Pues aquí llega el lemon, querida Joycee. Disfruta del capi; espero no decepcionarte demasiado, solo puedo justificarme diciendo que es la primera vez que escribo algo así


CAPÍTULO 6: 5to Curso

Con las piernas aún temblorosas después del contenido de la anterior botella, Draco decidió que las cosas estaban poniéndose tan interesantes que no podía parar justo en ese momento; así que decidido, tomó en sus manos la botella correspondiente a quinto año.

El año de Umbridge, como ambos lo habían bautizado. Esa mala bruja se había dedicado a hacerle el curso especialmente difícil a Harry (o a cualquier persona que hubiese decidido confiar en la palabra del moreno). Él mismo tuvo que lidiar con ella, solo que de una manera diferente, ya que por sugerencia de Dumbledore y la Orden, tuvo que fingir estar de acuerdo con sus métodos y castigos y seguir siendo enemigo declarado de Harry, aunque, no le importaba reconocer que cuando las cosas se pusieron más feas le hubiese gustado poder revelarse contra todos como un Gryffindor.

Sin embargo, su padre tenía otros planes e incluso le obligó a ser miembro de aquella vergonzosa Brigada Inquisitorial que había creado Umbridge; algo que, aunque no reconocería jamás delante de él, finalmente resultó muy útil, ya que sirvió de tapadera para Harry y para él, tanto para poder verse a solas como para poder fingir castigarle y evitar así que tuviese que lidiar con castigos más crueles de parte de esa perversa mujer.

Como todo no podía ser negativo, aquel quinto curso había sido en el que Draco y su moreno habían comenzado su relación. Entonces aún no era una relación oficial, ni siquiera eran pareja en secreto; simplemente comenzaron a encontrarse para hablar de la Orden y las noticias de Voldemort, y poco a poco su relación evolucionó a una más íntima, donde cuando se encontraban prácticamente se limitaban a besarse; incluso un poco más avanzado el curso comenzaron a tener relaciones sexuales muy esporádicamente. Tampoco estaba la situación como para olvidarse completamente de sus problemas con el ogro rosa y el Lord.

Draco se sorprendió al darse cuenta que estaba sonriendo al recordar la sensación que tuvo cuando besó por primera vez los suaves y deliciosos labios de Harry; aunque debía reconocer que no solo sus labios eran deliciosos, todo Harry Potter lo era y ese mismo año, pudo comprobarlo.

Impaciente, y de nuevo excitado, tomó la botella correspondiente a quinto curso y siguió el mismo procedimiento que con las anteriores antes de inclinarse ante el pensadero para lanzarse a ver los recuerdos que iban a serle mostrados.

En cuanto aterrizó en el recuerdo vio que se encontraba en una casa que no reconocía pero por la descripción que alguna vez le había hecho Harry parecía la casa de los Black. Estaban en una habitación donde aparentemente dormían Weasley y Harry, a juzgar por cómo estaban de desperdigadas todas sus pertenencias por la estancia. Al mirar la cama, vio sentados al trío dorado hablando en voz baja; se acercó a ellos con intención de poder escuchar lo que decían y se sentó junto a Harry. Al parecer el tema de conversación era Draco mismo; Harry les estaba contando la conversación que mantuvo con Dumbledore en la que le había comunicado la charla que mantuvieron Draco y él a finales de cuarto curso, donde le dijo que estaría de su parte y que no pensaba unirse a los mortífagos.

- Por el momento Dumbledore piensa que debería ser mantenido en secreto – estaba diciendo Harry – Tanto por los problemas que le podría causar a Malfoy con su padre, como por lo útil que podría ser para la Orden.

- Pero eso no es justo – Replicó Granger – Solo tiene quince años, no pueden pretender que sea un espía para nosotros, eso es algo sumamente peligroso. ¿Cómo van a…?

- Lo sé, Herms – le interrumpió el moreno – No será un espía, simplemente deberá fingir no estar en contra de su padre, para evitarse que le haga daño, además, podrá conocer de primera mano quienes de sus compañeros de casa piensan unirse a los mortífagos y quienes podrían unirse a la Orden. Para no levantar sospechas solo le comunicará lo que sepa a Snape y solo nosotros tres sabremos que está de nuestro lado. Debemos fingir que nos llevamos igual de mal que hasta ahora.

- ¿Harry, estás seguro que es de fiar? – preguntó Weasley mirándole de lado.

- Dumbledore confía en él. – Afirmó rotundamente Harry.

- Y en Snape… y tú siempre has dudado de él – dijo tímidamente Hermione - ¿Qué es lo que ha cambiado con Malfoy?

- Supongo que Snape, jamás ha sido amable conmigo y Malfoy lo fue cuando hablamos al final del curso.

- O sea, que tú confías en él – dijo el pelirrojo – Bueno, Harry, si tú confías en él, bien; pero permíteme que yo me mantenga alerta. Solo por si acaso. Eso de ser amable podría ser solo una treta.

Harry suspiró impaciente

- Ron – empezó el moreno

- Solo por si acaso, hermano.

- Está bien, haz lo que quieras.

Después de eso, todo se volvió negro signo de que iba a cambiar el recuerdo. Pese a que por una parte se sentía molesto con Weasley por desconfiar de él, había otra que no podía evitar sentir respeto por el pelirrojo ya que había sido el único de los tres que había sacado su instinto Sangrepura y había pensado a fondo en toda la historia y había ido más allá de los simples hechos. De haber estado en su lugar, él habría hecho exactamente lo mismo: permanecer alerta. Solo por si acaso.

Por otra parte, le había sorprendido que Granger se hubiese indignado por que la Orden fuese a ponerle a él en peligro. Estos Gryffindors jamás dejarían de sorprenderle. Además, en esos días, Granger aún no era pareja de Theo, ya que por lo que sabía su relación había comenzado en ese curso, y aquel recuerdo parecía ser de las vacaciones entre cuarto y quinto. Solo por eso intentaría no volver a llamarla sangresucia.

Una vez más, desapareció la escena viéndose envuelto en oscuridad para en seguida, disiparse dando paso a otro recuerdo de su novio. Al observar donde se encontraba se dio cuenta que estaba en el mismo aula que había elegido el Draco actual para disfrutar del regalo de su chico y donde se llevó a cabo la conversación que tuvieron a finales del curso pasado. Escuchó el ruido de la puerta detrás de él y vio como Harry y él mismo entraban con el semblante muy serio.

- Vamos a ver, Potter, cuando aprenderás cuál es tu sitio, mestizo – escupió el Draco del recuerdo mientras se ocupaba de hacerle entrar. Asomó la cabeza por la puerta para asegurarse que no quedaba nadie cerca y cerró la puerta poniendo un hechizo de seguridad. - ¿Qué ha pasado? – dijo ahora con una voz mucho más suave.

- Lo de siempre: Umbridge. – Contestó secamente el moreno.

- Debes tener cuidado, Harry. No puedo salvarte siempre de ese sapo y más ahora que va a crear esa absurda Brigada Inquisitorial.

- ¿Qué harás con eso? – inquirió el moreno.

- Padre quiere forme parte y mi padrino dice que no debo contradecirle aún, así que supongo que deberé apuntarme. – Contestó con evidente fastidio.

- Siento que tengas que verte obligado a hacer este tipo de cosas – dijo con voz baja Harry.

El Draco del recuerdo le miró con la cabeza ligeramente inclinada. - ¿Quieres dejar el papel de héroe, Harry? Tú también haces cosas que odias, y Weasley y Black… por no hablar del papel de mi padrino en esta historia. Lo que yo tengo que hacer es una minucia en comparación. – dijo enfadado el rubio. Lo que Draco no se esperaba era la respuesta que tuvo Harry a su impulso.

El Gryffindor se acercó a él y le rodeó con los brazos envolviéndolo en un abrazo. El rubio dudó unos instantes pero no tardó en devolvérselo, enterrándose en sus brazos y acariciando su espalda. Draco pudo recordar la sensación de calidez y confort que le envolvió al sentirse abrazado por Harry, fue casi como si encontrara su hogar después de siglos de búsqueda. El rubio espectador supo lo que iba a ocurrir en ese momento.

El Draco del recuerdo separó su cabeza buscando la boca de Harry, mientas que con una mano, le sujetaba muy suavemente la barbilla y le acercaba a su propia boca. Harry entreabrió los labios dando la bienvenida al beso que sabía que iba a producirse, mientras iba con su boca al encuentro de la del Slytherin.

Cuando por fin sus labios se encontraron fue como si el mundo se parase. Solo existían ellos dos, solo importaba la caricia de esos suaves labios en los suyos, el delicioso sabor de unos labios entregados al completo en un beso largamente esperado. Draco cerró el abrazo y Harry profundizó el beso de tal manera que desató una pasión incontrolada entre ambos. Las manos recorrían ambos cuerpos con ansiedad, sus bocas succionaban, acariciaban y jugaban con avidez mientras dirigían sus inconscientes pasos hasta uno de los pupitres.

Rápidamente la ropa empezó a desaparecer al ritmo de las caricias ansiosas de ambos jóvenes que no eran conscientes de nada más excepto de la persona que tenían en frente. El rubio decidió entonces soltar la boca del ojiverde para torturar un sonrosado pezón con su deliciosa lengua arrancando un fuerte gemido de placer del Gryffindor que dirigió una mano a la nuca de su amante y otra a la parte baja de la suave espalda, acariciando cada centímetro libre del hermoso rubio.

Entonces, de repente, escucharon las voces de Umbridge y Parkinson que parecía que estaban dirigiéndose a esa parte del pasillo, obligándoles a parar en seco. Harry fue el primero en reaccionar que tomó su varita y con un movimiento de su mano ambos volvían a estar vestidos. Un segundo después alguien intentó abrir la puerta, pero el hechizo puesto por el rubio frenó el intento; el mismo Draco se encargó de quitar el hechizo y abrir la puerta para encontrarse de cara con el sapo rosa y Pansy. Ambos pusieron la excusa de que Draco le estaba impartiendo un castigo, como prefecto que era, y por eso había hechizado la puerta, para evitar que pudiese escapar. Esa explicación pareció convencer al sapo que hizo un gesto de conformidad para después dejarles solos de nuevo. En cuanto quedaron solos, el rubio se encaró a Harry:

- Debemos ser más cuidadosos si vamos a seguir haciendo esto.

Harry sonrió tímidamente antes de contestar:

- Sí, definitivamente debemos ser más cuidadosos. – dijo volviendo a acercarse al ojigrís para besarle. – Draco…

- Dime, Harry – susurró en sus labios el rubio acariciándole una mejilla - ¡Por Salazar, me gustas mucho, Harry!

El moreno dio un respingo antes de mirarle con los ojos muy abiertos durante unos instantes que al Slytherin le parecieron eternos; entonces el ojiverde le regaló la más maravillosa de las sonrisas antes de lanzarse a besarle de nuevo.

- A mí también, Draco. Me gustas mucho. Muchísimo.

La escena, para frustración y enojo del rubio, se oscureció de nuevo para llevarle a otro momento, en ese mismo aula, bastantes semanas después de aquel beso.

La pareja estaba besándose con ternura y suavidad, atesorando cada beso, disfrutando cada caricia. Con besos tortuosamente lentos, muy abrazados para no dejar espacio ni siquiera para el aire. Harry bajó su boca hasta el cuello de Draco que suspiró y gimió el nombre del moreno.

- No sabes cuánto me gusta besarte, rubio. – Dijo Harry

- Ni tú cuánto me gusta que beses, Harry – confesó el ojigrís.

Poco a poco fueron subiendo la intensidad de sus caricias, y la exigencia de los besos. Draco se separó a los pocos instantes intentando que ambos pudiesen recuperar el control, pero Harry volvió a atacar su boca y su cuerpo con sus manos.

El Slytherin se dejó hacer unos instantes hasta que volvió a separarse y mientras intentaba recuperar la respiración le dijo:

- Si no paramos ahora puede que después no pueda hacerlo y no quisiera llegar a un punto que pudiese obligarte a hacer algo que no estuvieses preparado.

Harry se ruborizó al instante pero se acercó a su compañero y pasándole los brazos por la cintura volvió a atrapar su boca para darle un profundo pero corto beso.

- Creo... creo que - valbuceo Harry - Que estoy preparado para dar ese paso, Draco.

- Estás seguro - quiso asegurarse el rubio.

Harry asintió.

- Completamente seguro, Draco.

El ojigrís respiró hondo antes de contestar con una voz ronca producto de la excitación.

- Ve a la lechucería y coge antes tu capa de invisibilidad. Voy a buscar un sitio donde podamos tener más intimidad. ¿Quieres? - Se aseguró por última vez.

Harry contestó con un necesitado: ¡Quiero!

Draco le dio un último beso y desapareció y con él también lo hizo la escena. Al disiparse la negrura, pudo verse frente a la entrada de las mazmorras de Slytherin.

[ADVERTENCIA: ESCENA LEMON]

El Draco espectador pudo ver que estaban en su habitación. Éste había convencido a sus compañeros para que desapareciesen y le dejasen la habitación libre (en realidad los había amenazado pero eso Potter no tenía por qué saberlo, pensó el Draco espectador). Harry había entrado tras él en las mazmorras con la capa de invisibilidad con lo que nadie llegó a enterarse de con quién iba a compartir su cama Draco esa noche.

Nada más entrar a la habitación, Draco le quitó la camiseta. Quería contemplar su torso y, tras un primer vistazo, agarró al moreno de la mano y se lo llevó hasta su cama.

El Draco espectador, se acomodó y se limitó a disfrutar de la escena que iba a desarrollarse delante suyo.

El Draco del recuerdo se sentó en un costado, haciendo que el otro chico se arrodillara en la misma para poder contemplar su torso. Harry ya no estaba tan delgado como la primera vez que lo había visto, sus músculos estaban bien formados gracias a los entrenamientos de Quidditch y Draco se permitió recrearse por unos instantes en ese pecho cremoso y perfecto antes de pasar las manos por el mismo, acariciándole lentamente y uniendo sus labios a los de Harry. Al principio, el moreno sólo supo dejarse llevar, siguiendo el movimiento de lenguas que le dictaba Draco y estremeciéndose ante el tacto de sus manos, pero pronto sus hormonas ganaron la batalla a la timidez y Harry llevó sus manos hacia la cintura de Draco.

Con nerviosismo y sin saber muy bien lo que iba a hacer, Harry comenzó a desabrochar el cinturón del rubio en medio de húmedos besos. El Slytherin rompió el contacto y se dejó hacer mientras miraba al león con un brillo deseo en sus ojos grises que envalentonó a Harry a seguir la tarea. Con torpeza, metió su mano dentro de los pantalones de Draco y comenzó a acariciar su eje ya duro. El chico dejó escapar un gruñido gutural y buscó su boca con la suya, profundizando el beso al ritmo de las caricias de Harry dentro de su pantalón, quien iba adquiriendo confianza a cada gemido de Draco. Con cada movimiento de caderas Harry comprobaba que estaba haciendo un buen trabajo y, más tranquilo que antes, liberó a su amante de la presión de los calzoncillos y siguió masajeando de abajo hacia arriba.

Draco no pudo seguir sin probar esos deliciosos labios por más tiempo y los volvió a atrapar en un ardiente beso. Sin pensárselo dos veces, Draco se separó del Gryffindor y con un esto de impaciencia se sacó la camisa de un solo movimiento, prácticamente arrancándose los botones, para evitar perder el valioso tiempo en insignificantes detalles, más si pensaba en la deliciosa tarea que tenía por delante. Harry aprovechó la situación para, sin rastro de timidez, quitarle los pantalones y los bóxers a su amante de una sola vez con una secuencia de movimientos sensuales que encendieron aún más al rubio. Una vez su compañero estuvo libre de la molesta ropa, Harry se dedicó a masajear su erección con propiedad, cogiendo su grueso pene con una mano, rodeándolo completamente con sus dedos sintiendo la tensión del ojigrís al contacto de los dedos en su hombría.

El moreno comenzó una cadencia de movimientos con su mano, subiendo y bajando… subiendo y bajando… tortuosamente lento pero con un ritmo constante, ejerciendo una presión que supo que era la apropiada por el gemido de satisfacción de su serpiente; Harry se auto felicitó por seguir su instinto en su inexperiencia, siguiendo las pautas que él mismo seguía en sus momentos de autosatisfacción. Draco, cuyas piernas eran ya de mantequilla, incapaces de sostenerle por más tiempo, se recostó en la cama, facilitando al moreno un cambio de posición que le permitió mejorar el exquisito trabajo de su mano, amén de acercar la morena cabeza a la zona que estaba masajeándole al rubio. Con algo de miedo, pero envalentonado por las ganas de sentir su sabor, el león fue acercando tímidamente más y más su cabeza a la masculinidad de Draco. Aún así, su inseguridad era quien ganaba la batalla, ya que, aunque se moría de ganas de hacerle una buena mamada, al ser complemente inexperto temía decepcionarle.

El rubio consciente del miedo de su león y leyendo sus pensamientos, decidió insuflarle valor, enredando sus delicados dedos en el oscuro cabello de Harry, guiándole la cara hacia sus ojos, para dedicarle una mirada y una sonrisa de aliento.

- Jamás me decepcionarás, pequeño.

El ojiverde, se sintió renovado en su valentía sabiendo que, aunque Draco jamás le forzaría a nada, su rubio deseaba que se deshiciera de esa inútil inseguridad que no le había permitido hasta hoy llegar a saborear las mieles del sexo. Decidido y excitado por adelantado por lo que iba a realizar, le respondió a la sonrisa lujuriosamente volviendo a masajear el miembro de su amante recuperando el ritmo hasta que el rubio gimió de nuevo, y esta vez sí, relamiéndose los labios fue bajando la cabeza hasta la hombría de Draco para llevársela a la boca.

Sin poder resistir la tentación pasó su lengua por el glande lamiéndolo impudorosamente, realizando húmedos círculos en la punta hasta que los jadeos del rubio le envalentonaron para rodear con sus labios el delicioso eje. Fue bajando poco a poco dejando un rastro de saliva hasta engullir parcialmente el sexo del Slytherin, para iniciar una serie de movimientos sinuosos de cabeza, Draco cerró los ojos y se recostó completamente disfrutando de la inexperta caricia, aún sorprendido de la audacia que demostraba Harry en su primera vez. El rubio dejó escapar pequeños gemidos lastimosos, que despejaba las dudas de un Harry que se preguntaba si lo estaba haciendo bien; esa pequeña victoria alentó al ojiverde a incrementar el ritmo de su boca ganándose un jadeo entrecortado del rubio como recompensa.

Draco, cansado de ser el único torturado en esa cama, buscó con su mano izquierda el pantalón de Harry para deshacerse del último escollo entre el rubio y la piel de su amante. Lo desabrochó ansioso por descubrir la masculinidad latente del moreno, comenzó a bajárselo con la torpeza que da la impaciencia, pero necesitó de la cooperación del león que tuvo que dejar su tarea sobre el sexo de Draco casi a regañadientes, para poder acabar de quitárselo. Una vez conseguido el rubio se dispuso a deleitarse con la visión de la gloriosa desnudez del ojiverde. Sin dejarse intimidar por la mirada de lujuria que recibía del Slytherin, Harry decidió que era hora de volver a llevar su boca a la erección de su amante, que envolvió con sus labios, engulléndola sin miramientos.

Mientras el Gryffindor arrancaba jadeos incontrolados del rubio con su cálida boca, este se decidió a comenzar su venganza, alargando su mano izquierda al miembro ya erecto del moreno para empezar a masturbarle siguiendo inconscientemente el ritmo de la boca de su primerizo amante en su miembro; consiguiendo así una imagen de conexión perfecta entre los dos amantes.

Atrapado por la bruma del calor, Harry tuvo una idea y demostrando que no por nada era un león la puso en práctica; subió la boca a la punta del sexo del rubio y se dispuso a dar pequeñas y rápidas lamidas, jugueteando con la punta y el presemen, haciendo gemir indecorosamente al dragón. Satisfecho por la reacción de su amante, Harry le recompensó volviendo a su anterior tarea, metiéndose toda la erección que pudo en la boca para reiniciar su delicioso movimiento de cabeza, hasta que un jadeoso Draco volvió a gemir acalorado, quien con un gesto de su mano, decidió parar al ojiverde y hacerle ponerse de pie sobre la cama: había llegado el momento de ser él quien le diese placer a Harry. Sin titubear ni detenerse un solo segundo alcanzó con su boca la ya dura hombría de Harry, introduciéndosela en su húmeda cueva.

Quiso comenzar con un rápido ritmo de succiones moviendo rápidamente la cabeza dentro y fuera, para sorprender a un Harry que no tardó ni un par de segundos en comenzar a gemir. Excitado por los deliciosos gemidos de su moreno, Draco bajó una de sus manos para masajear su propia erección, sin perder ni un ápice del ritmo de una mamada que, demostrando su experiencia, iba profundizando más y más, consiguiendo enloquecer y desquiciar a un león que sin saber muy bien que estaba haciendo, entre jadeos y exclamaciones a Merlín, llevó su mano a la nuca de Draco para ayudarle en el movimiento de su cabeza, coordinándolo con el que iniciaba inconscientemente de su cadera. El ojigris miró lujuriosamente desde abajo al moreno sin soltar la boca de su miembro, satisfecho de la reacción de su amante que le correspondió con otra de igual intensidad.

El rubio supo con esa mirada que el león estaba preparado para el siguiente paso, y soltando su miembro, pero sin dejar de acariciar y lamer cada rincón y centímetro de piel a su alcance, le hizo apoyar las rodillas y la cabeza sobre el colchón, dejándole la apetitosa visión de su trasero levantado. Dominado por la tentación, se lanzó a acariciarle las nalgas, apretándolas, masajeándolas, relamiéndose los labios, ansioso por probar esa cremosa y tentadora piel de su trasero, hasta que pudo más su impaciencia y besó y lamió dejando un camino de saliva y pequeños mordiscos por todo su trasero mientras que iba acercándose peligrosamente a su último objetivo.

Sin previo aviso, con una sonrisa maliciosa, a la vez que tomaba su miembro con una mano, pegó su lengua a su entrada y empezó a lamerla, haciendo que un Harry, distraído por las caricias diese un respingo por el doble ataque.

- ¡Draco, Draco por Merlín! – gimoteó sorprendido el moreno.

Sumergido en las poderosas sensaciones que le llenaban, el muchacho comenzó una serie de movimientos erráticos con su trasero en la boca del rubio, que lamió, besó, mordisqueó suavemente y penetró con su lengua el ano expuesto, jugueteando con su boca por toda la entrada pero sin dejar de masturbar a Harry. Los jadeos entrecortados del león, el movimiento de su cadera y su cabeza echada hacia atrás con los ojos en blanco fueron la señal para avanzar y que Draco comenzase a prepararle.

Sin dejar de lamerle acercó un dedo con el que fue jugueteando por el exterior de su entrada como aviso de lo que acontecería a continuación, con una última húmeda caricia, introdujo el dedo con cuidado, sintiendo como el moreno se tensaba.

- Relájate, pequeño. Confía en mí. – Susurraba el rubio que fue moviendo poco a poco el dedo en su interior, haciéndolo entrar y salir de él.

Poco a poco Harry dio muestras de sentir mejor la intromisión y el ojigrís aprovechó para introducir un segundo dedo; para ir dilatando más la estrechez del moreno fue variando los movimientos de sus dedos, abriéndolos en tijera, metiendo y sacándolos con cuidado y moviéndolos en círculo. Estos movimientos fueron calentando al Gryffindor, que al poco ya estaba gimiendo pidiendo más, lo cual fue la señal para que Draco introdujese un tercer dedo y le diese un mayor ritmo a sus dedos en la entrada del león. No pasó mucho más hasta que el muchacho jadeó y le rogase que pusiera fin a su tortura.

- Vamos hurón, entra ya – gimoteó el moreno.

- ¿Estás listo, pequeño? – se aseguró el Slytherin sin dejar sus movimientos en la entrada del muchacho.

- Siiihh – gimió Harry.

Draco no se hizo esperar más, se situó detrás de las caderas del moreno y sujetando firmemente su hombría la colocó en su entrada para introducirla poco a poco sintiendo como la estrechez del moreno iba rodeandole según avanzaba. El moreno se tensó al sentir el dolor que acompañaba la invasión e intentó reprimir un gemido de dolor sin éxito, haciendo que Draco detuviese el avance. El rubio comenzó a acariciarle cada centímetro de piel que podía alcanzar y a darle pequeños besos en la espalda para tranquilizarle, a la vez que le susurraba palabras tranquilizadoras hasta que el Gryffindor se relajó lo suficiente permitiendo que su amante continuase penetrándole poco a poco pero con firmeza.

Con un último golpe acabó de entrar totalmente en el moreno pero prudentemente prefirió esperar unos momentos antes de comenzar a embestir, para que el ojiverde se acostumbrase a la invasión. El rubio preocupado por el dolor que seguramente estaba sintiendo su amante, rodeó con sus dedos libres la hombría del moreno y comenzó a masajearle para neutralizar el malestar, hasta que el propio Harry empezó un sinuoso movimiento de caderas invitando al rubio que comenzase a moverse. Draco le concedió el deseo y comenzó con unas embestidas suaves, lentas, perezosas casi, sintiendo el roce centímetro a centímetro, poniendo a prueba el autocontrol del rubio y pronto ambos jóvenes comenzaron a gemir débilmente, aunque al principio, los de Harry eran producto de una especie de dolor placentero o placer doloroso.

Draco, perdiendo la batalla contra su autocontrol, fue aumentando la profundidad de las embestidas hasta tocar cierto punto en Harry que le hizo gemir descontroladamente pero esta vez de puro placer. El ojigrís continuó con un ritmo y profundidad cambiante en las embestidas durante un rato, haciendo que el moreno se retorciese sobre el colchón, jadeando y murmurando palabras inconexas, consiguiendo en el proceso que la espalda de Harry y su propio torso se perlaran de gotitas de sudor que al caer por la espalda dibujaban caminos erráticos que el rubio se encargó de recoger con su lengua, lamiendo las caprichosas y saladas gotitas.

Entonces, Draco decidió probar cara a cara, deseoso de poder ver el rostro desencajado del moreno por la pasión.

- Déjame verte, pequeño – exigió ansioso el rubio.

Con solo un par de movimientos salió de él y le hizo girarse en la cama para ponerle frente a sí mismo. Le tomó la cara con una de sus manos para acercarla a su boca y comenzar a devorar los labios con una demandante lengua que se movía impaciente por cada rincón de la boca del Gryffindor, mientras este respondía al beso con la misma necesidad, atrapando la cara del rubio con sus manos.

Rompiendo el beso, Draco se sentó en la cama con las piernas abiertas y con un suave tirón hizo que Harry se colocara a horcajadas entre sus piernas de cara a él. Volviéndole a atrapar los labios en un profundo beso fue direccionando su propia hombría hasta la entrada del moreno e instó a este a que fuese bajando hasta quedar sentado en su regazo, y así mientras el moreno acariciaba su torso, dirigió las piernas de Harry detrás de su cintura para poder profundizar el abrazo y la penetración.

En cuanto se sintieron pegados piel con piel, el rubio tomó al león de las nalgas y besándole de nuevo comenzó de nuevo el vaivén, saliendo y entrando del interior del moreno. A la vez que movían sus caderas, iban coordinando la exigencia de sus lenguas, labios y boca.

Draco llevó una de sus manos hasta la hombría de Harry, y cerrando sus dedos en el firme eje empezó a masturbarlo arrancando jadeos entrecortados del moreno. Retomando los exigentes besos, Harry gemía en su boca, succionando cada vez con más ansia, contagiando al rubio que embistió más duramente.

Finalmente, Harry se derramó primero en la mano del rubio, manchando con su semilla el vientre de ambos, haciendo que sus entrañas se apretase en espasmos, atrapando el miembro de Draco que embistió con más rapidez notando como su propio orgasmo estaba cerca, mientras jadeaba el nombre del Gryffindor esperando la liberación de su semilla que llegó a la vez que daba una última estocada profunda.

Gimió y jadeó antes de dar un par de embestidas más para terminar de descargarse y se dejó caer en el pecho de Harry con la respiración entrecortada y el corazón totalmente desbocado, para con un último beso rodar en la cama, aún abrazado al moreno, completamente agotados. Draco salió de Harry y se acurrucó en su costado besándole el torneado y perlado torso, antes de pasarle un brazo por su cintura. Buscó su boca para besarle con besos tiernos, acariciando los labios del moreno con los suyos, reteniendo el sabor de su amante en su boca, suspendiendo el paso del tiempo en cada caricia de su lengua.

- Daría lo que fuese porque pudieses quedarte toda la noche conmigo. – Confesó el Slytherin.

- Me habría encantado. – Contestó apretándose en el regazo de su amante.

Draco le miró intensamente antes de prometerle que encontrarían la manera de que pudiesen pasar la noche juntos sin tener que separarse si lo deseaban.

- Creo que tengo el sitio perfecto – Contestó Harry mirándole pícaramente.

Draco le miró extrañado y el moreno aprovechó para atraparle de nuevo sus labios. Al romper el beso sonrió ampliamente antes de declararle:

- Estoy deseando que sea mañana para mostrártelo.

Y con esa última mirada de lujuria y la amplia sonrisa del moreno el recuerdo fue oscureciéndose hasta hacer desaparecer el recuerdo por completo.

El Draco espectador, a estas alturas estaba con una muy dolorosa erección y con la boca completamente seca; se encontró pensando en aquel refrán "cuidado con lo que deseas, no vaya a ser que lo logres". Había deseado que le mostrase alguna escena como la que acababa de ver y ahora se encontraba en el lamentable estado en el que se encontraba.

Gimiendo de excitación Draco sintió la necesidad de encontrarse con el Harry real y repetir algunas de esas últimas escenas que acababa de visionar, cuando entonces sintió el tirón que lo sacó del pensadero y lo devolvió al aula.

(CONTINUARÁ)


¿Qué tal? Espero se haya acercado a lo que esperases. Saludos y seguimos el viernes con el séptimo.