Los párrafos en cursiva son copia literal del libro HP y el Cáliz de Fuego.

Sé que estás deseando que llegue el lemon, Joycee; ya no queda nada y en este capítulo tienes un pequeño anticipo.


CAPÍTULO 5: 4 º Curso

Draco estaba ansioso por saber que iba a encontrar en la cuarta botellita, tanto que casi se relamía de anticipación. No estaba muy seguro de lo que habría elegido mostrarle; hasta ahora cada año y cada botellita contenía recuerdos escogidos con una clara intención y estaba convencido que la botellita correspondiente a cuarto año, también mostraría unos recuerdos seleccionados para hacerle llegar algún tipo de mensaje.

Cuarto año había sido el año en que su novio había tenido que enfrentarse al Torneo de los Tres magos… y a Rita Skeeter. Y ni Harry ni él, estaban muy seguros qué había sido peor.

Skeeter era una víbora de la peor calaña que manipulaba sus reportajes según su conveniencia: en un mismo año había conseguido escribir una lacrimógena historia sobre su moreno, desacreditar al semigigante profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas, hacer creer que Granger era una femme fatal que había roto el corazón de Harry y para rematar había escrito un artículo donde dejaba al mismo Harry casi como si fuese un demente psicópata. Muy coherente todo.

Pero para Draco cuarto había significado un cambio importante; empezó el Torneo creando unas chapitas para apoyar al desaparecido Cedric Diggory y humillar a Harry, pero cuando le vio en la primera prueba, enfrentándose al Colacuerno Húngaro sintió una fuerte angustia y temor por la integridad del Gryffindor. A partir de ahí, algo cambió para él, y poco a poco fue acercándose al que ahora era su novio, aunque no fue hasta final de curso cuando se lo demostró al moreno.

Al darse cuenta que había empezado a divagar en sus propios recuerdos, sacudió ligeramente la cabeza para sacarse esos pensamientos y fue hasta la caja donde descansaban las botellas que contenían los recuerdos de Harry y buscó la que pertenecía a cuarto año. Siguió el mismo procedimiento que con las anteriores y rápidamente se encontró en el primer recuerdo del Gryffindor.

Nada más aterrizar en el recuerdo, miró a su alrededor y vio que se encontraba en el estadio donde se había celebrado aquel verano el mundial de Quidditch, en las mismas gradas donde se había sentado él mismo con sus padres, pero en otros asientos; dos hileras más adelante vio a los Weasley, Granger y Harry hablando con el Ministro.

Sabía que al final lo conseguiríamos —le dijo Fudge a Harry cansinamente—.No soy muy bueno en idiomas; para estas cosas tengo que echar mano de Barty Crouch. Ah, ya veo que su elfina doméstica le está guardando el asiento. Ha hecho bien, porque estos búlgaros quieren quedarse los mejores sitios para ellos solos... ¡Ah, ahí está Lucius!

En ese momento, el trío dorado volvió la vista rápidamente hacia donde su padre, seguido de su madre y él mismo se dirigían a sus asientos. Harry pareció observarles detenidamente, como si estuviese analizándoles. Desde donde estaba, el rubio podía darse cuenta de lo que pasaba por la mente de Harry casi como si pudiese escucharle los pensamientos. Le vio pasar la mirada de su padre a él y de vuelta a su padre, casi como si comparase lo mucho que se parecía el rubio a Lucius. Después, su gesto cambió casi imperceptiblemente al observar el aspecto del rubio, y entonces, Draco se sorprendió al ver un detalle que ese día le había pasado inadvertido: Harry posó su mirada un par de segundos de más en sus labios, para inmediatamente girar la cabeza hacia otra parte lejana del campo, completamente ruborizado.

A Draco se le escapó una sonrisa boba al entender que su león le había mostrado el momento en que por primera vez pensó en besarle; mirando al moreno, Draco pensó que había sido una verdadera pena que aquel día se perdiese ese detalle, porque Harry estaba completamente delicioso tan ruborizado.

Con este pensamiento aún en su cabeza todo se volvió negro cambiando de escena y de recuerdo.

Ahora podía verse en el Salón donde se había celebrado el baile de navidad en el torneo. Él se encontraba en la escalera que llevaba a la sala común de Slytherin y desde su posición podía ver a Harry con su acompañante, una de las gemelas Patil. Le vio mirando por todo el salón, casi como si buscase a alguien, ignorando por completo a su pareja, a la que se podía ver claramente molesta por la actitud del niño-que-vivió. Poco después, el rubio pudo notar como de la escalera donde se encontraba empezaban a llegar algunos de sus compañeros con él y Pansy al frente. Al volver la vista a su Gryffindor comprobó que él también les había visto ya y estaba, de nuevo, analizando el aspecto de Draco.

Llevaba una túnica negra de terciopelo con cuello alzado. De su brazo iba Pansy Parkinson, con una túnica de color rosa pálido con muchos volantes…

Lo que vio entonces el Draco espectador, le sorprendió tanto o más que la reacción que el moreno tuvo al observarle en el mundial de Quidditch: Harry se mordía ligeramente el labio inferior, exactamente de la misma manera en la que lo hacía cuando quería besarle pero no podía por estar en clase o acompañados de sus padres o el matrimonio Weasley. El propio Harry, pareció sorprenderse de su pensamiento y disculpándose de Patil se alejó un poco de la fiesta; el Draco actual le siguió hasta que se paró en un recoveco de uno de los pasillos y le vio pasarse las manos por el pelo, de nuevo ruborizado, pero al parecer algo molesto consigo mismo. En ese instante le escuchó hablar por primera vez.

- No… No. Malfoy no, Harry. No puedes… ¡No! Es tu enemigo, solo tu enemigo. No puedes… no te puede… -Harry se calló, y poco después se tocó los labios suavemente con la yema de sus dedos, casi como si quisiera retener el tacto de un beso que ni siquiera había llegado a dar.

Aún con los dedos en sus labios se dejó caer hacia atrás para apoyarse en la espalda contra la pared suspirando. Entonces, volvió a hablar en voz baja, casi susurrando. – No puedo creer que me guste ese idiota…

Y justo en ese momento, para frustración del rubio, todo se volvió negro y cambió de escenario. Draco reconoció inmediatamente la escena; ambos tríos discutiendo sobre lo que Skeeter había escrito sobre Hagrid. Fue una discusión que aunque empezó con los seis contendiendo, pronto y sin saber muy bien como había ocurrido, había terminado con Harry y él solos gritándose y agarrándose, con las caras a un solo centímetro la una de la otra, los alientos acariciando la piel del otro, donde los dedos crispados de ambos se aferraron al cuerpo del otro… Draco no quiso seguir sus pensamientos por esa línea, recordando que ese día había terminado bastante excitado, con una dolorosa erección que tuvo que aliviar en un cuarto de baño.

Al volver a centrar su atención a la escena, vio como Crabbe y Goyle comezaban su retirada al castillo con Weasley y Granger persiguiéndoles, mientras Harry y Draco seguían gritándose:

Bien, creo que esto debería poner fin a la carrera docente de ese zoquete—declaró Malfoy con ojos brillantes—. Un semigigante... ¡Y pensar que yo suponía que se había tragado una botella de crecehuesos cuando era joven! A los padres esto no les va a hacer ninguna gracia: ahora todos tendrán miedo de que se coma a sus hijos, ja, ja...

¡Mald...! – Harry apretó los dientes con fuerza antes de continuar. – No eres más que un cretino y un imbécil.

— ¡Cállate, idiota! ¿Te crees que porque aún no te han matado en el Torneo eres mejor que los demás?- Draco iba acercándose a Harry palabra a palabra – ¿Acaso te crees tan especial que puedes decirle lo que quieras a los demás?

— ¿Y tú? ¿Acaso crees que tu dinero te da derecho a arruinarle la vida a cualquiera que te apetezca? ¿Qué estamos a tu merced para divertirte dejando que nos insultes? – Harry iba eliminando la poca distancia que les separaba ahora hasta quedar cara a cara, tal y como Draco recordaba que había pasado - ¡No eres más que un niñato consentido y mezquino!

— No te atrevas a insultarme, Potter. ¡Tú! ¡El niño mimado de Dumbledore! – Draco dirigió una mano a Harry y le aferró por la túnica – El consentido del mundo mágico ¿Te atreves a llamarme mimado a mí?

Harry le aferró también a él acercando aún más su cara a la suya. - ¿Mimado? ¿Consentido? No sabes que hablas, maldito. No tienes ni idea de cómo es mi vida. – El moreno estaba ahora tan cerca del Slytherin que el Draco actual casi podía sentir su aliento en su propia cara. Les vio mirarse enfurecidos, cara a cara, con las manos en el pecho del otro y temblando de rabia, aunque bien podía ser otra cosa. Al observarles más detenidamente, pudo ver que el Draco del recuerdo no era el único que se había excitado con la pelea.

Se quedaron mirándose varios segundos, con la cara a menos de un centímetro de la otra, ambos con el aliento rozando el rostro del otro y sus miradas vagando de sus ojos a su boca y de su boca a los ojos de nuevo. De repente se soltaron, y el rubio pudo ver como su yo de cuarto año salía disparado hacia el castillo (y recordaba perfectamente dónde y a que se dirigía), mientras que Harry se quedaba allí con la respiración entrecortada intentando recuperar el control de sí mismo.

Pocos instantes después, el moreno se puso en camino hacia el castillo apresuradamente con Draco siguiéndole de cerca; una vez dentro del colegio Harry subió, sin fijarse en nada o nadie, por las escaleras que llevaban a la Torre de Gryffindor, se encaminó directo hasta el retrato y dio la contraseña aún con la respiración entrecortada y bastante ruborizado.

Nada más pasar por el cuadro se dirigió como un rayo hacia las escaleras que llevaban hasta las habitaciones con Draco pegado a él; el rubio al estar tan cerca de Harry pudo comprobar como de agitado seguía el ojiverde, que aún conservaba la erección bajo la túnica y un ligero temblor en las manos. En cuanto llegaron al piso donde se encontraba la habitación del moreno, entraron en ella como una exhalación para después llegar hasta el baño, una vez allí, Harry se escondió en uno de los cubículos, e igual que en el recuerdo de tercero, Draco se pegó a él para entrar junto a él al pequeño espacio.

Allí le vio apoyarse contra la pared del cubículo pasándose las manos, todavía temblorosas, por la cara y el pelo con evidente nerviosismo. Cerró los ojos y mordiéndose el labio comenzó a bajar sus manos por su cuerpo lentamente, como sopesando lo que estaba a punto de hacer, cuando estaban a la altura del ombligo pareció dudar y las separó levemente de él, para inmediatamente, con un débil gemido, poner de nuevo una mano sobre él y dirigirla hasta su entrepierna con la otra cerrada en un puño a la altura de la boca; entonces, comenzó a acariciarse torpemente por encima de la túnica y el pantalón, hasta que con evidente insatisfacción susurró un "mierda" antes de quitarse apresuradamente la túnica lanzándola descuidadamente al suelo del baño, y despasarse después los botones del pantalón e introducir su mano por dentro de su ropa interior.

Le observó cerrar los ojos de nuevo mientras iniciaba unas inexpertas caricias sobre su erección, arriba y abajo. El moreno no tardó en sentir que eso era insuficiente y entonces sacó su erguido miembro del pantalón con un movimiento coordinado; tragando duro, cerró firmemente su mano sobre la dura y palpitante erección e inició una serie de movimientos rítmicos atrás y adelante por toda la longitud de la hombría.

Sin perder el ritmo del masaje en su erección fue abriéndose la camisa con la mano que le quedaba libre; una vez liberado de cualquier ropa se llevó la mano hasta uno de sus pezones pellizcándolo sin delicadeza; Harry estaba cada vez más excitado y sudado y estaba incrementando el ritmo de sus caricias en el pezón; el rubio desvió la mirada hasta su hobría y comprobó que efectivamente la mano que masturbaba su miembro también aumentó la velocidad de los movimientos causando que Harry dejase escapar pequeños sonidos de placer que intentaba amortiguar cerrando los labios fuertemente.

Pocos instantes después dejó caer su cabeza hacia atrás con los ojos cerrados, mientras su rostro reflejaba el placer que estaba auto proporcionándose, el moreno siguió así varios segundos hasta que Draco vio que el moreno llevaba a la pared de enfrente la mano que instantes antes torturaba su pezón, al parecer para poder seguir sosteniéndose ya que las piernas comenzaban a temblarle ligeramente.

Jadeando movió más y más rápido y con más brusquedad la mano que se ocupaba de su pene hasta que entre convulsiones y gemidos ahogados llegó al orgasmo diciendo su apellido. Lo último que pudo ver fue como apoyaba su frente a la pared del baño mientras intentaba recuperar el ritmo de su respiración.

Sin tiempo a recuperarse de la impresión, la escena se quedó en negro y volvió a cambiar. Pese a estar todavía en shock por lo contemplado instantes antes, el Slytherin volvió a reconocer la escena que se le presentaba; se encontraba en un aula que mostraba signos evidentes de no haber sido utilizada en décadas, justamente el mismo aula en la que él se encontraba ahora, y que ambos habían utilizado habitualmente en quinto y sexto para verse. Paseó la vista por el aula recordando todo lo que había pasado en ella; algunos instantes después aparecieron por la puerta Harry y el Draco de cuarto. Harry fue el primero en hablar:

- Tú dirás, Malfoy. – dijo con los brazos cruzados a la altura del pecho.

- Yo… solo quería darte mi apoyo… y asegurarte que… bueno, que yo no sabía nada de los planes del Señor Tenebroso – dijo un Draco incapaz de mirar a Harry a los ojos.

- ¿Porqué debería creerte?

- Supongo que es difícil creerme después todo lo que ha pasado desde que nos conocimos, pero verte jugándote la vida realmente, por una parte y saber que ahora el Señor Tenebroso es un peligro real, ha hecho que las cosas tomen un cariz muy diferente. Nuestras peleas infantiles ahora parecen fuera de lugar, ¿no crees?

- Sí, definitivamente ahora estarían fuera de lugar. – concedió Harry.

- He oído lo que contaste sobre lo que ocurrió en aquel cementerio, sé que no diste nombres, pero… bueno, imagino que mi padre estaba allí, ¿no?

Harry dudó antes de asentir.

- Lo suponía. Sé que no me creerás, pero me consta que ya no cree tan firmemente en los métodos del Lord, y si estuvo allí sería más por miedo a las represalias que por convicciones. En todo caso, yo no pienso unirme. Y si me dejas, te ayudaré a derrotarle, aún poniéndome en contra de mi propio padre.

Harry le observó analizando sus palabras antes de contestar cautamente. – Supongo que entenderás que tenga mis dudas sobre lo que me estás diciendo.

Fue el turno de Draco para asentir.

- Muy bien, Malfoy. Hablaré con Dumbledore de lo que me has contado, pero… tendrás que ganarte mi confianza y no será fácil después de lo que ha pasado entre nosotros todos estos años.

- Lo sé, Harry. Yo mismo no me creería si estuviese en mi lugar. Aún así quería que lo supieses.

Se quedaron observando unos instantes en silencio hasta que el Draco de cuarto decidió salir de la habitación; cuando Harry se quedó solo esbozó una amplia sonrisa que intentó controlar.

- Harry no tires las campanas al vuelo, puede no significar nada, incluso puede que sea una trampa… - Sin embargo, Harry no podía dejar de sonreír; y así, aún sonriendo, salió del aula.

Entonces, Draco sintió el ya conocido tirón y se encontró de nuevo en el aula abandonada frente al pensadero. Draco no tenía palabras para describir lo que había sentido con los recuerdos mostrados. Evidentemente, se había excitado, y una poderosa erección lo evidenciaba, pero también había experimentado sensaciones nuevas al ver las dudas y titubeos de su león ante los primeros sentimientos hacia él. Estos, seguramente, habían sido los recuerdos más intensos hasta ahora, tan intensos, de hecho, que aún estaba recuperándose.

Guardando el contenido de la cuarta botellita, decidió que necesita un pequeño descanso antes de continuar…

(CONTINUARÁ)


A partir del próximo capítulo la historia se vuelve un poco más AU y deja de lado el canon.