Los párrafos en cursiva son copia literal del libro HP y el Prisionero de Azkaban.
CAPÍTULO 4
Draco guardó la segunda botellita y tomó en sus manos la que supuso que debía contener los recuerdos de su tercer curso. En aquel año, Draco había comenzado a molestar al Gryffindor no solo por el odio que arrastraba de los años anteriores, sino también porque se había encontrado a sí mismo un par de veces observándole y pensando que Harry era guapo, lo que había hecho que se sintiese extraño y algo desestabilizado.
La primera vez que pensó que su moreno era guapo fue cuando lo vio volar a lomos de aquel hipogrifo, y entre lo extraño que se había sentido unido a las ganas que tenía de quedar por encima del nuevo profesor, Hagrid, había ofendido a la criatura que había terminado atacándole. Se sintió tan humillado que convenció a su padre para que consiguiese que mataran a la criatura, pero al parecer, esta, a última hora había conseguido escapar de alguna forma. Recordaba también que había sido el año en que Sirius Black, el padrino de Harry, había escapado de Azkaban y el colegio había estado rodeado de dementores; dementores que a la postre habían afectado a su novio de manera más intensa que a los demás.
Había sido cuanto menos, un año intenso, pensó el rubio. Sonriendo de anticipación, vertió el contenido de la tercera botellita en el pensadero y luego de los pasos previos necesarios, sumergió su cabeza en el recuerdo para inmediatamente sentir el tirón de aquello oscuro y frío que lo llevó hasta el primer recuerdo de tercer año.
Al vover a poner los pies en el suelo se encontró en el aula donde su padrino impartía pociones, estaba llena y su padrino se encontraba en ese momento de espaldas a sus alumnos. Harry y Ron estaban juntos en un mismo pupitre y Granger estaba sentada con Longbottom. Estaban empezando a preparar la poción que les había mandado el profesor cuando la puerta del aula se abrió y apareció el Draco de tercer año con el brazo en cabestrillo.
Severus, en vez de castigarle por llegar tarde le hizo pasar tranquilamente, haciendo que algunos Gryffindors pusieran mala cara. En cuanto se sentó, Pansy se acercó a preguntarle por el brazo y el Draco espectador sonrió al verse exagerar su dolor. Vio como Pansy le ponía ojitos y le tocaba suavemente el brazo; el Draco de tercero sonrió y le hizo un guiño de complicidad a Vincent y Gregory.
Entonces, el Draco actual se percató de algo. Los ojos de Harry brillaron un instante de la manera en que brillaban cuando le miraba en la actualidad. Inmediatamente us segundo después se perdió ese brillo en su mirada y en el rostro del moreno se posó una expresión de confusión; que pasó a una de furia cuando el Draco del recuerdo fingió no poder cortar sus raíces y Severus le ordenó a Weasley que se las cortase.
Entonces, antes de que el rubio pudiese analizar lo que había visto en el rostro de Harry todo se volvió negro y cambió de recuerdo.
Draco aterrizó en el prado que llevaba al bosque, cerca de él estaba la cabaña del semigigante amigo de Harry. Se acercó hasta una de las ventanas para poder asomarse, al hacerlo vio que en ella estaban el semigigante, Harry y Weasley; extrañamente Granger no andaba con ellos; por fortuna para Draco, una de las ventanas estaba abierta y pudo escuchar la conversación que mantenían los tres:
—Tengo algo que comentaros —dijo Hagrid, sentándose entre ellos, con una seriedad que resultaba rara en él.
—¿Qué? —preguntó Harry.
—Hermione —dijo Hagrid.
—¿Qué le pasa? —preguntó Ron.
—Está muy mal, eso es lo que le pasa. Me ha venido a visitar con mucha frecuencia desde las Navidades. Se encuentra sola. Primero no le hablabais por lo de la Saeta de Fuego. Ahora no le habláis por culpa del gato.
(¿Por la culpa del gato? Que tendría que ver un simple gato para romper la amistad de esos tres, pensó Draco, antes de seguir escuchando)
—¡Se comió a Scabbers! —exclamó Ron de malhumor.
(Ah! Scabbers, debía ser aquella rata patética que tenía como mascota Weasley, la que mordió a Gregory)
—¡Porque su gato hizo lo que todos los gatos! —Prosiguió Hagrid—. Ha llorado, ¿sabéis? Está pasando momentos muy difíciles. Creo que trata de abarcar más de lo que puede. Demasiado trabajo. Aún encontró tiempo para ayudarme con el caso Buckbeak. Por supuesto, me ha encontrado algo muy útil... Creo que ahora va a tener bastantes posibilidades...
(En los rostros de Harry y Weasley se instaló una expresión de culpabilidad; apostaría cualquier cosa, pensó el rubio, que estos dos también se habían comprometido a salvar a aquella criatura)
—Nosotros también tendríamos que haberte ayudado. Hagrid, lo siento —balbuceó Harry
(¡Ajá! ¡Ahí está! Si conoceré yo a mi novio… - dijo para sí Draco, mientras pensaba lo mono que se veía su moreno balbuceando.)
—¡No os culpo! —Dijo Hagrid con un movimiento de la mano—. Ya sé que habéis estado muy ocupados Os he visto entrenar día y noche. Pero tengo que deciros que creía que valorabais más a vuestra amiga que a las escobas o las ratas. Nada más. —Harry y Ron se miraron azorados—. Sufrió mucho cuando se enteró de que Black había estado a punto de matarte, Ron. Hermione tiene buen corazón. Y vosotros dos sin dirigirle la palabra...
Entonces todo se volvió negro de nuevo y pasó a otro recuerdo, seguían cerca de la cabaña de Hagrid, solo que esta vez estaban apartados en el claro donde el semigigante impartía sus clases; se giró a ambos lados buscando donde podía andar Harry, para ver que iba a mostrarle. Entonces, escuchó su voz arrastrada cerca de la cabaña y fue hacía allí para observar la escena:
—¡Miradlo cómo llora! – Se vio a sí mismo, o más bien a su versión de tercero, mofándose del semigigante. Merlín, era cierto que había llegado a ser odioso…
Malfoy, Crabbe y Goyle habían estado escuchando en la puerta.
—¿Habíais visto alguna vez algo tan patético? —Dijo Malfoy—. ¡Y pensar que es profesor nuestro!
Harry y Ron fueron hacia ellos, pero Hermione llegó antes:
¡PLAF!
Dio a Malfoy una bofetada con todas sus fuerzas. Malfoy se tambaleó. Harry, Ron, Crabbe y Goyle se quedaron atónitos en el momento en que Hermione volvió a levantar la mano.
—¡No te atrevas a llamar «patético» a Hagrid, so puerco... so malvado...!
—¡Hermione! —dijo Ron con voz débil, intentando sujetarle la mano.
—Suéltame, Ron.
Hermione sacó la varita. Malfoy se echó hacia atrás. Crabbe y Goyle lo miraron atónitos, sin saber qué hacer.
—Vámonos —musitó Malfoy. Y en un instante, los tres desaparecieron por el pasadizo que conducía a las mazmorras.
El rubio no acababa de entender esos dos recuerdos, ya que no tenían nada que ver con ellos; era, más bien, como si Harry hubiese querido cederle el protagonismo de sus recuerdos a Granger. En el primero hablaban de cómo ella se sentía sola, y pese a estar ocupadísima había mantenido la promesa de ayudar al semigigante con el hipogrifo y en el segundo, de nuevo ella, que por una vez había sido la que había sacado su vena Gryffindor para defender a su amigo y golpearle sorpresivamente (ya que ni si quiera cuando le llamaba sangre sucia había hecho amago de responder de alguna manera a la ofensa).
Pero no lograba entender que pretendía decirle Harry mostrándole esos recuerdos. Seguía intentando descifrar la intención del moreno mientras veía como su yo del recuerdo se alejaba por el pasadizo junto con Vincent y Gregory, cuando todo volvió a oscurecerse y la escena cambió de nuevo.
Cuando desapareció la oscuridad vio que estaba en una casa vieja y llena de polvo; no sabía dónde se encontraba ni que casa era la que le estaba mostrando; se puso a inspeccionarla intentando no mancharse con el polvo que llenaba cada rincón de aquel lugar, cuando escuchó voces en el piso de arriba. Subió las escaleras con mucho cuidado, olvidando por completo que nadie podía escucharle o verle; al llegar al piso de arriba, siguió la voces hasta llegar a una habitación que no estaba en mejores condiciones que el resto de la casa.
Allí vio a Sirius Black, en unas condiciones penosas, y frente a él a Harry delante de un Weasley que parecía herido y Granger. Black les estaba agradeciendo haber ido solos sin avisar a un profesor porque eso le facilitaría las cosas; la cara de Harry reflejaba una intensa ira, entonces el moreno intentó ir hacia Black. Weasley y Granger parecían asustados, y no era para menos, estaban delante de un supuesto asesino sin escrúpulos, y de bien seguro creían que iban a morir.
Sin saber lo que hacía, Harry se adelantó, pero algo se movió a sus costados, y dos pares de manos lo sujetaron y lo hicieron retroceder.
— ¡No, Harry! —exclamó Hermione, petrificada.
Ron, sin embargo, se dirigió a Black:
—Si quiere matar a Harry, tendrá que matarnos también a nosotros —dijo con fiereza, aunque el esfuerzo que había hecho para levantarse lo había dejado aún más pálido, y oscilaba al hablar.
Algo titiló en los ojos sombríos de Black.
—Échate —le dijo a Ron en voz baja— o será peor para tu pierna.
— ¿Me ha oído? —Dijo Ron débilmente, apoyándose en Harry para mantenerse en pie—. Tendrá que matarnos a los tres.
Después de eso, sintió un tirón que lo absorbía e inmediatamente se encontró de nuevo en el aula.
Vale, de acuerdo, lo confesaba. Estaba impresionado con la comadreja. Su heroica actitud enfrentándose a Black, había sido un acto estúpido e inútil, ya que evidentemente si mataba a Harry, ellos dos, Granger y Weasley, serían los siguientes. Eso, por no contar que estaba herido y que no podía ofrecer mucha resistencia.
Pero aún así estaba impresionado. Esa comadreja había puesto su vida por delante de la de Harry, dispuesto a morir por su amigo; encarándose a lo que ellos creían era uno de los peores y más sanguinarios asesinos del mundo mágico. Estúpida valentía Gryffindor… Aunque ahora podía ver la lealtad de Weasley a Harry, y podía entender porqué su moreno le consideraba de su familia y les era tan leal.
Estaba empezando a entender el porqué de estos recuerdos. Ellos habían discutido más de una vez por causa de los amigos de Harry, a los que el rubio consideraba estúpidos y por debajo de su novio y no entendía la lealtad hacia un pobretón sin educación y una nacida muggle sabelotodo y mandona. Así que su Gryffindor le mostraba porqué les amaba y les era leal; en definitiva, le estaba enseñando como se habían ganado ser una parte tan importante de su vida.
Con este pensamiento Draco sonrió de medio lado; su moreno tenía un punto muy Slytherin. Con la primera botella le había mostrado el porqué de su odio inicial, con la segunda, los errores y prejuicios que cometieron ambos; ahora con la tercera, le había hecho comprender y respetar a sus amigos, además de mostrarle la primera vez que su chico se sintió atraído por él.
Estaba deseando saber que encontraría en la cuarta botella.
