Aquí traigo el último capítulo. Espero que lo disfrutes Joycee. (Y los demás lectores también!)
CAPÍTULO 8: Séptimo año y final.
Después de ver el contenido de las dos últimas botellitas, Draco Malfoy supo con toda seguridad que su regalo pretendía ser una especie de tortura lenta y cruel, y gracias a ese convencimiento en esos instantes no acababa de tener claro de que tenía más ganas; si de procurarle a su león la misma sádica tortura a la que estaba siendo sometido o de ir a buscarle para encerrarse en su habitación y no salir de la cama en una semana. En todo caso, ambas opciones deberían esperar ya que aún faltaba una última botella, que debía corresponder a este curso, séptimo.
Draco supuso que esta botellita sería la más breve, ya que pese a que estaba siendo el mejor año de su vida, este aún no había terminado. Aún así, habría muchas cosas que mostrar, como la conversación que tuvieron con Lucius, explicándole que eran novios oficiales, y la sorpresa e indignación del mismo cuando le confirmaron que no pretendían buscar su aprobación, se estaban limitando a comunicárselo, para que supiese a qué atenerse. Aún recordaba la cara de su padre…, afortunadamente su madre supo capear la situación. Por fortuna, su padre les había dejado en paz al comprobar ciertas ventajas de ser el suegro de Harry.
O el día en que él y Weasley hicieron las paces definitivamente y se vio recompensado muy dulcemente por su novio. ¡Oh! Sí, esperaba especialmente que esa recompensa estuviese entre los recuerdos.
Dudaba que entre los recuerdos pudiese encontrar la reacción de sus amigos y compañeros, ya que curiosamente, ninguno de sus compañeros de colegio había reaccionado excesivamente mal, aunque también era verdad que ellos no eran la típica pareja que hacía grandes demostraciones de amor y cariño en público, así que cabía la posibilidad de que no llegaran a creerlo del todo. Seguro que ninguno de esos bobos permanecería indiferente si supiesen como eran en privado. Porque en público eran más bien sobrios, pero ¡ay amigos! en privado despilfarraban en cariños, caricias y demostraciones de cuanto se amaban.
Draco era incapaz de sobrevivir un solo día sin mirar a los ojos de su moreno, necesitaba más que el aire ser besado por esos deliciosos labios, consideraba obligatorio para subsistir degustar esa exquisita piel al menos una vez al día. Pero también necesitaba, hablar con él, pasear juntos, escucharle de su día y contarle cuanto le había extrañado. Amaba despertar y encontrar en su mesita de noche una nota de su ojiverde diciéndole cuando le quería, o imaginarse la cara que iba a poner Harry al encontrar las que él le escondía en ocasiones en los bolsillos de su pantalón.
Ellos no eran de hacerse muchos regalos, sin embargo a ambos les gustaba tener pequeños detalles con el otro; como por ejemplo, guardar un trozo de pastel del postre cuando servían al favorito de su novio, aplazar los propios deberes para ayudar al otro en alguna asignatura especialmente difícil, esperarse en la puerta a que el otro saliese de clase cuando tenían alguna hora libre, o colarse en la habitación del otro solo para desearle buenas noches.
No es que fuesen una pareja superromanticona, simplemente les gustaba cuidar su relación. Draco se sabía tan amado como él amaba a Harry, y después de todo lo que habían pasado ninguno de los dos estaba dispuesto a perder lo que tenían.
Con este último pensamiento, tomó en sus manos la última botella y siguió el procedimiento habitual antes de sumergirse en la sustancia que contenía los recuerdos de Harry; inmediatamente Draco sintió como algo tiraba de él sumiéndole en una fría y húmeda oscuridad y sin tiempo siquiera a marearse por el tirón aterrizó en un nuevo recuerdo.
Había aparecido al aire libre, y al echar un vistazo a su alrededor pudo ver que estaba en los jardines de La Madriguera, cerca del lago que había al lado de la casa (si La Madriguera merecía al nombre). El rubio decidió pasearse por los alrededores hasta encontrar a su novio y ver lo que quería mostrarle.
No tardó en encontrarle ya que el moreno estaba tumbado en la orilla del lago junto con Weasley y Granger. Estaban hablando de sus respectivas parejas y de las diferencias en sus relaciones, poco después la conversación derivó en cómo habían tomado algunos hábitos de sus parejas. A Harry le achacaron que desde que estaba con él siempre llegaba tarde, especialmente por las mañanas.
- No es culpa mía, Draco siempre me despierta con un beso en el cuello, y claro, una cosa lleva a la otra y… llegamos tarde.
- ¡No seas falso, Harry Potter! La culpa no es solo suya, si quisieras llegar puntual lo haríais. Sabes perfectamente que el hurón come de la palma de tu mano. – Se reía Weasley.
- Eh cállate, eso no es verdad. – se defendió Harry.
- Sabes que sí, pequeño. – Bromeó usando el sobrenombre que siempre usaba Draco para Harry – El pobre baila al son que tocas. Le tienes loco, por más que se quiera hacer el duro cuando estáis en público. – siguió con la burla el pelirrojo.
- ¿Pobre? ¿Desde cuándo te pones de su parte?
- Desde que hablamos el otro día e hicimos las paces. Por el bien de nuestra amistad y vuestra relación. – declaró Ron.
- ¿Perdón? Que tu y mi… ¿en serio? – exclamó un sorprendidísimo Harry.
- Pero Ron, ¿pretendes que nos creamos que ahora te llevas bien con tu némesis? – intervino una no menos sorprendida Granger.
- No seáis infantiles. El hurón y yo hablamos seriamente, debatimos y tratamos de abordar el tema con la mayor madurez posible, sí he usado la palabra madurez, ni se os ocurra burlaos, bueno, el caso es que prometimos poner todo de nuestra parte para que las cosas mejoren entre nosotros. Por ti. – Añadió mirando a Harry – Porque lo pasas mal cuando discutimos y ambos te queremos lo suficiente para dejar de lado todo lo pasado.
- ¡Ronald Weasley! Si no lo veo no lo creo – Aseguró Granger – ¿Quién eres tú y que has hecho con mi amigo Ron? – Bromeó la muchacha.
- Ron… - Harry estaba visiblemente emocionado – Esto es… - El moreno se abalanzó sobre su amigo, aún tumbado, y le abrazó fuertemente. – Ron, eres el mejor amigo que alguien podría tener. Eres… Eres el mejor hombre del universo – Harry volvió a abrazarle y le dio un fuerte beso en la mejilla.
Un Ron bastante azorado devolvió el abrazó antes de revolverle el pelo amistosamente al moreno.
- Te quiero, hermano. Y es fácil darse cuenta de que el hurón también, además he de reconocer que te ha cuidado desde quinto cuando tuviste que soportar al sapo de Umbridge. Supongo que me di cuenta que ese Malfoy tampoco está tan mal.
- Oooh! – Exclamó enternecida Granger mientras Harry volvía a abrazar con fuerza al pelirrojo.
- ¡Harry! Si me abrazas así a mí – dijo divertido el pelirrojo – que no harás con el hurón cuando le pilles – dijo soltando una carcajada.
- mmm cierto… - Harry se quedó pensativo con una mirada pícara – Chicos, creo que tengo que irme… había… esto… había olvidado que tenía que ir a recoger algo al… al callejón Diagon, sí, eso es, al callejón Diagon.
Weasley y Granger se miraron durante un segundo y estallaron en carcajadas tan fuertes que pronto necesitaron sujetarse la tripa.
- ¿Qué es tan gracioso? – preguntó ruborizado Harry.
- Nada, nada – respondió el pelirrojo intentando controlar su risa – Por cierto, dale recuerdos al hurón de nuestra parte, ¿Vale? Y dile que ya me dará las gracias más adelante.
Ambos volvieron a estallar en carcajadas ante el evidente mosqueo del moreno.
Aun resonando las risas en los oídos de Draco la escena se volvió a negro, mientras el rubio pensaba que el pobre león era demasiado evidente; de hecho no podía evitar ponerse de parte de Weasley y seguro que de haber estado allí, él hubiese se hubiese reído también con ellos. Aunque se guardaría mucho de decírselo a Harry. Sin poderlo evitar empezó a reír también mientras se disipaba la oscuridad.
Nada más aclararse la escena vio que estaban en la mansión Malfoy, más concretamente en su habitación. Dirigió su mirada a la cama donde podía verse durmiendo todavía, solo y completamente desnudo después de una sesión de "recompensa por hacer las paces con Ron". Sonriendo pícaramente se sentó en su sillón favorito, sabiendo lo que iba a pasar a continuación. Poco después, tal y como recordaba, Harry abrió la puerta de la habitación prácticamente a la vez que él se despertaba…
—Oh ¿ya estás despierto? Vaya, y yo que quería despertarte con un beso en el cuello como tú haces conmigo. Te traigo el desayuno.
Al girarse hacia la puerta se encontró con un Harry que solo llevaba unos pantalones de pijama y que traía la bandeja con el desayuno: fruta, un bollito de crema y un zumo de calabaz. Dejó la bandeja en su regazo y se acomodó a su lado para darle un beso.
—Buenos días, amor.
—Buenos días, león.
Draco empezó a saborear de la mano de Harry pequeños trozos de fruta, aprovechando para dar ligeros e insinuantes lametones a los dedos de su novio.
—La fruta está deliciosa, pero me gustan más tus labios. —dijo Draco antes de besarle.
Harry correspondió el beso de inmediato, jugueteando con sus labios antes de profundizarlo. Gimió al sentir a su compañero de juegos incitándolo y provocándolo mientras Draco clavaba sus cortas uñas en su nuca para impedir que éste se alejara ni un solo milímetro. El moreno atrapó los labios del Slytherin entre sus dientes, mordisqueándolos con parsimonia, probando el sabor de la fruta que antes había comido el rubio. Los besos de Harry no eran largos, todo lo contrario, eran lentos, suaves, sólo labios. Como si el Gryffindor quisiera saborear el momento, como si quisiera prolongar cada roce de labio contra labio y recordar cada pedazo de piel. Lamió y probó el néctar que escapaba de la boca del rubio entre jadeos y mordisqueó los suaves labios de su novio sin llegar a profundizar más el beso.
El moreno detuvo la deliciosa tortura a la que estaba sometiendo a Draco y alejó sus labios de los de su novio. Cogió con parsimonia un pequeño trozo de melón de la bandeja —que aún reposaba entre su cuerpo y el de Draco—, llevó el pequeño pedazo de fruta a sus dientes y lo mordisqueó lentamente bajo la intensa mirada gris del otro. Entonces, cogió la bandeja con la misma pereza de quien debe trabajar cuando prefiere estar descansando en la calidez de su lecho y la dejó sobre la mesilla de noche.
Y ahí comenzó el verdadero juego. Con el pedazo de melón todavía entre sus dientes Harry se agachó hacia los labios de Draco y los pintó con el dulce jugo que expulsaba la pieza de fruta. Después, volvió a besarle con lentitud, lamiendo y probando el sabor de la fruta en los labios de su marido, recostándolo lentamente contra los cojines de la cama. Harry besó y probó esos labios de los que jamás se cansaría mientras sus manos palpaban el cuerpo ajeno. Era delicioso sentir la calidez y suavidad de su piel. Era sumamente placentero sentir los gemidos de Draco escapar de su boca mientras pellizcaba con delicadeza el pequeño trozo de piel rosada que era su pezón. Era casi orgásmico llegar al centro de placer de Draco y notarlo ya despierto.
Pero lo que más adoraba Harry, por encima de todo, era escuchar los gemidos del rubio, verlo jadeante y excitado por su causa. Y se dispuso a hacer que la serpiente se retorciera del más puro éxtasis. Mientras su mano apresaba perezosa el miembro de Draco y comenzaba el delirante movimiento que lo llevaría a la cumbre, sus labios viajaron hacia su cuello dejando un húmedo rastro de saliva, labios y besos. Lamió toda la piel del cuello, deleitándose en el viaje hacia el lóbulo del hombre que se retorcía bajo sus manos y cuyos suspiros ascendían en tono junto con la respiración de su dueño. Se divirtió mordisqueando el lóbulo de la oreja provocando un jadeo excitado de Draco.
Y cuando se vio saciado del cuello, el moreno dejó un reguero de besos hasta los erectos pezones de Draco, ganándose gemido tras gemido, cada vez más alto, cada vez más fuerte. Se entretuvo mordiendo el pezón para luego calmar el placentero dolor con pequeños lametones de su lengua y succionando el pequeño y rosado pedazo de piel. Harry alternaba mordiscos y lametones con besos y succiones hasta que ambos pezones estuvieron completamente endurecidos. Draco tenía la piel pálida perlada de sudor, sus ojos grises estaban entrecerrados mientras se mordía el labio con fuerza, intentando contener los gemidos que escapaban de su garganta. Sus manos se aferraban a las sábanas bajo él y sus caderas se movían inconscientemente, siguiendo el ritmo que marcaba la mano de Harry. El moreno sonrió, ésa era una imagen gloriosa.
Continuó su camino de descenso, besando y probando cada pedazo de piel que se le ponía por delante. Al llegar al ombligo, Harry se recreó en los pelillos rubios, casi blancos, que allí había, para continuar el camino descendente hasta la vigorosa erección. Besó la punta del eje, saboreando la esencia de Draco y lo abarcó dentro de su boca sin ningún rodeo. Los gemidos de Draco ya eran incontrolables, el rubio se retorcía en la cama llevando sus manos a los oscuros cabellos del hombre que lo torturaba de tan placentera manera.
Draco gemía y se mientras Harry devoraba tan delicioso manjar. Subía y bajaba sobre el eje a la vez que su mano acunaba los testículos de Draco. El moreno abarcó su erección hasta la base, la punta rozaba su garganta.
— ¡Oh, Merlín sí! —Draco no pudo evitar que el grito se escapara de sus labios.
Harry sólo pudo sonreír y seguir con la tarea. Draco estaba en el borde. Él lo mantenía en el borde.
Al final, el Gryffindor se apiadó de su novio y permitió que alcanzara el clímax, y en dos fuertes movimientos Draco terminó en su boca con un grito extasiado. Mientras Draco se rompía en mil pedazos dentro del cúmulo de sensaciones que era su orgasmo. Harry comenzó a subir con lentitud, besando en el camino cada trocito de piel que fue encontrando, mientras el rubio calmaba su respiración poco a poco.
Cuando sus labios se encontraron de nuevo, Draco se aseguró de agradecerle el reciente éxtasis, sujetando su nuca para profundizar el beso y saborear su propia esencia en la boca de su novio mientras con la otra mano acercaba sus centros de placer. Ante la intensidad que iba alcanzando el beso, Harry se posicionó mejor entre las piernas del Slytherin rozando sus sexos con premeditada perfidia, tomando de nuevo el control del beso. Ante aquello Draco simplemente se retorció juguetón, adoraba cuando Harry se ponía posesivo en la cama, pero él tampoco iba a quedarse atrás, así que continuó con la batalla de lenguas. Un combate donde el vencedor obtenía una dulce victoria, pero donde tampoco había perdedor. Las húmedas y resbaladizas lenguas parecían bailar un ardiente vals en el que Harry no podía dejar de gemir con cada nuevo embiste de su novio, que coordinaba los ataques de su lengua con las embestidas a su centro de placer.
Pero Draco quería agradecerle apropiadamente y de un fuerte tirón que dejó a Harry completamente su merced, el rubio comenzó con su regalo de agradecimiento. Succionó su lengua juguetonamente, en una clara insinuación de lo que vendría después. Intenso, placentero y excitante. Harry poco pudo hacer ante el fuego que parecía consumir a su novio, más que seguir el juego de pasos que éste le imponía. Sus gemidos eran tan incontrolados que apenas podía recordar ni su propio nombre, mucho menos acordarse de lo que era respirar.
Con el deseo latiendo en su garganta, el rubio se dirigió hacia el hinchado miembro de su novio y lo devoró con hambre. De un solo golpe, Draco rodeó con su boca al moreno y aspiró con fuerza, haciendo que Harry gimiera aún más fuerte. Empezó a mover la cabeza, rodeando la punta con su lengua cuando llegaba al inicio de la enorme erección y, dando pequeños besos, volvía a abrir su boca para abarcarlo por completo. Draco notaba en la garganta la erección de Harry, que gemía impúdicamente sin contención alguna, y decidió hacer que sus jadeos aumentaran aún más. Con sus manos aprovechó para acunar los testículos de Harry, mientras éste marcaba el frenético ritmo de las embestidas con sus dedos enredados entre los mechones rubios. Draco lamió el eje de su novio tan golosamente como si fuera la cosa más dulce que hubiera probado nunca. Succionó el líquido que escapaba del miembro de Harry y lamió con fruición toda su longitud antes de introducírselo nuevamente en su boca mientras acariciaba con deleite los llenos testículos.
Ante el inconsciente movimiento de caderas de su amante, Draco decidió enloquecerlo un poco más y dirigió una de sus manos más allá, hacia la entrada de Harry quedándose en un punto intermedio. Con la seguridad que sólo puede proporcionar la experiencia, el rubio tocó ese punto que sabía volvía loco a su novio y lo masajeó a la vez que apresaba fuertemente su miembro entre sus labios. Harry gimió de sorpresa y placer ante aquello, dando una pequeña embestida más fuerte que las otras que logró crear un jadeo de pura satisfacción en la garganta de Draco, haciendo vibrar el su miembro muy cerca del éxtasis. En venganza por las acometidas del moreno, Draco comenzó a juguetear con su entrada y, aunque no era ni mucho menos su primera vez, Harry sintió que no había experimentado algo igual en su vida.
—Draco me estás matando, amor. —gimió Harry.
Por toda respuesta, el rubio introdujo los testículos del hombre en su boca para juguetear con ellos y apresó con la mano libre su miembro mientras con la otra seguía torturando la estrecha entrada. En respuesta a ello, Harry abrió las piernas aún más para facilitarle la tarea. Pero Draco quería saborear a su novio por completo, así que lo instó a alzar las caderas y, en cuanto Harry hubo obedecido, lo sujetó firmemente de los muslos para que no pudiera moverse. Lamió, besó y mordisqueó todo rastro de piel que se le ponía por delante, fue avanzando lentamente, entre beso y beso, hasta la entrada del moreno, que penetró de una sola estocada haciendo que éste gimiese sin control.
—Draco, por Merlín… ¡Draco! – gemía el moreno con voz entrecortada, mientras sentía como su marido jugueteaba con su entrada.
A esas alturas, lamía y succionaba hambriento mientras iba introduciendo sus dedos en la entrada de Harry, primero uno y luego otro. Un tercero se les unió más pronto que tarde y Harry solo podía sentir ante lo que su novio le estaba haciendo. Sentir, gemir, jadear y retorcerse entre sus fuertes brazos al punto del orgasmo. Draco no le daba tregua ni cuartel, jugueteaba con su lengua y penetraba su entrada con la misma desesperación que su primera vez hacía un par de años. Cuando fue notorio, por sus gemidos, jadeos y sus exclamaciones a Merlín, que Harry estaba a punto de estallar, el rubio centró su atención en la hinchada erección y succionó con fuerza, haciendo que la entrada del hombre apresara sus dedos con la misma hambre que él lamía su miembro.
El clímax llegó con un jadeo de ambos, Harry se desplomó en la cama extasiado y Draco se escurrió de entre sus piernas para llegar hasta sus labios. Lamió y besó su pecho, acarició sus costados y, finalmente, se acostó a su lado, respirando tan entrecortadamente como el propio moreno.
Sin embargo, esta paz no duró mucho y en pocos minutos el rubio fue bajando por el cuerpo de su novio, buscando lubricar con su saliva la entrada del moreno.
Mientras Harry se arrodillaba y apoyaba sus brazos en la cama para facilitarle el trabajo a Draco, éste se bajó de la cama y se arrodilló para quedar justo a la altura del trasero del león. Se tomó su tiempo acariciando los muslos, separándolos y masajeándolas, hasta que un gruñido del moreno le hizo sonreír y comenzó a lamer y besar la entrada. Lamía y penetraba con su lengua con fuerza a la vez que le daba suaves caricias en la espalda; mordisqueó y besó su zona perineal a la vez que le masajeaba el duro miembro. Finalmente, lamió y succionó su entrada hasta escuchar los jadeos de su amante y haciendo caso de sus ruegos, se puso de pie y comenzó a acariciar su entrada con su erección.
— ¿Preparado, cariño? —se aseguró Draco.
—Como en la vida. ¡Entra ya si no quieres volverme loco!
Con sumo cuidado el rubio empezó a introducirse en Harry, que se relamía de gusto al notar su dureza irrumpiendo dentro de él. Draco se agarró de las caderas del moreno y de un solo impulso introdujo el resto de su miembro en las apretadas paredes de su novio comenzando enseguida con el vaivén de las caderas. Pronto estaban ambos gimiendo y diciendo incoherencias al ritmo de las embestidas mientras Harry se incorporaba para sentir más profundamente las penetraciones y Draco aumentaba la profundidad de las estocadas, llegando más adentro, más fuerte.
Después de unos minutos, Draco, sin salir de Harry fue subiendo a la cama, haciendo que el moreno se recostara para quedar encima de él y poder darle unas estocadas más profundas acompañadas de unas sensuales lamidas por la espalda, que hicieron enloquecer a Harry. Draco fue recostándose encima de su novio poco a poco hasta quedar cubriendo toda su piel, hecho que aprovechó el moreno para girar la cabeza y comenzar a besar a su serpiente mientras este seguía embistiéndole. El rubio fue profundizando los besos hasta empezar una dulce batalla con sus lenguas. Pero en esa posición era demasiado complicado así que salió del interior de su amante e hizo que girara sobre sí mismo. Entonces comenzó el vaivén de lengua contra lengua y acometida tras acometida.
Se subió a horcajadas del moreno y se dispuso a devorar su boca, con una pasión y una sensualidad que imposibilitó protestar al Gryffindor. Draco extendió sus besos y sus caricias por cuello y pecho para después volver a sus labios y de nuevo bajar al pecho y continuar bajando hasta llegar de nuevo a su desatendido miembro. Se lo introdujo en la boca para sorpresa del moreno y comenzó a lamer y succionar con la misma pasión y sensualidad con la que había devorado su boca y pese a su sorpresa inicial, los jadeos de Harry indicaron su conformidad con el cambio.
Draco siguió lamiendo y succionando hasta que Harry volvió a gemir pidiendo clemencia, con su miembro a punto de explotar. Entonces, se separó levemente para recolocarse sobre Harry.
El rubio buscó su entrada con su palpitante miembro y lentamente fue entrando gozando de cada milímetro que avanzaba dentro de su novio. Una vez toda su hombría estuvo dentro del moreno, comenzó unos dulces y poderosos vaivenes que enloquecieron a ambos. Pronto los jadeos y susurros inconexos de Harry se mezclaron con los gemidos y las exclamaciones del rubio. Cada vez los jadeos eran más necesitados y los gemidos más altos. Ambos estaban llegando al límite.
Comenzó a embestirle con estocadas cortas pero profundas hasta que Harry movió sus caderas a su son para conseguir unas estocadas más largas sin perder profundidad. Draco sonrió a su novio al verle tan entregado y agarrándole de ambas piernas se ayudó para dar profundas embestidas mientras se deleitaba en el rostro descompuesto por el placer del moreno. Dio unas últimas estocadas más potentes mientras Harry, que anunciaba con un "No puedo más, amor" que no tardaría en correrse, balanceaba con más necesidad sus caderas, dos estocadas más y el moreno se dejó llevar por el potente orgasmo llenando ambos vientres de su esperma.
Draco incrementaba el ritmo de las embestidas a la vez que unía sus lenguas en el sensual y conocido baile de saliva y labios. El rubio llegó a su propio éxtasis cuando Harry, juguetón, le introdujo la lengua en la boca y un dedo en su apretada entrada. Draco llegó al orgasmo entre espasmos y gritando el nombre de su novio mientras el moreno sentía como este le iba llenando las entrañas con su esperma. Se quedaron abrazados, intentado recuperarse de la intensidad de su anterior actividad, hasta que Draco comenzó a besar a Harry sensualmente. Se besaron durante un buen rato en el que los besos solo fueron interrumpidos por Draco para confesarle su amor al moreno.
—Te amo, Harry.
—Y yo a ti, mi amor.
Cuando todo se volvió a negro en ese preciso instante, Draco emitió un suspiro de impaciencia, empezaba a necesitar urgentemente ver a su novio, pero al real, no un recuerdo, y precisamente para crear algunos recuerdos como el que acababa de ver. Mientras se recuperaba del recuerdo, controlando, o intentándolo al menos, su respiración echó un vistazo a su alrededor para ver donde estaba situado el escenario del nuevo recuerdo de su novio. Desde donde estaba veía Honeyducks, así que evidentemente estaba en Hogsmeade, en alguna salida con los chicos. Estaba a punto de entrar en la tienda cuando vio que de ella salían, Theo seguido de Granger, Blaise y Weasley; Dean Thomas, Seamus Finnigan, Daphne Greengrass y Ginny Weasley salieron segundos después, y finalmente lo hicieron Terry Boot, Neville Longbottom, Harry y él mismo.
Los cuatro primeros se pararon a esperar al resto, mientras Boot se adelantaba y se agarraba de la cintura de Weasley posesivamente, dirigiéndole una dura mirada a Blaise. En cuanto estuvieron todos juntos de nuevo, Granger sugirió ir a las Tres Escobas a tomar algo. El grupo se dirigió animadamente hasta el pub mientras algunos debatían sobre quien ganaría la Copa de Quidditch este año y los demás charlaban del concierto que darían próximamente las Brujas de Macbeth en Hogsmeade.
Se sentaron todos en la misma mesa charlando ruidosamente entre ellos creando un efecto de pequeño caos, riendo de las ocurrencias de ahora Weasley, ahora Finnigan. Las cinco parejas (Theo-Granger, Weasley-Boot, Thomas-Ginny, Daphne-Longbottom y Harry y él mismo) prefirieron sentarse mezcladas entre ellos y los solteros para poder disfrutar mejor de sus amigos. Toda la tarde transcurrió muy armónicamente hasta que alguien (Blaise) sacó a colación el primer partido de Quidditch de la temporada que jugarían Gryffindor y Slytherin. Se abrió una discusión amistosa sobre quién sería el ganador, y cerca estuvo de caldearse los ánimos y estropear la tarde; pero Harry, decidió terminar con la discusión muy hábilmente; sugirió una apuesta: Los chicos de la casa que ganase elegiría a un chico-a de la casa que perdiese presente en esa mesa y este debía hacer lo que el ganador quisiera.
Con esta sencilla apuesta consiguió que la mayoría se frotase las manos, imaginando ya a que persona elegirían y que penitencia le impondría; de hecho el único que no estaba contento con la apuesta era Terry Boot, ya que pertenecía a otra casa y no podía participar de ella, aun así también contribuyó al buen humor diciendo que se prestaba como comisario de la apuesta para asegurarse que los ganadores no sometiesen a ninguna humillación a los pobres Slytherin, haciendo que todos los Gryffindor presentes estallasen en carcajadas y los Slytherin protestasen amistosamente.
El Draco espectador, sonrió muuuy maliciosamente al recordar que finalmente había ganado Slytherin el partido, aunque solo porque Weasley no había podido jugar debido a una estúpida lesión por culpa de un accidente en clase de pociones, y el jugador que le había sustituido era tan absolutamente malo (aunque le concedía que también se notó que estaba muy nervioso) que ni con Harry atrapando la snitch habían podido ganar.
Tal y como Draco se imaginaba el recuerdo cambió después del comentario de Boot, y cuando la imagen se volvió clara volvió a sonreír maliciosamente al reconocer donde se encontraba. El nuevo recuerdo le había llevado hasta la Sala de los Menesteres donde Draco estaba sentado en un sofá, esperando tranquilamente a que acudiese Harry a cumplir con la penitencia por perder la apuesta. Nada más verle aparecer por la puerta de la Sala, Draco sonrió con malicia, siendo correspondido con otra de resignación de su moreno que avanzaba hacia él negando con la cabeza en un evidente gesto de "no tienes remedio".
- Que puntual, Señor Gryffindor – Dijo lentamente Draco.
Harry dejó escapar una carcajada. – Ron y yo hemos decidido que cuanto antes comencemos antes terminaremos.
- ¿Weasley? No me digas que el tonto de Blaise se ha atrevido a escoger para la apuesta a Ron. – Se burló el rubio – ¿Y Boot lo ha consentido?
- Terry ya no tiene que consentir nada – contestó Harry sentándose al lado del rubio – Ron le dejó hace un par de semanas, porque Terry le puso un hechizo espía para saber dónde y con quien andaba en cada momento. Puedes imaginarte como se puso Ron cuando lo descubrió.
Draco hizo un gesto de asentimiento antes de contestar:
- No quisiera estar en el pellejo de ese idiota de Boot. – bromeó Draco. – Yo no era el más indicado para decirle nada a Weasley pero ya hacía meses que a ese noviecito suyo se le estaba escapando de las manos el tema de los celos.
- Vaya, vaya… Señor Malfoy, ¿está usted preocupándose por un Weasley? – le picó el moreno ganándose un gruñido en broma de su novio. – Bueno, Señor Slytherin, ¿Comenzamos mi triste penitencia?
- No te pongas melodramático, Potter – respondió sonriéndole Draco.
Harry le correspondió la sonrisa antes de preguntarle en qué consistiría su castigo.
- Sencillo, Potter. Esta noche serás mi juguetito. – Contestó con una sonrisa de maldad – Mí placer… será… tu prioridad.
El rubio se acercó todo lo que pudo al ojiverde, tanto que podía sentir su aliento en su cuello, alzó la mano con cuidado y le acarició el rostro lentamente con una mirada de lujuria mientras les despojaba a ambos de toda la ropa con un simple movimiento de su varita.
Draco se acomodó más en el sofá con una mirada de suficiencia, haciendo con un gesto que Harry se acercase a él; el moreno se fue acercando sinuosamente, provocándole con su mirada mientras Draco se humedecía los labios con parsimonia; cuando el Gryffindor estuvo a la distancia adecuada, el rubio le indicó colocando su mano en la cabeza y haciendo una leve pero firme presión lo que deseaba que su león hiciese. Harry que le había entendido sin necesidad de más explicaciones, bajó su cabeza hasta su miembro sin dejar de mirarle. Con evidente parsimonia abrió la boca, y siempre sin dejar de mirar a su novio a los ojos fue introduciendo su miembro aproximadamente hasta la mitad de su longitud y empezó a subir y bajar la cabeza lentamente para torturar a su serpiente que empezaba a tensar todos los músculos de su cuerpo en reacción a las caricias del moreno.
Un par de subidas y bajadas después, quiso alargar la tortura y acercando la lengua a la hombría de Draco lamió la punta golosamente jugueteando traviesamente con el presemen que ya empezaba a gotear consiguiendo que el rubio gimiese sin decoro, el ojiverde siguió dando traviesas lamidas en la punta hasta que consideró que Draco ya había sufrido suficiente; entonces rodeó con sus labios el erecto miembro y fue bajando hasta la base reteniendo unos instantes la subida para disfrutar de la sensación de sentirse lleno del miembro de su novio.
Instantes después volvió a subir disfrutando tanto de la exquisita hombría de su rubio como de los gemidos que este dejaba escapar de sus labios incapaz de retenerlos más; Harry, disfrutando de la reacción de su novio repitió la operación un par de veces antes de subir del todo por una última vez para lamer toda la longitud del sexo de Draco, consiguiendo que el rubio perdiese el sentido y empezara a jadear indecorosamente, lo que incitó a Harry volver a rodear con sus labios la masculinidad de su serpiente, y reanudar sus movimientos de cabeza con más dedicación, a los que añadió unas precisas succiones que hicieron gruñir de placer a la sudorosa serpiente. Harry, que había cerrado los ojos minutos atrás, los mantuvo cerrados disfrutando de la dulce sensación de sentir como se endurecía más y más y más la hombría de Draco en su boca gracias a sus diligentes movimientos.
Mientras las incoherentes exclamaciones del rubio a Merlín le regalaban el oído, Harry sintió como una de las manos de su Slytherin le acariciaba sensualmente la espalda, haciendo que ronronease en el miembro del rubio. El moreno, sujetó la base del sexo de su novio sacándoselo de la boca, ganándose un gruñido de desacuerdo, solo para abrirla más e introducirse esta vez toda la palpitante longitud del delicioso miembro en la boca profundizando al máximo la felación, recibiendo como premio un gemido que inundó toda la Sala.
Harry comenzó una trepidante serie de movimientos con su cabeza incrementando el ritmo a cada jadeo del rubio para después volver a ralentizarlo enloquecedoramente y a continuación volver a acrecentarlo y seguir así con la dulce tortura que estaba desquiciando al rubio que repetía el nombre de su novio con la cabeza echada hacia atrás. Siguió haciendo una larga y profunda mamada, acariciando con sus labios todo el delicioso miembro, abarcándolo por completo en su acogedora boca, aprovechando para succionar con ansiedad cuando su lengua rozaba la punta, a la vez que para añadir un factor sorpresa, el Gryffindor empezó a masajear con la mano libre los testículos de su novio, que enloqueció y solo pudo gemir y retorcerse de puro deleite.
Draco empezó a tensarse, jadeando indecorosamente y llegando a gimotear como un niño pequeño, casi sintiéndose llegar a la cima sin más caricia que los labios de su león, consiguiendo con su reacción que un travieso Harry sonriese sin interrumpir las caricias de su caliente boca.
Harry quiso deleitarse con la visión de un Draco perdido en jadeos y gemidos, lo que levantó los verdes ojos hacia su novio para encontrarle con el rostro desencajado de placer, gesticulando con su cabeza arrítmicamente del puro éxtasi. Cuando sus miradas se encontraron, la serpiente le dedicó una sonrisa complacida y decidiendo que ya había sido torturado más que suficientemente, le hizo al Gryffindor una señal con su mano en el brazo para que se levantase, disfrutando en el proceso de la visión del perfecto y torneado cuerpo de su león.
Le fue indicando con sus caricias como colocarse en una posición semi levantada de cara al sofa, con las manos apoyadas en el respaldo y las musculosas piernas abiertas sobre el asiento, apoyado sobre sus rodillas, dejándole a Draco una exquisita visión de su cuerpo, con la suave y ancha espalda a su merced y su delicioso trasero en un ángulo que invitaba a perderse en la promesa de placer que se escondía en él. Draco estaba tan excitado que creía que estaba por perder su cordura, sintió la impaciente necesidad de enterrarse en su novio y enloquecido por la casi dolorosa necesidad de entrar en Harry, se posicionó detrás de su león e incapaz de esperar un segundo más, sin haberle preparado en absoluto, arrimando su dolorosa erección a la apretada entrada del moreno, se enterró en dos movimientos nada delicados.
Harry gimió dolorosamente sorprendido por la brusca necesidad de Draco, volviéndolo a hacer cuando este, fuera ya de todo control, por culpa de los gemidos de Harry resonando en su cabeza y su apretada cavidad envolviendo firmemente su hombría, no fue capaz de esperar a que el moreno se acostumbrase a su brusca intrusión comenzando a moverse con rítmicas embestidas, consiguiendo, al golpear en el punto sensible de Harry, mitigar el inicial dolor, convirtiéndolo en un placer jamás experimentado con anterioridad. Pronto los gemidos y jadeos que llenaban la estancia eran puramente de éxtasi.
Draco apoyó sus manos sobre las perfectas y duras nalgas del ojiverde, dándole más velocidad a sus embestidas; el moreno se sujetó con fuerza con sus brazos al respaldo del sofá, seguro de que sus piernas no soportarían mucho más la placentera sesión de tortura a la que le sometía el rubio, cerrando los ojos en el procedimiento para concentrarse solamente en las poderosas sensaciones que le estaba haciendo sentir Draco. Pronto los gemidos del león fueron convirtiéndose en roncos gruñidos del más puro placer, consiguiendo que Draco se excitase más al escucharle, y arremetiese con más fuerza agarrado enérgicamente de esas nalgas de locura del moreno.
Harry llevó una de sus manos a su miembro olvidado y empezó a masajearlo al ritmo de las duras embestidas de un Draco completamente fuera de control. Después de un instante en el que bien podría haber sido de minutos o de horas, el rubio cogió de la cintura a Harry acomodándose en su espalda de tal manera que pudiese profundizar aún más las embestidas, llevando a ambos a un lugar de difícil retorno, convirtiendo los gruñidos de Harry en gritos mientras el poderoso miembro de Draco tocaba profundamente ese específico lugar dentro de él.
Harry se vio en la necesidad de morder el respaldo del sofá para amortiguar sus gritos, mientras el rubio, queriendo sentir más placer, recolocaba los brazos a cada lado de los hombros de su novio para ponerle más fuerza sus movimientos de cadera, consiguiendo su propósito.
Harry creyó llegar a tal locura que le era difícil hasta respirar, y la serpiente dándose cuenta del dulce estado de su novio, sacó su lado más Slytherin para contribuir en la locura que envolvía al moreno, el cual se veía de lo más delicioso trastornado de lujuria y placer, así que deceleró los movimientos, haciéndolos tortuosamente más suaves.
Harry gimoteó soltando el respaldo y arqueando la espalda se echó para atrás en un suave ondulaje que a Draco le pareció eróticamente delicioso; el moreno pretendió masajearse de nuevo su dureza, pero un dominante Draco se lo impidió agarrándole la mano y llevándosela a la espalda controlando sus movimientos.
- Tú estás castigado, ¿recuerdas Gryffindor? – dijo el rubio entre jadeos con la voz duramente enronquecida de placer.
Aún así cuando Draco incrementó el ritmo de sus estocadas nuevamente, Harry no pudo aguantar más y se dejó llevar por un poderosísimo orgasmo que le llevó a otra dimensión perdiendo cualquier contacto con la realidad, manchando en el proceso el sofá con su semilla.
Draco, sonriendo satisfecho de la erótica visión del orgasmo de Harry no dejó de moverse dentro de él, incrementando incluso, el ritmo del balanceo de sus caderas, no permitiendo así, que su moreno se recuperase del todo.
Finalmente, con un gruñido de éxtasi, y envuelto en una espesa neblina de placer se dejó arrastrar por un orgasmo más poderoso que cualquier otro que hubiese sentido jamás, llenando las entrañas de Harry con su esencia y dejándose caer sobre la espalda de su novio entrando y saliendo de él un par de veces más para alargar más el intenso orgasmo.
El Draco espectador jadeaba prácticamente al mismo ritmo que el Draco del recuerdo; recordaba perfectamente esa noche en la que, este que le acababa de ser mostrado, fue el primer de muchos orgasmos. El rubio estaba absolutamente excitado y temía que si decidía mostrarle el resto de la noche, y todos y cada uno de las muchas sesiones de tortura a las que sometió al Gryffindor, se sentiría demasiado tentado a autocomplacerse; pero para su fortuna, (o infortunio, Draco no acababa de tenerlo claro) la imagen se tornó oscuridad, signo de que iba a dar paso a un nuevo recuerdo.
El Slytherin suspiró al ver nada más esclarecerse la imagen un escenario que claramente decía que aquel no era uno de esos recuerdos.
Estaba en la Mansión Malfoy y Draco podía ver por la decoración de la Mansión que estaban en Navidades; de hecho, por el ajetreo se apreciaba que era el día que daban la fiesta de Navidad de los Malfoy. Una curiosa tradición muggle que algunos magos también celebraban desde hacía siglos. El caso era que sabía que esta celebración era especial para Harry, ya que él se había criado con muggles y la había vivido desde su infancia, pese a que su familia de muggles nunca se había esforzado por hacer que esas fechas fuesen especiales para él. Y justamente por eso Draco había procurado con todas sus fuerzas en hacer que su primera celebración de navidad con su moreno fuese especial.
En aquel momento su yo del recuerdo pasó con su padre por donde él estaba camino del despacho de Lucius con rostros muy serios; pocos segundos después Harry apareció con una gran sonrisa, contrastando con las de su novio y suegro, dirigiéndose en la misma dirección. Draco decidió seguir al Gryffindor que se paró justo en la puerta del despacho, le vio levantar el brazo para tocar a la puerta, pero el sonido de la voz de Lucius hizo que detuviese el movimiento a mitad camino.
- ¡Los Weasley, Draco! ¡Todos esos malditos Weasley en MI casa! ¡Los mayores traidores a la sangre de Inglaterra en la Mansión Malfoy! ¡¿Acaso ese noviecito tuyo te ha absorbido el seso?!
- Tranquilícese, padre. Los Weasley son lo más cercano a una familia que tiene Harry, se lo he explicado varias veces. – se escuchó decir con voz calmada.
- ¿Y eso que tiene que ver con nosotros? – Voceó Lucius Malfoy.
El Draco del recuerdo y el Draco espectador suspiraron a la vez, mientras Harry se frotaba las sienes al escuchar a su suegro.
- Padre, los Weasley son la fa-mi-lia de mi no-vio – Dijo Draco como si se lo explicase a un niño. – Y son importantes para él. Y lo que es importante para Harry es importante para mí. – Draco hizo una pausa – Incluidos los Weasley. Especialmente los Weasley.
Desde la posición del Draco espectador y el Harry del recuerdo se escuchó como Lucius intentaba volver a replicar pero el Draco del recuerdo volvió a interrumpirle.
- Cuanto antes se haga a la idea mejor, Padre; porque eso es algo que no va a cambiar. Y vaya haciéndose a la idea de que Granger, la amiga nacida muggle de Harry y novia del heredero de los Nott, vendrá también a esta casa tantas veces como quiera. – La sonrisa de felicidad de Harry al escuchar a su novio podría haber iluminado una ciudad entera. Cuando el Draco real vio esa sonrisa sintió flaquear sus piernas, además de sentir que amaba a su novio aún más, si acaso eso era posible.
Con esa maravillosa sonrisa la imagen se fue oscureciendo lentamente para cambiar de recuerdo.
El rubio tomó nota mental de agradecerle a su novio que hubiese incluido ese recuerdo en especial. Lo que más deseaba Draco era ver feliz a Harry y su moreno le había mostrado un momento en el que había sido feliz y gracias a él.
Poco a poco la imagen fue aclarándose para mostrar una habitación del castillo de Hogwarts, concretamente una de las habitaciones de la Torre de Gryffindor: La que Harry compartía con Finnigan, Thomas, Longbottom y Weasley.
Draco se acercó a la cama de Harry y se asomó por las cortinas que le procuraban intimidad para encontrar a su novio tumbado en la cama con los ojos cerrados y una sonrisa pícara en la cara. Entonces, sin previo aviso comenzó a hablar en voz alta, aún con los ojos cerrados.
- Feliz aniversario, amor. Te amo, Draco. Como jamás creí que amaría a alguien. – Su sonrisa se incrementó aún más – Espero hayas disfrutado mi regalo. Estaré esperándote cuando acabes en la Sala de los Menesteres.
Entonces Draco sintió el ya conocido tirón que lo sacó del recuerdo. En cuanto sus pies volvieron a tocar el suelo se encontró en la polvorienta aula con el pensadero y la caja de botellitas. Draco sonrió ampliamente ante la perspectiva de saber que su Gryffindor le estaba esperando y procurando perder el mínimo tiempo en el proceso, recogió todo, encogió el pensadero con un hechizo y lo guardó junto con la caja que contenía las botellitas en el bolsillo de su túnica. Antes de salir del aula se aseguró que no había nadie en el pasillo y al comprobar que no había peligro salió apresuradamente y en menos de un minuto se encontraba ante el pasillo donde estaba situada la Sala de los Menesteres, pasó tres veces pensando quiero encontrarme con Harry y de inmediato apareció la puerta que lo llevaría con su novio.
Abrió la puerta lentamente y se adentró con la misma cautela, echó un vistazo a su alrededor para localizar a Harry y antes de llegar a él pudo divisar una gran cama con dosel, una mesa desnuda con dos sillas y un largo sofá donde se encontraba sentado cómodamente el Gryffindor, que sonreía maliciosamente.
- Feliz aniversario, rubio. ¿Te ha gust… - Harry se vio interrumpido por los labios del rubio que se había abalanzado hacia él con un hambre desbocada por culpa de ciertos recuerdos. – Lo tomaré como un sí – dijo divertido el muchacho cuando la necesidad de respirar hizo que Draco rompiese el beso. El Slytherin había separado sus labios pero mantenía su frente pegada a la de su novio, aspirando con los ojos cerrados el aroma que emanaba su piel.
- Te amo, pequeño. Te amo. Te amo. Te amo – Draco le susurraba sin despegar su frente de la del moreno – Harry, prométeme que seguiremos creando recuerdos felices por el resto de nuestra vida.
- Te lo prometo, mi vida. – Aseguró el moreno – A partir de hoy crearemos recuerdos para llenar un millón de botellas que miraremos cuando seamos viejecitos - añadió con una mirada de dulzura.
Draco miró a Harry con adoración antes de seguir hablando.
- Ojalá este sea el primero de ese millón. – el rubio tomó aliento antes de seguir – Harry James Potter, ¿Quieres casarte conmigo?
FIN
Epílogo.
Año 2081
Dos ancianos ya centenarios se miraban con arrobo, sentados en sendos sillones en el que antaño fue el despacho de Jefe de Auror del más joven. Tan solo unos minutos atrás toda su extensa familia celebraba su aniversario de bodas número 82 y el 84 de pareja. Sus hijos, nietos y biznietos y sus respectivas parejas habían organizado una hermosa fiesta a la que también había asistido los Weasley-Zabini, los Nott, los Longbottom, los Thomas y todos los demás Weasley, completando así la que era la verdadera familia de los Malfoy-Potter.
Poco después de quedarse solos en su acogedora casa, la pareja se refugió en el ya nombrado despacho dispuestos a terminar la velada con su propia tradición de aniversario, una a la que no habían faltado desde aquel primer aniversario cuando aún estaban en el colegio.
El que antaño había sido rubio platino se levantó a la velocidad que sus ancianos huesos le permitieron sin dejar de sonreír a su amado esposo, y se dirigió a una vitrina cercana y extrajo un antiguo pensadero, con sumo cuidado volvió sobre sus pasos para posar suavemente el preciado objeto sobre la mesa. Mientras, su esposo había abandonado el sillón para ir a buscar sus respectivas varitas, una vez con ellas en su mano fue a encontrarse con su compañero de vida.
Draco aprovechó para ir a buscar un cofre con las iníciales de ambos, depositó el cofre junto al pensadero y abrió con cuidado la tapa. Harry se acerco hasta el cofre y buscó entre las botellitas que lo llenaban hasta seleccionar una en concreto; con ella en la mano se dirigió de nuevo al viejo recipiente, destapó la botellita y con mucho cuidado lo vertió llenando el pensadero de nubecitas luminosas. Ambos miembros de la pareja tocaron con la punta de su varita la extraña sustancia hasta que esta se volvió nítida; se miraron brevemente con la misma sonrisa en los labios y sumergieron la cabeza a la vez.
Cuando ambos aterrizaron, se encontraron en la vieja Sala de los Menesteres de Hogwarts; los ancianos se tomaron de la mano y se sentaron en una esquina del sofá donde estaba transcurriendo el recuerdo. Ambos volvieron su atención a la otra pareja que protagonizaba la escena.
- Harry James Potter ¿Quieres casarte conmigo? – decía un jovencísimo Draco, mientras un emocionado Harry de 17 años intentaba mantener a raya dos lágrimas de felicidad que testarudas pugnaban por escaparse de sus ojos.
- ¡Sí! – Consiguió contestar finalmente Harry – Sí, Draco. Me casaré contigo. ¡Por supuesto que sí!
La pareja joven se fundió en un abrazo mientras el Harry anciano apoyaba su cabeza en el hombro de su pareja que le besó dulcemente la sien. Entonces, ambas parejas se miraron a los ojos y con perfecta sincronización cuatro voces declararon a la vez:
- Te amo, Harry Potter.
- Te amo, Draco Malfoy.
FIN
Hasta aquí el regalo de AI. Espero que de verdad te haya satisfecho. Gracias por tu acogida a ambos regalos. Nos leemos!
