sorprenderse al comprobar que Harry tenía un recuerdo tan nítido de aquel primer encuentro.
La conversación no fue a mejor y la expresión de Harry que había empezado mostrando cierta curiosidad e incluso interés en él, fue cambiando desde una de leve desagrado, pasando por una de notable inseguridad hasta una de real disgusto cuando el Draco del recuerdo comenzó a insultar y a burlarse de Hagrid.
No le extrañaba no haberle causado una primera buena impresión, primero se mostraba como un niño mimado y después se burlaba de alguien quien en el futuro sería una de las personas más importantes en la vida de su novio. Con este pensamiento vio al niño Harry salir de la tienda con evidente gesto de disgusto y entonces el recuerdo se volvió a negro.
Cuando el negro se disolvió para dejar paso a otra imagen, correspondiente a otro recuerdo, se encontró en un departamento del expresso de Hogwarts, allí estaban la comadreja y Harry rodeados de todo tipo de dulces y hablando muy animadamente. Weasley le estaba contando cómo funcionaba el Quidditch y por la forma que hablaba parecía que estuviese hablando de lo mejor del mundo; el rostro de Harry mostraba su interés y su asombro por la novedad. De repente, alguien interrumpió la conversación al abrir la puerta del compartimento; eran él mismo, Vincent y Gregory.
—¿Es verdad? —preguntó—. Por todo el tren están diciendo que Harry Potter está en este compartimento. Así que eres tú, ¿no?
El Draco real recordaba lo que había pasado en aquel momento, Harry se fijó en sus guardaespaldas y él se los presentó; pero al decirle su nombre, Weasley fingió toser para esconder una risa y el niño soberbio que fue, se ofendió y sin poder controlarse humilló verbalmente a los Weasley. Entonces, fue cuando le recomendó al moreno no hacerse amigo de los Weasley ademas de decirle que debía fiarse de su criterio para elegir amigos, después le ofreció la mano y, obviamente, el moreno se la rechazó.
Eso sí podía recordarlo, ya que se sintió muy humillado, siendo algo que le marcó y persiguió durante más de un curso, y el motivo por el cual comenzó su odio hacía ambos. Salió de su ensimismamiento justo a tiempo para escucharse decir algo que no recordaba haber dicho:
—Yo tendría cuidado, si fuera tú, Potter —dijo con calma—. A menos que seas un poco más amable, vas a ir por el mismo camino que tus padres. Ellos tampoco sabían lo que era bueno para ellos. Tú sigue con gentuza como los Weasley y ese Hagrid y terminarás como ellos.
Su corazón se paró durante un instante; no podía creer que le hubiese dicho algo semejante a su chico, le resultaba increíble haber sido tan cruel con un niño huérfano de once años. Pudo ver una expresión de dolor cruzar el rostro de Harry que inmediatamente cambió por una de ira, y pudo ver, también como Weasley, a pesar de haberle conocido en ese tren, tan solo un par de horas antes, se levantó furioso varita en mano dispuesto a defender a su nuevo amigo.
Entendió inmediatamente, que con esa frase el Draco de once años había iniciado una enemistad que duró hasta quinto; y la comadreja, con ese gesto, forjó su amistad que aún perduraba.
Vio el resto del recuerdo con un regusto amargo, pero sonrió al verse retroceder asustado cuando la rata de la comadreja, aquella que luego resultó ser un mortífago en su forma animaga, mordió a Gregory y se le quedó enganchada de su dedo. En cuanto los tres chicos desaparecieron del compartimento dejando la pareja de amigos intentando reanimar a la rata el recuerdo se volvió a negro y Draco sintió como algo le elevaba, succionado en el aire y fue echado del pensadero.
Una vez fuera, Draco quedó pensativo; no le había mostrado recuerdos de sus peleas de primero, o cuando, por ejemplo, gracias a que él robó la recordadora de Longbottom, Harry fue seleccionado excepcionalmente en el equipo de Quidditch de Gryffindor, ni tan solo cuando después de celebrar ruidosamente la victoria de Slytherin en la Copa de la Casa, Dumbledore entregó los puntos extra obtenidos por el trío dorado y Longbottom y Gryffindor resultó la ganadora final.
Su Harry solo le había mostrado aquellos dos recuerdos que marcaron lo que serían de ahí en adelante. Tal vez, el moreno había comprendido antes que él algo que Draco solo estaba entendido ahora.
Tal vez, él también se había ganado el odio del moreno.
Tal vez podría empezar a entender porqué Harry apreciaba tanto a la comadreja.
Con una sonrisa de comprensión se dispuso a devolver a su botellita esos preciados recuerdos con su varita, guardándola cuidadosamente después en la caja, para posteriormente tomar en sus manos la botellita que correspondería a su segundo curso.
(CONTINUARÁ)
